Capítulo 10: Fin de la partida.
Por fin…
Ah… Por fin…
Por fin algo estaba a mi favor. Ahora que Iván está fuera del juego ganar esta "partida" será muy sencillo. Lo único que tengo que hacer es encontrar a Perla, hablar con ella y solucionar todo este embrollo, no suena muy difícil.
"Levántate y empieza a buscarla" – me dice Stark telepáticamente.
"Alguien debe cuidar a Jill" – le dije – "Recuerda que ha sufrido daños mentales, no podemos dejarla sola, probablemente intente matarse con algo"
"Pues yo veo que está muy dormida, no despertará en un largo rato" – me contesta – "Además, su hija está a su lado, ella la cuidará"
"Jill ni siquiera recuerda que Laura es su hija, Stark" – comenté.
La puerta de la clínica se abre y entra Tulio con unas bandejas con frutas.
"Buenos días" – me saluda, y yo le devuelvo un graznido – "Te estás recuperando rápidamente, en unos días ya estarás como nuevo"
¿Unos días? No puedo esperar unos días, debo encontrar a Perla lo más rápido posible. Inmediatamente me quejo.
"Sé que quieres buscar a Perla, pero no puedes salir en este estado" – me dice – "Tendrás que esperar unos días"
Vuelvo a quejarme.
"Y para asegurarme de que no puedas escapar, te tendré que encadenar" – agrega, sacando una pequeña cadena del bolsillo de su bata blanca.
"Es hora de hacer algo al respecto" – me dice Stark.
El doctor acerca su mano para encadenarme, y lo muerdo con fuerza.
"¡Ay, ay, ay, suéltame!"
Intenta apartarme, pero yo apreté mi pico aún más.
"¡De acuerdo, puedes salir!" – exclamó, y lo solté inmediatamente. Creo que le he provocado daño, porque corre a vendarse los dedos que le he mordido.
Me levanto, abro la ventana y salgo volando hacia el norte.
En diez minutos aterrizo a la orilla del lago, hay pocas aves por ser de madrugada. Por alguna razón no dejan de mirarme, y probablemente sea porque tengo vendado una gran parte de mi cuerpo, pero eso no me impide volar con cuidado.
"Si yo fuera Perla, ¿dónde estaría?" – me pregunté – "En el club no podría estar, por su embarazo, tampoco estaría de paseo"
Ahí me doy cuenta de la situación, Perla debe de estar en su nido preparándose para dar a luz el huevo. Ya debe de faltar poco para que el momento llegue.
Inmediatamente salgo volando hacia nuestro antiguo nido. No me importaba el dolor provocado por mis heridas, no me importaba cuanta sangre pierda volando a esta velocidad, lo único que quiero es ver a Perla sonriendo como antes.
En cinco minutos aterricé con fuerza en la entrada de la madriguera, no hay nadie, y está un poco más desordenada que la última vez que visité este lugar.
"¿Perla?" – la llamé, esperando alguna respuesta, pero no pasó nada.
Reviso cuidadosamente cada rincón del interior de la madriguera, esperando encontrar algo, pero no, no encuentro nada.
Me asomó a la entrada para mirar hacia afuera, y entonces veo que abajo hay un rastro rojo, quizás sea sangre.
Me bajo de un salto y sigo el rastro. Cada vez es más grande, y entonces encuentro una espina muy ensangrentada. La agarro y la miro un poco, luego avanzo un poco y me encuentro con mi objetivo, es Perla, pero no la encontré como yo deseaba, ya que está sobre un enorme charco rojo y tiene un largo corte en la sección del vientre. ¿Ha intentado suicidarse o qué?
"¡Perla!" – le grito, y me arrodillo junto a ella, empapándome con su sangre – "¿Qué te hiciste?"
"No podía aceptar tener un hijo con ese bastardo" – me contesta – "Así que hice lo correcto"
"¿QUÉ?" – casi me doy un infarto, pero pude contenerme – "¿Qué le has hecho al huevo?"
Me pongo a pensar un poco. Mi teoría es que Perla intentó algo llamado "aborto". Pero el tema es, ¿cómo se enteró que podía hacer eso?
"No he podido sacármelo" – me contesta, y me siento aliviado – "Quería arrojarlo al agua cuando salga de mi vientre"
"Perla, no es mi intención ofenderte, pero… ¿has enloquecido?"
Cuando está por contestarme, deja escapar un chillido de dolor y empieza a llorar. Sí, el momento ha llegado.
"Perla, escúchame, tú no te merecías nada de esto, te merecías lo mejor del mundo, el bebé no tiene la culpa de lo que ha hecho Iván, no tienes que culpar al bebé, ¿entiendes?"
"El bebé es de Iván, no quiero nada que me haga recordar a él" – me contesta, y luego chilla de nuevo.
Veo como empieza a apretar sus garras y sus alas contra la tierra, y empieza a llorar aún más.
"Te ayudaré, ¿vale?"
Ella simplemente asiente con la cabeza.
"Veamos…" – murmuré, situándome frente a sus piernas y abriéndolas un poco para encontrarme con un manantial de sangre – "Oh… Dios…" – me permito decir que casi vomito, la herida es mucho peor de lo que pensé. Probablemente se ha desangrado lo suficiente como para fallecer después de que el huevo salga.
"Blu, te amo" – dice ella, y entonces empieza a pujar.
"¿Me has dicho Blu?" – le pregunto, y no me lo puedo creer – "¿Ya me crees?"
"Algo en mi interior me dice que eres tú" – me contesta, y hace fuerza otra vez.
No tengo que perder la concentración, así que me centró en el medio de sus piernas. Su carne se abre lentamente, y es ahí cuando lo veo.
"¡Perla, ya casi terminas, tienes que hacer fuerza una última vez!" – exclamé, y entonces Perla grita de dolor, y el huevo cae en mis alas – "¡Listo!"
Ella está respirando agitadamente.
"Ahora tengo que llevarte con Tulio"
"No, Blu, déjame aquí y llévate al huevo a un lugar seguro"
"Ni creas que te abandonaré aquí para mueras desangrada" – contesté, y dejé el huevo en el suelo, cubriéndolo de hojas para mantenerlo caliente y que nadie lo encuentre.
Levanto a Perla y me la llevo al centro de conservación ambiental.
"Blu… por favor date prisa…" – murmuró ella. Ni me imagino el dolor que estaba sufriendo, sin duda este es uno de los peores momentos de mi vida. Dolor, sangre, tristeza y preocupación. ¿Qué podría ser peor?
El dolor de la herida del corte que se hizo para intentar extraerse el huevo y el dolor del parto debe de estar matándola.
Aterricé en la puerta, toqué el timbre pero no aparecía nadie, así que rompí una ventana de un piedrazo y volé hacia adentro con una agonizante Perla en mis alas.
Tulio bajó corriendo por las escaleras. Tenía la mano vendada por la poderosa mordida de hace rato.
Le entregué a Perla y él salió corriendo a la clínica.
(PONER RAYA LARGA).
Pasó un largo rato, quizás una o dos horas, y la puerta de la clínica seguía cerrada. Desde adentro se escuchaban voces y objetos moviéndose.
Una chispa en mi mente me hizo acordar del huevo que se quedó en medio de la selva. Inmediatamente voy a buscarlo.
"¡Por favor, que siga ahí!" – exclamé, y en diez minutos aterricé en el pasto. El charco de sangre de Perla ya estaba seco y ahora sólo era una gran mancha roja. Busco entre las hojas y encuentro el huevo. Está algo frío.
Lo llevo de regreso al centro de conservación ambiental.
Cuando llego veo que Tulio está hablando con Linda, Fernando y Alan.
"Se ha desangrado mucho, pero creo que vivirá" – les dijo – "¡Ah, hola Blu! ¿Qué tienes ahí?"
Les muestro el huevo, y todos aplauden.
"¡Que maravillosa sorpresa!" – exclamó Linda, tomando el huevo y acariciándolo con cuidado – "¡Nuestra familia se agrandará de nuevo!" – agrega, y todos reímos.
Tulio me deja entrar a la sala de pacientes críticos, todas las camillas estaban vacías, excepto por una, en la que estaba una dormida Perla con un respirador artificial y varios aparatos conectados a ella.
"Aquí tienes tu huevo, Perla" – le susurro, acomodando el huevo en la camilla junto a ella y cubriendo a madre e hijo con una manta – "Nuestro pequeño…"
En ese instante mi cuerpo empieza a brillar, y el espíritu de Stark se separa de mí.
"Hasta siempre… capitán Blu…" – susurró él, mientras su espíritu se elevaba hacia el cielo.
"Hasta siempre, Stark, gracias por tu ayuda"
Al cabo de un rato Perla abrió sus ojos.
"Hola" – susurra, y luego hace una mueca de dolor.
"¿Cómo te sientes?" – le pregunto, y la respuesta era obvia, los calmantes que Tulio le ha administrado han reducido un poco su dolor, pero no todo.
"Creo que bien" – me contesta, aunque no segura del todo – "¿Qué es esto?" – preguntó, observando un bulto debajo de su manta.
"Míralo" – le digo, y ella mueve la manta para revelar el huevo.
"Es bastante grande, seguramente será fuerte como tú" – opina, y ambos sonreímos.
La puerta se abre y entra Tulio.
"Revisaré tus signos vitales un momento" – dice, y hace unos controles rutinarios a los aparatos – "Al parecer todo está bien"
Perla sonríe y recuesta su cabeza en la pequeña almohada.
"Pondré tu huevo en una incubadora" – dice, y acerca la mano al huevo, pero Perla lo aparta – "¿Qué pasa?"
Era fácil deducir lo que pasaba, ya que Perla abrazó el huevo. No quería que se lo llevaran a ninguna parte.
"De acuerdo, se quedará contigo" – dijo el doctor, y luego se marchó.
Pasaron varios días hasta que Perla volvió a volar de nuevo.
Nos llevamos al huevo a nuestro antiguo nido y nos volvimos a instalar.
Era un sábado cuando toda nuestra familia y amigos se reunieron en nuestro árbol para ver el nacimiento de un nuevo polluelo. El huevo comenzó a moverse, y todos aplaudimos cuando se rompió. Era un macho, cuyo nombre fue Eduardo.
Sofía se deprimió un poco. Ya eran tres machos y sólo una hembra, le gustaría tener una hermana con quien compartir sus más íntimos secretos.
Lisandro y Karen estaban muy cercanos a ser padres también, ya que planeaban aparearse definitivamente en unos días.
Pablo y Sofía estaban muy cercanos a empezar una relación amorosa.
Dos días después del nacimiento de Eduardo se rompieron los dos huevos de Chen y María, desde donde surgieron un macho y una hembra. El macho recibió el nombre de Adriel, y la hembra se llamó Inés.
Jill recibió un tratamiento para reparar los daños mentales que ha sufrido.
Por fin todo volvió a la normalidad, y ambas familias de guacamayos azules vivieron muy felices con estas nuevas bendiciones.
Este es el final compañeros.
Hasta la próxima historia: "Lealtades y traiciones II".
