CAPÍTULO 10: LÁGRIMAS. TODA LA VERDAD ACERCA DE GIN
El teniente del sexto escuadrón corrió tan rápido como pudo, con Rukia entre sus brazos. Gracias a la ayuda de uno de los ryoka, de Ichigo, la habían salvado de la ejecución, pero todo parecía indicar que su capitán estaba planeando matarla de todos modos.
La abrazaba con fuerza, intentando protegerla con aquél abrazo. Ella se sentía muy resguardada, muy bien de encontrarse entre los brazos de su amigo de toda la vida y, también, de su eterno enamorado.
Comenzó a correr, intentando acercarse a la puerta de entrada del seireitei y partir hacia el rukongai, pero el capitán del noveno escuadrón frustró sus planes.
-Tousen taichou, ¿Qué es lo que hace aquí?-preguntó nervioso.
Apareció allí, impávido frente a ellos. Rukia notó como Renji se estremecía y retrocedía algunos pasos. Pudo notar como su corazón se aceleraba, así como también su respiración; que le costaba tragar y comenzó a sudar. ¿Qué ocurría?
Tousen extendió una enorme cinta blanca que –tal como había hecho con Aizen e Ichimaru- los rodeó cual remolino para transportarlos.
-¿Renji qué ocurre?-preguntó Rukia preocupada, aferrándose con más fuerza a su pecho, mientras el abrazo del teniente se hacía más fuerte y protector.
Fueron los tres transportados. Transportados al lugar del que Renji tanto quería huir.
-La cima del Soukyouku…-susurró temeroso.
-¡Bienvenido, Abarai kun!-lo saludó una voz a sus espaldas. Al voltear se encontró con Aizen e Ichimaru. Los ojos del pelirrojo se abrieron como platos, horrorizado. ¿Cómo era posible que Aizen se encontrase aún con vida? Cada músculo de su cuerpo se tensó-Deja a Rukia Kuchiki y vete-ordenó.
-Aizen taichou, Ichimaru… ¿Está vivo? ¿Cómo? Es decir… ¿Qué fue lo que dijo?-preguntó temeroso, sin soltar aquel agarre.
-Es extraño, se supone que debes escucharme. Baja a Rukia Kuchiki y vete-repitió.
Aquellos con rango de capitán, teniente o capitán sustituto del gotei 13, así como los ryoka, les habla la teniente del cuarto escuadrón, Kotetsu Isane. Esto es un mensaje de emergencia, de parte de la capitana del cuarto escuadrón, Unohana Retsu y yo. Todo lo que les voy a decir es verdad…
La voz de Isane retumbó en todo el seireitei. La central 46 había sido aniquilada. Aizen se había encargado de Hinamori. Aizen, Ichimaru y Tousen eran unos traidores.
Lentamente volvió a levantar la vista y se encontró con aquellos tres hombres.
-¿Qué?-repitió Aizen, esperando haber oído mal.
-Dije que me niego a hacerlo, Aizen taichou-sentenció Renji.
-Ya veo…-Gin, quien se había encontrado extrañamente tranquilo y serio hasta el momento, puso una de sus manos sobre el mango de la zanpakutou. Necesitaba derramar sangre, si no había podido ser la del maldito capitán del quinto escuadrón, o la de su "amada" Ran chan, sería la de otra persona-Tranquilo Gin…-le dijo Aizen pacientemente, él se quedó en su lugar mientras el castaño se acercaba-Es porque eres testarudo, Abarai kun. No hay nada que hacer. Si te niegas a simplemente bajar a Rukia Kuchiki e irte. Yo también trato de comprender tus sentimientos. Tal vez te aferres a Kuchiki san-dicho eso desenvainó su zanpakutou-Solo mantén tus brazos atrás.
Con un rápido movimiento de Kyouka suigetsu logró cortar el brazo de Renji, a pesar de que éste había tratado de alejarse rápidamente, no había sido suficiente. La sangre chorreó y salpicó toda la tierra.
-Renji…-susurró Rukia al borde de las lágrimas.
-Vaya, vaya…-El teniente del sexto escuadrón también había desenfundado su zanpakutou y, con todo el brazo lastimado a causa del reciente ataque, se encontraba, sin vacilar, amenazándolo-Te has vuelto bastante bueno para esquivar, ¿No, Abarai kun? Has mejorado. Me alegra. Sin embargo no quiero que esto se complique demasiado. Es difícil controlar mi fuerza para no aplastar a una hormiga cuando doy el paso.
Renji estaba agitado y no podía evitar que las piernas le temblasen a causa del dolor de sus anteriores heridas y las presentes, sin mencionar el horrible sentimiento de sentir que todo estaba perdido, sin importar lo que hiciera.
Aizen había vencido a Renji y al ryoka que había venido en su ayuda. Ambos, malheridos, estaban tirados en el suelo, sin siquiera poder mover un músculo a causa de las heridas que les había provocado el antiguo capitán –ahora traidor- sin siquiera mover un músculo, prácticamente.
Tenía tomada a Rukia por un pequeño collar que tenía puesto, decidido a matarla. Entonces alguien hizo su entrada triunfal.
-¡AIZEN!-Komamura, el capitán del séptimo escuadrón se hizo presente a sus espaldas, atacando con toda la fuerza de su zanpakutou, logrando que retumbase toda la soul society, levantando una enorme mata de polvo.
Cuando finalmente el polvo se disipó, se pudo ver al castaño deteniendo aquel ataque con su mano completamente desnuda.
-Tiene tiempo desde que vi tu rostro sin cubrir ¿Verdad? Me pregunto qué significa este cambio de actitud, Komamura kun-se burló.
-¿Por qué eres capaz de burlarte, Aizen? ¡Nunca te perdonaré que tramaras algo en contra de todos y traicionarnos! ¡A ti tampoco, Tousen!-rugió enfurecido.
Komamura estaba fuera de sus cabales, amenazó innumerables veces a Tousen y a Aizen, así como también lanzo incontables ataques, todos infructuosos. Finalmente, Aizen cansado de evadir tantos ataques, lanzó una pequeña bola negra que lo rodeó y cuando salió de esta, se encontraba ensangrentado, malherido.
-¡Qué aterrador!-bromeó Gin, quien había tomado a Rukia, también por aquel pequeño collar, una vez que había intentado huir, aprovechando el ataque de Komamura a Aizen-¿Cuándo te volviste capaz de hacer algo así?
-No. Fue una falla. Ni siquiera un tercio de su poder destructivo fue liberado-respondió dando media vuelta y acercándose a la pelinegra.
Notando que alguno de los presentes aún se movían, Gin incrementó su reiatsu a cantidades impensadas, abrumando a los presentes, haciendo que muchos de los ryokas desaparecieran.
Con tranquilidad Aizen comentó su plan. Como había masacrado a la central de los 46, cómo siempre uno de los tres había estado siempre presente en el lugar –aquello explicaba las constantes desapariciones de Gin- y qué planeaba hacer con el Hougyoku, aquel "cristal" maravilloso que le daría más poder del que cualquiera podía imaginar.
Haciendo uso de una extraña –y prohibida- técnica, Aizen decidió que ya era hora de extraer el hougyoku del cuerpo de Rukia Kuchiki. A su alrededor comenzaron a surgir gruesos troncos verdes que terminaban en punta, y su propia mano derecha se convirtió de aquel extraño material. Introdujo su mano en el pequeño pecho de Rukia y de éste sacó una especie de diamante, del tamaño de la palma de su mano.
Soltó a Rukia, ella cayó con violencia. Algo había salido mal, ya que aún se encontraba con vida. Pero eso poca importancia tenía ahora, ya aquel tan preciado cristal, se encontraba en sus manos.
-Mátala Gin-comentó embelesado por la belleza y poder del Hougyoku. El mencionado levantó los hombros, restándole importancia al hecho, una orden era una orden.
Mientras corrían hacia el lugar, Rangiku pudo notar aquel increíble aumento en el reiatsu de Gin. Algo verdaderamente extraño era por qué no había utilizado aquel reiatsu para luchar contra su capitán. De aquella manera, seguro le habría ganado.
También noto que la manera en la cual la había tratado anteriormente, cuando se encontraban solos, no había sido hostil; sino que era su comportamiento habitual: Embriagado por la pasión, él solía volverse muy violento.
Tampoco la había matado, teniendo la posibilidad de hacerlo. Jurando una y otra vez que prefería verla muerta a con otro hombre. Era cierto que Aizen le había dicho que se detuviese pero… ¿En realidad lo había hecho por eso? Un extraño sentimiento de culpa la invadió: Era probable que Gin si la hubiese querido de verdad, a su manera –una extraña y retorcida-, pero la había querido.
Poco a poco, los capitanes y tenientes –junto con los demás ryokas- comenzaron a aparecer. El primero fue el capitán Byakuya Kuchiki, quién había hecho su triunfal entrada salvando a su "hermana"; los segundos fueron Jidanbo y Fukaku Shiba, hermana del antiguo teniente del décimo tercer escuadrón.
Al caer Jidanbo, generó una enorme tormenta de polvo, separando a todos los presentes, dejándolos sin visión alguna –prácticamente-
A lo lejos, Rangiku lo vio: Sonriente y apacible, Gin Ichimaru se encontraba solo. Observando la escena. No lo dudó dos veces, y a pesar de los gritos de preocupación de su capitán corrió rápidamente y lo tomó por una mano, apoyando a Haineko en su blanco cuello, aquél que había besado un millar de veces.
-No te muevas-le ordenó la rubia. Gin frunció el entrecejo, pero no hizo el más mínimo movimiento.
-Lo siento Aizenta ichou-se disculpó al hombre que había sido "atrapado" por Yoruichi Shihoin y Soi Fong, antigua y actual capitana del segundo escuadrón-Me han capturado.
No tardó mucho tiempo más hasta la llegada de los capitanes del primero –Yamamoto soutaichou-, octavo y decimo tercer escuadrón, con sus respectivos tenientes –y los faltantes-. Cada vez eran más las personas en su contra.
-Ran chan…-susurró Gin al sentir su calor.
-Necesito respuestas, Gin-le suplicó.
-Pregunta, espero poder dártelas-aquella actitud tan condescendiente en él fue extraña. Hablaba casi en un susurro, evitando ser oído por Aizen, quien estaba muy ocupado con Yoruichi.
-¿Por qué no me mataste cuando tuviste la oportunidad? ¿Qué era lo que ibas a decirme? Y ¿Por qué nos traicionaste a todos?-tenía un millar más de preguntas, no sabía por dónde empezar, lanzó una catarata de estas, esperando que él se dignase a responder alguna, cosa que sería extraño en Gin.
-Odio verte con él, Ran chan. Odio el solo imaginar que mientras yo no estoy, él está rozando tu piel desnuda, recorriendo tu cuerpo con sus labios. La sola imagen me vuelve loco de ira. Lo que más quiero, es matar a Hitsugaya taichou, pero…
-¿Pero…?-preguntó impaciente al notar el inusual y extendido silencio del peliblanco.
-Pero te amo. Y no soportaría que me odiases por haber matado al hombre al que amas ahora. Por más que lo odie con todo mí ser, por más que quiera matarlo, no puedo hacerlo por ti. Yo ya te he hecho mucho daño con mis constantes desapariciones, mis malos tratos… Mereces que alguien te haga feliz, ya que yo no pude hacerlo.
Rangiku estaba boquiabierta, quería llorar. No podía creer que ella –en algún momento- hubiese creído cosas tan terribles de Gin.
-Quería decirte toda la verdad, quería que fueses hoy conmigo. Pero se ve que eso ya no es posible-comentó resignado-Por un momento pensé en llevarte a la fuerza, y de todas maneras matar a tu estúpido capitán, pero… no tuve el valor para hacerlo, no tuve el valor para hacerte infeliz una vez más…-se sinceró.
Aquél no podía ser Gin. Jamás –en todos los años que lo conocía, y eran muchos- se había sincerado de tal manera. Entonces lo comprendió, aquél sería su adiós.
-Por favor, necesito que me digas por qué te uniste a Aizen-suplicó-Tú no eres malo. Todavía puedes retractarte y quedarte aquí…
-Mi vida sin ti no tiene sentido. Tampoco tiene sentido mi estadía aquí…
-Por favor. Sé que no eres malo, no lo hagas…-le dolía perder a su gran amigo de la vida y antiguo amor. Las cosas entre ellos habían cambiado, pero no quería que por ello se fuese, y quedase como un traidor frente a todos.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de la rubia, Gin –aunque no podía mirarla- pareció presentirlo.
-No llores por favor, Ran chan. Se feliz.
Ni bien terminó de decir aquella frase, un enorme rayo de energía color amarillo bajó del cielo. Este cielo, lentamente, comenzó a abrirse, y de él brotaron un par de manos, pertenecientes a un menos grande, que instantáneamente se multiplicaron hasta llegar al centenar de menos grande.
-¿Un Gillian?-gritó asustado Omaeda-¿Cuántos de ellos hay?
-¡No!-Hisagi, quien se encontraba sosteniendo el filo de su zanpakutou sobre el cuello de su antiguo capitán, estaba horrorizado. Jamás había visto aquella cantidad de Gillians-¡Hay algo detrás de ellos!
En el vórtice que habían abierto, había quedado un enorme hueco negro, en el cual comenzó a aparecer una media luna violeta, parecía que algo quería salir de allí. El cielo continuaba quebrándose y los menos grande saliendo de éste, agitando sus largas manos, las que llegaban a tocar el suelo. Tres luces de energía capturaron a Aizen, Tousen e Ichimaru, obligando a sus captores a alejarse de ellos.
-¡Gin!-gritó Rangiku, sabiendo cual sería su triste destino.
-Esto es un tanto desafortunado-su voz había vuelto a ser la de antes, aunque sonaba cargada de tristeza-Si tan solo me hubieses sujetado un poco más… Adiós, Rangiku-volteó para verla, entones ella se dio cuenta que aquella sonrisa de la cual hacía gala había desaparecido- Lo siento…
Muchos intentaron ir por ellos, pero el capitán comandante se los impidió. Explicó que aquella luz era llamada "Negashion", que era utilizada por los menos grandes para salvar a uno de su especie, y que era impenetrable. Sus esfuerzos serían en vano, no podrían atravesarla. Todo terminaría cuando atravesaran la barrera que dividía los dos mundos.
-Incluso se han unido a los menos-bramó Ukitake a Aizen, liquidándolo con la mirada-¿Con qué propósito?
-Para buscar la grandeza-fue su sencilla respuesta.
-¿Haz caído tan bajo, Aizen?
-Eres demasiado orgulloso, Ukitake. Desde el principio nadie estaba en el cielo. Ni tú, ni yo. Ni siquiera Dios. Sin embargo ese vació en el cielo tan difícil de soportar se acabó-hecho su cabello para atrás y rompió sus gafas en mil pedazos, adoptando una nueva apariencia-A partir de ahora, yo estaré en el cielo. Adiós shinigamis, y adiós, chico ryoka-tras esas palabras, el espacio en el cielo se cerró rápidamente
Aquella sería la última vez que vería a Ichimaru como otra cosa que no fuese un enemigo.
Toushiro se acercó a ella y le tomó una mano, con su mano izquierda. La miró con dulzura.
-Él nunca quiso lastimarme-meditó en voz alta-Solo había perdido el control por verme con usted…-en sus ojos se habían arremolinado algunas lágrimas, contra las cuales luchaba por contener.
-Lo sé, Rangiku. No lo justifico, pero lo entiendo-le respondió abrazándola dulcemente. Ella se alejó de pronto y lo miró seriamente a los ojos. Él pudo notar aquél mar que amenazaba con brotar de aquel par de ojos tan hermosos.
-Prométame que nunca se alejará de mí -gritó. Él sonrió honestamente.
-Siempre estaré a tu lado. Lo prometo.
Ella se abalanzó sobre él una vez más y lo abrazó con fuerza, temiendo que él también la abandonase.
-Lo amo-susurró echándose a llorar. Él rió limpiando sus lágrimas.
-Yo también te amo.
Se mantuvieron unos instantes de pie, abrazados, pero pronto su capitán cayó de rodillas, y luego se desplomó en el suelo, inconsciente.
-¡Taichou! ¡Taichou! ¿Qué le ha sucedido?-gritaba horrorizada. La capitana del cuarto escuadrón y su teniente corrieron tan pronto como comenzaron a oír los gritos de la rubia-¡Despierte! ¡Por favor, despierte!-gritaba desesperada.
Unohana lo revisó con atención, y cuando aparto la parte superior de su hakama se dio cuenta de una profunda herida en su abdomen, una que seguramente había sido provocada por Shinzou. Había perdido demasiada sangre –entre aquella mortal herida y el constante brotar sangre de su mano- no había más tiempo que perder.
Matsumoto miraba aquella escena horrorizada. Sus pupilas se habían contraído, y las lágrimas rodaban por sus mejillas como si de un mar se tratase. No podía abandonarla, él había prometido no hacerlo. ¡Y cómo ella había sido tan estúpida de no preocuparse por él!, por sus heridas.
Cayó al suelo y comenzó a llorar violentamente. Nanao e Isane, tan pronto lo vieron, corrieron en su ayuda, para tranquilizarla.
Ya no podía contener más aquel enorme dolor en su pecho. El dolor que surgía de pensar que el hombre que amaba moriría, y no estaría más con ella.
-¡No te mueras! ¡Por favor, Toushiro, no te mueras!-gritó entre sollozos. La capitana del cuarto se acercó, pero su mirada no era favorable. Estaba cargada de dolor. Entonces los llantos de Rangiku se hicieron aún más sonoros, aún más dolorosos.
No podía creer que el hombre al que amaba se había ido.
¡Hola a todooos! Cómo un clásico ya, antes que nada les pido disculpas por mi tardanza. Fueron semanas complicadas para mi, e internet no estuvo de mi lado (porque se cortó en casa un montón de días). Así que estuve incomunicada e imposibilitada de poder subir este nuevo capítulo… ¡QUE ES EL ANTE ÚLTIMO! Con el próximo capítulo termina esta historia :D.
Gracias a todos por sus reviews, gracias Samarripa por seguirme tan fielmente y a pesar de mis eternas tardanzas :). Me pone muy pero muy contenta el ver que mi historia les gusta, así como también el que se tomen el tiempo para leerla.
Bueno, aún no terminé el otro hitsumatsu como para poder subirlo, pero tengo fe que encontraré el momento (y la inspiración, que es lo que más falta :S) para poder terminarlo finalmente (igual es mucho más largo que este fic, por eso me cuesta ponerle un final).
Espero que disfruten mucho de este capítulo y que tengan una hermosa semana :). Gracias por leerme.
Besillos
Neorosemon =).
