¡Feliz Capítulo 10! Vaya aquí estamos, el número diez. En primer lugar tengo mucho que agradecer, a aquellos que me leen: ¡Esto es para ustedes! Los que me dejan reviews, los que me agregan a sus alertas y favoritos: ¡Mil gracias! Lo agradezco de corazón, son ustedes la razón de seguir adelante.

Como celebración de llegar al diez he hecho el capítulo más largo hasta ahora, como un regalo especial a todos aquellos que usan su tiempo para leer esta historia. Mucho se explicará, mucho sucederá y espero que les guste tanto leerlo como yo disfruté al escribirlo.

No les detengo más y a leer!


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–Ahí viene Thomas–le señaló Lucius a la entrada del gran salón, desde la mesa de Slytherin durante el desayuno, a Severus. Éste, sin embargo, sólo lo miró por el rabillo del ojo, bufó y siguió comiendo su desayuno. El rubio le miró con curiosidad y turnó la vista entre el chico que se acercaba y el que estaba sentado a su lado. Sabía que su mejor amigo no se llevaba de maravillas con él, pero había supuesto que ya se llevaban civilizadamente, incluso hasta bien se atrevería a decir.

Observó cómo Warren miraba a la derecha del salón como si buscara a alguien y luego sonrió. Instintivamente Lucius giró su rostro en la dirección donde estaba mirando éste y se sorprendió al ver que la hija de muggles Evans le regresaba la sonrisa a su amigo. «Ya entiendo», pensó mientras se percataba de lo blanco que estaban los nudillos de Snape por apretar los puños tan fuertemente.

–No te preocupes, no creo que sea lo que piensas.

–No sé a qué te refieres Lucius y no me interesa– le dijo cortante y se llevó una tostada cubierta de mermelada a la boca. Thomas llegó hasta a ellos con una gran sonrisa pintada en los labios y les dio los buenos días con bastante energía. Pero sólo el rubio le devolvió el saludo. Hermione empezó a canturrear al mismo tiempo que se servía las gachas de avena.

–Podrías dejar de hacer ese sonido. Algunos intentamos desayunar en paz Warren, si no es molestia. – El aludido se sorprendió por la rudeza de su voz a tal punto de abrir los ojos como platos, pero no dijo nada y dejó de cantar. Un silencio incómodo reinó entre los tres, como si las conversaciones de sus compañeros no les llegasen a los oídos.

–Este, Lucius, ¿ya te informaron de qué y cuándo será la primera prueba del torneo?– preguntó Hermione para tratar de romper el ambiente tenso que se formó entre ellos. Aunque no entendía a qué se debía.

–Debemos de ir al despacho del director después del mediodía, ahí se nos informará qué debemos de hacer. La primera prueba es en una semana, pero no nos han dicho de qué se trata, supongo que para eso es la reunión de hoy.

–Mucha suerte con eso. Supongo que nos contarás en la sala común–le dijo sonriendo.

–Por supuesto, muchas gracias Thomas– le regresó con una micro sonrisa en sus labios. La silla junto a la de Lucius se arrastró bruscamente para quedar abandonada por su dueño que salía a toda prisa del salón sin mirar atrás.

– ¿Qué le pasa a Snape?–preguntó Warren realmente confundido.

–No lo sé, seguro no se siente bien. Dejémoslo ser. – le respondió aún sabiendo perfectamente qué era lo que tenía tan molesto a su mejor amigo.

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Ese día había quedado con encontrarse otra vez en la biblioteca con Lily. A Hermione le hacía mucha ilusión el poder compartir tiempo con ella, además de que había descubierto a una persona que se dedicaba con empeño a los estudios, al igual que ella, actitud que le alegraba.

Luego del almuerzo Lucius se dirigió junto a los otros campeones a la reunión con el director Dippit, y ella se fue directamente a la biblioteca. Una vez allí encontró a la futura madre de Harry sentada en la misma mesa de la última vez, con una pila de libros de pociones y por la expresión de su rostro debía estar realmente concentrada en lo que hacía.

–Hola Lily.

–Hola Thomas– le respondió enérgicamente e hizo a un lado los libros para que él pudiera colocar su mochila. –Qué bueno que estás aquí.

– ¿Trabajando en la última asignación de Twairt?– le preguntó mientras sacaba un tintero, el pergamino y pluma para ponerse a trabajar. Ella le contestó que sí y que aunque no estaba teniendo problemas al realizarla sí se la encontraba sumamente extensa.

–Los profesores a veces piensan que son los únicos que nos dan clase. Cada uno deja tarea como si durante las demás horas del día no tuviéramos más responsabilidades, con ser prefecta ya tengo más que suficiente. – dijo riendo bajito y Thomas la acompañó con su risa. La comprendía completamente, él mismo siendo Hermione, tenía que lidiar con su cargo de prefecta y mantener sus calificaciones; aunque gracias a la guerra esto ya no era una de sus prioridades.

Estuvieron trabajando en sus distintas asignaciones durante aproximadamente una hora cuando fueron repentinamente interrumpidas por las últimas personas que pensarían se podrían detener en la biblioteca.

–Hola Lily, ¿cómo va el estudio?

– ¡James! ¡Sirius!– respondió Evans realmente sorprendida– no pensé que supieran dónde quedaba la biblioteca. ¿Cómo supieron que estaba aquí?– Thomas, sin embargo, no recibió su llegada con alegría. Se tensó al instante y les miró receloso, por más cariño que le tuviera al último de los Black en el futuro ahora en el pasado no podía evitar odiarle un poco.

–Adivinamos– contestó Sirius encogiéndose de hombros y tomando asiento frente a Thomas, mientras que James se sentó frente a su novia

– ¿Ya conocen a mi amigo Thomas?

–Nos conocemos Lily– respondió rápidamente Hermione con tono seco, que no pasó desapercibido a la pelirroja. Los merodeadores presentes sonrieron de forma ladina y no dijeron nada que pudiera delatar el duelo que sostuvieron con Warren. No fue difícil ignorar la presencia de aquellos dos chicos durante los minutos siguientes, ya que volvieron a sumergirse en los libros y sus tareas.

Pero mientras Thomas iba leyendo las propiedades de los ingredientes de la poción crecehuesos, un pedazo de pergamino apareció en la página que estaba a punto de pasar. Frunció el seño y lo tomó cuidadosamente, había que ser precavido incluso con el papel más inofensivo.

Cuando leyó el contenido se quedó de piedra, un repentino mareo amenazó con hacerle desmayar allí mismo y un repentino malestar estomacal casi hizo que vomitara todo lo que había comido durante el almuerzo. Escrito en una letra sencilla y rectilínea estaban escritas las palabras que cambiarían su estadía en Hogwarts de ahora en adelante, «Sabemos tu secreto, Warren. ¿O debemos decirte Hermione Granger? Si no quieres que todo el colegio lo sepa más te vale ir al primer campo de crisantemos en el bosque prohibido esta noche a las 11. »

El papel se desintegró cuando terminó de leerlo. Se quedó petrificada sin atreverse a levantar la mirada. Al parecer su reacción era la que ellos estaban esperando pues pudo escuchar una leve risa proveniente de James. –Lily, nosotros nos vamos, No queremos interrumpirlos por más tiempo. – dijo Sirius con una sonrisa de satisfacción pintada en el rostro.

– ¿Se van tan pronto?

–Sí Lily, tenemos cosas que hacer, personas qué visitar, ya sabes– le respondió James mientras se ponía de pies al igual que su mejor amigo. Sin decir otra palabra salieron de la biblioteca. Evans se quedó mirando la dirección por donde estos se fueron, sonriendo y suspirando. Regresó su vista luego a su nuevo amigo.

– ¿Thomas, tienes algo? Estás muy pálido, – le dijo con un claro tono de preocupación.

–Estoy bien Lily–, trató de sonreír sin tener suerte. –De seguro ha sido el almuerzo, pero te aseguro que estaré bien. No te preocupes.

– ¿Seguro?

–Muy seguro.

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¿Cómo había sido descubierta? ¿En qué momento se dieron cuenta de quién era realmente? No se descuidó en ningún momento con la poción, hechizaba las cortinas de su habitación, además de que no podrían ver nada a menos que fueran de su casa. Se sentía impotente, si algo se llegara a saber, si Malfoy se enteraba de su verdadera identidad perdería la oportunidad de regresar al bosque de Wiltshire. Estos eran sus pensamientos mientras caminaba rumbo a la sala común de Slytherin.

Por historias de Harry y el mismísimo Sirius del futuro, Hermione había escuchado alguna de las travesuras que cometían los merodeadores y cómo nunca les atrapaban en el acto. Todas las noches de diversión y escapadas a las cocinas del castillo para pedirle comida a los elfos.

A los únicos a los que podía comparar con el comportamiento de los merodeadores, era a los gemelos Weasley, Fred y George. Esos dos sí que sabían meterse en las situaciones más extravagantes y salir ilesos y sin que les atraparan de una manera exquisita, mucho más gracias a–

«Un momento», pensó Hermione deteniéndose de golpe. «Eso fue lo que pasó», se dijo a sí misma mientras se reprochaba por no haber contemplado esa faceta. ¿Cómo pudo haberlo olvidado? Un detalle tan vital como ese, por supuesto que debían de saber quién era, hasta se volvía obvio si pensaba en ello.

Luego de la paliza que recibieron a manos de Thomas Warren, lo más probable es que los merodeadores buscaran venganza, alguna broma pesada posiblemente. Para atrapar a Warren en un momento sorpresa lo más seguro es que habían decidido seguirle y aprenderse su horario. Lo que hacía y lo que no y dónde pasaba su tiempo.

Por supuesto que seguirle todo el tiempo supondría un esfuerzo mayor y también ponerse en peligro que les descubrieran en su intento de espionaje. Por eso ella supo exactamente cómo la habían atrapado. Era por la misma razón que los merodeadores se hicieron famosos, la misma por las que nunca atraparon a Fred y a George, Misma razón por la que ahora ellos conocían su secreto. El mapa del merodeador, aquel que te decía quién y dónde estaba en un lugar determinado, escribiendo su nombre real.

Al final todo se reducía en atar cabos.

Debía hablar con Dumbledore, esto no era algo que estaba dentro de las variables y lo que habían previsto. ¿Cómo pudo olvidar ese detalle? Y eso que era la bruja más inteligente de su época.

Cuando llegó a la sala común vio a Lucius sentando cerca de la chimenea sólo y en actitud pensativa, definitivamente debía de estar pensando en la primera prueba del torneo, llevaba la misma expresión que Harry cuando le tocó ser uno de los participantes. Casi se olvidaba de que hace unas horas fueron convocados para recibir instrucciones. Se acercó hasta él y se sentó a su lado, tirándose sobre el sofá y subiendo los pies en una butaca que estada adelante, su porte parecía despreocupado, aunque en realidad no lo estaba; contrastando con Malfoy, ya que éste estaba sentado elegantemente y erguido.

–Por tu actitud supongo que ya te han dado tu primera asignación. – Por única respuesta recibió una pequeña inclinación de cabeza de manera positiva. – ¿Y piensas contarme de qué se trata?

–No puedo contarte lo que yo mismo no sé. – dijo con la mirada ausente en el danzar del fuego.

– ¿A qué te refieres?– preguntó Thomas fingiendo ignorancia.

–No fueron concisos en cuanto a lo que teníamos que hacer. Simplemente nos dieron un acertijo que contiene la información con respecto a la primera prueba. Aunque puedo hacerme a la idea de qué es.

– ¿A sí?– le dijo escéptica.

–Así es Thomas, tú y Severus no son los únicos que tienen una capacidad decente para razonar. No sé por qué habrías de subestimarme. – le contestó fríamente y clavó sus ojos grises en ella. Hermione no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerle la espina dorsal cuando lo hizo, automáticamente ella miró hacía la chimenea.

–No quise decir eso, discúlpame. ¿Te importaría decirme el acertijo?

–Toma, no me importa que lo leas. – Lucius le extendió un pedazo de pergamino.

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"Dos de tres y uno de diez

Cuidado, tu curiosidad te hará arder.

Obtén aquello que se ha de guarecer

En la cabeza del tres y los pies del diez."

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"En lo alto es un rey,

desde arriba te ha de ver.

Desde el norte lo traerá Odín,

no podrás huir."

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Hermione no tuvo que leerlo una segunda vez para saber exactamente de qué se trataba, ya lo había vivido en carne propia, pero lo que se sorprendía en verdad es que Lucius lo haya comprendido apenas unas horas después de leerlo.

–Son dragones.– le dijo casi en un susurro.– Sólo hay dos especies de dragones que viven en Escandinavia, donde surgió el culto al dios Odín, el Tres Cuernos Escandinavo y el Cola Diez Púas. Al parecer son dos del primer espécimen y uno del último, nos harán recuperar algo resguardado por ellos.

Thomas abrió la boca ligeramente sorprendido. Lucius no pudo evitar sonreír con autosuficiencia, él era un estratega, alguien que veía todos los escenarios posibles y le gustaba analizar situaciones complejas. Un simple acertijo no era nada.

–Muy bien Lucius, me has impresionado. Yo no lo hubiera adivinado, – mintió– ¿pero quieres un consejo? Para ese día, mantén tu escoba cerca. – Malfoy le dedicó una última mirada antes de regresar al fuego crepitante y perder sus pensamientos entre ellos.

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Sin importarle perder la cena, Hermione debía de arreglar un asunto pendiente cuanto antes. Se dirigió a toda prisa a la lechucería con una nota entre sus manos. Al llegar usó a la primera lechuza disponible que se encontró, ató el pergamino a su pata, le susurró el nombre del destinatario y le ayudó a alzar el vuelo para que realizara la entrega.

Terminado subió escalera tras escaleras para llegar al séptimo piso. Se detuvo frente a un tapiz donde unos horrendos monstruos le dan de garrotazos a Barnabás el chiflado. Pasó frente a éste tres veces pensando en lo que necesitaba con los ojos cerrados; al abrirlos una puerta que no estaba antes apareció para darle paso a la sala de los menesteres.

Como pidió, la sala le proporcionó un lugar donde se pudiera tener una conversación tranquila; una mesa con pergamino, plumas y tinteros, sillas cómodas y bastante iluminación. Se sentó en la silla que quedaba frente a la puerta y se dispuso a esperar, media hora más tarde, y cansada de contar cuantos cuadros habían colocados en el piso, vio entrar la figura de Albus Dumbledore a través de la puerta.

–Buenas noches señorita Granger. Espero que se encuentre usted bien esta noche.

–En realidad profesor, tenemos un problema. – El anciano se acomodó los lentes y se acercó hasta ocupar la silla que quedaba frente a ella.

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Eran las 10:30 PM, en momentos como ese es que extrañaba la capa de invisibilidad de Harry. Cuando se escabulle uno varias veces con el transcurrir de los años ese tipo de utensilio se vuelve de vital importancia. Hermione salió de la habitación cuidadosamente, tratando de no ocasionar el menor ruido.

Caminó sigilosamente por el trayecto entre las mazmorras y el gran salón, estaba tan paranoica que en varias ocasiones creía escuchar algún ruido detrás de ella. Se detenía, verificaba y luego seguía su trayecto. Una vez en la entrada en vez de tratar tontamente de usar la puerta principal, caminó hasta encontrar la tercera armadura frente al reloj que contaba los puntos de cada casa.

Pasó por detrás y pronto se vio caminando por un pasillo angosto, por donde apenas podía caber una persona con dificultad. Ese era uno de los tantos pasadizos que habían descubierto durante sus años en Hogwarts, te llevaba directamente afuera del castillo de manera relativamente rápida y eficaz.

Aún con el grueso abrigo que llevaba puesto el frío le llegó hasta los huesos, se abrazó a sí misma y no se detuvo hasta que llegó al linde del bosque prohibido. Esa misma noche había convocado con Dumbledore una reunión de emergencia en la sala de los menesteres. Le contó lo que había sucedido y trazaron un plan que pudiera salvarle sin que el profesor se viera involucrado directamente.

Hermione esperaba que dicho plan funcionara.

Suspiró sonoramente antes de adentrarse a la densa oscuridad del bosque. Convocó un hechizo de señalización que Ojo loco Moody le enseñó por si algún día se perdía. Era bastante útil, funcionaba como un compás Muggle, sólo que en vez de tener una flecha que siempre te señalaba el norte, tenía un pequeño haz de luz roja que señalaba el lugar exacto al que querías llegar.

Esto le daba una ventaja táctica, la luz emitida por ese hechizo era tan insignificante que pasaba desapercibida, lo que no ocurriría de haberse tratado del hechizo lumus. Por esto Hermione pudo observar, mientras se acercaba al primer campo de crisantemos, que sólo había dos merodeadores, James y Sirius.

Sus sentidos se alertaron al instante, eso quería decir que lo más probable es que los demás estuvieran escondidos a la espera de alguna señal para atacar. Debía estar pendiente. Terminó de recorrer la distancia que la separaba de los crisantemos, en el momento en que estuvo allí ellos la apuntaron con su varita.

–Vaya, vaya, vaya, si es la señorita Warren que al fin se ha dignado en honrarnos con su presencia Sirius. ¿Qué te parece?

–Bastante interesante James, sumamente interesante. ¿Qué crees que debamos hacer con ella?, porque es un ella después de todo, ¿no sería divertido que el colegio completo, incluido los profesores, se enteraran de quién es realmente Thomas Warren?

–No creo que eso sea algo que les convenga. – Interrumpió Hermione masticando las palabras y apretando su varita.

– ¿Y por qué deberíamos siquiera de escucharte?– le espetó James con odio.

–Porque ustedes no querrían que yo divulgara el secreto de Lupin. ¿Por cierto dónde están él y Pettigrew?– preguntó con falso tono de inocencia e ignorancia. Los merodeadores frente a ella parecieron tomados por sorpresa y se pusieron rojos de la ira. Sirius parecía que iba a arremeter contra ella pero el otro le detuvo.

– ¿Y a qué secreto te podrías estar refiriendo?– le preguntó James con cautela.

–Al mismo que están pensando. Por cierto, ¿saben cuándo es la próxima luna llena? No me gustaría toparme con un hombre lobo paseando por el bosque, o un ratón, un perro y un ciervo. Digo, es sólo por mi seguridad.

Ellos no podían dar crédito a lo que escuchaban, sus caras eran toda una obra de arte. Una expresión entre la sorpresa y el enojo, para desventaja de Hermione el enojo aumentó en cada uno.

Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que tomó a la chica desprevenida. Sirius le lanzó un hechizo desarmador a Hermione, ésta se defendió perfectamente, pero cometió el error de centrar toda su atención en su atacante, descuidando al otro. Cosa que aprovechó James para lanzarle un Expelliarmus por el costado.

El impacto fue tan fuerte que Hermione juraba que le habían roto una costilla. Otro golpe, pero esta vez en el estómago, le dejó sin aire. Pensó que había sido un hechizo hasta que otro golpe le hizo entender que era que la estaban pateando. Le quitaron su varita para lanzarla unos centímetros de ella.

La levantaron entre brazos y la llevaron hasta un árbol donde le amarraron y mantuvieron suspendida. Hermione aún peleaba con su cuerpo para poder respirar bien y el costado le dolía enormemente, de seguro que le habían roto las costillas.

– ¿Tienes la cámara Sirius?

–Sí, sólo hace falta que empiece a transformarse y lo captaremos con un par de fotografías. No nos intimidas Warren, al final será tu palabra contra estas fotografías y créeme, las personas le creen a lo que pueden ver.

Pasó algo más de una hora esperando, la tranquilidad era absoluta hasta que un hechizo potente le dio de lleno a Black y lo lanzó un par de metros por el aire. Hermione pensó por un momento con alivio que Hagrid había llegado ya, enviado por un comunicado del profesor Dumbledore de que patrullara esa zona a eso de las 11 PM. Por supuesto iba tarde, conociendo al semigigante lo más probable es que se haya tomado su tiempo antes de salir, dándole de comer a sus múltiples animales.

« ¿Desde cuándo Hagrid es rubio? »

Lucius Malfoy acababa de hacer acto de presencia en el lugar y había inutilizado a Sirius en la primera oportunidad. Estaba agradecida, pero al mismo tiempo preocupada, si sus cálculos eran correctos la poción multijugos perdería sus efectos en aproximadamente una media hora como máximo. ¿Dónde demonios estaba Hagrid cuando se le necesitaba?

–Las tácticas "valientes" de los Gryffindors se sorprende cada día– dijo Lucius con voz gélida.

– ¿Cómo llegaste aquí?– le preguntó Hermione al sentirse capaz de hablar otra vez.

–Te seguí– le dijo simplemente.

James ya se había preparado para atacar, él y Lucius se medían y ninguno quería atacar apresuradamente. Era como ver a Draco Malfoy y Harry Potter teniendo un duelo, de no ser por la situación en la que estaba, maniatada, se hubiera reído por la similitud.

Sin embargo esta pelea no tuvo oportunidad de llevarse a cabo. Sintieron un extraño ruido rodeándoles, como si se algo se estuviera arrastrando hacia ellos. No debía ser grande, pero sí numeroso. Se olvidaron de la pelea cuando se vieron rodeados por una cantidad enorme de ghouls.

En cualquier ocasión a Lucius no le hubiera importado acabar con unos cuantos, eran inofensivos y se les eliminaba fácilmente. Pero los que estaban frente a ellos distaban mucho de ser inofensivos. Los ojos, que por lo general era negros y sin vida, estaban de un intenso color rojo. Las manos parecían una especia de garra y se movían más deprisa de lo habitual. Estos ghouls eran muy diferentes al que estaba en el ático de la casa de los Weasley.

Instintivamente James se puso al lado de su amigo y le lanzó un enervate para que despertara, Lucius aprovechó esa acción para correr al lado de Thomas y desatarle. –Convoca mi varita, por favor, está en alguna parte entre las flores. – le dijo Hermione señalando el lugar donde creía que debía de estar. Malfoy así lo hizo y se la entregó.

– ¿Estás bien Thomas?

–Lo estaré cuando salgamos de aquí.

Las horrendas criaturas se abalanzaron hacia ellos. Los hechizos salían volando de un lugar a otro, cuando aturdían a uno parecía que tres tomaban su lugar. En un momento la cantidad de hechizos había disminuido y Hermione miró a su alrededor para ver qué había sucedido, Sirius y James ya no estaban. « ¡Se transformaron y se fueron!»

Pronto se vieron totalmente rodeados por los ghouls, espalda contra espalda y con las varitas en alto. – ¿Por qué estabas aquí con esos Gryffindors?– le preguntó el rubio sin despegar la vista de sus atacantes.

– ¿Prefieres discutir eso ahora o cuando salgamos ilesos de aquí?– él no respondió. Cansados, al parecer, de esperar, los ghouls se lanzaron al mismo tiempo hacia ellos dos. Hermione sabía que sería imposible pararles a todos, estaba sintiendo miedo como hace un par de meses no sentía, el mismo que se experimenta cuando se enfrenta a la muerte. Pero no era sólo la posibilidad de morir lo que la mortificaba, sino también la sorpresa de reconocerse a sí misma que estaba más preocupada por Malfoy que por ella.

«Por favor, que alguien le salve,» pensó y sucedió. Una calidez recorrió el cuerpo de Hermione por completo, no sabía cómo, pero en un instante se sentía tranquila, sabiendo por instinto qué debía hacer. Un fuerte grito dejó sus labios y en un movimiento rápido clavó su varita en el suelo. Una gran fuerza mágica golpeó a los ghouls que los rodeaban, lanzándoles varios metros de ellos y aturdiéndoles momentáneamente.

Lucius la miró con los ojos como platos, eso era un tipo de magia que no conocía. El rostro de Thomas expresaba la misma sorpresa que él. –Debemos irnos antes de que se recuperen. – dijo Warren sobrepasándose a la sorpresa. Corrieron lo más rápido que pudieron. Hermione sentía cómo la respiración volvía a dificultársele.

No fue hasta que llegaron a los terrenos del castillo que se dejó desplomar sobre el césped. Lucius se detuvo y se colocó a su lado. – ¿Qué te pasa Thomas?– Pero no contestó, necesitaba recuperar el aliento y sus costillas no le estaban ayudando en el proceso.

–Sólo… dame un segundo.

Malfoy se quedó de pie observándole mientras descansaba. Hermione cerró los ojos y cuando al fin se sintió que podía terminar el trayecto hasta el castillo los abrió y se puso de pie. Cuando miró a su acompañante sintió que la sangre se le helaba, Lucius estaba terriblemente consternado, como si viera a un fantasma, por un momento pensó que detrás de ella había un montón de ghouls a punto de devorarla.

– ¿Qué te pasa Lucius?– pero fue su voz la que le hizo saber qué era exactamente lo que le pasaba al heredero de los Malfoys. La poción multijugos había pasado su efecto y volvía a ser Hermione Granger. Se horrorizó y dio un paso atrás instintivamente.

Lucius se acercó a ella a pasos agigantados y le tomó fuertemente de la muñeca, ella dejó escapar un leve gemido de dolor pero no dijo nada, tenía que pensar rápido cómo salía de esa situación.

Sintió de repente que halaban de ella con mucha fuerza. Lo siguiente que Hermione supo es que sus labios estaban atrapados por los de Lucius. Se quedó de piedra. Malfoy la estaba besando con tal pasión que los labios le dolían un poco por la presión ejercida. Luego fue bajando el ritmo, saboreando lentamente su carnosidad y textura. A Hermione le temblaron las piernas, jamás había sido besada de esa forma.

Cuando al fin se despegaron por la necesidad de aire, él la miraba con ojos fríos y distantes. –Tiene muchas cosas qué explicar señorita Austen, comenzando por el hecho de estar en el colegio bajo una identidad falsa– y le apuntó con la varita y le quitó la de ella.

Hermione lentamente metió la mano en el bolsillo y sacó un frasco con la dosis de multijugo correspondiente. Se la bebió de un trago. Ya no podía más, los golpes que recibió de los merodeadores, la pelea con los ghouls y esa extraña oleada de energía que les salvó la vida. La costilla le dolía horrores. Lo último que pudo articular antes de caer desmayada fue la palabra "enfermería."

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Tenía frío, no había abierto los ojos pero estaba segura de estar acostada en una cama tapada por una fina sábana. Sintió un dolor que le atravesó las costillas y de golpe recordó todo lo sucedido la noche anterior. Abrió los ojos de golpe y quiso incorporarse, pero una mano fuerte le detuvo de hacerlo.

–Despacio señorita Granger, debe descansar. – La voz de Dumbledore le llegó como música a los oídos, el viejo la observaba preocupado y algo culpable. –Hagrid no llegó a tiempo, lo lamento mucho. Usted se desmayó y la trajo el joven Malfoy, lo que me sorprendió en verdad. La enfermera me llamó al instante. No quise interrogarle porque no habría conseguido nada más que alguna mentira, pero por el semblante que llevaba parecía que lo sucedido fue algo muy serio. ¿Le importaría decirme qué fue lo que pasó anoche señorita Granger?– Le dijo pasándole tres frascos con poción, una para curar sus costillas y las otras para transformarse en Thomas Warren. Cuando Hermione estuvo a punto de preguntarle si alguien la había visto como era en la enfermería, Albus se le adelantó y le dijo que hizo que corrieran las cortinas y él se quedó la noche completa haciendo guardia.

–Mi varita señor– fue lo primero que le vino a la mente.

–No se preocupe, aquí la tengo– dijo enseñándosela y luego se la entregó. Hermione la apretó entre sus manos y le relató lo que sucedió, omitiendo la parte del beso. Dumbledore la escuchó con paciencia mientras veía cómo se transformaba otra vez en el chico de su juventud.

– ¿Qué haremos profesor? Malfoy ya lo sabe. ¿Qué tal si se lo dice a todo el mundo? Voldemort me va a encontrar.

–Tranquila mi querida niña. Pediré a Hagrid que hable con los centauros para que nos ayuden a eliminar los ghouls del bosque prohibido, su aparición allí no me parece coincidencia. En cuanto al señor Malfoy sólo nos queda esperar.

– ¿Esperar?– le preguntó incrédula.

–Así es, esperar. Quédese a descansar un rato más, la enfermera le indicará cuando puede irse.

–Gracias profesor.

–Por cierto señorita Granger, a veces no está demás poder confiar en alguien. – dijo antes de girarse y marcharse. Hermione no entendió lo que quiso decir, pero estaba muy cansada como para analizar eso o alguna otra cosa.

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Comió el almuerzo en la enfermería y bebió de nuevo la poción multijugos, luego pudo irse. Su primera parada era su habitación, necesitaba un baño y tenía que buscar sus útiles, además de poner en la mochila unos cuantos frascos. Una vez hecho esto se dirigió al único lugar en el cual podía despejar sus pensamientos, la biblioteca.

Se retiró a la mesa más alejada de la entrada y se sentó mirando a una ventana que quedaba frente suyo. El cielo estaba despejado y podía ver las montañas a lo lejos, verdes y rebosantes de vida.

¿Qué había sido todo eso? Lucius Malfoy la besó, uno de sus enemigos más grandes, mortífago y asesino, la había besado y con qué pasión y deseo. Era la primera vez que se sentía de esa manera, «besa como un dios», pensó sorprendida y sintió un ligero calor en las mejillas.

– ¿Estás bien Thomas?– Lily estaba sentada justo frente a él. ¿Cuánto tiempo había estado allí sin darse cuenta?

–Eh… Hola Lily, ¿cómo estás?

–Bien. ¿Aún te sientes mal? Estás rojo.

–Eh, no, no, estoy bien. ¿Cómo sabía que estaba enfermo?– dijo sonrojándose más.

–No estabas en el desayuno, sólo lo asumí. Thomas, me preguntaba si puedes acompañarme hoy al lago, quiero hacerle un dibujo a mi madre y no quiero ir sola. Ninguno de los chicos puede acompañarme, si no es mucha molestia me gustaría que fueras conmigo.

–Este, supongo que no hay problema– le respondió y se puso de pie. De todas formas no estaba haciendo nada en la biblioteca.

–Es un día bonito, ¿no crees?– le preguntó Lily cuando ya estuvieron sentadas frente al lago, recostadas de un frondoso árbol. Hermione asintió distraída y se quedó en silencio mientras la pelirroja sacaba un lápiz y pergamino para dibujar.

–Hermione, ¿cuál es tu color favorito?

–El verde– respondió. «Un momento, ¿cómo me ha llamado Lily?». –Digo, ¿quién es Hermione, de quién me hablas?– dijo más rápido de lo que quería. La Gryffindor empezó a reír.

–Los chicos me lo contaron todo, los atrapé anoche llegando a altas horas y no los dejé ir hasta que me contaron el último detalle. No lo podía creer hasta que me mostraron el mapa, estabas en la enfermería y ponía 'Hermione Granger'.

Hermione se quedó de piedra y le miró con los ojos desorbitados, hundió la cara entre las manos y suspiró pesadamente. –No te preocupes, ellos no dirán nada. Nunca fue su intención desde un principio, si no ya lo habrían hecho. Pero creo que estaban un poco sentidos porque una chica les ganara en duelo.

La ahora Slytherin la miró. No encontró en su rostro rastro de acusación ni reproche, era como si no le importara que estuviera mintiendo sobre su identidad todo ese tiempo. –Si quieres puedes contarme. Si estás en algún problema tal vez te pueda ayudar, hasta los chicos, que no son malas personas y hasta agradables cuando llegas a conocerles bien. – «A veces no está demás poder confiar en alguien», le había dicho Dumbledore antes de irse de la enfermería. ¿Acaso había pensado en que algo así pasaría? Por supuesto ella no podía esperar que Lily no se enterara, después de todo su novio fue uno de los que la descubrieron.

–Lily, – suspiró antes de continuar. – Si te cuento lo que me sucede, ¿lo mantendrías en secreto hasta de Potter?

–Ya le prometí al profesor Dumbledore que no le contaría a nadie y que podían ustedes contar con mi ayuda.

– ¡¿El profesor Dumbledore?!

–Así es, esta mañana me detuvo para preguntarme cómo iba en Aritmancia y de un momento a otro me dijo algo como 'Thomas Warren es un buen muchacho. Le vendría bien una amiga como tú'. Cómo ya sabía tu secreto por los chicos y conociendo al viejo Dumbledore supuse que él ya sabía y de ser así, obviamente no eres una mala persona y eres confiable. Por eso puedes confiar en mí, lo que sea que me digas se queda entre nosotras.

Hermione sonrió sinceramente, luego esa sonrisa se convirtió en una verdadera carcajada, sus hombros se comenzaron a mover frenéticamente y de un momento a otro empezó a llorar a todo pulmón. No había llorado desde que estaba allí, realmente no recordaba la última vez que lo había hecho, tal vez mucho tiempo antes de abandonar Hogwarts.

Lily le puso las manos en los hombros y le condujo lentamente a que recostara su cabeza en su regazo. Le acarició el cabello suavemente mientras esperaba que Hermione terminara de llorar. –Disculpa– le dijo entre hipidos, –No sé qué me pasa.

–No es nada Hermione, llora todo lo que quieras, hasta que te sientas mejor. – y así lo hizo durante unos quince minutos más. Luego se acomodó hasta quedar derecha y miró hacía el lago, al igual que la pelirroja.

–No puedo darte todos los detalles, pero tampoco te mentiré. Yo… Yo no soy de esta época Lily, vengo del futuro, de aproximadamente 18 años en el futuro. – Decir que la cara de Evans reflejaba sorpresa era decir poco. –Yo estaba escapando de unos mortífagos en el bosque de Wiltshire cuando no sé de qué forma aparecí en este tiempo. Ahora mi único tiempo es regresar, quiero ayudar a mis amigos. – «Quiero ayudar a tu hijo».

– ¿Tienes alguna pista de cómo regresar?– preguntó Lily luego de recuperarse de la impresión.

–Lo que sea que pasó se esconde en el bosque de Wiltshire, por eso necesito regresar. A Dumbledore se le ocurrió la idea de que la mejor forma de hacer aquello era infiltrándome en la mansión Malfoy. Pero es más fácil decirlo que hacerlo, he estado intentando hacerme amiga de Lucius Malfoy todo este tiempo y lo estaba logrando, pero anoche me descubrió.

–Cuando los chicos te obligaron a ir al bosque. – le interrumpió la pelirroja.

–Así es, él me había seguido y lo descubrió todo.

–Bueno Hermione, no te aflijas ni te preocupes demasiado. Yo estoy dispuesta a ayudarte en todo lo que necesites. Si Malfoy trata de delatarte déjamelo saber y verás cómo tiene que huir de mí. – Le dijo Lily con tanta energía que ella no pudo evitar sonreír.

–Gracias Lily.

–Ah, para eso estoy aquí. Cambiando de tema, ¿de quién es la imagen que estás usando?

–Conoce al joven Albus Dumbledore– le dijo riendo.

–Jamás creería que el profesor era alguien tan apuesto durante sus años de juventud.

– ¡Lily!

– ¿Qué? Pero si es verdad. – dijo encogiéndose de hombros despreocupada. Por el rabillo del ojo miró a Hermione y se alegró de verla sonreír.

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Llegó a la sala común a la hora de la cena, cuando todo el mundo estaría en el gran salón. Cuando atravesó la puerta una oleada de pánico la invadió al ver a Lucius, sentado junto a la chimenea, mirándole fijamente.

–Ven aquí– le ordenó y señaló el asiento a su lado. Por un segundo estuvo tentada a salir corriendo de allí, pero al ver la expresión en el rostro del rubio decidió que era mejor hacerle caso. Caminó nerviosa hasta el asiento a su lado y se dejó caer en él.

–Me parece qué me debe una explicación señorita Austen, particularmente me gustaría saber por qué está asumiendo una identidad que no le pertenece.

Hermione le miró directo a los ojos, gélidos, grises y que increíblemente parecían arder. Pero muy bien sabía que de contarle algo, lo mínimo, sólo serviría para ponerla en mayor riesgo.

–Si te cuento la verdad no me volverás a ver– le dijo sin saber por qué, tal vez porque en lo más hondo de su mente entendía que tendría que abandonar Hogwarts y tratar de llegar a Wiltshire de otra manera.

La respuesta que recibió por parte de Lucius era algo que no esperaba escuchar, tal vez una amenaza de muerte, un chantaje. Para ser sincera consigo misma pensaba que le diría que no le importaba volver a verla, pero no fue nada eso, en su lugar dijo.

–Está bien, no tienes que hacerlo ahora. Pero acabarás diciéndomelo.

– ¿Qué te hace pensar eso?– le preguntó algo molesta por la superioridad con que se lo dijo.

–Simplemente lo sé. Los Malfoys no nos equivocamos. Pero hay algo que debe de quedarte claro. No moverás un músculo sin que yo lo sepa, harás lo que yo te pida en el momento en el que lo pida y si no quieres hacerlo no me quedará más remedio que hacer pública tu identidad. Seguiremos pretendiendo que eres Thomas Warren, por cuánto tiempo depende sólo de ti.

Sin agregar otra palabra, Lucius se fue de allí dejándola perpleja. «Tiene miedo de no volver a verme», fue lo único que estaba cruzando por su cabeza. Hermione no era tonta y la mayoría de las veces podía leer entre las líneas de las personas lo que querían mucho antes de que estos lo supieran. En este caso no fue diferente. No supo si esto le preocupaba o le hacía feliz.

Volvió a recordar el beso.

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Fue una semana particularmente dura para Hermione, que de no ser por Lily, se habría vuelto loca. Lo primero que hizo fue informarle a Dumbledore los nuevos acontecimientos, ahora más que nunca necesitaba que el anciano supiera qué estaba sucediendo realmente.

En cuanto a Lucius, éste estaba mostrando una actitud de lo más infantil. Cuando ella le escuchó que él le pediría lo que fuera, cuando fuera y cómo sea, se imaginó que serían favores que rompían con todas las reglas y el buen orden. Pero se había dedicado a obligarle a cargar sus libros y los de Narcissa.

Era el nuevo chico de los mandados, tenía que hacer todas las tonterías que le decía a cambio de su silencio. Para empeorar las cosas, Snape la ignoraba la mayor parte del tiempo o le hablaba despectivamente

Estaba realmente harta.

Pero esa mañana de sábado se celebraría la primera prueba del torneo de los tres magos y en el colegio Hogwarts de magia y hechicería se vivía un sentimiento de alegría y agitación más allá de lo normal. Los alumnos fueron convocados al campo de Quidditch a eso de las diez en punto.

Hermione llegó temprano y se sentó en la línea de la primera fila junto a la carpa donde los campeones debían de esperar a ser llamados. El estadio fue transformado en un gran valle de arena, poblado por enormes piedras. El terreno era difícil de caminar.

El profesor Dippit se aplicó un sonorus y dijo las palabras de bienvenida correspondientes, además de dar por iniciado oficialmente el torneo de los tres magos. Explicó que la prueba consistía en obtener un huevo dorado que estaba protegido por un dragón. Los aplausos y gritos llenaron el lugar.

Por alguna extraña razón Hermione se sentía nerviosa.

El primero en salir fue Nikolay Petar y le tocó un Tres Cuernos Escandinavo. El chico tenía mucha fuerza, la cual quedó demostrada al detener una roca que le lanzara el dragón rojo. Corrió de un lado al otro y luego de varios hechizos pudo aturdir al dragón y recuperar el huevo que éste custodiaba.

Las ovaciones no se hicieron esperar, Durmstrang pasaba automáticamente a la segunda ronda. Hermione aplaudió sin muchas ganas. Antes de que los ánimos se calmaran, cambiaron al dragón por otro Tres Cuernos Escandinavo, sólo que esta vez era azul.

Marie de la Fontaine no fue muy diferente a su antecesor. Parecía incluso que habían intercambiado tácticas, pues ella usó el mismo hechizo y método para aturdir al dragón y obtener el huevo. Beauxbatons obtenía su victoria.

Por último salió Lucius Malfoy, el cual tenía que enfrentarse al dragón más grande y aterrador que Hermione había visto en su vida. Era de color negro y medía varios metros de altura, su cola, por la cual recibía su nombre, tenía diez púas que brillaban como el acero. Del mismo color de sus afilados dientes.

Malfoy estaba pasando por ciertas dificultades para acercarse hasta donde estaba el huevo dorado. Es cierto que tenía más agilidad que los anteriores dos concursantes, pero al parecer no tenía el secreto que ellos dos poseían.

Hubo un momento en que la audiencia se quedó en silencio cuando una pesada roca casi le da de lleno y se salvó por poco centímetros. Lucius tuvo que retroceder, hasta tal punto que se encontraba cerca de la carpa.

– ¡Lucius! ¡Lucius!

El aludido se giró buscando la voz de quien le llamaba hasta encontrarse con el rostro de Thomas. Le hizo la mímica con un brazo de algo que tomaba vuelo y Malfoy lo entendió al instante.

– ¡Gracias!– gritó para sorpresa de Hermione, unos segundos después una escoba llegaba atravesando el aire rápidamente hasta manos del rubio. El público empezó a vitorearle con ganas y aplaudir ante su audacia.

Sorteando las rocas, los coletazos y mordidas del dragón, en un vuelo que parecía una obra de arte, Lucius Malfoy consiguió el huevo dorado. «Como lo hizo Harry».

Hogwarts logró pasar a la segunda ronda.

Al igual que todos los presentes, Hermione no pudo evitar aplaudir y gritar con ganas, se sentía especialmente emocionada y estaba contenta con la victoria de Malfoy, a pesar de la extraña circunstancia en la que estaban envueltos.

En un momento dado sus miradas se cruzaron. Thomas inclinó la cabeza en señal de reconocimiento y felicitación y Lucius le sonrió sinceramente agradecido por recordarle el consejo que le había dado hace una semana.