Es difícil que te echen de casa.
Dos veces.
Es difícil tener que explicárselo al vigilante de seguridad de la entrada de unas de las compañías más influyente de todo Japón.
Otras dos veces, porque no te ha creído.
Y es difícil explicárselo a uno de tus amigos mientras te mira con cara de no entender muy bien lo que está escuchando.
Esta vez tres veces, porque la primera no te tomó en serio y se rió de ti y la segunda no te escuchó por las carcajadas.
Esa era la nueva vida de Nagumo Haruya. Bienvenidos.
La verdad, tenía que reconocerlo muy a su pesar, era reconfortante poder ver a Hiroto reír de verdad, como hacía años que no le veía hacerlo. Incluso tuvo que quitarse esas horribles gafas de montura al aire porque se le habían empañado los cristales. Nagumo se quedó plantado frente a la puerta del despacho, con las maletas a su derecha y a la izquierda un segurata con cara de no creerse lo que estaba viendo.
–¿Y te quieres venir a vivir conmigo a la oficina? –le preguntó una vez se calmó y Nagumo sopesó los pros y los contras de darle un puñetazo en la cara. Le salvó la amenaza de Midorikawa intentando matarle con un palo de escoba.
–No, nos vamos a ir los dos a tu apartamento –sentenció, acatando las órdenes que le habían dado.
–No, venga, te doy las llaves, puedes quedarte ahí el tiempo que necesites. Yo me quedo aquí.
Hiroto siempre había tenido dos defectos: primero, que era demasiado bueno, y segundo, que su fe en los demás era tan grande como el universo. Siempre ponía a todo aquel que conocía por delante de él, desde Padre hasta su equipo, incluso Midorikawa. Ahora mismo estaba dando vía libre a Nagumo, Nagumo entre todas las personas de este mundo, para que hiciera con su enorme y caro ático lo que le diera la gana.
Pero si Nagumo quería conservar los testículos en su sitio debía cumplir la misión, y esta no era ser feliz a solas y montando fiestas los fines de semana en un dúplex con piscina.
–No, te vienes conmigo. Porque vivir aquí es de tristes y necesitas un cambio.
–Nagumo-kun, para mi es cómodo vivir en la oficina. Además, no te preocupes, te dejo mi casa para que hagas lo que quieras con ella, no me importa. Cuando la compré tenía otra cosa en mente y no la puedo realizar.
–¿Tener una familia? Macho, estás a tiempo.
–No, no lo estoy, ya perdí mi oportunidad. En serio, quédate con el apartamento.
No había posibilidad de hacerle cambiar de opinión a esas alturas, hasta el vigilante les había dejado a solas al ver que no había ningún peligro con el tipo raro de las maletas. Nagumo decidió que tampoco iba a ser tan malo si Hiroto seguía viviendo en la oficina, ya hablaría con Kariya para que ocultara el hecho a Midorikawa. Con un poco de suerte se enteraría otros cinco años más tarde y ya se habría marchado de nuevo a Corea para que su ira no le alcanzara.
Lo malo era que Nagumo era igual de buena persona que Hiroto, a lo mejor era algo que venía de serie en el ADN de un pelirrojo; todos, de puro bueno, tontos.
–Te vienes conmigo porque Midorikawa lo ha ordenado. –Por fin consiguió una reacción por parte del otro. La mirada de Hiroto era de confusión y miopía mezcladas a partes iguales, así que se sintió en la obligación de seguir–. Que se ha enterado de que vives aquí más solo que la una, se ha cabreado y me ha echado de casa para que viva contigo. Macho, se preocupa mucho por ti, así que yo que tú, le haría caso. Además puede que me corte las pelotas. Es un pequeño detalle que quiero que tengas en cuenta.
Hiroto seguía sin parecer reaccionar, así que Nagumo le dio un empujón para entrar en la oficina.
–Vamos a coger tus cosas, que nos mudamos ya. Los dos. Hostia puta.
Mientras, en la otra punta de la ciudad, Suzuno apilaba la decimoquinta (o decimosexta, ya había perdido la cuenta) caja de pizza en una de las torres de cartón del salón.
Sin Nagumo se aburría mucho, pero él no iba a ser el que diera el primer paso para disculparse. Ya bastante tenía con mirarse al espejo todas las mañanas para peinar ese estúpido pelo corto que no le quedaba nada bien, y le recordaba sus dos últimos desgraciados meses.
Estúpido pelo, estúpida apuesta, estúpidas cervezas. Si ese hubiera sido el motivo del enfado con Nagumo, sería uno muy bueno. Pero no, el enfado con Nagumo no tenía que ver con ese incidente y no tenía muchas ganas de recordarlo.
El timbre sonó con fuerza y de manera insistente, sacando a Suzuno del trance. Estaba de mala leche y quería pagarlo con el primero que se cruzase en su camino. Ni miró a través de la mirilla para saber quien iba a ser el pobre ser que sufriera su ira, pero al abrir la puerta se le quitó la sonrisa sádica y malvada que le adornaba la cara.
Maldición.
Afuro Terumi le saludó al otro lado, sonriente y con un par de maletas en las manos.
–Vaya, aún te dura el tinte. –Suzuno señaló las puntas azules del cabello rubio del otro.
–Vaya, tu pelo no crece rápido, pero te queda mejor que ese nido de pájaros que tenías en la cabeza. Bueno, al grano, que vengo a quedarme una temporada. Aparta de la puerta.
Afuro entró en la casa como si le perteneciera, como hacía con casi todo, y Suzuno no pudo más que dejarle entrar. La última vez que lo vio terminaron todos casi matándose entre ellos; fue en una de las reuniones que organizaba Endou para no perder el contacto. Bebieron algo más de la cuenta, se fueron a casa de Gouenji medio borrachos y terminaron viendo un partido de fútbol de la liga española para pasar el rato, lo único que echaban por el canal deportivo a esas horas. Era un derbi Real Madrid-Barcelona muy reñido, Suzuno, Gouenji y Afuro apostaron por uno de los equipos contra Sakuma, Fudou y Tobitaka.
La noche la terminaron entre tintes y tijeras. Fudou se lo pasó de lo lindo tiñendo las puntas del cabello de Gouenji y Afuro de azul, pero Suzuno se negó, ya tuvo pesadillas por la vez que, durante la época del Aliea, le tiñeron el pelo de rosa. En lugar de eso le dio las tijeras a Tobitaka.
No le hizo mal corte, pero desde luego no le quedaba bien. Además se añadió que el cabello le creía a la velocidad de un caracol con taca-taca. Suzuno no iba a perdonar tan fácilmente ese agravio, a pesar de saber de sobra (y Nagumo se encargaba de recordárselo, el muy capullo) de que la culpa era suya por haberse metido en una apuesta, borracho como una cuba.
–Este apartamento es una pocilga. ¿Has vuelto a echar a Nagumo de casa? Deberías contratar a una asistenta porque lo que soy yo, no pienso recoger esto.
Suzuno se llevó una mano a la cara, armándose de una paciencia que no iba a tener.
Ser rescatado por la policía no ocurre todos los días, incluso era un alivio volver al orfanato, aunque fuera sin Padre. Además les chocó bastante el encontrarse de bruces contra la realidad, sobre todo para los jugadores del Gaia. Fue toda una sorpresa comprobar que el ser los favoritos y los más respetados no era algo que echaran de menos. Aunque eso para Hiroto era más fácil decirlo que sentirlo. Aún quería mucho a Padre, a pesar de todo, y no había encontrado su hueco en el corazón de ninguna de las familias o de los funcionarios que seguían visitando el orfanato.
Ser elegido para ser integrante del equipo nacional juvenil es otra cosa que no ocurre todos los días. Era obvio que Hiroto iba a ser seleccionado, aunque no parecía estar muy contento por ello. El siguiente en recibir la noticia fue Kariya, cosa que lo pilló de sorpresa. Nunca pensó que fuera lo suficientemente bueno como para que le tuvieran en cuenta.
Cuando le dieron la noticia a Midorikawa, empezó a debatirse entre la alegría y el terror. Poca gente le conocía tan bien como para saber lo mucho que se iba a exigir, su nivel de perfeccionismo iba a llegar a niveles épicos a partir de ese momento.
Lo curioso era ver que Nagumo y Suzuno ni siquiera fueron considerados como jugadores aptos, a pesar de tener mejores habilidades que Midorikawa y Kariya. Ambos fueron enviados a estudiar a Corea por un tiempo gracias a una beca proporcionada por el gobierno del país. Hitomiko se sintió muy orgullosa de ellos y regañó a Nagumo para que no desaprovechara esa oportunidad que se le había dado. Estaba claro que la beca se la habían dado por sus habilidades con la pelota y no por sus notas. Suzuno siempre había sido mejor estudiante que él.
Hiroto empezó a hablar más con Kariya y Midorikawa como antes de que todo lo malo ocurriera. Al comienzo era mucho más tímido, pero poco a poco comenzó a soltarse más. Seguía hablando de Endou Mamoru, el capitán del Raimon, pero por lo menos ya no le colaba en cada frase que soltaba por la boca. Estaba muy pendiente de Midorikawa, porque sabía que le podía dar un bajón de moral en cualquier momento. No tenían ni idea de quienes iban a ser sus compañeros en el equipo y, dentro de ellos, sabían que podía haber represalias por parte de algunos jugadores. No habían sido precisamente unos angelitos y Midorikawa en concreto había destruido colegios, también mandó a mucha gente al hospital.
–Seguro que Endou-kun estará entre ellos. –Hiroto lo decía totalmente convencido, con una gran sonrisa. Kariya llegó a la conclusión de que debía ser una persona muy carismática, porque tuvo en ese mismo atontamiento a todo el mundo que se enfrentó a él. O eso o Hiroto se comportaba como una niñata enamorada.
Mientras preparaban la maleta, miraba de reojo a Midorikawa. Iba a ser duro para él.
Estaba bien estar solo en casa, pero Kariya echaba mucho de menos a Nagumo. No solo porque mantenía su pequeño y dulce hogar en muy buenas condiciones, también era una alegría llegar a casa después de una mañana agotadora y encontrarse a alguien dispuesto a contar un montón de cosas que hacía olvidar la rutina del día. Usaban el inalink a diario para hablar, y al parecer Hiroto y él se habían mudado definitivamente al apartamento y lo estaban limpiando, el primero tenía una cantidad enorme de libros en el cuarto de su despacho y les costó tres días cargar con todo de un sitio a otro. Por lo que explicaba de su nuevo hogar, Kariya pudo reconocer a la perfección el lugar dónde vivía con Hiroto y Midorikawa en su línea temporal; un dúplex en el ático de un edificio de apartamentos, con piscina. Las habitaciones estaban en el segundo piso, y Nagumo dormía en lo que era su habitación.
Andaban adecentando el lugar como locos, porque no es que estuviera hecho un desastre, si no que el polvo había decidido que no se iba a mover de los muebles, como si tuviera vida propia. Ese día Kariya había decidido ayudar, pero cuando llegó tuvo unas ganas terribles de marcharse. Le traía muchos recuerdos el estar ahí y se lo comentó a Nagumo, que le entendió a la perfección. Eran muchas cosas las que había pasado en esa casa y le dolía no volverla a sentir como propia.
Salió del apartamento y mandó un mensaje a Midorikawa, le apetecía recogerle en el trabajo y quizás jugar un poco con Kurama. Al final terminó por hacerle gracia que la mitad de la gente a la que consideraba amigos suyos fueran críos de primaria: quería recordar todo lo posible para luego reírse de ellos cuando regresara a su propia línea temporal.
Caminó por las calles y se le vino a la cabeza que podía comprar algo para cuando regresaran a casa. A Midorikawa le gustaba el dulce y a él le apetecía un buen postre. Encontró de camino una pastelería y observó por unos minutos el escaparate, lleno de dulces y galletas. Casi se tropieza con una chica que intentaba salir apresuradamente al mismo tiempo que él entraba.
La chica era extremadamente guapa, con un largo y bonito cabello ondulado, pero unos ojos castaños serios y duros. La versión femenina de su ex capitán, Shindou Takuto, llevaba en la mano una caja con pasteles que cayó al suelo con un ruido sordo que dejaba claro que dentro de ella no había sobrevivido ni uno.
La muchacha parecía tener ganas de llorar.
–No te preocupes, te compraré otros.
–No pasa nada, la culpa es mía, solo que…
Era bien conocido por todos que Shindou se tomaba muy en serio sus responsabilidades y se agobiaba con mucha facilidad y, al parecer, su versión femenina era exactamente igual. Intentaba no soltar ni una lágrima, aunque por culpa de eso la expresión de su rostro era la de un puchero constante. Kariya se sintió tan mal que no esperó una nueva respuesta negativa de ella.
–Perdonen, ¿le podéis poner lo mismo que ha pedido antes? Yo lo pago.
Abrió los ojos como platos al reconocer a la persona que estaba al otro lado del mostrador, aunque era ligeramente mayor que él. A su lado una mujer, también conocida para Kariya, salió a ayudar a Shindou a recoger los pastelitos arruinados del suelo.
–¿Kageyama-kun?
–¿Nos conocemos?
Kageyama Hikaru, el chico tranquilo que Kariya conocía del colegio, debía tener casi unos treinta años, por su apariencia. La persona que había regresado a su lado con la cajita de bollos aplastada era Sorano Aoi, la amiga de Tenma, que debía rondar la misma edad. Ambos parecían interactuar a un nivel distinto, la manera de ella de enseñar el contenido de los pasteles y la respuesta calmada y sonriente de él dejaba claro que eran pareja.
Y a Kariya se le cayó un mundo encima. Estaba seguro que Aoi iba a terminar con Tenma, pero luego recordó que en esa línea temporal iba a ser imposible, a no ser que no pudiera ser tipificado como delito.
–No hace falta que pague los pasteles, muchas gracias. –Al parecer Shindou había recuperado la compostura. Aoi le tendió la nueva cajita y Kariya se adelantó, pagando el contenido y sin hacer caso a la chica.
–Es que si no lo hago no voy a poder dormir bien –comentó, aunque había un atisbo de verdad en ello. Shindou sonrió un poco y aceptó el regalo con gratitud.
–Pero la culpa ha sido mía. Llevo mucho tiempo pensando en mis cosas y no presto atención a lo que me rodea. Muchas gracias de todas formas.
Hizo una reverencia y salió del local con paso más calmado. Kageyama, por su parte, limpio sus manos en el delantal y se dirigió a Kariya con una sonrisa divertida.
–Bueno, no me ha dicho de qué me conocía.
Kariya pestañeó un par de veces antes de situarse y negó con la cabeza.
–No creo que me recuerdes –inventó –, fue hace mucho tiempo. Es que tengo buena memoria para los nombres. Me llamo Kariya Masaki.
Kageyama pareció pensar antes de dar una respuesta.
–No, la verdad es que no me suenas de nada. Pero bueno, mucho gusto, Kariya-san.
Kageyama tenía una virtud, o un defecto, como se quisiera ver, y es que no veía maldad en nada. Al parecer eso se repetía en su etapa adulta. Sonrió un poco más y tomó la respuesta de Kariya como algo válido, ni siquiera intentó indagar más en el lugar dónde supuestamente se habían conocido. Menos mal, porque Kariya no hubiera sabido qué responder a ello. Intentó cambiar de tema con rapidez.
–Bueno, venía aquí a por unos pasteles, en realidad.
–¿Te ha gustado algo de las vitrinas o quieres alguna recomendación? Los de fresa que hace mi mujer están buenísimos.
A Kariya le dio un tic en el ojo al escuchar la frase, aunque pensándolo bien, en realidad los dos pegaban mucho. No hay pareja cien por cien perfecta, pero en este caso la serenidad que se respiraba era tan grande que le estaba dando ganas de que le adoptaran y le mimaran como a un buen hijo.
–Vale. Dime qué es lo que crees que es mejor y me lo llevaré.
Kageyama empezó a escoger pequeños pasteles de distintos sabores con unas delicadas pinzas plateadas. Los colocó todos en una bonita caja blanca un poco más grande que la que llevaba Shindou y se la entregó, haciéndole un pequeño descuento por ser "un buen amigo, aunque no lo recordara".
Kariya pensó en hacerle otra visita lo más pronto posible y le compraría muchos pasteles. Se había olvidado de lo importante que era mantener una amistad como esa, con alguien tan bueno y encima fuera del círculo que conocía su problema con las líneas temporales.
Cuando llegó a la escuela para recoger a Midorikawa, tuvo que dar un pastelito a Tenma y otro a Kurama, que lo aceptó con el ceño fruncido y la boca pequeña. Tenma se marchó a casa corriendo pues al parecer vivía cerca del colegio, y Kurama tuvo que volver a esperar a su madre, con lo que se ganó un pastelito extra. No habló mucho, solo saboreó la frutilla del relleno. Eso si, por lo menos tuvo la decencia de dar las gracias, sin mirar a los ojos y con la nariz manchada de nata.
En realidad a Kariya le hubiera gustado mucho estar más tiempo con él. Le agradaba la forma de ser del chico y, por alguna extraña razón, el verle así le hacía aflorar un curioso instinto paternal que nunca confesaría al Kurama de su línea temporal. Midorikawa se rió de eso a carcajadas, igual se sorprendió cuando le contó su extraño encuentro con Kageyama, Sorano y Shindou.
–Si eso sigue así, a lo mejor dentro de poco tendrás la respuesta de porqué estás aquí y volverás a tu línea temporal.
Ambos caminaron con paso lento hasta el edificio dónde vivían, Midorikawa sacó instintivamente las llaves del bolsillo, produciendo así un leve tintineo. Ya estaba anocheciendo, el cielo teñía de naranja la destartalada fachada de los apartamentos.
Lo que no se esperaron fue encontrar a Suzuno sentado en el suelo, al lado del ascensor. Nada más salir Kariya dio un respingo y Midorikawa lo primero que hizo fue intentar propinarle una patada, que fue parada fácilmente por uno de los brazos de Suzuno.
–Eh eh eh eh, ten cuidado –le dijo con voz neutra a la vez que se sacudía los pantalones.
–No sé, no es nada normal encontrarse a alguien en el suelo frente a la puerta de casa. ¿Qué es lo que quieres? –le espetó Midorikawa, bastante enfadado. Kariya se alejó un par de pasos por lo que pudiera pasar.
–Quiero ver a Nagumo. Tiene que regresar a casa.
Midorikawa y Kariya se miraron por un momento. No era normal que Suzuno diera el primer paso para las reconciliaciones, así que algo había debido pasar. Fue Kariya el que decidió hablar y explicarle la situación.
–Nagumo está viviendo con Hiroto desde hace un par de días o tres.
Suzuno pareció sorprenderse y decidió coger su chaqueta, aún colgada de la baranda, e ir corriendo a por su novio, cuando Midorikawa lo cogió del brazo con una fuerza que parecía no poseer.
Ese era el aura negra de la cual todo el mundo hablaba.
–Ni se te ocurra. Necesito que esté con Hiroto un tiempo.
Todo el mundo de los rangos altos se reía de Midorikawa durante la época del Aliea, pero cuando se ponía así era mejor dejarle tranquilo y no decirle nada por lo que pudiera pasar. Suzuno sabía bien que no podría conseguir nada si se ponía cabezón y era seguro de terminar con un puñetazo en el ojo. Levantó las manos en señal de derrota.
–Vale. Pero me quedo aquí por unos días.
Midorikawa tensó los músculos.
–¿De nuevo está Afuro en Japón?
Suzuno asintió. Él solo no podía domar a Afuro Terumi. Parecía mentira que años atrás Nagumo y él le dieran una paliza en un partido de fútbol, porque por lo demás, era experto en hacerse con el control de sus vidas.
–Venga, pasa. –Midorikawa le dio vía libre y todos entraron con parsimonia–. Aún queda ropa de Nagumo en casa, así que te la puedes poner mientras. Más o menos usáis la misma talla, ¿no?
Kariya dejó la caja de pasteles encima del kotatsu y después de un rato enseñando a Suzuno dónde estaba el cuarto dónde iba a dormir, se sentaron en el suelo y comieron con parsimonia lo que los niños habían dejado.
–Quiero que sepas que es solo por esta noche. –Suzuno rompió el silencio, avergonzado como nunca antes había estado (o quizás si, pero esa es otra historia).
Kariya le pasó otro pastelito.
Midorikawa estaba aterrado, aunque el recibimiento había sido mejor de lo esperado. No solo Endou le había perdonado, también había recibido el apoyo de Hiroto y Kariya.
Ahora solo le quedaba demostrar lo que era capaz de hacer.
Kariya estaba encantado con el cuarto que le habían dado, era la primera vez que no tenía que compartir habitación con otro niño (o un grupo de ellos, como le ocurrió cuando formaba parte del Gemini Storm) aún así había quedado con Kogure para explorar los alrededores sin que el entrenador Kudou se enterara.
Le resultó extraño ver a Hiroto en el pasillo, no era un chico que se saltara a la torera lo que le dijera un adulto. Ya habían cenado y supuestamente tendrían que estar durmiendo, hasta las luces del pasillo estaban apagadas. Solo la luz de fuera reflejaba el cabello rojo y brillante de Hiroto, así que Kariya no tenía ninguna duda de que fuera él.
Se paró de pronto, parecía inseguro. Estaba frente una de las puertas de las habitaciones y estaba claro que dudaba golpear la madera. Kariya sabía que ese era el cuarto de Midorikawa y que Hiroto y él se llevaban muy bien, así que no entendía tanta vacilación.
Hiroto giró sobre sus talones y Kariya tuvo que esconderse detrás de un potos cuya maceta parecía no aguantar mucho su peso.
Siempre se quejaba de no entender mucho a los adultos, pero últimamente tampoco entendía muy bien a la gente de su edad.
Quiero dar las gracias de nuevo a mi beta Pap, y a quienes me dejaron un review en el anterior capítulo :D a veces es bueno saber lo que los lectores opinan, sobre todo puede llegar a ayudar en el caso de un bloqueo. Yo sé más o menos por dónde seguir con esta historia, pero siempre necesito un pequeño empujón hacia el camino correcto.
No hay mucho que comentar aquí, como siempre. He disfrutado muchísimo escribiendo a Afuro, siempre lo he imaginado como alguien muy seguro de si mismo que hace lo que le da la santa gana. Lo del partido de fútbol y las apuestas es un headcanon, pero decidí meter a Suzuno en él (el partido de fútbol tenía que ser en directo y en una zona del mundo que fuera de día, y no se me ocurrió nada mejor que España y un Barça-Madrid. :D). Lo de Hiroto y Nagumo viviendo juntos salió de una conversación con Mireyan, así que los agradecimientos van para ella. Y bueno, no hay mucho más de que hablar, la verdad. Y ya contaré más sobre Shindou, Kageyama y su mujer :3
Pues lo dicho, muchísimas gracias por los comentarios y espero leeros pronto ;D
