Hola hermosas personitas! Resurjo de las cenizas como el ave fénix.
No hay árbol que el viento no haya sacudido y acá estoy... Después de un huracán.
Más bien de un bloqueo mental que me dejó la mente revuelta como uno... Les pido perdón la tardanza... La espera terminó!
¿Quién quería que Erwin volviera? ¿Y Annie?
...
...
¿Nadie?
Oooouh...
Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen, son propiedad de Isayama Hajime.
Disfrútenlo~! Tengan a mano algunos pañuelos... ... Para la sangre de la nariz, digo.
Sé diez cosas sobre Levi. Uno: su cumpleaños es el día de navidad. Dos: es primo mayor de mi mejor amiga Mikasa. Tres: trabaja como profesional de higiene y salud; es muy meticuloso con el orden y la limpieza. Cuatro: tiene y usa diferentes cuchillos para cortar los alimentos y su comida sabe deliciosa. Cinco: tiene un hijo de cinco años, que es cuidado por mi mejor amigo Armin mientras él trabaja. Seis: su madre es Kuchel Ackerman, su amiga de llama Hanji, el hermano mayor de su esposa fallecida es Farlan Church. Siete: Conoce a Erwin Smith desde hace más de diez años y su relación es algo cercana. Ocho: tiene un instinto paterno increíble, eso me gusta demasiado. Nueve: Cuando abre su corazón, puede ser muy conmovedor. Diez: su sonrisa es hermosa. Quiero saber más, quiero saberlo todo.
Capítulo 10: Sin tregua (Parte I)
Iba de salida de su turno de trabajo. Esa no había sido una buena jornada. Se había arrepentido de sus decisiones en medio del turno. Había decidido que no llamaría a Eren por la guardia nocturna. Que Erwin se jodiera por ser tan insensible y estúpido. ¿Su prioridad era Levi? Entonces a partir de ahora la prioridad de Nile sería él mismo. Se engañó a sí mismo el tiempo que la aguja del reloj tardó en marcar las seis. No quería que Erwin se enojara con él. ¿Qué haría si eso sucedía? Se imaginaba regresando a casa desahuciado y triste, en dos días cuando su rubio regresara y descubriera que no le hizo caso. Pero Eren no respondió el celular y supo con cada tono, que no iba a hacerlo.
Tenía un buen rato para pensar en un plan B. Aunque no quería hacerlo, se sentía con el coraje suficiente para dejar las cosas así y que pase lo que tenga que pasar. Se subió a su motocicleta y calzó su casco, acomodándose la campera de cuero negra. La encendió y aceleró camino a su casa.
Y maldecía a su progenitora, a su abuela, a su bisabuela y tatarabuela, y todo su árbol genealógico repleto de integrantes femeninos de parte de su madre. Porque su tatarabuela tuvo dos hijas, su bisabuela tres, su abuela dos. Sus primas eran mujeres. ¡Eran todas mujeres! ¡Todas unas histéricas y locas mujeres! Y él no era ajeno a eso, se había criado en ese ambiente. Él era histérico también y no sabía lo que quería hacer respecto de su maldita vida amorosa.
Se sentía como si cincuenta palomas hubieran liberado sus desechos en su cabeza. Seguramente se trataba de esa mujer que rechazó antes de graduarse de la escuela diciéndole que a él le gustaban los hombres. Ella debía haberle echado una brujería. "Te enamorarás de un hombre que no te amará, y no solamente no te amará. Será tu mejor amigo." ¿Cuál era la idea? ¿No es bastante malo que no te quieran de la misma forma? ¿Sí o sí merecía caer en la famosa y agonizante zona de amigos? Suspiró largo y tendido. ¿A quién quería engañar? Él se cavó su propia fosa.
Al demonio.
Erwin no podía ser el único que tuviera todo lo que a él le gusta. Eso es demasiado raro. Eso debe creerlo él, porque lo quiere y le gusta todo lo que él es. ¿Cómo lo haría? ¿Cómo podría olvidárselo? Debería empezar por cambiar su foto de fondo de pantalla ¿no?
Se rió de lo patético que es, por su mente asomó la idea de conocer a alguien más. ¿Por dónde empezaría a hablar de sí mismo? ¿Quién es él? ¿Podía ser él sin esos sentimientos por Erwin? Los que tiene desde hace tanto tiempo, ¿con qué se encontrará cuando no los tenga más? Y después de todo ¿sería capaz de continuar siendo su amigo?
Y ese era su eterno círculo vicioso e histérico. Si no dejaba de ser cercano a Erwin, jamás lo olvidaría y lo sabía muy bien. Su rubio tenía algo que ponía a su corazón loco y desordenaba todos sus pensamientos haciendo que inevitablemente, aunque se hubiera mentalizado que no, cayera por él, de nuevo. Y cada vez más.
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Despertó con escalofríos en su nuca y el pelo crispado; cerró su boca, la sentía seca, lentamente abrió los ojos y observó directamente los números verdes del reloj despertador de Levi. Sonrió dulcemente enterrando su nariz en la almohada y aspirando hondamente, llenándose del olor a suavizante, estirándose un poco a sus anchas en la cama. Primero estiró sus brazos moviendo su cuello de lado a lado, exhalando aire con violencia, luego curvó hacia adentro su espalda y por último flexionó una pierna y estiró la otra, sacando cola, estirando sus vértebras lumbares.
– Hasta que al fin despiertas, mocoso dormilón.
Y esa sensación de frío y piel de gallina le atacó desde la columna hacia sus extremidades. Giró su cuello en dirección a la ventana y ahí estaba, la sombra de aquella persona de pelo negro que esperaba ver a su lado cuando abrió sus ojos.
– S-señor...
A pesar de que la luz que entraba por los espacios entre las maderas era escasa, podía ver su rostro, lo estaba mirando a los ojos. Su estómago se contrajo y sintió cosquillas. "Se ve tan bien en la mañana y en ropa de domingo" pensó cuando cayó en la cuenta de que seguramente estaba ahí desde que despertó y lo vio oler las almohadas y estirarse a su gusto. Y fue que el frío se convirtió en un calor sofocante que atacó a sus mejillas y orejas.
En efecto, Levi lo había despertado, no sin antes haberlo observado un poco y en consecuencia lo había visto desperezarse y moverse al despertar. No era consciente que se le pasaba el tiempo mirándolo, tampoco de que lo hacía. En la noche le había tocado enfrentarse a las inofensivas intenciones que Eren tenía. Por un momento había creído que sería molesto para él estar ahí, todo porque su hijo se emocionaba de verlo y siempre quería jugar con él. Pero no era así, se había dado cuenta de que Eren quería ser tomado en cuenta. Lo que tomó por sorpresa a Levi fue que Eren ya era tomado en cuenta. Desde ese día que por su distracción le escribió un mensaje sencillo su vínculo había cambiado.
Tal vez por eso le abrió las puertas de su casa una vez más. Seguramente por eso habían dormido en la misma cama. Supuso que por eso es que pudo hablarle de algo tan personal como sus inseguridades y su pasado. Supuso que por eso la sensación de celos cuando él y su hijo se abrazaron en la mañana había podido ser pasada por alto.
– No podía despertarte. – Trató de cubrir un poco de la sorpresa que sintió al ver a Eren despertando, dándole la espalda y abriendo las pequeñas puertas de madera de la ventana. – Está por ser el mediodía.
– Ah.. G-gracias... – Se sentó en la cama rascándose la nuca, nervioso. Las sábanas tapaban sus piernas, los rayos de luz iluminaban el lecho en el que habían dormido. Eren se sonrojó.
– Tienes que trabajar hoy ¿no es así? – Se sentó al borde de la cama, apoyando su muñeca atrás de su cuerpo y sosteniéndose. – No sabía si despertarte, en realidad.
– Si... Está bien, señor Ackerman. – Eren se estiró para tomar su celular y alargó su cara.
– ¿Pasó algo malo? – Preguntó sin mostrar demasiado interés, pero notando el radical cambio de Eren.
– No, señor Ackerman... – Eren levantó su mirada. – No, ¡está todo bien! – Intentó sonreírle para no preocuparlo.
Levi supo que Eren mentía, pero aún así pensó bien en qué podría decir. Mil cosas se le vinieron a la mente, pero decidió no insistir. A demás escuchó que cortos pasitos se acercaban.
– ¡Señor Eren Jaeger! – Isaic se subió a la cama de un salto y se sentó frente a él. – ¡Buenos días! – Se abrazó a Eren.
– Buenos días... – Saludó Eren. Acarició la cabeza de Isaic.
– ¿Ya va a levantarse? – Preguntó con una sonrisa, alzando la mirada.
– Sí, debo hacerlo... – Respondió mirándolo a los ojos.
Isaic y Levi se levantaron de la cama. Eren desorganizó todas las mantas al destaparse. Levi suspiró para sus adentros. Eren tomó su ropa, la cuál visualizó en la noche arriba de la cómoda y se guardó en el baño cambiándose a la velocidad de la luz.
En la habitación, Levi estiraba nuevamente la cama. Isaic se mantenía junto a su papá.
– Pa... – Llamó su atención. – ¿Cómo despertaste al señor Eren Jaeger?
– Resoplé despacito, para no asustarlo, en su nuca. Aproveché que estaba recostado boca abajo. – Enseñó estirando correctamente las sábanas.
– ¿Y como supiste que así despertaría? – Su hijo ladeó la cabeza.
– Tu tía Hanji tiene el sueño profundo también... – Respondió alisando la superficie de la sábana por debajo de las almohadas. – Cuando se quedaba dormida en la escuela la única forma de despertarla era respirándole de cerca, en la oreja o en el cuello. ¿Por qué crees que se casó con el tío Mike?
– ¿Es importante casarse con alguien que sepa como despertarte, papá?
– Sí... – Respondió lentamente. – Si no te cuesta levantarte e ir a trabajar.
Levi se encontró con el celular de Eren entre las cobijas, éste aún tenía la pantalla encendida. Le llamó la atención que a pesar de tener muchos íconos de mensajes recibidos lo que se podía ver era el registro de llamadas: "6:03 a.m. Parque emergencias (6) ver detalles" Enseñaba un teléfono rojo con una cruz. Ahora entendía porqué los ojos de Eren casi se le salen de sus órbitas. Lo dejó en la mesa para terminar de tender la cama.
– El tío Mike siempre me hace cosquillas cuando me huele... – Se rió Isaic. – La tía Hanji debe despertar siempre así. – Comentó achicando sus hombros imaginándose las cosquillas. – Papá...
– ¿Qué? – Metió el sobrante de las sábanas debajo del colchón, tendiendo la cama.
– Fue bueno dejar dormir más tiempo a el señor Eren Jaeger. – Sonrió. – Pienso que se ve mejor.
– ¿Eh? – Su hijo tenía razón. – Si... Ayer se notaba muy cansado.
– Ah... ¡Señor Ackerman! – Eren lo regañó desde la puerta. – Yo quería ayudarlo...
Levi lo miró desde la cabeza hasta los pies y contuvo la risa, bajando la mirada y tapando un poco sus labios, aquello tomó desprevenido a Eren, quién se sonrojó y acercó un paso hacia ellos, sendo atacado por insistentes signos de pregunta.
– Ya está hecho... – Salvó Levi, divertido, desde el lado que Eren había dormido, una vez que acomodó parte del edredón bajo la almohada para darle forma a la cama. Tomó el celular de Eren, que estaba en la mesita y se acercó a él. – Ten...
Eren lo agarró y tocó el botón del costado: la realidad lo golpeó nuevamente. La noche ya había pasado, se preguntaba cómo se las habrían arreglado cuando él no respondió. ¿Quién tiene problemas en el parque a las 6 de la mañana? "Estas cosas sólo pueden pasarme a mí" había dejado su teléfono silenciado y esperaba que no hubiera sido nada grave. Pasó a lo siguiente: tenía llamadas perdidas y mensajes de sus padres y de Mikasa. De sus padres hasta las 4 de la mañana, de su amiga algunos de más tarde también.
– Señor Eren Jaeger… – Lo llamó Isaic desde abajo pidiéndole que se acerque.
– ¿Qué ocurre? – Le preguntó arrodillándose.
– Venga más cerca… – Eren le dio su oído al niño. – Tiene la camiseta al revés.
Eren miró a Isaic, ruborizado y luego se miró a sí mismo. Se sentía un idiota, estaba avergonzadísimo. Podía vestirse mal frente a cualquier persona, pero él tenía que hacer el ridículo frente a Levi.
– Sostenme esto, Isaic… – Pidió al niño mientras le extendía su celular.
Se irguió y, sosteniéndola desde la parte posterior del cuello se la quitó y acomodó en sus manos.
Levi apareció por la habitación y se encontró con la tierna espalda de Eren. El surco que divide las dos idénticas mitades del castaño se le hizo tan suave. Descendió con sus ojos, rápido y sin percatarse, hasta encontrar su curva lumbar, a ambos lados, los famosos "pocitos" se lucían con la luz de la habitación y enmarcaban la relajada cintura del joven, ensanchándose al descender, para delimitar sus caderas con el borde superior de su pantalón azul. Vio la remera de Eren deslizarse con lentitud y limpieza por ese tórax aterciopelado. Eren le pidió a Isaic su teléfono y giró para salir de la habitación.
– Gracias por no decirme, señor Ackerman… – Dijo haciéndose el dolido.
– Préstate más atención, mocoso. – Le respondió indiferente.
– ¡Qué…! – Sonrió y se ruborizó, estaba a punto de tirarle una indirecta. Cerró la boca y se achicó de hombros, hizo un mohín y salió de la habitación.
Levi lo observó hasta que dobló del pasillo a la sala, ¿qué tenía Eren que no podía dejar de mirarlo, a veces?
Eren se detuvo en mitad de la sala, sosteniendo su aparato blanco. Su madre lo había regañado: "Sé que tu teléfono está encendido, todos los mensajes que te envié entraron. Más te vale responderme rápido Eren Jaeger. Ni Armin, ni Mikasa saben dónde estás... ¡¿Dónde te metiste?!". Los que pasaban las cuatro de la mañana, eran puras cargadas por parte de su progenitora "Entiendo que hayas ido a la casa del primo de Mikasa, pero podías avisarme ¿no lo crees? Armin me avisó recién. Usa preservativo, hijo". El sonrojo subió por sus mejillas e hiperventiló un poco. ¿Qué demonios se cruzaba por la cabeza de su madre para decir algo así? ¿Habría sido tan obvio con sus sentimientos? Intentó tranquilizarse pasando a los siguientes mensajes. Mikasa se notaba ignorante de su paradero, pero los que pasaban las 12 de la noche eran "preocupación en exceso", y luego de las cuatro los mensajes eran algo obsesivos: "¿Estás con Levi? ¿Levi, mi primo? No te habrá dejado dormir en el piso, ¿verdad? ¡Lo mataré!". Cómo hizo para no llamar a ese horario a la casa del hombre, eso era un misterio que no intentaría develar.
"Es tiempo de despertar" había estado viviendo un sueño, toda esa noche. Empezó por su madre, con un sutil "buenos días" con el cuál esperaba piedad, después de todo lo había pillado y tenía que entender que anoche no era momento de preocuparse por su teléfono celular. Le siguió Mikasa y, antes de ser bombardeado a preguntas, le contó que no durmió en el piso, pidió disculpas por no contestar nunca pero se quedó dormido en el sillón viendo una película con Isaic y que no se preocupara.
– Oh... – Levi justo pasaba por su lado. – Señor Ackerman, yo-...
– Mocoso dormilón... – Eren cerró su boca y lo observó con atención. – ¿Te quedas a almorzar?
– Debo irme, tengo que entrar al zoológico a las 14. – Trató de no pensar en nada, porque se arrepentiría de esto por siempre. – Mi madre no sabe de mi desde ayer cuando me fui de mi casa.
– No tienes que explicarme...
– Lo siento...
Sin querer sus miradas se encontraron de un modo especial, ignorantes de que ahora se conocían más, su vínculo se había estrechado sólo un poco y sus vidas se habían anclado, de manera invisible.
– ¡Señor Eren Jaeger! – Llegó Isaic como tornado para aferrarse a la mano de Eren y pedirle que se agachara. – ¡Quiero escuchar el final de la historia del titán aprendiz! – Aquello le dio tos a Eren.
– Isaic yo... Debo irme ahora... Perdóname
Toda la efusividad y alegría con la que el niño se había acercado parecía haberse apagado.
– ¡No! – Isaic se aferró al cuello de Eren. – ¡No quiero que se vaya! ¿Por qué?
– Hijo... – Levi también se arrodilló, el niño soltó el hombro de Eren para mirar a su padre, aún abrazándolo. – Eren debe irse. Los animalitos del zoológico están esperándolo.
– ¿Se tiene que ir? – Isaic miró a Eren e hizo un mohín.
– Escucha, Isaic... – Eren se llevó su puño al pecho. – Volveremos a jugar pronto y te contaré el resto de la historia. ¿Quieres?
– Sí... – Respondió sin estar del todo convencido. – Sólo por los animalitos...
– Bien… – Eren revolvió el cabello de Isaic, haciéndolo sonreír al fin.
Se irguió y miró a Levi, le costaba hacerse a la idea de que tendría que irse y dejarlo. ¿No había alguna forma de detener el tiempo? ¿Por qué si cada vez que Levi apoya esos ojos grises en él las agujas del reloj dejan de girar, en este momento no ocurría? ¿Por qué tenía horarios y obligaciones? Su garganta se llenó de preguntas y le impidió decir lo que realmente hubiera querido; y qué suerte que no lo hizo.
– Señor Eren Jaeger. – Interrumpió la prolongada mirada que se dieron los adultos. – Vuelva otro día.
Eren pidió permiso a Levi con una expresión rápida. El pelinegro suspiró y acarició el pequeño hombro de su hijo.
– Eres bienvenido. – Sonó severo, pero claramente no era su intención.
– ¿Lo ve? ¡Mi papá también quiere que vuelva!
Eren no pudo disimular la sonrisa al escuchar aquello, mientras que Levi simplemente miró a su hijo, alterado, sin decir nada. Eso provocó que Eren se sonrojara levemente y se viera obligado a bajar su mirada, escondiéndose. Estaba ahí, junto al niño que hace meses le dijo que no entendía qué tanto hacía su padre por él y con ese hombre que le había demostrado que era de esa manera.
Más allá de todas las mariposas que Eren sentía por Levi, el par se encargaba de que le encantara pasar tiempo con ellos.
– Entonces otro día vendré… ¿Está bien? – Isaic le sonrió.
Los Ackerman acompañaron a Eren hasta la puerta, Levi le extendió la campera de lluvia y abrió la puerta. El sol brillaba en el cielo y la brisa era leve, pocas nubes se movían a la par de ese aire que soplaba. Eren salió afuera en un impulso, de otra manera no podría hacerlo.
– Quédate adentro, hijo… Estás desabrigado. – Isaic asintió. – Eren… – Llamó Levi antes de que Eren se alejara más. – Disculpa…
– ¿Eh? – Se acercó unos pocos pasos. – ¿Por?
– Por… – Ladeó su cabeza, gesto que fascinó a Eren. – Los problemas que te causa Isaic…
– ¡No, no! – Eren sonrió. – Yo soy quién debería, no pude terminar de contarle la historia que le prometí hace un montón de tiempo…
– Seguro me pedirá que te escriba… – Señaló la puerta, donde aguardaba el sonriente niño. – Así que cuando tengas tiempo libre, avísame.
– Lo haré. – Retrocedió unos pasos, alejándose. – ¡Adiós, señor Ackerman! – Lo saludó con la mano girando su cuerpo. – ¡Adiós Isaic!
– ¡Adios, señor Eren Jaeger! – Gritó respondiendo el saludo.
Levi observó a Eren alejarse. Realmente esa noche había sido un disparate. Pero ellos habían dormido juntos y, entonces, todo entre ellos era distinto. Al menos así se sentía él.
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Al llegar a su casa lo había sorprendido su madre, sin nada para comer. Se culpó por no avisarle que llegaría para el almuerzo. Carla se rió de él la mayor cantidad de tiempo que pudo: "¿No te dio de comer tu novio?". Intentar convencerla de que Levi no es su novio fue un total y completo fracaso ya que la castaña había empezado a planear invitarlo a comer para que se pudieran conocer al fin: "No puede ser, ¡Grisha lo conoce y yo no! Si te gusta tanto es porque debe ser muy guapo… ¡Y su hijo! Su hijo es tan bonito… Si tiene un hijo tan lindo entonces, él debe estar buenísimo. ¿No es así, amor?". Incluso en un momento esbozó una sonrisa maliciosa y Eren se preguntó en qué demonios estaría pensando. Por más que se lo preguntó, su madre no se lo quiso decir.
Él también fantaseó bastante mientras esperaba el almuerzo, el recuerdo del rostro de Levi, su voz, sus manos, la suavidad de su cama y el olor a suavizante. Se sentía bien, muy bien, estar a su lado. Escuchar su respiración, ver su blanca piel, apreciar cada hebra de su cabello y verlo hasta poder inferir cuántas pestañas lleva pegadas a sus párpados.
Mikasa había estado insistiendo en que se vieran y acosando con preguntas. Él estaba completamente de acuerdo, pero esa tarde tenía que trabajar. Le propuso que al día siguiente se encontraran los tres, con Armin, y hablarían al respecto: sobre Levi. ¿Realmente estaba preparado para decírselo? ¿Mikasa lo tomaría bien?
Era demasiado tarde cuando salió de su casa, sumado a que su madre le dijo que podía dejar su bicicleta en un taller cercano a su casa, al pasar por afuera parecía ser únicamente de mecánica de autos a demás de que abrían en domingo y todo alrededor estaba desierto, pero todo cambió cuando vio a una chica salir con su bicicleta. Tomó aire, entró y esperó a que lo atendieran. Se acercó desde el fondo un joven alto, de cabello desprolijo, con grandes brazos y un poco de suciedad en sus manos.
– Buenas tardes, ¿en qué te puedo ayudar? – Preguntó amablemente, con una sonrisa.
No fueron necesarias muchas palabras. Eren movió su bicicleta, sosteniéndola desde el asiento y mostró su rueda en llanta.
– Se pinchó…
– Ven, acompáñame al fondo… – Sugirió tomando la bici desde el manubrio y el asiento, acariciando disimuladamente su mano.
"Eso sonó terrible" pensó para sí mismo luego de retirar su mano del asiento de la bicicleta, en un movimiento seco y conciso. Caminó por detrás del mecánico, observando el ambiente, pocas ventanas en el lugar, la mayoría de la luz la brindaban los fluorescentes en el techo; las paredes descoloridas o manchadas y el olor a motor; el ruido metálico de las llaves contra las chapas de los autos hasta llegar a un espacio del taller exclusivo para las bicicletas.
– ¿Crees que puedas tenerlo rápido? – Preguntó manteniendo la distancia.
– Debería revisar qué tan grave está esto… – Las miradas del chico lo ponían incómodo, como si con eso buscara que su ropa volara. – ¿No tienes un momento? – Tenía ojos oscuros y penetrantes.
– En realidad… – Eren tomó su celular del bolsillo y observó la hora. – No. – Se acercaba su hora de entrada al parque.
El chico se rió y se tomó su tiempo, observando la rueda, la colocó a altura y retiró toda la cubierta. Comenzó a husmearla. Eren miró a su alrededor, impaciente, estaba incómodo, se quería ir. Ya no era sólo por su horario, también el chico que iba a repararle la bici le estaba coqueteando con sonrisitas y miradas intensas. Maldijo a su madre mientras esperaba, él le dijo que prefería esperar al día siguiente y llevarla a lo del viejito de siempre, pero le tuvo que insistir. ¿Lo habría hecho a propósito? "Seguro ella sabe que aquí está lleno de hombres transpirados en musculosas y las manos engrasadas".
– La cubierta está atravesada. – Le dijo, mirándolo fijamente a los ojos, intimidante, de nuevo.
– ¡¿Qué?! ¡¿Cambiarla entera?! – Levantó el tono de voz. – ¿Me hablas en serio?
– ¿Quieres verlo por ti mismo? – Ofreció el chico, algo a la defensiva.
– Sólo hazlo… ¿Quieres? – Renegó rascándose la cabeza.
– Tardaré un rato… – Avisó. – Estabas apurado… Puedes regresar mas tarde si quieres…
– ¿A qué hora lo tendrás?
– Tal vez… Esta noche… – Arrastró las palabras.
Estaba loco, ese chico estaba loco si pensaba que Eren Jaeger aceptaría regresar a ese taller esa noche en busca de su bicicleta. Podía quedársela si quería, se la dejaba con tal de no volver a dar la cara frente a él. Forzó una sonrisa y se hizo el complicado.
– Entonces vendré mañana…
– ¿En la mañana? ¿A la tarde?
– Seguramente a la mañana.
El mecánico le sonrió entonces lo saludó hasta el día siguiente. Eren intentó calmar sus nervios y su incomodidad caminando a toda velocidad lejos de ese taller, hacia la parada de transporte público para ir al parque.
Se bajaba del bus y corría hasta la entrada del parque. Apenas tenía 20 minutos para llegar, cambiarse de ropa y anunciarse con Rico. Al acercarse, decidió correr 50 metros más y entrar por la puerta de personal. Había notado que mucha gente hacía cola para la entrada principal y lo único que ocurriría es que se retrasaría aún más. En los vestidores se encontró con Connie.
– Buenas tardes, Connie. – Saludó agitado.
Pero sólo recibió un bufido y la espalda del joven de cabello rapado. Frunció el ceño y suspiró: realmente había olvidado cómo era su vida antes de su noche de ensueños. Para variar, no sólo no sabía qué pasaba por la mente a su compañero, si no que también, sentía su indiferencia cada vez más áspera. Cómo una lija tocándole por sobre la cara. Escuchó la puerta del vestidor cerrarse con fuerza, entonces interpretó que estaba solo. No perdió el tiempo y se cambió por su uniforme hasta estar completamente listo. Bloqueó su celular y aunque se moría por llevárselo, por si Levi escribía un mensaje, lo guardó en su mochila dentro del locker.
Corrió hasta el escenario de los pingüinos, en el camino se encontró a Sasha, que caminaba un corto tramo, yendo y viniendo.
– Buen día, Sasha. – Saludó neutro, esperando que al menos a ella no le continuara la mágica indiferencia
– E-eren... – La chica miró a su alrededor. – ¿Hoy me toca los pingüinos? – Preguntó en voz baja.
– No, dejemos eso por un tiempo... – Se acercó solo un poco. – Puedes ir con los delfines.
– ¡¿De verdad?! – El rostro de la chica se iluminó.
– Claro... – Asintió desanimado. No podía creer que estaba renunciando al show de los delfines porque el idiota de Reiner era el conductor principal.
– ¡Oh, gracias Eren! – Se colgó de sus hombros y dio pequeños saltos en sus brazos.
Sintió un poco de tranquilidad, sea lo que fuera que había pasado, Sasha estaba bien con él. Recordaba cómo la semana pasada lo había ignorado luego de saludarlo a secas, con una expresión insufrible en su rostro.
– ¡Sasha! – Llamó Connie desde espaldas de la chica. Eren notó en su rostro que estaba bastante enojado.
– ¿Hm? – La castaña se tensó en el abrazo de Eren.
– ¡¿Por qué no dejas de escaquearte y te pones a trabajar?! – La regañó.
Y entonces entendió, una sola parte de la historia. Sasha se separó de él, le sonrió de costado y bajó su rostro, yéndose en dirección al anfiteatro de los delfines. Eren y Connie cruzaron miradas por varios segundos, hasta que el chico resopló frunciendo el ceño y alejándose de Eren en cortos y lentos pasos. La situación lo estaba superando, pero no tenía tiempo de arrinconar a Connie, tenía un show en el cuál colaborar. Corriendo, llegó a la parte trasera del escenario de hielo e hizo acto de presencia frente a su superior.
– Catorce horas en punto. – Cantó dándole una vuelta. – Deberían premiarte por tu puntualidad, Jaeger… – Dijo con ironía. – ¿Corrías? Te noto agitado. – Se burló.
– Ya son las catorce y un minuto. – Aspiró aire, mirando a la veterinaria desde arriba.
Algo que había aprendido a trabajar con Rico, era la confianza en él mismo, a no dejarse intimidar. Aquél exhaustivo tire y afloje en su personalidad desaparecía cuando Rico le decía palabras duras. Lo estaba entrenando para el futuro, para las cosas buenas y las cosas malas: para que cuando cometiera un error, pudiera asumirlo y arreglarlo si éste tenía solución; y a confiar en sus decisiones.
– Tienes agallas para llegar tarde. – Rió. – ¿Crees que puedas conducir el show hoy?
Y aquello no era un castigo, era otro desafío que le imponía. Su confianza vaciló, pero supo que para obtener la aprobación tenía que decir que sí. No era que él careciera de carisma o presencia, lo sabía bien; había visto muchísimas veces a Rico en el show; pero presentarse por primera vez frente a esa cantidad de gente, sólo, lo hacía echarse atrás. No era como si prefiriera que eso ocurriera con los delfines. Después de todo Reiner aún no le habla y sus miradas son cada vez más frías, la cantidad de gente suele ser mayor; pero lo cierto es que en el show de los delfines nunca sería él sólo frente a la multitud.
Rico entendió su expresión, solo rió y le dijo que lo tenga en cuenta, esta vez lo dejaría pasar pero la próxima no. Eren se calmó, aún así fue extraño para él. ¿Cómo podía un día tan genial arruinarse en una simple hora? Vio a su encargada dirigirse hacia el lado del escenario para salir.
– ¡Espere, Rico! – Gritó. – Yo lo haré.
La mujer le sonrió de lado, abiertamente, convencida de que eso era lo que estaba esperando que ocurriera. Eren empinó sus cejas y apretó sus puños: un par de miradas frías y bufidos no lo detendrían. Ese era su día feliz, el día en que tuvo que despertar al ver terminar la mejor noche de su vida.
No era como que jugar con pingüinos para entretener gente fuese parte de su vocación, pero sí, trabajar con los animales lo hacía demasiado feliz.
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Armin despertó cerca de la mitad de la tarde, se había quedado despierto toda la noche mensajeándose con Jean; y luego no había podido dormirse por ensoñarse en sus brazos. Su abuelo, obviamente, no estaba y él no quería moverse de la cama. Por las rendijas de sus persianas entraban rayos de luz y algunas partículas de polvillo se veían flotar en el aire, enmarcándolos. Se quejó y dio una vuelta. Su rubio cabello caía por encima de su rostro, sacó una mano desde abajo de sus sábanas para correrlo. Al tomar su celular le escribió a su chico, ese que le quitó el sueño toda la noche.
La única razón por la que saldría de la cama ese domingo sería si él lo invitaba a hacer algo, cualquier cosa. Y así fue. Se levantó de un salto, dándose un baño, almorzando rápido lo que su abuelo le dejó en el microondas y vistiéndose casual, sin dejar de verse bonito. Una camisa manga larga a acuadrillé blancos, azules y celestes, y unos jeans oscuros. Se miró treinta veces en el espejo antes de decirle que estaba saliendo para encontrarlo en la plaza central de la ciudad.
Encajó en su oreja sus auriculares y se desconectó del mundo, caminando bajo el sol. Ya quería verlo de nuevo y besar esos labios; o simplemente escuchar el sonido de su voz. No llevaba tanta velocidad cuando sintió su corazón estremecerse en su interior de sólo caer en la cuenta de que vería, que lo más probable era que Jean lo besara o lo abrazara. Que tome su rostro y lo mire fijamente a los ojos con suaves caricias. No pudo, aunque lo intentó, borrar de su recuerdo el brillo dorado de Sol que emitían los pequeños ojos de Jean. Esa luz intensa que se gravó en su retina para siempre. Por ese Sol, sería capaz de dejarse quemar.
Ahí estaba Jean cuando giró en la arista de la plaza donde se verían. Sentado en un banco de madera sin respaldo, recargando sus codos en sus piernas y jugueteando a mover su celular de mano a mano. Armin desarregló su ropa y su cabello; apretó sólo un poco sus mejillas, para que éstas se ruborizaran, dándole un aspecto acalorado y preocupado por llegar tarde y hacerlo esperarlo por mucho. Lo cierto es que se tomó su tiempo en llegar, porque esa felicidad que le cierra el estómago al encontrarte con la persona que más le gusta le parece una sensación hermosa. Porque sabía que él estaría esperándolo desde antes; porque tenía que hacer que Jean le demostrara que tiene interés en él y así sentirse seguro de que puede pedirle que sólo esté con él.
Se sentó a su lado, haciéndose el desinteresado. Mirando hacia enfrente, esperando por ser notado. Jean ya lo había visto, pero aún así esperó unos segundos, sonrió de costado y levantándose y colocándose frente a él, lo besó a modo de saludo. Armin se sorprendió, todo el camino se había hecho a la idea de que se besarían, pero pensarlo a hacerlo era completamente diferente.
Perdía la razón cuando la hábil lengua de Jean lo tocaba, cálida y gomosa saboreándolo entero. Y es que lo sabía, por ese calor, sería capaz de dejarse quemar.
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No podía tomarse un receso de su propia vida ese día; luego del show con los pingüinos, lo sometieron a las indicaciones que Rico recibió de Shadis en el informe de Eren. La jaula de los loros y cotorras era algo que a Eren no le gustaba en lo más mínimo y todo este tiempo había intentado evitarlo. Eran siete aves en total, cuatro adultos y tres jóvenes. Sentía mucha empatía por los voladores y plumados animalitos. Verlas dentro de esas rejas o redes le hacía sentir como si a él mismo le cortaran las piernas. Era cierto que había leído que esos animales fueron entrenados a mano para ser mascotas, no le temían a las personas y, de hecho, se les daba bastante bien la imitación de los sonidos. La jaula era lo suficientemente grande como para que puedan volar, medía alrededor de 3 metros de diámetro; e incluso sabe que Reiner los entrenó para salir a volar y regresar al sonido de un silbato especial; y que Annie es quién practica esta habilidad. También sabía que los más jóvenes habían nacido en cautiverio, lo que hacía que no supieran cómo es estar en su hábitat natural.
Se le ordenó realizarle mantenimiento a la jaula, revisar la salud de los loros y verificar que se aseen en el recipiente con agua que posee la misma jaula. Y a pesar de todo, se mentalizó para realizar aquella tarea con una sonrisa en su rostro.
– ¡Cuánta cochinada hay aquí! – Lo recibió un loro hembra, con su aguda voz.
La gente deambulaba por los alrededores cuando Eren entró en la jaula, la cuál contaba con un ambiente similar al de un bosque. Aquello emocionó al futuro veterinario, se sentía como en esos programas de Discovery, en los que un zoólogo viaja a los bosques de África en busca de especies que estudiar, comportamientos que aprender y aventuras que vivir. Los visitantes de afuera serían los televidentes en sus hogares. Sacudió la cabeza e impedir que su imaginación lo lleve a hacer una locura como hablarle a las familias que se habían acercado a la jaula de los loros grises africanos.
Lo primero que hizo fue empezar a hacer correr el agua de la fuente, para que los loros se acerquen a limpiarse, mientras que él preparaba el rastrillo y la aspiradora de hojas y pasto muerto para empezar a levantar todo aquello que había caído. Mientras limpiaba en una primera mitad de la circunferencia, revisó en lo alto de los árboles del sector uno que los loros no bajó a la fuente, lo contrario a eso, apuntaba directamente con su trasero al atento rostro de Eren.
Plup
La frente de Eren fue manchada por aquella sustancia semivizcosa blanca y grisácea antes de que él pudiera moverse, también parte del hombro de su chomba de trabajo.
– ¿Siempre tiene que pasarme algo así? – Se quejó retirándose los desechos del pájaro con la mano. – Qué asco.
– ¡Qué asco! – Exclamó el ave moviendo las plumas rojas de su trasero.
Se acercó a la fuente de los loros para tomar un poco de agua limpia y pasársela por su frente y parte de su cabello que se había ensuciado, pero fue atacado a picotazos por uno de los loros jóvenes. Retrocedió, tropezándose con una rama y cayó sobre el montículo de hojas que había recogido. Se frotó la cabeza en la zona que golpeó y una pequeña y fría mano lo hizo sentarse.
Abrió sus ojos y encontró a Annie, arrodillada frente a él con un trapo húmedo en una mano, limpiándole la suciedad de su frente y su cabello y con la otra sosteniendo el hombro limpio de Eren.
– Al viejito de arriba le gusta hacer sus cosas por encima de nosotros. – Enseñó con un tono de voz especial. – Y al jóven de la mancha blanca, sólo le gusto yo. Por eso te debe haber picoteado.
– Vieji~tou… – Repitió el ave.
Annie rió bajando el rostro, Eren lo observó seriamente, el chirrido de la garganta de pájaro al emitir sonidos lo estaba irritando más de lo que ya estaba por recibir su regalo en la cabeza.
– ¿Quieres darme esto? Puedo limpiarme por mí mismo. – Tomó la mano de Annie para agarrar el trapo.
– Déjame hacerlo... – Tironeó de su mano para que Eren la suelte. Se dejó limpiar, porque sabía lo difícil que era convencer a Annie. – Tienes una cara terrible... – Agregó con lentitud.
– La mugre que hay aquí es terri~ble… – Agregó el loro.
– ¿Se nota tanto? – Sonrió tristemente.
– ¿Quieres hablarlo conmigo? – Le preguntó sentándose sobre sus tobillos, comenzando a limpiar el hombro de Eren.
– Estoy seguro de que si yo supiera qué ocurre podría solucionarlo.
– ¿Tienes problemas en el parque? – Eren no respondió. – ¿Quieres que te ayude a limpiar aquí?
– ¡Limpia, esclava! – El loro bajó por algunas ramas hasta estar cerca de los humanos.
– ¿No tienes otra cosa de qué ocuparte? – No era como si no quisiera terminar rápido con la jaula de los loros, pero, tenía que evadirla, si no luego sería peor. – No quiero hacerte perder el tiempo.
– Déjame mostrarte como hacer algunas cosas.
Annie quitó sus manos de encima de Eren luego de limpiar el hombro y la manga de su uniforme, y se puso de pie. Le tomó la mano a Eren nuevamente y lo ayudó a levantarse.
– Te mostraré algunas cosas ricas… – Señaló el pájaro con agudeza e incitante, que bien sabía armar frases. – ¡Quiero saber qué cosas tienes para mostrarme! – Exclamó agravando su voz.
Eren miró a Annie y ambos se rieron, ciertamente eso había sonado demasiado raro. Luego de reír Eren esperó la explicación de la anécdota.
– Todo fue una tarde que les tocó estar aquí a Connie y Reiner… – Annie miró a los otros 4 loros africanos lavarse.
– Quiero verlo todo, Connie. – Llamó su atención el loro, al escuchar una palabra conocida.
Annie se ruborizó un poco al escuchar al loro, seguramente ella estaba acostumbrada a escucharlo decir cosas así. No sabía bien cómo terminaría de explicar el show semi-gay que habían montado dentro de la jaula de los loros.
– Ah… Creo saber como termina esta historia… – Eren revolvió su cabello húmedo, la forma en que Annie se lo dejó le estaba haciendo cosquillas. – Esos dos…
Aunque no le dirigieran la palabra, sabía que ellos eran lo más divertido del parque. Habían hecho algo bueno con los loros, se aprovecharon al máximo de que algún día repetirían frente a alguien nuevo aquellas locuras que sólo se les ocurren a ellos.
Respecto de Annie, cuando no se le lanzaba encima le caía bien. Pero en su mirada seguía notando que tenía intenciones de depredarlo. Debía tener cuidado.
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Lo que sucedió en su paseo con Jean, fue que dos niños que corrían con sus helados en las manos cayeron sobre ellos, ensuciándolos. Entonces fueron a limpiarse a la casa del castaño, que quedaba más cercana al lugar en donde estaban.
Mientras que Jean se cambió completamente de muda de ropa, poniéndose una muy cómoda; Armin esperaba en la cocina intentando limpiar el helado de su pantalón de mezclilla con roturas a lo largo del muslo. Se dejó una aureola de la humedad en donde antes había una mancha. Ventiló con su mano un poco, pero no surtió efecto. Supo que luego de un rato se evaporaría y entonces se secaría.
Jean lo sorprendió desde sus espaldas, girándolo y arrinconándolo contra la mesada de la cocina. Levantó su rostro tomándolo del mentón y entonces la respiración de ambos se cortó. La cintura de Armin se quebró por sobre el frío mármol, Jean lo empujaba suavemente. Ropa liviana era la que usaba Jean ahora, una musculosa que resaltaba sus fibrosos brazos y la forma triangular de su espalda. Las mejillas de Armin se tiñeron de un fuerte carmesí y sus ojos se tornaron brillantes como el cristal. El castaño, adorando la vista, sonrió de lado, mostrando sus bien puntiagudos colmillos. La boca de Armin se abrió a causa de la cercanía y el trance por el que atravesaba.
– Qué rico... – gruñó Jean, humedeció sus propios labios y sin esperar tomó el aliento de Armin.
Ambos perdieron la cabeza en aquél fogoso y húmedo beso. Los jadeos de Armin resonaban entre sus lenguas emitiendo una leve vibración que elevaba lentamente la temperatura de Jean. A pesar de estar apoyado contra la mesada, las manos de Armin buscaban superficie de la cuál sostenerse, encontrando los grandes hombros del castaño para ello. Cerraba sus ojos con fuerza, intentando no concentrarse en nada.
Jean lo apretó contra él, bajando una mano y acariciando su trasero, lo que provocó que Armin abriera sus ojos y encontrara los del otro. Lo miraban con deseo combinado con la dulzura de sus apretones en la cintura y en su cola. Aferrándose al cuerpo del rubio, comenzó a caminar sin romper el beso. Lo llevó hasta determinado punto de la sala, en dónde empujó al chico en seco, haciéndolo caer pero sosteniéndolo para recostarlo sobre el sillón, que no importaba si era suave o marrón.
Se arrodilló delante de él, entre sus piernas. Ambos se sobresaltaron al tocarse por encima de sus ropas, se dejaban llevar por los besos, las caricias, el silencio de sus jadeos y lo incomprensible de sus pensamientos desconectados. Armin movió su pelvis, buscando frotarse un poco contra Jean.
– Esp-... – Armin lo intentó empujar, eso no estaba bien.
Pero Jean no sólo no lo dejó hablar comiéndole la boca, si no que apretó aún más contra su cuerpo, haciéndole perder la razón. La fricción de sus cuerpos les ardía; el aire les hacía falta pero no era tan necesario para ellos, el húmedo sonido de sus besos los aturdía transportándolos a un mundo sólo de los dos.
Toc-toc...
Los toques en su puerta se volvieron insistentes cuando Jean, haciendo oídos sordos decidió ignorarlos y continuar besándose y apretándose en el sillón con Armin.
– J-Jean... – Nombró entre gemidos húmedos. – L-la puer-ta...
– Lo sé... – Se quejó gutural. – Déjalo...
– Puede s-ser algo importante. – La excitación lo tenía completamente entregado a los brazos de Jean y se notaba incluso en su voz.
– Sea quién sea... – Le dijo entre besos. – Que no lo escuché por estar arriba. – Armin rió. – No lo escu-... – Continuó ladeando su cabeza y embistiendo su lengua en la pequeña y rosada boca de Armin.
No pudieron estar tranquilos mucho tiempo, la persona que estaba afuera llamó al celular de Jean. Logrando, por fin, interrumpir el ambiente acalorado y pasional en el que estuvieron envueltos.
Marco.
Cuando respondió delató que estaba en casa. Armin se levantó y se dirigió al baño, mientras que Jean acomodó un poco su miembro para que no se note que había estado excitado y que pronto se calmaría. Le abrió la puerta y rápidamente lo obtuvo encima, Marco lo envolvió en sus brazos con fuerza y con cariño.
– ¡Te extrañé! – Le susurró cerca del oído. – ¿Cómo se te ocurre desaparecer así justo el día que vuelvo de mi viaje?
– Lo siento, lo siento. – Devolvió el abrazo, pendiente de los pasos que podían regresar a la sala.
– No seas tonto. – Marco se alejó con una sonrisa, pero al notar la expresión de Jean se dio cuenta de que algo andaba mal. – ¿Puedo pasar?
Jean sólo asintió y se alejó de él para cerrar la puerta.
– ¿Cómo te ha ido? – Sacó tema sin despegarse de la puerta.
– Bien... – Marco sonrió, revisando en su bolso. – Te traje fotografías, creo que los paisajes te servirán demasiado para pintar, Jean.
Aquello sólo sirvió para que Jean bajara la guardia y se acercara a Marco, lo que no contaba es que el chico de las pecas buscaría besarlo exactamente al darle las imágenes. Entreabriendo sus labios para morderlo, sentir su sabor, que extrañaba. Lo intentó, pero no encontró el beso de regreso, lo que lo frustró un poco.
– Estás distraído... – Comentó amigablemente, cómo todo lo que él dice.
– No estaba solo, Marco... – Comentó con algo de incomodidad.
El pecoso se sorprendió al escuchar aquello, al principio su mente lo llenó de preguntas como ¿Quién? ¿Qué cosas hacían? Sabía como era Jean, y desde la primera vez que estuvo con él sabía que ese momento algún día sucedería. Le había sucedido, llegar en un mal momento cuando eran amigos y, ahora, él formaba parte de sus problemáticos triángulos amorosos, o más bien problemáticos triángulos de amigos con derecho a roce.
– Ah, perdóname... – Fue interrumpido.
– Oh... Hola Marco – Armin sonrió amablemente.
– Armin ¿qué tal? – Fingió una sonrisa lo mejor que pudo. – Tanto tiempo...
Jean se paseaba por su cocina en búsqueda de un vaso con agua, la mezcla del sabor de Armin con el de Marco le dejó un gusto difícil, pero ignoraba completamente la conversación de aquellos dos que estaban en la sala relacionándose porque se encontraron en el lugar equivocado. Estaba acostumbrado a que el ganado se le juntara. Sabía bien que sólo debía dejar que la cosa se diera normalmente.
Había lanzado la bomba para acabar con lo de Marco, esperaba que él lo hubiera entendido. Esperaba que no desapareciera sólo para evitar la decisión de terminar con esa etapa de ser amigos con sexo. Marco no lo hace mal, es atento, obediente, un chico centrado y sano; pero después de todo, Armin le gusta más. Y la única forma de hacer las cosas con el dueño de su inspiración, era haciéndolas bien.
Qué mala suerte tenía. Los escuchaba tener una fluida conversación desde la cocina. Pensó que tal vez se equivocó al aceptar el primer folle con Marco, ya sabía que Armin le gustaba un poco en ese momento. Pero el chico de adorables pecas lo enredó.
Qué cobarde que era, dejándolos solos mientras él lentamente tomaba un vaso de agua.
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Milagrosamente, Annie sólo usó el tiempo dentro de la jaula para pasarlo con Eren, dándole explicaciones y órdenes, y no le insinuó nada. Lo que puso de buen humor al chico, lo único que no necesitaba en su día feliz era otro problema; Annie lo había hecho bien, le había alivianado el peso de un día difícil, evitando hacérselo más difícil. El resto del día fue tranquilo, el sol había caído y la iluminación de los faroles del parque guiaban su camino, las tareas de Rico hacían que él no tuviera que toparse con nadie.
Regresaba a los vestidores, caminando tranquilo, cuando se encontró a Historia, la chica le sonrió a modo de saludo y Eren correspondió aquella sonrisa.
– ¿A qué hora entraste? – Le preguntó extrañado.
– Hum, error de pregunta... – La chica rodó sus ojos celestes. – Salgo a las 22... Esto está eterno ¿no lo crees?
– ¿Te toca cerrar? – Sintió compasión por ella, quedarse hasta el cierre era un martirio. – Por suerte ya me estoy yendo...
– Gracias por refregármelo en la cara... – Se rió irónicamente. – Oye, ¿está todo bien?
– Ha sido un día largo...
– Y mañana tenemos examen. – Eren miró a Historia a los ojos. – No me pongas esa carita...
– ¿Me hablas enserio? ¿Mañana es el examen? – La tomó de los hombros y la sacudió, sólo un poco.
– ¡Ay, Eren! – Se quejó y dejó de ser zamarreada. – Es mañana... ¿Lo habías olvidado?
– ¡No! ¡Sólo pensé que faltaba una semana más! – Soltó a la chica y se revolvió el cabello. – Debo irme a estudiar... – Se echó a correr.
– ¡Cualquier cosa escríbeme, Eren! – Le gritó a la distancia.
Saludó a Historia con la mano y un pulgar arriba. Iba a necesitar ayuda, mucha ayuda.
Subió al bus repleto de personas, aunque fuese tarde, la gente disfrutaba del cálido domingo en las calles. Extrañó su bicicleta, pero luego recordó al pervertido que la repararía y, realmente lo prefería. Razonó la idea de enviar a alguien a buscarla en su lugar. Tal vez pueda convencer a Armin, aunque sea de acompañarlo por la tarde; la ideal sería Mikasa, ella no permitiría que nadie le coquetee.
Llegó a casa y su madre lo recibió con la cena lista. Su padre no le dijo nada por no haber regresado la noche anterior, lo cuál le extrañó un poco. ¿Qué clase de trabajo mental le habría hecho Carla? Intentó adivinar si el hombre pensaba en algo estudiando sus miradas y sus expresiones, pero nada. Advirtió que luego de bañarse se encerraría a estudiar y que de ser posible no lo molestaran.
Girando en la silla del estudio, pensaba en que estaba convencido de que ese era un día que olvidaría de no ser porque despertó en casa de Ackerman. Y no sólo eso, si no que él lo despertó, y con delicadeza. Ni siquiera lo había sentido, si no fuera porque escuchó su conversación con Isaic cuando se cambiaba no se hubiera enterado. Ese niño siempre es adorable y especial, quería verlos a ambos, nuevamente, ahora. Aparecerse en su puerta y ver el rostro de Levi.
Pero tenía un examen. Un examen que había olvidado por estar completamente idiotizado, enamorado y perdido en Levilandia, fantaseando con su perfecta sonrisa y su voz, loco por su tranquilo rostro cuando duerme y engatusado por su hijo encantador. Había olvidado su examen y no sólo eso, no podía dejar ni un solo segundo de pensar en él. Le perdía el hilo a todas sus lecturas porque fantaseaba que Levi impartía su clase, que él evaluaría aquellos términos difíciles de patologías animales, sus factores de riesgo, su tasa de contagio, sus síntomas y signos, el diagnóstico, la recuperación y posibles complicaciones. Se soñaba a él en su pupitre viéndolo, escuchándolo, bueno tal vez eso último no, pero cerca de Levi. De hecho, si Levi fuese su profesor no se perdonaría no pasar su examen. Debía dar su máximo por enamorarlo con su excelente calificación, ganar una felicitación, un llamado de atención por su esfuerzo y una invitación a su escritorio después de hora para hablar de su inteligencia cuando en el aula no quede ni un solo alumno.
Ya había imaginado el resto de su vida porque su profesor Levi le pediría casamiento y le imploraría por su compañía y sus besos para siempre, solo por haber aprobado ese examen con una nota deslumbrante cuando despertó con tres suaves golpes en la puerta de la sala de estudio.
– Sí... – Dio permiso de entrada.
– Amor... – Llamó su madre. – ¿Estas muy ocupado?
– El examen es mañana, mamá.
– Así que... ¿Olvidaste tu examen? – Se burló. – ¿Tu hombre no te regañó?
– No es mi novio, mamá... – Seguramente Levi lo mandaría a estudiar de inmediato. Se ruborizó porque antes de que su madre entrara había estado pensando en cosas raras.
– Tu papá olvidó uno de sus exámenes una vez... – Comentó con una sonrisa traviesa. – Nosotros nos conocimos cuando él hacía su quinto año.
– Si lo sé, era el que tenía que pasar para poder ingresar en su residencia. – Su padre le había contado esa historia la vez anterior que olvidó una prueba. Pero esa vez no fue por estar enamorado, se había enfermado.
– Exacto, Grisha desapareció por tres días luego de una maravillosa cena a la que me invitó y me pregunté que pasó. – Un extraño sonrojo, por el cuál Eren decidió no indagar, apareció en el rostro de su madre. – El abuelo estaba enojado porque creía que tu papá era un charlatán que quería mi cuerpo y nada más.
– Yo hubiera creído lo mismo que el abuelo... – El problema era que su padre, a pesar de estudiar la noche anterior había logrado pasarlo.
– Yo sabía que tu padre me amaba... – Lanzó más dulces risillas. – Entonces tu novio te dejó estudiar por hoy, pero la próxima seguramente te obligue a ir a verlo y... ¿Que te jodas por olvidarlo?
– ¡No es mi novio mamá! Y no sé cuándo voy a volver a verlo.
– Que no te de pena, Eren... Soy yo – Pidió con una sonrisa suplicante. – mamá. Puedes contármelo todo. Te cuidaste como te dije ¿verdad?
– Mamá, él se-... - Eren bajó su rostro en desilución. – El único que está enamorado soy yo.
– A mí, me parece que pronto voy a tener un yerno... – Le acarició la mejilla, con confianza. – Te permitió dormir en su casa, hijo.
– No me motives a fantasear, mamá. – Porque, en realidad, no sólo en su casa. Eso era algo que jamás le diría a ella. – ¿Lo entiendes?
– ¿Y Mikasa? ¿No hay algo que ella pueda hacer? – Al parecer, su madre tenía confianza en Levi. – Después de todo es su primo.
– Si nada bueno saliera de esto, Mikasa sería capaz de cualquier cosa. – Advirtió con una risa seca.
– Eren, no seas tan pesimista. – Eso pareció un regaño.
– Él es un hombre que tiene un hijo, tal vez ahora no, pero en algún momento tuvo una familia conformada por él y una mujer. – Su madre se quedó sin palabras. Suspiró. – Entonces... ¿De eso querías hablar conmigo?
– No... Te quería decir que dejé café en la cocina. Cuando quieras sólo tienes que calentarlo. – Y le mostró su celular. – Y esta cosa no ha dejado de sonar.
– Gracias. – Recibió un beso en la frente de parte de su madre y su celular en su mano.
– No te sobreesfuerces, cielo, ¿Sí? – Le acarició el hombro dándole ánimos.
– No, no. – Negó y sonrió a su madre.
La verdad es que no le quedaría otra más que sobreesforzarse. Revisó su teléfono: puro Armin, puro Mikasa. Pactó con ellos que se encontrarían en la mañana temprano. Después de la primer clase, cuando su horario y el de Armin coinciden. Contempló la posibilidad de pedirle a Mikasa que lo acompañe a buscar su bicicleta, tal y como había pensado, aunque debería hacer madrugar a su amiga para ello.
Trató de concentrarse en su lectura escribiendo datos importantes en su cuaderno y señalizando las páginas por letras y números de renglón en dónde se encontraban las definiciones importantes. Bajó a la Tierra, agradeció internamente a su madre, ya que había logrado la concentración. Pronto el reloj del estudio resonó con su característico cambio de hora a las diez. Eren resopló y estiró su cuerpo hacia atrás, estirándose en la silla. Doblando su cuello suavemente lado a lado y dándose una caricia en los lugares que sonó. Su teléfono traqueteó en la mesa, consiguiendo hacerse en las manos de Eren y siendo observado por sus ojos llenos de esperanza.
Parque emergencias.
– No puede ser verdad... – Se quejó.
La noche que tenía que estudiar para su examen no podía ser sacrificada. Por un momento creyó que el día anterior se salvó de la guardia porque Erwin estaba fuera.; y que esta vez sería igual. No quería reprobar su examen. Miró los libros a su alrededor ordenados en la biblioteca, cerrados, silenciosos. No podía ser de esta manera.
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Su guardia junto a Reiner había sido como típica en estos últimos días: terrible. Se preguntaba si en algún momento se acostumbraría a la fría expresión en su rostro y a su afilada voz de palabras secas. Realmente se controlaba por no armar un revuelo dentro del parque. Aunque de algo estaba seguro, si pudiera agarrar a Reiner y gritarle por qué demonios se comporta así, el problema ya estaría solucionado.
Observó la hora en su celular y apenas iban a dar las doce. Estaba de suerte que hubieran terminado tan temprano. No tenía mensajes, al menos no del único que puede hacerlo sonreír en una situación así. Siempre ocurría que luego de verse, los mensajes tardaban unos días en aparecer. Cambió su ropa rápidamente y partió de salida a su casa.
A un lado de la puerta de recepción en el pasillo principal estaba Nile, recargado en la pared y en la oscuridad.
– Buenas noches. – Saludó cuando pasó por su lado, pero fue detenido.
– ¿Puedes venir un momento conmigo? – Preguntó en la oscuridad, encontrando los vivaces ojos de Eren, mirarlo con rudeza.
– Llevo algo de prisa... – Fue tironeado del brazo y metido en el estudio de Erwin a la fuerza. – ¡Oye!
Nile lo arrastró hasta dejarlo sentado. Eren atentó a levantarse y hacerle frente pero Nile simplemente lo empujó dejándolo sentado de nuevo. Suspiró en un intento de tranquilizar a Jaeger.
– Quiero hablar un momento contigo.
– ¿Y de qué? – Lo miró de lado cruzándose de brazos. – Nosotros no tenemos asuntos.
Eso era algo extraño, que Nile quisiera hablar con él, después de la forma en la que lo ignoró la semana anterior.
– Quiero que hablemos de la noche del sábado. – Eren acomodó su cuerpo, predispuesto a hablar. – Que no respondiste el teléfono.
– Supe que no lo hice... – Cerró los ojos con simpleza.
– ¿Te parecería si firmas la guardia de todas maneras? – Propuso. – Él único que sabe que no respondiste el teléfono soy yo, si firmas, no diré que no estuviste aquí.
– ¡¿Qué?! ¡Estás loco! – Se levantó de la silla y empezó a revisar a sus alrededores, debajo de la mesa. – ¿Dónde lo tienes? ¡Es buena, Erwin! ¡Ya! – Gritó. – ¡No caeré en una estupidez como ésta! – Rió a irónicas carcajadas. – ¿Dónde está Erwin, Nile?
– Erwin está en su viaje de negocios. – Dijo con seriedad.
– Después de todos sus trucos no esperarás que crea eso... – Observó que el moreno estaba serio.
La gran mano de Nile deslizó el papel por encima del escritorio. Eren lo miró, luego levantó la mirada. ¿Le estaría hablando en serio? Le llamaba la atención que Nile no estuviera viéndolo directamente. Si no que desviaba su mirada a la superficie de la mesa, al piso o sus manos. Le parecía raro.
– Todo fue mi culpa. – Asumió. – Me distraje durante el trabajo y no lo hice bien.
– ¿De qué hablas? – Eren agudizó sus sentidos entorno al guardia de seguridad.
– Sabrás que quién te llama para las rondas nocturnas soy yo. – Eren asintió. – Erwin me pidió que... No dejara pasar la oportunidad de llamarte en esta ocasión.
– ¿Perdón?
– Llovía mucho... – No lo repetiría, sabía bien que Eren lo había escuchado. – No consideré necesario que vinieras, pero después de todo él me lo había pedido. – Prosiguió en calma. – Por eso te pregunto si podrías, por favor, firmar.
– No lo haré, Nile.
– Escucha, nosotros sí tenemos algo en común... – Eren lo miró con atención. – Ambos somos marionetas de Erwin.
– Imagino que, a diferencia de mí, tú lo haces porque quieres... – Sin piedad.
– Auch... – Sonrió. – Si no lo haces, igualmente tendrás problemas con él cuando regrese.
– Que venga a hacerme problemas... – Se levantó de la silla, dispuesto a irse. – Lo lamento por tí, Nile. Ahora sé que te importan las discusiones que esto pueda llegar a generarte con Erwin. Pero descui-...
– ¡Firma, Jaeger! – Levantó la voz, haciéndolo sonar como una orden. – Agradéceme que te permití quedarte en tu casa con la lluvia torrencial.
– ¿No crees que deberías hacerle frente a Erwin? – Repuso en el mismo tono. – ¡Tan sólo mirate ahora!
Debería detenerse, estaba hablando de más. Los problemas de su vida no tenían absolutamente nada que ver con Nile, pero él había sido creado para decir lo que pensaba siempre que tuviera la oportunidad. Y ningún lazo afectivo le ataba a Nile. ¿No le haría un favor al decirle la cruda verdad?
– ¿Eh?
– Lo que escuchaste, vigotito... – Canturreó. – No importa cuántos cigarrillos fumes. Al final del último ustedes siguen siendo cercanos, pero no logras pasar ese límite. – Nile expandió sus pupilas, mostrando los ojos casi completamente negros. – ¿Por qué no haces algo por ser notado por él y dejas de ser su perro faldero?
– Lo que sea que hago es mi asunto.
– Entonces hazte cargo por no insistir en las llamadas. – Concluyó. – Y no sufras cuando Erwin no te mira.
– Para tu información decidí dejar de hacerle el favor... – Mencionó con pensar.
– Entonces déjalo así. El que la pagará más caro seré yo, así que no te preocupes tanto... – Nile permaneció en silencio. – Escucha... – Volvió a sentarse. – Sé que quieres ahorrarle el disgusto... Pero Erwin está siendo necio.
– Se supone que eres una piedra en su camino. – Reflexionó en voz alta. – Yo no debería hacer un pacto contigo.
– Solamente digo que... Es probable que Ackerman jamás se fije en ninguno de nosotros dos. ¿Qué harás entonces? ¿Esperarás a que se de por vencido?
– No soy una persona que piensa en el futuro de esa manera.
– Bien... – Se levantó y se acercó a la puerta. – Vive el ahora y piensa en tu bienestar. Me voy. Buenas noches, Nile.
– Sí...
Nile se quedó solo en aquella sala, todo ahí dentro le recordaba a Erwin, la foto sobre el escritorio de él y su perro Hawk, el ovejero alemán más mimoso y lindo que alguna vez pudo haber conocido. Las almohadillas con algunas gemas que consiguió su madre en el exterior, su pisapapeles personalizado con diferentes fotografías. Todo en ese estudio tenía la esencia de la persona que él más amaba. Y él no podía evitar dejarse llevar.
Eren tenía razón, si decidió dejar de llevarle el apunte, debía dejar que Erwin se las arreglara por él mismo. Cuando regresara y supiera que la noche del sábado Eren no había ido al turno nocturno, sería indiferente. Esperaba que aquello no se diera vuelta cuando lo viera volver, con su fabuloso cuerpo, esa coqueta sonrisa y esos ojos celestes que lo hacen temblar por dentro.
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Había estudiado para su examen hasta las 4 de la mañana. Se recostó hasta las 7 para no quedarse sin dormir. Luego de verse con sus amigos continuaría con el repaso. Estaba muerto y tenía ojeras. Se dio una ducha, debido a que ese sería un día muy largo, y desayunó a medias, comería más tarde con sus amigos, pero no podía salir con el estómago vacío. Luego, partió en busca de su bicicleta. No sabía si el lugar estaría abierto desde tan temprano, suponía que si abrían en domingo, los días de semana trabajarían desde primera hora.
Quería ir acompañado de Mikasa, cuando ella se negó tuvo una idea suicida de pedírselo a Annie. Con lo densa que se vuelve la rubia cerca suyo, seguramente espantaría a cualquiera que intente acercársele. Pero simplemente eso era: un pensamiento suicida.
A pesar de estar despejado, esa mañana hacía mucho frío. Caminaba con las manos en sus bolsillos, a falta de guantes, y resoplaba por encima de su bufanda verde pino formando nubes con su aliento. Llegó al taller y, como supuso, estaba abierto. Suspiró y se adentró, dentro de una habitación vidriada había una mujer detrás de un escritorio, pasó de largo la parte de mecánica de autos, la cuál estaba vacía. Allí se encontró con su bicicleta, con su neumático reparado, lo que lo hizo sonreír.
– Buen día.
– Sí que son buenos. – Sonrió el mecánico, apoyándose coquetamente sobre el asiento de su bici y mirándolo de arriba abajo, mordiéndose el labio inferior. – La rueda quedó muy bien.
– Genial. – Apreció Eren apretando sus labios, deseando que aquello se termine rápido. – Entonces... ¿Cuánto es?
Sacó la billetera de su bolsillo y la abrió en espera de que el joven le dijera cuánto debía pagar.
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Levi dejó a Isaic en el jardín más temprano que de costumbre para regresar a su casa e intentar encender su auto para llevarlo al mecánico. Luego de cinco intentos y ya lanzando las mil maldiciones logró arrancar, aunque tenía que admitir que hacía ruidos muy extraños. Esperaba no fuese tan grave, no podía imaginarse sin el auto tres días más. El problema era que el kinder, su trabajo y la casa de Armin quedaban en diferentes direcciones y sí, tenía que admitir que se había malacostumbrado.
Lentamente, tratando de no forzar su preciado auto, llegó al taller mecánico, aparcándolo fuera. El hombre gordo y barbudo que siempre lo repara se acercó y le hizo una seña de que pasara hasta el fondo. En una maniobra subió por la rampa y dándole al acelerador llegó al final. Antes de bajar tomó su celular y miró la hora. Era bastante tarde, no llegaría a tiempo a su trabajo.
– Buenos días, jefecito. – Lo saludó el gordo, informalmente, mientras Levi salía.
– Falla al arrancar y hace ruidos raros... – Avisó y dio la vuelta por la parte trasera del auto marcando a su superior.
– Ya lo reviso, señor.
Levi se acomodó en el pasillo principal, en dónde era estorbo para quiénes pasaban. Luego de ser regañado un poco, cortó e hizo una mueca de burla al director de la empresa. Miró a sus alrededores, revisando desde lejos lo que el mecánico tocaba en su auto y luego reparó en un cuerpo conocido, que se encontraba más atrás, sosteniendo la cartera en su mano. Se acercó un poco hasta que lo reconoció, entonces fue más allá para saludarlo.
– Entonces... ¿Cuánto es? – Escuchó y terminó por reconocer a Eren, cuando se estaba acercando.
– Hm... Ahora te haré el ticket y debes pagarlo en la entrada. – Llamó la atención de Levi, el tono de voz. – Si te doy mi número telefónico... ¿Me llamarás?
Se imaginó una cosa así desde que lo escuchó responderle con interés, pero lo había ignorado completamente. No supo realmente si interrumpir a Eren sólo para saludarlo o con qué excusa. Se supone que Eren sabría salir de ese tipo de situaciones solo... ¿Quién era él? Ni que tuviera que rescatar a una dama en peligro.
¿Y si no quería ser interrumpido? No podía acercarse con la simple idea de decirle "¡Hola! ¿Sabes que mi hijo ayer no dejó de hablar de ti?".
– Hum... No lo cre-... – El mecánico se acercó a Eren con sus manos engrasadas, generándole asco, haciéndole inevitable evadir aquello con su mirada. Eren retrocedió unos pasos.
– ¿Qué posibilidades hay de que me llames? – Repreguntó sin escucharlo.
Sostenía en su mano el ticket con el que Eren tenía que pagar, Eren lo tomó del otro extremo y tironeó, pero el chico no lo soltó. Sonrió de lado, viéndolo de cerca.
– Hm... ¿Cero? – Le respondió achicándose de hombros, pidiendo perdón con la mirada.
– ¿En serio? – Rió sin alejarse. – No vas a decirme que tienes novio... Si yo fuera tu novio no te dejaría venir a este lugar, lleno de tipos, a reparar tu bicicleta...
A esas alturas, Levi realmente se estaba planteando acercarse, se sentía molesto. Eren estaba intentando evadirlo y buscaba alejarse ¿por qué seguía insistiendo? Fue bastante directo al decirle que no lo llamaría. ¿Qué le importaba si tenía novio, novia o un perro? Observó sus manos sucias y llenas de callos. No tendría el descaro de tocar a Eren con ellas ¿o sí? ¿Qué haría Eren para evitar que eso ocurriera? ¿Qué haría él si eso llegara a ocurrir? Ya no sólo pensaba en que le daría asco si lo tocara, no quería que lo hiciera. Y poco a poco se volvía una certeza: "no lo toques".
Su cuerpo cosquilleó bajo su piel, quería que el tipo se alejara de Eren a como de lugar. A su mente llegaron miles de imágenes de un pronto futuro en el que Eren era seducido y convencido por ese idiota petulante. Ahora que lo había imaginado, lo quería menos. Imágenes que decidió borrar de su vista y concentrarse en cómo avanzaba la situación. Esperar pacientemente hasta que... ¿Eren lo necesitara?
¿Realmente creía que eso podía llegar a suceder? ¿Por qué sentía responsabilidad por Eren? Intentó mirar a un lado, concentrarse en lo que el gordo hacía en su auto, pero sus ojos regresaban a la escena en la que le coqueteaban a "el señor Eren Jaeger" que durmió en su cama el sábado, junto a él. A ese Eren al que miró dormido durante un rato extenso y despertó con las suaves caricias de su propio aliento. A este punto como ese engreído diera un paso más, no respondería por sus actos.
– Las razones por las que no te llamaré no son de tu interés. – Lo enfrentó agarrando el bono de pago con más fuerza y se lo quitó de la mano.
Eren iba a regresar a la entrada a pagar pero el mecánico lo detuvo tomándolo de la muñeca. Eren movió su brazo rápidamente para soltarse, pero no tuvo éxito.
– ¡No me toqu-..!
Ese fue el límite para Levi. Se acercó en rápidos y silenciosos pasos, apretó el brazo del chico con su izquierda y con su derecha, tomó con cuidado la mano de Eren para alejarla, interponiéndose entre ambos.
– Te dijo que no... ¿Qué parte no entendiste todavía? – Interrumpió, sorprendiendo al joven técnico. Eren se asustó, pero obtuvo su mano de regreso. – ¿Dejarás de joder, mocoso?
A pesar de no resaltar con su altura, su expresión daba miedo. Esos fríos ojos grises, opacos, sin brillo, se clavaron furiosos en cualquier cosa que se interpusiera frente a él, con su fuerza había hecho el silencio entre los tres.
– S-sí...
El chico regresó a su trabajo y Levi se aseguró de que lo viera mirarlo mal una vez más. Se acercó a Eren y, dentro de lo que sus emociones le permitieron, aflojó su expresión.
– ¿Todo bien? – Preguntó para asegurarse de que no se había enojado por interrumpir así.
La realidad es que había dejado de pensar en cualquier cosa y se había lanzado por impulso. No quería que Eren se enojara porque "lo defendió por no considerarlo capaz de salir de esa situación él mismo"; ya que no fue así. Simplemente aquello lo había cansado, sí, eso quería creer.
– ¡Sí! – Levi nunca admitiría que escuchar eso lo tranquilizó, y mucho. – ¿U-usted?
– Igual... – Respondió con la misma seriedad.
Eren se notaba sorprendido, tal vez no se lo esperaba, tal vez realmente le molestó que se interpusiera.
Pero no era así, Eren estaba feliz porque Levi, en su traje de trabajo azul marino, lo había "rescatado". Su corazón latía con rapidez y no podía dejar de sentir sus orejas ardiendo por su repentina aparición, que estuviera ahí lo hacía sentir alivianado. Que hubiera reaccionado de esa forma lo hacía sentir muy emocionado. Le gustaba mucho y, Levi parecía esforzarse por hacerlo cada vez más.
– ¿I-i-isaic? – Preguntó con algo de nervios.
Sentía que si no se controlaba, el amor se le saldría por cada poro de su piel. Quería agradecérselo, pero no sabía que palabras usar exactamente. Se golpeó mentalmente, frente a Levi no podía ponerse a actuar como tonta enamorada.
– Bien, no dejó de hablarme de ti en todo el día. – Hasta que lo dijo, haciendo sonreír a Eren. – Lo dejé en clases y vine a traer el auto...
– ¿Clases? – Eren ladeó su cabeza. – ¡Demonios! – Maldijo en voz baja. – ¿Me acompaña a pagar esto?
– Iré a ver si el gordo me dice que le pasa a mi auto. – Decidió que sería mejor.
La sensación de estar hablando con Eren no era desagradable, pero después de lo que pasó, más bien de lo que hizo, se sentía algo cohibido. Volver a ver su sonrisa había sido como un anestésico de todas las sensaciones locas que lo habían atacado antes. Aunque sabía que el mocoso mecánico ya no iba a joder más, se mantuvo alerta y buscando con la mirada al castaño en todo momento. Se tomó la frente y se preguntó dos o tres veces qué estaba pasando con él.
Eren regresaba del fondo con su bicicleta. Esperó un momento a que Levi lo viera para saludarlo con la mano, pero Levi se acercó a él.
– Señ-...
– Te acompaño hasta afuera. – Declaró y dejó pasar a Eren por el angosto pasillo, señalando que él lo seguiría. Se giró, observando con disgusto que el joven se había asomado a ver a Eren irse. – ¿Vas a la universidad? – Le frunció el ceño hasta que salieron afuera.
El Sol estaba asomándose por detrás del taller, iluminando la vereda de enfrente y parte de la calle, ellos estaban a la sombra.
– Sí, ya se me hizo tarde. – Eren bajó a la calle y se montó en su bicicleta, mientras que Levi simplemente se quedó de pie en el borde. – Seguramente quede en algún asiento de atrás... – Comentó con pesar.
– Hubieras buscado tu bicicleta más tarde, mocoso...
– En realidad quería mi bicicleta de regreso, más teniendo en cuenta que... – Miró a Levi a los ojos, revolviéndose por dentro. – Este chico quería conmigo... – Rió con más nervios.
¿Por qué sacaba de nuevo el tema? Quería ver qué hacía Levi al respecto. Tuvo demasiado con verlo actuar de esa forma y por él. Pero quería más, lo quería todo. Todo con él.
– No deberías haber venido solo. Menos si ya sabías...
– Nunca la había traído aquí... Pero supe que lo mejor era venir a buscarla cuanto antes posible... – Comentó en busca de más de Levi. – Gracias. – Le sonrió, cómo sólo su persona puede hacerlo sonreír.
– Ah... – Suspiró. – De nada.
Rápidamente rompieron contacto visual, Eren no podría con la presión que ejercía sus ganas de lanzársele encima en un abrazo de agradecimiento y Levi aún se preguntaba el por qué de sus acciones.
– Ya me voy... – Decidió Eren, una vez más, sin pensar en otra cosa para no arrepentirse. – Que tenga un excelente día, señor Ackerman.
– Sí, igual tú...
Eren giró hacia el lado de la mano de la calle y paró en sus pedales, mirándolo y saludándolo con la mano y una sonrisa. Levi lo vio hasta que se hizo tan pequeño que giró en la arista, luego regresó por el diagnóstico de su auto.
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Mikasa despertó tarde, se duchó a velocidad luz partió al punto intermedio entre los edificios de universidad de sus dos amigos, dónde habían pactado que se encontrarían. Llegó al café y en una solitaria mesa estaba sentado Armin, con un pequeño vaso de soda y su cabeza apoyada en la palma de su mano.
– ¿Estás esperando que pierda el gas? – Preguntó divertida mientras se sentaba a su lado.
– Tómala si quieres... – Ofreció una sonrisa, apoyando su espalda en el respaldo de la silla.
– ¿Llegaste hace mucho? – Preguntó señalando al mesero que quería otro vaso con soda.
– No, no… – Miraba detenidamente a Mikasa, hasta que identificó lo extraño en ella.
– ¿Por qué me miras tanto? – Rió.
– Es raro verte sin tu bufanda... – Comentó. – Acostumbrados a que la usas hasta dentro de tu casa...
– No puedo pasar desapercibida con ustedes... – Bajó la mirada. – No fue a propósito, en realidad salí muy rápido...
– ¿Te quedaste dormida?
– ¡No! - Se apresuró a aclarar, ambos guardaron silencio y se miraron. – Bueno, sí...
Armin se rió, lo que hizo que Mikasa se relajara un poco. Se sintió vacía cuando salió del edificio y ya estaba caminando a verlos sin su bufanda. El mesero los interrumpió un momento, dejándoles el vaso de soda, para saber si les tomaba la orden, Armin miró a Mikasa en señal de pregunta. Pero antes que pudieran hablar entre ellos, la pelinegro dijo al mesero que esperaban por alguien todavía.
La puerta del café se abrió violentamente y llamó la atención de todos en el lugar. Eren respiraba agitado viéndose como una sombra negra a contraluz. Visualizó a sus amigos sentados bastante alejados de la puerta y les sonrió a ambos. El mesero miró al par que atendía y Mikasa le informó que esperaban al recién llegado.
Eren se acercó a la mesa y se sentó enfrentando a Armin, dejando su mochila en la silla a su lado. Mikasa aprovechó y le extendió su bolso, para que lo dejara ahí también. Los tres ordenaron.
– Perdón por llegar tarde... – Se relajó sobre la silla. – Tuve un teórico prolongado.
– No te preocupes... ¿Buscaste ya tu bicicleta? – Recordó Mikasa.
– Sí... Sí... – Eren se sonrojó por recordarlo, había sido acosado, pero rescatado y si pensaba en eso, se sentía volando. – Hoy temprano.
– Eren estás rojo... – Señaló la chica.
– Debe ser... – Pensó en una buena excusa. – el calor de la corrida. – Sonrió con confianza.
Como si eso pudiera convencer a Mikasa.
– ¿Pudiste estudiar para el examen? – Preguntó Armin antes que su amiga pusiera de manifiesto que su excusa no fue creíble. – Anoche tuviste guardia. ¿Qué tal eso?
– Tienes unas ojeras terribles. – Mikasa acarició su mejilla.
– Si, estudié... Luego de aquí voy a ir a la biblioteca... – Contó. – Bien, ya saben... Mis compañeros hombres me ignoran y una de las chicas viene y va. Annie es como un koala e Historia siempre igual...
– ¿Qué será? – preguntó la joven.
– La verdad que no sé. – Levantó sus hombros con incertidumbre. – Los he observado, y algunos tienen influencia sobre otros, pero qué tienen contra mi, todavía no lo sé...
– Imagino que ha de ser incómodo... – Pensó Mikasa en voz baja.
– Imagínate que es incómodo para mí cuando Isaic se queda jugando solo y no me llama. – Aclaró Armin.
– Isaic... – Sonrió Eren.
Sentimientos ambivalentes se reunían en su interior, mientras que los escalofríos subían por el centro de su columna, la calidez acunaba en su pecho. Sus mejillas las sentía hervir, sus ojos entornaban ternura y amor. Aunque estuviera dormido, sintió al pequeño Isaic subirse a la cama y acurrucarse contra él. La acción de abrazarlo fue totalmente inconsciente, pero lo recuerda y revive cada vez que piensa en ello. En realidad le hubiera gustado poder tener sus ojos abiertos, su consciencia en sí por más tiempo. Levi no dijo nada al respecto, pero sería hermoso saber lo que él pensó en ese momento.
– Imagino que... Le contaste la historia del titán aprendiz... – Afirmó Armin.
Eren sonrió y ladeó su cabeza de lado a lado.
– No terminé de contársela.
– ¿Entonces que estuviste haciendo en lo de mi primo? Digo, te quedaste a dormir.
– Lo que ocurrió es que después de comer, mirábamos una película con Isaic y... Me quedé dormido. – Le contó a Mikasa, quién no sabía esa parte de la historia. – Cuando desperté estaba durmiendo en la cama de tu primo.
Armin abrió los ojos de par en par. Eren realmente estaba preparando el terreno para decirle todo a Mikasa. La conversación fue interrumpida por la llegada de su orden. Un café con crema para Eren y dos galletitas de avena, dos Capuchinos y una porción de torta de chocolate compartida para Mikasa y Armin.
– ¿En la cama con mi primo? – Mikasa abrió los ojos de par en par. – ¡Eren!
– No es lo que estás pensando... – Bajó el rostro, realmente apenado. – Terminé durmiendo en la misma cama porque no había otro lugar, supongo. Nada raro pasó.
– ¿Cómo que no? – Mikasa enarcó una ceja. – Él podía dormir con su hijo y tú en la cama de Isaic. ¿Por qué necesariamente en su cama?
– Mikasa... Tú debes saberlo mejor que nadie. Es un Ackerman... – Mikasa lo miró sin decir nada. – Digo, la razón de por qué ustedes hacen las cosas siempre es particular.
Nunca le había hablado directamente de él a su amiga. Ella nunca había visto el brillo de sus ojos de sólo nombrarlo o evocarlo en recuerdos. Nunca había distinguido en Eren una luz así. De cierto modo, Mikasa recién estaba conociendo esta faceta de Eren.
– ¿Eh?
– Tu sabes... – Miro la taza de café que dejó el mesero. Agregó dos cucharadas de azúcar y revolvió. – Tiene... Seis cuchillos diferentes para cortar lo que cocina. – Levantó la mirada escondiendo el rubor a ambos lados bajo sus ojos, una corta risa salía de sus labios con vergüenza.
– ¿Te hizo algo malo? – Preguntó amenazante, sin cambiar su expresión.
– Mikasa... – Armin le tomó el brazo estaba tensa, apretaba firmemente la cucharita que sostenía en su mano. – Tranquila... Frente a ti es sólo Eren. – Mikasa asintió y se calmó un poco.
Eren lo buscó con la mirada y le indicó que era el momento, que le agradecía su intervención. Armin le indicó que no esperara más. El rubio sentía que como pasara un segundo más no se podría contener, tanto tiempo intentando convencer a Eren de que se lo dijera y, al fin, ese momento había llegado.
Eren se sentía un poco nervioso, ansioso y feliz. Como cada vez que le toca hablar sobre Levi, como cada vez que se permite hacerlo sin contenerse. Nunca le hacía bien guardarse los sentimientos, y esta vez no era diferente.
– Si con "algo malo" te refieres a que hacer que me enamore de él, entonces... – No tenía más nada que decir, eso era todo. Lo siguiente era esperar por la aprobación o desaprobación de su amiga.
– Eren... - Susurró Armin.
Su corazón latía vigoroso en su pecho, le estaba diciendo a Mikasa Ackerman que sus intenciones eran que fuesen primos.
– ¿Te gusta Levi? - Escuchar su nombre fue detonante de emociones para Eren. Se notó en su rostro. – ¿El Levi que tú, Armin y yo conocemos? ¿Levi, mi primo?
– Sí… – Reunió valor, enfrentando la mirada de su amiga. – E-estoy enamorado de él.
Armin simuló asombro, recibió una extensa mirada de Mikasa. Realmente el poco tacto de Eren para decir aquello lo había dejado sin palabras. Pensó que hubiera sido mejor que se contuviera de expresar cuales son sus reales sentimientos e ir de a poco.
– ¿Hace cuánto? – Clavó sus ojos grises en el castaño.
– B-bueno... No-...
– ¿Cuándo, Eren? – Preguntó nuevamente. Quería un número, una fecha. No explicaciones.
– Me gusta desde que lo conocí...
– Ah... – Apoyó con sutileza la taza en el plato que le hacía juego y se puso de pie. – Voy al baño.
Eren y Armin se mantuvieron en silencio, se escuchaba entre ellos los sonidos de las tazas tocando cucharas o platos en otras mesas, la gente hablando, la música de ambiente.
– Todavía no se enojó... – Eren aspiró hondo, esbozando una sonrisa relajada.
– No era necesario que le dijeras que estás enamorado. – Sonrió intentando que Eren no se ofendiera.
– Ya está hecho. – Sanó en un suspiro. – Si vamos a ser primos lo mejor es que se acostumbre a la idea.
Armin lanzó una carcajada. Dormir junto a Levi le había renovado las esperanzas, quién sabe qué otras cosas más pasaron que lo hicieron. Cierto es que dijo que "no había pasado nada raro". No le creía nada, a esta parte sospechaba e infería qué podría haber ocurrido.
– No sé cómo haré para verlo a la cara esta tarde... ¿Qué le diré a Isaic cuando me cuente que dormiste en su casa? – Hizo una breve pausa en la que pensó. – "¡Será mejor que empieces a pensar en llamarlo "mamá" en vez de "señor Eren Jaeger"!"
– ¡Ni se te ocurra! – Eren frunció la nariz. – Yo soy un hombrecito... – Se cruzó de brazos.
– "Papá" ¿Sería mejor? – Se rió, Eren achicó sus hombros adorablemente desviando la mirada. – Lo sé, lo sé... Te encantaría… ¡No lo niegues!
– ¡Armin! – Lo regañó sonrojado.
– Te molestaba nada más... – Armin rió hasta que vio salir a Mikasa del baño.
– ¿Y si lo que Isaic necesita es una mamá y no un "señor Eren Jaeger"? – Preguntó tristemente.
– Eren... – Llamó Mikasa, sentándose. Ambos la observaron. – Debes dejarlo.
– ¿Eh? – Armin vio la expresión de Eren, fue frustrante.
– Mi primo, Levi... – Continuó lentamente. – Él no tiene esos gustos, deberías haberte dado cuenta ya.
– ¿Qué tiene que ver? – El brillo de los ojos de Eren se apagó, la sonrisa que había generado Armin con sus burlas y cargadas se había disipado.
– Estás perdiendo el tiempo y... – No quería decirlo, realmente no quería hacerlo. Pero era la única manera que tenía para hacerle llegar su opinión a su mejor amigo. – Lo único que conseguirás es el corazón roto. – Advirtió.
– ¡Fui a su casa dos veces! – Intentó, en vano, convencerla.
– Isaic lo pidió. – Refutó apacible.
– Me envió un mensaje deseándome las buenas noches la semana pasada. – Armin podía asegurar que ese argumento de Eren, era muy bueno.
– Porque su hijo siempre debe pedirle que lo haga. – Mikasa también tenía puntos a favor.
– Fue de parte suya. – Le mostró el fragmento de conversación desde su celular.
– No debe haberse dado cuenta... – Seguían discutiendo.
– Me dejó usar su ducha primero. – Eren no podía tener su cuerpo quieto, apretaba un poco su quijada y las cejas le temblaban.
– Instinto paterno. – Mencionó con suavidad, cruzándose de brazos. – Estoy segura.
– Se preocupó por que no me resfriara.
– Responsabilidad frente a tus padres.
– ¡Me limpió los labios con sus propias manos porque tenía migajas de galletitas!
– Si tan enamorado estás de Levi, deberías saber que es un friki de la limpieza.
Esto no era bueno, Eren enumeraba sus motivos para quererlo y Mikasa los rechazaba uno a uno. No estaba en los planes de ninguno dar le brazo a torcer.
– ¡Sí que lo sé! – Levantó la voz, viéndose el centro de atención del café. – Me recostó en su cama cuando me dormí. – Dijo de nuevo, tranquilo, pero enojado.
– ¡Tiene un hijo, tuvo un matrimonio con una mujer!
– Creo que ahora no está saliendo con nadie
– ¿Tu que harías si falleciera tu esposo?
– Pasaron cuatro años. – Usó un énfasis especial al mencionar el número, no importaba cuánto Mikasa boicoteara sus esperanzas, Eren se mantenía firme.
– Los duelos son diferentes para cada persona.
– Me sonrió.
Sus retadoras miradas se encontraron. Armin observaba con atención aquello como si estuviera viendo una telenovela. ¿Eren habría logrado convencer a Mikasa de que no es obligatorio que deje esos sentimientos atrás? Por suerte no tenía que esperar al próximo capítulo para saberlo.
– Veo que no vas a detenerte... – Suspiró derrotada. – ¿Puedo pedirte un favor?
– Sí.
– Ten cuidado. – Pidió con cariño. – No quiero que el enano te lastime. Eres muy importante para mí como para permitir esto, pero tú eres así: terco. – Sonrió dulcemente a su amigo. – Y... No quiero verte triste. Nunca.
No estaba convencida, algo en todo esto no le daba confianza. Sabía que si esto no tenía un buen final, Eren terminaría destrozado. Pero comprendía que para estas alturas no era mucho lo que podía hacer para intentar mentalizarlo. Esas emociones que Levi le hace sentir no tenían solución.
– Me hago responsable de lo que siento, Mikasa. – Aclaró. – Sé que si hace algo que me duele, es completamente mi culpa.
– Te lo digo de verdad, Eren...
– Perdóname por no decírtelo antes, Mikasa.
– ¿Tu lo supiste todo este tiempo? – Armin sintió estática en su cabello por la velocidad a la que la sangre llegó a su cerebro.
– B-bueno... Verás...
– ¿Y estuviste alentándolo? – Cuestionó poniendo al rubio más nervioso.
– Mikasa, Armin guardó silencio porque yo se lo pedí. – Aclaró. – Dime... ¿Hubieras preferido enterarte por él o por mi?
– Después de todo, sabías como me pondría... – Razonó la chica.
– Mikasa... – Llamó Armin, con una sonrisa. – ¿No te intriga saber cómo fue que tu primo terminó sonriéndole?
Era cierto, Armin no había hablado con Eren de eso, a decir verdad, recordó que no sabía lo que pasó después de que supo que estaba durmiendo en su cama; y había formulado muchísimas teorías. Aparentemente nada fuera de lo común. Pero, que Levi le regalará una sonrisa era algo nuevo.
Eren se sonrojó un poco, pero ambos amigos escucharon con atención su relato, luego de prometer que no le dirían nada a nadie. Se sorprendieron de que Levi tuviera ese lado crítico con si mismo. Pero ambos concordaron en que Eren tenía razón, no fueron palabras dichas para hacerlo sentir mejor, fue la verdad. Se nota a leguas que Isaic no es un estorbo para Levi y que, es importantísimo para él.
Ambos se llevaron otra gran sorpresa cuando supieron lo que había ocurrido esa mañana en el taller mecánico. Mikasa sospechó, que tal vez Armin tenía razón: Eren tenía chances. Lo apoyaría, pero sin motivarlo mucho. Era importante cuidarlo y más allá de eso, Levi era su familia, entonces las cosas se ponían complejas para ella.
No era como lo que sucedía entre Armin y Jean, ella sabía que Armin tenía chances potenciales. Si salía lastimado es porque Jean continuaba siendo un idiota. En cambio entre Eren y Levi... ¿Cuán probable era que Levi se fijara en él? ¿Sucedía realmente que una persona heterosexual pudiera enamorarse de alguien de su mismo sexo? Debía haberlo visto en alguna película, tenía que existir un conocido de otro conocido que le pasó. Tenía que haber alguien en el mundo que le sacara la duda.
Tenía que ser posible. Después de todo... No podía negar que la existencia de Eren, con sólo mencionarlo era ilegalmente feliz. Y si Eren era feliz, ella lo era también.
Le preocupaba ese chico del parque, el de la gomina en el cabello. Le había puesto demasiadas trabas a su amigo. Pero se prometió como que la mitad de su dotación genética es Ackerman, no permitirá que ese chico se inmiscuya con el destino perfecto que le espera a Eren. Esperaba que su propio primo tampoco lo hiciera; que todo saliera acorde a los deseos de Eren.
Pronto se hizo el horario de salida de Isaic del kinder, por lo que Armin tuvo que irse. Eren y Mikasa caminaron juntos unas cuadras hasta la biblioteca donde Eren se quedaría a estudiar y ella siguió camino a verse con su chico.
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Su examen no fue lo que se denominaría fácil. Y aunque entregó casi último, igual salió temprano. Lo suficientemente temprano como para pedirle a Historia que mañana le lleve al parque los apuntes de la siguiente clase e irse a su casa a dormir, porque esa noche le esperaba otra guardia y estaba destruido.
Carla lo llamó siete veces alrededor de las nueve de la noche para cenar. Ella entendía que estuviera cansado. Pero si se saltaba las comidas, lo único que sucedería es que la situación seguiría igual. Mal descansado y mal alimentado, su hijo no podría ser eficiente en sus tareas. A demás era consciente de que debe haber desayunado doble, pero de almorzar ni hablemos.
Grisha le preguntó cómo le había ido y, advirtió que la próxima vez debe dejar de pulular en la órbita de Marte y prestar atención a las fechas. Eren se sintió como un niño regañado, pero su padre tenía razón. No podía ir distraído por la vida pensando sólo en el sujeto de su adoración. Su noche dorada ya había terminado, varias situaciones lo habían hecho poner los pies en la Tierra; debía asumirlo. A demás, no sabía cuándo volvería a verlo. Su celular vibró en sus piernas, donde lo tenía apoyado. La voz de Levi resonó en sus oídos al percatarse.
"Armin nos dijo que tuviste un examen, mocoso, me sentiré culpable si repruebas, después de todo, perdiste tiempo aquí en mi casa".
Su sonrisa lo delató frente a sus padres. Carla aprovechó para molestarlo, hace tiempo quiere ver a su hijo trayendo a alguien a casa. Supo que él salió con algunos chicos, pero se enteró que el que parecía ir más enserio lo decepcionó porque no estaba solo con Eren. Si ella hubiera sabido quién era no hubiera permitido que ese chico continuara teniendo sus genitales. Calculó que por eso Eren esperaba para llevar a sus chicos a la casa. No estaba mal, después de todo, era mejor que estuvieran seguros de sus sentimientos.
– ¿Tu novio preguntándote como te fue en tu examen? – Rió burlona.
– No es mi novio, mamá. – Le encantaba que su madre pensara eso, le encantaba fantasearlo.
¡Si tan sólo Levi fuera suyo!
– ¿Ackerman? – Preguntó Grisha husmeándole la pantalla. Eren la retiró de su vista avergonzado.
– ¡Lo sabía! ¡Sabía que era él! – Exclamó Carla moviendo sus brazos.
– ¡Déjenme enamorarme en paz, ustedes! – Pidió levantándose. – Ya no tengo hambre...
– Eso es amor verdadero, hijo... – Se burló la mujer en tono alto, para que el castaño, que huyó de la cocina, la escuchara.
– ¿Era él? – Preguntó Carla a su esposo.
– Claro que era él. – Le respondió acomodándose los anteojos con seriedad.
– ¿Qué te pasa? ¿Celoso? – Se rió divertida.
– ¿De verdad es el novio de Eren? – Preguntó seriamente.
– Todavía no… – Su picara sonrisa lo hacía desconfiar.
Grisha resopló, no le gustaba nada que Levi quisiera cosas raras con su hijo, no sin antes anunciarse como su pareja. Todo estaba bien, él atendía la salud de Isaic y eran felices. Pero con Eren debía tener cuidado. Su señora estaba tan contenta por eso que le molestaba.
Eren subió a su habitación y se recostó boca abajo en su cama. Leyó tres veces el mensaje de Levi y entonces se dignó a contestar.
"Oh no, estar con ustedes no fue una pérdida de tiempo"
Definitivamente no podía decirle eso. Era demasiado obvio, una indirecta bastante directa.
"No se preocupe, fue ajeno a ustedes, creo que me fue bien. Y si no... Sólo es un examen."
Eso estaba mejor. Se sentía feliz porque sus sentimientos tenían la aprobación de Mikasa. Sin mencionar que sumaba puntos porque Isaic lo quería mucho. Había recorrido un extenso camino para conseguir que Levi le hablara por mensajes y que, aparentemente, Isaic no esté enterado, o algo así. Restaba ganarse el amor de Kuchel, de su amiga Hanji. Y que Erwin ubicara su interés romántico en otro lugar. Lugar que tranquilamente podría ser Nile.
"¡¿Cómo que sólo un examen?! ¡Es tu carrera, mocoso irresponsable!"
– Mientras no me prohíba verlo por reprobar… – Sonrió rodando en la cama, enroscándose entre las colchas y sosteniendo su celular hacia arriba. – Sería por siempre tu mocoso irresponsable, Levi... – Susurró, muriéndose de ganas de escribirlo. – Me puedes castigar...
Aunque lo intentara no podía detener los deseos de su corazón. No sabía en qué momento el amor le había pegado tan duro de frente. Es cierto que cuando lo conoció se sintió atraído, pero los sentimientos ahora habían cambiado, había dado el gran paso de contarle todo a Mikasa. Eso quería decir que no había regreso, su madre se la pasaba molestándolo y Armin también le había hecho un comentario burlón. Estaba embobadísimo.
"Si no quieres parecer estúpido, no mereces estar enamorado".*¹
Levi ponía a aletear a las mariposas dentro suyo.
Sus pensamientos iban y regresaban sobre un punto: Erwin y todo lo que lo relacionaba. El día anterior se había propasado un poco. Trató a Nile bastante mal, fue sincero de una forma brutal. Sus amigos siempre se lo decían "lo tuyo no es decir la verdad"; porque Eren no es un chico que calla si siente que algo es injusto. Tal vez debería disculparse y tratar de darse la oportunidad de pensar en algo juntos. Erwin no puede manipularlo así. Sería beneficioso para él que ellos empezaran a salir. Principalmente por Levi, en segundo lugar por sus esclavizantes horarios.
Lo que le sorprendió es la red de amor y desamor en la que Levi estaba metido sin siquiera saberlo; vive su vida independientemente de si alguien lo espera. Curioso es que no se había percatado de ello hasta ahora; lo positivo es que si él entraba en la ecuación y los caminos se abrían a su favor, Erwin podría ser capaz de renunciar y darle fundamento a los sentimientos de Nile
Se sentía vulnerable al pensar de esa manera, lleno de confianza habló con Mikasa al respecto, afirmó que se haría responsable de sus sentimientos; pero no quería, no quería que no funcionara. Parecía un niño encaprichado, quería a ese hombre y sólo para él.
"No me regañe..."
Se cuestionó si agregarle al mensaje una carita llorando, pero decidió que mejor no. Le estaba dando mucho sueño, se reacomodó en la cama, sonriéndole tontamente a su teléfono. Quería seguir hablando con él, pero en esa posición se dormiría pronto.
"Señor Ackerman, me voy a dormir. Que descanse e Isaic igual"
Más tarde, cuando lo llamaran para ir al parque y viera su respuesta sabía que no podría estar tan mal.
Activó el vibrador en su celular, lo bloqueó y lo dejó sobre la mesa de noche de madera clara junto a su cama. Apagó su velador y abrazó su almohada. Cerró sus ojos. ¿Podrá Levi reemplazar a su almohada algún día?
.
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Mike abrazaba a su esposa desde sus espaldas, acariciándole el bajo vientre. Era muy suave y cuidadoso con sus caricias. Respiraba hondamente el olor de su mujer ahora que estaba levemente alterado. Habían tenido el día libre del trabajo y lo había pasado en familia. La tarde había caído, su mujer le aseguró que a las 20 horas Levi llegaría y faltaba poco, por lo que aunque quisiera más mimos, no los recibiría.
– Mamá… – Alicia se asomó a la cocina sosteniendo su pingüino, ambos eran del mismo tamaño, prácticamente, y consiguió que su padre la alzara.
– ¿Qué pasa, cariño? – Hanji le acarició la mejilla y continuó sazonando la cena.
– Chilly Willy*² se rompió… – La niña le mostró bajo la aleta de pingüino.
– Ah… Qué problema… – Bufó dejando la cuchara a un lado y atendiendo al pingüino. – ¿Amor…?
Mike conocía esa voz mejor que nadie. Le estaba pidiendo que se ocupe de la aleta del pingüino de su hija. Desde que el rubio aprendió a coser, Hanji se aprovechaba para saltarse la tarea. Llevó a su hija hasta la sala, dónde la televisión encendida cortaba el silencio en la casa, y los dos se sentaron en el sillón. Mike tomó la gran lata de galletitas suizas y la abrió, tomó desde dentro, hilo negro y una aguja. Sabía que lo mejor era enseñarle a su nena a coser, aunque no lo hiciera todavía. Su madre siempre le contaba historias de que había aprendido a coser y bordar a los 4 años. ¿Por qué Alicia no podría? Faltaban sólo unos meses para que cumpliera esa edad. Los bellos ojos miel observaban con atención cada cosa que hacían las grandes manos de su papá.
Mike escuchó el motor del auto de Levi estacionarse fuera de su casa. Al mismo tiempo, la mirada de su hija se posó en la puerta y una sonrisa se dibujó en su rostro. La niña inhalaba cortamente, reconociendo, identificando. Dos toques del timbre la levantaron del sillón rápidamente.
– Alicia. – La niña corrió hacia la puerta. – ¡Alicia! – Su hija giró a verlo. – Pregunta quién es antes de abrir…
– Es Isaic… – Advirtió.
– Siempre, antes de abrir, pregunta quién es… – La niña asintió.
– ¿Quién es? – Husmeó por la hendidura de la cerradura.
Del otro lado notó el rostro que coincidía con el olor que ella sintió en primera instancia: era Isaic. Movió sus ojos y junto a él, encontró a su padre: el tío Levi.
– Levi e Isaic. – Mencionó el hombre.
Alicia pidió por el permiso de su padre, quién terminaba de arreglar el pingüino, para abrir y éste le fue concedido. Pelinegros padre y hijo pasaron saludando a la casa, Levi comenzó a desabrigar a su hijo. En cuanto estuvo libre de sus abrigos, Alicia levantó la manga de su buzo de canguro negro. Cuando su blanca y pequeña mano se vio la tomó, lista para no dejarla ir.
Hanji asomó su rostro por la puerta de la cocina, encontrando a su viejo amigo de años hablando con su esposo. Ellos tenían la primitiva costumbre de estrecharse las manos y golpearse los brazos "dos monos"; le alegraba que se llevaran bien, a Mike no le había quedado otra cuando se conocieron y empezaron a salir "A Levi no tienes que comprenderlo, él es especial. Jamás hará algo para que te pongas celoso, es mi amigo. No te cuestiones, sólo quiérelo" le dijo a ese joven que lo tomaría a pecho, porque dicho y hecho. Se preguntó que era lo que Mike esperaba al conocer a Levi y qué habrá pensado cuando lo conoció: su diferencia de estatura era épica. Luego se lo preguntaría.
Por su condición se encontraba más sensible que de costumbre, era imposible para ella no recordar viejos tiempos. Se preguntaba si al pincharlo un poco lograría poner sentimental a Levi también.
– ¡Tía Hanji! – Exclamó Isaic acercándose a ella con una sonrisa, arrastró a Alicia en ello. – ¡Tía Hanji!
– ¡Hola bombón! - Se acuclilló y lo recibió en un bonito abrazo. – ¡Qué grande que te pusiste! ¿Hace cuánto no te veía?
– Qué exagerada, cuatro ojos. – Levi también se había acercado a saludarla. – ¿Qué tal va todo?
– Bien, enano. – Le sonrió y miró por encima de sus anteojos. – ¿Y tú?
– Bien.
Eso era suficiente para sentirse tranquila. Le preocupaba mucho Levi, y cómo tomaría la noticia que tiene que darle.
– ¡Tía Hanji adivina qué! – Isaic saltó entre sus brazos con una sonrisa.
– Hmm... ¿Me acompañas a la cocina y me cuentas mientras reviso la comida? – Sugirió.
– Yo me encargo... – Se adelantó Levi, caminando en tal dirección.
– Si, déjalo en nuestras manos, Hanji. – Lo siguió Mike. – Tiene un olor diferente. – Le susurró a su mujer, disimulando un beso cerca de su oreja.
Le aliviaba no tener que seguir en la cocina cuando tenía una visita tan hermosa como este nene. Aunque le intrigaba de sobremanera, lo mejor era ser cautos. Los tres se sentaron en el sillón: Alicia en la falda de su mamá e Isaic junto a ellas.
– Dime...
– Tienes que adivinar...
– ¿Tiene que ver con el señor Eren Jaeger? - Preguntó Hanji.
– ¡No adivines tan rápido! – La regañó con un ceño fruncido. Su tía le pellizcó suavemente la frente.
– ¡No hagas eso, que te pareces a tu papá! – Exclamó mostrándose furiosa.
– Isaic se parece al tío Levi... – Se rió Alicia.
– Bueno, intentaré no adivinar tan rápido... – Accedió pero era imposible no adivinar lo que esa hermosa cara le decía. – ¿Lo viste?
– Si... – Admitió decepcionado. – Pero no sólo eso.
– Hm, dejame ver... - Fingió pensar un momento. – ¿Te divertiste con él?
– Si... – El niño guardó silencio mirando a su tía.
– ¿Hay más? – Sus pensamientos la llevaron por el camino del mal. – Déjame adivinar... Fue a tu casa.
– Tía Hanji... ¿Tu lo sabes todo? – Isaic ladeó la cabeza, esbozando un puchero. – Si adivinas lo último te daré un regalo...
– ¿Más? – Lo cierto es que las ideas se le habían acabado.
– ¿Quieres una pista? – Preguntó sonriente.
– Sí, dame una pista...
– Me contó una historia...
– ¿De verdad? ¿Te contó la historia del titán aprendiz? – Preguntó Hanji sorprendiéndose, ya quería saberlo todo.
Aunque Levi dijera que no, Eren tiene enamorado a su hijo. Se preguntaba cuánto tardaría el chico en enamorarlo a él también. Ella no necesitó más que una tarde en el café de Farlan para encariñarse y saber que es una buena persona, pero Levi era más duro; sin mencionar que lo pone rabioso escuchar las palabras "enamorado" e "Isaic" en la misma oración. Esperaba que Eren le lance su flechazo pronto, para ahorrarle un par de celos a ese hombre de baja estatura. Vamos, ¿qué tiene que hacer para lograr ganarse su corazón? Levi no puede ser tan difícil.
Y Eren también se beneficiaría, Levi le permitiría estar cerca de ellos más tiempo, tendría más confianza en él y, posiblemente pueda cultivar esos sentimientos que guarda hacia su amigo. Esos sentimientos que, aunque los intente ocultar, se le notan a miles de kilómetros de distancia.
– ¡Sí! Bueno... No me la pudo contar entera, porque me quedé dormido...
– Pero seguramente la próxima vez que lo veas terminará la historia. ¿Me quieres contar?
– ¡Sí!
El niño estaba esperando que su tía le planteara aquello. Emocionado comenzó el relato. Al rato Levi y Mike se sumaron a la reunión. Por momentos Isaic olvidaba exactamente cómo contar lo sucedido, entonces su padre le daba letra.
A Hanji le sorprendía la tranquilidad con la que Levi se lo estaba tomando esta vez, de hecho, Isaic no tuvo problemas en que su padre estuviera presente cuando le contaba lo que sabía de la historia. Recordaba bien cuando antes se quejaba por escuchar a su hijo hablando de Eren o sobre titanes y soldados. Esta vez era diferente, y que le ayude a contarla quiere decir que él también estuvo escuchando el cuento.
– ¿Puedes creerlo tía? ¡El soldado más fuerte de la humanidad practicaba esgrima con su escuadrón!
– La esgrima es un deporte interesante... – Agregó Mike.
– ¿Qué es la esgrima, papi? – Preguntó Alicia, subiéndose en sus piernas y abrazándolo.
– ¡Es un deporte de espadas que no hieren! – Se apresuró a enseñarle Isaic. – Yo quiero practicar esgrima como el soldado más fuerte de la humanidad. – Admitió con orgullo.
Los ojos de Levi se abrieron como platos, no se esperaba aquello. En ningún momento se le cruzó por la mente que su hijo quisiera practicar esgrima; se lo había guardado bien desde esa noche en la que Eren le contó la historia. Sintió la molesta sonrisa y la acosadora mirada de Hanji sobre él, simplemente le devolvió un mal gesto para que dejara de ser tan molesta. Le pilló completamente desprevenido.
– Si Isaic quiere hacer esgrima, yo también quiero... – Alicia rompió el silencio.
– Tú eres una señorita muy pequeña, todavía... – Se negó Mike.
– Papá ¿puedo hacer esgrima? – Preguntó Isaic.
– ¡Quiero hacer esgrima con Isaic! – Exclamó Alicia.
– Lo hablaremos en casa. ¿Te parece? – Le contestó Levi, inseguro.
– Di que sí, papá... ¡El soldado más fuerte de la humanidad lo hace!
– ¿Y qué? ¿Si el soldado más fuerte de la humanidad come un gusano tú también lo harías? – Isaic frunció la nariz y negó con la cabeza. – Entonces lo hablaremos en casa. Ahora ve a jugar con Alicia.
La niña se preparó delante de Isaic para llevárselo a jugar a su habitación. Los adultos se mantuvieron en silencio por un momento, hasta que Mike aportó a la conversación su humilde opinión.
– Creo que si Isaic quiere esgrimir, deberías permitírselo. – Levi lo miró y frunció el ceño.
Se tardó un momento en responder, no era como si no le interesara lo que Hanji o Mike dijeran, pero la idea no le gustaba nada. ¿No podía elegir algo más convencional?
– Podía querer hacer cualquier deporte: soccer, voley, handball, softball, le hubiera permitido algo rudo como el rugby o incluso podría haber elegido Basquetball.
– Si heredó tu estatura, mucho básquet que digamos no iba a jugar. – Molestó Hanji.
– Nadie preguntó tu opinión, lentes de mierda.
– ¿Qué tiene de malo? – Le preguntó con paz.
– Todo es culpa del mocoso Eren... – Refunfuñó en voz baja. – Porque le contó esa historia Isaic quiere practicar esgrima...
– No le veo lo malo realmente. He leído en una revista de la importancia de los deportes en la infancia y estaba entre los mencionados.
– Yo lo apoyo. – Asintió Mike. – Después de todo es un deporte de élite, tiene mucha historia. Hasta a mí me emociona.
– Lo importante es que esté en un lugar donde utilice sus energías y haga nuevos amigos. – Hanji le dio su punto de vista completamente maternal al respecto. – Isaic va a convencerte... Sabes que es así.
Lo pensaría bien antes de dar el sí. Luego le reprocharía a Eren que su historia del titán aprendiz había mal influenciado ese deseo de su hijo; aunque era tarde y no había más por hacer. La única alternativa que tenía era que al empezar el deporte, a su hijo no le gustara.
– Si lo que te preocupa es que pueda lastimarse... Usan trajes de alta seguridad. – Agregó el rubio, como último recurso. Levantándose a continuar controlando la cena.
Hanji y Levi, estaban solos en la sala. Levi miraba al piso, inerte, absorto en sus pensamientos.
– ¿Estás enojado porque te dije que no jugaría básquet? – Aprovechó la oportunidad para molestarlo.
Levi la ignoró, se sentía convencido. La esgrima parecía ser un deporte prometedor; Mike y Hanji le dieron el visto bueno a la indirecta propuesta de Eren. Supuso que de eso se trataba cuando decidió aceptarlo y que juntos cuidaran de Isaic.
La cena pronto estuvo lista y los cinco se sentaron en la mesa cuadrada de la sala de Hanji. Durante la misma, Hanji comentó a Levi e Isaic que su familia estaba esperando un nuevo integrante. Estaba embarazada de unos cortos dos meses. Alicia agregó que tener un hermano menor era algo que la ponía feliz, que esperaba que fuese un varón. Levi los felicitó con unas sinceras palabras e Isaic mostró su eufórica felicidad por los Zakarius.
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– ¿Así que Eren es bienvenido en tu casa para terminar de contarte la historia?
En un momento a solas con el hijo de su amigo, se dedicó a la búsqueda de información adicional al respecto de el encuentro con el famoso señor Eren Jaeger. El hecho de que Levi estuviera presente durante la historia del titán aprendiz había incrementado su interés en este encuentro; y que usara en particular la palabra "bienvenido" le daba un toque familiar a esa sensación de bella compañía.
– Sí, cuando despertó ya tenía que irse... – Comentó mirando a la televisión. – Era su horario de entrar a trabajar.
– ¿Como cuando despertó? – Algo en la cabeza de Hanji no cuadraba.
– Ah, eso es porque no te dije, tía. – Se rió, pícaro. – El señor Eren Jaeger se quedó a dormir en mi casa.
Tal vez Levi ya se había encariñado con Eren. Tendría sentido si Eren se quedó en su casa. La vida no había sido tan incierta hasta este punto. Lo que Isaic le estaba diciendo era extraño.
– ¿Se quedó...? ¿Tú papá lo dejó dormir en tu casa?
– Sí, estábamos mirando una película y el señor Eren Jaeger se quedó dormido... – Hanji asintió, quería saber más. – Entonces le dije a mi papá que lo recostáramos.
– ¿Y dónde durmió Eren? – Enarcó una ceja, completamente interesada en el momento.
– En la cama de mi papá. – Respondió rápidamente.
– ¿Con tu papá? – Hanji prácticamente ni respiraba. Ni dejaba respirar a Isaic.
– Sí... – Le respondió el niño como si fuera la cosa más natural del mundo.
Imaginarse la escena fue exquisito, Levi y Eren durmiendo en la misma cama. ¿Será que su amigo dejó de ser la bola congelada sin sentimientos que ella conoce? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¡Por qué! Su mente pensaba los millones de por qués y, de alguna forma, trataba de meterse en la cabeza de Levi en ese momento. ¿Será que Levi no se da cuenta que le gusta a Eren? ¿O será que sí? ¿A Levi le gustará Eren? Eso era nuevo. Esbozó una sonrisa maniática y desorbitó sus ojos; a la vista de cualquiera era una perfecta enferma psiquiátrica.
– Tía... – Se preocupó Isaic. – ¿Estás bien?
– Cuatro ojos... – La voz de Levi llegó a sus oídos desde la puerta de la cocina y la sacó de su trance. – No le muestres esa cara de loca a mi hijo.
Miró a Levi y le sonrió deseosa de más información. Acomodó sus anteojos y los entornó con malicia. Tal vez ahora, frente a Isaic, no diría nada. Pero cuando lo agarre solo, ese enano la iba a escuchar. E iba a contestar a todas y cada una de sus preguntas.
– Isaic ¿miramos tele en mi habitación? – Propuso la niña. – Tío Levi, ¿vienes a mirar la televisión con nosotros? – Invitó Alicia saliendo de la cocina, como él, tomándole la mano.
Levi asintió, Alicia le parecía una niña muy linda. Aunque era hija de Hanji y usaba anteojos como ella, se parecía más a su papá, incluso en su desarrollado sentido del olfato; era dulce y femenina, encantadora y sonriente. Él nunca había deseado tener una hija, de cualquier manera en su situación aunque quisiera no podría; era feliz con su bebé Isaic. Pero sabía bien que Mike enloquecía por su princesa y siempre le decía que "tiene suerte porque las niñas son una debilidad". Hanji persiguió a Levi hasta que se detuvo y le cuestionó con la mirada por su comportamiento. Los niños continuaron su camino.
– ¿Es verdad que dormiste con Eren? – Levi apretó los labios y la fulminó con la mirada. Luego suspiró y se rascó la frente.
– Mi hijo no dice mentiras... – Aflojó su expresión. Hanji lo tomó de su saco y tironeó de él.
– ¿Quién eres tú y qué has hecho con Levi? – Se adentró en los grises ojos de Levi, oscurecidos por la sombra de su cabeza.
– Primero que nada, me sueltas. – Exigió. – Ahora. – Hanji obedeció. – Segundo... ¿En qué demonios estás pensando?
– ¿Durmieron en la misma cama? – Re-preguntó sorprendida.
– ¿Eres sorda o lenta? Sí.
Mantuvieron el silencio un momento. Hanji se preguntó qué comentario era conveniente hacer primero.
– ¿Y lo abrazaste? ¿Te abrazó? – Preguntó con sorna. – Ya sé... ¡Deben haber hecho cucharita!
– Nada de e-...
– Apuesto mis ahorros a que se acurrucaron. ¡No lo ocultes! ¡Cuéntamelo! – Interrumpió y lo cargoseó un poco más. – ¿Ni un besito? ¿Nada de nada?
– Cierra la bo-...
– A caso... ¿Llegaron más lejos? – Su rostro se iluminó. – ¿Me lo dices enserio, Levi? ¿Le hiciste cuchi cuchi a Eren?
– ¡Hanji!
Levi alzó el tono de voz y la miró fijamente, serio. Aquello tenía un efecto sedante en la mujer, sabía que cuando su amigo la miraba así es porque debía parar. No podía culparla, era propio de su curiosidad. De sólo pensar en cómo se habrá sentido Eren, en ese momento, durmiendo junto al hombre que le gusta, quería saber más.
– ¿Me pasé? – Preguntó con la cabeza gacha.
– Lo recosté en mi cama porque no iba a preparar otro lugar para que él durmiera. – Aclaró. – Era eso o dejarlo dormir en el sillón.
– Ya entendí.
Si no se habían abrazado, ni hecho cucharita, ni cuchi cuchi es que entonces Levi no se daba cuenta; y tampoco parecía gustarle Eren. Se ganaría el premio al despistado del siglo. "Ah... ¿Con qué clase de extraterrestre enano sin sentimientos, ni ojos, te enganchaste, Eren?"; quería saber todo. Esta noticia le había hecho olvidar el verdadero motivo por el cuál lo había invitado, el hecho de que estaba embarazada había quedado completamente en segundo plano. Ciertamente, los Ackerman tenían muchas cosas interesantes que contar.
Levi se sentía molesto, no era como que dormir con el mocoso implicaba, sin excepción, mantener algún vínculo amoroso o sexual con él, lo que Hanji dejó completamente en claro al preguntar. Simplemente ocurrió y después de todo, sólo durmieron.
– ¿Qué ocurre contigo? – Preguntó curioso al notar el sumiso comportamiento que la castaña había adoptado.
– Quiero hacerte una última pregunta, Levi. – Hanji sonrió, con honestidad. – ¿Qué harías si, mientras sigues durmiendo, alguien quiere divertirse con Eren?
– Sigues malinterpre-...
– Levi. – Hanji encontró su mirada. – Limítate a responder lo que pregunté.
Entendía perfectamente lo que Hanji le quiso decir. Enojarse y mandarla a la mierda era darle el gusto. Entendía que Hanji pensara mil cosas raras al saber en que ellos habían compartido la cama. Con el tiempo se tranquilizaría, lo olvidaría y se dejaría de joder.
– Lo protegería para que no le hagan daño.
Aquella respuesta le dijo a Hanji todo lo que quería saber. Por un lado, le aseguró que Eren lanzó el flechazo, le encantaría saber cómo fue, que palabras usó, qué sentimientos le regaló a Levi; pero debió ser un momento tan íntimo y personal. Por otro el flechazo había tocado en Levi. ¿Era pronto para apostar qué tan lejos Eren era capaz de llegar? Levi compensaba su seriedad y la falta de expresiones siendo sincero. Lo sabía, ella sabía que solamente tenían que acercarse, el resto se haría solo.
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La base del vaso de vidrio opaco tembló con la vibración que generó su celular sobre el escritorio. Le asustó el repentino traqueteo contra la superficie de madera barnizada. Una pila de carpetas con importantes documentos que leer y firmar generaba sombra por encima del aparato. Al regreso de su viaje apenas había tenido tiempo para desayunar y tuvo que salir de inmediato al parque: su padre necesitaba ayuda con el papeleo. Al llegar todos sus empleados lo habían recibido cálidos y respetuosos, excepto uno; Eren tenía su forma peculiar de expresar el descontento que le genera su presencia: lo nota cada vez que pasa de él cuando su amiguita rubia lo saluda con amabilidad y brillantes miradas. No lo culpa, es más placentero ignorarse; se sentiría mucho más tranquilo si Eren nunca hubiera aparecido en su vida. Al fin y al cabo, era inevitable. Seguramente si él no proponía invitarlo al parque por su residencia, lo haría su padre; no se puede tapar el sol con un dedo y sus calificaciones eran sobresalientes.
Nile le había dicho que su padre le dejó descansar el sábado, aunque le dijo que "todo estaba bien" no podía evitar desconfiar. Incluso hasta ahora, desde que llegó todavía no se había encontrado con su amigo. Lo que le parecía extraño, recuerda que cada vez que él regresaba, el moreno siempre había sido insistente en saber la hora que llegaba para ir a recibirlo. Incluso lo sentía indiferente por teléfono. Solucionó que debía estar cansado, le pidió que se ocupara de muchas cosas en su ausencia.
Se estiró hacia atrás en la silla de su escritorio y bostezó, con una mano tomó su teléfono celular, siendo consciente que había vibrado unos momentos antes. Luego de responder el mensaje de uno de sus proveedores, continuó con su tarea. La tarde comenzaba a caer, el ángulo del sol en su ventana lo obligaba a sentirse cada vez más cansado, esa noche al viajar había dormido muy mal. Así fue hasta que llegó a los informes de guardia del fin de semana. Dónde el sábado faltaba una firma. Marcó a Nile, él debía saber por qué la firma de Eren no estaba; pero no le respondió. Bebió el resto del agua que contenía su vaso y se dispuso a buscar al chico.
Encontrarlo no fue tarea fácil, por las caras de sus veterinarios saber qué tarea estaba realizando Eren era el equivalente a recibir la desaprobación de otro. Cansado de recorrer todo, lo encontró con los delfines, solo. Se acercó.
– Tú... – Indicó una expresión que acercarse a él no era lo que más le agradaba. – Vienes conmigo.
Eren giró su cuerpo desde la pileta, reconociendo a Erwin y haciendo un mohín. Pero su cuerpo no pareció moverse.
– Estoy ocupado aquí. – Volvió a girar dándole la espalda.
– Bueno, termina con eso rápido y ven conmigo. – Se cruzó de brazos. – No tengo todo el día para esperarte.
– Puedes decirlo ahora... – Invitó levantando una ceja. – Total para nosotros es igual, vamos a terminar discutiendo de todas maneras.
Erwin no le respondió. De mala gana, Eren se acercó al extremo de la pileta y en un salto salió de la misma. El rubio no pudo evitar mirarlo, el traje negro se le ajustaba marcando su delicado cuerpo, no podía evitar que le gustara lo que veía. Tomó de cerca una toalla y se secó las manos y el cuello, sacudiendo su pelo en la nuca y patillas que se había mojado.
– Te dije que te apures.
– No me pondré el uniforme por encima del traje acuático si no me esperas hasta que se seque...
De nuevo silencio, si no fuera por la deliciosa vista que le regalaba lo hubiera obligado a vestirse aún más rápido y arrastrado por todo el parque. Eren caminó lentamente hasta el pasillo y cabina dónde estaba su ropa y podía cambiarse. A los cinco minutos, salía vistiendo su uniforme y abrigándose con la campera del zoológico. El camino de regreso a su despacho fue largo y silencioso. Pero al llegar, Eren se quedó de pie detrás del asiento en el que "se tenía que sentar".
– Eren, quería preguntarte por esto... – Procedió Erwin sabiendo que no se sentaría.
El castaño lo miró seriamente y estiró su cuerpo para tomar el papel, se le hacía inmensamente familiar; Nile se lo había mostrado unos días atrás. Lo observó de principio a fin y dirigió nuevamente su mirada a Erwin.
– ¿De verdad me hiciste dejar a los delfines por esto?
– Dime... ¿Por qué no firmaste la guardia del sábado? – Preguntó, con paciencia.
– Porque no estuve aquí. – Erwin asintió con la cabeza, sin dejar de ver a Eren. – ¿Eso es todo? – Dejó el formulario sobre la mesa.
– ¿Por qué no viniste? – Continuó manteniendo la calma, aunque por dentro rabiaba.
– Por que desperté a las 5 de la mañana, no había recibido llamadas. – Eren se movió con nervios, acomodándose el cabello del lado izquierdo. – Creí que a esas horas no habría problemas y entonces puse mi teléfono en silencio.
– Bien... – Erwin intentó sonreír, pero no le salió. – ¿Disfrutaste el día casi completo que tuviste libre? ¿Descansaste?
– ¡¿Crees que no me correspondía?! – Preguntó indignado, alzando la voz.
– ¿Lo usaste para ver a Levi? – Un brillo enfermizo titilaba en sus ojos celestes.
– ¡Sí! – Gritó.
Aquello le cayó como un baldazo de agua fría. Quería saber todo, cuándo, dónde, cómo; seguro era culpa del chiquito Isaic. Respiró hondo, porque en se momento era capaz de cualquier cosa.
– ¿Por qué no entiendes que estás perdiendo el tiempo? – Eren mantuvo su semblante firme. – Levi jamás te verá como algo más que un mocoso.
– No eres nadie para decir eso. – Se notaba que Eren intentaba contenerse.
– No lo digo yo, lo dice él: tu eres un mocoso. – Escupió cuál víbora venenosa.
Eren bajó su mirada, una sombra cruzaba su rostro haciéndolo lucir aún más enojado de lo que estaba, o quién sabe. Disfrutaba su violenta mirada efervescente de ira mal contenida, su ceño fruncido y ese cambio en su aura inocente, amigable y optimista.
– Creí que te había dicho que eres un egoísta; ¿crees que Levi te verá? – Presionó Eren por su parte. – ¡Ni su hijo te tiene presente!
– Ah... ¿Isaic es tu defensor? Qué feo... – Manifestaba una irónica sonrisa. – Escudarte con un niño de ¿cuantos? ¿cuatro, cinco años?
– Ni siquiera sabes la edad de su hijo.
Erwin se levantó de la silla y caminó hasta enfrentar a Eren. Le tomó la chaqueta y tironeó cerca.
– No quieras discutir conmigo, Eren. – Empezó, ladeando su cabeza para hablarle de cerca. – Sé todo sobre Levi. – Eren sólo mostró sus dientes y gruñó, soportando los tirones. – Cada fecha, el día que se casó, cuando nació su hijo, cuando esa mujer murió, el mes que lo ascendieron en el trabajo y por qué, sé cuando eligió a tu amiguito rubio para que cuide de su hijo, sé sobre su amiga de anteojos y tuve el placer de conocer a su madre el día que tu lo conociste a él. En navidad, cuando llegaste para arruinarlo todo.
– Das miedo.
– Estoy enamorado. – Recitó, como si fuera sólo su privilegio.
– ¡Estás loco! – Le gritó en sus narices.
– Tal vez... – Sonrió. – ¿Qué harás para detenerme?
– No necesito hacer nada, Levi no te verá... – Tomó la mano de Erwin para separarla de su ropa y se alejó.
– No volverás a verlo. – Decidió el rubio, retrocediendo también.
– Sólo atrévete... – Incitó Eren clavándole los ojos cuál felino encrespado.
Eren le dio la espalda, saliendo del despacho. Claro que se atreve ¿con quién cree que está hablando? No permitirá que le arrebaten lo que ha estado esperando por tanto tiempo. Eren podía tener el corazón de Isaic, pero a Levi lo ganaría él.
Sólo en su estudio tomó una hoja de un documento al azar, la estrujó en sus manos y la lanzó lejos.
Mierda, ellos se vieron.
Nile le mintió. No estaba todo bien como le dijo.
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Regresaba en su bicicleta, parecía como si la hubiera reparado algún dios, porque se sentía como nueva: había valido la pena soportar el coqueteo del mecánico; a demás de que había podido ver a Ackerman y había actuado como todo un novio. Frenó en el semáforo de la esquina de una avenida. El tráfico estaba tranquilo, aunque no faltaba aquél que quería generar problemas, o aquél que estacionaba en doble fila generando que todos tengan que parar, la contaminación sonora de las bocinas y los caños de escape lleguen a sus oídos llamando la atención de sus ojos. Dentro de todo regresar a casa en su bicicleta lo tranquilizaba, al terminar de hablar con Erwin casi era la hora de finalización de su turno: las cinco de la tarde. Se consideraba afortunado, continuar trabajando después de discutir con Erwin hubiera sido tortuoso. Acompañó a Historia unas cuadras hasta su bus y siguió.
Cruzó una avenida y se dio cuenta que se encontraba cerca de la veterinaria de Pixis. Decidió pasar, hacía mucho que no lo hacía. Al girar en una arista, notó la pequeña caja marrón con un adorable cartel "¡Adóptanos!". Una persona tocaba a los tres perritos que de encontraban dentro. Arrimó su bicicleta al cordón y aclaró su garganta.
– ¿Vas a llevarte alguno? – Preguntó seriamente, señalando la caja, los perros.
La persona levantó su rostro, mostrando que en realidad parecía más joven que él mismo, un chico de la secundaria ¿Quizás?
– No... – Sonrió amablemente, mientras miraba a Eren y acariciaba las orejillas de uno de los cachorros.
Eren desmontó su bici, dio pocos pasos y se agachó cerca. Tomó la caja desde abajo y la alzó.
– Permiso, entonces. – Dio las gracias que aquella caja entraba, aunque con dificultad, en su canasto.
– ¿Eres una clase de ángel? – Preguntó el chico, irguiéndose. Mostrando la totalidad de su rostro, su cabello castaño peinado hacia atrás y sus ojos, oscuros.
– No... – Se montó en la bicicleta y empezó a pedalear a la veterinaria de Pixis en rescate de la salud de aquellos bebés cachorros. Los atendería y les buscaría un hogar.
La actividad de siempre lo hacía inmensamente feliz, su mal rato con Erwin había quedado en el pasado. Los pequeños hermanos lloriqueaban y se quejaban por la incomodidad de la caja. Lo cuál hacía reír a Eren, aunque no desviaba la vista del camino. El sonido de los animalitos era adorable, le encantaba cómo a veces no sabían emitirlos o torpemente intentaban erguirse en sus cuatro patas.
Al llegar empujó la puerta con su cadera y escuchó el típico campanar, le recordaba que hacía tiempo no pasaba por allí. La señora de Pixis se acercó al mostrador y al identificar a Eren sonrió ampliamente.
– ¡Eren! – Corrió a él. Le tomó las mejillas y lo examinó completamente. – ¡Hay por dios! Imagino que esas ojeras que te traes son porque hay alguien que no quiere dejarte dormir en las noches... – Bromeó horrorizada.
– Realmente amaría eso, señora Pixis... – Señaló con pesar la caja, para cambiar de tema. – Traigo a estos bebés...
– Siempre tan tú... – Estiró sus labios sin remedio. – El viejo está en consulta, empezó hace un momento, pero puede que no tarde. Estoy segura que le agradará verte. ¿Dónde los encontraste? ¡Ah, pero si son tres hermanitos! ¿Qué tendrán? Menos de tres meses...
– Creo que sí… – Apoyó la caja en piso y dejó salir a los perros. – Los encontré camino aquí… Supongo que eran más pero algunos ya deben haber sido adoptados por la gente que pasaba y los veía en la caja.
– ¡Pero si están preciosos! ¿Los desparacitarás y vacunarás?
– Claro que sí… – Sonrió Eren. – Luego los daré en adopción.
– Déjame prepararte todo entonces… ¿Tienes tiempo? Podemos hacer unos volantes. – Señaló la computadora.
– ¡Sí, sería bueno! – Revisó en sus cartera. – Muchas gracias, señora Pixis.
– Entonces… Busca los desparacitarios atrás, en cuanto Dott termine con su paciente puedes usar el consultorio. – La señora sonrió maternalmente. – Iré por la cámara y podrás contarme todas las cosas que estuviste haciendo estos días y cómo te está yendo con ese hombre de pelo negro.
La señora Pixis lo dejó solo del otro lado del mostrador. Eren se adentró en la puerta de al lado del consultorio. El depósito de la veterinaria, tomó una caja y dentro colocó todas las pastillas y frascos de vacunas que precisaba para los perritos. De regreso al mostrador esperó por alguno de los Pixis, la señora del veterinario regresó antes de que Pixis terminara su consulta. Mientras esperaban sacaron fotos a los pequeños cachorros y comenzaron a hacer volantes.
– Y dime... ¿Avanzaste algo con tu hombre? ¿Cómo se llama? – Preguntó interesada la mujer.
– N-no es mi hombre... – Se sonrojó. – Su nombre e-es L-Levi...
– Perfecto, entonces lo llamaré así a partir de ahora... ¿Entonces nada? – Eren negó con la cabeza. – ¿Y su hijo?
– Su hijo es Isaic. – Eren esbozó una sonrisa. – Los vi el fin de semana.
– Te ves lindo cuando sonríes así, Eren... – Aclaró la mujer. – Eres un chico lindo, ojalá Levi se fije en ti.
La puerta del consultorio se abrió y del mismo salió como torpedo, atropellando a los tres cachorritos que torpemente jugueteaban en el piso del recibidor, un border collie de ojos celeste lechoso y su dueña, arrastrada por la correa, una delgada mujer de baja estatura, cabello negro y filosos ojos celestes.
– ¡Koko! – Gritó. – ¡Espera! – Tironeó de la correa para contenerlo.
– ¡Eren! – Lo saludó Pixis. – ¡Tanto tiempo!
Eren tragó pesado, esperaba que no hubieran escuchado su conversación desde dentro del consultorio: las paredes no son tan gruesas, ni aislantes en absoluto; de hecho, suele escucharse todo. Miró a Pixis y le sonrió bajando el rostro, intentando ocultar la vergüenza con Kuchel si había escuchado que hablaban de su hijo.
– Qué tal, Pixis... – Susurró. Kuchel lo miró. – Hola señora Ackerman.
– Eren, hola. – Lo saludó con sorpresa. – ¿Cómo estás? – Koko no dejaba de saltar. – ¡Tú, detente! ¡Sit! – Ordenó y el perro tomó asiento, jadeando.
– ¿Él es el famoso Koko? – Eren se acercó.
– ¿Conoces a mi nuevo cliente? – Se rió Pixis.
– Bueno, lo conocía de nombre... – Se acercó al perro y se acuclilló frente a él.
– Él es Koko... – Presentó la mujer.
El perro le olió las manos y la ropa. Luego se le acercó al rostro, oliéndolo e inspeccionándolo. Eren sólo se sonreía por las cosquillas que le generaba esa húmeda nariz cerca de las orejas.
– Bueno, ya... ¿Confías en mí? – Koko se sentó a su lado y se dejó acariciar. – Eso es, buen chico... Quédate sentado.
– No podía ser de otra manera con Eren... – Afirmó la señora Pixis.
– ¿Todo bien? – Re-preguntó Kuchel cuando Eren se puso de pie nuevamente, pero sin dejar de acariciar al border collie.
– Sí... ¿Usted? – La miró a la cara, la mujer le sonreía dulcemente.
– Bien. – Eren le regresó la sonrisa mientras continuaba acariciando al perro. – ¡Oh, cierto! Tengo que pagar...
La mujer se golpeó la frente con su palma, riéndose. La mujer de Pixis había llevado los cachorritos al consultorio, por lo que no había problema con su tamaño o que estén en medio del camino. Kuchel pagó y se enteró que esa es la veterinaria en la que Eren trabajaba antes de empezar en el parque, y que no le tenía que resultar extraño que se haya olvidado de pagar, ya que su empleado solía generarle eso a las mujeres que llevaban a sus mascotas para atender. Eren se sonrojó, un poco más, y trató de explicar que no era así.
Kuchel explcó que hace poco el veterinario al que iba siempre se mudó y tuvo que buscar uno nuevo. Rieron con los chistes de Pixis y luego la Ackerman se marchó, saludando a Eren "hasta pronto"; tuvo que tironear de Koko, que no quería despegarse del lado de Eren. Eren saludó desde la puerta del consultorio con la mano y una sonrisa.
Para fortuna de Eren, mientras vacunaba a los cachorros, familias que caminaban fuera se acercaron a jugar con ellos y se convencieron de adoptar. La señora Pixis, entonces, imprimió carteles sobre el tercer cachorro que no fue adoptado: de pelaje castaño claro, con una mancha rubia en su ojo derecho y ojos oscuros. Le propuso dejarlo ahí mientras los pegaba en la calle o locales de alrededores. Fue una muy buena idea. La tarde ya había caído y si iba con el perro, lo único que lograría sería que se le hiciera de noche.
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Luego de varias vueltas, anocheció. Regresaba a la veterinaria y se detuvo exactamente en frente mirando hacia el interior del café de Farlan. Pensó que, una vez más, podía usar la cartelera que le ofrecieron la otra vez. Se entretuvo un momento hablando con el dueño del café y, luego, decidió regresar por su nueva mascota de tránsito. Afuera, estaba Marco, abrigado hasta la nariz, pero aún así al verlo no dudo en descubrir su sonrisa desde debajo de la bufanda.
– Ey Marco.
– Eren... – Saludó. – Hacía tanto que no te veía por aquí...
– Si que pasó el tiempo. ¿Qué tal todo? ¿De salida?
– Sí...
– ¿Esperando a alguien? – Sonrió de lado, haciendo sonrojar al moreno.
– Bueno, en raras ocasiones llega temprano a buscarme... – Ambos rieron. – ¿Tú?
– Tengo un perrito para dar en adopción... ¿Conoces a alguien interesado? – Preguntó mirando hacia la veterinaria.
– Me mataste... Pero si sé de alguien, avisaré en la veterinaria... ¿Va? – Propuso amablemente.
– Sería genial. Gracias Marco. – Eren palmeó su brazo, dispuesto a despedirse.
La persona que Marco esperaba apareció junto a ellos, masticando un chicle, con su cara de caballo única.
– Jean, hola. – Saludó el pecoso.
– Perdona la tardanza. – Resaltó. – ¿Jaeger?
– Él trabajaba en la veterinaria de aquí enfrente... – Comentó Marco. – Estábamos charlando.
– Nada de lo que tengas que preocuparte, pony... – Hizo un ademán de manos, menospreciándolo.
– No es que lo que tu hagas me interese... – Marco sonrió por la despreciable forma en la que ellos se trataban. – ¿Sabes de Armin?
– ¿Que te importa? – Levantó sus cejas, esperando una explicación. Jean no respondió. – Marco, ya que tu acompañante llegó, me retiro. – Le sonrió amigable. – Realmente te agradeceré si preguntas por la adopción del cachorro, aunque te digan que no. Que tengan buenas noches.
Cruzando la calle tomó su celular y escribió un mensaje.
Oye Armin, ¿por qué el caballo acaba de preguntarme por ti?
No quería sacar conclusiones antes de tiempo, no quería pensar en nada. Solamente quería saber de qué se trató eso. Jean, como un caballo no grato para Eren, representa una amenaza cerca de sus amigos.
Continuará...
*¹: Película: Muy parecido al amor.
*²: Un pingüino, personaje principal de un dibujo animado.
Espacio de respuesta a reviews:
Guest(Review recibido el día Junio 23): Gracias por haberme dejado tu review a pesar del poco tiempo que tenías, lo aprecio muchísimo. Me alegra que te haya hecho sentir feliz, que te haya gustado el capítulo y que quieras saber más de esta historia! Levi y Eren ya no pueden ser desenlazados, Isaic ha trazado un puente entre sus vidas. Ojalá que este nuevo capítulo 10 te haya gustado :D Muchos besos y gracias!
YuukiNii: Todavía Eren tiene que mantener sus labios en su lugar :(. No sería bueno que Levi se espantara... ¿No? ¡Pero poco a poco! Durmieron juntos ¿No? Su vínculo está a otro nivel, aunque el cabezota de Levi no se de cuenta... Ya va a haber tiempo de besoos...
Torturo y voy a seguir torturando tus sentimientos, y pido disculpas. Necesito hacerlo, las presión tiene que ser llevada hasta un límite... Pronto te va a tocar leerlo. Disfruto de tu masoquismo mientras hago que sigas leyendo mi fic, ajajaja.
Erwin no lo va a dejar tan fácil. Es un hombre de palabra.
Gracias por volver a dejarme otro review! Espero que este capi 10 te haya gustado!
Hevlak: Es mi promesa que Armin va a tener la mejor historia de amor de toda su bonita y rubia existencia. Sí, sí. *Se lleva una mano al pecho y grita "JAI!"
Espero que estos desapercibidos celos de Levi se conviertan en deseos yanderes de ver yugulares explotando en sangre, okno. Lo tengo en cuenta, tengo en cuenta las palabras de los lectores porque es gracias a ustedes que yo crezco en cada capítulo y aprendo más cosas. Ustedes se someten a lo que mis dedos escriben cada vez que abren un capítulo mío, lo menos que puedo hacer es leerlos y devolverles un poco de la felicidad y satisfacción que siento con cada review. Todos fantaseamos con lo que queremos que ocurra, y cuando me lo dicen yo fantaseo también :D
Todavía falta, la historia es lenta. Creo que eso va a hacer que el momento limonoso sea más especial y esperado. ¡Incluso para mí! Yo también sufro... Jjajaja
Gracias por haberte tomado el tiempo de dejarme un review! :D
Van: En tu cara Erwin! :D Me alegra muchísimo que te haya gustado el capítulo 9!Si que es lento este Levi, eh... Muchas gracias por el review! Un beso grande!
Guest(review recibido el día Junio 29): Ya voy, ya voy! Ya voy a llegar a su amor! :D
Ojalá te haya gustado este capítulo 10 y muchas gracias por tu review! Muchos abrazos!
Bueno, ahora sí, criaturas preciosas que merecen la historia más bonita de todas, quiero que sepan que lamento muchísimo tardarme tanto, este capítulo me costó demasiado. No me alcanza un capítulo eterno para disculparme.
Las cosas de aquí se ponen complicadas nuevamente, con ligeras variaciones ¿no? Como bien escribí más arriba las vidas de Levi y Eren se enlazaron. Pero el camino sigue siendo de subida, al menos para Erenio, por ahora... Este capítulo me costó bastante... Empezando porque tuve un bloqueo mental de bastantes días, entonces el fic empezó a tomar forma hace pocos días. Espero que a pesar de lo que me costó, haya quedado todo bien, cuento con ustedes por su opinión...
Los quiero muchísimo, gracias inmensamente por su apoyo cada capítulo, lo que me han esperado esta vez y a los que se suman ahora, les doy una cálida bienvenida!
¿Sospechas sobre cuál era la idea que tenía Carla en la cabeza cuando sonrió maliciosamente? Me gustaría saber qué piensan :D
*Desaparece antes de que le arrojen con tomates, porque encima tuvo el descaro de preguntar algo...
Hasta la próxima~!
