Disclaimer: Ni la saga de Crepúsculo ni sus personajes me pertenecen, son de Stephenie Meyer. Este fic está hecho sin ánimo de lucro.


Capítulo X

Aquella mañana, Jacob tocó el timbre del piso de Aleera en Seattle. Esperaba no haber llegado tarde. Tenía que hablar con la cazadora, convencerla de que se quedara bajo su supervisión, aunque eso no iba a ser nada fácil. Aleera estaba demasiado acostumbrada a hacer siempre lo que le venía en gana.

Jacob estaba tan concentrado en elegir bien las palabras que no se había dado cuenta de que le habían abierto la puerta... de que Nessie le había abierto la puerta. ¡Nessie! Casi se había olvidado de que Nessie también estaba allí. Bien, así intentaría matar dos pájaros de un tiro. Pero la chica, que había estado mirándolo con los ojos abiertos como platos durante un momento, acababa de cerrarle la puerta en las narices. Jacob suspiró, sintiéndose repentinamente muy cansado.

- Nessie, no he venido a obligarte a hablar conmigo, ¿vale? - dijo Jacob mirando fijamente la marca de un puño que había en la puerta y que probablemente había hecho Edward el día anterior -. Necesito hablar con Aleera, es muy urgente.

- Aleera no está - se oyó su voz a través de la puerta un momento después.

"¡Mierda!" maldijo Jacob mentalmente. "He llegado tarde".

- ¿Y Seth? - preguntó.

Tras una pausa, la puerta volvió a abrirse, sólo que esa vez, fue Seth quién la abrió. Ya no había rastro de Nessie.

- Jake, ¿qué haces aquí? - preguntó el chico con una mirada de comprensión.

- Esto no tiene nada que ver con Nessie ¿vale? - dijo a la defensiva.

- ¿Entonces?

- ¿Dónde está Aleera?

Seth frunció el ceño.

- Jake, ¿qué ocurre?

- Oye, estamos en medio de un pasillo. ¿Podemos hablar en otro sitio?

- Está bien. Demos una vuelta - sugirió Seth.

Fueron hasta una cafetería cercana. Pidieron café y se sentaron junto a la ventana, desde la que se podía ver a estudiantes andando apresurados hasta la universidad. Seth no podía dejar de preguntarse qué era aquello tan importante que Jacob quería hablar sobre Aleera. La verdad era que estaba preocupado, si aquello era más importante que resolver el problema con Nessie, debía de ser algo muy grave.

- ¿Y bien? - preguntó impaciente mientras le daba un sorbo a su café.

- Edward me dijo que Aleera se iba de viaje - dijo Jacob.

- Es cierto - asintió Seth.

- ¿Se ha ido ya?

- Sí - gruñó Seth.

Seguía enfadado por lo que le había hecho la chica. Seth sabía que Aleera no quería que supiera adónde iba y tampoco quería que la acompañara así que pensó que su única oportunidad de enterarse de algo sería acompañarla al aeropuerto. Después de mucho insistir, la chica había acabado cediendo. Lo que Seth no esperaba era que Aleera le mintiera. Había salido del piso a hurtadillas mientras él dormía para evitar su compañía y sus preguntas, aunque no debería sorprenderle tanto, después de todo Aleera era la chica más cabezota que había conocido jamás.

- ¿Y por qué no te has ido con ella? - exclamó Jacob enfadado.

- Porque ella no ha querido que la acompañe. ¡Joder, Jake! Cálmate y cuéntame de una vez que está pasando. ¡Me estás asustando! - exclamó a su vez Seth.

- ¿A dónde ha ido? ¿Y para qué? - siguió preguntando Jacob.

Seth respiró hondo armándose de paciencia. Estaba claro que Jacob prefería hacer las preguntas primero y contestar las suyas depués.

- Se ha ido de caza pero no sé adónde - respondió Seth con calma.

- Escúchame - pidió Jake -, necesito que averigües adónde ha ido y que vayas a buscarla, y no le quites la vista de encima.

- ¿Por qué?

- ¿Podrías confiar en mí? ¿Por favor?

Seth le lanzó una mirada elocuente. Sí que confiaba en él, era su mejor amigo, pero era bastante difícil hacer lo que le pedía sin pedir ninguna explicación. Jacob lo entendió.

- Creo que Aleera podría estar en peligro - explicó Jake con un suspiro.

- ¿Por qué?

- Eso no puedo decírtelo, al igual que tú no puedes decirle a nadie nada de lo voy a contarte, ni siquiera a Aleera, ¿entendido?

- Entendido - asintió Seth.

- Aleera es una pieza muy importante en algo que es mucho más grande que cualquier cosa a la que nos hayamos enfrentado.

- ¿Vulturis?

- No - negó Jacob -. Creo que es algo mucho peor. Y hasta ahí puedo decirte.

- ¿Ya está? ¿Ninguna explicación más? - preguntó Seth incrédulo. Jake negó con la cabeza -. ¿Los Cullen tienen algo que ver en esto?

- Por una vez, no, los Cullen no tienen nada que ver. Sólo Aleera y nosotros.

- ¿Nosotros?

- La manada de La Push.

- ¿Les has contado algo de esto a los demás?

- Aún no - respondió Jacob -. ¿Hay alguna manera de averiguar dónde está Aleera?

Seth miró hacia la universidad.

- Sí, no te preocupes por eso - respondió distraído -. Se avecina tormenta... ¿verdad? - preguntó tras una pausa.

- Creo que sí - respondió Jacob con sinceridad. Seth sólo asintió y volvió a mirar por la ventana.

Jake aprovechó ese momento para observar al chico. Aunque ya no era un chico, ya era todo un hombre. Había crecido tanto en aquellos años. Siendo justos, Seth nunca había sido un niño normal. Había estado ahí cuando los neófitos vinieron a por Bella, había estado ahí cuando los Vulturis vinieron a por Nessie, y todo eso siendo tan sólo un crío. Ahora, siendo ya un hombre, tenía que enfrentarse a la prueba más dura de todas: proteger a la chica a la que amaba de sí misma. Jake no dudaba de que pudiera hacerlo. Seth se había ganado ser su mano derecha y confiaba en él plenamente. Lo único que le preocupaba era que sus sentimientos pudieran traicionarle. No estaba seguro de si Seth podría dejar ir a Aleera para cumplir con su destino cuando llegara el momento.

- Nessie sigue un poco conmocionada, pero está bien - dijo Seth como quien no quiere la cosa. Jacob asintió -. ¿No quieres hablar con ella? - preguntó extrañado al ver que Jake no decía nada.

- ¿Me dejarías?

- No. Aún no.

- Sabes que podría obligarte a dejarme, ¿verdad?

- Sí - asintió Seth -, pero no lo harías. No, sabiendo que ella no quiere.

Jacob lo miró. Sí, no se equivocaba, Seth había madurado tanto que ya era capaz de incluso ver a través de él.


Seth nunca había entrado a ningún edificio de los que conformaban la Universidad de Washington. Las pocas veces que había estado con Aleera, siempre la había esperado en el campus o en su piso, que estaba muy cerca. Por eso, cuando entró en la Facultad de Letras, se sintió completamente perdido y fuera de lugar. El hall de la facultad era un ir y venir de estudiantes y personal de la universidad que no te daban ni los buenos días. Seth decidió que no quería llamar la atención así que prefirió mirar los carteles que señalaban dónde estaba cada departamente de la facultad en vez de preguntar. Una vez encontró el Departamento de Literatura, siguió la dirección que le indicaba el cartel.

El departamento era poco más que un largo pasillo con un montón de puertas a ambos lados que Seth supuso eran los despachos de los profesores. En cada puerta había un cartelito con el nombre del profesor que había dentro así que sólo tuvo que buscar la puerta en la que pusiera Joss Tyler. Cuando por fin la encontró, toco dos veces con los nudillos y rezó por que Joss no tuviera clase en aquel momento y estuviera en el interior de aquel despacho. La respuesta a sus plegarias fue Joss dándole permiso para pasar.

- Hola, Joss - saludó -. Espero no molestarte.

- Seth, ¡qué sorpresa! - exclamó Joss levantándose del sillón -. Por supuesto que no eres una molestia. Siéntate, por favor - pidió.

Seth se sentó en un sillón frente a la mesa dónde estaba sentado Joss, pensando en lo bien que le caía aquel hombre. Joss tenía la habilidad de hacerte sentir como si fueras la persona más bienvenida del mundo en cualquier momento y lugar. Seth sabía que era un tío con suerte por tener el mejor suegro del mundo.

- ¿Y bien? ¿Qué te trae por aquí, Seth? - preguntó Joss.

- Es por Aleera.

- Tenía la sospecha de que los tiros iban por ahí - rió el profesor.

- Sé que eres un hombre ocupado así que voy a ir al grano - dijo Seth -. Necesito que me digas dónde está.

- No puedo hacer eso.

Seth se quedó un poco parado ante una respuesta tan directa.

- Seth - llamó Joss -, si Aleera no ha querido decirte adónde iba, yo no tengo derecho a hacerlo. Eso es cosa vuestra y yo no puedo meterme.

- Pero esto es muy importante. Aleera está en peligro y...

- Aleera no corre ningún peligro dónde está - le interrumpió intentando tranquilizarlo.

- ¿Eso quiere decir que no ha ido de caza?

Ahora fue Joss el que fue pillado con la guardia baja. Seth respiró hondo, no podía creer que Aleera también le hubiera mentido en eso.

- ¿Eso te ha dicho? - preguntó Joss con cautela.

- ¡Sí! - exclamó Seth levantándose del sillón furibundo -. ¿Por qué no hace más que mentirme?

- Cálmate, Seth - pidió Joss con calma -. Aleera no lo hace para hacerte daño, es sólo que no está acostumbrada a confiar en nadie y lo vuestro le ha pillado desprevenida. Tienes que admitir que lo vuestro ha ido muy rápido.

- ¿Crees que para mí no ha sido igual?

- Tú estabas mejor preparado para esto que ella. Has vivido con ello, sabiendo que en cualquier momento podrías mirar a una chica a los ojos y te quedarías atrapado para siempre. Para Aleera la imprimación era algo completamente ajeno a ella y a su mundo.

- Esto no va a funcionar si ella no confía en mí - dijo Seth derrotado.

- Sí que confía en ti, es sólo que necesita tiempo para acostumbrarse a esto.

Seth suspiró. Necesitaba concentrarse en obtener la respuesta que había ido a buscar. En ese momento proteger a Aleera era más importante que los problemas de confianza.

- Joss, necesito que me digas dónde está.

- Ya te he dicho que no puedo hacer eso. Tendrás que esperar a que vuelva y...

- No lo entiendes - interrumpió bruscamente -. Aleera corre peligro, un peligro real. Necesito encontrarla.

- ¿Qué tipo de peligro? - preguntó Joss preocupado.

Seth lo miró fijamente. Joss se preocupaba por Aleera como si fuera verdaderamente su hija. Pero le había prometido a Jacob que no diría nada, aunque tampoco es que supiera mucho.

- No puedo decírtelo.

- ¿Perdona?

- Es algo que tiene que ver con los quileute, no puedo decirte nada más.

- Es mi hija. ¡Tengo derecho a saberlo! - ahora fue Joss quién se levantó de su sillón.

- Lo sé, pero no puedo decirte nada más hasta que encuentre a Aleera y hable con ella.

Joss lo miró durante un momento, sopesando sus palabras. Seth sabía que no las tenía todas consigo y que probablemente no había conseguido nada, después de todo las palabras se le daban fatal, pero confiaba en el buen juicio de Joss y en su preocupación por Aleera. Tras unos segundos finalmente el profesor habló.

- Dallas, Texas - dijo Joss con un suspiro -. Si esperas un momento, te doy todas las direcciones en las que pueda estar Aleera en estos tres días.

- Gracias, Joss.


Jasper acompañaba a Alice y a Nate mientras ellos cazaban cuando ocurrió. Él ya había salido el día anterior con Nessie pero no quería dejar sola a Alice con el neófito, no se fiaba mucho de él. No era que no creyera que tuviera la suficiente fuerza de voluntad para llevar aquella dieta, si no que Nate era demasiado impulsivo, se dejaba llevar demasiado por sus emociones. Cuando estaba cerca de él, casi siempre estaba nervioso, sus emociones eran demasiado intensas y negativas, por eso creía que acabaría metiéndoles en problemas.

Aquel día estaba mucho más enfadado de lo habitual. Jasper supuso que el encuentro con Aleera del día anterior todavía lo tenía afectado. Por eso lo vigilaba en aquel momento con más atención. Si Nate perdía la fe en Aleera podría decidir que aquella vida no era para él y sucumbir a la sangre humana. Su deber era impedir que aquello ocurriera, porque si se convertía en un neófito cabreado y descontrolado, tendrían que darle caza.

En aquel momento Alice apareció a su lado. Ni una mancha de sangre en su ropa, ni un pelo de su cabeza fuera de lugar. Jasper envidiaba la gracilidad de la vampira. En cambio, Nate, que acababa de terminar con un ciervo, parecía recién salido de una película gore.

- ¿Todo bien? - preguntó una vez Nate se unió a ellos.

- Totalmente saciada - respondió Alice risueña.

- Sí. Volvamos, necesito una ducha - murmuró Nate.

Alice y Nate empezaron a andar emprendiendo el camino de vuelta a casa, pero Jasper quería hablar con el chico aprovechando que estaban solos y que nadie podía oírles.

- Nate - llamó -. ¿Podría hablar contigo?

- ¿Tiene que ser ahora? - preguntó Nate malhumorado.

- Sí.

- ¿Ocurre algo, Jasper? - preguntó Alice frunciendo el ceño.

- No - respondió Jasper -. Sólo quiero hablar tranquilamente con el nuevo miembro de la familia.

- ¿Ya pertenezco a la familia? - dijo Nate con sorna.

- Lo creas o no, sí, ya eres parte de la familia - respondió -. Al igual que Aleera - prosiguió tras una pausa, haciendo que el neófito frunciera el ceño.

- ¿Esto es por ella?

- Más que por ella, es por lo ella te hace sentir. Toda esa furia reprimida y ese mal humor son peligrosos.

- ¿Peligrosos para quién?

- Para ti mismo - respondió Jasper -. Hasta ahora lo has estado haciendo muy bien, Nate. No dejes que una pelea con una chica te haga rendirte.

- No me he rendido - se defendió Nate.

- Estás a punto de hacerlo, lo noto. Crees que todo esto no merece la pena si no puedes tener a la chica que quieres, pero no es así. Eres un buen tío y sabes que, si sucumbes a tus instintos, estarías dando el primer paso para convertirte en un monstruo, y tú no quieres eso.

- Jasper tiene razón, Nate - dijo Alice -. Haz esto por ti mismo, por nadie más.

- Vosotros no sabéis nada - gruñó Nate sin mirarles.

Pero Jasper sintió que sus palabras habían calado un poco en él. Con eso se daba por satisfecho.

- Si alguna vez necesitas hablar, cualquier miembro de nuestra familia estará dispuesto a escucharte - ofreció Jasper -. Es mejor sacar este tipo de cosas.

- Está bien - murmuró el neófito -. ¿Podemos irnos ya? - preguntó empezando a andar -. ¡Menudo sermón! ¡Y eso que tú eres el callado!

Jasper sonrió satisfecho ante la broma. Era la primera vez que Nate bromeaba con nadie de la familia. Al ver que Alice no les seguía, el vampiro se volvió.

- ¿Vienes, Alice?

Pero antes de terminar la pregunta, se dió cuenta de que algo iba mal. Alice parecía ida, como en trance. Estaba teniendo una visión.

En el momento en el que sus ojos volvieron a enfocar, Alice lo miró conmocionada. Sea lo que fuera lo que hubiera visto, era algo malo.

- Jasper - dijo la chica con voz ahogada -, tenemos que volver a casa.


La familia Cullen al completo, exceptuando a Jasper, Alice y Nessie, se encontraba en la casa de campo de Edward y Bella. Discutían sobre la crisis familiar en la que se encontraban en aquel momento. El problema con Renesmee era algo que preocupaba a todos, no sólo a Edward y a Bella. Todos querían a Nessie como si fuera una parte de ellos mismos, como si fuera la hija de todos y cada uno de ellos. Intentaban encontrar la solución a ese problema porque necesitaban que la chica volviera con la familia cuanto antes. No habían tenido una crisis familiar de esa magnitud desde que Edward abandonara la familia para probar la sangre humana, así que no estaban acostumbrados a estar separados de un miembro de la familia.

Para Rosalie la solución estaba clara: matar al chucho. Si Jacob desaparecía, ya no habría más desaveniencias entre Nessie, Edward y Bella. Emmett intentaba tranquilizar a la vampira rubia diciéndole que el asesinato no era la solución a aquel problema en concreto. Por el contrario, Carlisle y Esme pensaban que Jake no tenía la culpa de nada y que lo mejor era esperar a que Nessie estuviera preparada para escuchar sus explicaciones. Edward y Bella escuchaban las opiniones de su familia, pero sabían que discutir aquel asunto era inútil. La única que podía dar el siguiente paso era la propia Renesmee.

Un fuerte golpe en la puerta principal interrumpió la discusión. Eso era raro porque sólo esperaban a Alice y a Jasper y ellos entraban sin llamar a la puerta.

- Ya voy yo - dijo Bella levantándose del sofá.

Cuando abrió la puerta, no encontró a nadie, y tampoco oyó nada, pero su fino olfato captó un olor muy característico. Un vampiro había llamado a la puerta de su casa. Un vampiro muy rápido además. Bella estaba asustándose. Estaba a punto de llamar a Edward cuando algo a sus pies le llamó la atención.

Era una nota de un papel muy caro. Estaba dirigida "A la familia Cullen". Le dio la vuelta para abrirla. Estaba sellada con cera roja en la que estaba marcado un emblema que Bella reconocería en cualquier parte. Era una "V" muy ornamentada. Empezó a temblar. Aquella nota sólo podía ser de alguien a quién Bella pensaba que no tendría que volver a enfrentarse.

Los Vulturis.