No llevaba nada consigo, porque realmente no lo necesitaba. Nada en este mundo le haría más falta que un poco de seguridad. Ansiaba sentirse nuevamente completo, confiado; deseaba con todo su ser mirar hacia delante y no temerle al futuro.

Cada pisada que daba parecía herirle los pies, pues con cada paso se sentía menos capaz de abandonar aquel lugar. Aquel sitio que llamaba hogar, que tanto añoraba en realidad. Pero, ¿para qué se quedaría? ¿Qué ganaría con eso? No. Las cartas habían sido puestas sobre la mesa ya, y la jugada había llegado a su fin. Lo había apostado todo por una causa inútil, entendió. Ya nada quedaba para él sobre aquella mesa… Sólo dolor.

Con temor a arrepentirse, apresuró su caminar, mientras todo el mundo lo observaba pasar con sus miradas curiosas. Todos lo observaban, y Kherion sospechaba que sabían lo que estaba haciendo, pero ninguno se preocupó en detenerlo siquiera. Ese hecho sólo apuntaba a decirle que había tomado la decisión correcta.

Lo único que lamentaría al final sería haberse marchado sin despedirse de su buen amigo, quien seguramente no lo entendería, y luego se echaría la culpa por no haberle insistido, pero así debían ser las cosas.

Atravesaba ya el largo pasillo del hall inferior, que lo acercaba un poco más a la salida principal, cuando repentinamente, Legolas se interpuso en su camino. Asombrado y preguntándose cómo había llegado hasta ahí antes que él, el joven elfo no tuvo más opción que detener su paso.

-¿A dónde crees que vas?- Inquirió el príncipe, cruzándose de brazos.

Ante esto, Kherion soltó un ligero suspiro. Cuando él actuaba así, se parecía tanto a su padre, pensó. Ambos eran muy similares en cuanto a imponer sus ideas a los demás, sólo que Legolas usaba métodos diferentes, nada más.

-Me voy- Le respondió luego de pensar mejor sus palabras. Ya que pensaba marcharse, al menos intentaría no sonar como un idiota en la charla que sería la definitiva… Al menos no esta vez. – Le agradezco todo lo que ha hecho por mí, siempre lo recordaré. Pero ahora, está en medio de mi camino-

Legolas levantó una ceja. Con ansias de no desanimarse, Kherion pretendió fingir una sonrisa que sólo hizo que su boca se tensara y se torciera incómodamente. La verdad era que estaba detestando internamente cada segundo más que debía quedarse allí. Sólo deseaba marcharse lo más rápido posible, para evitar que pudiera arrepentirse.

-Tú no puedes irte… Es decir… Tú no quieres irte-

La sentencia del príncipe le sonó tan segura que el joven elfo silvano se sintió totalmente despojado de voluntad propia, como si lo que estuviese escuchando proviniera directamente desde su conciencia.

-Sí, debo, y quiero irme- Rectificó Kherion, intentando mantenerse firme. – Llegué al Bosque Negro con la intención de servirle a su padre, joven Legolas. Y si él ya no requiere mis servicios, entonces no tengo motivos para estar aquí-

-¿Y todo esto es por mi padre?- Dijo Legolas, con un tono tan divertido que el otro se sintió aturdido de repente. – Le estás dando más importancia de lo que en realidad tiene, ¿sabes?-

-Él es nuestro rey, joven Legolas…- Dijo, a medio suspiro. – Lo que él ordena se obedece- Hizo una pequeña pausa, bajando la mirada hacia sus tristes pies. – Y me despojó de mi cargo… Por eso ya no encuentro motivos para quedarme aquí, ¿entiende?-

Haciendo un ademán, intentó dar un paso hacia el costado para rodear al príncipe ante él y continuar su camino, mas eso le resultó imposible cuando, al querer dar ese simple paso, Legolas se le puso enfrente nuevamente, insistiendo con sus expresivos ojos claros.

-Pero no por eso tienes que irte. Él te despojó de tu cargo, sí. Pero no te ha echado de aquí...- Justificó. – No tienes por qué irte. Debes quedarte-

-¿Por qué insiste tanto, mi señor?-

Sinceramente, no lo entendía. No alcanzaba a comprender para qué necesitaba tanto que se quedara, por qué esa costumbre de entrometerse en su camino cuando le estaba informando de todas las maneras posibles que no deseaba quedarse allí… ¿Por qué?

-Porque…- Se había apresurado en decir Legolas. Pero en ese mismo instante, se detuvo, como si se hubiese dado cuenta de la prisa con que estaba contestando, y para permitirse un tiempo más y así formular mejor la oración que lo determinaría todo. – Mira, yo sé por lo que estás pasando. Pero tienes que quedarte… - Otra nueva pausa. Con cada segundo que el príncipe se demoraba en decir lo que quería expresar, Kherion sentía su ansiedad crecer hasta niveles increíbles, capaces de devorarlo angustiosamente. – Sé que esto te sonará descabellado, pero tengo la impresión… No, estoy seguro de que tú le haces bien a mi padre-

-¿Cómo?-

Atónito. Ahora sí que lo había dejado sin palabras. El joven elfo silvano abrió sus ojos llenos de sorpresa ante lo que acababa de oír… Incluso, ni siquiera estaba seguro de haber escuchado bien… ¿o sí?

-Sí, sé que suena algo tonto, pero yo lo creo así. Mi padre…- Comenzó a explicar, llevándose una mano a la nuca, como si se sintiera incómodo con lo que iba a decir. – Él es algo difícil, tiene un mal carácter espontáneo… Entiendo que quieras irte, yo mismo lo haría si pudiera-

-Joven Legolas…- Dijo en un susurro Kherion, empezando a sentir una punzada desagradable en su estómago tras haber oído eso.

-Y también sé que puede ser cruel con los demás, y que pareciera que no se interesa por los otros… Es algo egoísta y altanero, y siempre encontrará un despectivo para hacerte sentir mal, incluso sin decir una palabra, ¿verdad?-

-N—No, eso no…- Quiso decir el silvano, pero Legolas no le permitió acabar.

-También está el hecho de que sin importar lo que hagas, nunca se mostrará satisfecho o conforme con el arduo trabajo que hacemos. Para él nunca será lo suficientemente bueno, todo carece de valor cuando nosotros aportamos algo de nuestro empeño por el reino-

Un profundo enojo iba brotando entre las entrañas del joven vasallo, quien al oír todo aquello sentía que no podía seguir con eso. Repentinamente, estaba tan enojado que sus mejillas blanquecinas se tiñeron de un tono rojizo en un segundo, y el aire se aceleraba violentamente en sus pulmones, ensanchando su nariz al respirar.

-Mi padre es un hombre lleno de defectos- -

-¡No es verdad!- Lo interrumpió Kherion, alzando la voz y clavando sus profundos ojos verdes sobre Legolas. Simplemente, estaba harto de que la gente se tomara las decisiones de su señor a la ligera y, en lugar de intentar comprenderlo, lo juzgara sin razón. Estaba cansado de esa situación. – Ustedes no lo entienden. Ninguno de ustedes siquiera se esfuerza por entender…- Tomó un poco de aire antes de proseguir, intentando tranquilizarse lo más que pudiera. – El rey Thranduil es un hombre altamente honorable, y si se comporta como lo hace es porque es su forma de hacer las cosas… Él sólo es así, su carácter es así, y tiene más de un motivo para ser como es. Pero es fácil juzgar a las personas sin intentar conocerlas… Es muy fácil- Al decir aquello, sintió que un nudo se le atragantaba en el corazón. Él había estado a su lado cuando el rey perdió a su padre, cuando luchó por restaurar su reino, por protegerlo. También cuando tuvo que afrontar la muerte de su esposa… Siempre había estado ahí… - Se preocupa tanto por el reino que está entregando su vida por el bienestar del Bosque Negro. Los protege lo más que puede, dando todo de su ser en eso. Lástima que usted no pueda ver todo el esfuerzo que su padre pone en mantener esta fortaleza en pie, joven Legolas… Pero algún día lo verá, y será allí cuando logre comprenderlo-

Kherion, sin encontrar más palabras que decir, dio ese tan ansiado paso al costado y comenzó a rodear la figura atónita del príncipe, quien continuaba mirándolo sorprendido. Sin embargo, no se privó de la necesidad de despedirse antes de partir, puesto que, después de todo, no podía enfadarse del todo porque Legolas juzgara a su padre de mala manera… Aún era bastante joven, ya tendría tiempo para tomar notas del asunto.

-Adiós. Y cuídese- Dijo, sin voltear para verlo. Deteniendo su paso, antes de llegar a la puerta donde los guardias estaban, se permitió decir también: - Cuide de todos por mí…- "Especialmente a su padre", quiso agregar, mas sintió que no era capaz aún de pronunciar esas palabras.

Alcanzó a hacer dos pasos antes de escuchar una leve risita proveniente de Legolas. Algo asombrado, no pudo evitar voltearse para observar qué era lo que le resultaba tan gracioso, ya que la situación no ameritaba una reacción como la que éste estaba dando… ¿Y ahora qué sucedería?, se preguntó.

-¿Lo ves? Te lo dije- Habló el príncipe, girándose hacia un par de columnas detrás de él. – Éste es el vasallo fiel y honorable que ansiabas tanto, no hay en el reino otro que te sea más fiel que él, padre-

Al escuchar eso, Kherion sintió que la cara le explotaría de tanta frustración. La figura de Thranduil se dejó ver dando unos pasos para salir de detrás del desfiladero de columnas alrededor del pasillo de salida.

¿Cómo es que no lo había visto allí antes? ¿Qué clase de engaño le habían preparado? Se sentía tan, tan frustrado…

Y esos ojos… Esos condenados ojos sobre él de nuevo, como examinándolo de pies a cabeza… ¿Qué más querían de él? Ya lo habían humillado demasiado.

Legolas se volteó de nuevo, mirando a un muy estresado Kherion que se había quedado sin habla. Le extendió una sonrisa confiada que le aseguró que todo estaría bien, y eso no hizo más que confundir al elfo silvano.

-Está bien- Dijo al fin Thranduil, sin dejar de observarlo seriamente. – Puede volver a su puesto-

Y se giró para marcharse. Kherion se sentía tan fuera de foco que las cosas parecían darle vueltas sin cesar… ¿Pero qué había pasado allí, exactamente? No lograba comprenderlo. Sólo sabía que se sentía muy avergonzado, y ni siquiera entendía por qué.

Observó a Legolas con intención de pedirle una explicación, y éste le sonrió de nuevo. Su rostro mostraba una alegría que tampoco alcanzaba a comprender…

-Señor…- Comenzó a decir, sin hallar las palabras exactas para tanto desentendimiento.

-No te preocupes, ya todo está de nuevo en orden-

-P—Pero es que no entiendo qué acaba de suceder… ¿A qué vino todo esto?-

-Lo dije en serio, ¿sabes?- Respondió Legolas, haciendo caso omiso de las dudas del otro, observando cómo Thranduil se alejaba lentamente del lugar. – Tú le haces bien a mi padre, puedo sentirlo- Le dijo, apoyando su mano derecha en el hombro de Kherion. – Para él que está todo el tiempo en compañía de su mente reservada y fría, un toque de ingenuidad a su rutina le alivia el alma-

Y fue lo último que escuchó de él antes de que emprendiera caminata hasta perderse entre el desfiladero de columnas que los rodeaba.

Qué había pasado y por qué, Kherion aún no lo entendía del todo. Pero ya se hacía una idea de todo ese embrollo. Lo importante por ahora era que le habían re-asignado el puesto que hacía unos minutos atrás le habían quitado… Todo era tan confuso…

Sin embargo, no sentía alivio por eso. Sólo deseaba alejarse de allí lo antes posible, puesto que ya no podía confiar en él mismo… La próxima vez que se presentase una situación en la que se viera involucrado como la última vez, quizás reaccionaría más inconcientemente que antes… No, no deseaba que eso pasara. Pero, ¿cómo se lo explicaba a Legolas?

El joven príncipe creía estarle haciendo un bien a su padre, cuando lo que hacía era encerrarlo en una jaula con otro hombre que lo anhelaba de una forma indebida… ¿Qué pensaría el príncipe si se enterase de las intenciones que él tiene para con su padre? ¿Qué pensaría si supiera que desea sentir el rose de sus labios sobre los suyos, y devorárselos como sólo los amantes deben hacer? No estaba seguro de qué pensaría en realidad, aunque de lo que sí estaba seguro es que de haberlo sabido, jamás le insistiría en que permaneciera tan cerca de su padre…

Y ahora, ¿qué haría?