¡Hola, hooolaaa! ¿Cómo se encuentran todos? Yo he estado un poco atareada, por eso, pedí un poco de tiempo. Espero aún tener lectores. ¡En fin! Como prometí, aquí les traigo una nota más del pequeño, no tan pequeño, ahora adolescente Scorpius. Recuerden que aún está en su tercer año, falta una nota más luego de ésta, y pasarán a cuarto. Espero que disfruten la nota, hablamos abajo.
Las pelirrojas y Hogsmeade
Lo primero que hace una pelirroja al llegar a Hogsmeade, es lo habitual en cualquier alumno: dirigirse a Honeydukes.
Cuando Rose Weasley no vestía el uniforme y la túnica habitual del día a día, acostumbraba a usar gorros. Todo tipo de ellos: boinas, tuques, gorras planas, gorras gatsby, entre otros. ¿Cómo sé de ellos se preguntarán? Muy sencillo, los fines de semana no era obligatorio usar el uniforme del colegio, sólo algunos fanáticos antisociales lo vestían, el resto de estudiantes utilizaban ropa normal. Los fines de semana, y cuando se organizaban las tan esperadas visitas a Hogsmeade, la pelirroja de mis estudios utilizaba aquella prenda, la cual adornaba su roja y llamativa cabellera. Yo tenía conocimiento pleno de los gorros, porque cuando era niño, mi madre adoraba añadirlos como un extra a mi vestimenta habitual. Recuerdo que los odiaba, porque para cada atuendo había un gorro que le iba acorde. Parecía que mi madre había quedado frustrada al no tener ninguna hija mujer, entonces me tomaba a mí, y procuraba que lo que vistiera combinara a la perfección, y sea cuidadosamente elaborado y seleccionado.
Rose Weasley era algo excéntrica al momento de vestirse. Parecía que no le ponía tanta importancia a la ropa que elegía llevar puesta. Los colores que prefería para cualquier ocasión eran muy opuestos pero lograban un lindo contraste con su cabello y piel. Este momento era perfecto para dar un ejemplo, era día de visita en Hogsmeade y el frio te congelaba los dedos de los pies a pesar de encontrarte con ropa confortante y abrigadora. La nieve y ventisca proporcionaban al pequeño pueblo el detalle específico para hacer notar a sus visitantes que se encontraba en pleno invierno. Mi objeto de estudio se encontraba dentro de Honeydukes, probablemente se encontraría con algunos de los miembros de su familia que habían ingresado antes que ella. La pelirroja estaba vestida como lo hacía habitualmente, con un gorro tipo boina color marrón chocolate y unos guantes que le hacían juego. Su abrigo poseía una tonalidad de marrón más clara y se entreabría para mostrar una prenda de inverno rosa fuerte y unos jeans de tonalidades oscuras, los cuales eran acompañados por unas botas que lucían abrigadoras a simple vista. Yo estaba fuera de la tienda que se encontraba atiborrada de alumnos desesperados por conseguir algo dulce que los haga entrar en calor. Los gemelos Scamander y Christine, se habían aventurado en competir con el mismo fin de calentar sus cuerpos, y aún no salían de la tienda.
Las pelirrojas tienen un gusto leal hacia las golosinas. Es normal encontrarlas comiendo un chocolate, un caramelo, un chupete, entre otros dulces.
La pelirroja había salido de la Honeydukes airosa, con una caja de grajeas de todos los sabores entre las manos y una gran sonrisa en los labios. Su primo Louis Weasley, el cual era pelirrojo como ella, la seguía mientras le reclamaba algo que no pude llegar a escuchar, debido a la prudente distancia en la cual me encontraba. Rose Weasley giró para enfrentar a su primo y él empezó a gesticular su molestia con las manos, la pelirroja negó con la cabeza y el Weasley mayor, ayudado por sus manos, hizo que la caja de grajeas de todos los sabores de Bertie Bott se cayera en la nieve produciendo que su contenido se vacíe de la misma. El pelirrojo se alejó con paso seguro de su prima, y ella quedó atónita observando las golosinas encima de la nieve mientras pronunciaba el nombre del chico fuertemente mostrando su sorpresa y enojo a la vez. Me acerqué a Honeydukes lo más rápido que pude, es decir, no quería verme desesperado ni mucho menos. Al momento de ingresar a la tienda un fuerte calor me golpeó el rostro. Era una mezcla de calor humano con calefacción mágica, el cual encontraba irritante, y prefería morirme de frío a soportar aquel ardor inconfortable un instante más. Rápidamente, tomé una caja de grageas de todos los sabores de un estante, me hice espacio entre todo el gentío y dejé el dinero encima del mostrador. No me importaba si los dueños se daban cuenta del dinero o pensaran que lo había robado, pero la oportunidad que me daba el destino era única y tenía que aprovecharla. Salí de la tienda con dificultad, y después de haber transcurrido algunos minutos salí del local vivo y con la caja de grajeas. Ahí estaba ella, a unos pasos de Honeydukes, y aún miraba al suelo entre apenada y molesta. Hice levitar la caja y las grajeas que se encontraban en la nieve y las eché al basurero más cercano. Con aquella acción había logrado captar la atención de ella.
-¿Qué se supone que haces? -preguntó sorprendida.
-El calentamiento global también es consternación del mundo mágico -dije como respuesta. La pelirroja alzó una de sus cobrizas cejas y yo medité si mi respuesta había sido muy de niño nerd. Sus ojos azules visualizaron la caja de grageas que tenía entre manos.
-Ya veo -agregó aquello como comentario mientras no dejaba de ver los dulces.
-Se terminó la golosina que quería y compré esta caja de grajeas -extendí mi mano mostrándosela-. Supongo que tú las querrás más que yo.
-¿Qué golosina querías? -preguntó con evidente desconfianza- ¿Píldoras ácidas? -pronunció conteniendo la risa.
-¿A qué te refieres, Weasley? -ella sonrió ampliamente como respuesta a mi pregunta- ¿Estás queriendo decir que mi temperamento es ácido?
-Tú lo dijiste, yo no -se encogió de hombros. Lo cierto era que Rose Weasley había adoptado una actitud un poco más madura después de la conversación que tuvimos en el despacho de la profesora McGonagall. A veces, parecía contenerse o meditarlo mucho antes de decir algo.
-De igual manera, esa no era la golosina que quería.
-¿Ranas de chocolate? -mi mano aún permanecía extendida y ella se rehusaba a recibir las grajeas que le estaba ofreciendo.
-No, tampoco era eso.
-¿Pastelillos de calabaza?
-No.
-¿Babosas de gelatina? -yo enarqué una ceja-. No me mires así, tampoco pensé que te podrían gustar. ¿Varitas de regaliz? -suspiré aún con la mano extendida. Parecía que colmarme la paciencia era lo único que estaba en sus manos y no podría causarnos problemas con consecuencias como "Verano en la mansión Malfoy".
-Tampoco, Weasley, tampoco -repetí cansinamente. El frío se estaba colando por mi ropa y ella seguía insegura.
-¿Caramelos de café con leche? -dijo asqueada-. Son realmente feos.
-¿Quieres o no quieres las condenadas grageas? -pregunté desesperado. Ella acercó su mano a la mía y tomo la caja aún dubitativa.
-Pero tú probarás una primero -estableció su condición mientras se sacaba ambos guantes. Abrió la caja y me ofreció los dulces. Tomé uno rojo como el color de su cabello, lo llevé a mi boca y saboreé -. ¿Y bien? -preguntó curiosa.
-Canela.
-¿Canela? Parecía ser de fresa -habló sorprendida. Ella tomó una y mientras la saboreaba alegre, dijo: Naranja.
-¿Te gusta la naranja? -abriría mi libro negro en ese mismo instante y anotaría cuidadosamente mientras ella me sorprendería con cada gusto de gragea. Sin embargo, me abstuve. Abandoné aquel sueño añorado que de hecho brindaría gran validez a mi estudio. La razón era sencilla, ella lo notaría extraño, me discutiría y luego se alejaría de mí. Tendría que hacer un uso excesivo de memoria. Quería que ella pruebe cada sabor y me dijera si le gustaba o no, si le hacía recordar algo o si lo relacionaba con alguna cosa en particular.
-Me gusta mucho -atinó a decir. Tomó otra gragea, esta vez de color verde-. Espinaca -distorsionó el rostro mostrando su desagrado.
-¿No te gustó, verdad? -sonreí- ¿Qué te hizo sentir? -al momento de haber articulado en voz alta aquella pregunta, quería sólo estamparme contra una de las paredes del castillo de Hogwarts, una y otra vez, como un elfo doméstico. O tal vez, añorar tontamente que ella no la haya escuchado.
-¿Qué me hizo sentir? Pues… -hizo una pausa y me observó-. ¿No tienes nada mejor que hacer?
-Estoy esperando que salgan mis amigos de Honeydukes. Por el momento, no tengo nada más que hacer.
-Mira, estoy tratando, mejor dicho haciendo un gran esfuerzo por no decir algo que desencadene a acciones peores. Además, tu gesto de paz impide que te trate como es usual -eso era cierto, Rose Weasley no me trataba bien. Desde aquella reunión con nuestros padres y McGonagall, ella había adoptado por aplicarme la bien conocida "ley del hielo", o dirigirse a mi persona cuando era irrefutable, de forma un poco violenta, como si mi sola presencia la molestara. De igual manera, no llegaba a más que eso, no nos metíamos en problemas.
-El darte las grageas, no fue un gesto de paz -ella contuvo las ganas de contestarme, tanto que formó una línea delgada con sus labios-. No es que quiera ser tu amigo o algo por el estilo -dije, y era verdad. Ella era mi objeto de estudio y cuanto menos relación tengamos, más precisa sería la comprobación de mi hipótesis.
-¡Yo tampoco quiero ser tu amiga! -exclamó en voz alta, tan alta que me asombró. No estábamos teniendo una amena conversación, ni mucho menos. Pero su respuesta era tan abrupta, como era todo de ella. Su respuesta era sorpresiva e impredecible-. Y no quiero tus condenadas grageas, como tú bien dijiste, Malfoy -prácticamente, me obligó a tomar la caja por la fuerza, arrugó la nariz como usualmente hacía. Sus pecas relucieron como era de costumbre mientras contraía su nariz y se le formaban algunas arrugas. Su cabello como casi siempre, lo traía suelto y con aquella boina marrón chocolate que la hacía lucir inocente y contrastaba el rojo de su melena. Se colocó los guantes refunfuñando y se alejó de mí lado dejando huellas de calzado en la nieve.
Conclusión final: Hogsmeade es un buen lugar para tratar de acercarse a una pelirroja si es que la relación que llevas con ella no es la mejor. Se muestran un poco más confiables y hasta suelen sonreír. Los lugares habituales que visitan son las tres escobas, la tienda de artículos de broma Zonko y por supuesto, Honeydukes. En la tienda de dulces es donde compran su dulce preferido, el cual varía de acuerdo a la ocasión. Lo extraño en ellas, es que compran grageas de todos los sabores, es decir, se arriesgan a que les toque algún sabor desagradable para su paladar. De igual manera, con aquella caja entre manos, y en un lugar como Hogsmeade, es el momento ideal para encontrar a una pelirroja con la guardia baja. Aquella oportunidad es propicia si se necesita iniciar cualquier tipo de acercamiento.
¿Y bieeen? ¿Qué opinan? ¿Le creen a Scorpius? Creo que no le está yendo muy bien respecto a mantener al margen a su objeto de estudio. Porque de hecho, algunas de sus anotaciones ya no son tan objetivas como antes, ¿Será la adolescencia? ¿Qué será?
Bueno, hermosos lectores, les tengo que decir algo y espero no me odien :( Hoy no podré responderles a cada uno como lo hago siempre porque en estos momentos tengo que salir y no vuelvo hasta mucho más tarde y como les había prometido quería dejarles esta nota máximo hoy. Espero me puedan perdonar y aún así, con sus tan grandes corazones me dejen un bello review. Algo más, me apareceré cuando menos crean pues no creo que actualice la próxima semana, yo creo que lo haré antes :)
Gracias a toditos por sus bellos reviews, no saben cómo me alegran los días y cuánto los necesito para que llegue la inspiración, jaja. La más cordial bienvenida a Sakura Rose Marie, MeganWeasleyGranger, LucyJeanMalfoy, Roulimystic, aTeNeA Halywell, Mili y Lady Maring. Si se me pasó algún usuario perdónenme pero estoy apuradita, sólo les quiero agradecer por los lindos comentarios y disculparme por no poderles responder.
¡Los quiero a todos y cada uno de ustedes, no saben lo feliz que me hacen!
