La reacia Jezabel
Capítulo 10: Manos limpias
- o -
This could get messy
But you don't seem to mind
Just don't go telling anybod
And overlook this supposed crime
[Esto se puede poner sucio
Pero no parece importarte
Olvida el supuesto crimen
No se lo cuentes a nadie]
- o -
—¿Y ahora qué?
Spike soltó un lamento, rodó hasta yacer de espaldas y se puso una
almohada encima de la cabeza:
—¿Podemos hablar de eso después? Quisiera pasar un par de horas más
en la dicha de la negación.
Agarré una cajetilla de cigarros desde la mesa de noche y puse uno
delante de la almohada, donde normalmente habría estado su nariz. Unos
olfateos sordos sonaron por un momento, hasta que su mano llegó por
el lado y buscó al tuntún hasta dar con el objetivo. Se quitó de un tirón la
almohada de la cara y de inmediato encendió el cigarro.
—En unos quince minutos el sol va a asomar por el horizonte —dije,
encendiendo mi respectivo cigarro—. Y entonces será La Mañana Después.
Mejor nos vamos adelantando. Lo único que tenemos a nuestro favor es
el elemento de sorpresa.
Spike se rió un poco al incorporarse, con la espalda contra la pared:
—Te oyeras, toda una estratega. Suenas como Vicious.
Pausa incómoda.
—Y ese es buen tema por donde empezar —suspiré.
—Bueno, para ser totalmente franco, no creo que debamos andar
haciendo publicidad de nada a nadie. Todavía no sabemos qué diablos
pasa, y si supieran que estamos... lo que sea que estamos haciendo,
tratarían de ponernos en contra.
—Lo harán de todos modos.
—Bueno, sí. Pero no les facilitemos la cosa —masculló Spike.
—¿Y Vicious?
—¡No sé! No tengo idea. Tú debes saber mejor que yo —dijo prácticamente
con un puchero.
—No me vengas con boludeces. Lo conoces desde... siempre.
—Sí, pero como... No el sentido bíblico.
—Bueno, pues independiente de todo lo demás, voy a romper con él
—decidí en ese instante.
—¿Te parece buena idea?
—Por lo visto, te inclinas por el secreteo.
—Pues, si llegas de la nada a romper con él podría parecer sospechoso.
—Ah, bueno. Entonces supongo que mejor parto ya mismo donde él a
hacerle una fornicada ritual. No vaya a sospechar. Nos vemos, Spike
—dije radiante, aunque no hice ademán de levantarme.
Su cara en ese momento dijo todo lo que había que decir: "Creo que
no me gustaría".
—Creo que no me gustaría —se puso al día su boca.
—A mí tampoco, en particular —murmuré, recostando la cabeza en su
hombro.
Era un gesto simple, pero uno que jamás se me había ocurrido hacer en
los varios años que llevada de conocer a Vicious. Él parecía considerar a
las cosas simples una distracción. Tal vez algo de razón tenía.
—No vamos a salir vivos de esto —dije en voz suave, noción que saltó
a mi cabeza en ese momento.
Spike suspiró y puso su frente contra la mía:
—Lo sé.
- o -
Olvida de momento la ridiculez de mi drama; las cosas en los Dragones
Rojos, en general, estaban igual de trastornadas. Aunque mantuvimos
el más bajo perfil posible, creo sinceramente que Spike y yo podríamos
habernos tirado todos los besitos y hecho todos los arrumacos del
mundo, y Vicious no se hubiera dado ni cuenta. Éramos los únicos dos
de quienes tenía poco que temer, de modo que andaba con la atención
concentrada en los que sí tenía algo de que temer.
¿Y a quién temía yo? Bueno, esa línea se estaba poniendo más y más
borrosa, y me daba cuenta de que no era yo la única que estaba
desconfiando. Las juntas que Vicious llevaba a cabo se hacían cada vez
más frecuentes, y los Sospechosos de Siempre estábamos siempre a
mano en caso de que las cosas se pusieran violentas. Lo raro es que
nunca se ponían violentas. Volvía cada vez presuroso al coche, con una
sonrisa sádica, y me mandaba conducir. Uno de nosotros —teníamos
un sistema de turnos informal— le preguntaba cómo le había ido. Y él
siempre decía: "Según el plan".
Y Spike, los chicos y yo quitábamos todos simultáneamente la atención
de él y la poníamos en otra cosa. Porque, como gran testimonio de lo
al revés que estaba mi vida, el que no hubiera noticias era la peor
noticia posible. Hubiera preferido que las juntas terminaran en masacres
horrorosas. Una buena hecatombe a la antigua me hubiera proporcionado
descanso. Porque, según toda seña, las juntas de Vicious eran con
nuestros enemigos, y no había razón para que gente que era enemiga
alternara con tanta armonía, a menos que no fueran exactamente
enemigos. Y si sus enemigos eran aliados, entonces ¿en qué diablos
convertía eso a sus amigos?
Todos nos estábamos frustrando. Spike se desquitaba de su agresividad
más que nada en los entrenamientos, que eran nuestra manera más
infalible de estar juntos. Yo le había explicado a Vicious que Spike me iba
a enseñar un poco de su tae-shin..., o vaya una a saber qué diablos era
lo que practicaba. Vicious pareció encontrarla una idea magnífica. Es más,
se preguntó en voz alta por qué nunca se le había ocurrido. Tal vez en
épocas de menos ambigüedad moral me habría sentido culpable, pero, por
el momento, entre menos cerca estuviera de ese hombre, mejor. Vicious
tenía un plan, y cuando Vicious se enfrascaba en algo, daba más miedo
que el carajo.
—¡No sé nada! —gruñó Spike, al patear su costal de entrenamiento.
Por esas casualidades yo me hallaba afirmándole el costal, aunque, cuando
se lo sujetaba a Spike, por lo general consistía en poner mi mejor empeño
por no irme de culo al suelo. Pero él no lo sabía, simplemente porque la
ridiculez del orgullo me impedía decírselo, así que pateaba con todo.
—Primera vez que estoy tan en la ignorancia. —¡Paf!—. Y hace semanas
que Mao ni me mira al pasar. —¡Pum!
—Pues habla con él —sugerí lo obvio, agarrada al costal de arena mientras
este me levantaba momentáneamente del piso.
—¿Y cómo? Llevo dos meses conspirando contra él.
¡Pam!
—No —dije yo, con los dientes apretados—. Llevas dos meses sonriendo
y haciendo que sí con la cabeza mientras otro conspira contra él.
Spike pareció considerar aquello un momento y luego siguió con lo del
¡Blam!
—¿Sabes...? —empecé, al tanto—. Vicious rompió conmigo.
Spike se paralizó a media patada, lo cual le hizo dar un giro desmañado
antes de caer al suelo.
—¿Qué?
—Ya me oíste. —Suspiré.
—Dijiste que tú ibas a romper con él —dijo con un tono de voz extraño,
entre un quejido y un gruñido.
—Y rompimos. Justo cuando dije que lo haría. Pero él me dejó primero.
No te lo dije porque fue raro y no quería seguir agrandando toda la
paranoia que hay aquí.
—¿Él te dejó a ti? —Se puso en pie despacio—. ¿Qué dijo?
—Dijo que estaban sucediendo cosas grandes y no podía permitirse
distracciones —dije la palabra "distracciones" con un dosis concentrada
de cinismo. Si alguna vez fue una distracción para él, por cierto que
nunca se le notó—. Me dijo que no era permanente, pero que necesitaba
un descanso. Está haciendo todo lo que puede para distanciarse de
nosotros, pero no para de insistir que nos tiene confianza...
—No confía en nosotros —masculló Spike—. Cree que somos unos
monigotes, eso es todo.
Le dio un empujoncito corto al costal y lo dejó volver contra su puño
estirado.
—Nuestras emociones humanas nos hacen vulnerables —dijo con un
resuello, en su mejor imitación de Vicious.
Sonreí un poco y lo abracé, buscando tranquilizarlo.
—Las emociones no son una distracción —le susurré—. Son lo único que
importa.
Me asió la cara con las manos y me besó suavemente, y nos permitimos
extraviarnos en el vacío de dicha que siempre creábamos al estar juntos.
Fue una desgracia que nos hayamos perdido así, porque de lo contrario
hubiéramos podido advertir la cara delgada que nos miraba desde las
sombras.
