Capitulo 10
Habían pasado ya treinta minutos desde que Naruto Uzumaki abandonó su mansión bajo una lluvia torrencial, dejando sola a Sakura Haruno vestida y sin baile. Pero eso a ella ya no le importaba demasiado. Lo único que quería hacer en esos momentos era bajar a su hermanastro de los cuernos de la luna y obligarlo a sentir la tierra bajo sus pies. ¿Por qué le había confesado todo aquello? ¿Había caído tan bajo ya? Tenía muchas preguntas y para ellas, pocas respuestas, pero eso no la detendría. Nadie podía detenerla. Si Naruto sabía exactamente quién era ella (y lo sabía) debía estar consciente de que acababa de entrar a la boca del lobo. Y una vez dentro era imposible salir de ahí.
Tomó una hoja de papel de uno de los cajones de la mesita de lectura y sacó una pluma fuente de su bolso. No dudaba ni un poco de lo que estaba a punto de realizar. Sabía que era un acto extremo, pero el estado de Naruto lo ameritaba, no podía dejar pasar más tiempo, si no lo perdería. Y, en un secreto tan bien guardado que nadie más que ella misma conocía, siempre había estado enamorada de su hermanastro. Escribió con letras largas y estilizadas, una carta dirigida a la única persona que sería capaz de devolver al Uzumaki a su mundo, y esa persona no era más que Jiraiya, el hombre que lo trataba como a un hijo y que, prácticamente, había introducido a Naruto en las artes del placer. Su abuelo.
Pero antes, debía mandar una invitación a un baile.
Una reacción inesperada.
Se sentía tan débil y frágil ante cualquier cosa, varado en su convertible negro bajo un cielo tétricamente gris con las últimas finas gotas de lluvia golpeándole la cabeza. Tenía el cabello pegado a su frente y a los costados de su cara, y tiritaba por completo gracias a la fuerte ventisca. Aunque la verdadera razón de su estado anímico tenía nombre y apellido: Hinata Hyuga.
Y justo ahora que había confesado casi por completo todos sus sentimientos a la peor persona a la que se le pudo haber ocurrido, su vulnerabilidad se encontraba a niveles estratosféricos, convirtiéndolo en un blanco por demás fácil para la arpía de Sakura, su hermanastra. No podía permitir que ella interfiriera con sus asuntos, sería demasiado peligroso, y mucho menos dejaría que se arruinen las cosas con Hinata. Iba a acostarse con ella, iba a ganar la apuesta, iba a tener para él a la mujer más deseada del colegio, y luego iba a olvidar que alguna vez sintió amor. ¿Amor? Respiró profundamente aclarando sus ideas y pensó. ¿Amor? ¡Diablos, no! Quizás solamente estaba obsesionado con el rechazo por parte de la virgen. Sí, eso era lo más sensato de pensar. Por que sentía que la necesitaba, pero… quizás no la necesitaba precisamente a ella, si no solamente necesitaba tenerla a sus pies, rogándole como muchas otras lo hicieron. Sí, eso era exactamente. Por que no había aceptado que la amaba, aquello era simple necesidad
¡Listo! Se había convencido a sí mismo, nuevamente, que Hinata Hyuga no era más que otra en su larga lista. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar su necedad? Lo descubriría pronto. Muy pronto.
Levanto la vista al cielo y se concentro en las nubes grises que se movían muy lentamente sobre él. Jamás había visto un día más triste y lluvioso en pleno verano. Se dispuso a encender el auto cuando su celular vibró intensamente anunciando una llamada entrante; Sakura Haruno. Tardó unos segundos en contestar, pero al final lo hizo para no levantar más sospechas. No podía dejar que ella piense que en realidad la situación le afectaba. Por mucho que así fuera. Y lo era.
-¿Qué quieres ahora? –contestó de mala gana.
-¿Tienes algo que hacer hoy en la noche, Narutin?
-¿Te interesan mis planes?
-No es eso, cariño. Pero creo que tienes una lección pendiente con la pequeña Ino. No la puedes dejar mal.
Estupendo, Sakura no había tardado ni un poco y ya había organizado otro furtivo encuentro sexual con la heredera Yamanaka. Soltó un largo suspiro y cerró los ojos cansadamente, esperando algún tipo de insistencia por parte de la Haruno. Pero esta permaneció también en silencio.
-¿A qué hora? –cuestionó al fin, convenciéndose a sí mismo que eso era justo lo que necesitaba. Engañándose.
-Doce de la noche. Adiós –y colgó.
No esperaba tener una amena conversación con la pelirrosa acerca de su situación y lo que debía hacer, muchos menos vía telefónica, pero el cortón casi inmediato que le dio al saber que accedía habría despertado cierta intriga al antiguo Naruto, pero a éste no le había importado mucho.
Puso en marcha su auto y condujo despacio de regreso a la mansión de Tsunade sin pensar en nada más. Encendió el estéreo y subió el volumen todo lo que pudo. Pero no lograba apagar los fuertes latidos de su corazón al saber que ira de nuevo a donde ella se encontraba. ¿Por qué se sentía tan diferente? ¿Nervioso? Ansioso de ver de nuevo los ojos perlas de Hinata, que ahora se habían vuelto su único refugio. Unos ojos en los que era capaz de perderse y de olvidar el mundo. De olvidar quién era. Pero más aún, poder ver sus labios rosas, aquellos labios que solo había probado una vez, pero que necesitaba besar nuevamente. Y luego lo pensó. ¿Podría resistirse a estar en presencia de la Hyuga sin querer tomarla entre sus brazos y besarla de nuevo? ¿Qué haría ella si eso sucedía? ¿Sentía Hinata lo mismo que él? Pero a esas interrogantes las callaban otras de igual o mayor proporción, de igual o mucha mayor importancia, y todas comenzaban en: ¿Qué sentía él en realidad?
Estacionó el auto, pasados varios minutos y un fuerte trueno lo sacó de su ensimismamiento. Había llegado y no se había dado cuenta. Pero ahora aquella mañana en la que la había besado parecía tan lejana. Entró, había perdido su eterno porte de superioridad y caminaba con la cabeza gacha y arrastrando los pies, como si estuviera realmente agotado. Pero su cansancio no era físico…
-Naruto, ¿Qué te ha sucedido? –preguntó Tsunade apenas lo vio, mojado de pies a cabeza, despeinado, pálido y demacrado.
-Estaba afuera, llovió, es simple –contestó Naruto de mala gana. Caminó hasta el desayunador y no pudo evitar recordar la escena de hace unas horas. Casi pudo sentir los suaves labios de Hinata rozar los suyos, y cerró los ojos en un acto incontenible -¿Y Hinata? –preguntó sucumbiendo ante la necesidad de saber de ella.
-No está, salió hace un rato. Dijo que no volvería hasta dentro de unas horas. –Tsunade escrutó a Naruto con la mirada, deduciendo que su mal estado no se debía a la lluvia, y al preguntar por Hinata más dudas se presentaron ante ella. -¿Qué te sucede, Naruto? Sabes que a mí puedes contarme cualquier cosa, hijo.
Naruto medito su respuesta unos segundos. No quería ser grosero con la vieja Tsunade, no había razón para serlo, solo se preocupaba por él, pero si le contaba en realidad lo que estaba sucediendo, que intentaba acostarse con su huésped, que además era la hija del nuevo director de la universidad, para cumplir una apuesta y enriquecer su reputación, lo iba a correr de su casa en ese mismísimo momento, y se encargaría, gracias a su excelente posición en el consejo escolar, de que no pueda volver a acercarse a ella, ni a besarla, ni a intentar herirla. Aunque esa podría ser un buena opción. Podría decirle toda la verdad a la vieja Tsunade y luego mentirle a Sakura con que se había enterado por sí sola para que dejara de joderlo de una buena vez. Pero nuevamente pensar en perderla le causó pánico.
-Tuve una mala noche y una pésima mañana –mintió dándose la vuelta e infundiendo seguridad en sus palabras.
-¿Estás seguro? –insistió Tsunade.
-Sí, no se preocupe. Estoy bien… o lo estaré pronto.
Y con esa forzada seguridad caminó hasta su habitación para darse una ducha y esperar la hora de su encuentro con la Yamanaka, aunque para eso faltaba toda la tarde. Se tiró en su cama, tomó su diario y escribió cuanto era capaz de expresar, empezando por su incertidumbre… y terminando en una mentira que ni él estaba siendo capaz de creer.
"…pero no estoy enamorado de nadie, mucho menos de una patética virgen hija de papi. Naruto Uzumaki nunca se enamora. Nunca…"
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Después de ser golpeada por una verdad inevitable, Hinata había pasado el resto de la mañana haciendo sus maletas dispuesta a alejarse cuanto antes del causante de sus males. Hizo unas cuantas llamadas buscando un lugar en donde pasar las últimas semanas del verano antes de que su padre se mudase a la ciudad, y recibió negativas por cada número que marcó, excepto de Neji. Pero ese día no se cambiaria, no, quizás esperaría hasta la tarde siguiente cuando el clima se hubiese calmado, así sus pertenencias no correrían el riesgo de mojarse por la lluvia. Pero cuanto le gustaba esa lluvia, el olor a tierra mojada y su eterna ilusión infantil de bailar bajo ella. Sonrió por ese repentino pensamiento y no pudo evitar pensar que cierto rubio la invitase a danzar, entrando por la puerta de su habitación en cualquier momento, pidiendo disculpas por su repentina salida de aquella mañana, por haberla hecho sentir mal… Pero pasaron los minutos y luego se volvieron horas, tres para ser exactos, y Naruto nunca llegó. Fue en aquel momento que acepto la invitación de Neji a pasar la tarde con él, la había invitado al cine y propuso ir por unas malteadas antes de regresarla a la mansión, a ella le encantaba todo eso. ¿Por qué Neji la conocía tan bien?
-Y ¿qué te pareció? –le preguntó Neji varias horas después al salir del cine.
-Me gustó mucho –contestó Hinata con una sonrisa –Tu siempre encuentras la manera de hacerme sentir mejor.
-Lo que sea por ti, lo sabes –afirmó él abrazándola por los hombros. Un acto cariñoso típico de Neji Hyuga.
-Eres el mejor primo del mundo –dijo Hinata recargando la cabeza en el hombro de él. Y ambos rieron. Lo cierto era que del lapso de enamoramiento-rencor-odio que tuvieron, nació una amistad que sabían era muy difícil de romper. Ella era la única persona en la que Neji hallaba consuelo y viceversa. Eran los mejores amigos por encima de todo.
-¿Quieres que ya te lleve a tu casa? –preguntó Neji para cuando llegaron al auto.
-Hm, aún es temprano. Además me debes una malteada –contestó ella con tono resuelto sonriendo ampliamente y entrando al vehículo. La verdad era que le atemorizaba la idea de volver a la mansión de la vieja Tsunade y ver a Naruto, no sabría cómo reaccionar. ¿Qué hacer?
Naruto había despertado en ella un sentimiento nuevo y desconocido pero temía saber que él no sentía lo mismo. Lo mejor, tanto para él como para ella, era que ni siquiera dejaran crecer ese sentimiento que sabía le haría más mal que bien. Naruto nunca la tomaría enserio y ella lo había descubierto por sí misma. Porque él era diferente, era amable, luego arrogante, era lindo, luego odioso, era comprensible, y luego un completo ególatra. Y ella no tenía tiempo para gastar con alguien que no decidía si ser una buena persona o no. Él mismo se contrariaba en ese aspecto, decía ser bueno, que todo lo que se hablaba de él era una farsa y mera envidia, y luego actuaba tal y como era descrito por el señor Inoishi. ¿Entonces? ¿Quién era en realidad? ¿Y por qué diablos le importaba tanto? ¿Por qué ya no pensaba en Kiba?
-¿Hinata? –la voz de Neji la devolvió al mundo real. Se encontraban estacionados frente a Smooth & Shake's, su nevería favorita desde muy pequeña, y Neji la miraba extrañado desde el asiento del piloto. -¿Te sucede algo? ¿Es por lo de Kiba? –preguntó ingenuamente.
-No… -contestó Hinata negando ligeramente con la cabeza.
-Entonces es por el Uzumaki… ¿o me equivoco? –inquirió el Hyuga.
-No… -repitió Hinata, pero esta vez asintió. No tenía sentido seguir ocultando algo obvio, y menos a Neji. Le había contado lo sucedido con Kiba y con Naruto respectivamente y él le aconsejo, con la mejor intención, que siguiera a su corazón. ¿Pero cómo? Si su corazón decía una cosa su mente se lo refutaba.
-Vamos, charlemos allá, pero baja ahora porque parece que lloverá muy pronto –propuso su primo bajando del auto. Dio la vuelta hasta llegar a la puerta de Hinata, y la abrió para que bajara.
-Estoy confundida, Neji. Muy confundida –dijo Hinata mientras bajaba.
-¿Por qué? ¿No sabes qué es lo que sientes por el Uzumaki? –interrogó Neji. Y dio en el clavo. ¿Qué sentía por él?
-No lo sé. Ni siquiera sé si siento algo –mentira.
Caminaron hasta el mostrador y ordenaron, después caminaron hasta una mesa alejada y se sentaron a esperar. Neji clavó sus ojos grises en los perlas de Hinata, como si mirara su alma y supiera todo lo que estaba sintiendo, pero no decía nada. Sabía que su mirada la delataría si continuaban viéndose de esa manera, así que agachó la cabeza concentrándose en sus manos, juntando y separando sus dedos índices una y otra vez. Empezó a llover, y comenzó el interrogatorio.
-¿Amabas Kiba? –preguntó Neji escrutándola con la mirada.
-Sí –verdad.
-¿Aún lo amas?
-Sí –mentira.
-¿Te gusta el Uzumaki?
-Sí –verdad.
-¿Sientes algo por él?
-No –mentira.
Hubo una pausa y Hinata volvió a levantar la vista hacia su primo. Neji dejaba ver una casi imperceptible sonrisa en rostro y gruñó con arrogancia. Ya lo había adivinado.
-¿Por qué intentas convencerte a ti misma de que no sientes nada por él? –cuestionó Neji al cabo de unos segundos.
-No lo sé. Quizás porque no me conviene enamorarme de alguien como él…
-¿Y tú como lo sabes? –interrumpió.
-¿Por qué lo defiendes si ni siquiera lo conoces? –cuestionó ahora Hinata, un tanto harta por la posición en la que se encontraba. ¿Qué Neji no se daba cuenta de que todo eso era difícil para ella?
-No lo defiendo, pequeña, es solo… ¿por qué no intentas darle una oportunidad? ¿Por qué no intentarlo?
¿Por qué no intentarlo? Simple: si ella se enamoraba perdidamente de Naruto y él no le correspondía, su frágil corazón se rompería en mil pedazos. Él no es un hombre de una sola mujer, y ya se lo habían advertido, no tenía por qué correr ese riesgo… no había necesidad. Oh pero sí la había, la necesidad de perderse en sus ojos azul cielo y descubrir qué se encuentra más allá del tempano de su mirada. Porque ya se había rendido a sus pies, ya era demasiado tarde para decir que no.
-No lo conoces –soltó Hinata repentinamente.
-Y no creo que sea necesario. Al fin y al cabo no soy yo quien está enamorado, Hina –repuso Neji dejando entrever que una sonrisa surcaba sus labios. –Confía en tus sentimientos.
Y con eso concluyó su evaluación. ¿Resultado? Sería más feliz de lo que había sido en toda su vida… y luego sufriría por eso. Haría lo que su corazón le dictara, sin importar las consecuencias. Naruto le había demostrado una parte de sí que creyó no existía en el. Nada podía salir mal, o al menos eso quería creer.
Hablaron de varios temas sin importancia, y luego de un rato Hinata pudo reír alegremente de nuevo. Pasaron casi una hora entre pláticas y risas, y luego de pagar, cuando hubo dejado de llover, se dirigieron a la mansión de Tsunade. Anduvieron sin prisa con la música en alto volumen. Neji definitivamente la había ayudado mucho a sentirse mejor y con el nuevo ánimo que tenía dejaba ver una sonrisa radiante. Ya no pensaba en Kiba, tenía bastante tiempo que no pensaba en él, ahora su mente se concentraba en la profundidad de los ojos cielo de cierto rubio, y al pensar en él no podía evitar sonreír más ampliamente. Lo vería pronto.
Divisó la mansión al estar cerca y un cosquilleo atacó su estomago. Se sentía estúpida, como una niñita enamorada con sus respectivas mariposas en el estomago y rió por eso.
-¿Qué pasa? –preguntó Neji al verla reír.
-Pensé algo gracioso –contestó Hinata encogiendo los hombros restándole importancia. El coche se detuvo en la entrada y ella se giró completamente hacia su primo para despedirse. –Muchas gracias por este día, Neji. –dijo mientras lo abrazaba y dejaba un beso en su mejilla.
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Ya era suficientemente tarde como para que Hinata aun no hubiese regresado de dondequiera que había ido con quienquiera que haya ido, su paciencia comenzaba a agotársele y no fue hasta ese entonces que decidió salir a caminar un rato. Tenía que verla ya para que sus ansias se calmaran. Tenía que verla y entonces haría lo que tanto había planeado toda la tarde. Estaba decidido a descargar todo lo que sentía con Hinata Hyuga, pararla en seco y darle el beso que nunca le habían dado, acariciarla y tocarla, dejarle ver y conocer el deseo a través de sus ojos. Hacerle saber que debía sentirse afortunada de vivir bajo el mismo techo que Naruto Uzumaki y poder tenerlo para ella sola, así fuese solo una tarde… Pero eso dejó de importarle en cuando la vio.
Hinata abrazaba y besaba al tipo de pelo largo con el que la había visto el día anterior, y al voltear ella sonreía radiantemente.
Naruto sintió una punzada de dolor directamente en su pecho. Y otra más en su orgullo.
El castaño lo vio y bajó del auto para acercársele. ¿Acaso iba a presentarse ante él? ¿Quién diablos se creía? ¿Quién diablos era? Echó un vistazo al auto y vio que Hinata los miraba consternada, preocupada ¿nerviosa? Pero no se movía, permaneció dentro con la puerta entreabierta, mirándolos.
-¿Quién eres tú? –preguntó Naruto con agresividad.
-Neji… -comenzó el castaño, levantando una mano para ser estrechada.
-¿Qué haces aquí? -Naruto lo callo con otra pregunta, volviendo a su frivolidad habitual después de un instante de perplejidad. Para Hinata había cambiado tanto, había olvidado su típico tono de superioridad y solo lo recordaba con la voz suave y pasiva con la que le había dicho que tenía corazón, pero ahí estaba de nuevo.
-Yo… solo vine a dejar a Hinata… -intentó hablar Neji.
-Ya lo hiciste, ahora largo –ordenó Naruto enfurecido. No entendía qué lo hacía sentirse así, pero en definitiva, si no se hubiera contenido, le hubiera propinado un fuerte y rotundo puñetazo a aquel sujeto solo para verlo tirado en el suelo suplicando piedad, frente a ella.
-¿Pero qué te sucede, amigo? Solo vine a traer a Hinata de vuelta…
-Deja ya la escena de celos, Naruto –habló Hinata, saliendo de su shock e intentando pararse frente a Neji, pero este se antepuso a ella y le cerró el paso, protegiéndola. Eso simple acto enfureció aún más a Naruto. ¿Celos? ¿Por él, de nuevo? Y ahí estaban nuevamente sus altibajos, y esta vez caía con más profundidad. ¿Por qué aquel cretino podía protegerla sin que nadie se lo restregara en la cara? ¿Por qué él siempre tenía que ser el malo? Porque lo era.
-Hinata, mejor vámonos de aquí. Tenías razón, este sujeto está loco –dijo Neji tomando a Hinata por el brazo dispuesto a llevársela de ahí. –Mañana vendremos por tus cosas.
-¿Te vas? –cuestionó el rubio con ironía al ver que el castaño se daba la vuelta.
-¿No era eso lo que querías? Nos vamos –lo enfrento Neji.
-Neji, no, espera –intentó detenerlo Hinata.
-Vámonos, Hina, no puedo dejarte sola con él.
¿Que no qué? Y eso fue todo, se la iban a llevar y no tendría que volver a verla. Y olvidaría todo lo sucedido. Pero ¿en realidad iba a permitir que se la llevara?
-Hazle caso a tu nuevo novio, Hyuga, no me interesa, eres una zorra –y las palabras habían escapado nuevamente de los labios de Naruto, con ese aire despectivo que le caracterizaba.
Hinata sintió que algo se había roto en su interior y contuvo las ganas de llorar. La había llamado zorra, la había insultado, justo después de demostrarle que era capaz de sentir como ella, no le estaban importando sus sentimientos ahora. Había vuelto para poder perderse en sus ojos azul cielo sin importar nada, y así la recibía él. No lo entendía.
-Si la vuelves a insultar una vez más te parto la cara aquí mismo, imbécil –sentenció Neji. Y Naruto sintió un profundo odio hacia aquel sujeto. Él podía defenderla, era el héroe, y Naruto el villano. Y se enfureció por qué sabía que él nunca podría defenderla de esa manera. Quiso destruir, quiso romper, pero posó sus ojos en los perlas de Hinata, y nuevamente el frio témpano de hielo de sus ojos se derritió.
-Neji, detente, por favor –suplicó Hinata al ver que el semblante de Naruto se había calmado. Había suavizado sus facciones y aflojó los puños.
-Me voy –anunció Naruto antes de pasar junto a ellos sin dignarse a ver a Hinata a los ojos. No podía. Y sintió que ella tampoco lo miraba.
Subió a su convertible y condujo a gran velocidad hasta la ciudad. Aún faltaban algunas horas para la cita acordada con Ino pero si ella sabía lo que le convenía respondería a su llamada inmediatamente. Y así lo hizo.
-Ino, te veo en treinta minutos en la nevería de la esquina de tu casa, ¿entendido?
-Pero, ¿no nos íbamos a encontrar hasta las 12?...
-Ino, te veo en treinta minutos en la nevería de la esquina de tu casa, ¿has entendido? –repitió Naruto más despacio, intentando parecer sereno.
-De acuerdo…
Y colgó. Anduvo en silencio y sintiendo que todo se movía a su alrededor. ¿Qué había hecho para sentirse de ese modo? ¿Por qué no podía entender? Apretó los puños con fuerza, haciéndose daño con las uñas clavadas en la palma de su mano. No encontraba una respuesta lo suficientemente cuerda como para darla por aceptado. Todas comenzaban y terminaban en algo que le resultaba ridículo. Pero después de todo lo sucedido él mismo podía llegar a pensar que las sospechas más insólitas eran ciertas… ¿Y si de verdad estaba enamorado de Hinata Hyuga?
Sí que lo estaba, a pesar de no querer admitirlo. Pero es que no podía admitirlo.
Miró su mano y una gruesa gota de sangre resbaló por su brazo. ¿Qué diablos había hecho? ¡Mierda! Se estaba volviendo loco.
Llegó al lugar donde se encontraría con Ino al cabo de unos minutos, y cuando la vio acercarse la hizo subir al auto sin rechistar para dirigirse a su mansión.
-Naruto, ¿qué te pasó en la mano?, estas sangran… -preguntó Ino después de un rato, pero no alcanzó a terminar porque el Uzumaki paró el auto en seco, salió de él, caminó hasta la puerta de su acompañante y la bajó en brazos con un andar torpe y brusco -¿Qué te sucede? Espera…
Naruto no habló durante el camino a la habitación, ya al llegar ahí le robo el aliento sumergiéndose en un beso fuerte, brusco, un beso egoísta y desquiciado. No sabía donde más refugiarse, la soledad de su habitación le parecía aterradora, y luego de pensarlo varías veces lo único que quería era desquitar toda su furia y enojo de la única manera que él conocía. Guió a la rubia a la cama con andares torpes, recorriendo su cuerpo de arriba abajo sin ninguna delicadeza, sin rodeos, pero ella no se quejó… Recorrió con su lengua cada centímetro de la cavidad bucal de Ino haciendo bastante difícil la correspondencia del beso, pero ella no se quejaba, ¿por qué no oponía resistencia como lo hubiera hecho Hinata? Ella jamás se dejaría besar así.
Se quitó la camisa y despojó a Ino del vestidito floreado que llevaba puesto. Comenzó a besar cada parte de su cuerpo, lamía, arañaba, mordía, no le importaba el daño que le estaba haciendo a Ino, y ella solo jadeaba y gemía con fuerza retorciéndose bajo él. Se acercó a su cuello y se hundió en él tratando de recrear el aroma que tenía tan impregnado en la memoria, el dulce olor a vainilla que desprendía Hinata, pero no podía. Besó su cuello con salvajismo y enredó sus dedos en el cabello de la chica. La despojó de su ropa interior y, después de denudarse él, la hizo suya sin piedad ni rodeos. Llevándola al borde del colapso, haciéndole gritar su nombre. Pero eso no le bastó.
Cayeron rendidos sobre las sabanas revueltas y Naruto contempló a Ino unos segundos. ¿Qué había hecho? ¿Con quién? ¿Por qué razón Hinata rondaba constantemente sus pensamientos? Se sentó en la cama y sacó su desgastado diario para hojearlo, las últimas páginas llevaban el nombre de Hinata, escribía constantemente sobre ella.
-¿Qué sucede, Naruto? –preguntó Ino, sacándolo de su ensimismamiento.
-Nada que sea de tu incumbencia –evadió él cerrando su diario de un golpe y guardándolo de nuevo.
-Estas así por ella, ¿verdad? –más que una pregunta era una afirmación. Naruto la miró prestándole atención por primera vez en toda la tarde esperando que continuara hablando –Sea quien sea no merece que le hagas esto…
-¿Segura? Porque que yo sepa tu "amas" a Sai, sin embargo escuché que gemías y jadeabas sin control hoy...
Ino bajó la mirada y al sentir que Naruto se levantaba de la cama volvió la vista hacia él.
-Naruto… -lo llamó. Él se detuvo en la puerta del baño y apenas giró la cabeza sin verla a la cara –Entonces, ¿tú la amas a ella?
-Hmph –Naruto hizo un ruidito que denotaba autosuficiencia, escondiendo las verdaderas palabras que ahora ansiaban con salir de sus labios, desesperadas. ¿Y si era cierto? Él no conocía el amor, quizás se parecía un poco a lo que él sentía. Tal vez era lo que sentía. Entró al baño y antes de cerrar la puerta murmuró inaudiblemente, más para sí mismo que para Ino -: Me temo que sí. La amo.
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-Hinata, llegó esta carta para ti –anunció Tsunade fuera de la habitación de la Hyuga.
Hinata se levantó perezosamente de su cama y caminó hasta la puerta, para abrirla y recibir la carta. Tsunade sostenía entre sus manos un pequeño sobre, una tarjeta y una rosa teñida de azul. Tomó sus cosas y regresó a su cama. Abrió el sobre y le sorprendió un poco lo que había en su interior: Una invitación a un baile.
Observó la rosa azul y se sintió confundida. ¿Quién podría haberle mandado todo eso y por qué? Vio la pequeña tarjeta que pendía de la rosa y la leyó:
Esta es mi forma de pedirte disculpas.
Naruto.
Por que ustedes mis amadisimos lectores lo pidieron: (ta tararán) Otro cap de Jugando a Seducir n.n
Me estoy largando al colegio, pero en la noche haré un chat ^^ para el que qiera contactarme music_itsmytime
Los re amo-quiero-adoro mis queridisimos lectores de mi alma! :D
Review? Review? Review? Review? Review? Review?
Un beso.
Itzel.
