Reencarnación, la prueba final.
Resumen: En noche de Halloween todo puede pasar. Un grupo de ángeles baja a la tierra para ayudar a las almas a que vieran a sus familias, pero los demonios quieren hacer de las suyas. A veces los papeles no los tienen los que parecen.
Categoría: Naruto
Personaje: Gaara, Itachi Uchiha, Minato Namikaze, Naruto Uzumaki, Sai, Sasuke Uchiha.
Géneros: Fantasía, Humor, Romance
Clasificación: NC-17
Advertencias: AU=Universos Alternos, Chan=Adulto/Menor, Lemon, Mpreg=Embarazo Masculino, Muerte de un personaje.
Capitulo: 10/13
Completa: Sí
Beta: Balckladyhn
Disclaimers: Los personajes de este fic no me perteneces, los utilizo sólo por mera diversión.
10º Capítulo: Recuperando a Gaara
Nunca se imaginaron que el infierno sería así. El lugar era como un desierto, no había llamas, ni demonios por todos lados, no había caos por ningún lado, sólo personas caminando en círculos, sin prestar atención a los demás.
— ¿Dónde estamos, papi? —Preguntó Zen, que se mantenía en los brazos de Sasuke.
—Estamos en el infierno, mi amor —le contestó Itachi, que mantenía a Miyo, fuertemente abrazado sin dejarlo en el suelo.
— ¡Así que vinieron! —Esa era la voz de Jiraiya, pero parecía venir de todos lados.
— ¡Venimos por lo que es nuestro! —Gritó Sai.
Sintieron la tierra moverse a sus pies y como comenzaba a trisarse.
—Que idiotas son, al venir solos a mis terrenos —les dijo Jiraiya, que se alzaba ante ellos, mostrando su imponente presencia —, pero díganme ¿Descubrieron en que me pueden vencer? ¿En qué terrenos son más poderosos que yo? —Les preguntó prepotentemente.
—Por supuesto que si, imbécil —le replicó Sai poniéndose enfrente de los otros dos para hacerle frente a aquel viejo mal nacido que les había arrebatado el amor de sus parejas.
— ¡Oh veo que te paras muy valiente! Pero ¿Podrás ser capaz de decirme que es lo que ustedes pueden brindarle a mis demonios, aquello que yo no les pobre brindar nunca? —Les dijo con aire prepotente.
—Amor, pedazo de mierda —le dijo Sasuke, mientras le entregaba el pequeño Zen a Itachi, quien ahora mantenía a los dos bebés en sus brazos —. Te retamos a que los traigas frente a nosotros y nos dejes decirles sólo una cosa, sólo una frase bastara para quitarles tu embrujo que los mantiene sin sus recuerdos.
— ¿Te crees capaz, Uchiha? ¿Crees poder lograrlo? Por que si es de esa manera, esta bien, llamaré a mis demonios y veremos que es lo que pueden hacer por ellos —tomó un aire mucho más serio —, pero oigan bien lo que les voy a decir. Si por alguna razón, sea la que sea, ustedes no logran devolverles sus recuerdos, ellos simplemente desaparecerán de sus mentes. No volverán a recordar que alguna vez en sus vidas, esas personas formaron parte de su corazón mortal —con esas palabras desapareció.
Los tres morenos, más los pequeños que se mantenían en brazos de su padre, pudieron ver como a la distancia tres sombras se empezaron a hacer más visibles a medida que avanzaban hacia ellos.
— ¿Quiénes son, Otto-chan? —Preguntó Zen, al ver como se acercaban a ellos.
—Uno de ellos es su padre, mis ángeles. El otro es su medio hermano, pero ahora quiero que guarden silencio, para poder hablar con ellos —les dijo en un tono que no permitía reproche alguno.
Lentamente y como si el tiempo fuera lo único que sobrara en ese lugar. Los demonios de Jiraiya se pararon frente a aquellos seres, que según sus recientes recuerdos, los habían humillado miserablemente al haber bajado todas sus defensas.
—Bien, ya estamos aquí —dijo Naruto parándose con los brazos cruzados frente su pecho.
—Jiraiya-sama nos mandó frente a ustedes. Según dice, tienen derecho a decir sólo una frase —les informó Minato, que no apartaba la mirada de los bebés que venían en brazos del ángel que lo había desafiado con anterioridad, cosa que notaron los tres ángeles, pero que no comentaron para nada.
—Hablen de una vez, no tenemos su tiempo —dijo el pelirrojo, visiblemente cabreado por la situación.
Los ángeles se miraron entre ellos y decidieron actuar en ese momento.
Habían hablado la situación con anterioridad y habían decidido que lo mejor sería partir con el más irritable de todos. En resumen, Gaara era el elegido.
Sai se acercó al pelirrojo que se mantuvo quieto en su posición inicial, sin dar indicios de importarle lo que el moreno fuera hacer. Se sentía protegido al estar en su terreno, al estar en el infierno.
El moreno se acercó sigiloso, tratando de no hacer ningún movimiento brusco, que pudiera alterar a Gaara.
Los otros demonios se mantenían tranquilos mirando la situación, sabían que si se atrevía a levantar un dedo en contra del pelirrojo, un arsenal de demonios aparecería en el acto para impedirle cualquier cosa que tuviera pensada.
—No tengas miedo mi vida, yo te protegeré sea lo que sea —dijo Sai.
El pelirrojo lo miró enarcando una ceja y sin entender para nada lo que dijo el moreno.
—Mira estúpido, si lo que quieres… —iba a empezar a lanzar sus dardos contra el moreno, pero una horda de recuerdos comenzó a acechar mente.
Se encontraba sentado en una oficina, todo a su alrededor le parecía en cierta forma conocida.
Se sentía extraño, como si una angustia terrible lo estuviera atacando y hasta cierto punto era verdad.
Sabía quien era. Gaara, Kazekage de Suna gakure, la aldea escondida entre la arena, portador de uno de los nueve demonios, Shukaku.
Estaba angustiado por una inminente batalla contra una aldea que hasta hace poco era completamente desconocida para él y que por un error en los informes había mandado a investigar, pero sus hombres habían atacado a un hombre que se les hacía terriblemente sospechoso, sin saber que era esposo de la líder de la aldea y la mujer, en venganza por la muerte de su pareja, había declarado la guerra.
Sabía que como líder, no le quedaba más que aceptar, pero eso significaba tener que arriesgar las vidas de las personas que había jurado proteger.
El sonido en la puerta lo trajo de vuelta y vio a un moreno parado en el umbral de la entrada, que no apartaba su mirada de él.
Sabía que se veía débil, pero ese hombre siempre lo hacia sentir así.
Se puso de pie y se acercó a él, al mismo tiempo que lo hacía el moreno. Cuando llegaron a la misma altura, el moreno lo encerró en un abrazo y Gaara se dejó manejar, no tenía fuerzas ni tampoco quería apartarse de él.
El moreno besó sus labios de manera suave y le susurró cosas, que en este momento no entendía, sólo veía que le sonreía y le hablaba, pero ningún sonido salía de esos labios, hasta que la eufonía pareció haber hallado un lugar para adentrarse en sus oídos.
—No tengas miedo mi vida, yo te protegeré sea lo que sea.
Sintió que de repente todo en su mundo comenzó a dar vueltas y un sólo nombre aparecía en su cabeza.
—Sai —dijo con los ojos muy abiertos, mientras veía al ángel que tenía parado frente a él y que le sonreía de la misma manera que lo hacía en sus recuerdos.
