Las semanas siguieron su curso.
Los días pasaban en una lenta agonía hasta llegar a su fin.
Las cosas seguían siendo un caos.
La salud de los gemelos estaba en términos generales bien. La salud mental de Bella, no tanto. Ni mencionar a Edward.
Bella ya no precisaba de una enfermera las 24 horas del día.
Angela había arreglado las cosas en el Litchi para que Bella no fuera durante una buena temporada.
Edward y Bella no se hablaban.
Se podía sentir la tensión en el ambiente, casi como un elástico a punto de romperse.
Esme y Carlisle, habían decidido mantenerse al margen de las decisiones de Edward, pero encontraban que estas últimas rayaban en lo psicópata.
"Bella no puede recibir visitas que excedan de una hora"
"No puede estresarse"
"Debe dormir a lo menos 8 horas diarias y alimentarse en lapsos de 3 horas"
Y así…
Bella se sentía una esclava… más bien una cautiva. Todos los días se torturaba, pensando en cómo iba a salir de esta gran metida de patas.
::.
Un débil rayo de luz se colaba por la abertura de la cortina, entibiando levemente la mano de Isabella.
Abrió los ojos.
Otro día más.
Probablemente, sería igual que el anterior.
Se incorporó lentamente. Ahora le costaba un poco más moverse. Desde que todos se enteraron de su embarazo, su panza había crecido mucho, demasiado tal vez. Los bebés se abrieron paso, para anunciar que estaban aquí. Una patada en la costilla derecha y una rodilla por el costado izquierdo, era la manera de saludarla y comenzar el día.
Perezosamente fue al cuarto de baño, y dejó que el agua caliente relajara su cuello.
Ya estaba cansada de todo. Estaba cansada de ser paciente esperando a que Edward le volviera a dirigir la palabra. Estaba determinada a culminar con esa tortura. Buscaría el momento para aclararle las cosas quisiera o no.
Y posiblemente, lo haría hoy…
Ya basta de cobardía… Ella era una mujer fuerte e independiente. Si Edward quisiera acompañarla en esto, sería maravilloso, si no… bueno, si no, lo haría solo, tal cual como lo tenía planificado desde un principio.
Miró su cuerpo desnudo en el espejo… "¡Rayos! Una estría…"
había crecido tan de pronto su vientre, que ya era inevitable la aparición de algunas marcas propias del embarazo. A pesar de ello, su apariencia física había mejorado mucho. Había ganado la mayor parte del peso que había perdido, ya estaba más rellenita. Sus mejillas tenían un hermoso tinte rosa, su piel clara y tersa, lucía preciosa, y su cabello, brillaba radiante de vida.
Bajó las escaleras, lentamente.
La casa estaba silenciosa.
Aparentemente no había nadie, salvo la sirvienta y los dos perros.
Alice ya había retornado a su casa. El viaje de Jasper, fue un poco más largo de lo que habían acordado, y tardó unos días en volver. Sin importar la demora, Alice estaba radiante cuando Jasper vino por ella.
Se dirigió a la cocina y se preparó algo de comer.
Decidió que era hora de hablar con Jacob. Llevaba semanas sin hablar con él, y Jake no sabía nada de su estado. Se sentía fatal por haberle ocultado todo por tanto tiempo. Pero conociéndolo, era muy probable que no le reprochara nada, salvo al comienzo.
Y así pues, cogió el teléfono. Este sonaba… el corazón de Bella comenzó a latir tan rápido, que ella era capaz de oírlo.
-¡Bella!
-Jake…
- ¿Donde estas? ¿Qué te ha pasado? ¿Te tragó la tierra?
Inmediatamente Bella, se deshizo en disculpas, y lo invito a que la visitara. Explicándole en que lugar se hallaba y como llegar, pero también, si podía revisar su oxidada camioneta.
Solo pasaron unas horas y Jacob estaba golpeando la puerta. Bella se dirigió a abrirle.
Evidentemente y como era de esperarse, no podía creer lo que veía.
Apuntándole el vientre con la mano, tratando de gesticular un "¿Qué diablos?", Bella sólo sonrió amargamente.
-¿Qué tal si damos un pequeño paseo? .- Preguntó Bella.
Salieron a caminar a los jardines. El día comenzaba a nublarse, muy débilmente los rayos de colaban a través de una cortina de nubes, y dejaba una gama de colores pastel a su paso.
-¿Vas a decirme cómo pasó eso? .- Preguntó Jacob apuntando hacia el abultado vientre de Bella.
- Es una larga historia… te la resumiré lo mejor que pueda… ¿trajiste el chocolate con menta que te pedí?
Jacob rio. Su risa era como el sol abriéndose paso entre las densas nubes. Por un momento Bella sonrió con ganas y de manera autentica. Jacob tenía la capacidad de hacerla olvidar todo lo malo.
De su bolsillo sacó el chocolate para Bella.
Mientras lo partía para compartirlo, comenzó por el principio. Jacob la oía atentamente, haciendo preguntas de vez en cuando y asintiendo con la cabeza otras tantas.
Brotaron lágrimas de los ojos de Bella, Jake, amablemente se las secó y le tendió su hombro para que se desahogara
Una vez que terminó de contarle todo, su amigo, en lugar de reprocharle las cosas, la abrazó fuertemente.
-No estarás sola en esto ¿sabes?, siempre estaré contigo. Siempre recuerdo mi promesa y la mantendré por siempre…
- Lo sé Jake…
Esa promesa inquebrantable que juraron honrar al ser pequeños. Cuando la madre de Jacob murió de cáncer… La soledad comenzó a apoderarse de él, y fue Bella quien logró sacarlo adelante, nunca dudó en dejarlo, siempre estuvo con él. Desde ese día, se prometieron firmemente jamás de los jamases dejarse solos, sin importar lo que el otro hubiese hecho. Lo juraron con sangre, se cortaron las palmas de las manos y las unieron, bajo el viejo roble cercano al bosque.
-¡Ay Bella!... siempre estropeando tu vida sentimental… ¿sabes? Tienes derecho a ser feliz… aun que por lo que me has dicho el tipo parece un perfecto imbécil…
-¡Jake!... no, no es un imbécil… yo le di los motivos para convertirse en uno.
Los primeros atisbos de lluvia comenzaban. Pequeñas gotas comenzaron a caer, estropeando el momento al aire libre. Las pequeñas gotas dieron paso a las grandes descargas de agua, a duras penas, Bella logró llegar a resguardo bajo el alero de la casa, mientras Jacob reía sin parar de la graciosa escena que daba su amiga, balanceándose como un pato al caminar.
- ¡No es gracioso Jake!
- Lo sé, pero, jajajajajaja, ¡jamás te había visto caminar así!
-¡Eres un idiota! – Bella le golpeo el hombro, intentado empujarlo, evidentemente no lo logro, aun así, Jacob se hizo el adolorido
Bella rodó los ojos y bufó, ante la evidente burla de Jacob.
-Bells… ¿Qué me cocinaras?
Eso tomó por sorpresa a Bella.
Realmente ya no sabía hacía cuanto tiempo que no cocinaba.
-¿Qué quieres comer?
-Pues, no lo sé… Sorpréndeme
La cocina de Esme era grande, acogedora y bien distribuida, de concepto abierto, con una isla central y mesones de granito. Desde la cocina se podía ver a la sala, gran detalle tomando en cuenta a una numerosa familia.
Bella pasó sus dedos por la superficie, sintiendo la rugosidad del granito. Hacia tanto tiempo ya. Hacia tanto tiempo que no tomaba un cuchillo, que no destapaba un cuenco… tantas semanas desperdiciadas… una de las cosas que más amaba, había dejado de hacerlas por competo. Una lágrima comenzaba a asomarse, cayó y rodó, con la manga de su blusa se secó.
Se dirigió al refrigerador, buscando, inspeccionado, olfateando. Dejando que sus sentidos culinarios la llenasen. Entregándose a su creatividad culinaria y retornarla.
Desde siempre le había gustado la cocina y sus aromas… siempre, muy a pesar de todo, siempre había algo que cocinar y siempre, siempre, la hacía feliz. ¿En qué momento dejó de hacerlo? ¿En qué momento dejó de ser feliz?
Dejó por un momento de lado su nostalgia, y se concentró en lo que necesitaba, alimentar a su amigo hambriento.
Jake estaba sentado en un taburete en la isla central, mientras veía a Bella, como poco a poco incrementaba su confianza como al magnifica cocinara que era, la gran chef que sorprendió a todos cuando decidió irse a tierras lejanas a perseguir un sueño que se vio truncado, pero no por ello, no aprendió de la cultura nueva, todo lo contrario, la experiencia que trajo consigo y nuevos sabores, texturas y colores, hicieron lo que era hasta ese momento su gran pasión y trabajo, su restorán.
Isabella registró a fondo el refrigerador, y comenzó a sacar de él, lo que iba a necesitar para su nueva preparación.
Apartó un puñado de zanahorias, puerros, pimientos morrones amarillos y rojos, espinaca, filetes, mantequilla… (Mantequilla, nada sabe bien con poca mantequilla, seguía los preceptos de Julia Child y su amor por la mantequilla) brócoli, calabacines, cebolla morada, lechuga. Todos los elementos los iba poniendo en el lavabo. Comenzó a buscar cuencos, sartenes, espátulas, fuentes refractarias, picador y rallador de verduras… Jacob estaba feliz de ver a Bella tan concentrada en una tarea. Sabía que esto la haría feliz.
Maravillosamente, la cocina de Esme estaba excelentemente equipada, salvo por una o dos cosas, pero realmente, no hacían la diferencia. Jake, intentaba mantener una conversación casual entre ellos, pero Bella estaba tan concentrada en su tarea, que a duras penas si le hablaba, finalmente, Jake, riendo, encendió la televisión y dejó a Bella concentrarse.
Poco a poco, comenzó a aromatizar la cocina y la sala… una fragancia deliciosa y exquisita.
Picó finamente en juliana los puerros, pimiento morrón y cebolla. Las salteó brevemente en mantequilla y las apartó. Tomó cada filete y encima de este puso una hoja tierna de espinaca, sobre ella una porción de verduras salteadas. Enrolló los filetes y los atravesó con ayuda de un mondadientes. Una vez terminada esa tarea, tomó los filetes y los puso en una fuente refractaria, y los salpimentó y dejó caer un generoso chorro de aceite de oliva. Introdujo la fuente al horno a 180 grados y dejó hornear. Mientras, había dejado unas papas junto con calabaza cocer a fuego alto. Una vez que estuvieron cocidas, la retiró del fuego, eliminó el exceso de agua, las molió, y las transformó en un suave y dulce puré de papas al zapallo. El resto de las verduras que había apartado, las salteó y vertió un poco de crema en ellas. El resultado, era un aroma delicioso, que hacía que las glándulas salivales hiciesen su trabajo.
Estando casi por terminar su creación, hicieron su aparecieron por la puerta principal, Esme, Carlisle y su hijo, su muy dolido y orgulloso hijo Edward. Los tres quedaron abrumados por el delicioso aroma que se colaba por la cocina hacia el resto de la casa.
Carlisle miró extrañado a Esme, levantó una ceja y cuestionó que no creía posible que su ama de llaves, Nancy, pudiese cocinar algo así, Esme tampoco lo creyó. Enseguida Edward, cayó en cuenta que se trataba de Isabella, que estaba de pie, cocinando… ¡De pie! ¡Cuando debería estar en reposo! En cuanto Carlisle se dio cuenta de la imprudencia que cometería su hijo, alcanzó a tomarlo por el brazo.
-¿Qué crees que haces?
-No sé de que hablas
-Edward, hijo ¿no crees que ya es suficiente? Te has comportado como un cretino, con tu madre no te criamos así. Te apoyamos, es cierto, siempre lo haremos, pero creo que ya es suficiente, no puedes ser tan posesivo y controlador. Decidimos darle alojamiento a Bella, porque tú nos lo pediste, accedimos a ello, por ti. No creas que te estoy diciendo que no nos agrada tenerla, eso no sería verdad, es una chica muy agradable e inteligente, pero también muy solitaria, y en este momento, estoy seguro que tu actitud no le hará bien a ella ni a las criaturas que está gestando.
Edward, se pasó las manos por su cabello, bajó la cabeza, en signo de derrota.
Su madre, cariñosamente, apretó su hombro.
-Cariño, no seas tan duro con ella ni contigo, eso no les hace ningún bien. Ya deberían haber solucionado sus problemas, pero tú, eres tan terco, que ni siquiera has querido oírla, y la has dejado acá, sola.
-No está sola, están ustedes, y Nancy y los perros… y…y además, se había ido del departamento que compartía con Angela, y vivía en un cuarto indecente y….-Fue interrumpido por Esme.-
-Y pasa sola casi el día entero, desde que Alice regresó a casa con Jasper. Esta sola, y se siente sola. Sé que está mucho mejor acá, hay más espacio, tiene a un médico cerca.- Esme dijo mirando a su espeso.- pero, ustedes dos, deben hablar, y debes escuchar su parte de la historia. Y lo harás jovencito.- apuntó con su dedo índice al pecho de su hijo.- No te criamos para ser un idiota, no te traje al mundo para que te comportaras como un … sabes lo que quiero decir
Edward, seguía cabizbajo, pero sabía lo que sus padres querían decirle ¿Debía mostrar la bandera blanca de rendición, o llegar a una especie de tregua? Resopló con frustración.
Dejó sus cosas en la entrada. Sus padres sonrieron en señal de apoyo.
Mientras se acercaba a la cocina, oía la encantadora risa de Bella, pero conjuntamente, una risa de alguien más. Un pinchazo de celos golpeó su ego
¿Cuánto tiempo le tomó a él poder hacerla reír de ese modo? Y esta persona que la acompaña, lo hace tan fácilmente… que frustración.
Llegó hasta la sala, y vio a este enorme joven de piel canela instalado en el taburete de la cocina de su madre. Celos ¡celos que pinchaban como mil agujas! ¿¡Quien carajos era ese idiota que hacía que Bella se riera así, de esa manera tan natural, tan improvisada?!
No se atrevió a dar un paso más, pero necesitaba saber, con quien estaba Isabella, tomó coraje, y avanzó los tres pasos más que lo sacarían de su tormento.
Se aclaró la garganta e Isabella dio un brinco dejando caer algunos brócolis sobre el suelo, iba a acercarse a ella para recogerlos, pero Jacob se adelantó a él, se agachó y los recogió evitando que Bella hiciese esfuerzo.
Bella, aun con un cuchillo en la mano, miró a Edward, y tartamudeó para tratar de explicar que hacía en pie, pero, sus explicaciones no fueron necesarias, ya que Esme intervino en la escena, pasando al lado de su hijo, dándole un apretón a su mano, para transmitirle fuerza.
-¡Oh, Bella! ¿Qué has preparado? ¡Huele delicioso! – Abrazó a Bella, quien gustosa le correspondió. Secretamente, adoraba los mimos de Esme, le encantaba que la abrazara o le demostrara cariño, de la forma que fuese.
-¿Verdad que huele delicioso? –Intervino Jacob.- Solo le dije que tenía hambre, podrías haberme hecho solo un sándwich
Bella Negó con su cabeza.
-Esme, el es Jacob, un amigo de toda la vida.-Dijo Bella gesticulando con el cuchillo en la mano
- Gusto en conocerte, me agrada saber que Bella tiene amigos
Edward, seguía de pie inmóvil, con el semblante frio. Esme en vano intentó gesticular para que cambiase la expresión. Iba a ser una cena un poco tensa.
Y sin duda lo fue.
Sentados en la mesa, atiborrada de comida, todos se deleitaron con los alimentos que Bella había preparado. Esme se sirvió de todo, excepto filete, aun seguía muy creyente de sus convicciones vegetarianas. Dejó un poco el veganismo y optó por el vegetarianismo, para poder equilibrar mejor su dieta.
Jacob comió por cuatro, siempre haciendo reír a Bella, con alguna broma casual o algún recuerdo. Esme y Carlisle estaban fascinados con el amigo de Bella, sin duda, a través de él, podrían conocer un poco más de su hermética huésped.
Mientras tanto, Edward, en silencio, disfrutaba de la comida de Bella, no sin algún pinchazo de celos, sobretodo, cada vez que Jacob lograba una que otra carcajada de Bella.
-¿Y cómo es que se conocieron? .- Preguntó Esme
-Desde que usábamos pañales, nuestros padres eran muy grandes amigos .- Contestó Jacob
-De hecho, nos llevaban de pesca .- Dijo Bella
-¡Pero tú siempre enredabas el sedal en tu cabello y quedabas llena de carnada!.-Comentó Jacob riéndose a carcajadas
-¡Cállate! .- Bella introdujo un trozo de pan en la boca de su amigo, generando más y más risas entre ellos, y provocando más celos en Edward, quien apenas si sonreía. Esme, en vano, le golpeaba la pantorrilla para que cambiara su expresión. Carlisle miraba a su hijo y a Bella, y podía notar, lo tenso y celoso que se sentía Edward.
La cena terminó, todos estaban muy agradecidos de la comida que preparó Bella, seguramente, no podrían haber soportado otra insípida comida a base de vegetales crudos, les hacía falta un festín como este.
Antes de irse, Jacob revisó a Ralph, la oxidada camioneta roja de Bella, únicamente le faltaba un poco de carga a la batería.
Ya era hora de que Jacob partiera de vuelta a casa, con su novia. Bella lo abrazo tan fuertemente como pudo, él, también le devolvió un fuerte abrazo.
-Sabes que cuentas conmigo para lo que necesites Bella… si por cualquier cosa quieres irte de acá, sabes que puedes vivir en casa con nosotros, estaríamos felices de tenerte … lo que sea que necesites… ya lo sabes
-Lo sé, y te lo agradezco.- Una lágrima amenazaba con salir, pero Bella la retuvo.
Se quedó en el marco de la puerta, viendo como Jacob se alejaba y se subía a su vehículo. Cerró la puerta tras de sí. Se dirigió a la cocina con la intención de limpiar, pero Edward con sus padres se le habían adelantado.
-¿Hay algo en que pueda ayudar?-Preguntó
-Será mejor que descanses ahora, reposo absoluto ¿lo recuerdas?- Dijo Edward en un tono amargo con un dejo de ira
-Ss-si yo, yo lo recuerdo bien, Ed-Edward.- Tartamudeó Bella
-¡Edward!.- Dijo en tono de reproche su madre
Carlisle miró a su esposa, y se retiraron, para darles espacio. Ese espacio que necesitaban para poder mantener una conversación relativamente cuerda.
De pie en la cocina, por fin estaban solos y en un lugar neutral, donde podía tal vez entablar una conversación.
Edward se apoyaba en el fregadero, y Bella, intentaba mantenerse de pie. El la miraba en silencio, esperando a que ella dijera algo, no iba a ser el primero en hablar. Isabella se aclaró la garganta, y se atrevió a decir algo.
-Se que debo estar en reposo, lo sé, pero ¿te puedes imaginar siquiera lo tedioso que es eso? ¿no poder hacer nada?
Edward la miraba, no decía nada, ante lo último que dijo, solamente le levantó una ceja en señal de "¿y qué?"
Bella negó con la cabeza.
-Edward, el que tu no quieras dirigirme la palabra no hará esta situación más fácil, y sabemos que no es fácil, ni siquiera has intentado conversar conmigo.- Bella cruzó su brazos sobre su pecho, con un débil intento de sentirse contenida. No quería romper en llanto mientras se enfrentaba a este monstruo, que alguna vez fue un hombre gentil y atento.
Él sólo la miraba. Rió con una carcajada amarga. Pasó su mano sobre su boca, tomando su mentón con una incipiente barba.
-¿¡Y que demonios esperas que te diga!? .- Espetó e Isabella sintió temor, pero trató de componerse, necesitaba dejar algunas cosas relativamente solucionadas hoy, debía aprovechar el momento. Tomó una profunda respiración para calmarse y no dejar que las lagrimas aparecieran y lo estropearan todo.
-¡No lo sé! ¡de acuerdo! ¡No lo sé! ¡lo que sea!... pero, por favor di algo, cada vez que intento hablar o explicarte, te vas y me dejas hablando sola o te pones tan hermético que ni si quiera sé si aún te intereso en lo más minimo
Edward se pasó las manos por su cabello, dejándolo en un perfecto desorden. Bella miraba al suelo, impaciente, esperado algo, alguna cosa cualquier cosa que rompiera el silencio.
- Escúchame, antes de que te largues como siempre lo haces.- Edward rió amargamente, tenía las manos sobre su cabeza.- quiero que me recomiendes a algún médico, un obstetra para controlar mi embarazo, es evidente que tu no tienes interés y, creo, que no sería ético que sigamos con esto, quiero decir,..., no se lo que quiero decir, pero, es evidente que te es incomodo... y..
-Si eso quieres, puedo hacerlo... pero, por favor, no vayas a esa consulta, a la cual habías agendado una hora, con Jane Proctor, no, ella no.- Lo dijo casi en un tono de súplica.- Puedo derivarte con colegas que sé que están altamente calificados.- Por primera vez sus ojos mostraban el dolor que estaba sintiendo, lo que dejó a Bella perpleja.
-E-esta bien, creo que eso me gustaría
-Gracias, mañana puedo arreglarlo
- Hay algo más ... debo viajar
Edward volvió a tomar su cabello entre sus dedos, posó sus dedos indice y pulgar sobre el puente de su nariz.
-¿Y exactamente donde pretendes viajar con ese enorme vientre? .- Lentamente las esquinas de su boca comenzaron a tirar para esbozar esa endemoniada sonrisa torcida
Bella miró su prominente panza
-No estoy tan grande ¿o si?
- Estás bien Bella, no es tan enorme... y bien ¿a donde pretendes ir? a un avión jamás dejarían que te subas
- Debo ir a Forks, la semana que viene
-¿En navidad?
- Mmm, eh, si, suelo ir para estas fechas. Es algo importante que debo hacer, y pensaba conducir
-¿No hablas enserio? ¿Conducir? ¿Y que piensas conducir?
- Mi auto, obviamente
- ¿¡Esa carcacha oxidada!? ¡Olvídalo!
- No estoy pidiendo tu permiso, iré en mi camioneta
-¿¡Estás loca!? ¡si tienes un accidente en eso no sales con vida! ... sin embargo, yo puedo llevarte, si es que tu quieres
-Eso, eh, si, eso me gustaría
Un atisbo de que las cosas podrían mejorar. Por fin, podrían estar dispuestos a solucionar sus problemas sin sacarse los ojos.
