Una casa para tres

Contrario a lo que había sido el ambiente en el recorrido en busca de Ryuuzaki, durante el camino a casa la conversación fue ligera y animada.

Tooyama fue quien la lideró, como era de costumbre, sacándole más de una risa a Ryuuzaki y logrando que Ryoma sonriese un par de veces y no se preocupase por disimularlo, sintiéndose a gusto ahora que la tormenta había pasado y la normalidad estaba a punto de regresar a la casa que compartían.

Volvería la rutina de tenis y comidas y algo más siempre en compañía, sin la irritación de conocer el tiempo límite exacto de ello, ni la incomodidad de no saber qué esperar.

Al menos hasta cierto punto.

Después de todo, Tooyama era el único que había hablado abiertamente de lo que quería e incluso él no había sido del todo claro; Ryuuzaki había dado a entender que tenía una opinión similar a la de Tooyama, mas no había definido mucho en sus propias palabras; y Ryoma mismo no podía decir que estaba seguro de nada, excepto del desear la normalidad que habían creado entre los tres.

Y mientras pudiesen tener eso, estaría bien, ¿no?

Eso era lo que Ryoma tenía en mente cuando llegaron a casa y abandonaron el auto sin prisa, solo Tooyama corriendo para sacar la maleta del baúl y llevarla directo a la habitación de Ryuuzaki, regresando con ellos poco después con aun más premura y una amplia sonrisa que no desapareció de su rostro según él y Ryoma se encargaron de calentar y servir lo que Ryuuzaki había dejado para ellos, dividiéndolo en porciones para tres.

Durante la comida misma, en la que Karupin los acompañó cenando desde su usual esquina, la tranquilidad y el buen humor reinó en el lugar, como si la corta ausencia de Ryuuzaki y el que estuvo a punto de irse nunca hubiese ocurrido; y aunque eso era justo lo que Ryoma quería, no se le antojaba como realmente apropiado.

Quizás era porque hacer de cuenta que no habían roto el balance que habían mantenido en un comienzo no tenía sentido, o porque algo había cambiado y no sabía exactamente qué, ni cómo, ni mucho menos la manera en que eso afectaría las cosas en la casa.

No que tuviese una oportunidad de mencionar algo al respecto en medio del animado ambiente o que supiese qué decir, por lo que, una vez todos terminaron de comer, Ryoma decidió limitarse a acabar con cualquier duda sobre la estadía de Ryuuzaki sacando de su bolsillo algo que Ryuuzaki debería tener.

—Esto es tuyo —dijo Ryoma, devolviéndole a Ryuuzaki las llaves que ella le había entregado horas atrás y que le pertenecían a ella en todo sentido.

—Oh, yo... —balbuceó Ryuuzaki, tomándolas con las dos manos y mirándolos mientras su rostro se llenaba de color, quizá comprendiendo lo que significaban ahora que los tres sabían que ella no estaba allí solo hasta que encontrase otro lugar. A pesar de eso, al final cerró sus manos alrededor del objeto y alzó su vista, sonriendo con obvia felicidad—. Gracias, Ryoma-kun.

—No las pierdas —indicó Ryoma, recordando algo que había sucedido antes de que Ryuuzaki estuviera con ellos—. Tooyama perdió las suyas una vez.

—Fue un accidente —se quejó Tooyama con una mueca y giró en dirección a Ryuuzaki para contarle la historia completa, la cual involucraba una excursión de tenis, un pantano, un bus impuntual y demasiado lleno y el misterio de en qué momento el llavero de Tooyama había desaparecido sin que nadie se diese cuenta.

Ryuuzaki lo escuchó absorta, incluso haciendo preguntas como si los muchos detalles que Tooyama le estaba dando no fuesen suficientes para hacerla perder su interés y tuviesen el efecto contrario, aumentando su curiosidad.

Ryoma mismo intervino, añadiendo comentarios para llenar los huecos que Tooyama estaba dejando al saltar de suceso en suceso y facilitarle entender a la chica.

Era agradable, pero faltaba algo y quizás él no era el único que lo sentía, porque cuando llegó al final de su relato, Tooyama fijó su vista en la mesa, luciendo pensativo y permaneciendo en silencio por unos segundos en los que Ryuuzaki se removió en su asiento, luciendo nerviosa, y Ryoma se encontró aguardando aun sin saber qué.

No tuvo que esperar mucho ya que, aparentemente decidido, Tooyama alzó su cabeza para encarar a Ryuuzaki, tomó una bocanada de aire y dijo:

—Realmente queremos que estés aquí, Sakuno-chan.

Ryuuzaki abrió sus ojos por completo, sonrojándose, mas asintió con su cabeza.

—Lo sé...

—¿En serio? —insistió Tooyama con una expresión seria, mirando a Ryuuzaki a los ojos—. ¿Segura?

—Sí. —Ryuuzaki sonaba firme a pesar de que tuvo que hacer una pausa antes de continuar—. Y yo también... —El bochorno se hizo más vivo en el rostro de Ryuuzaki, como si fuese incapaz de terminar esa frase.

La vergüenza de Ryuuzaki era contagiosa.

Esa era la única explicación para que Ryoma tuviese que apartar su vista, aun cuando al mismo tiempo se vio obligado a hacer un esfuerzo para no sonreír.

También se estaba convirtiendo en una palabra que cada vez le agradaba más.

—Así que realmente solo tú no entendías, Koshimae —suspiró Tooyama, haciendo caso omiso al bochorno de Ryuuzaki.

Al dirigir su atención hacia Tooyama, Ryoma descubrió que éste le estaba dedicando una mala mirada.

—¿Sigues con eso? —Ryoma puso sus ojos en blanco, exasperado.

—¡Porque es la verdad! —Tooyama hizo un puchero y se giró hacia Ryuuzaki en busca de simpatía, cubriendo parte de su boca con una mano como si estuviese contándole un secreto pese a que no bajó su voz en ningún instante—. ¿Puedes creer que tuve que explicarle?

—Lo que dijiste no cuenta como una explicación —intervino Ryoma.

Él había tenido que hilar los puntos por sí mismo, ya que Tooyama parecía seguir una lógica simplista que solo tenía sentido para él y además, hablar claro no era su fuerte a pesar de lo mucho que lo hacía todo el tiempo.

—¿Qué...? —Tooyama lo observó con la boca abierta y pasados unos segundos dejó caer sus hombros, aparentemente dándose por vencido—. Ah, Sakuno-chan —rogó con un tono lastimero, haciendo un gesto en dirección a Ryoma—, dile tú.

—¿Eh? —Ryuuzaki enfocó su vista en Ryoma, mas al encontrar su mirada dejó escapar una exclamación de sorpresa y puso su atención en sus propias manos, las cuales movió con nerviosismo—. Pero... eh... Es un poco...

Ahora que Ryoma sabía que Tooyama le había dicho antes el mismo "también" que a Ryoma y el que ella lo había entendido, él era capaz de comprender por qué ella no podía expresarlo tan fácilmente.

Solo a Tooyama se le ocurría hablar tan abiertamente de algo así, sin ninguna dificultad y ningún titubeo.

Pero eso era típico de Tooyama: lanzarse y actuar sin reflexionar, ni preocuparse por las consecuencias por un solo segundo, como si tuviera en todo momento la misma confianza absoluta que demostraba en la cancha.

—¡Pero si es simple! —exclamó Tooyama—. Los quiero a ambos y no quiero que ni ustedes ni yo nos vayamos. —Al finalizar, Tooyama les dedicó una sonrisa brillante que se transformó en una mueca de confusión pasados varios segundos, en los que Ryoma fue incapaz de pronunciar palabra alguna y Ryuuzaki misma lucía demasiado ocupada con su evidente sonrojo para contestar de alguna forma—. ¿Qué?

Tooyama los vio a ambos por intervalos, luciendo cada vez más inquieto ante la falta de una respuesta.

—Todavía te falta mucho. —Ryoma fue quien acabó con la incertidumbre de Tooyama, hablando con un tono neutro al tiempo que buscó con sus ojos a Karupin para fingir indiferencia.

Por mucho que estuviese de acuerdo con Tooyama, Ryoma no iba a corear sus palabras o darle la razón, aun si eso último era lo que estaba haciendo con sus acciones.

Ryuuzaki dejó escapar una corta y suave risa mientras Tooyama se quejó en voz mucho más alta, mas al final, cuando Ryoma volvió a fijarse en ella, los labios de la chica estaban curvados en una sonrisa tranquila y contenta.

—Pero... me alegra —comentó Ryuuzaki en voz baja, tímida mas arriesgándose a alzar su mirada para verlos a ambos de frente.

Ryoma sonrió y notó por el rabillo del ojo que Tooyama estaba haciendo lo mismo.

—Sí.

Al fin de cuentas sentía que los tres estaban recomenzando con el pie derecho.

-FIN-


Notas: No puedo creer cuánto me tomó terminar este fic. Cuando lo comencé pensé que sería algo suave de escribir, ya que tenía mis ideas claras, pero los inevitables caprichos de la musa hicieron que algo que creí que me tomaría un par de meses resultara lleno de pausas que se extendieron mucho más de lo planeado.

Aunque todavía no sé qué pensar del resultado, me alegra haber podido finalizarlo y si leyeron hasta aquí, espero que haya disfrutado de este pequeño fic.

Gracias por leer.
-Nakuru Tsukishiro.