Disclaimer: los personajes pertenecen a JK Rowling... excepto Megara Riddle Black, toda mía.

Dios, casi había olvidado este fic (como muchos otros míos, lo lamento). Por motivo del quinesob en la que estoy participando me puse a revisar los guiones a desarrollar que tenía por ahí guardados, y me encontré con el de este capítulo, cuya idea original me gustaba mucho.

Ahora que releo este fic encuentro muchos fallos, y cosas que probablemente no haría ahora (empecé este fic hace 4 años, ¿pueden creerlo?). Pero bueno, me da pena también dejarlo así sin acabar, y por motivo de quinesob aquí está al menos un capítulo más (si es que hay alguien todavía leyendo esto).

.-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.-

La pesadilla empieza de nuevo

.-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.- .-.-.-

Megara estaba en un estado de nervios increíble. Caminaba de un lado a otro del salón pasándose las manos por el pelo, desordenándolo cada vez más. Remus estaba sentado en un sillón, y Harry en el contrario. El segundo con expresión de total incomprensión y el primero de gran preocupación. Snape estaba de pie cerca de la pared esperando a que Megara hablara de nuevo.

En medio del tenso ambiente Harry iba a preguntar una vez más que sucedía con la esperanza de tener una respuesta cuando Megara habló.

-¿Cómo lo supo?

-Sus espías en el ministerio – informó Snape – le dijeron lo sucedido en la lectura del testamento. Como Potter iba a estar ahí había pedido informes al respecto.

-¿Sabe dónde estoy? – preguntó Megara mirando la casa con cierto sentimiento de culpa.

-No, todavía no – dijo Snape – pero está seguro de que estás protegida por la Orden.

Megara asintió y empezó a caminar de nuevo hasta llegar detrás del sillón de Remus en silencio. Harry abrió la boca para preguntar pero…

-¿Sabe que estoy cerca de Harry, o de Remus? – preguntó la chica con ansiedad.

-No.

Suspiró aliviada. Luego le sonrió a Snape.

-Siempre tan adorable Snapy. Gracias por venir a decirme de inmediato.

Snape la fulminó con la mirada después de detener con una gélida mirada la carcajada que Harry estaba a punto de soltar.

-No tomes ese tono – le dijo su amigo.

-¿Cuál tono? – dijo Megara en tono inocente, pero fue Remus el que respondió.

-El tono de "no pasa nada". – Remus se volvió hacia Snape - ¿qué dice Dumbledore?

-Estoy en camino a decirle – dijo Snape disponiéndose a salir.

-¡No! – dijo Megara – ¡Dumbledore no tiene que saberlo, no quiero que lo sepa!

-¡¿Qué cosa?! – finalmente Harry había encontrado un espacio para hablar, pues los dos adultos miraban a Megara fijamente. Ninguno de ellos pareció dispuesto a contestar. Megara lo miró algo asustada - ¿qué es lo que ocurre? ¿por qué es tan grave que Voldemort sepa que estás aquí? ¿por qué Dumbledore no debe saberlo?

Tanto Snape como Remus miraron a Megara. Ella sabía muy bien porqué era tan grave.

-Flash Back-

El pelo rojo caía sucio y desordenado enmarcando el rostro de Megara, en ese momento retorcido por dolor y frustración. Su ropa estaba rasgada, manchada con sangre y tierra. Se presionaba el brazo derecho con fuerza, tratando de detener la hemorragia. Una gran herida se veía a través de la tela rota.

Dos hombres estaban con ella en el sucio sótano. Uno de ellos la examinaba con expresión distante.

-Mordidas de hombre-lobo, siempre son casos interesantes. Eso pasa cuando se trata de escapar por el bosque en noche de luna llena…

Megara lo fulminó con la mirada, pero no tenía fuerzas para pensar una respuesta buena y mordaz.

-Sobrevivirá – dijo lacónicamente – un poco de dolor cada mes le recordara su aventura.

-Bien – dijo la voz del otro hombre, que permanecía en las sombras – vete.

-La herida podría tratarse para evitar el dolor – sugirió el otro.

-No quiero evitarle dolor.

El hombre asintió y salió sin decir nada más.

Megara miró al otro hombre con un dejo de terror en la mirada. Era el único hombre que lograba eso en ella. Avanzó saliendo de la sombra, de manera que ella lo pudiera ver desde el suelo, donde se encontraba. Alto, imponente, Tom Marvolo Riddle, Lord Voldemort, la miraba con desprecio y odio.

-Tanto tiempo sin verte padre – dijo la chica tratando de fingir una sonrisa infructuosamente.

-Trataste de escapar de los Malfoy, de aquellos con quienes te había dejado.

-Sí – admitió con tono ligero – me apetecía un cambio de aires…

Lord Voldemort sacó su varita sin decir nada. Megara tragó grueso. Eso no era una buena señal.

-¿Para qué crees que te entrené Megara? Todos esos meses enseñándote lo que sé de Artes Oscuras y magia elemental…

-¿Por qué soy tu hija y me querías lo mejor educada posible? – dijo en tono de fingida inocencia. La mirada gélida de su padre le reprochó inmediatamente, por lo que susurró para sí – Ilusa de mí sería pensar eso…

-Te entrené porque tienes mis poderes. La sangre de Slytherin corre por tus venas, y me dediqué a convertirte en mi mejor arma, con la determinación de usarte en mi batalla por el ascenso del poder. ¿Realmente crees que te dejaría ir?

Megara se acomodó, tratando de encontrar una posición en la que su brazo doliera menos.

-Pues no me has dado mayor importancia últimamente padre – comentó.

-Porque una adolescente insolente y malcriada no me sirve de nada. Sin embargo – la voz de Voldemort bajó, convirtiéndose en un susurro – esperaba que la sensatez llegara a ti en algún momento. Por eso te dejé con esta familia, esperaba que te hiciera algún bien. Nunca he perdido mi objetivo de tenerte peleando de mi lado.

-La esperanza es lo último que se pierde… - dijo Megara en tono burlón de ensoñación. Una cachetada la hizo voltear la cara.

-¿Te atreves a burlarte de mí? Eres una estúpida Megara. He invertido demasiado en ti para dejarte escapar… ¿Realmente crees que si no te hubieras encontrado con ese hombre lobo habrías podido escapar de mí? Déjame decirte que habrías llegado tan lejos como yo te lo hubiera permitido, pero te habría encontrado cuando te necesitara y no te quedaría más que volver a mí.

-Eso no es cierto – dijo Megara mirándolo con odio – soy libre.

-No Megara… Eres mía. Por sangre eres mía. – una sonrisa malvada surcó el rostro de su padre – Allá donde vayas puedo encontrarte siguiendo tu sangre. Por medio de la sangre puedo obligarte a volver a mí, puedo obligarte a lo que quiera…

Megara se estremeció al escuchar esas palabras.

-¿No recuerdas cuando te entrenaba? – preguntó Voldemort acercándose más a ella – Cuando te iba a enseñar algo tomaba control de tus habilidades y te guiaba…

-Cómo olvidarlo… - dijo con un suspiro Megara. La sonrisa de Voldemort se pronunció todavía más.

-¿No te has preguntado por qué no te he castigado aún por este ridículo intento de escape?

-Te gusta hacer esperar padre – dijo Megara mirándolo a los ojos – o consideras que la mordida es más que suficiente.

-La mordida es efectivamente por lo que no te he castigado – el brillo en sus ojos hizo que Megara sintiera mil escalofríos – porque al tratar de escapar me has traído un gran regalo Meg… Mi propio licántropo…

Los ojos de Megara se abrieron desmesuradamente. ¿Eso quería decir…?

-Puedo controlarte Megara, y cuando sea luna llena, podré controlar el lobo que nacerá en ti. ¿Ves el maravilloso regalo que me has dado hija?

-¡No lo haré! – gritó Megara retrocediendo asustada, chocando con la pared.

-Oh, ya creo que sí lo harás… -Voldemort empezó a reír malvadamente – morderás a todos los que yo quiera y pronto tendré un ejército de licántropos a mis órdenes…

-¡No!

-Oh sí.

Voldemort salió del sótano riéndose y cerró la puertilla mágicamente tras sí, dejando a Megara sola, desesperada y muriendo de dolor.

-Fin del flash Back-

-¿Vas a contestarle? – le preguntó Remus – ¿o lo hago yo?

-No te atreverías… - dijo Megara haciéndose hacia atrás – me diste tu palabra…

-De no decirle ni a Sirius ni a James ni a nadie de la Orden – especificó Remus – y Harry no es ninguno de los tres. ¿No crees que merece saberlo?

Megara asintió derrotada, pero luego se dirigió a Snape:

-Pero Dumbledore es otro asunto… No puedes decirle a él. Me iré por mi cuenta.

-Dumbledore no va a echarte – dijo Snape firmemente – es más, estoy seguro de que va a ayudarte.

-No quiero su ayuda – dijo la chica testarudamente – Él nunca ha confiado en mí.

-¡Tonterías! – dijo Remus levantándose.

-¡Trató de evitar mi boda! ¡Me echó de la Orden!

-¡Tú te expulsaste por impulsiva e imprudente! – dijo Remus acaloradamente – pero si hubiese desconfiado de ti no habría dejado que supieras nada más después de que te fuiste, ni te habría dejado venir con Harry y conmigo.

-Suficiente – dijo Snape firmemente al ver que Megara iba a replicar – lo lamento Megara, pero tengo que decirle a Dumbledore. Es mi deber. No puedo esconderle esto. Pero le hablaré de lo que hicimos la vez pasada. Creo que aceptará probarlo.

Megara negó lentamente.

-No funcionó del todo bien. Logró encontrarme luego.

-Pero ahora es diferente – dijo Snape – su sangre… no es la misma. Tiene que ver con el rito para recuperar su cuerpo. Lo importante es que le tomará más tiempo que antes encontrarte. Tenemos algo de tiempo prestado para prepararnos. Pero si no le digo a Dumbledore no sé si podré ayudarte.

Megara miró a Remus en busca de apoyo.

-Dumbledore tiene que saberlo – dijo Remus. La última mirada de esperanza fue hacia Harry, quien asintió.

-Es mejor decir las cosas a tiempo – dijo Harry – no cuando es muy tarde.

Megara asintió derrotada.

-Está bien Snapy. Acepto oír las sugerencias de Dumbledore, pero no prometo hacerle caso.

-Pero… - fue a replicar Remus, pero Snape lo interrumpió.

-De acuerdo. Me marcho entonces.

Megara se acercó y le dio un suave beso en la mejilla. Snape inclinó la cabeza hacia ella y salió de la casa. La mujer lanzó una mirada sin esperanza a Remus. Harry los miró incómodo. Se sentía algo intruso pero… ¡Pero él estaba implicado en lo que sucedía! ¡Y Remus! Y a pesar de que tenía poco de conocerla, tampoco quería que a Megara le pasara nada malo…

-¿Le explicas tú o le explicó yo? – dijo Remus suavemente. Harry supo que se referían a él.

Megara dirigió sus ojos a los verdes esmeralda de Harry, aunque su pensamiento estaba con James.

-No, déjame a mí. Seré valiente por primera vez. No se lo dije a James, no se lo dije a Sirius… Pero se lo diré a Harry.

-Flash Back-

-Es una locura, no puedes cambiarme la sangre con una poción.

-No va a cambiarte la sangre, solo a camuflarla.

-¡Pero si mi padre se da cuenta te matará!

-Pues más me vale que funcione, ¿no? – gruñó Snape terminando de mezclar los ingredientes – listo, ahora pon atención a las tomas que debes hacer.

Le dio una larga lista con un estricto horario que le hizo arrugarla nariz.

-Es demasiado rígido. Sólo Lily Potter podría seguir algo así al pie de la letra.

-Bueno, no es a Lily Potter a quien el Señor Oscuro quiere controlar a través de la sangre. Esta poción te permitirá camuflarla y escabullirte por tiempos definidos. Siempre debes tomarlo a la hora indicada o el efecto se detendrá, y sabes que él puede aprovechar cualquier segundo para encontrarte.

-¿De verdad crees que funcione? – preguntó ella mordiéndose el labio inferior. Snape asintió.

-Confía en mí.

-Eso siempre Snapy – susurró ella tomando un vaso y llenándolo con la poción. - ¿Estás seguro de tu oclumencia? ¿No se dará cuenta?

-No se dará cuenta. Lo juro. Tómala.

Ella levantó el vaso con la poción y sonrió.

-¡Salud!

-Fin del flash Back-

-Entonces… ¿tú padre puede dominarte a través de tu sangre? – Harry la miró horrorizado, y tuvo que contenerse para no retroceder un poco sobre el sofá en el que se había sentado a escuchar.

Megara asintió.

-Desde niña lo hacía. Se metía en mí a través de la sangre y me hacía hacer lo que quería. Así aprendí la magia, la sentía cuando él la ejercía, y yo la hacía después.

-Debes ser muy poderosa… -dijo Harry sorprendido. Ella sonrió.

-Bueno, ser modesta no es mi especialidad, ¿verdad Remus?

Le guiñó un ojo y el hombre suspiró.

-Megara es poderosa, pero no es precisamente hábil.

-Vaya, gracias – dijo la mujer haciéndose la ofendida.

-Es cierto – dijo Remus – Como Sirius, siempre pecó de impulsiva… Pensar poco sus ataques.

-Perdoname por moverme por instinto – dijo ella mirándolo profundamente con un deje de picardía que a Harry no le pasó desapercibido.

Sin embargo, había cosas que le preocupaban más en ese momento.

-Pero Megara… ¿Voldemort no podrá encontrarte aquí a través de tu sangre si sabe que estás en el país?

Ella suspiró.

-Tal vez.

Harry miró a Remus, quien dijo frunciendo el ceño.

-Snape está seguro de que tomará su tiempo. Pasarás la noche aquí y mañana a primera hora nos iremos a Hogwarts. Es el único lugar seguro.

Megara frunció el ceño.

-No voy a ir donde Dumbledore.

-No es como que haya realmente opción, ¿no? – dijo Remus acercándose, la chica se puso de pie.

-No suelo ir donde no quiero – dijo desafiante.

Antes de que Remus respondiera, Harry se levantó.

-Por favor.

Ella se giró y lo vio. Y no vio al Harry Potter, sino al único amigo que siempre había tenido la cabeza fría y a quien ella le había fallado.

-Harry… no me lo pidas tú, por favor. No puedo decirte que no…

-Por favor – repitió el chico.

Megara cerró los ojos. No podía decirle que no a James Potter de nuevo.

-Harry, Dumbledore no sabe nada de esto…

-Pero, ¿quién más puede ayudarte? – replicó el chico con terquedad.

-No lo necesité la última vez.

-Y mira donde estamos ahora – dijo Remus con voz cansada.

-Por favor – repitió Harry.

Megara cerró los ojos. No podía contra los dos.