Hola a todos este nuevo relato se hizo un poquitito más largo pero estoy casi segura que les gustará, así que los invito a leerlo acompañados de un delicioso pastel de chocolate, ya sabrán a que me refiero, los quiero.

Saluditos para mi queridísima PEETKAT, que con sus ideas y las mías nos contagiamos la lujuria, jajaja, lo prometido es deuda, aquí está lo que me pediste, o al menos una parte.

Saludos a mis lectores tanto viejos como nuevos, me alegra que les gusten mis relatos, sigan al pendiente, gracias por sus comentarios todos los leo he intento responderlos, gracias: JULIPER22, BRENDA MELLARK, COOKIESAM, FANNY, KATRI, y

PAM´CULLENMELLARCK, espero te guste este nuevo capítulo, ya ves que no solo tú tienes esas ideas.

Besitos a todos XOXO

Capítulo 10

Katniss

La noche iba viento en popa, Gale siempre fue muy callado, pero hoy podía estar en la casa sin que nadie se diese cuenta, hablaba solo si se le preguntaba algo y no comentaba nada, ni se reía, él fue el que quiso regresar.

-Bueno chicos, la comida estuvo, maravillosa, excepto por… bueno la crema- dijo Haymitch guiñándome un ojo – pero como siempre Peeta todo lo puede salvar, jajaja-

-Si gracias estuvo muy rica, Katniss me gustaría bañarme antes de acostarme, puedo…- dijo Gale.

-Claro, ve al cuarto de mi madre, ahí también hay un baño- le interrumpí tranquilamente.

Gale dio las gracias y se fue directo al cuarto, todos nos volvimos a ver con cara de triunfo, me sentía tan malvada.

-Ok creo que eso es todo- dijo Haymitch y se fue a su casa.

Los minutos pasaban y nosotros dos aun seguíamos sentados en la mesa, ninguno decía nada, solo nos mirábamos fijamente, Peeta estaba sentado como recostado de medio lado, con su rostro apoyado en una mano y la otra bajo la mesa, yo tenía ambas manos estiradas sobre la mesa. El único ruido que se escuchaba en la casa era el de la ducha de Gale, ambos estábamos ensimismados en la belleza del otro.

-¿Recuerdas el juego real y no real?- cortó Peeta el silencio, yo asentí con la cabeza – bien jugaremos algo parecido, me responderás si o no- nos volvimos a quedar en silencio vario tiempo, creo que como 5 minutos, hasta que Peeta hizo su primera pregunta, con voz tan seductora que me erizaba la piel:

-¿Te parezco apuesto?-

-Si-

Volvió a haber una larga pausa.

-¿Te excito?- dijo Peeta

-Si-

-¿Deseas a mi otro yo?-

-Si-

-¿Deseas al verdadero Peeta?

-Si-

-¿Quieres a un solo Peeta?-

-No-

-¿Entonces te gustan los dos Peetas?-

-Si-

-¿Te gusta cuando te tomo y te hago mía?-

-Si-

-¿Me deseas en este momento?-

-Si-

¿Estás dispuesta a hacerlo conmigo, ya?-

-Si-

-¿Hacerlo conmigo aquí?-

-Mmm si-dije algo dudosa.

-¿Aquí en la mesa?-

-Peeta yo creo…-

-Solo respuestas si y no- dijo acercando su excitado rostro al mío, su aliento tenían fuerte olor a chocolate, debido al pastel que él mismo había hecho para mí, un fuerte escalofrío me recorrió desde el vientre hasta el cuello, sus ojos eran más celestes de lo normal, sabía que en este momento me estaba enfrentando a su bestia interior, ese que amaba con locura, que deseaba poseerme con fieras ganas, ese que soñaba con matarme y para no hacerlo deseaba a muerte mi cuerpo, ese que en este momento yo también deseaba a más no poder –Kat solo si y no, ¿quieres que te tome aquí?-

-Si- dije, sin un ápice de duda.

Rápidamente Peeta corrió todas las cosas de la mesa, muchas se cayeron y quedaron en pedazos, se dirigió hasta el otro lado de la mesa, donde estaba yo y tomándome en sus brazos con gran excitación me subió en ella, su protuberante miembro hacía acto de presencia, intentando escapar de los pantalones blancos, así que abrí el cierre y lo tomé en mis manos, estaba fuerte, duro, con una gota brillosa en su punta, comencé a masajearlo, mientras Peeta besaba y mordía mi cuello, ambos gemíamos al unísono, Peeta descubrió mis pechos y los tocaba apasionado, luego subió el borde de mi falda, dejándome totalmente expuesta, me recosté un poco en la mesa y con mis manos llevé su miembro hasta mi entrada.

Poco a poco Peeta comenzó a meterlo, de manera apasionado, excitado, lo único en lo que yo pensaba era en tenerlo por completo dentro mío, que me hiciera suya, de esa forma frenética que caracterizaba a la bestia interior, Peeta se encontraba frente a mí, dándome placer con las fuertes estocadas de su pene, dentro mío, podía sentir todo el cuerpo de su miembro salir y entrar sin ningún problema, lo hacía rápido, fuerte, mi cuerpo se arqueaba al sentir un nuevo empuje en mi parte baja, la posición había sido del todo diferente a las otras veces, ahora podía sentir su grueso pene, grande y largo meterse en mí, y sentir como iba rosando mi piel, la sensación me volvía loca, mis gemidos se podían escuchar en toda la casa, los de él también aunque no tan estrepitosos como los míos, estaba totalmente recostada en la mesa, agarrándome de los bordes, muchos platos no habían aguantado quedarse en la mesa y se iban cayendo al compás de los frenéticos movimientos de mi chico del pan.

-Oh Peeta , sigue , sigue, no pares por favor, oh Peeta- abrí mis ojos y lo vi, viéndome fijamente con sus inigualables ojos celestes, ¿Qué estará pensando?¿qué pasará por esa cabecita?.

-¿Te gusta?- me pregunta casi sin aliento.

-Me encanta, más Peeta, más por favor, con fuerza oh si Peeta-

-Te deseo, te deseo quiero que siempre seas mía-

-Siempre… siempre Peeta siempre seré tuya-

Peeta extendió el brazo tomando un pequeño trozo de la cubierta de chocolate del pastel, que aún había logrado aguantar los fuertes movimientos de mi chico del pan, y con toda sutileza untó mis pechos, y comenzó a lamerlos y chuparlos, su boca estaba caliente y con cada caricia de su lengua el cuerpo se me estremecía, pidiendo más, mi cuerpo comenzaba a tener su primer orgasmo de la noche, mis gemidos se hacían cada vez fuertes y Peeta no hacía nada por silenciarlos, más que seguir provocándolos.

De pronto me tomó entre sus brazos y me hizo alzada, enrollé mis piernas en su cintura y aún con su miembro dentro de mí, me recostó a la pared, acorralándome, tomó mis muñecas y las sostuvo con ambas manos sobre mi cabeza, mientras me besaba y seguía penetrándome con fuerza, era increíble pensar lo fuerte que se había hecho Peeta, me tomaba como si yo fuese una muñeca y hacía conmigo lo que a él apeteciera, yo no me negaba porque simplemente, me sentía frenéticamente excitada como para parar, mi cuerpo solo pedía más, más de él, más de sus besos, más de su cuerpo, más de su miembro dentro mío, más más y más, Peeta me agotaba a más no poder y era maravilloso, sentía como poco a poco mi cuerpo iba quedando sin fuerzas, a pesar de que yo no estuviese haciendo nada más que recibir al excitado chico del pan.

Peeta soltó mis manos y yo las apoyé en la espalda de este, ahí me di cuenta que el aún se encontraba vestido, con suaves movimientos comencé a desabrocharle los botones, él puso sus manos en mis nalgas como haciendo una especie de sentadera y el impulsaba mi cuerpo a levantarse un poco y caer directo en su pene, que entraba como si no hubiese barreras, podía sentir como llegaba a lo más hondo de mi, haciéndome gritar con cada una de las caídas, hasta que una de esas me ocasionó un orgasmo explosivo que de verdad no me lo esperaba solo salió en el momento que su pene volvió a tocar mi límite, y yo no pude más me derrumbé sobre el cuello de mi chico, agarrando su rostro entre mis manos, chocando frente con frente.

-¿Terminamos?. Dijo Peeta y me fijé que el sudor le chorreaba por el rostro, el también estaba cansado aunque excitado como desde el inicio.

-Si tu quieres- dije, aunque estoy segura que mi cansancio se podía reflejar en mi voz, ya que Peeta sonrió maliciosamente y me dio un pequeño beso, como los que me daba hacía mucho tiempo antes de dormirme junto a él.

Me volvió a colocar sobre la mesa, donde me quedé totalmente acostaba ya no tenía fuerzas ni para levantarme, mi chico del pan era toda una fiera siendo cualquiera de las dos personalidades, y ambas me volvían loca, comenzó de nuevo con sus estocadas más fuertes aún y el placer que estas me daban era muy excitante, mi espalda se arqueaba con cada golpe ocasionado por la penetración, cada uno más fuerte que el otro, cada uno más cerca del orgasmo, hasta que me volvieron a causar otro orgasmo, mi tercer orgasmo de la noche, este me mató y las pocas fuerzas que me quedaban me hicieron casi desvanecer de placer.

-Oh Katniss me vengo- escuché decir a Peeta quedadamente, escuchaba sus gemidos hasta que un sonoro OOOOHHHH hizo que su miembro se viniera dentro mío, con movimientos de pulsación, esto fue lo último que di de mí, y me quedé derrumbada sobre la mesa, intentado tomar aire, las piernas me temblaban incontrolables, mis brazos se había quedado sin fuerza y yo a penas y sabía cómo me llamaba, el placer había sido absoluto y descontrolado, sentí salir su pene ahora un poco más flácido y escuché como cerraba su cremallera y acomodarse la ropa que llevaba puesta aún.

Peeta me tomó entre sus brazos, cubriéndome todo el cuerpo con algún tipo de manta, todo mi ser se encontraba tan cansado y tan relajado que estoy segura me hubiese podido quedar dormida ahí mismo, hasta que Peeta me tomó entre sus brazos como a un bebé, y me llevó fuera de la casa, se sentó sobre el jardín de dientes de león y me recostó junto a él, la brisa soplaba apenas perceptible, poco a poco mi cuerpo volvió a cobrar vida.

-Te amo Katniss- oí decir a Peeta cerca de mi oído.

-Yo también te amo- le contesté quedadamente.

-¿Te sientes mejor?- dijo con tono tranquilizador.

-Cerca de ti siempre me siento mejor, tu siempre me has cuidado-

-Abre los ojos preciosa, déjate llevar por la verdadera magia- me dijo

Abrí mis ojos y un cielo completamente estrellado estaba sobre mí, era hermoso ver esto, no había un solo espacio del cielo sin estrellas, pequeñas nubes lo surcaban y el viento se encargan de volverlo a dejar despejado, la luna se veía majestuosa, parecía una gran moneda de plata.

-Es hermoso-le dije a Peeta y una lágrima silenciosa resbaló por mi mejilla.

-¿Por qué lloras?- preguntó Peeta

-Porque te amo, y porque siento que te he alejado tanto de mí, que pienso que nunca podré recuperar todo ese tiempo-

-Ese tiempo ya pasó, ahora solo queda mirar hacia adelante y esperar que todo vaya a ser mejor entre los dos, tu me tienes a mí para ayudarte y yo te tengo a ti, se que muchas cosas se perdieron pero no podemos morir por todo lo que falta en este momento, solo podemos hacernos más fuertes y enfrentar lo que venga- me dijo viéndome directamente a los ojos, ahora volvía a ser mi viejo Peeta, mi primer amor- sabes estuve llamado a alguien que conocí en el capitolio me dijo que hoy iba a haber una gran sorpresa a esta hora en el cielo, creo que te va a gustar- me dio un beso cariñoso en la boca y cuando se quitó un pequeña luz en el cielo lo surcó de extremo a extremo.

-Es una estrella fugaz Katniss, ¿las habías visto antes?-

-Hace mucho tiempo cuando aún vivía mi padre, oh mira Peeta otra- dije señalando con el dedo- y otra Peeta, oh por Dios son hermosas, mira amor son muchas-

Las estrellas fugaces surcaban el cielo a montones, se veían hermosas, volví a ver a Peeta y vi que este tenía los ojos cerrados como pensativo, pero feliz –¿en qué piensas?- le pregunté.

-Pido un deseo-

-¿Un deseo?- dije sin comprender.

-Mi padre decía que cuando ves una estrella fugaz debes de pedir un deseo y este se te cumplirá-

-jajaja ay Peeta y ¿alguna vez se te ha cumplido un deseo?-

-Bueno en mi vida solo había visto dos estrellas fugaces, y hasta el momento los dos deseos se me han cumplido-

-¿Y qué has pedido en esas dos ocasiones, si se puede saber?- dije con curiosidad.

-Una vez fue cuando tenía 12 años, la vi pasar desde mi ventana y pedí poder llegar a conocerte, recuerdas que siempre estuve enamorado de ti, qué crees que pediría si mi vida estaba completa y solo faltabas tú- dijo cuando me vio reírme – no te rías son mis deseos, jaja, bueno el otro deseo o mejor dicho la otra estrella la vi, el día que me tocó quedarme de guardia en la cueva, el día que me drogaste y fuiste a la cornucopia por mi medicina, tu dormías por el golpe de la frente y yo estaba acostado junto a ti cuidándote y unas cuantas ideas lujuriosas me vinieron a la mente al recorrer tu cuerpo con mi mirada, eres tan hermosa-

-¿Me estás diciendo que cuando estuvimos en el juego, luchando por nuestras vidas, pensabas en tener relaciones conmigo?- dije impresionada.

-Siempre Katniss, recuerda que antes de los juegos ya había tenido mis aventuras y sabía lo que se sentía tener a una mujer y tocar a una mujer, pero había una diferencia…tú- dijo al ver mi cara de incomprensión – no eras cualquier mujer, eras el amor de mi vida, de la que siempre estuve fervientemente enamorado, ¿Qué creías, que me ponías a que te abrazara y me ponías tu trasero apretando mi miembro y no sentía nada?, jajaja, ni que fuese una roca, a parte uno siempre tiene tiempo para pensar ese tipo de cosas, y más sabiendo que yo estaba dispuesto a morir para que tu salieras triunfadora, era obvio que me quedaría con las ganas de que fueses mía, eso me ponía muy triste, así que ese noche, mientras tu dormías tuve mi primera erección en la arena al lado tuyo, por dicha estabas muy dormida y no te diste cuenta, pero él – dijo señalando su entrepierna- él chocaba con tus nalgas deseando que no hubiese ropa alguna, tuve que masajearme un poco, disimulando con el saco de dormir, por dicha era tan grueso que no se notaba entonces…-

-¿Te masturbaste estando yo ahí?- dije sin poder creérmelo.

-Bueno ¿qué querías que hiciera, que me levantara a mojarme a fuera con la tormenta que caía y que todo Panem se diera cuenta de mi fuerte erección?- dijo sonriendo con malicia.

-Bueno eso no, pero, Peeta que poco respetuoso- lo reprime sonriendo.

-Oye amor, no aguantaba y tu te pegabas más a mi, se me podía parar el corazón de estar resistiendo no hacerte mía, así que solo hice lo que tenía que hacer, bajar mi erección y continuar protegiéndote- dijo con cara de hombre muy educado.

-Así, resulta que eres muy responsable y educado ahora, acéptalo estabas deseando sacar tu liquido lechoso cerca de mí- dije riéndome

-No te lo voy a negar, igual no fue nada difícil, hacía tiempo que no tenía nada y estar cerca de ti era suficiente para mí, así que tomé un pedazo de tela que se había arrancado de mi pantalón, y lo puso para… pues para protegerme de no dejar evidencias, cuando terminé me sentía tan… uff tan feliz, que te acomodé y salí un poco a refrescarme con el agua, disimulando saqué mi tela y la dejé afuera junto con otros pañitos que servían para mis fiebres, los lavé con el agua que caía y los dejé puestos en las rocas un rato, la lluvia comenzaba a cesar y se logró por fin ver el cielo en varias noches que habíamos tenido en la cueva, en eso pasó la preciosa estrella fugaz y pedí mi deseo-

-¿Y el deseo fue?-dije casi sin poder creerme la picardía que invadía a mi chico del pan, y siempre pensé que era todo un pan de Dios, como decía mi mamá, solo pureza, igual ahora lo único que causaba este relato en mi era excitación.

-Bueno amor, desee poder poseerte alguna vez, hacerte mía, aunque fuera una vez o mejor muchas veces si me dejabas estar contigo, así que como ves mis deseos si se han cumplido-

-Eres un depravado- dije riéndome.

-Gracias- contestó este riéndose junto a mí –se que igual aún me amas-

-Eso no va a cambiar, y ¿Qué deseo pediste esta noche?-

-Kat no te lo puedo decir, hasta que se cumpla, será el único secreto que habrá entre tú y yo, lo prometo, cuando se me cumpla el deseo te lo haré saber- dijo con una leve sonrisa malvada en sus maravillosos labios.

-Bien pero que sea el único-

-Lo prometo, ahora ¿te puedo hacer una pregunta? –dijo con un grado de sarcasmo en la voz, asentí -¿recuerdas la apuesta que hicimos en la tarde?- volví a asentir- aún la noche no ha acabado-

-Por Dios PEETA, ¿cómo le haces para tener tantas fuerzas?-

-Jajajajaja solo te deseo y llevo tanto tiempo haciéndolo que es como estar en un sueño, del que no quiero despertar, así que de solo recordar el haber estado contigo en la cueva mira como me puse- dijo viendo con picardía su entrepierna y efectivamente su miembro también se había acordado de aquel momento, y estaba de nuevo listo para la acción.

Continuará…