Volvi! Luego de la ultima publicación en 2015... ehhh...ups

En serio! No me di cuenta de cuanto tiempo paso! La realidad más el despiste mas la necesidad de acabar los fics que me faltan poquito en mis ratos libres, me hizo atrasar esta conti mucho tiempo sin darme cuenta.

Voy a tratar, DE VERDAD VOY A TRATAR DE NO DEMORARME TANTO, lo juro

Pero bueno, no voy a entretenerlo más que ya han esperado suficiente

Capítulo 8: Wing Zero sin la máscara

Dos años atrás.

Siempre ha mantenido los músculos tranquilos ante cualquier discurso o arma que vaya contra su vida. Pero ahora sus manos no dejan de moverse a causa del nerviosismo. ¿Qué pasa si la encuentran y no alcanza a subir? ¿Y si a Helia lo encierran por haberse llevado a la fuerza a Relena Peacecraft? Claro, Helia puede escapar sin problema, pero después ya no le será fácil a la ex política irse a Aguamarina. Mucho menos si le ponen a Heero de guardaespaldas.

Se mira en el reflejo de la ventana frente a ella. En apariencia ya no es Relena. Gracias a los aros de ilusiones, la gente ve a una adolescente con estilo punk, el pelo verde, pirsin en las orejas y en el labio y ropa oscura de cuero. Nadie se imaginaria que es la famosa y querida Relena Peacecraft.

—Hey. — Mira a su derecha y encuentra a Helia con su nuevo atuendo: un motero de pelo castaño y en su pollera lleva estampado salgo con una política. Relena sonríe por aquel chiste. — Ya está listo todo. El trasbordador sale en una hora y traje bocadillos.

—Gracias. — Agradece sinceramente porque ya se moría de hambre.

Se sientan a comer. Solo consiguió el joven emparedados de jamón y queso, otros con pasta de huevos y jugos de té verde. Nada elegante en comparación a los desayunos elegantes que la joven ha ingerido desde que tiene consciencia de la vida. Pero no le molesta. Come como si le hubieran ofrecido un banquete. Ya satisfecha, se estira igual que un humano corriente al despertar en su cama. Aunque su estiramiento se debe al cansancio de andar toda la noche despierta sobre una moto.

Planearon que una vez escaparan de la mansión, irían a la ciudad más lejana que pudieran llegar en una noche y ahí comprar los pasajes e ir a la Luna a buscar la nave. Fue planeado por si Milliardo despertaba en la madrugada. Su hermano a veces tiene sueños inquietos del pasado que lo despiertan y ya no puede volver a dormir, por lo que deambula por el lugar, va a ver a sus hijos y a ella. Si justo hoy llegase a pasarle, cerraría la ciudad un segundo después de darse cuenta que no está en la mansión. Y cuando den la orden de ampliar la búsqueda, ellos dos ya estarían en el espacio.

O eso espera.

—No es de una dama de su categoría estirarse como un oso. – Se burla su compañero de viaje. Relena frunce el ceño y le pega con el codo. — Vale, vale… toma tu pasaje, doña Gruñona.

Ella lo recoge junto con su falso pasaporte y lee el nombre que le colocaron. No le gusto.

—¿Estás de broma? ¿Afrodita?

—Sólo no le digas a nuestra Afrodita y todos estaremos bien. — Escuchan un aviso de vuelo. — Es la hora.

El corazón de Relena se detiene un segundo y vuelven sus nervios. Mientras hacen fila, ve con inseguridad hasta a los niños.

Con Heero nunca se sabe.

—Deja de preocuparte. — Helia le aprieta la mano suavemente. — Vas a llamar la atención.

—Pero… si fallamos…

—Para. — Se acerca a su oído para poder susurrarle. — Eres Relena, la mujer más fuerte que haya existido. Has sido una Reina y has enfrentado a la muerte con tus ojos de gacela. — Le vuelve a apretar la mano. — Si conseguiste la paz, escapar de tu hermano y novio protector será un juego de niños.

Sus palabras fueron un sedante para ella. Tiene razón, ella no es de titubear ni de tener miedo. Sus miedos desaparecen.

—Gracias Helia… y ya te he dicho que Heero no es mi novio.

—No lo creo por cómo te mira.

Por fin se han subido a la nave.

Mirando las estrellas, Relena se deja vencer por el cansancio y se duerme.


Presente.

La señora Darlian le envió a Milliardo todas las fotos y videos que tiene de Relena en cajas, tal como él le pidió.

Para averiguar a Raven.

—¡Aquí! — Duo tenía en sus manos un álbum donde hay fotos de Relena en su época de guardería. — El primer amigo de Relena.

Enseña la fotografía. En frente de una limosina hay una Relena niña y Raven de niño a su lado. Raven obligaba a la niña en alzar su mano para hacer la V de la victoria ya que le daba vergüenza. Las fotos siguieron en cualquier cosa cotidiana de unos pequeños hasta la graduación para ir a primaria.

En la última foto salen los dos pequeños con los padres de Relena y una mujer pelirroja que, si el hombre del circo no se equivocaba, es la hermana mayor de Raven.

—Leticia Peacemillion. — Lee Wufei la caligrafía de Mareen Darlian.

—Ya hemos encontrado información de la familia. — Quatre enseña el portátil. — La familia se fue al espacio hace más de diez años y no se han vuelto a ver. No hay nada de ellos, ni siquiera alguna propiedad.

—¿Y dónde vivían antes? — Quiere saber Heero.

—Bueno, en una propiedad cerca de la casa de los Darlian. Sigue vacía y a nombre de Leticia y Raven Peacemillion.

—Deberíamos ir a dar una vuelta por ahí. — Sugiere Trowa.

No se oye ninguna objeción.

Duo seguía mirando fotos pero si prestaba atención. Entonces encuentra algunas que llama le provoca silbar.

—Entonces el tal Raven es el del rumor.

Como no lo entendían, Duo les enseña lo que encontró: unas fotos personales de Relena que sonríe acompañada de un pelinegro que lleva gafas y los dos tienen un dedo en los labios como si compartieran un secreto y otros en que posaban frente algún monumento o paisaje. Todas tenían escrito lo mismo: Relena y Raven de vacaciones.

Recuerdan bien el escándalo hace tres años: la ex viceministra se había tomado dos meses de descanso (algo sorprendente si era conocida por no tomarse ni un minuto de reposo). Estuvo tres semanas sin dar una señal de vida y luego un fotógrafo la capturo comiendo helado y acompañada de un misterioso chico que lleva gafas, por lo que sólo se sabe el color de su pelo: negro. Caminaban despreocupados por la ciudad y ponían atención a lo que le enseñaba el celular del chico. La gente estuvo loca de felicidad, creyendo que la princesa Peacecraft iba a contraer matrimonio y por eso se había ausentado. Claro que Relena lo desmintió y se negó a seguir hablando del asunto, alegando que su vida privada no le concierne a la prensa, ni a la farándula ni al público.

—Ni a Heero le dijo quien era. — Se burla de piloto de la trenza.

El susodicho no le presta atención como de costumbre. Él recuerda también aquel suceso y nadie sabe que él fue a verla en la noche, encontrándola sola y escuchando las viejas canciones de su padre mientras ve el cielo estrellado en su balcón, acurrucada y cubierta con una manta. Cuando él le dijo lo de la prensa, ella se rió y luego hace un comentario de lo divertido que fue la prensa por tal locura. Ella le aseguró que no tiene planes de casarse y que solo paseaba con un amigo que no veía desde hace mucho. Y entonces Heero le preguntó por su nombre, con la clara intensión de investigar sobre él, a lo que Relena, sonriendo, le responde:

No te preocupes Heero, es un cuervo inofensivo.

—Debo irme. — Anuncia Trowa de golpe. — Catherine anda en la ciudad con el circo.

—Salúdamela. — Pide Quatre.


Catherine lleva cargando un balde llena de carne para los leones cuando ve a Trowa esperándola.

—¡Trowa! — Deja el balde en el suelo y da un salto para abrazarlo ahora que es más alto que ella. — Que bueno que has venido.

—También me alegra verte Catherine pero no creo que los leones les guste que yo sea la causa de no tener su comida.

—Lo dudo con la nueva domadora. Ella los tiene hechizados.

Eso intriga al soldado y frunce el ceño. ¿El circo tiene un integrante nuevo? Y si se encarga de los leones, debe ser buena.

—Ven, te la voy a presentar.

Trowa carga ahora la comida y ambos emprenden camino a la carpa de los animales.

Cada vez más cerca, el soldado reconoce lo que parece ser una risa… algo raro cuando hay leones involucrados.

Ya dentro, lo primero que ve es un ángel jugar con leones. No es que sea la mujer más hermosa del mundo, su belleza es de promedio normal con su cabello chocolate y ojos verdes. Quizás es su sonrisa enorme y sincera, divertida de un intento fallido de un cachorro para molestar a su hermano. Un león está tendido frente a ella y parece más un gato domesticado al exigir sus caricias.

—¡Lucy, te presento a Trowa! — Saluda Catherine, llamando su atención. — Y te trajimos la comida.

La domadora, Lucy, presta al fin atención en ellos. Los animales se agrupan cerca de las rejas al reconocer el olor de la carne y de Trowa.

—¿El famoso Trowa? — Se pone de pie y se acerca a la puerta de la celda para salir. — Es un placer conocerte. No paran de ti los cérquense.

Se estrechan la mano y de nuevo Trowa se queda mirando su sonrisa.

—Veo que eres buena con los animales.

—Desde pequeña he mantenido una buena relación con ellos. Creo que es por haberme criado con África.

Toma sin problema el balde e ingresa con los felinos, quienes la rodean con urgencia y para asombro del soldado teniendo cuidado de no molestarla.

—¿Te quedaras para la función de esta noche? — Catherine recupera la atención de su hermano, bastante divertida de su comportamiento silencioso hacía la nueva.

Él no responde de inmediato. Concentrado en Lucy, ella había sacado un filete crudo y bastó para que los felinos enormes se pongan en fila. Ellos saben que con buena conducta, la joven los recompensa.

—Claro. — Dice al fin.

—¡Estupendo!

—Genial. —Lucy sonríe. — Porque tengo muchas ganas de conocer al famoso Trowa.

—No tengo nada de interesante.

—Eso crees tú.


Pandora celebro el triunfo de haber encontrado a Wing Zero y Helia. Al parecer ya encontraron el cuarto Divine Suit.

—El terreno de Treize. — Se levanta de su asiento. — Afrodita, ya aparecieron.

La mujer se deja aparecer de una puerta cubierta por una bata. Al parecer viene terminando su baño diario. Una sonrisa malvada ilumina sus seductores labios. Al fin.

—Pues que el plan comience.

—Se van a meter en problemas.

Las dos mujeres miran la puerta, preocupadas de haber sido descubiertas. Pero sienten alivio al comprobar que es sólo Edward.

—No nos asustes niño. — Replica Pandora.

—¡No soy un niño! — En realidad, sí lo es. Tiene ochos años, con el cabello rojo, liso y bien cortado que parece todo un estudiante de primaria, y los ojos verdes esmeraldas. Viste unos pantalones color limón y una camisa color miel. — Y ustedes dos ancianas se van a meter en problemas si el Jefe se entera de esto.

—No lo va a saber porque no le dirás nada. — Afrodita le agarra su oreja. —Escúchame mocoso, esto lo hacemos por él. Si matamos a Relena pronto, nuestro señor conquistara la Tierra y las Colonias sin obstáculos en el camino… ¡Así que no lo arruines!

Es obvio que miente y no lo hace por el Jefe, sino por ella misma. No llega todavía a la pre adolescencia y ya es consciente que sólo quiere crear una excusa para cumplir un capricho. Afrodita odia a Relena por llamar la atención del único hombre que se escapa del encanto de ésta y no le importará usar a Pandora y a su Señor con tal de no sufrir las consecuencias si cumplía su oscuro deseo.

—Ahora ve a jugar por ahí y deja de meterte en cosas de adultos. — Le ordena Pandora.

—Vete mocoso. — Le da un empujón.

Edwards sale refunfuñando maldiciones no aptas para su edad. Es lo que pasa al estar rodeado de adultos malos.

—¡Soy un piloto de Divine Suit Oscuro! ¡No merezco tal trato!

Es injusto, ha conseguido algo asombroso pero igual lo tratan como si tuviera pañales.

Eres asombroso Edwards.

Detiene sus pasos. La sonrisa de Relena aparece en su memoria. Ella nunca lo ha subestimado a pesar que a veces lo cuidaba como otro niño más.

Esas tontas celosas atacan sin pensar. Pero… ¿Qué debe hacer? Es obvio que como parte del bando contrario, no debe decir nada y apoyarlas en la matanza, independiente de que ellas no lo hacen por la causa. Es mejor para ellos que Relena muera rápido. Aunque en realidad por dentro cree que debe ir a advertirle.

—¿Qué te ocurre Ed?

El mencionado alza la vista, encontrando a un hombre alto, ya alrededor de los treinta, hombros anchos y con el torso y brazos musculosos a causa de su entrenamiento físico y mano de obra desde su infancia. El cabello azul oscuro lo tenía corto y alborotado, ojos igual de verdes como Edwards pero de un tono lima, y su piel curtida estaba perdiendo bronceado de tantos años al ya no estar en el clima cálido de Aguamarina. Vestía unos jeans, una remera negra y encima una chaqueta de cuero del mismo color.

—Chiba-sensei.

—¿Hay algo que pueda hacer para quitarte esa cara de preocupación?

—Yo… sé que hay un plan no oficial para acabar con Relena. Y a pesar que mi sentido común dice que hay que permitirlo… quiero a Relena.

Chiba, como villano, debería enojarse o burlarse de su comentario. Pero no. Se arrodilla para estar a su nivel y apoya las manos en sus pequeños hombros.

—Haz lo que creas que creas correcto. — Le da unas palmaditas en una mejilla. — Todos estamos aquí por elección propia, Ed. El mundo está lleno de elecciones. Y te prometo que nuestro señor no se va a enojar por lo que hagas.

Edwards da las gracias en su mente por tener a Chiba en aquel bando.


—Me encantan las palomitas.

—Te gusta todo lo que se pueda comer, Duo.

—No seas mala Hilde.

Como Trowa va a participar en el circo, los demás lo usaron de excusa para tener unas horas de descanso. Aunque tuvieron que llevar a Wufei y Heero a las rastras al ser unos trabajólicos.

—No me esperaba que esta gaseosa estuviera tan buena. — Comenta Dorothy moviendo su vaso plástico.

—Qué bueno que cumpla tus expectativas de princesa.

—No de princesa Duo… de multimillonaria mundial.

Las luces se apagaron para avisar el comienzo del siguiente show. Un foco se iluminó en el centro para revelar al maestro de ceremonias inclinado para recibir los aplausos.

—Denle la bienvenida a nuestra domadora de leones: Lucy, la reina de los leones.

Los plausos se oyen mientras el foco se mueve para iluminar una de las entradas de la carpa, donde sale un león albino, que caminaba hacía el escenario con la mencionada reina sentada al estilo inglés sobre él. No llevaba el clásico traje de un domador, sólo le bastó un vestido de ballet color verde claro y medias blancas. Está descalza. Detrás de ellos caminaban otros dos leones más.

Apenas quedaron en el centro del escenario, el león albino se inclina para que Lucy pueda bajarse sin complicaciones, contempla el público y hace una inclinación.

—Es un placer estar aquí y darles una noche maravillosa. — Saluda con una emoción que contagia a los demás. — Por favor, tengan fe en mis amigos felino y en mí. Están a salvo.

No entendieron el verdadero significado de sus palabras hasta que Lucy truena los dedos y de todas las entradas de las gradas salen tigres rugiendo.

La gente no tarda en entrar en pánico pero no se atreve a moverse. Uno olfateo a Heero al estar cerca pero éste no se mueve, sólo se lo queda mirando como si dijera "¿Has terminado?". Lucy vuelve a pedirles que deben confiar en ella porque no les hará daño.

—¡Cachorros, stop!

Para asombro de todos, los animales obedecen como si jugaran al congelado. Hay personas que querían irse pero hay animales obstruyendo la salida.

—Hace mucho tiempo, una leona le dio a un león albino una hija humana que salió de su cuerpo. — Lucy empieza a narrar una historia que de alguna manera llama la atención de todos sin esfuerzo. — Aquella niña ha conseguido el don de hablar tanto con los humanos como animales que le dieron el deber de proteger el bosque del hombre. Todo era felicidad hasta que llegaron las panteras que querían usurpar el trono a los leones.

Detrás de ella se lanzaron una jauría de cinco panteras que rodearon a Lucy en forma amenazante. La domadora, metiéndose en el personaje, refleja un actuado miedo. Los leones fueron a ayudarla pero las panteras, que eran las mismas que rodeaban al público, les obstruían el paso y atacaron.

Una pantera va lentamente en dirección a Lucy e iba a lanzarse pero, de alguna forma, un león logro pasar la barrera enemiga y se enfrenta al enemigo con un ataque fingido en el rostro pero que igual consiguió apartarlo. Lucy siente una satisfacción que el entrenamiento de actuación para los animales por fin haya tenido éxito.

El león siguió peleando valientemente contra las panteras hasta que uno consigue derrumbarlo. Lucy corre a abrazarlo con lágrimas de verdad a pesar que todo es actuado. Los demás leones, contagiados del valor de su colega, se lanzaron también al ataque, obligando a las panteras huir por fin.

Las luces se apagaron y después un foco ilumina a Lucy y a… ¿Un humano? Los pilotos y las chicas reconocieron a Trowa. Iba descalzo, con el pecho descubierto y unos pescadores de color café claro. Miraba a Lucy con ojos perdidos y aliviados.

—La Selva recompensó el valor del león convirtiéndolo en humano al descubrir su "amor" por la Protectora. — La voz de Catherine se oye por los parlantes. — Y juntos protegieron la selva de los hombres y enemigos de los leones.

El público aplaude mientras la oscuridad regresa.

—Muchas gracias Trowa por ayudar. — Comenta Lucy apenas quedaron tras bambalinas.

—No tienes que darlas. El chico enfermó y no había nadie más que ocupara su lugar.

—Pero me siento culpable ya que Catherine prácticamente te arrastró.

—Ya dije que no hay problema, no le des más drama. — Insiste mientras se quita el maquillaje para prepararse al siguiente espectáculo que tiene con su hermana.

No le esperaba que Lucy le sonriera como Catherine tiempo atrás, acostumbrado a que la gente fuera de su "zona social" se enoje con su tono seco.

—Eres tal como dijo Catherine. — Explica mientras se pone un abrigo.

—¿Qué te dijo?

—Es un secreto… pero igual, gracias.


Catherine deja una bandeja con comida y botellas individuales con alcohol para Trowa y sus amigos. Se marcha pidiendo que tomen con moderación.

—¿Para qué nos deja cerveza entonces en primer lugar? — Se queja Wufei frunciendo el ceño.

—No preguntes, sólo gózalo. — Le aconseja Duo alcanzo su botella.

—¿Han encontrado algo importante luego de haberme ido esta tarde? — Pregunta Trowa.

Hilde saca de su mochila un computador portátil, busca un video y lo enseña a los demás.

—Encontramos un VHS en la mansión y tenía esto.

El video les muestra sólo árboles y arbustos, el camarógrafo caminaba despreocupado, se le notaba a pesar de no verse por la forma en cómo se mueve tan despacio. Luego de un minuto se acaban los árboles para enseñar un enorme prado, que resplandecía en diversos colores gracias a las flores. Se ve a Relena de rodillas, colocando atención a las enseñanzas de un adulto que es nada menos el mismo que superviso la pelea de la ex política y Pandora en la visión que vieron en el circo.

—Y entonces… — El hombre se interrumpe al captar la cámara. — ¿Se le ofrece algo Raven-sama?

—Actúen como si no estuviera.

—Eso es algo difícil con lo molesto que estás siendo.

—Eso me dolió Relena. — Ella lo mira alzando una ceja, la misma expresión que hace con Heero cuando no cree las palabras directas y poco hirientes que hace. — Solo quiero grabar este momento: al fin vas a usar tu cetro por primera vez.

—¿Acaso grabaron el tuyo?

—Leticia tenía prácticamente la lente pegada en mi cara de la emoción. — Relena no puede contener la risa. — Cuidado Relena, si sigues maravillándote de mi sentido del humor, te vas a enamorar de mí y lo último que necesito es a tu novio Heero apuntándome con una escopeta entre las cejas.

—Heero no es mi novio… ni haría eso.

—Si lo haría. — Aseguraron Duo y Dorothy sin contenerse.

— ¿Podemos continuar con la clase o continuaran con el drama de amor?

—Claro Chiba-sensei… lamento la interrupción. — Se escucha a Raven dando unos pasos atrás para mantener la cámara lejos. — ¡Acción!

Relena se saca una pulsera de la muñeca. No la pueden ver bien pero saben que no es parte de su joyería personal en ninguna de sus tres hogares. Escuchan al tal Chiba recordarle sobre mantener la concentración mientras ella cerraba los ojos y respirada hondo. Hubo exactamente cinco minutos de silencio absoluto y sin cambio hasta que notaron a Relena fruncir el ceño y luego, la pulsera que está en su mano, empieza a brillar…

Y el video se corta allí.

—Es obvio que este video lo dejaron allí a propósito. — Dice Hilde lo que ya todos pensaban.

—¿Será acaso el tal Raven quien lo hizo? — Se cuestiona Trowa.

—Hasta ahora es nuestro principal sospechoso. — Dictamina Heero sin dudar, pensando en esa carta que encontró en el departamento del hombre. — Ya le di el aviso a Une que ponga su cara en todos los noticieros, aeropuertos y estaciones espaciales con el fin de encontrarlo.

—¿Tan pronto? — Quatre lo mira extrañado.

—Ya no vamos a seguir perdiendo el tiempo.

—Pues ahora mismo lo están haciendo.

Fue una voz infantil quien les habló. El niño se encuentra sentado al lado de Quatre y estaba más curioso en conocer el olor de la cerveza que en contemplar sus caras de asombro. Tenía aspecto de no pasar los diez años, su cabello rojo estaba protegido por una gorra y se cuidaba del frío con un abrigo gris que le llegaba a los tobillos. El piloto rubio, al tenerlo más cerca, capta una fea cicatriz en la palma izquierda al verlo agarrar la botella de cerveza para acercárselo en la nariz.

—¿Quién eres? — Dorothy se cruza de brazos pero Hilde, al tenerla cerca, capta que tiene su arma lista.

—Pueden llamarme Ed. — Hace una mueca. No le gustó para nada el olor. — Soy piloto como ustedes… ¿De verdad se toman esta cosa?

—Los niños no deben tomar. — Quatre le quita la lata.

—Soy un piloto. — Reprocha malhumorado, fijándose en Heero al saber que es el "hombre de Relena". Pensar en eso le da más rabia y mira al piloto con odio inocente infantil. — De verdad no sé que mira en ti. — Piensa.

—¿Lo tomamos preso? — Pregunta Duo a Wufei.

—Sí.

—¡Maleducados! ¡Y eso que vine a darles una mano!

—¿En qué exactamente? — Cuestiona Trowa de brazos cruzados.

—Relena está en estos momentos con Mariemaia Khushrenada.

Los oyentes se sorprenden, de seguro eso es lo último que se esperaban oír de un niño: un paradero definitivo. Es ahora o nunca para Heero. Ir, encontrarla y no dejarla ir de nuevo… pero, ¿Es información confiable?

—Te presentas de la nada y aseguras conocer el paradero de Relena. — Heero se cruza de brazos y lo mira como si fuera a matarlo en cualquier momento… niño o no. — ¿Por qué deberíamos confiar en tu palabra?

—Eso no me interesa en realidad… estás desesperado por encontrarla, ¿O no? — Sonríe con una arrogancia que hace a Quatre pensar que si Duo y Hilde tuvieran un hijo, sería ese niño. — Es ahora o nunca piloto con ojos de ogro.

El celular de Wufei suena mientras Duo y Dorothy se ríen del apodo.

—Es Une. — Wufei cuelga mirando a Edwards. — El mocoso tenía razón.

—Que les vaya bien en el viaje… ¡Ah! Y lleven a Lucy con ustedes, después de todo, ha salido de Aguamarina para el reencuentro.


Mariemaia había oído el ruido de romperse algo al caer. Con pistola en mano fue al estudio de Treize en donde acostumbraba trabajar.

—¡Alto ahí!

Su alma apunta una figura femenina que se cubre la cara con un casco, por lo que solo le nota su pelo largo y rojo para identificarla. Aquella mujer, en silencio, levanta las manos en señal de no buscar problemas. Mariemaia nota que tiene algo pequeño y negro en la mano izquierda que lo mantiene sostenido con dos dedos.

—¿Eres la Wing Zero que escuche de Une?

—Sí, Mariemaia.

—¿Qué haces en mi casa?

—Honestamente no sabía que habitaran la mansión de Treize tras su muerte, pero debí imaginarme que su hija lo haría algún día… — Sus labios descubiertos emiten una sonrisa. — Me alegra verte.

—¡Cállate! Aunque no lo creas, he recibido entrenamiento militar, así que conozco todos los trucos.

—Eso ya lo sé de primera mano, no te preocupes.

—¿De qué hablas? Deja de manipularme para tomarme con la guardia baja que no te funcionara… aun no respondes, ¿Qué haces en mi casa?

—Los ancestros de Treize guardaron aquí una cosa muy importante años atrás… y vine a recuperarlo, lo necesito para la paz… ahora que ya lo tengo, me puedo ir.

—En otras palabras, eres una ladrona. — Dispara cerca de su rostro y la ventana detrás de Wing Zero explota. Esperaba con eso asustarla pero para su asombro, la mujer no ha movido ni un músculo y el casco oculta cualquier oportunidad de leer su rostro. — Eso fue una advertencia: Entrégame lo que robaste y seré amable con tu condena.

—Mariemaia, no hay…

—¡Te dije que no juegues conmigo! Haz lo que te digo o el próximo atravesara tu cuello. — Amenaza sin titubear.

Wing Zero no se mueve los segundos que pasan luego. Quizás piensa en que debería rendirse y aprovechar la amabilidad que le ofrecen o terminar muerta… pero no. Ella sólo suspira de agotamiento y…

¡La pistola se le escapa de las manos!

Asombrada contempla a su arma flotar en el aire, volando tranquilamente a las manos de la ladrona, quien sólo le quita las balas y las lanza por la ventana.

—Lo siento Mariemaia, pero…

Se escucha una explosión.

La mujer y la adolescente miran por la ventana como se desliza igual que una serpiente una cortina de humo en el territorio más alejado del bosque que rodea la mansión.

—Oh no… — Se le escapa a Wing Zero. — ¡Helia! — Se oye aterrada en su grito.

Pero ese momento es la oportunidad de Mariemaia. Se lanza sobre ella, quedando las dos en el suelo, ella sobre Wing Zero, y empieza a pelear contra ella con el fin de quitarle el casco y así darle más fácil un golpe que la deje inconsciente y luego llamaría a Une para que se la lleven a prisión. Se escucha otra explosión pero no debe preocuparse de eso ahora, debe acabar con la intrusa antes que le haga lo mismo que a su pistola.

—¡Detente Mariemaia!

—¡Ni lo pienses, voy a detenerte!

Al fin consigue arrancarle el casco.

Y se encuentra con ríos de pelo castaño que reemplaza al rojo.

Y ojos azules que la miraban con preocupación.

R-¿Relena?

No le responde, en vez de eso, se la quita de encima, se pone de pie y agarra la cosa negra y pequeña que se le había caído tras el ataque sorpresa de la adolescente.

—Mariemaia, tengo que irme, mi amigo está en peligro. — La apunta con el dedo. — No salgas de la casa que será peligroso. Enciérrate en tu cuarto y llama a Une.

—¿Dónde has estado todo este tiempo? — Señala el casco que recoge Relena. — ¿Y por qué has decidido copiar el look de tu hermano?

—Tendremos esa conversación después… ojala cuando está guerra acabe.

Y se lanza por la ventana.

Mariemaia, saliendo del asombro, corre a la ventana sin creerse lo que hizo Relena. ¡Están a siete metros lejos del suelo! Pero ahí está, de una pieza y corriendo por el bosque, directamente al lugar de las explosiones mientras se vuelve a poner el casco y, por acto de magia, su largo pelo castaño se corta un poco y cambia a rojo.

Tiene que llamar a Une ya.