- ¡Byakuya, arriba! ¡Llegarás tarde!
Los gritos de su madre le despertaron de un sueño profundo y apacible. Miró su reloj aún adormilado y vio que se había quedado dormido. Saltó de la cama y fue directo a ducharse, agradeciendo que aún podría llegar a tiempo a la universidad. Desde que Hisana regresó dormía mucho más que antes, estaba tan sumamente tranquilo que no se quedaba todas las noches estudiando y ni siquiera tomaba café… a excepción de una taza en el desayuno.
- ¿Hay café? –Preguntó algo apurado al entrar en la cocina.
- Sí, claro –dijo su madre-. ¿Qué te pasa ahora? Hacía tiempo que no te quedabas dormido.
- Olvidé poner el despertador –se excusó mientras se bebía su preciado café.
- ¿Eso es lo único que vas a desayunar hoy?
- Sí, no me da tiempo de más, me voy ya.
Salió de allí y vio como Rukia iba con el uniforme del instituto hacia la cocina para desayunar. Byakuya creyó ver a un muerto andante antes que a su hermana. La chica apenas abría los ojos y solo sabía bostezar.
- ¡Hey! Despierta –le dijo él.
- Jumm –se quejaba la morena mientras se rascaba un ojo-, es que es muy temprano.
- Que suerte poder despertarse media hora más tarde.
- Pero sigue siendo temprano.
- Bueno, bueno. Luego me dices que has sacado en el examen, hasta luego –dijo justo antes de salir.
En ese momento Rukia abrió los ojos de golpe y tragó saliva con algo de miedo. Se había olvidado por completo de aquel examen. No sabía a ciencia cierta si lo había hecho bien o mal, pero lo que sí sabía es que ella y los números no se llevaban nada bien. Si aprobaba no habría ningún problema, pero… ¿y si suspendía? ¿Qué le diría a su hermano mayor entonces? Rezó en su interior, suplicando fervientemente que al menos tuviera un suficiente en ese examen, así al menos no le habría hecho perder ese tiempo tan preciado a su nii-sama.
Aún le estaba dando vueltas a todo ese asunto cuando se encontraba en el descanso del instituto, totalmente absorta en sus pensamientos. Intentaba buscar una excusa razonable por si suspendía (que sería lo más probable), y así haría entrar en razón a Byakuya para que no se enfadara tanto… o eso creía ella.
- Hey, hola –dijo Ichigo al verla.
- Podría decirle que no dormí bien esa noche por los nervios –dijo ella inconscientemente con un mano en su mentón.
- ¿Eh? ¿Qué estás diciendo?
- Y claro, al dormir mal no llegué con buen cuerpo al examen –seguía diciendo Rukia, buscando una solución a sus pensamientos cuando, de repente, se iluminaron sus ojos-. ¡SÍ! –Gritó chocando su puño con su otra mano, signo de que aquello era un buen plan y podría convencer a su hermano con ello-. ¡Le diré eso!
Ichigo en ese momento se asustó por la repentina alegría de la enana, pero al ver que ella seguía en su mundo ideal, ignorándole por completo, comenzó a enfadarse.
-¡Eh! –Le gritó de nuevo.
- Fijo que se lo cree todo –decía Rukia feliz y sonriendo ampliamente.
- ¡Tú! ¡Enana! –Gritó Ichigo de nuevo dándole un empujón en la espalda, haciendo que la morena perdiera levemente el equilibrio, momento en el cual ella reaccionó y vio que Ichigo estaba ahí.
- ¡Bakka! –Se quejó encarándose con él-. ¡¿Qué demonios haces? ¡¿Crees que esa es manera de saludar?
-¡Y tú qué, enana, que ni siquiera te das cuenta de que estoy aquí!
- ¡¿Cómo que no? ¡Sabía perfectamente que estabas aquí tonto!
- Sí, claro. Seguro que estabas pensando en esos feos conejos que tanto te gustan.
Momento después, Ichigo se encontraba en el suelo después de haber recibido un puñetazo de la pequeña pero fuerte hija de los Kuchiki.
- Arg, ¡eso duele, idiota! –Se quejó él.
- Ni se te ocurra volver a mancillar la hermosura de Chappy, tiene una belleza que tu corta mente no podría apreciar.
- Ni yo ni nade porque es horroroso –dijo rascándose la cabeza, aunque acto seguido vio como a Rukia le brillaban los ojos de odio y apretaba sus puños con fuerza.
- ¿Qué has dicho? –Preguntó con una voz muy seria, algo mucho más típico de Byakuya que de ella.
- No-no, nada, nada. ¿Qué iba a decir? Jejeje –reía Ichigo como podía mientras una gota de sudor resbalaba por su frente.
- ¡Kuchiki! ¡Hola! –Saludó otra voz justo antes de que Rukia volviera a pegarle un puñetazo a Ichigo.
- Ah, hola Kuukaku –dijo ella al girarse y ver a la guapa morena de ojos azules.
- ¿Qué hay, cuñada? –Preguntó sonriendo mientras Rukia se sonrojaba por lo que acababa de decir.
- ¡No digas eso! –Dijo nerviosa.
- Tsk –se quejó Ichigo aún sentado en el suelo, no fuera a ser que al levantarse volviera a sufrir la conocida "furia Kuchiki".
- ¿Por qué no? Si eres la novia de mi hermano puedo decirlo –argumentó convencida Kuukaku, ignorando al pelinaranja.
- ¡Kurosaki-kun!
Ichigo se giró y pudo ver a tres de los compañeros de su clase.
- Inoue.
- ¿Qué demonios haces sentado en el suelo, Kurosaki? –Dijo Ishida.
- Eso no te importa –le respondió él.
- Kurosaki-kun, ¿no has visto las notas del examen de mates? –Le preguntó Inoue, haciendo que Rukia volviera a recordar lo que tantos quebraderos de cabeza le estaba dando en ese día.
- Oh, es verdad, hoy publicaban las notas –dijo Ichigo a la vez que Chad le asentía.
- Cada día peor Kurosaki, no tienes remedio. Eres patético –dijo Ishida.
- ¿Qué has dicho? –Dijo Ichigo levantándose y encarándose con él.
- Ya, ya, no os peléis –decía Inoue riendo tímidamente con una gotita en la frente.
- Has vuelto a suspender inútil –volvía a recriminarle Ishida.
- ¡¿Qué? –Gritó Ichigo-. No me lo creo, eso tengo que verlo yo, no me fío de ti.
Los cuatro se fueron, alejándose de allí y dejando a Rukia y Kuukaku solas. La menor de los Kuchiki sentía tantos nervios que ni siquiera se percató de que sus amigos la habían abandonado. Podía escuchar como Ichigo e Ishida seguían discutiendo, pero ella solo imaginaba esa cara seria de su hermano y esa voz grave regañándola.
- Hey, ¿te pasa algo? –Preguntó Kuukaku, haciendo que Rukia saliera de su trance.
- Oh, no, no, no, estoy bien, muy bien –respondió ella fingiendo y sonriendo.
- Lo cierto es que venía a darte la enhorabuena por ese examen, menuda puntuación.
- ¿Eh?
- Oh, ¿no has visto las notas?
- No.
- Vaya. Pues te lo diré yo –dijo sonriente-, eres la tercera con mejor nota en tu clase, solo te supera el chico de las gafas y la niña esa del pelo naranja, los que han estado antes aquí.
- ¡¿QUÉ? –Dijo Rukia sin creer lo que estaba oyendo.
- Sí, increíble, y eso que decías que eras malísima con las mates.
Rukia aún estaba en su mundo de Chappys, tal y como le dijo Ichigo antes. Aquello no podía ser cierto, tenía que ser una broma. ¿Cómo iba a ser ella la tercera mejor? Era imposible, tendría que verlo con sus propios ojos para creerse algo así.
- ¿Rukia?
- Lo siento Kuukaku, pero debo irme.
La Kuchiki fue corriendo hacia el tablón de notas y vio que Ichigo e Ishida aún discutían. Cuando se fijó en la lista comprobó que Kuukaku le había dicho la verdad. Se quedó boquiabierta y con los ojos como platos al ver aquel sobresaliente. ¿No estaría soñando?
- ¡Enana! ¿Qué demonios has hecho para sacar esa nota? No copiarías, ¿no? –Le decía Ichigo.
- ¡¿Qué dices? –Gritó enfadada pegándole de nuevo-. Yo no copio nunca, bakka.
- Definitivamente, hoy no es mi día –dijo Ichigo renegado, sentado otra vez en el suelo.
- ¡Y ni se te ocurra volver a llamarme enana!
- ¿Otra vez por los suelos, Kurosaki? –Le dijo Ishida sonriendo de lado para volver a provocarle.
- Te dije que era verdad –le dijo Kuukaku a Rukia nada más llegar al tablón de notas.
- Ya, ya veo, jeje –dijo riendo nerviosa.
- ¿Cómo lo hiciste? –Le preguntó Ichigo.
- Nii-sama me explicó y me ayudó con los ejercicios.
- ¿Byakuya? –Dijo Ichigo sorprendido-. ¿Te ayudó? Increíble, ese estirado tiene compasión y es capaz de ayudar.
- ¡Ni digas eso de nii-sama! –Gritó la morena dándole un capón, haciendo que el chico se quejara por enésima vez.
- Así que fue tu hermano –dijo Kuukaku de repente mirando las notas, consiguiendo captar la atención de Ichigo y Rukia.
- Sí, me ayudó.
- ¿Le dijiste lo de las clases particulares?
- Se me olvidó –se excusó Rukia riendo nerviosa mientras Ichigo la miraba extrañado.
- Riendo así pareces más tonta de lo que ya lo eres –le dijo él.
- ¡ICHIGO! –Gritó Rukia yendo hacia él.
- ¿Podrías preguntárselo hoy? –Preguntó Kuukaku ocasionando que Rukia se parara en seco.
- ¿Hoy?
- Claro.
- Ya te dije que mi hermano es muy especial, no creo que quiera.
- Venga, seguro que puedes convencerle –le dijo guiñándole un ojo-, además, todo quedaría en familia.
- Claro, claro –dijo Rukia sonriendo forzadamente mientras Ichigo se preguntaba porqué tanto interés en tener un profesor tan sieso.
Cuando Rukia llegó a su casa comprobó que Byakuya aún no había regresado. Él decidió quedarse a comer ese día en la universidad, por lo que ella tendría que esperar a la tarde para poder decirle lo que su "cuñada" le había pedido, y bien sabía Rukia que su hermano se negaría en rotundo. Le oyó regresar a la tarde-noche, así que poco después se dirigió a su dormitorio y llamó a la puerta.
- ¿Sí? –Se le oyó decir al pelinegro.
- Nii-sama, ¿puedo pasar?
- Sí, pasa.
Ella abrió la puerta y vio como su hermano estaba con el ordenador.
- Creí que estabas estudiando –dijo ella.
- He llegado hace un rato, necesito un poco de descanso, ¿no crees?
- Claro, que tonta –dijo sonriendo.
- ¿Querías algo?
- Bueno, eh… yo quería…
- ¿Qué has sacado en el examen? –Le preguntó Byakuya de repente.
- ¡Un sobresaliente! –Dijo emocionada-. ¿No es increíble?
- Vaya, bien hecho –dijo él sin separar la vista de la pantalla del ordenador.
Rukia sonrió feliz, su hermano la había felicitado… algo seco pero la había felicitado, eso ya era mucho.
- ¿En qué puesto has quedado?
- Tercera.
- Bueno, no está mal.
A Byakuya no le importaba que Rukia fuera la primera en todo, tal y como su padre le obligaba a él. Mientras ella tuviera una buena nota, aprobara y pudiera estudiar una buena carrera sería suficiente.
- Nii-sama, yo quería decirte algo.
- ¿Qué?
- Pues…
Silencio tenso.
- Venga, suéltalo ya –se quejó Byakuya.
- Que… que Shiba Kuukaku me ha pedido que seas su profesor particular de matemáticas –dijo Rukia de carrerilla y sin mirarle. Bien sabía que a él no le gustaba nada esa familia.
- ¿Cómo has dicho? Es una broma, ¿verdad? –Le dijo y, esta vez sí, mirándola fijamente a los ojos.
- No, me lo dijo hace tiempo pero se me olvidó y hoy volvió a recordármelo.
- Pues le dices que ya se puede ir olvidando de eso, que se busque a otro profesor. No quiero trabajo ahora y menos en esa casa.
- Lo que suponía, pero se pone muy pesada.
- Tú verás como lo haces entonces, ¿algo más que decir?
- No.
- Entonces vete, que quiero estar un rato solo.
- Claro –dijo ella saliendo de allí y caminando hacia su cuarto, pero al segundo escuchó como la puerta de la habitación de Byakuya se abría de nuevo.
- Rukia –dijo Byakuya desde la puerta.
- ¿Sí? –Preguntó ella girándose.
- Acepto el trabajo, le daré clases a esa Shiba.
Hola ^^
Por fin he vuelto a publicar, espero que no me maten por haber tardado tanto pero los exámenes me quitan todo el tiempo que tengo . Este lunes termino así que espero poder seguir la historia lo más pronto posible :D
Gracias por sus reviews! Nos vemos pronto!
