Gomenasai
10- Vida:
El caballo se iba alejando de su pequeña casita, su abultado abdomen sobresalía entre las mantas que le cubrían el cuerpo y la mano cálida que sujetaba la suya jamás se separaba. A pesar de estar totalmente vigilada, protegida y acompañada se sentía indefensa, expuesta... sola. Intentó contener las lágrimas que se les amontonaban en los ojos, pero cuando la casita de manera desapareció totalmente, soltó un gemido y comenzó a llorar, con amargura y desolación.
No salía de la habitación, comía por obligación de su estómago y de la personita que estaba creciendo en su interior, no hablaba ni se dirigía a nadie en concreto. Estaba sumida a una especie de soledad obligada, con el único contacto de una de las criadas que se había dedicado únicamente al cuidado de su sueño y del bebé. Nadie más podía entrar en la habitación, tampoco nadie salía a menos de la criada. Era una especie de cautiva, de prisionera, aunque nadie la podía juzgar, tampoco condenar, puesto que el padre de la criatura que llevaba dentro lo había dejado todo controlado. Hinata no lo entendía, no comprendía como la gente no la odiaba, como su padre no la desheredaba y a decir verdad lo estaba esperando, quería ser desterrada de Konoha y buscar a Sasuke, no le importaba vivir sola, junto con él... no le importaba criar a su bebé lejos de su país natal. Incluso no le importaba que su hijo no conociera a su abuelo...tan sólo quería huir. Pero no le era posible, por lo que se condenaba a un exilio dentro de su propia casa; salir le provocaba dolor, ya que la gente le miraba con lástima, con pena e incluso lloraba por ella. Todo estaba fuera de lugar, y ella no quería vivir en un mundo ilógico... no quería.
El exilio voluntario duró hasta que tuvo que ir a visitar a un médico, debía ser revisada y saber si su bebé estaba creciendo sano y fuerte. Por lo que con ayuda de su criada se vistió y bajo las largas escaleras de la mansión, estaba dispuesta a dar su parte de marcha cuando escuchó el motivo por la cual la aldea no le odiaba...
no le gustó lo que escuchó.
- Sasuke lo dejó todo planeado... el muy cabrón.- gruñó Naruto detrás de la puerta.
- ¿Cómo que lo planeo?- preguntó Neji, que estaba más cerca a la puerta.
- Fácil, el puede engañarnos... y ha engañado al pueblo entero. ¿Quién puede creer que Hinata se marche con él?¿Quién puede creer que ella se...se...se... haya dejado acostar con él?- las últimas palabras salieron como asido de su boca.
- Cierto, mi querida prima jamás haría algo así... ella te ama a ti.
- Es verdad...-el rubio miró a la puerta y comprendió que alguien les estaba escuchando.- ella... me ama ¿verdad?
No pudo escuchar más, sabía que su prometido y su primo aún no habían acabado de hablar, que aun quedaban muchas cosas sin comprender, además el paradero de Sasuke aún era desconocido. O por lo menos para la mayoría de ellos, para ella no era así. Conocía a Sasuke, sus pautas, sus lugares para quedarse a dormir y evitar se descubierto. Conocía a la persona que amaba...
La criada le sujetó del brazo y comenzaron a caminar, de camino a la clínica más de una persona le paró, le preguntó como estaba, le tocó la abultada barriga y le deseó suerte. La mayoría de los de ahí, pensaba que el bebé que llevaba en sus entrañas era hijo de Naruto, puesto que el volumen de su barriga era demasiado grande para llevar tan sólo unos siete meses... y era cierto. Estaba muy gorda, demasiado gorda... y eso le preocupaba.
Al llegar a la clínica el médico le atendió con delicadeza, cariño y con algo de sorpresa. Antes de comenzar a hacerle ningún examen le preguntó la última regla a ella, sin ningún pudor ni vergüenza ni preocupación le mintió descaradamente. Debía seguir con la farsa hasta que pudiera pensar que debía hacer. Sabía que en el momento que su bebé naciera la verdadera identidad del padre se vería rebelada, puesto que no iba a ser rubio con los ojos azules. Jamás. Además nunca se había llegado a acostar ella y su prometido. Él quería esperar al matrimonio, algo absurdo puesto que más nadie que él la deseaba tanto, además de Sasuke.
Después que el médico hizo las cuentas le pidió que se acostara y comenzó a hacer la revisión rutinaria; le levantó la camisa, le bajo los pantalones y bragas, extendió un gel en su abultada panza y colocó el aparato...
- ¡Oh!- jadeó al ver la pantalla.
- ¿Oh qué?- preguntó ella asustada intentando entender las formas en la pantalla.
- ¿De verdad que estás de 7 meses?- preguntó el doctor mirando de más de cerca la pantalla.
- Pues si... ¿por qué?
- Tus bebés estás muy creciditos...
- ¿Mis bebés?
- Si, son dos ¿no los ves?
Aunque hubiera podido prestar atención jamás habría logrado ver dos caritas en aquella pantalla. Porque su cabeza estaba analizando las palabras del doctor: Dos. Sasuke le había dejado MUY embarazada, era un experto, un semental... poco a poco fue comprendiendo porque estaba tan gorda, porque sentía cuatro pies dentro de ella, en vez de dos, porque comía cuatro y no por dos. Ahora tenía todo sentido... tenía gemelos.
Al salir de la clínica se sentía un poco mareada, aún no había digerido la idea. Debía pensar con claridad todo lo que había dicho el médico, al igual de como decirle a sus padres que no tendrían un solo nieto, sino dos. Podía haber visto el sexo de sus bebés, pero prefería que fuera una sorpresa, tanto le daba si fuera niña o niño, o los dos, o mezclado. Simplemente quería que naciera, quería ver el fruto del amor que sentía por Sasuke... quería que volviera él...
De camino a casa se lo pasó llorando todo el trayecto, todo el día y parte de la noche hasta que se quedó totalmente rendida y dormida.
A pesar de que sabía que estaba comprometida con Naruto, jamás se había dado pie a celebrar una boda. Era un compromiso de palabras, pero nunca de hechos. Ella quería a Naruto, pero no le amaba... quizás en otro momento, en otra situación pero... ahora ya no era así. Le seguía queriendo y adoraba que mantuviera el secreto de que se había marchado en busca de Sasuke, también que se hiciera cargo de las despésas de su embarazo, al igual de las recurrentes visitas al médico. Pero aún así, aún después de todo lo que él había hecho por ella, no podía verlo como un marido y en cierto modo el joven lo sabía. Él no podía competir contra Sasuke, quizás si el moría, pero si él moría Hinata moriría... por lo que debía vivir con aquella carga y hacer que Hinata se volviera a enamorar de él, si eso conllevaba llevarle flores, decirle las maravillas de la aldea y volver a hacer que aquello que le atrajo de él resurgiera. Lo intentaría todo por tal de que ella sea feliz... pero todos sus esfuerzos para lograr la sonrisa de Hinata, que así mismo lo había logrado, se vieron estropeados por una repentina noticias un domingo de almuerzo familiar...
- ¿Boda?- preguntaron los dos al unísono.
- Claro hijo...-hablo Minato mientras cortaba un trozo de su bistec.- Hinata es tu prometida, además dentro de poco sale de cuentas...
- Faltan 2 meses...2 meses...-cortó Hinata intentando sanjar el tema.
- Si, querida- intervino Kushina.- pero si tardamos más no entraras en el vestido.
- ¿Qué vestido?- volvieron a decir los dos al mismo tiempo.
- ¡Oh! Pero míralos a los dos... incluso coordinan sus palabras...que enamorados.
Por primera vez en mucho tiempo Hinata se ruborizó. En cierta parte de su corazón, aún quería a Naruto, quizás con mucho esfuerzo podría amarlo. Y en cierto modo siempre lo había sabido, pero era obstinada y quería esperar por Sasuke. Quería pensar que él vendría a buscarla, pero los días iban pasando, su barriga iba creciendo y sus bebés necesitaban un padre...
Miró a Naruto que estaba totalmente sonrojado, mirando a su plato vacío y con las manos temblado. En cierto modo Naruto siempre había estado ahí, entre aquella caja llena de fotos, siempre habían recuerdos agradables con el rubio. En su casa, no había la fuerte mancha de un nombre, de mantener una apariencias. Cuando iba a la casa de los Uzumakis podía ser una niña, una adolescente, una joven... no la heredera de una gran fortuna. Entre los brazos de Naruto siempre se había visto como simplemente Hinata... y aquellos pensamientos hicieron crear una pequeña duda dentro de su corazón...
Estaba sentada en el viejo columpio raído, moviendose para delante y para atrás, sabía que debía volver a casa, bañarse, orinar ya que su vejiga estaba apunto de estallar y comer tres veces más de lo que haría normalmente. Tenía muchas cosas que hacer, además de abrir los regalos de la fiesta de bienvenida a los no nacidos aún., pero no quería volver a aquella mansión. No quería ver la cara de su padre, sentir su mano acariciando su abultado abdomen y desear que sus nietos nacieran. Odiaba mentir a su padre, a pesar de lo horrible que era la convivencia con él, seguía siendo su padre, seguía queriéndole y deseando su felicidad. No podía mentir...
El cielo estaba despejado, el sol ocultado entre los árboles y una brisa cálida rodeaba aquel paraje solitario. Entre aquel mar de recuerdos, algunas imagenes de los tres le vinieron a la cabeza: Ella ya con trece años, sintiendo algo por los dos, latiéndole el corazón los dos le sujetaban la mano, cuando se peleban por cual ella quería más... y con duras penas comprendió que los quería a los dos. Evidentemente Sasuke era el padre de sus hijos, eso tenía mucho más peso; él siempre le había dado un camino cómodo, sin importar que viniera detrás de su nombre, simplemente ser lo que eran.
Naruto era el mejor amigo que una chica jamás podría tener, cariñoso, atento, le creaba una calidez que nadie lograba. Le sujetaba de la frente cuando vomitaba, le escuchaba sus quejas sobre todo y ante todo la quería incondicionalmente sabiendo que su corazón estaba en otro lugar...
¿Qué mal había en ella?¿Por qué no podía quererle a los dos?¿Por qué no podía tenerlo a los dos?
Siguió columpiandose un largo rato, pensando en todo, pensando en que debía hacer cuando volviera a su casa, pensar en todo y dejarlo todo claro... en tres semanas se casaba.
- Siempre estás aquí...-rompió el silencio una voz alegre que surgía de los árboles.
- Pensaba que ya habías olvidado este lugar...-susurró ella mientras seguía columpiandose, esperando que el rubio saliera de entre los árboles.
- Tengo muchos recuerdos aquí...-siguió mientras se acercaba a ella.- De vez en cuando vengo...
- ¿Si?¿Por qué?
- Para huir de mis problemas, y pensar en lo que debo hacer...
- ...igual que los tres.- murmuró ella mientras le miraba.
- Si.. oye Hina una cosa...-se paró delante de ella y le sujetó de la mano.- Sé que tus bebés no son míos, sé que tampoco tu corazón me pertenece... pero...-bajó la mirada y volvió a mirarla.- te juré que iría a por ti, que te encontraría y te traería de vuelta...
- Si, lo has hecho muy bien...-agrego ella disgustada.
- No he sido yo, no estás aquí...- marcó la última palabra más de lo necesario.- Aún sigues en algún paraje desconocido, donde mi voz, mis palabras o mis manos no pueden alcanzarte... pero...te encontraré, haré que vuelvas a mi... y te juro hacerte feliz.. así que...así que... déjame quererte... déjame entrar... por favor.
CONTINUARA...
Tengo la fiebre del continuará... es algo bastante grave, lo sé. Pero queda chulo jejeje. Por cierto, me da mucha pena Narutet, para que vean que no soy cerrada y que Sasuket es el mejor. Lo es, también. Pero creo que merece una oportunidad ¿No creen? DIGAN DIGAN
¿CON QUIÉN SE QUEDARÁ NUESTRA EMBARAZADA?¡APUESTEN!
Gracias a FlorDeFuego, AnlOrDmnMty21 y Rukia-CC por los reviews, me alegra que les esté gustado =D
CIAOO~~
