HOLA!
Sé que me atrase mucho y me puse a hacer otros fics y deje en hiatus x hiatus este pero de verdad se me blokeo todo lo de Gintama y no sabía muy bien qué final darle, porque quería un final bonito.
Así que… agradezcan a Julio quien apareció de las sombras y el olvido para dejarme amenazas y exigirme, obligarme a terminar este fic.
Mil gracias a todos por esperar, espero que aún tenga lectores que querían ver el final.
Hasta aquí llegó con mis fics de Gintama, porque ahorita estoy ñoñeando en otro fandom. De cualquier manera dejo mis legados.
GRACIAS A TODOS! Deseo que les guste el final y queden satisfechos como yo al escribir.
-o-
Se lo dejamos a la suerte
Capítulo 10
Despertaron alrededor de las nueve de la mañana y fue porque Sougo tocaba la puerta con insistencia. Hijikata se desperezó de mal humor ante el ruido, iba lanzarle lo primero que encontrara su mano derecha pero no pudo, una cabeza rubia se lo impidió. Recordó entonces la noche anterior… Los golpes no paraban junto con un "Hijikata muere, Hijikata muere, muere Hijikata" Toshiro tronó la boca y con cuidado apartó su brazo de la dulce hyakka que dormía profundamente.
El vice-comandante se llevó encima un haori negro y abrió la puerta furioso; miró a su subordinado con despreció.
― ¡Jodete!― fue la respuesta del superior.
― Hijikata-san, ya son las nueve, es extraño que no esté puntual por la mañana para dar su aburrido discurso…
Hijikata perdió la noción del tiempo y el espacio la noche anterior. Tsukuyo le hizo olvidarse de todos los problemas que tenía y los que le llegaban gratuitamente como Okita Sougo.
― ¿Qué pasa? Kondo-san me pidió viniera a revisar…
En el momento que encontró al superior descuidado intentando aterrizar su mente, Sougo logró colarse en la habitación y encontrar a la rubia bajo las sabanas del futon, la tela cubría la mayor parte de su cuerpo, excepto la pierna derecha y el brazo que se asomaban con erotismo y sensualidad.
― Está prohibido meter mujeres al cuartel― dijo burlonamente.
― Cállate y sal de aquí o vas a despertarla.
Con una risa burlona y maliciosa, el muchachito salió de la habitación. Hijikata volvió a tronar la boca y buscó en su chaqueta la cajetilla de cigarrillos. Buscó el encendedor que estaba sobre su pequeño escritorio donde también reposaba la revista de chismes. Encendió el cigarrillo y miró el cielo azul que se extendía sobre el cuartel.
Sougo debió ir con el chisme a Kondo porque después de una hora nadie molestó. Tsukuyo estaba despierta y peinaba sus cabellos, estaba completamente vestida.
― ¿En serio no quieres almorzar?― preguntó el policía por tercera vez.
―Está bien, debo volver a Yoshiwara― ató las correas de sus botas negras.
― ¿Debes o quieres?― Toshiro le impidió el paso, la miró a los ojos. Estaba convencido después de lo de anoche que la quería.
― Debo― la voz de la rubia iba a quebrarse.
No de nuevo, pensó Toshi, no quería verla llorar, no otra vez, estaba cansándose de tanto llanto, llanto con su hermano, con su madre, con Mitsuba, consigo mismo… con Tsukuyo.
― No llores― la abrazó. Oyó el suspiró que ella emitió al sentir sus brazos rodeando su cuerpo delgado― todo estará bien.
― ¿Qué vamos a hacer?― fue la pregunta que hizo en su hombro izquierdo― a veces creo que esto no debió empezar.
― También lo pensé, antes de lo que sucedió ayer, luego, ahora…
El silencio que los rodeó, incomodó mucho a Tsukuyo. Sintió como si aquel hombre al que se entregó por primera vez, dudará, no de su amor, si no de sus decisiones.
― Hace mucho tiempo, juré que protegería a la mujer que amaba. Creí que alejarla era sensato, porque soy un imbécil… no espera, déjame terminar, pensé que dejándola ser feliz lejos de mí sería lo correcto y lo único que hice fue dejarla en manos de un verdadero idiota. Al final no pude protegerla. Mitsuba ya no está, debo cargar con eso…
― Toshiro…
― Después, apareciste en la vida del Yorozuya y eras únicamente una de tantas locas que lo asediaban… eras sólo una más de esas mujeres. Luego me encontré con tus ojos verdes y tus cabellos dorados. Vi la luna y llegaste a mi memoria… Tsukuyo, déjame corregirme.
La rubia tomó las mejillas pálidas con sus dos manos y la hizo mirarlo. Ella sabía que en el fondo, él quería redimirse, hacer las cosas bien, por su conciencia. Mitsuba era su gran amor y su gran pecado.
― Lo que paso ayer fue una decisión difícil porque yo, quería estar con él, caminar a su lado… como pareja no como amiga, pero estaba herrada, a pesar de que llegue tarde a su vida y no somos compatibles en nada, yo insistí en darle mi corazón. Pero al parecer, él te lo compartió porque llegaste justo antes de que cometiera una idiotez.
― ¿No estás arrepentida?
― No. Ni siquiera un poco, vice-comandante.
Su conversación fue sellada con un beso apasionado y largo, donde la respiración los hizo separarse más por necesidad que por gusto. Tuskuyo sacudió un poco el haori de Hijikata antes de despedirse. Se dirigió al jardín, pensaba brincar la cerca, huir como delincuente. Toshiro la detuvo y caminó con ella hacia la puerta. Caminaron juntos por los pasillos, ella tomaba su brazo, miraban al frente, ignoraron todos los ojos escudriñadores que les dedicaban conforme encontraban compañeros del Shinsengumi.
La seguridad con la que andaba Tsukuyo era igual a cuando las cortesanas caminaban por Yoshiwara mostrando su belleza y el costo de sus servicios. Igual un modelo de pasarela era Hijikata. Los pasillos del Shinsengumi quedaban cortos, eran nada, demasiado pequeños para el orgullo que ambos sentían por tenerse.
Una vez en la puerta de salida, Toshiro pidió un taxi, su mujer no iba a viajar en autobús o brincar por los tejados como ninja renegada. El automóvil se detuvo frente a ellos, él abrió la puerta, prometió llamarla más tarde mientras preparaba un par de citas. Besó su mano. Ella subió al auto de manera elegante, como si fuera la princesa y su rey la despidiera.
― A Yoshiwara, por favor― indicó Hijikata y el chofer se puso en marcha.
La vio alejarse y agitar su mano por la ventana.
Lo primero que hizo Tsukuyo al llegar a casa fue explicarle a Hinowa lo sucedido, omitiendo con discreción su encuentro amoroso con el vice-comandante. Hinowa no estaba sorprendida pero si angustiada, normalmente ella nunca deja su puesto. Afortunadamente las hyakka conocían su trabajo y no dependían de la cortesana de la muerte.
Hinowa esperaba verla dar vueltas, cantar una canción como las princesas de Disney pero lo único que veía era un brillo inusitado en sus ojos y la mirada llena de felicidad.
― Él hará lo correcto― aseguró Hinowa y llamó a la rubia.
Tsukuyo caminó lento hasta dejarse caer en sus rodillas y colocar su cabeza sobre las piernas de Hinowa para después soltar el llanto que no quiso dejar escapar frente a Toshiro.
― Ese llanto no es de dolor… ¿qué se siente ser amada de esa forma, Tsukky?― preguntó mientras pasaba su mano por los cabellos dorados.
― Ya no tengo el corazón roto.
― Dicen que el amor de una mujer es moldeable, pero cuando es real, va donde es reciproco.
― ¿No estás molesta?― Tuskuyo se levantó un poco para limpiar sus lágrimas.
― ¿Por qué?
― Al final, nunca hice caso a tus consejos de ir tras Gintoki pero si de dar una oportunidad a Toshiro.
― Sinceramente, nunca tuve esperanzas en Gintoki, su mirada nunca estuvo en ti como querías. Te protegía como lo hubiera hecho con cualquier amiga y estaba para ti como lo hubiera hecho por mí, por Kagura, por Sarutobi… ― decía al mismo tiempo que pasaba su mano por las mejillas aun húmedas― el corazón de un hombre siempre pertenece a la primera mujer, pero si esta se va, buscará siempre hacerlo mejor.
― Tal vez no seré la primera mujer de nadie, pero si la última… y la que puede hacerlo más feliz.
― ¡Así se habla!
― Me daré un baño y después iré a patrullar― Tsukuyo se puso de pie y suspiró, sostenía la mano de Hinowa.
Los siguientes tres días, Hijikata pidió no verse, necesitaba hacer un par de cosas con Matsudaira quien le ayudaría a detener los escándalos y sobre todo que no perdiera su trabajo. Únicamente mantenía a Tsukuyo al margen y segura de chismes. Ella entendió las circunstancias pero Sarutobi no.
Llegó una tarde hecha un mar de rabia y echando chispas y pestes sobre el gobierno e Hijikata. Tsukuyo la dejo hablar mientras fumaba despreocupada recargada en la pared de la entrada de su establecimiento. Le divertía verla furiosa, demostraba lo mucho que la quería y se preocupaba por ella. A veces podía ser la villana del cuento pero cuando se lo proponía, era la mejor amiga y confidente.
Senzo le contó lo que sucedió. El chisme de que paso la noche en el cuartel del Shinsengumi se esparció como la polvora. Tsukuyo ya no estaba preocupada si no divertida. Increíble para ella ver como los humanos puede ser tan simpático.
― Gin-san me dijo que está intentando que te acepten― dijo finalmente, dejo su té en la banca de madera y la miró― se han visto muy seguido últimamente. Pensé que pelearían por idioteces, ya sabes… "me quitaste a la puta de yoshiwara" y esas cosas, pero no, Gin-san sólo me ama a mí…
― Sarutobi, ve al grano y deja tus sarcasmos.
La pelilla río divertida por su broma, después se puso seria y explicó que Hijikata habló con todos sus superiores para pedir disculpas por el jaleo pero no por estar con Tsukuyo. Ya que todo este show tenía muy mal parados al Shinsengumi. Gintoki le sugirió una entrevista a los medios de comunicación para terminar con el problema. El morbo de las personas estaba llegando demasiado lejos cuando un programa de chismes pidió de invitado a Hijikata para comentar su romance. Evidentemente para Hijikata esto no era un juego ni una burla, estaba dando su lugar a Tsukuyo, como mujer, persona pero sobre todo como la persona más importante en su vida.
Al escuchar aquello, Tsukuyo sonrió y sacó humo por la boca. Sarutobi se calmó.
― De todos modos es un idiota, si desde un principio hubiera hecho esto, tú no hubieras tenido que pasar un mal rato.
― Esta bien, no la he pasado tan mal sabes, nos hemos aprovechado del escándalo. Han llegado muchos hombres a conocerme, pero evidentemente yo no ejerzo, así que los enviamos con otra cortesana.
― ¡Eres horrible! Aprovechando esta situación para llenar tus bolsas de dinero. ¡Vieja piruja!
― ¡Estas celosa porque yo tengo atención de todo Edo y tú sólo de Gintoki!
Saachan comenzó a reír con su cara de tomate, movía las piernas emocionada. Tsukuyo no necesitaba mucho para aplacar a esa amiga loquita. Le gustaba verla feliz, luciendo su anillo de compromiso, que esperaba no fuera robado. Pensó en Gintoki pero se miraba tan lejano, casi distante. Ambas eran felices, ya no había porque ser rivales, pero Saachan siempre buscaba algo para joderla, era costumbre, era su manera de decirle que la quería.
― Los humanos demostramos afecto de muchas formas― susurró la hyakka.
― ¿Qué dijiste?
― Nada, que estás loca.
― ¡Pero loca por Gin-san!― de nuevo Saachan puso sus manos en las mejillas y movió la cabeza de un lado a otro.
― Más le vale a ese Gin-san que te haga muy feliz o le romperé una vinatería entera en esa cabeza hueca que tiene.
/
Un miércoles a las diez de la noche las televisiones de todo Edo estaban encendidas. En casa de la Yorozuya había casa llena. Sarutobi estaba sentada en las piernas de Gintoki y rodeando su cuello con sus brazos, él se quejaba un poco porque no lo dejaba respirar. Zenso estaba en el suelo, leyendo descuidado una jump del mes pasado, esperaba comenzara la rueda de prensa. Kagura comía pan al vapor que compró Zura. Él y Elizabeth estaban sentados frente a Gintoki, Saachan y Shinpachi.
― Estoy nerviosa― dijo Kagura― siento como si yo fuera la que va a dar la entrevista… ― con pose solmene hizo una imitación de Hijikata― buenas noches soy Mayora e hice cositas sucias con la pu… ― rápidamente Shinpachi le gritó para que se callara y no dijera malas palabras.
― Esto debe ser grabado en la mejor resolución posible― dijo Otae saliendo de la cocina con un plato de una entidad de dudosa procedencia que dejo sobre la mesa― así que le pedí al Gorila que lo grabará… quiero ver la cara de Tsuky.
El pobre de Madao que había ido sólo por la comida, porque le daba igual lo que sucediera con el Shinsengumi, tuvo que limitarse a quedarse sobre el suelo mirando el televisor porque la comida que acababa de llegar parecía radioactiva.
Finalmente a las diez con quince, Hijikata Toshiro apareció, vestido formalmente con un traje negro y su porte elegante a su lado, una hermosa rubia con un kimono negro y un peinado sencillo que resaltó más sus facciones, una orquídea blanca hacia juego con sus aretes.
― ¡Awww que bonita se ve Tsuky!― exclamó Saachan asfixiando a Gintoki que no tuvo más remedio que obligarla a sentarse en el suelo frente a él.
― ¡Casi me ahogas! ¡Ya te he dicho que seas menos eufórica!
― ¿Me porte mal? ¿Me vas a castigar?... Es que amo a Gin-san…
― ¡Basta de sus perversiones! Ya va a comenzar― regañó el cuatro ojos.
Los flashes daban sobre sus rostros, la cámara enfocó el rostro de Tsukuyo. Madao volvió a exclamar que era muy hermosa. Gintoki le arrojó una migaja a la cabeza y pidió que cerrara la boca.
Atrás de la pantalla, podían notar un Toshiro seguro y una Tsukuyo nerviosa. Todo Edo estaba sobre ellos ahora, todo Edo la señalaba o la juzgaba. Su mirada se clavó el suelo pero la voz gruesa de Toshiro la hizo mirar al frente. Escuchó sus palabras, un discurso conmovedor y convincente pero no para Edo y su gente si no para ella. Fue algo similar a los votos matrimoniales.
"Las personas son personas antes de que se etiqueten como cualquier otra profesión. Somos humanos…" La mente de Tsukuyo se quedó en blanco, por un momento las miradas y flash de los periodistas desaparecieron para quedar sólo Hijikata Toshiro y ella. Fue entonces que lo miró y se encontró con que todo el discurso lo dijo mirándola a ella y no a la prensa.
― Su cara de tonta… alguien tírele agua― dijo Saachan muerta de risa.
Otae la reprimió pero su opinión fue callada por un par de risas bobas de Shinpachi y Kagura.
Gintoki miraba con interés mientras jugaba descuidado con uno de los mechones de Ayame. Oía con atención el discurso de Hijikata, jamás pensó que el vice-comandante tuviera esos sentimientos tan hermosos y mucho menos que se atreviera a decirlos frente al mundo. Luego estaba su amiga Tsukuyo, aunque hubiera querido no podía quererla porque Saachan cumplió con todos sus requisitos, aunque fuera fastidiosa y media desequilibrada, era su loca, era lo que le tocaba, lo que era para él y está feliz. Miró sus cabellos y "fuera de mi mente pensamientos pervertidos" se dijo minutos antes de terminar la rueda de prensa.
Los aplausos se escucharon tras los clicks de las cámaras. Tsukuyo sostenía las manos de Hijikata, después él las besó con cuidado para finalmente tomarla de la cintura y desaparecer del cuadro. Gintoki siguió mirando el televisor al mismo tiempo que los invitados comenzaban a brindar y celebrar el éxito de sus amigos. Gintoki seguía mirando el televisor como si en la pantalla siguieran sus amigos y sonrió. Levantó su vaso con leche de fresa y brindó a su salud.
FIN
-o-
Pues fue el final más romántico y ñoñazo que he escrito, generalmente no suelo escribir tan así pero el público lo pide, además esta ship crack lo merece, digo… es válido destruir mi NOTP para hacer una nueva ship. Y sorry not sorry pero soy GinSaachan …
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