Capítulo 10.- Esperanza muerta.- by Lily de Wakabayashi.

Wakabayashi, Kaltz y Schneider miraban fijamente a la hermosa mujer de cabellos rojos y mirada helada que estaba frente a ellos. Genzo estaba seguro de que él ya había visto en otra ocasión a esa mujer, aun cuando el portero estaba seguro de que nunca antes en su vida se la había encontrado. La joven fumaba un cigarro con parsimonia, como si quisiera que el pánico fuese haciendo presa lentamente de sus prisioneros.

¿Qué va a hacer con nosotros?.- Karl repitió la pregunta ya formulada tantas veces.

Muchas cosas, amor.- replicó Anya, con cierta maldad.- Tantas, que no te vas a dar abasto.

¿Por qué no nos lo dice de una vez?.- cuestionó Genzo.- Si lo que quiere es amedrentarnos, no se va a salir tan fácilmente con la suya.

¿Cuál es la prisa?.- Anya se acercó a Genzo y le acarició el rostro.- Tenemos todo el tiempo del mundo...

Para sorpresa, tristeza, enojo y desesperación de los tres hombres, el otro hombre que gritaba desesperado resultó ser Taro Misaki. El hombre que les había hablado desde el pasillo y una chica rubia llegaron y amarraron a Taro a la pared, junto a los otros. El hombre que había hablado había empezado a mirarlos a todos, de uno por uno y sonriendo con complacencia, cuando recibió una llamada que lo hizo salir de la mazmorra, dejando a la pelirroja a cargo. Misaki estaba tan confundido como los demás, y desgraciadamente ninguno pudo decirle ni remotamente lo que estaba ocurriendo.

Holly, que se encontraba parada detrás de Anya, frunció el entrecejo. Ella no sabía por qué Franco había decidido llamar de último minuto a esa femme fatale, que definitivamente tenía deschavetada la cabeza. Además, prácticamente había sido gracias a Chris por quien se capturó a Kaltz y a Schneider, y Holly tenía el crédito de haber atrapado a Misaki, aun cuando fue la propia Anya la que secuestró a Genzo. Entonces, a la pelirroja le correspondería estar con su capturado, más no con los dos alemanes, ésos le tocaban a Chris, aunque siendo sinceros ella preferiría hacer el cambio y tener para ella al portero. Y Taro, por supuesto, le correspondía a Holly, faltaba menos.

Anya, ya basta.- se aventuró a decir Holly.- No podemos hacer nada por ahora.

¿Y quién lo dice?.- Anya no miró ni siquiera a Holly.

Franco es el jefe.- replicó Holly, enojada porque Anya ni siquiera la miraba.

Pues entonces ve a avisarle que ya tenemos a cuatro más aquí.- replicó Anya.- O ve y lámele las botas. Como quieras, pero deja de molestarme con tus estupideces.

Holly, dolida, se quedó con ganas de responder, aunque ganas no le faltaron de decirle un par de majaderías y palabras de verdulera a la pelirroja. Anya, sin hacerle ni el más mínimo caso, se acercó a Genzo y comenzó a acariciarle el tórax.

Me gustará mucho hacerme cargo de ti.- murmuró Anya, con una sonrisa helada.- Eso la hará sufrir mucho a ella...

¿De quién me habla?.- cuestionó Genzo, tratando de no temblar.

No creo que sepas quien es.- replicó Anya.- Pero ella ha estado loca por ti desde que tengo uso de razón... Ella nunca podría hacerte daño, pero yo sí...

Anya entonces desabotonó la camisa que traía Genzo y dejó su torso desnudo. Después, la pelirroja tomó un cigarro nuevo y lo encendió con la colilla del anterior. Con el pánico en el rostro, Misaki, Schneider y Kaltz miraron como la pelirroja acercó la brasa ardiente del cigarro y lo apretaba contra la piel desnuda del torso de Genzo. El portero se contuvo para no gritar y apretó los dientes. Lentamente y con una pasividad que daba miedo por el gozo con el que la chica lo hacía, Anya fue dejando quemaduras profundas en el cuerpo de Genzo, intentando hacer que el hombre gritara de dolor.

Si crees que esto es mucho, no has visto aun nada.- dijo Anya, cruelmente.- No saben lo que les espera.

Holly intentó detenerla. ¡Su misión era únicamente secuestrar a esos hombres, no torturarlos!

¡Anya, ya es suficiente!.- gritó Holly.- A Franco no le va a gustar.

¿En serio?.- Anya confrontó a la chica.- ¿Y quién le va a decir? ¿Tú?

La Doncella del Caos miraba amenazadoramente a la joven, tan fue así que Holly instintivamente se hizo hacia atrás. Se escucharon nuevamente voces masculinas por el pasillo, de manera que Anya se apresuró a abotonar nuevamente la camisa de Wakabayashi y miró amenazadoramente a todos, incluida Holly.

Más vale que ninguno de ustedes diga nada.- amenazó Anya.- Porque de lo contrario, me temo que tendré que cortarles la lengua.

En ese momento, entró Franco a la habitación, acompañado por otros tres jóvenes. Entre Takahashi y Chris venían cargando a Tsubasa Ozhora, el cual no podía sostenerse en pie. Tsubasa se veía muy mal, con la cara golpeada.

Un poco traqueteado.- comentó Franco, frunciendo levemente el ceño.- Pero aun vivo, tenemos aquí a nuestro invitado especial número cinco.

¡Tsubasa!.- exclamó Genzo.- ¿Estás bien?

El joven Ozhora murmuraba palabras ininteligibles, mientras Ian y Chris lo ataban junto a los demás. Misaki, que quedó a un lado de él, se preocupó al ver que su amigo estaba casi inconsciente.

¿Qué le hicieron?.- exigió saber Misaki.

A veces se resisten demasiado.- gruñó Takahashi.- No es culpa nuestra.

Bueno, ahora sí.- Franco palmoteó para llamar la atención de los cinco jóvenes.- Permitan que me presente, yo soy Franco Paolo Maray-Ghigliotto.
Ustedes están aquí por una razón especial. Mejor dicho, están aquí porque son jóvenes especiales. Ustedes fueron los elegidos de Yoichi Takahashi para sus experimentos, experimentos que resultaron ser todo un éxito. Así pues, ahora yo los he traído hasta aquí porque me interesa ser el poseedor de sus secretos...

Ninguno entendía nada de lo que ese tal Franco estaba diciendo. ¿Jóvenes especiales? ¿Víctimas de experimentos? Todo eso parecía ser una broma de mal gusto o un muy mal sueño, pero el olor a chamuscado de la piel de Genzo Wakabayashi les indicaba a los demás que la cosa iba muy en serio...

Ciel y Yun se quedaron con la boca abierta. A sus pies se encontraban varios hombres vestidos de negro, desperdigados por el suelo, entre ríos de sangre. Saki estaba apoyada contra la pared, sosteniéndose el pecho, mientras que Alisse estaba desmayada a pocos metros de ella.

¡Saki, Alisse!.- gritó Yun, corriendo hacia ellas.- ¿Están bien?

Saki miró a Yun con la mirada perdida, como si no supiera quién era ella. Yun notó que ella estaba herida de un brazo, pero fuera de eso se notaba bien, así que corrió a ver a Alisse, la cual tenía una herida en la cabeza.

¡Ciel!.- gritó Yun.- ¡Hay que llevarlas a un hospital! ¿Qué haces?

Viendo el estado de estos hombres.- respondió Ciel, tocando la carótida en el cuello de uno de ellos.

¿Y cómo están?.- gruñó la Taoísta.

Muertos.- respondió Harrison.- Todos están muertos...

¿Qué habrá pasado?.- se preguntó Yun.- ¿Lo habrán hecho ellas?

Quien sabe.- suspiró Ciel, acercándose a Saki.- ¿Estás bien, Hashimoto?

¿Quién eres tú?.- preguntó Saki, mirando a Ciel como si ella fuese una desconocida y no su compañera.- ¿Qué hago aquí?

¿No me reconoces?.- preguntó Ciel, asustada.

Quizás perdió la memoria.- murmuró Yun, cargando a Alisse.- Llama refuerzos, no podremos solas...

Ciel, sin perder el tiempo, llamó por su comunicador a la base, respondiendo las agentes Mística y Sables de Plata al instante. Las chicas no tardaron mucho en llegar y encontraron tremendo caos.

¿Cómo fue que pasó esto?.- preguntó Mística, caminando entre los cuerpos de los hombres muertos.

No lo sé.- confesó Yun..- Cuando llegamos, todo estaba así, estos hombres muertos, Zaoldick desmayada y Hashimoto con amnesia.

Pasó algo muy feo aquí.- comentó Mística, preocupada.- Llevemos a las chicas cuanto antes.

Mi hermana las revisará.- fue todo cuanto Lara dijo.

Lara se agachó para revisar a uno de los hombres muertos. Sea quien fuere que los hubiese matado, les había cortado a todos la yugular de un tajo. Y por lo visto, ninguna de las agentes iba a poder decirles nada...

Del Valle, también deberías ir a que te revisen.- señaló Mística, refiriéndose a las heridas que la chica se había hecho al pelear con Ian.

Después.- replicó Lara.- Lo más importante ahora son las chicas.

Entre Mística y Yun se llevaron a Alisse, mientras Ciel ayudaba a Saki a caminar. Lara examinó minuciosamente uno de los cuerpos y recopiló tantas pistas como pudo, aunque iba a resultar muy difícil que alguien supiera lo que había pasado ahí.

En la base del CT Guard Team, Lily revisaba a Saki y a Alisse mientras Ayanami y Galford hablaban con lo que quedaba de sus agentes. Todo había sido un total fracaso, ahora Tsubasa Ozhora, Taro Misaki, Genzo Wakabayashi, Karl Heinz Schneider y Hermann Kaltz estaban en poder de Franco.

Y lo peor de todo.- murmuró Galford.- Es que parece ser que Anya está ayudándolos...

Algunos agentes se miraron entre sí; muy pocos sabían quién era esa tal Anya, pero Lara bien que lo sabía...

Varias de nuestras agentes están heridas.- continuó Galford, mirando a Lara.- No tenemos mucho tiempo. No sabemos qué va a pasar, qué hará Franco con nuestros protegidos, pero debemos actuar con todo cuanto antes. Es asunto de vida o muerte.

Ayanami notó esta última frase: de vida o muerte. Y ella entendió entonces que muchos de ellos no sobrevivirían...

Lily hizo acto de presencia, usando la bata que solía utilizar en el hospital. Todos voltearon a verla, a la expectativa.

He revisado ya a Saki y a Alisse.- habló Lily, muy seria.- Las dos tienen heridas de espadas en brazos y piernas, incluso Alisse tiene una herida en el abdomen, pero no es de gravedad. También tiene una herida en la cabeza, como si la hubieran golpeado con algo. Tampoco es de gravedad, pero la mantendrá inconsciente por algún tiempo.

¿Y qué hay de Saki?.- preguntó Galford.- ¿Conseguiste hacer que ella te dijera qué sucedió?

No.- negó Lily.- Tiene estrés postraumático. No recuerda nada, no sabe quien es o en donde está. Momentáneamente, ha perdido la memoria.

¿Estrés postraumático?.- preguntó Ayanami.

Lo que sucedió, fuera lo que fuese, fue demasiado fuerte para ella y la trastornó.- explicó Lily.- Su cerebro bloqueó los recuerdos espantosos y se refugió en el olvido total.

¿Cuánto tiempo durará eso?.- quiso saber Galford.- Necesitamos saber cuanto antes qué fue lo que sucedió.

No sabría decirlo.- suspiró Lily.- Todo depende de la gravedad del suceso que se quiere olvidar y de la fortaleza de la persona que lo vivió. Puedo intentar hacer que Hashimoto recupere su memoria, pero no aseguro éxito.

Ya veo.- murmuró Ayanami.- Estamos fritos...

Básicamente, todos pensaron más o menos lo mismo. Por lo pronto, lo único que podrían hacer todos sería esperar a que Alisse despertara y aclarara lo sucedido...

De acuerdo.- Galford dio un par de palmadas.- Flor del Sol, te quedarás al cuidado de Zaoldick y Hashimoto. Los demás estén a la espera de recibir órdenes.

¡Pero Anya está ayudando a Franco!.- protestó a Lily.- No puedo quedarme sin hacer nada.

Precisamente por eso quiero que te quedes aquí.- replicó Galford.- Precisamente lo que Franco espera es que caigas en la provocación de Anya. Ya tenemos dos agentes heridas y cinco protegidos desaparecidos. No correremos más riesgos.

La palabra de Galford fue terminante. Lily apretó puños y labios y se marchó muy enojada, pretextando que tenía que ver a sus pacientes. Los demás agentes rompieron filas y empezaron a dispersarse; Ayanami aprovechó para acercarse a Galford.

¿Estás seguro de lo que haces?.- preguntó ella a él.- Lily es la que mejor conoce a Anya. Después de todo, ellas dos son la misma.

Por eso la voy a dejar aquí, hasta el último momento.- replicó Galford.- En el caso de que nosotros no podamos detener a Anya, Lily será nuestra última carta.

Ayanami se quedó callada. Las últimas palabras podrían significar muchas cosas, entre ellas, la muerte de Lily... Ésa sería la mejor forma de eliminar a Anya, ya que ésta no era sino la parte oscura de Flor del Sol. Galford y Ayanami eran de las pocas personas que sabían que Anya era la mitad oscura de Lily, un androide con la maldad y el odio concentrado de la agente Flor del Sol...

Mientras tanto, a muchos kilómetros de ahí, Pierre Le Blanc salía de una galería de arte en compañía de su novia de turno. La chica le pidió a Pierre que la esperara un momento, ya que había olvidado su bolso en el escritorio en donde se encontraba el libro de visitas. Mientras el francés esperaba, una sombra lo vigilaba, a la atenta espera de un solo descuido para conseguir su objetivo...

Estoy a punto.- le dijo Holly a Franco, por su comunicador.- No se me va a escapar, esta noche él será mío...

Y no habría nada que pudiera impedírselo.