10. Así es...


Los humanos son criaturas extrañas, buenas construyendo estructuras interesantes, y al mismo tiempo patéticas… ocupando un término amable.

Escasos de pelo se cubren con prendas nada prácticas, ásperas, brillosas, extravagantes, que a veces incluyen dibujos de otros humanos o animales. Dazai no entiende si esto último es un intento burdo por parecer amenazantes luciendo la cabeza de un enemigo... Improbable, ya que los humanos rara vez tienen el valor de pelear entre ellos al punto de poseer hazañas dignas de pregonarse, por lo que quizás sea un método para aparentar lo que no son disfrazando su debilidad, o para pavonearse como parte de un ritual enfermo de apareamiento.

Sumado a la falta de pelaje está su inutilidad en la caza. Nunca los ha visto moverse y conseguir una presa decente. Sus comidas, aunque deliciosas, provienen de cajas o bolsas de lugares donde se apilan. Si hay humanos especializados que surtan de comida dichos sitios, no los ha visto jamás por su territorio, y está seguro de que con la fascinación de los humanos por ser los más inútiles posibles, estos "cazadores" deben ser poco dotados.

Encima de eso está su estatura. Son gigantes, torpes y lentos, carentes de gracia. No ven en la oscuridad, y tienen una compulsión por evitar disfrutar de la vida exterior encerrándose en sus guaridas. Ser de rutina y aseados son de sus contados puntos fuertes, eso y que, pese a su calvicie, su ineptitud, ser nulos de elegancia o velocidad; saben dar caricias como nadie y hacerlo sentir rey. Y como todo rey, Dazai de vez en cuando mira hacia abajo, hacia sus fieles súbditos…

Entró en la habitación de Kosuke, Chuuya detrás. Su pareja era un gruñón, pero se preocupaba más por los humanos que cualquier gato que hubiera conocido.

Saltaron a la cama.

—Le duele la barriga —dijo Chuuya maullando suave, hundiendo el hocico en las sábanas, tocando la espalda arqueada de la cría—. Seguro que es por esas bolas azucaradas que come en lugar de carne fresca.

Dazai asintió con la cola, otorgándole la razón.

—¿Y has visto las cagarrutas blancas de ratón que le dan desde que enfermó? —espetó el calicó—, creo que los padres piensan que le ayudarán. Esas porquerías deben estarlo empeorando.

—La caléndula lo haría mejorar—rodeó al niño.

—¿No surtirían mejor efecto las bayas de enebro —discrepó Chuuya acomodándose en el lado cóncavo del ovillo que estaba hecho el humano, sudando frío y temblando—, o raíz de perifollo?

—Chuuya —atajó Dazai, tonillo dulce y juguetón, situado en la parte convexa de Kosuke—, ¿cuándo he fallado en lo que digo?

—Maldito engreído —maulló recostándose y ronroneando.

—Un engreído que amas —devolvió, imitando enseguida a su pareja.

El arrullo de los mininos en el silencio de la habitación colocó encima de la enfermedad una capa de calma, compactándose en un ungüento que la magia ejercida en su ronroneo —en esos 50 a 150 Hz— aplicó al dolor de Kosuke, disminuyéndolo lo suficiente para permitirle descansar.

Sentado en un sillón junto a la cama, Ango despertó al amanecer. La estampa que otro día lo hubiera sacado de casillas, esa madrugada le movió el corazón hasta el punto de las lágrimas: su pequeño que había enfermado, por el que veló pese a que el cansancio ganó a mitad de guardia, lucía tranquilo acompañado de los dos miembros peludos de la familia.

Los humanos son criaturas extrañas, sí, con defectos que se cuentan por millones, y también con pros que permiten a cualquier gato encariñarse y regalarles su muy especial modo de amor.


Notas:

Una enorme disculpa por el atraso, esta vez fue por algo bueno, ya que el epilogo de Insane Dream (un ff Soukoku que tengo) me consumió por completo, de tal forma que mañana o el domingo podré publicarlo. A partir de la próxima semana estaré volviendo a la normalidad.

Hay una cosa que debo agregar con este capítulo, y es que deseaba que no fuera tan cómico porque se refiere al momento en que me terminé de enamorar de mi gato, Bon: cuando mi condenado gatijo, un desgraciado encantador, se recostó junto a mí —yo llorando por fuerte cólicos— ronroneando y sólo se quedó así, como diciendo "te amo y me preocupas". Por eso quería algo más dulce… gatuno y dulce; y porque nos estamos aproximando al final.

Sin más que decir, sólo que me ganó mi venita Gatos Guerreros (Erin Hunter), gracias por su paciencia y por continuar leyendo.

Los quiero un montón.