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Hinata sirvió el té con cuidado. "Mi padre ha requerido que volvamos a cenar con él." Le informó al Kazekage.
"¿Ha dicho el motivo?" Preguntó el chico, tomando la taza ofrecida. Hinata meneó la cabeza.
"Creo que, uhm," bajó la mirada, "creo que quiere recordarle que mi primo regresa en menos de dos semanas y…" Hinata paró. De alguna forma, le perturbaba el terminar lo que iba a decir.
"…y ya no requeriré de tus servicios."
"H-hai."
La chica suspiró. ¿Qué provocaba aquel dolor que sentía? Por un momento sintió que se le aguaban los ojos. ¿Era porque iba a ser reemplazada? Pero no, ella ya debería de estar acostumbrada a que le cambiasen por Neji. Ella misma admitía que este le superaba con creces, aún cuando habían empezado a entrenar juntos. Neji a veces se convertía en su tutor.
Debería de estar alegre de que Neji-nii-san regrese. Por un lado lo estaba. Después de todo, quería mucho a Neji. La Hyuuga hasta se atrevía a decir que este le quería a ella también.
Entonces…
Entonces, ¿podría ser que no quería separarse del Kazekage? En aquel mes que había estado con él había cambiado su personalidad completamente. Como tenía que pasar más de catorce horas diarias con el chico, se había acostumbrado a su presencia. Era tan callado, y de alguna forma Hinata se sentía aceptada cuando estaba con él. Inclusive habían vuelto al jardín de su madre un par de veces.
Hinata sintió ganas de abofetearse. Como ninja, había fallado total y completamente. No solo iba a ser reemplazada, durante ese mes se había puesto vulnerable múltiples veces, y hasta había olvidado que aquella era una misión y que pronto llegaría a su fin.
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Hiashi examinó a su hija detenidamente. El Kazekage se había retirado hacía unos momentos, así que solo quedaban ellos dos y Mai en la habitación.
"Mai, trae la caja." La chica en cuestión fue a buscar dicho objeto, depositándolo frente a Hinata. "Ese será tu Kimono para ese día. Cuídalo bien." La chica asintió ligeramente, su rostro escondido detrás de sus cabellos. "Ya hoy es el veintidós de Noviembre."
En otras palabras, mi cumpleaños es en cincos semanas justas. "H-hai, Oto-san."
"Retírate." La chica lo hizo calladamente, sin si quiera mirar a su padre. Sostenía la caja en sus brazos, como un arma a la cual le temía.
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