Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.
Capítulo 10
Pisando estelas
El mar se arremolinó con fuerza en la proa del barco, levantando y dejando caer el pesado transporte de madera entre el rugido de la espuma. La portentosa nave crujió sonoramente ante la mar que embravecía por momentos, desde su posición privilegiada en la boca del lobo Nao observó el horizonte lejano, a pesar de que el día estaba soleado y la fuerza de la luz reflejada en el agua le dañaba ligeramente los ojos, podía apreciar como el océano se tornaba más oscuro en la línea del cielo. Chasqueó la lengua molesta y se levantó, tomó uno de los hilos que había dejado colgando y de una rápida pirueta saltó hasta la cubierta. A esa hora del día no se encontraba muy animada, los marineros dormían la siesta luego del almuerzo, aprovechando que la capitana aún no se encontraba completamente recuperada. Sacó sus garras de metal y las aseguró en sus dedos, tamborileó un par de veces con el acero el mástil. Sonrió pensando lo que haría Natsuki cuando viera las muescas y subió por el palo mayor hasta la cofia. Mikoto descansaba sobre su espada, mirando sin interés el mar, su cabello se agitaba por el viento y la niña lo disfrutaba con la vista perdida.
-Hey Mikoto, ¿No es tu trabajo mirar el agua?-
-Es solo agua, si no aparece nada interesante no hay nada que mirar- Respondió, sin mucho entusiasmo.
-A ti te faltan horas de sueño- Se quejó Nao, mirando al cielo en busca de paciencia, luego tomó la quijada de la niña y la dirigió hacia las nubes que se arremolinaban en el horizonte. -¿Qué es eso?- Inquirió con el tono de pregunta de uno más uno son dos.
-Nubes- Respondió con simpleza Mikoto, sumida en el sopor.
-Genial, ¿Y eso que significa?- Nao empezaba a perder la paciencia, lo que menos necesitaba era una niña idiota tomando decisiones importantes.
-Que lloverá- Contestó, quitándole importancia. Luego de unos segundos sus ojos se abrieron como platos, una chispa de entendimiento cruzo sus pupilas doradas. -¡Tormenta!- Exclamó antes de saltar por el mástil hasta el suelo, Nao suspiró de alivio y se descolgó tras ella. La niña corrió en cuatro hasta que se topó con Mai, saliendo del camarote de Natsuki. -¡Mai!, ¡Rápido, tormenta!- Gritó, moviendo los brazos y haciendo gestos bastante notorios.
-¿Tormenta?- Mai la miró con pereza, sin fijar realmente la vista en ella. La niña saltó hasta sus hombros, jalándola hacia todas direcciones.
-¡Tormenta!, ¡Aguacero!, ¡Olas!, ¡Hay que avisarle a Natsuki!- Clamó, despertando a la primera de su letargo.
-¡Tormenta!, ¡¿Pero qué mierda…?- Pateó hacia atrás, abriendo violentamente la puerta que acababa de cerrar.
-¡¿Qué carajo te pasa Mai?, ¡¿Se te olvidó todo lo que robamos para poder comprar este barco?- Natsuki se levantó de mal talante, acababa de recostarse en su cama y las heridas le dolían hasta el alma, Shizuru tras ella la siguió preocupada, la mujer aún no estaba totalmente recuperada, y no se recuperaría si seguía siendo tan terca.
-¡Tormenta, capitana!- Gritó, sin darle tiempo a la morena de enfadarse más. La expresión de la pirata cambió totalmente, adquiriendo la gravedad que la situación ameritaba.
-¿Cuánto falta para que topemos con ella?- Preguntó, su voz tomando características de hierro.
-Pues, por como se ha agrandado un par de minutos- Respondió Nao, mirando el horizonte que se oscurecía con rapidez.
-¡Mierda!, ¡Rápido, alerta a todos!, ¡Hay que ponernos a resguardo!- Ordenó la mujer, cojeando hacia la cubierta, pero la mano rápida de Shizuru la detuvo. Mai la miró interrogante.
-Vayan ustedes primero, hay algo que debo conversar con la capitana- Dijo ante las mujeres algo desconfiadas, Mai asintió y salió disparada con Mikoto hacia la cubierta, gritando órdenes, Nao las siguió de mala gana. En la cubierta y las ventanas empezaron a caer las primeras gotas de lluvia.
-¿Qué sucede Shizuru?- Inquirió algo agresiva Natsuki, la castaña se sorprendió un poco por el tono, pero no se dejó intimidar, la situación ponía a la mujer en una situación que ameritaba un estado mental distinto.
-Esta tormenta es porque nos acercamos a la isla. No nos hemos topado aún con Midori y Akane, pero ellas no podrán cruzar hacia la isla, solo las tres sangres juntas pueden hacerlo…- Sostuvo su mirada decidida, observó desconcierto en los ojos esmeralda y luego molestia.
-Podemos decirles que se devuelvan o subirlas a bordo cuando las encontremos, ¿Pero nosotros?, ¿Cómo se supone que cruzaremos si nos falta un Tate a bordo?, ¿No sirven muertos?- Inquirió, dispuesta a devolverse y traer el cadáver del rubio amarrado al mástil.
-No, no, no, tienen que estar vivos, ya lo han intentado antes así…- La castaña puso una de sus manos sobre las crispadas de la pirata. –Hay otra cosa más, todos aquellos que no posean sangre antigua no son bienvenidos, así que caerán en un sopor que les impedirá darse cuenta del peligro… ahora mismo Mai y las otras…- Natsuki comprendió de inmediato. Chasqueó la lengua en señal de mal humor y corrió hacia una de las esquinas de la habitación, todos los dolores olvidados. El primer trueno iluminó la pieza y el bambolear del barco empezaba a aumentar.
-Ten- Espetó, entregándole una cuerda larga a Shizuru. –Amárrate con esto a la cama, está clavada y no se moverá y…- Buscó entre su chaqueta, sacando un pequeño puñal con incrustaciones de plata y oro que aún no decidía dónde poner luego de obtenerlo en uno de sus botines, por fin le había encontrado utilidad. –Ten esto también, si algo le pasa al barco corta la soga y sal a cubierta, te estaré esperando- Dijo a toda prisa, dejando a la castaña a manos llenas.
-¡Natsuki!- Gritó, antes de que saliera por la puerta. Esta se dio vuelta de mal humor, pero su ceño se relajó al sentir el beso cálido en los labios -¡Suerte!- La morena asintió, saliendo al clima que había empeorado notoriamente. En la cubierta algunos hombres corrían, siguiendo las últimas instrucciones dadas por la primera, mientras que otros vegetaban, indiferentes ante las enormes olas que azotaban el barco. Natsuki se acercó a Mai, que miraba con las manos sobre la baranda, y le dio un golpe en la nuca.
-¡¿Qué te pasa animal?- Exigió la pelirroja dándose vuelta.
-¡No hay tiempo!, ¡Amarra a los hombres y a ti al palo mayor, ahora!- Ordenó, sin darle tiempo a explicaciones corrió hacia Nao, que tocaba el tambor en uno de los cañones. -¡¿Los ataste?-
-¿Mmhh?- La mujer siguió tocando despreocupadamente una polca en el hierro mojado. Natsuki tuvo que agarrarla por el cuello con una mano y con la otra abrazarse a la baranda para que la ola que rompía contra la cubierta no las arrastrara. -¡¿Qué?- Gritó Nao, despierta ahora y conciente de su situación.
-¡¿Amarraste los cañones?-
-¡Sí!, ¡Están todos asegurados, y creo que las provisiones también, solo falta el polvorín!- La pelirroja soltó uno de sus extraños hilos transparentes lo lanzó al palo mayor para tener un mejor apoyo. -¡¿Qué mierda me pasó?- Rugió sobre el vendaval que azotaba sus rostros.
-¡No hay tiempo!, ¡Ve a mi cuarto y quédate con Shizuru!- Le ordenó, sacando de su manga un manojo de hilos. Nao se alejó batallando contra la mar embravecida hasta que desapareció por su puerta. Natsuki la siguió con la vista hasta que desapareció, luego se aseguró que los demás tripulantes estuvieran en una buena posición y enfrento al viento de frente. El mar, hacía solo un cuarto de hora calmo, ahora se agitaba furioso, convulsionando sobre el mismo con ira, sacudiendo a todos los insignificantes que osaban a cruzar su bastedad recordándoles lo diminutos que eran en su comparación. Un trueno desgarró la barriga de la enorme nube oscura que se desprendía peligrosamente sobre sus cabezas, el aguacero arreció con más fuerza y la visibilidad se hizo difícil. La capitana chasqueó nuevamente molesta la lengua, buscó con la vista el timón y encontró a Mikoto, aún luchando valientemente contra la tormenta salvaje. -¡¿Mikoto?-
-¡Natsuki!- La niña cerró los ojos y aguantó la respiración cuando una ola las golpeó nuevamente. -¡¿Qué les pasó a todos?- Gritó sobre el estruendo de la lluvia. La capitana saltó como pudo hasta su puesto en la altura.
-¡No tenemos tiempo!- La peliazul tomó la dirección, intentando mantener el rumbo que aún indicaba la brújula. -¡Rápido, al polvorín y asegúralo todo!- Levantó la vista mientras observaba a la niña saltar y apretó la mandíbula al ver las velas aún desplegadas. No podía moverse de su posición, aseguraba aún el curso de la nave y la tormenta seguramente amainaría en cuanto superaran el anillo de protección de la isla. Movió ligeramente las manos, en un amago de abandono y el impulso del timón la lanzó al suelo. -¡Mierda!- Exclamó, tomando otra vez el control, no podía bajar y golpear a Mai junto a unos hombres para asegurarse que las velas se recogieran para guarecerse mejor de la tormenta. La madera crujió al golpe de una masa de agua y una parte de la baranda salió despedida por la borda. Desesperada, la mujer dio un vistazo general a la situación, la tripulación amarrada al mástil estaban sentados, observando indiferentes el pan demonio que se formaba a su alrededor. Mikoto apareció por la puerta de la cubierta, moviendo los brazos para que la viera y le diera nuevas órdenes. Con un gesto la mandó a acercarse.
-¡Dime!- Vociferó sobre el estrépito del trueno que se desató sobre ellas.
-¡¿Puedes subir a la cofia?- La joven Minagi observó indecisa el mástil mojado y resbaladizo, sopesando las probabilidades que tenía de salir airosa de la tarea.
-Creo que sí…- Respondió, algo titubeante. A pesar de la situación Natsuki se sorprendió, era la primera vez que escuchaba la voz de la joven con atisbos de dudas.
-Necesito que subas, tienes que buscar el barco de Midori, debemos encontrarla antes de que se vaya a pique- Tomó uno de los hilos más largos y, con una mano, amarró la cintura de la niña, confiaba en su habilidad, pero aún así se sentía recelosa de dejarla sola, pero Mikoto era la más ágil de las dos y la que estaba más acostumbrada a escalar por todos lados, además Natsuki tenía más fuerza para aguantar el timón. La niña saltó en cuatro hasta la baranda, y aprovechando la oscilación salvaje del barco se impulsó para saltar. La capitana siguió su trayectoria, afirmándose con más fuerza al timón para mantener lo mejor posible el rumbo y aguantar el nuevo golpe de una ola. La pelinegra cayó en la mitad del palo y se afirmó con las manos, las piernas y los dientes al mástil. Natsuki pensó en la espada negra que seguramente era solo peso de lastre en el asenso, pero Mikoto difícilmente se despegaba de su más adorada pertenencia. Subió lentamente, resistiendo el azote de las olas. El hilo entre las manos de la capitana se tensó, pero la niña alcanzó la cofia, ensartando su enorme espada en la madera para tener un mejor agarre. Oteó unos momentos el horizonte, antes de señalar el sur, Natsuki giró inmediatamente, pero no vio nada.
-¡Nos alcanzaran pronto!- Vociferó la niña usando las manos como bocina, su pelo alborotado y los oídos reventados por el viento que giraba en todas direcciones.
-¡¿Cuánto es pronto?- Preguntó, quitándose el pelo empapado del rostro.
-¡Míralo tu misma!- Contestó, señalando nuevamente, la capitana logró distinguir los palos con velas replegadas de Gakutenou, su barco se movía mucho más rápido que el de ellas.
-Mierda, mierda, mierda- Susurró, pensó un momento, aún sosteniendo el timón, luego tomó una decisión desesperada. -¡Rasga las velas!- Ordenó sin dudas.
-¡¿Qué?- Mikoto la miró como si hubiera perdido la cordura, lo que menos necesitaban era más destrozos, el barco completo crujía amenazando con partirse en dos en una nube de astillas y la capitana sugería que rasgaran las velas.
-¡Se mueven más rápido porque no hay velas que le hagan contrapeso a la corriente!, ¡No podemos replegarlas, así que rásgalas!, ¡Evitaremos que el viento nos refrene!- La niña comprendió, el viento errático solo se interponía en su velocidad. Sacó una daga mediana de su ropa y, usando el hilo con el que Natsuki había asegurado su cintura, amarró su espada. Lanzó la hoja oscura a la tela castigada por el viento y ella misma se lanzó sobre la otra vela, cortándola de cabo a rabo, luego tiró con maestría del cable para recuperar su preciada arma. El viento traspasó ambas velas y el barco adquirió rapidez. La corriente las guiaba directo hacia -¡¿Hacia dónde mierda nos lleva esta cosa?- Se preguntó molesta. Mikoto se acercó tambaleante hacia ella, solo entonces Natsuki se dio cuenta que no había caído en el sopor que se los comía a todos. Decidió que no era momento de pensar en eso, ya lo aclararían después. Volvió nuevamente la vista y el ánimo se le cayó a los pies, Gakutenou se acercaba más y otro barco se perfiló en el horizonte agitado. La mujer se dio cuenta que, si no movían su curso, chocarían directamente contra el espolón del otro barco y se hundirían en esas aguas que ni esperanza de rescate les daban. Natsuki observó a Mikoto aferrándose en la baranda aún unida al barco. -¡Desata el cañón de popa!- Le ordenó, moviendo ligeramente la dirección.
-¡¿Qué?- Inquirió nuevamente, algo exasperada por las órdenes contradictorias.
-¡Tenemos que reventarles el espolón y trabarles la dirección para que se devuelvan, después huimos de esa loca por no dejar llegar a su cadáver la preciosa isla!- La pelinegra saltó hasta el cañón más cercano, amarrando las sogas que lo aseguraban a una de las barandas y a una de las argollas del piso, ya que la otra parte de la baranda había sido arrancada de cuajo. -¡Apunta con cuidado, solo tenemos dos tiros!, ¡Ese espolón es muy peligroso, y trabarles la dirección!-
-¡Pan comido!- Gritó la niña verificando que el arma de hierro estuviera cargada. Apuntó con cuidado, intentando mantener una posición estable entre el bamboleo y el agua que lo cubría todo. Buscó en sus bolsillos fósforos y prendió la mecha, cuidando que el agua no la apagara.
-¡Apúrala!- Gritó la capitana, al ver la mole amenazante del otro barco ceñirse sobre ellas, el ruido de la explosión fue acompañado por el del pesado espolón de madera y metal reventándose entre las olas. Mikoto había acertado de lleno en el otro barco. Aseguró el cañón y se apeó del otro, apuntando, casi adivinando el lugar dónde estaba la dirección bajo el mar agitado. Gakutenou se irguió sobre Dhuran, y lo habría despedazado de no ser por la maniobra de último minuto y el golpe de timón con que Natsuki se los sacó de encima. La niña disparó nuevamente y el barco giró hacia la derecha con un rechinar de madera. -¡Bien hecho!- Sonrió Natsuki de medio lado, feliz de que el barco se alejara de ellas dando vueltas erráticas. –Llegarán fuera de esta tormenta muy pronto- Susurró, enfocando su vista en el otro barco, que también se les venía encima. La sangre se le enfrió y luego hirvió en las venas al distinguir el capitán que guiaba al galeón. Blasfemó contra su chatarra de madera lenta y le pasó el timón a Mikoto, eso era algo personal y lo resolvería por sus propias manos. Saltó sobre el mando y se deslizó por la cubierta, con el estómago pegado al piso para mantener el equilibrio. Pasó al lado de todos los amarrados y se afirmó a uno de los cañones de babor, ahora agradecía mantenerlos siempre cargados. -¡Vamos a ver si este bastardo tiene cojones!- Se gritó para infundirse valor. El barco se acercó a su rango de fuego, desplegando sus propios cañones. Natsuki sonrió y dejó libre la descarga del cañón, un estallido, astillas volando y el agua entrando en la bodega del galeón le alegraron el día. Seguramente el rubio estaba solo lidiando contra la tormenta, sería imposible que siguiera la persecución con un hoyo en el barco. Se dio vuelta, satisfecha de su trabajo, pero un grito la sacó de sus cavilaciones.
-¡Vuelve aquí, perra!- Gritó Tate, colgando de una cuerda y esperando el momento apropiado para saltar, su barco se acercaba cada vez más a Dhuran y la mujer observó atónita como el rubio sacaba su espada y saltaba a su cubierta.
-¡No en mi propio barco hijo de puta!- Gruñó, sacando su propia espada. Se midieron con las miradas unos momentos, las rodillas flexionadas soportando el vaivén de la tormenta, que amainaba a momentos, antes de lanzarse al ataque, Natsuki lanzó un par de estocadas tentativas antes de reconocer que el hombre era bueno. Chocaron espadas un momento, antes de trabarlas en una lucha de fuerzas. Tate aprovechó la oportunidad para sacar con rapidez una daga de su cinturón y lanzar un corte hacia el abdomen de la mujer, el corte fue limpio y la sangre tiñó de rojo la hoja plateada.
-¡Ma-¡- Gruñó la mujer, tomando la mano que sostenía el arma por la muñeca y doblándola. Tate gritó de dolor y dobló sus rodillas, su muñeca crujió sonoramente antes de que soltara la daga. Natsuki la atrapó al vuelo y le dio una rápida estocada en la mejilla. Su intención era ensartarlo igual que un insecto, pero el dolor del corte la obligó a cambiar la dirección del corte en el aire, solo rasgando levemente la piel del rubio. Frustrada pateó al joven, empujándolo por la borda, con la esperanza de lanzarlo al mar, pero una cuerda de seguridad lo dejó colgando a uno de los costados de su barco, que se alejaba entre los saltos salvajes de las olas que volvían a su intensidad anterior. Natsuki apretó su abdomen para contener la sangre, el corte no era profundo, pudo sentirlo al tantearlo y medir la profundidad con uno de sus dedos, pero era largo y dolía como un diablo. Observó la daga, aún goteando sangre y miró el cielo, que descargaba toda su ira contra ellas, se preguntó cuando se detendría la dichosa tormenta. Una idea absurda cruzo por su mente "sangre viva, ¿eh?" se cuestionó. Tomó la sangre mezclada de la hoja en un dedo y, ignorando el dolor, la metió en su corte. Pasaron unos momentos antes de que el viento amainara y la lluvia dejara de caer a cántaros. Escuchó los gritos de Mai y sonrió, había burlado el castigo de un dios, poniéndose de pie con dificultad se acercó a los marineros, que más parecían despertar de una resaca que de un encantamiento.
-Es increíble… realmente no puedo dejarlas solas ni un segundo- Suspiró Mai, vendando el corte del abdomen de Natsuki y mirando de soslayo el cuerpo magullado de Mikoto, que se había golpeado al escalar el mástil.
-Cierra el pico, salvé tu trasero y no te diste ni cuenta- Susurró la capitana, no sabía si era su mala suerte o algo que había comido, pero simplemente atraía las heridas en esas últimas semanas. La pelirroja no respondió, simplemente apretó con más fuerza la venda, arrancándole el aire de golpe.
-¿Qué haremos con las velas?, no podemos tener a la tripulación remando todo el día- Mai se acercó a la pequeña pelinegra, tomando una pomada del escritorio de la capitana. Shizuru se acercó a la mujer peliazul mal humorada, su camarote era un desastre, nada estaba en su lugar, excepto las cosas clavadas al piso. Ella había mantenido los pies en el piso con suerte y Nao se había colgado para evitar caer hacia cualquier lugar cuando perdiera nuevamente la conciencia. Rodeó sus hombros con sus brazos y pensó en los hilos de Nao.
-Nao- La aludida la miró sin mayor interés. -¿Puedes remendar las velas con esos hilos tuyos?- Inquirió, esperando que la mujer no se largara a reír. La tabernera la miró unos momentos con algo de burla en los ojos y luego se encogió de hombros.
-Considérenlo una forma de pagar por salir vivas de la tormenta- Analizó a la castaña con ojo crítico unos momentos antes de agregar juguetonamente –Y me ayudarás algunas veces en la taberna, tu porte servirá de mucho…- Sentenció, antes de salir corriendo y riendo de la mirada salvaje que le dirigió Natsuki.
-Mai ayúdala, Mikoto tú tienes la noche libre descansa- Ordenó, antes de levantarse pesadamente y salir de la habitación echa un desastre. Shizuru la siguió con calma, empezaba a comprender que esos arranques de mal humor eran normales en la mujer y hasta le parecían graciosos. Se sorprendió al pensar lo mucho que le gustaba el ceño fruncido de la mujer. Se quedó a su lado en silencio, solo escuchando el deslizarse de la tela por el mástil antes de caer pesadamente al suelo y luego, los sonidos de esfuerzo de las mujeres para llevar la vela a la bodega, donde podrían estirarla mejor para remendarla.
Natsuki suspiró en cuanto todo quedo en silencio y apoyó los brazos contra la baranda algo destrozada, aspirando el aire marino que azotaba suavemente la proa del barco y desordenaba su cabello. Shizuru se acercó a su lado, un escalofrío la recorrió al observar los ojos verdes, profundos por la noche, un cosquilleo en el estómago le advirtió lo profundo e íntimo del momento, observando el mar por fin calmo, Natsuki había bajado todas sus guardias, se veía incluso algo tímida, ya sin ese dejo de salvajismo que imponía a sus facciones, su ceño relajado era una de las cosas extrañas, pero agradables que la castaña no se cansaba de ver.
-¿Por qué el mar?- Inquirió de pronto la joven Viola, no había pensado antes en la pregunta, pero se le vino a los labios antes que a la mente. Sin despegar la vista de la espuma blanquecina que jugueteaba con la luna Natsuki meditó unos segundos antes de responder
-Porque es la única manera que tenemos de alcanzar las estrellas-Susurró, con el rabillo del ojo captó la cara de extrañeza de la castaña y, riendo de lado, con su colmillo de lobo y la mirada de cazadora recuperada, estiró una de sus manos, tomando a su mujer por el brazo.
-¡¿Natsuki qué?- Gritó, mientras la morena la arrastraba por la cubierta, se la echaba al hombro y subía hasta cofia sin mayores explicaciones. Por un momento Shizuru se sintió secuestrada, luego recordó que su socia/novia era una bucanera y se recomendó empezar a acostumbrarse a esas situaciones. La peliazul saltó la barrera de madera y depositó con cuidado a la joven, algo mareada después del alocado paseo.
-Esto es lo que decía- Exclamó, abriendo sus brazos y abarcando todo el mar que las rodeaba, sin darle importancia a las puntadas de dolor que atenazaban su cuerpo. Shizuru abrió los ojos al comprender lo que la mujer explicaba. El mar, calmo luego de la tempestad a la que habían sobrevivido, reflejaba cada una de las estrellas que brillaban en la noche. Sin luces molestas que las opacaran estas brillaban con toda su intensidad, la línea del horizonte no se distinguía, todo era cielo y todo era mar. Al darse una vuelta en redondo, la joven castaña sintió que estaban navegando entre las estrellas, cruzando el vacío del espacio y deslizándose suavemente por la noche. Solo la luna y su reflejo colgado del océano mostraban la verdadera situación. Shizuru fijó sus ojos, de un rojo oscuro al brillo lunar, en esa imagen cortada del astro que se dibujaba en uno de los horizontes marinos, parecía un pendiente plateado manchado por la espuma. Suspiró, perdiéndose ante la majestuosidad de la naturaleza, tomó conciencia de su propia pequeñez y de lo regocijante del mundo. Natsuki a su lado sonrió y la envolvió entre sus brazos. No necesitaban más palabras, en ese silencio cargado de susurros ellas podían comprenderse.
-Me gusta esa luna- Murmuró luego de un rato la castaña, señalando el reflejo del mar. –Parece una joya mal labrada, pero preciosa-
-¿Una joya?- Suspiró en su oreja la peliazul.
-Sí- Shizuru se dio vuelta, para rodear mejor a la mujer con sus brazos.
-Pues yo estoy viendo dos ahora, y no he visto joyas más preciosas- Sonrió galante la capitana, sorprendiéndose a si misma por las palabras que se escapaban de sus labios. La joven recompensó sus adulaciones con un beso. Natsuki sonrió a través de él y la separó un poco, una idea loca le cruzaba la mente. -¿Te gusta esa joya?- Preguntó nuevamente, levantando una ceja, esperó que la otra asintiera antes de apoyar su rodilla contra el suelo, agradecía estar en lo más alto del barco en la media noche, así nadie vería la embarazosa situación que se disponía a crear. –Yo soy dueña de estos mares y te la ofrezco como compromiso de matrimonio… claro si la quieres… y si aceptas... y si…- De repente Natsuki se dio cuenta de lo que estaba haciendo y su cara adquirió un tono rojizo que pasó al fucsia y luego al rojo más preocupante. Estaba pidiéndole matrimonio a Shizuru, bueno, no era que no le gustara, ¿Pero ella, la bucanera más buscada, la pirata más temida, la mujer más ruda y salvaje que la tierra había sostenido?, y de la manera más romántica y embarazosa que pudo haber ideado. Pero lejos, lo qué más miedo y vergüenza le causaba a la morena era la posibilidad de una negativa por parte de la castaña, después de todo todos los demás podían irse al carajo y si no gustaban de hacerlo ella los llevaría con gusto de un solo golpe, pero si Shizuru se negaba, entonces ¿Qué haría?, por un momento simplemente dejó de respirar.
La castaña por su parte tampoco estaba respirando bien, ¿Matrimonio, a ella?, siempre se imaginó esa situación como algo suntuoso, donde su padre intercedería y decidiría su futuro consultándole solo en leves detalles, se veía de la mano con un hombre bien parecido, heredero de una gran fortuna que se la llevaría a un gran palacio donde debería darle hijos y asegurarse del buen funcionamiento de sus tierras y la alianza que aportaría a la familia el matrimonio. No era una idea que la emocionara demasiado, pero ya se había echo a la idea de sobrellevarla lo mejor posible. Y, ahora, una mujer, una pirata buscada en cinco reinos, un ser humano que más parecía animal en ocasiones, estaba frente a ella, arrodillada, pidiendo su mano, roja como un tomate, con los ojos verdes llenos de miedo y expectación, temblando ligeramente las manos que atrapaban las suyas, el mentón suavemente tensionado y las cejas algo fruncidas. Una ola de calor la invadió, la amaba, no le importaba nada más, ella era la persona que la protegía, que la ayudaba, que la amaba. Se dejó caer al piso, las piernas echas mantequilla, y abrazó a su novia asintiendo con la cabeza, sin poder hablar y con un sollozo atravesado en el pecho.
-Sí, sí, sí…-Susurró finalmente, hipando a través de las lágrimas contradictorias que corrían por sus mejillas –Siempre, Natsuki, siempre, como la luna, el cielo es nuestra unión…- Los brazos de la otra se cerraron sobre ella, acunando su cabeza en su cuello. La morena repitió las mismas palabras como un mantra, siempre, siempre, siempre, no importa hacia dónde las llevaran las vueltas, siempre. Finalmente calmaron sus lágrimas y se apaciguaron sus inseguridades. Shizuru le sonrió a su novia y suspiró satisfecha, apoyando su frente en su hombro. Aspiró nuevamente su aroma y se sintió feliz, no necesitaba nada más para hacerlo. Natsuki, aún sin poder creer su buena suerte, acarició el cabello de la joven y cerró los ojos, complacida, pero pensando en como lograr que nadie más se enterara del vergonzoso momento. Un ruido sordo las sacó a ambas de sus cavilaciones, al levantar la vista en conjunto se quedaron mudas, en la línea del horizonte, brillando con una luz propia azulada y muy suave, la gran cascada del inicio se derramaba sobre el océano, imponente, increíble, interminable. Shizuru tomó la mano de la morena para infundirse valor y Natsuki le correspondió buscando lo mismo, se acercaban a su destino.
NdA: Sip, me demoré menos esta vez, pero me enfermé bastante fuerte y bueno... me puse al día con ciertas cosas xD, es lo único bueno de estar en cama por días ¬¬, este capítulo es algo más largo que el anterior y más movido. Espero que lo disfruten, ahora debo dormir y recuperar fuerzas... Muchas gracias a todos quienes siguen la historia y comentan ^^, espero poder tener el siguiente capítulo pronto, hasta entonces. Saludos.
