DISCLAIMER: ninguno de los personajes ni la serie me pertenece, así como las lyrics. Rumplestiltskin x Belle. Puede contener escenas fuertes, dearies.
"Three night spell: Hechizo de tres noches"
Night after night I'm suffering
Months have gone by it seems like dozens
Why do I feel so numb?
Heal me now
"The leap" –Tinashe
Capítulo 10
Belle salió apresuradamente del recinto principal y se internó en la cocina. Dejó la charola de plata con los restos de comida e utensilios y se aseguró de cerrar la puerta tras de sí. Soltó el aire conforme llevaba sus dedos a sus labios, azorada. Dios mío ¡¿Qué había hecho?! Ella misma había besado a su empleador y encima, demostró un comportamiento impropio frente de él. Su amo debía pensar que se encontraba desesperada. Y mucho menos, así era. Se encontró tan ansiosa al punto de hacer lo que fuera por recobrar la cordura, así regresara a la cama con él. La situación era un espejo de la primera ocasión en la que él le había besado y visto con deseo, y hasta que su cuerpo se viera saciado, la lucidez regresaría. Ahora lo entendía mejor que nunca.
Con la libido subida hasta la cabeza, comenzó a deambular. Fregó los trastes y sacudió todos los anaqueles, haciendo cuanto tenía a la mano por mantenerse ocupada. Al igual que el día de ayer, rogó por no toparse con su amo en el resto del día. Tenía miedo de su comportamiento frente a él y la aterraba lo que pudiera suceder en la noche. Deseaba sentir sus frías manos una vez más, tocar el paraíso, sentir el éxtasis sobre su piel, ¿cómo sería ser su amante y perder su virginidad ante alguien experimentado como él? Se permitió pensar en la idea tras esta otra de respaldo: ella simplemente nunca conocería otro hombre en su vida.
"Es para siempre, dearie"
Fueron las clausulas cuando ella aceptó venir con él. Al principio lo tomó como un reto, pero ahora sus palabras rezaban como un voto y cláusula de matrimonio ante sus oídos. Sólo que no había firmado ningún documento oficial, salvo un viejo pergamino con los lineamientos del trato y, por obvias razones, ningún sacerdote les obligó a pronunciar sus votos. Pero, ¿qué diferencia existía realmente? Era un hecho que su vida se restringiría únicamente a él, vivían juntos en incluso habían compartido el lecho.
Acariciando la idea, la desechó inmediatamente. ¿Cómo podía amar a alguien que ni siquiera permitía conocerle? Sabía realmente muy poco acerca de su empleador, pero pese a todo, no le había conocido ninguna amante, ni señal que la llevara a una. ¿O un hombre que tuviera con quien compartir el lecho mostraría semejante soledad en su mirada? Y sin embargo, ¿dónde, pues, debía sacar toda esa pasión y habilidades sobre el placer?
"Déjame instruirte en el arte de los amantes"
Estaba claro que él llevaba una vida recorrida, un camino que invariablemente, le había conducido a la soledad. ¿Qué fantasmas torturaban su vieja alma obligándole a deambular errante, enterrando toda aquella pasión en el dolor? ¿Qué le causó herida tan profunda que le obligaba resguardarse tan fervientemente a sí mismo, impidiendo que cualquiera se acercase incluyendo ella?
Belle sacudió el trapo al finalizar el último anaquel. Al parecer la actividad había cumplido su propósito y se sentía más tranquila. Sin embargo, lamentó el hecho de verse orillada a pensar en el dolor y el sufrimiento para esconder la lujuria que amenazaba sobre su mente.
Salió del recinto y, aprovechando su hacendosa motivación, optó por dirigirse a la habitación de los tesoros. No era su nombre oficial, pero así le había llamado ella a ser el lugar donde se encontraba la mayor colección de artefactos de su amo. Estaba repleto de objetos de todo el mundo, artilugios que ella no tenía idea para que servian y su empleador se abstenía de decirle su utilidad o historia. Sin embargo, aquello daba rienda suelta a su imaginación y debatía con ella misma para que debieran de servir o de donde provenían. Usualmente era la habitación que más polvo acumulaba, lo que la convertía en la distracción perfecta.
Entró, armada de trapos, baldes de agua y jabón. Decidió comenzar por la parte difícil. Se dirigió al fondo de la habitación donde se encontraban los objetos preciados y que debían limpiarse con cuidado, e inclusive aquellos que ella jamás debia tocar. Siempre postergaba la limpieza de esa zona debido a la enorme cantidad de tiempo que requería, no obstante hoy era ese día perfecto para empezar. Sacó con cuidado un baúl cubierto por bastantes capas de polvo acumulado y lo abrió. Esperó ver cualquier tipo de objeto, a excepción de lo que vio. Con cuidado tomó y desdobló la prenda, extendiéndola sobre su regazo. Era ropa de niño.
Intrigada, recorrió con la yema de los dedos la áspera tela. No era ropa costosa ni de clase alta sino la ropa más humilde que había observado en su vida. Levantó la prenda para observarla mejor, contrastando de forma curiosa con el resto de los objetos allí presentes. Rodeada entre joyas, utensilios de plata y piedras preciosas, se encontraba ese simple pedazo de tela finamente doblado y resguardado como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Trató de figurar su historia, pero dudó de que la prenda pudiera otorgar más de lo que daba a la vista. Era un raso pedazo de tela que sin embargo, se encontraba en la zona de artículos de gran valor. Su amo debía mantenerlo con él por cuestiones personales ¿Sería de su infancia o acaso de su propio hijo? Si hubo familia, ¿qué había pasado con ellos?
Un extraño ruido la sobresaltó. Sin perder un segundo, colocó a un lado la ropa y se levantó hacia la dirección del sonido. Asustada de que quizás había tocado algo personal de su amo y éste le reprochara, se asomó pero no vio nada.
—¿Rumplestiltskin?
Llamó, sin obtener respuesta. Quizás fue algún roedor que había tropezado por ahí. Aprovechó la interrupción y observó hacia el reloj de péndulo que adornaba la habitación. Marcó más de las tres de la tarde. Pronto sería la hora de la comida y con ello, la noche se encontraba cada vez más cercana. Se reprendió por el pensamiento. El simple hecho de recordar el incidente hizo que la lujuria volviera a hacerse presente. Constantemente, se vio obligada a recordarse a sí misma que estaba bajo el efecto del hechizo y ésta sería la última noche con la cual romperían sus efectos. Solo tenía que sobrevivir de algún modo hasta entonces. Para el día de mañana, su mente volvería a trabajar normal… o eso esperaba.
—Belle, aquí estás.
Belle volteó al escuchar su nombre. Rumplestiltskin se encontró a la entrada del recinto y caminó hacia ella. Belle tragó saliva, pareciendo que lo hubiera invocado con el pensamiento. Incómoda, se giró y regresó hacia donde dejó los objetos al fondo de la habitación, no sin antes cuestionar la presencia de su amo.
—¿Se ofrece algo?
Su amo observó con sumo cuidado la reacción de su doncella. Las mejillas de ésta habían adquirido un rubor y se notaba nerviosa.
—Requiero de tus servicios en este momento.
Belle, sin entender bien las palabras de él, viró para interrogarle con la mirada. Pudo intuir a lo que se refería, pero el uso de esas palabras era inusual en él. Usualmente llegaba dictando sus órdenes, y cuando no pedía una orden directa, la dirigía a otra habitación del palacio donde tenía que encargarse de una tarea nueva. Sin embargo en cuanto hizo contacto visual con él, su mente se bloqueó. Bien, él no era el único que actuaba raro, debía ser justa, ella también lo hacía. Eran los efectos del hechizo. O eso creyó.
—¿En qué… puedo ayudarte?
Su amo se acercó hacia ella y la tomó bruscamente. La obligó a reincorporarse y pegar el cuerpo al de él. Belle quedó paralizada por un momento debido a su imprevisto movimiento. La mirada de él comenzó a bajar hacia su escote. Pegó su rostro al cuello de ella y, sin dejarle decir palabra alguna, sus manos bajaron hacia su falda. Sin recato alguno, comenzó a acariciar sus glúteos, levantando la tela sobre sus piernas.
—¿Q-qué haces? ¡Debemos esperar hasta la noche!
Él sonrió, pero ella no lo notó. Su rostro seguía pegado a su cuello impidiéndole hacer contacto visual.
—Quizás no quiera esperar hasta entonces. ¿O acaso piensas negarte luego?
—Si di mi palabra y acepté el trato, es porque lo cumpliré. Así que…
Él siguió recorriendo su cuerpo con manos lujuriosas. Belle no pudo evitar soltar un leve gemido. La forma en que la acariciaba era demasiado efusiva, diferente a como le había tocado hasta ahora. Sus caderas comenzaron a moverse en compás, ansiando por el placer que el prometía con sus caricias sin poder detenerlas por voluntad propia.
—¡Sabes que no debemos, o el hechizo!
Belle intentó separarse de él, pero estaba prisionera. Ella subió sus manos hasta su pecho, intentando hacer un hueco entre ambos. Sus dedos se enredaron en el amuleto que ella llevaba puesto. A tientas, buscó sentir el de él pero solo sintió su pecho debajo de la ropa. No había nada.
—Te has quitado el…
Antes de que pudiera terminar la frase, él acercó sus labios y tomó los suyos de forma violenta e invasiva. Algo iba mal. Su amo se había quitado el amuleto y el hechizo debía estar dominándolo. Él movió sus labios una vez más y su lengua se movió dentro de su cavidad, de forma agresiva. Ella, que había encontrado placenteros sus besos hasta el momento, se sintió aversiva ante su boca. Su beso era diferente.
—No!
Belle chilló. Ella se separó y él bruscamente la tomó por las muñecas, obligándola a permanecer pegada a él. Fue entonces cuando lo notó. Sus hombros eran más anchos y el dorso robusto de lo que ella recordaba. Aquella forma varonil, de cierta forma se le hizo conocida. Miró hacia las manos que le tenían prisionera. Dedos ásperos y gruesos, distintos a los finos y largos dedos que habían conocido su piel. Y finalmente, aquella mirada. Distinta a los ojos calculadores y observadores que le hacían sentir deseada, tuvo en su lugar unos ojos demandantes, penetradores.
Belle palideció, respondiendo en apenas un susurro. Tenía frente a ella alguien con la apariencia de Rumplestiltskin, pero no era él. Reconoció la mirada. Los ojos que sólo veían trofeos de caza y que sólo veían en ella el precio de la corona de Avonlonea. Unos ojos que jamás la verían a ella.
—Gastón…
Comentarios:
Capítulo servido, dearies. Bien, he decido agregar un pequeño giro a la historia, la cual, se encuentra dentro de su clímax final… o eso creí. Estaba a punto de ponerme a escribir el que sería el capítulo semifinal, cuándo me dije a mi misma que sería demasiado aburrido y cliché terminarlo así, al punto que me daba flojera escribir. En el transcurso de este fic, diversas ideas se me vinieron a la cabeza. Ideas para nuevos fics, pero sin trama que me convenciera lo suficiente. En cambio, consideré ampliar esta misma historia, ya que está mejor trabajada, en lugar de empezar en una nueva. Espero que sea un buen giro a la historia, ya que a partir de aquí comenzaré agregar más personajes y trama la historia. ¡Ese hechizo no será fácil de romper!
Déjenme saber su opinión al respecto, dearies.
Sialia
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I was waiting on you
Waiting on you…
"The leap" –Tinashe
