CAPITULO 9
NOTA DEL AUTOR: Les advierto que necesitan mucha fuerza leyendo este, y si pueden con este podrán con todos.
Liam estaba sentado sobre su cama mientras movía los dedos de su mano tratando de descifrar en qué se sentía diferente. Su hermana estaba caminando de un lado al otro mientras esperaba que contestarán el teléfono. En un punto se detuvo, al parecer finalmente le habían contestado.
-Padre- Saludó con una sonrisa. Liam levantó la mirada y la observó- No, aún no hemos capturado a Magnus, pero necesitamos que… padre espera, no estás escuchándome… yo… agh, ¡Esta bien!- Nora lanzó el celular al lado de su hermano- Quiere hablar contigo- Dijo, y se cruzó de brazos. Liam tomó el celular y lo llevó a su oído.
-Hola padre- Saludó.
-Liam, hijo- Saludó su padre orgulloso- ¿Cómo están? ¿Ya se adaptaron al cambio de horario?-
- Algo así- Respondió él- En realidad te llamábamos por otra cosa-
-Ya me dijo tu hermana que no lograron capturar al chico- Contó su padre.
-Aún no-
-Espero que la misión sea exitosa- Había seguridad en el tono que utilizó- ¿Necesitan ayuda? Mandé a los dos prisioneros a nuestra casa en las afueras, por lo que ahora mismo estamos a su disposición- Liam frunció el ceño.
-¿Los han tratado bien?- Preguntó.
- ¿Importa?- Replicó su padre. Liam miró a su hermana quien parecía estar cansándose de esperar.
-No importa padre, pero hay algo que debes saber. Nora y yo invocamos a un demonio, y al parecer la razón de porque Magnus es especial está bien protegida. Necesitamos conocer esa razón-
-Entiendo, torturaremos a los prisioneros hasta obtener toda la información que podamos- Aseguró el hombre. Liam parpadeó.
-¿Qué? No, no es para tanto- Dijo. Nora suspiró exasperada y de un manotazo le quitó el celular a Liam.
-Necesitamos saberlo por el mismo Magnus- Dijo ella- Es probable que él sea el único que lo sepa, y debemos actuar rápido porque no somos los únicos en esto. Persuadan a ese chico y obtengan toda la información que puedan-
- De acuerdo- Aceptó su padre- Manténganme informado de cualquier cosa- Dijo y colgó. Nora lanzó el celular sobre la cama.
-No era tan difícil ¿Verdad?- Dijo y salió molesta de la habitación. Liam miró a su hermana cerrar la puerta y luego al celular a su lado.
- ¿Por qué es qué hago esto?- Le preguntó a la nada. Después recordó la razón (el tener una marca) y trató de convencerse a sí mismo de que valía la pena mientras se paraba para bajar y buscar algo de comer.
Magnus y Raphael fueron expulsados de su taller de cocina y salieron del salón antes de que terminara y cubiertos de harina.
-Sabía que ibas a terminar arruinándolo- Regañaba a Magnus- Yo debí haber manejado el horno- Raphael rodó los ojos.
-Olvídalo, ya es tarde para lamentaciones- Accidentalmente el pelinegro había dejado el postre dentro del horno más tiempo del necesario, y en lugar de quedar con un hermoso tono azul terminó siendo una masa sin forma de color negro que además olía horrible.
- La próxima vez yo manejaré el horno- Advirtió Magnus- Tu trabajo será… limpiar la mesa- Raphael frunció el ceño.
-Sabes perfectamente que no haré eso- Dijo.
- Y si logras limpiar bien la mesa te ascenderé. Algún día puede que incluso tengas el honor de hacer el nudo de mi delantal- Magnus sonrió. Raphael lo miró.
-¿Por qué continúas diciendo estupideces?- Preguntó sin esperar una respuesta. Unos cuantos pasos delante de ellos venían Helen y Aline hablando y riendo entre ellas- Oh, genial- Se lamentó Raphael. Las chicas levantaron la mirada y dejaron de cuchichear.
-¡Wow!- Exclamó Aline al verlos- Preguntaría cómo les fue en el taller de cocina pero puedo verlo- Raphael frunció el ceño, Magnus solo se encogió de hombros.
-La cocina no es lo nuestro- Dijo el moreno- Y toda esta harina fue cortesía de Raphael- Añadió.
- ¡Tú le agregaste el doble de arándanos a la receta!- Se defendió el pelinegro.
-¡Quería realzar su color!- Replicó Magnus, y se dirigió a las chicas- Él la quemó-
-Ya estaba echada a perder-
-No es verdad, solo habría quedado más azul- Aline y Helen se miraron y rieron.
- El otro día nosotras intentamos preparar pastelillos- Contó la rubia.
- Fue un desastre- Concluyó Aline- Ustedes nos recuerdan a nosotras al terminar la receta-
- Eso no es un cumplido- Dijo Raphael.
-Como sea- Cortó Aline y volvió a mirar a los chicos- Helen y yo tenemos que irnos-
-¿Cita de última hora?- Preguntó Magnus.
-Exacto- Respondieron ambas chicas al mismo tiempo y con una sonrisa cómplice. Magnus y Raphael las miraron extrañados.
-Me asusta…- Comentó este último.
-En ese caso las liberamos- Dijo Magnus ignorando a Raphael- Iremos a comer algo antes de nuestra siguiente clase-
- Adiós chicos- Dijo Aline y tomó a Helen del brazo para alejarse de allí. La rubia sonrió dulcemente y se dejó llevar- Oh, Magnus- Llamó Aline. Magnus se giró.
-¿Si?-
- ¿A qué hora terminas clase hoy?- Magnus miró a Raphael. El tendía a olvidar su horario, pero el pelinegro era algo así como su organizador personal. Raphael arrugó la nariz pensando.
- Como a las siete- Contestó el pelinegro. Aline asintió pensativa.
- Ya veo… ¿Y aproximadamente cuanto tiempo dura bañándose?- Raphael la miró horrorizado y dio unos cuantos pasos hacia atrás.
- ¡¿Cómo voy a saber eso?! Sé que eres curiosa pero no sabía que hasta ese extremo- Magnus dio unas cuantas palmadas en el hombro de su amigo.
- Si tienes preparado algo para mí esta noche, será mejor que me lo digas- Dijo él- Sí me siento motivado me puedo quitar esta harina de encima con un chasquido- Aline rió.
-Te estaré avisando- Contestó ella y se alejó por el pasillo.
-Magnus- Escucharon que dijo una voz. Raphael hizo un sonido exasperado.
-¿Y ahora qué?- Preguntó y se giró con Magnus para ver a Clary acercarse a ellos por el pasillo- Hola Clary- Saludó.
-Hola Raphael- Contestó ella y dirigió su mirada al moreno- ¿Tienes un momento? Quisiera hablar contigo-
- Si, por supuesto- Dijo Magnus- Raphael, luego te alcanzo- El pelinegro asintió, se despidió de Clary y se dirigió a la cafetería- ¿Ocurre algo?- Preguntó Magnus. Clary asintió.
-¿Sabes quién es Sebastián?- Preguntó. Magnus la miró confundido.
-No tengo el placer de conocerlo, pero sé que tienes su nombre aquí- Magnus tocó debajo de la oreja de Clary, y ella se encogió.
-¿Por qué lo tocan?- Preguntó a nadie en particular- ¿Que no saben que esa zona es sensible y puede dar cosquillas?- Magnus rió.
-¿Quiénes?- Preguntó bajando la mano.
-Tú y Jace- Dijo ella rodando los ojos.
-Ah- Fue todo lo que respondió Magnus mientras se arreglaba su bufanda. Clary notó esa reacción.
-¿Pasa algo?-Magnus negó con la cabeza.
- ¿Que decías de Sebastián?- Preguntó cambiando de tema. Clary lo miró entrecerrando los ojos.
-Quería hablarte de algo- Dijo ella- Pero ahora veo que este camino también puede resultar-
- Si crees que tengo la mínima idea de lo que estás hablando, te informo que estás equivocada- Aseguró él. Clary se talló la cara.
- ¿Por qué tienen que parecerse tanto?-
-¿Quiénes?-
-Agh- Ella volvió a mirarlo- ¿Lo ves? Buscando una salida. Sabes perfectamente que hablo de ti y de Jace- Magnus la miró un momento en silencio antes de hablar.
- Sé que Jace y yo nos parecemos, eso no es nuevo para mí- Magnus sacó de su bolsillo el celular y miró la hora.
- ¿Ya te quieres ir?- Preguntó ella. Magnus la miró- ¿Te molesta saber cómo terminará esto?-
-Estás hablándome de Jace, y no se en que puede terminar- Clary se cruzó de brazos apoyando todo su peso en una pierna.
- Estamos hablando de Jace- Confirmó ella- Y te quieres ir ¿Podrías decirme por qué?- Magnus abrió la boca pero no salió ninguna palabra. Ella tenía razón, no quería hablar de Jace- Yo te puedo decir por qué-
-Adelante- Dijo él, empezando a notar que le agradaban las personas perceptivas.
- Tienes miedo de aceptar lo que sientes- Magnus abrió la boca para replicar- ¿Lo vas a negar?- Preguntó levantando sus cejas.
-No tengo miedo- Dijo él levantando la barbilla.
-Entonces acéptalo- Clary se acercó más a él para evitar hacer una escena en mitad del corredor- Te escucho, porque parece que eres la única persona que aún no se ha dado cuenta-
- ¿Quieres escucharme decir que me gusta Jace? ¡Bien! - Magnus se giró y entró a unos de los salones desocupados con Clary pisándole los talones, y apenas la puerta estuvo cerrada el moreno se giró a verla- Me gusta. Me gusta mucho. ¿Qué clase de persona sería si no me gustara Jace? No soy ciego-
-¿Solo te gusta?- Presionó ella. Magnus se pasó las manos por el cabello.
- Ahora estoy con alguien- Informó- Así que aunque quisiera no podría pensar en Jace de ninguna otra forma diferente a que es un chico que me gusta-
- Sé que estás con alguien, y justamente por eso no entiendo a qué estás jugando- Magnus sintió su corazón palpitar más rápido- ¿Cuándo vas a mostrarle al mundo lo que realmente sientes? Sabes que lo que sientas por este otro chico no es nada comparado con lo que sientes por Jace-
-Eso no es verdad- Contradijo él escuchando su propio corazón, y rezaba porque Clary no pudiera hacerlo. No quería que la pelirroja se enterara de cuanto le afectaba hablar del rubio.
-¿No?- Preguntó ella- Tengo una fantástica idea. Quiero que le digas a Jace que no quieres nada con él, que lo que sientes por él es solo gusto. Cuando se lo digas entonces te creeré- Magnus sintió como si se hubiera caído por un precipicio, con el vacío en su estómago incrementándose de solo pensar en hacer tal acción.
- No haré eso- Aseguró- Porque yo no tendría oportunidad de todos modos- Añadió rápidamente. Clary sonrió.
-¿Enserio crees que no eres correspondido?- Preguntó. Magnus volvió a escuchar su corazón, y por la sonrisa en el rostro de Clary podía jurar que ella también- Si realmente prefieres salir con el otro chico entonces nunca vas a estar tranquilo hasta que hables con Jace- Clary salió con una expresión de seguridad en su rostro. ¿Seguridad en qué?
Magnus la vio salir y cuando estuvo solo inhaló y exhaló lo más fuerte que pudo. Sabía que Clary tenía razón, para estar con Alec debía hablar con Jace y demostrarse a sí mismo que lo que sentía por el ojiazul era más fuerte que lo que sentía por el rubio.
No quería. No quería destruir lo que nunca había empezado. Pero debía hacerlo.
Magnus estaba sentado en una mesa de una discoteca, el lugar por elección propia donde se encontraría con Jace. No sabía por qué había elegido un lugar tan ruidoso, pero sospechaba que era para que la estridente música de algún modo lograr acallar la voz en su cabeza que le decía que estaba a punto de cometer un gran error.
Mientras esperaba a que llegara el rubio sacó su celular y llamó a Raphael.
-¿Dónde demonios estás?- Preguntó el pelinegro- Tu clase está a punto de empezar-
-Voy a faltar a clases- Informó Magnus- Tengo algo importante que hacer-
-Espero que enserio sea importante y no otro encuentro con el chico del Espresso- Magnus suspiró.
-Raphael, algún día sentirás esa necesidad de hacer sacrificios por alguien- Como si el destino estuviera jugando con él, Jace entró en ese momento al lugar y miró en todas direcciones curioso, como si fuera incapaz de sentirse fuera de lugar en medio de las luces de colores y los cuerpos de otras personas. Su mirada se cruzó con la de Magnus y caminó firmemente hacia allí- Tengo que dejarte, agradecería tus apuntes después- Y colgó.
Mientras Jace caminaba muchos hombres y mujeres por igual se giraban a verlo deslumbrados. Era inevitable que no lo miraran, Magnus también se había sentido en la obligación de hacerlo en muchas ocasiones.
Finalmente Jace se llegó junto a la mesa de Magnus y se sentó.
-¿Querías verme?- Preguntó. Magnus asintió.
-Sí, debo decirte algo- Jace asintió y miró a su alrededor.
- ¿Y tenía que ser en un lugar tan público? A duras penas logro escucharte- Magnus miró a su alrededor. En realidad aquella era la mesa más alejada de la pista de baile que había encontrado.
- Fue el primer lugar que se me ocurrió- Admitió. Jace sonrió.
-La próxima vez yo escojo el lugar- Dijo. Magnus vio en sus ojos seguridad, obviamente a Jace no lo habían rechazado antes, lo que hacía las cosas más difíciles para el moreno. Él había rechazado personas, pero no sabía cómo hacerlo con Jace. Ni siquiera sabía si Clary tenía razón y realmente Jace también sentía algo.
- ¿Por qué crees que te cité?- Dijo creyendo que sería un buen comienzo. Jace entrecerró los ojos hacia él.
-¿Esa pregunta es alguna especie de acertijo? No quiero caer tan fácilmente-
-Solo respóndela-
- ¿Qué crees que responderé?- Preguntó Jace en su lugar con una sonrisa astuta en su rostro. Magnus no dijo nada- ¿Para qué me citaste? solo dímelo- Magnus suspiró. Tal vez Jace tenía razón, solo debía decirlo sin rodeos.
- Estoy saliendo con alguien- Soltó. Jace frunció los labios.
-Eso ya lo sé ¿No me tienes nueva información?-
-Y realmente quiero intentarlo con esa persona- Agregó él- No sé bien porqué, pero me pareció que debía decírtelo frente a frente: No renunciaré a estar con él- Jace lo miró en silencio. Magnus quería saber qué estaba pensando o que estaba sintiendo, pero la expresión del rubio era indescifrable.
- No parece que estés bromeando- Comentó serio.
-No lo estoy- Jace se cruzó de brazos y se sentó derecho en su silla sin dejar de ver a Magnus.
- Clary habló contigo ¿Verdad?- Dedujo él- No sé qué te habrá dicho ella pero te daré mi versión: No sé qué ocurre contigo, no logro entenderte, cuando te veo es como si viera un brillante enigma andante y siempre tengo que estar tratando de descifrar que piensas o que sientes ¿No quisieras ayudarme a entenderte?- Magnus lo miró en silencio. Tal vez dejarlo ir sería más difícil de lo que creyó- ¿Magnus?- Llamó Jace.
-Es todo lo que quería decir- Dijo Magnus y se iba a poner de pie para irse cuando la mano de Jace voló y tomó la suya.
-No te vayas- Pidió- ¿Necesitas la confianza? Entonces te la daré: Jamás creí llegar a sentir algo así por alguien, y he estado con muchas personas. Pero tú eres diferente a todas ellas, y no solo porque seas un chico, sino también porque… Yo siempre me siento especial, cuando estoy con cualquiera sigo pensando en mí, excepto contigo. Eres la única excepción. Cuando estoy contigo dejo de pensar en mí, dejo de pensar en mi cabello o mi ropa, dejo de pensar en las otras personas, ¡Dejo de pensar en todo el maldito mundo! En mi mente solo estas tú, tú y esos magníficos ojos que me persiguen a donde quiera que vaya- El aliento de Magnus se le atrapó en la garganta- Yo normalmente no me declaro a alguien, y no sé si esta declaración es la mejor de todas, pero es todo lo que tengo-
- ¿Debías decirme todo eso justo en este momento?- Preguntó Magnus a la nada. Jace sonrió.
- No te quejes, las cosas así fueron más interesantes- El rubio apretó ligeramente la mano de Magnus antes de soltarlo- Ahora lo que debes hacer es dejar al idiota con el que has estado saliendo y decirle claramente que solo en sus sueños tendrás algo serio con él. Después me buscarás, tendremos una cita o dos antes de que tú hagas tu declaración, y entonces yo te rechazaré y tendrás que hacer méritos para que te perdone, porque estuviste jugando con mis sentimientos por días- Jace lo había dicho todo con tanta esperanza, la seguridad de sus palabras reflejadas en sus ojos dorados. Magnus se preguntó qué tan obvio eran sus sentimientos que hasta Jace ya los sabía. Metió las manos bajo la mesa y las apretó, debía continuar.
- Eso no ocurrirá- Dijo firmemente. La seguridad en el rostro de Jace poco a poco fue muriendo, y tal vez era impresión de Magnus, pero le pareció ver al chico más pálido- No voy a dejarlo- Jace volvió a fruncir los labios.
-¿Por qué no?- Preguntó.
- Porque con él estoy justo donde siempre quise estar, lo que creí que nunca encontraría lo encontré- Jace pasó saliva y miró al moreno desafiante, tratando de buscar rastro de duda en su expresión. Magnus se mantuvo lo más firme que pudo y le devolvió la mirada. Su contacto visual duró minutos.
-¿Estás seguro de lo que acabas de decir?- Preguntó Jace- Solo necesito que lo repitas una vez más- Magnus apretó más fuerte sus manos, hasta el punto en el que sentía las uñas lastimándole la palma. Una parte de él le gritaba que se detuviera ahora que estaba a tiempo, pero la otra parte gritaba por Alec.
Jace era hermoso, probablemente la persona más hermosa que Magnus hubiera visto en su vida, pero él amaba a Alec, y si sentía algo por el rubio debía esforzarse en superarlo tal como había superado a sus parejas del pasado.
- Estoy seguro- Dijo- No lo dejaré ir- Magnus podía jurar que escuchó el corazón de Jace rompiéndose, y lo supo solo por un casi imperceptible cambio en la mirada del rubio, porque el resto de su expresión era indescifrable. Jace poco a poco se fue poniendo más pálido y Magnus se preguntó si era posible que aquello fuera debido a su rechazo. -Jace…- Empezó preocupado, pero el rubio levantó una mano para callarlo.
- De acuerdo- Fue todo lo que dijo, se puso de pie y se retiró de la mesa. Magnus dejó caer la cabeza sobre sus manos y cerró los ojos como si una parte de él le doliera. Y probablemente era así, le dolía el corazón.
El moreno levantó la vista y vio a Jace alejarse, solo que no se dirigía hacia la salida, sino hacia una columna junto a la pista de baile donde un chico castaño estaba apoyado viendo a las personas bailar. Magnus no dejó de prestarles atención, no entendía qué pasaba. Jace se acercó con una encantadora sonrisa y el chico al escuchar la voz y girarse se le ensancharon los ojos ante tal creación del cielo.
No podía escucharlos, la música era demasiado alta, pero podía ver cómo movían sus labios y reían entre sí como si fueran conocidos de por vida. En un punto el castaño puso una mano sobre el hombro de Jace y Magnus entrecerró sus ojos hacia él, como si tratara, solo con la mirada, de obligarlo a quitarle esa mano de encima. Jace miró la mano sobre él, se volvió hacia el chico con una sonrisa traviesa y antes de que Magnus pudiera siquiera procesarlo pegó el cuerpo del castaño contra la columna y empezó a devorar su boca.
Magnus se puso de pie de un salto pero estaba tan impresionado que no dio un solo paso. Como ya intuía el castaño no se quedó congelado el tiempo suficiente para que Jace se apartara, sino que le correspondió con la misma intensidad levantando sus brazos y hundiendo sus dedos en los mechones de cabello rubio. El moreno observó como Jace subía sus brazos y los acomodaba tras la cabeza del castaño para guiar mejor sus labios, moviendo su cabeza con más fuerza y velocidad conforme el tiempo pasaba.
Magnus sintió su cadera arder, pero el dolor no era nada comparado con el infierno que le producía ver aquella escena. El castaño puso sus manos en los hombros del rubio mientras este repartía besos en su cuello y su clavícula. La quemazón de su marca era insoportable, y bien podría ir al baño y humedecerla, pero prefirió solo ponerle una mano encima como si estuviera ocultándola y caminar lo más rápido que podía hacia los dos chicos.
Le dolía como el demonio su marca, pero trató de disimular su mueca de dolor justo cuando llegó y vio al castaño empezar a desabotonar la camisa de Jace mientras parecía negarse a dejar ir su boca. Magnus lo tomó del brazo y lo sacó del espacio que había entre Jace y la columna.
-Aléjate de él- Gruñó en advertencia. No espero a ver la reacción del chico, sino que se giró a mirar a Jace quien, aun con el cabello revuelto y los labios inflamados, sonreía como si ya hubiera sabido que aquello iba a pasar.
- Te demoraste mucho- Regañó el rubio, luego tomando a Magnus de los hombros lo ubicó en el lugar donde antes había estado el castaño y sin decir nada más lo besó.
El beso fue mágico. El dolor en la cadera de Magnus desapareció, reemplazado por una agradable sensación de cosquilleo que llenó de dicha al moreno. No necesitaba levantar su camisa para ver, sabía que ahora en su piel decía "JONAT" porque la "T" era la siguiente letra para completar el nombre "Jonathan".
"Jonathan" de Jace.
Estaba seguro, ese beso lo confirmó, la marca en su cadera se refería al rubio, y seguramente ahora estaba plateada.
Sabiendo que aquello estaba bien le devolvió a Jace el beso, y cuando el rubio notó que era correspondido sonrió contra su boca y ubicó cada mano suya a un lado de Magnus, como si tratara de evitar que se fuera, aunque no es como si Magnus quisiera irse. Decidió tomar las riendas y abrió su boca para guiar mejor a la de Jace. El rubio también lo hizo y duró un buen tiempo explorando la boca de Magnus, pero en un momento se separó ligeramente y mordió con fuerza el labio del moreno.
-¡Ay!- Se quejó Magnus, aunque no se apartó.
- Eso es por obligarme a besar a otro chico antes que a ti- Informó Jace. Magnus también lo mordió.
- Y eso es porque lo hiciste- Dijo. Levantó sus manos y deshizo lo que el castaño había hecho con los mechones dorados, creando su propio estilo: Una mezcla de anhelo y pasión. "Seguramente Jace lo valorará" Pensó.
Terminando con el cabello iba a dirigirse a abotonar la camisa, pero sus manos se encontraron con la piel bronceada y los marcados músculos del pecho. Jace se miró a sí mismo y luego a Magnus.
-Adelante- Motivó sonriendo- Explora cuanto quieras- El rubio volvió a acercar sus labios a los de Magnus, y este último pasó sus manos por el pecho bronceado. Jace gimió contra su boca, y el sonido fue tan excitante que el corazón de Magnus latió desbocado y ahogó un suspiro en los labios suaves del rubio.
Se sentía en el paraíso. No entendía cómo en algún momento había creído que dejaría ir a Jace, que lo rechazaría. Sintiendo la boca del rubio hacer maravillas en su cuello entendió que aquello era imposible, Jace le había gustado desde el primer momento de haberlo visto, y aunque su amor hacia él fue creciendo progresivamente, al final el destino lo había conseguido: Se había enamorado, la prueba estaba en su marca plateada.
Volvió a pasar una mano por los sedosos mechones dorados y después siguió su camino hasta llegar a la mejilla del rubio, donde usó el dorso de su mano para acariciarla. Ya ni siquiera recordaba porque había querido rechazarlo en un principio.
Entonces recordó su poderosa razón.
Alec.
Sin tratar de despertar las sospechas de Jace, lentamente terminó el beso, se separó y lo miró. Unos ojos dorados y oscurecidos lo observaban como si aún no pudieran creer lo que acababa de pasar.
- Realmente había creído que yo no te interesaba- Aceptó Jace jadeando- Eres un idiota- El rubio levantó una mano y tomó la bufanda de Magnus. Este último vio en sus ojos la intención de quitarla y lo detuvo poniendo una mano sobre la suya.
- Catarina me matará si regreso más tarde- Dijo Magnus. La acción de Jace solo había resaltado con fuerza el recuerdo de Magnus de la marca que ocultaba bajo esa bufanda. La marca de Alec.
- No quiero que te mate- Comentó Jace- Ve a casa - Magnus se arregló el cabello y reguló su respiración mientras Jace se abotonaba su camisa. El moreno sintió pena al ver como esos magníficos músculos eran ocultados bajo la tela. Finalmente ambos estuvieron más presentables y volvieron a mirarse -Gracias por esto- Dijo Jace. Magnus sintió una punzada de dolor en el corazón. No sabía qué hacer, por sí solo se había embarcado en una odisea, y sabía que el final solo sería dolor. No se podía estar con dos personas. Y tampoco quería elegir.
- Adiós Jace- Dijo y sin esperar nada más salió de la discoteca, se subió al auto de Catarina, manejó hasta llegar a alguna carretera desolada, y finalmente apagó el motor y dejó a su cabeza caer sobre el timón.
Su marca no eran dos nombres de alguien, eran dos nombres de dos personas diferentes. Una era Jace y la otra era Alec. Se suponía que cada persona solo tenía a una alma gemela, pero la única persona diferente debía ser precisamente él. ¿Por qué tenía dos nombres? ¿En serio el destino esperaba que escogiera? Los amaba a los dos, y si aceptaba a uno de todos modos iba a sufrir por perder al otro, sin mencionar el hecho de que tanto Jace como Alec parecían apreciarlo.
Levantó la cabeza del timón y miró a la oscuridad frente a él. ¿Apreciarlo? Algo le decía que era más que aprecio. Sabía que era imposible, pero como su misma existencia tampoco era lógica se preguntó por la posibilidad de que ambos chicos tuvieran su nombre. Que la marca de ambos dijera "Magnus" y siendo así las cosas eran mucho peor, porque él tenía dos grandes amores, en cambio sí elegía a alguno de ellos dos, el otro perdería a su alma gemela, la única que tenía.
Pasó las manos por su cabello. No podía elegir. Tal vez debería intentar alguna otra cosa como buscar a un tercero para rechazar a los dos chicos por igual, o regresar a su verdadera casa e ingresar a otra universidad sin decirle nada a nadie.
Sintió el celular en su bolsillo vibrar y lo sacó. Era un mensaje de Alec.
Calle Hadley #22 segundo piso. Si pudieras venir ahora mismo sería fantástico.
Alec
Magnus suspiró y guardó el aparato. Tal vez huir no era una solución muy valiente, debía enfrentar su situación y descifrar sus posibilidades, así que encendió el auto y se dirigió a la dirección que Alec le había indicado.
