Mi odiado vecino
Capítulo 9
Antonio regresaba a casa tras un duro día de trabajo. Había empezado a trabajar a las cinco de la mañana y había estado hasta las nueve y media. Su nuevo jefe, casado y con hijos y que no se interesaba por él como el anterior, le había dicho que se fuera de una vez a casa y que se tomara el día siguiente de fiesta; no quería que se desplomase extenuado tras demasiado trabajo.
Paró en el supermercado para comprar algo de carne y preparar la cena. Desde que había regresado Francis y se había enterado de que llevaba unos días comiendo únicamente alimentos precocinados, se había llevado una bronca por comportarse de aquel modo. Le había hecho prometer que cocinaría cualquier cosa él mismo y que controlaría de ese modo que no comía tomate. Maldito Francis. Venía él con su cara bonita y se ponía a controlarlo todo con ese encanto suyo que tenía al que no podía decir que no.
Cuando iba en el metro pensó en llamar a Francis y ofrecerle cena gratis. Total, había comprado mucha carne y si la hacía toda sobraría. Seguramente luego se arrepentiría cuando sintiera ganas de besarle hasta que se les desgastasen los labios, pero en ese mismo momento le apetecía verle y pasar rato con él.
Recogió su correo y el del galo, siempre era una buena excusa para llamar a su timbre. Lo apretó y esperó pacientemente a que la puerta se abriera. El francés le miró con cierta sorpresa y en cuestión de segundos dibujó una sonrisa cordial.
- Antonio, qué sorpresa. ¿Qué haces aquí?
- Se han equivocado y me han dejado estas cartas en el buzón. Te las he venido a traer personalmente.
- Ah, gracias, eres muy amable.
- Oye, estaba pensando en...
- Francis~ ¿aún no vienes? -dijo una voz femenina que provenía del interior del piso del galo.
Antonio se quedó helado por completo y hasta Francis parecía incómodo con aquella interrupción. Ni idea de cómo se las apañó para sonreír con aparente normalidad. La de Francis era un gesto un poco más tenso.
- Estaba pensando en que tengo muchas cosas que hacer, así que te dejo. Buenas noches. -dijo Antonio.
Tuvo que controlarse para no buscar las llaves en su bolsillo con desespero. Abrió la puerta con calma, cerró y de repente se apoyó bruscamente contra la madera, con los ojos muy abiertos. Una mujer. Había una mujer en el piso de Francis. ¡Una mujer de sinuosa voz! ¡Y por su tono de voz no podía ser su madre! ¡Era una joven a la que seguro que estaba intentando cortejar! ¡¿Y quién demonios usaba la palabra cortejar hoy en día? Inspiró hondo tratando de relajar de este modo el latido de su corazón. Fue hacia la cocina, tenía que cenar y eso planeaba hacer. Sin embargo, llegó a la estancia, abrió un armario, sacó una botella de vino, se sirvió un vaso y se lo bebió de una sola vez. ¡UNA MUJER!
Tomó las llaves y salió del piso. Bajó las escaleras descendiendo los peldaños de dos en dos. Cuando estuvo fuera, cogió el móvil y llamó a Gilberto. El pobrecillo se encontraba acabando de cenar cuando recibió aquella llamada.
- ¿Diga?
- Gil, vamos a beber, te espero en la parada de metro de siempre.
- ¿Eh? Estamos a viernes, he vuelto de trabajar hace nada, no me apetece.
- Gil, vamos a beber.
- No, Antonio.
- Mira, Gilberto, estimado amigo mío... -dijo con un tono dulce pero claramente enfadado que le erizó el bello al de cabellos claros- Como no vengas a buscarme para ir juntos a beber, voy a ir hasta tu casa y te tiraré de los pelos para sacarte de ella. ¿Vas a venir por las buenas o me harás ir?
Nunca había sido un lumbreras pero supo que a su amigo Antonio le ocurría algo y que como no le siguiera el rollo, iba a sufrir el las consecuencias de su ira. Acabó aceptando y en una hora por fin estaba en el lugar en el que habían quedado. El de cabellos castaños parecía un volcán apunto de entrar en erupción y arrasar con todo lo que había a su alrededor. Antonio le había agarrado de la manga de la ropa y había tirado de él hacia el bar más cercano. El sitio era un tugurio y Gilberto temió que les asaltarían y nunca nadie se enteraría.
- ¿Me vas a contar ya qué es lo que te ocurre? Porque si vengo es porque te noto raro, no porque me apetezca ponerme hasta el culo de chupitos.
- No me pasa nada.
- Claro, y yo soy subsahariano, ¿no te jode?
Aún así, Antonio no dijo ni mu. Después de unas cuantas copas, se habían trasladado a un pub con mejor iluminación y gente menos tenebrosa. Gil se sintió aliviado de no tener que estar vigilando cada dos segundos si la cartera seguía en su sitio. Antonio estaba bebiendo demasiado y eso le preocupaba. Primero porque estaba seguro que había un detonante y segundo porque cuando se ponía así no tenía control. Cuando ya iba pasado de copas, se atrevió a preguntarlo otra vez.
- ¿Qué ha ocurrido?
- ¡UNA MUJER! ¡UNA MUJER EN SU CASA! -exclamó Antonio gesticulando con los brazos para darle más énfasis- Una furcia que le ha dicho "Francis, ¿aún no vienes?" y que seguro que a estas horas estará gimiendo su nombre. Porque ahora, al muy gilipollas, le ha dado por conquistar tías porque no soy suficiente. ¡Pues estoy muy bueno!
- ¡Síí! ¡Lo estás! -corearon un grupo de mujeres borrachas que estaban sentadas a la mesa que había en un rincón.
- Gracias, chicas. -dijo el español sonriendo de manera galán y casi con aura brillante a su alrededor.
- Madre mía... -murmuró Gilberto descompuesto. No podía con Antonio cuando se ponía así de pesado. Aunque no podía pegarle la patada e irse a casa a dormir. Era su amigo y eso no se hacía. A pesar de que él no quería unirse a su grupo de rock.
Cuando ya empezó a ponerse muy pegajoso, Gilberto se encargó de impedir que siguiera bebiendo. Antonio seguía insistiendo en que le sirviera una cerveza y él se aseguraba de decirle al camarero que lo ignorara y que no se la trajese.
- Gil, ¡vete a tu país! ¡Deja que beba alcohol!
- ¡¿Pero qué estás diciendo? ¡Mi madre es de fuera pero yo nací aquí! -dijo indignado Gilberto mientras intentaba sujetarlo para poder salir del bar.
- … Gil, ¡vete al país de tu madre! -gritó ahora el de ojos verdes tras pensarlo detenidamente durante un par de segundos.
- Cállate de una maldita vez o te dejaré tirado en la calle.
- ¿Tú también me vas a cambiar por una mujer? -le dijo el español mirándole con los ojos llorosos.
- Maldito seas tú y tu chantaje emocional. -refunfuñó- No, no voy a cambiarte por una mujer. Pero vamos, te llevaré a tu piso.
Antonio iba cantando a pleno pulmón por la calle a pesar de que eran las dos de la mañana. Gilberto tenía miedo... A ver si algún vecino les iba a echar agua encima.
Sinceramente, Francis no había tenido ganas de invitar a Samantha a casa. Era una chica atractiva pero nunca le había llamado excesivamente la atención. Solía ser muy aburrida y Francis se cansaba de charlar con ella. Su instinto masculino le habló aquella vez, cuando Samantha le miraba con sus grandes ojos verdes esperando una respuesta. Hacía bastante que no tenía una cita y cada vez salía menos con Antonio por ahí, necesitaba hacer vida social.
Tampoco había tenido vida sexual desde hacía ya un mes largo. Los homenajes que se daba a sí mismo no contaban. Pero es que tampoco veía el momento de aprovechar su relación de amigo con derecho a roce. Hacía nada que Jeanne había muerto y a pesar de que no eran pareja ya, se sentía mal. Además, no quería que Antonio pensara que era un desalmado. Tampoco es que le viera tanto últimamente. Eso le hacía sentirse algo entristecido.
Cuando había abierto la puerta de la casa, a mitad de la cena, y había visto a Antonio, se sintió culpable sin venir a cuento. Deseó decir "lo siento" cuando en realidad no sabía por qué debía disculparse. Ya no pudo pensar en otra cosa durante el resto de la velada. Aquella sonrisa de Antonio, fuera de lugar, tan artificial, no se le iba de la mente. Era como si le hubiese podido afectar en algo la presencia de Samantha en el piso. No sabía por qué. Acompañó a la hermosa y delicada mujer hasta su casa sin haberse acostado con ella. Y mira que le dio una última oportunidad en el rellano de su casa, cuando le invitó a entrar y tomarse una copa. Francis se disculpó y se marchó a su propio apartamento. Cuando llegó al pasillo, escuchó a dos voces (una era la de Antonio, la otra ni idea) hablando en el pasillo. Su vecino parloteaba muy fuerte y la otra persona le chistaba para que bajase el tono.
Una vez allí, Francis divisó al español colgado al cuello, por la espalda, de un chico con un cabello tan rubio que casi parecía blanco. Antonio le iba diciendo que le quería y le daba besos en el cuello. El otro hombre intentaba abrir la puerta de la casa. Ni se acercó. Francis se quedó estático al pie de la escalera, observando como Antonio se acaramelaba con ese chico que no sabía quién era. Ambos entraron en el piso y cerraron la puerta.
Francis se quedó allí plantado durante cinco minutos al menos. Luego se encogió de hombros y se metió en su propio apartamento.
Antonio estaba empezando a comportarse como un acosador. No dejaba de abrazarle ni un solo segundo y además le había empezado a dar besos por las mejillas y el cuello. Gilberto ya estaba acostumbrado a aquello. Borracho, Antonio se transformaba en un baboso tanto con chicos como con chicas. Le había costado atinar con la llave para poder entrar mientras no dejaba de darle besos. Encima decía que le quería: estaba como una puta cabra.
Lo arrastró hacia su cuarto, el cual le costó encontrar ya que era la primera vez que visitaba aquella vivienda, y lo dejó caer sobre su lecho. El chico de ojos verdes rodó de un lado para otro mientras proclamaba que su cama era la más cómoda del mundo mundial. Gil puso los ojos en blanco ante tamaño comentario. Finalmente, Antonio quedó echado de lado y abrazado a un cojín. Sus mejillas estaban sonrojadas y los ojos perdidos en el marco de la ventana. Su amigo se había sentado en el suelo al lado del lecho.
- Gil...
- Diiime...
- Si te gustaran los hombres y yo te pidiera para salir, ¿saldrías conmigo?
Joder vaya preguntitas...
- Claro que saldría contigo. ¿Por qué no iba a hacerlo? -contestó pesadamente. Le daba vergüenza este tipo de temas.
- Hombre, algún defecto tengo que tener... Algo para que Francis prefiera a esa tipa antes que a mí... Seguro que hablo demasiado.
- Eso no te lo niego.
- O quizás se ha cansado de los problemas que siempre tengo con la alergia. Seguramente me odia.
- Pues mándalo a la mierda y olvídate de él.
- Eso haré. -dijo con decisión Antonio- No seré tan idiota como para irle detrás cuando él prefiere estar con otra gente. Mujeres. Y hombres también. Y tendré que... Tendré que superarlo y escuchar como cada noche se trae a alguien y... y se los tira... Y a mí no me verá, ni pensará en mí como yo he pensado en él... -el tono se había ido tornando lloroso con estas últimas frases.
- Antonio... -dijo Gilberto levantando el rostro y observando con tristeza a su amigo.
- L-le quiero... Le quiero mucho, Gil... -había escondido el rostro en el cojín y sollozaba. Su puño se había cerrado y golpeaba contra él, buscando descargar su frustración y su dolor- ¿Por qué? ¿Por qué no me puede escoger a mí? ¿Por qué tiene que buscar a otras personas?
Gil se incorporó y se sentó sobre la cama. Le dio unas palmaditas en el hombro a su amigo, tratando que se calmara.
- Descansa. Mañana vas a tener una resaca de caballo y a ver quién es el guapo que aguanta tu mal humor entonces. Ya pensarás en ese gabacho estúpido en otro momento. Ahora duerme.
Francis estaba irascible últimamente. No entendía ni él mismo el porqué. Había días que parecía que todo el mundo decía las palabras perfectas para sacarle de quicio. Y no... No era porque viese salir de casa de su vecino a ese rubio platino cuyo nombre había descubierto que era Gil, no... O porque Antonio ya no le llamaba para ir a tomar algo o dar una vuelta y en cambio se había cruzado con él por la calle acompañado del tal Gil... No, eso tampoco... O porque la frecuencia con la que Gil estaba con Antonio era alarmante.
Seguro que estaba saliendo con él, era normal que entrara y saliera de su piso a gusto y fuera con él a cualquier sitio. Maldito hijo de... No pensaba agradecerle que le hubiese dejado el coche para que lo llevasen al aeropuerto, ni hablar. Esa especie de español albino era un roba-amigos. ¡Eso es lo que era! Odiaba que la arrebataran cosas que eran suyas: amistades, objetos, lo que fuese. Ese desgraciado le había quitado a su mejor amigo y cuando lo oía salir del piso contiguo corría hacia la ventana que daba a la calle y en el instante que salía le miraba concentrado, deseando hacerle explotar por el poder de su mirada.
Y cada vez que los encontraba juntos, Francis se moría de rabia hacia ese niñato que de vez en cuando proclamaba a los cuatro vientos que era increíble. ¡Él también lo era y no lo iba diciendo! ¡Existía la modestia, por el amor de Dios! Y ese día, se lo encontró en el pasillo. Hubiese ignorado su diminuta y patética existencia de no ser porque él le había observado con desaprobación y había pronunciado una risa breve e irónica. Francis se detuvo por completo y le miró.
- ¿Se puede saber qué encuentras tan gracioso?
- La cara de malas pulgas que traes, eso es todo. -replicó Gil con arrogancia.
- Jah, el rubio pollo se siente el ser más gracioso sobre la faz de la tierra. Qué patético. -soltó con sorna el francés.
- No te metas con los pollos. -dijo molesto- ¿Tienes problemas conmigo? Porque puedo partirte la cara.
- No sé qué intentas hacer con Antonio pero como le hagas daño iré a por ti y te pegaré la de tu vida.
- Como si te importara algo. Sólo erais amigos. Deja que haga lo que le plazca. -dijo Gil en un arrebato interpretativo. Es que la reacción de Francis había sido curiosa y quizás pudiera extraer algo interesante de todo aquello.
Francis lo empujó contra una pared y puso el dedo índice sobre el pecho del español, amenazante. Gilberto le observaba desafiante, con la mejor sonrisa de cabrón que pudo poner. El galo se veía furioso.
- Aléjate de él. No quiero que vuelvas a verle. No voy a permitir que nadie le haga daño.
- ¿Por qué estás tan molesto si sólo sois amigos?
El rostro de Francis estaba confundido. Era verdad. ¿Por qué estaba tan enfadado? Hacía demasiado tiempo que no se molestaba tanto con nadie. Se había estado conteniendo muchísimo para no pegarle un buen puñetazo.
- ¿Qué está ocurriendo aquí? -preguntó Antonio desconcertado por la escena que se acababa de encontrar.
Francis se hizo a un lado y desvió la mirada. Gilberto no dijo nada y se fue hacia Antonio, agarró su muñeca y tiró de él hacia la calle. El francés deseó ir tras ellos, agarrar al hispano de cabellos castaños y arrebatárselo de las manos a ese estúpido Gil. ¿Por qué? ¿Tanto deseaba recuperar a su amigo? Quizás la falta de sexo le estaba nublando el juicio. Le estaba cambiando el comportamiento.
Antonio miraba entre frustrado y confundido a Gilberto mientras seguía quejándose de que no dejaba que caminase a su ritmo.
- ¿Se puede saber a qué venía todo aquello? -pronunció Antonio.
- Tengo buenas noticias para ti, mi amigo. Creo que tu gabacho no es tan imbécil como pensábamos.
El plan de Gilberto le había parecido sacado del guión de una peliculilla de tres al cuarto. Una de esas que ni siquiera alquilarías un domingo lluvioso para poder verla por la tarde y preferirías dormirte viendo el documental de La 2. Simple como el mecanismo de un chupete.
- Estoy seguro de que le gustas también a ese tío. Me ha amenazado para que me aleje de ti. ¡Está claro!
- No sé, Gil... Me gustaría pensar que sí, pero... Muchas veces se percata de todo lo que pasa pero no se está dando cuenta de nada de lo que está ocurriendo. Me tiene negro y lo voy a tirar por el hueco de la escalera como esto siga así. No quiero que me metan en prisión.
- Eres muy drástico a veces. Cualquiera que te escuche va a pensar que eres un psicópata. Pero bueno, como te iba diciendo. Tenemos que alimentar sus celos. De esta manera veremos si de verdad le importas o no.
Así que habían empezado a fingir que eran algo así como una pareja. El pobre Gil luego se pillaba unos traumas de caballo y tenía que invitarle a cerveza y decirle que era el mejor para que se le pasara el trauma.
Antonio no estaba muy seguro de que todo aquello estuviera surgiendo efecto. De hecho, aún hablaba menos con Francis y cada dos por tres lo veía de humor de perros, como si estuviera a puntito de saltarle a la yugular a cualquiera en el momento menos pensado. Tan negativo era su pensamiento, que el español creía que el francés ni les miraba.
Francis no sabía qué le ocurría. Seguía con ese estado de constante irritación y de vez en cuando desearía estrangular a alguien. Lo curioso de todo aquello es que la fuente de todo su enfado era ese tipo que había aparecido de la nada y que le había robado a su amigo. Ese que al parecer era el novio de Antonio. Ese que lo abrazaba en el pasillo y le iba diciendo que estaba guapo o que esa noche le iba a quitar toda la ropa a bocados. ¡Jah! ¡Pues llegaba tarde! Algo así ya lo había hecho él una noche.
Bueno, de acuerdo, no lo había hecho.
¡Pero sí se había tirado a Antonio antes que él! ¡Y en repetidas ocasiones!
Lo que de veras le había enervado era lo que había escuchado el día anterior. El energúmeno le había dicho de ir a comer a un nuevo restaurante que Francis conocía bastante bien y en el que podías disfrutar de un almuerzo a buen precio y buena calidad. El caso es que le había dicho que podrían compartir una pizza y Antonio había señalado que esa pizza que deseaba llevaba tomate y que él era alérgico. El de cabellos color rubio ceniza le había dicho: "Ah, pero no eres alérgico siempre al tomate" y había insistido en que deseaba comerla y que él solo no podía pedirla porque entonces le saldría muy caro.
¡Sería hijo de la gran...! El tío, por ahorrarse unos cuantos euros, era capaz de hacer que Antonio comiese tomates. ¡La última vez había estado a un pelo de convertirse en algo muy serio para su salud! Tan novio que era, ¿cómo cojones podía ser tan inconsciente? ¿Pero qué se podía esperar de alguien que tenía ese color de pelo? Era un capullo. Y cuanto más lo había ido pensando, durante la noche, más irritado se había sentido. Ese tío iba a acabar destruyendo a Antonio y no pensaba permitirlo. Por mucho que ahora ya aquello de ser amigos parecía que quedara bien lejos, Francis aún lo sentía como su mejor amigo y lo iba a proteger de estúpidos que no sabían nada sobre la vida.
Esperó en su piso hasta que la puerta del de Antonio se abrió. Salió y lo vio casi llegando a las escaleras. Corrió tras él.
- ¡Antonio! ¿Tienes un minuto?
- Pues me pillas en mal momento. He quedado con Gil, así que no puedo perder mucho tiempo.
Un tic inapreciable alteró la ceja de Francis. ¿Otra vez? ¡Es que ellos habían quedado antes con la misma frecuencia! ¡Ahora nada!
- Oye, estaba preguntándome si querías venir al partido conmigo el domingo. Creo que incluso puedo conseguir entradas a buen precio. -dijo Francis en su plan de apartarlo de ese nocivo novio.
- Lo siento, ya he quedado con Gil para ir a verlo~ -dijo tranquilamente Antonio mientras seguía caminando.
- ¿Y el de la semana que viene?
- También he quedado con Gil. Después iré a su casa a dormir.
Francis perdió la paciencia en aquel instante. Encima no se estaba parando ni un segundo para hablar con él. ¿Es que tanto le molestaba dedicarle unos minutos? ¿Eso era lo que le importaba? Bruscamente agarró la muñeca de Antonio, tiró de él para detenerlo y entonces lo empujó contra una pared y puso los brazos a cada lado de su cuerpo.
- ¿Es que no piensas pararte ni un segundo para hablarme, joder? Al menos mírame cuando te estoy hablando.
- No tenías que ser tan brusco.
- Estoy harto de ese tío. ¿Pero quién se cree que es diciéndote que comas tomate para que pueda ahorrarse dinero en una puta pizza? ¡No debes verle nunca más! ¡Te lo prohíbo!
- ¿Me lo prohíbes? ¿Qué estás diciendo?
- ¡Eso mismo! ¡No vuelvas a quedar con ese estúpido que sabe de ser novio lo que yo sé de física cuántica! ¡Me irrita ver cómo te trata!
- Francis, se supone que eres un amigo. No voy a dejar de ver a alguien sólo por un capricho extraño.
- Te lo estoy diciendo muy en serio. -dijo Francis mirándole con un rostro inmutable- Deja de verle.
- ¿Por qué te molesta tanto?
- ¡Yo qué sé! ¡Llevo haciendo el gilipollas una semana! Pero lo tengo claro, no voy a dejar que ese energúmeno te haga daño. ¡Y no quiero que le veas! ¡Sé que es irracional, pero no quiero!
- Francis, te quiero.
Al francés se le quedó una expresión curiosa y bastante graciosa. Seguía enfadado pero poco a poco se estaba transformando en una mueca de desconcierto. Bueno, no podía decir que no esperaba una respuesta de este tipo. También se lo había dicho muy de sopetón. Estaba gritando y de repente Antonio le había soltado que le quería.
- ¿Qué...? -logró articular Francis.
- Gil no está saliendo conmigo. No tenemos nada, sólo somos amigos. Es un conocido al que le tengo mucho cariño, pero nada más. Sin embargo, yo te quiero a ti. No sé cómo ha sido, pero poco a poco me empezaste a gustar y de repente era algo tan fuerte e intenso... Lamento haberte engañado con lo de Gilberto.
- Entonces... ¿Por qué todo eso?
- Gil insistía en que tú te enfadabas mucho porque yo pasaba tiempo con él y que quizás era una señal. No sé exactamente por qué te pones así, me gustaría pensar que es que sientes algo, pero de cualquier modo yo no puedo guardarme esto por más tiempo. Te quiero.
- Pero... Dejé embarazada a una menor de edad...
- Lo sé y aún así te quiero.
- Y después la acompañé a abortar y al poco tuve que dejarla sola para poder empezar una nueva vida.
- Lo sé. Te sigo queriendo.
- Y soy un ligón que no ha dejado de meter a gente en la cama.
Antonio sonrió de lado, estaba resignado y de algún modo intentaba mantener la situación en un nivel en el que la tensión no fuera demasiado alta.
- Ah, sí... Igualmente te quiero... Eso lo tengo muy sabido... Lo de que eres un ligón. No te creas que he podido olvidar la mujer que había hacía una semana en tu piso. Espero que al menos supiera hacerlo bien.
- No me acosté con ella. -dijo Francis bastante sorprendido al ver a Antonio comportarse de aquella manera, como si tuviera celos. Bueno, acababa de decirle que le quería, así que eso no lo parecía, lo era. Eran celos. El español le miró bastante sorprendido- La traje a casa porque hacía bastante que no hablaba contigo ni nada y me daba la sensación de que me iría bien socializar un poco. Pero es una mujer bastante aburrida y desde que llamaste no podía dejar de pensar en que habías puesto una cara un poco rara, así que la llevé a casa.
- Oh, ¿pero te dabas cuenta de algo? Pensaba que eras más tonto que un niño de párvulos.
- Oye, eso duele. -dijo Francis sonriendo apurado- No me esperaba que me fueses a decir esto. Yo... sin embargo...
Antonio le miró con pavor. Ay. Ese "sin embargo" era temible. Era un pero. Era una condición que expondría una diferencia a la situación que él había expuesto. Y eso iba a significar algo que no deseaba.
- Ay, dios... Has dicho un "sin embargo"... Me vas a decir que no. -se llevó la mano a los oídos y cerró los ojos- ¡No quiero escucharlo! ¡No estoy preparado para escucharlo! Déjamelo en el contestador automático y ya lo oiré.
Francis le observó asombrado por esa repentina reacción. Después frunció el ceño e intentó hacerse oír por encima de sus gritos, cosa que no funcionó. Finalmente le tomó de las manos y le forzó a apartarlas de sus orejas.
- ¡Antonio, me importas mucho! -dijo Francis.
La cara de póquer del hispano le hizo sorprenderse un poco. De repente aquella expresión se fue transformando en un gesto de puro asco que le hizo sentirse casi ofendido. De manera inesperada, Antonio le pegó un codazo en las costillas que hizo que Francis se doblara hacia delante.
- Eres más estúpido que una piedra y mereces que te corte las pelotas y las exhiba delante de todo el mundo.
Se descompuso por completo el gesto del francés, el cual le miró aterrorizado por esa repentina ira. Sus manos estaban apoyadas sobre el estómago, el cual le dolía aún tras el impacto del codo de Antonio.
- ¿¡Por qué! ¿¡Por qué me amenazas de esta forma! -lloriqueó Francis sin comprender de repente por qué pasaba todo aquello- ¡Te digo cosas bonitas y tú amenazas con castrarme!
- Vamos a ver, piénsalo un momento. Acabo de decirle a la persona que me gusta que la quiero, no en una, no, hasta en tres o cuatro ocasiones. Y la persona que me gusta me ha contestado: Me importas mucho. ¡Me importas mucho! ¡¿Sabes que eso se le puede decir a un familiar, a un amigo o incluso a un vecino? Eso es una gilipollez. ¡Aaaah! ¿¡Por qué me tiene que gustar un francés tan tonto!
- ¡Te estoy escuchando!
- ¡¿Y por qué crees que estoy diciéndolo en voz alta?
- ¡No he dicho a una persona que la quiero desde hace más de cinco años! ¿¡Es que no puedes pensar por un momento que quizás me está costando demasiado!
- ¡No! ¡Porque en ningún momento he podido creer que fueses a llegar a quererme!
¿Por qué tenían que complicar tanto las cosas? Con lo bonito que se veía en las películas. Gente que con vergüenza expresaba sus sentimientos y después se abrazaban y eran felices para toda la vida. Allí estaban ellos, gritándose, como idiotas. Antonio sentía su corazón latir a mil por hora. ¿Qué significaba aquello último que le había dicho Francis? Desvió la mirada hacia su derecha, avergonzado. El rubio le estaba observando con aquellos ojos azules que tanto le gustaban y como volviese a gritarle, no sería capaz de volver a contestar con mordacidad. De repente Francis lo vio claro. Es más, se sintió estúpido por no haberse dado cuenta antes. Alzó una mano y acarició con los dedos la mejilla del español, deseando que levantara la vista y le mirara. Aquel gesto tan cariñoso sorprendió a Antonio y le observó. Francis se avanzó y le besó con parsimonia, con cariño, con una dulzura que el de ojos verdes no había conocido hasta el momento. No podía dejar de pensar cuándo fue la última vez que se habían besado y sentir un cosquilleo en su estómago. El galo cortó el contacto y se apartó, quedando a escasos centímetros de su rostro.
- Yo también te quiero, Antonio.
Y el español, tras tres segundos, se echó a reír. Bajó la mirada y siguió riendo de aquella manera que desconcertó en sobremanera a Francis, que frunció el ceño.
- Oye, estoy hablando muy en serio y tú te echas a reír, es muy feo.
- E-es que... Estoy tan feliz. Nunca creí que escucharía esas palabras y ahora me siento tan feliz que hasta tengo un nudo en la garganta y desearía llorar.
Francis se murió de ternura ante aquella frase. Antonio: tan torpe en esos temas, tan temeroso de expresar sus sentimientos, tan tierno, tan suyo... Lo estrechó entre sus brazos, fuerte, tanto que esperaba que pudiera escuchar el latido de su corazón, desbocado, radiante de felicidad.
- Te quiero. -dijo Francis.
- Yo también.
Y allí siguieron durante minutos, abrazados, diciéndose que se querían una y otra vez. Dejaron de prestar atención al mundo que giraba entorno a ellos. Sólo existía el otro y ese sentimiento que ahora les unía.
¡YYYY por fin! XDDDDD Les ha costado pero por fin se han dicho que se quieren. Toda una odisea, lo sé xD No sé qué contaros de este capítulo, la verdad. Francis con la rabia hacia Gil, Gil con el trauma de hacerse pasar por el novio de Antonio, éste con su amor no correspondido... xD Menudos idiotas. Digamos que con esto ha llegado, aproximadamente, la mitad del fanfic. Así que, vamos a por la otra mitad. Espero que os siga gustando (he visto como han desaparecido unas cuantas personas entre capítulos, es siempre inquietante o.óuuu)
Reviewws~
Hikaru in Azkaban, bueno es que Gil y Antonio son demasiado brutos xDDD Bueno, Gil va a ir saliendo así que supongo que hay más conversaciones de estas XD Antonio también se imaginaba a sí mismo de esa manera y por eso se horrorizaba xD. El tomatee... El maldito tomate. Pero bueno, ahora tiene a Francis para vigilar que no pasa xD
Ariadonechan, es lo típico de estar pensando en una persona y que de repente se ponga en contacto contigo. Te sientes poderoso XDDDD. Empieza el review como quieras, me encanta ;v; -hearts- Suena no cool pero da igual, es gracioso. Me costó mucho escribir Gilberto pero luego me acabé acostumbrando. Se nota porque al principio contraía mucho a Gil y luego ya me daba igual XD Ludwig es rollo nosotros con el ordenador XDD. Se acuerda de él porque es el único que lo ha estado cuidando últimamente. Tiene componentes de banda pero son gente random, no son países al menos no los he pensado. Las maquetas de Gil... ù.ú habrá que decírselo, seguro que se pone contento xDDDD Viva el Frain ouo xD
Nightview, ò.ó menos mal que leo el resto del review porque si llegas sólo a decirme que no sabes por dónde pillarlo me hubiera asustado un montón xDDD awwwnnn... n-no llores D: Dios... Perdón ;0;... Sí que lo es. ¡Sí es él! XDDDD No podía no hacerlo aparecer en este fic. Estaba a huevo. Además, los personajes fueron saliendo solitos xD
Candy Darla, Antonio estaba con la regla con el estrés de sentirse tan colgado de una persona xD El pobrecito lo estaba pasando mal. Pierre es bonitooo... Le tengo demasiado cariñito a Pierre. Soy pro Pierre yo. Desde que empecé a usarlo en los AU que aún le pillé más amorcín y me gusta más que Gilbird. Es que son bonitos ù.ú Y ahora serán parejita así que se verán momentos amorosos xD
Tomato-no-musume, Antonio enamorado es... estrés. Sobre todo si no sabe qué hacer. XDDD Es como un cúmulo de hiperactividad que no sabe dónde dejar xD. Él mismo se da cuenta y piensa que está amariconado xDDDDD Pero no puede hacer nada y lo manda a la mierda XD. Awnnnn ;o; p-pero no lloréis que me sabe mal... ;_; Las pesadillas siguieron después, por hacerse pasar por su novio, está claro XDDDD. Me esforcé porque cuadrara mejor que que todos fuesen de distintas nacionalidades xD. Siguiente capítulo done :D
Yuyies, está enamorado hasta las trancas... pero no lo tiene claro ni él xDDDD... Bueno, quiere cambiar para poder estar más con él y verle más y todas estas moñadas. Y, aunque se da cuenta de que llega al punto de ser casi ridículo, no puede ni quiere evitarlo porque le quiere XD. Son bonitos juntos y eso no se lo quita nadie =u=. Se aprecian aunque se tiren los trastos a la cabeza, está claro. No acepta que sea medio gay a veces pero como es su amigo lo acepta. Hombre, ¿quién mejor que Friedrich para ser su padre? La edad estaba medio explicada aunque ahora no la recuerdo (no merezco perdón de dios XDDD) Si no recuerdo mal, Francis era un poco menor que Antonio... Tengo que mirarlo. En el próximo te lo digo seguro que ahora estoy escribiendo esto a contrarreloj, que en nada me voy. Es lo que tiene haber escrito dos fanfics más después de este... estoy que lo regalo xDDDD
Y eso es todo por esta vez
Espero que os guste~
Esto sigue :3 Aún quedan algunos capítulos ;)
Hasta la semana que viene~
