Hola a todos los que siguen mi historia, si es que todavía lo hacen, sé que he tardado una eternidad en subir este capítulo, espero que les guste y les prometo aunque tarde me comprometo a terminar la historia. Muchas gracias por leer y espero sus comentarios.
Afueras de París, 1826
El resfriado de Mikasa no duró mucho tiempo, los cuidados de su marido, de las doncellas, y del médico de la familia junto con el reposo y el descanso le ayudaron mucho, tanto fue así que en un abrir y cerrar de ojos se sentía completamente recuperada. Todos estos días habían sido iguales hasta ahora, dormir, comer y alguna que otra tarde leer un libro en su cama o sentarse en el balcón de su cuarto. No había salido más allá de su habitación y extrañaba dar esos largos paseos por la gran mansión y por el jardín donde solía sentarse en uno de los bancos, leyendo algún buen libro o simplemente contemplando el atardecer metida en sus pensamientos.
Con actitud positiva y completamente recuperada, decidió que hoy no se quedaría en recluida en su habitación, si no que se cambiaría de ropa e iría a desayunar en el comedor. Se levantó de la cama con rapidez y fue a buscar en el armario algún vestido sencillo pero bonito para estar por casa, después fue al baño y lavó su cara con agua y jabón, peinó su cabello y lo recogió en un moño alto. No sabía el porqué pero hoy se sentía de otra manera, tal vez los días en la cama le hicieron darse cuenta de todo lo que se estaba perdiendo, de todo lo que pasaba ahí fuera mientras ella estaba postrada en la cama, pero sin duda, lo que más le gustó de toda esta situación y aunque ella no lo quisiera admitir, fue el ver como su marido no se había apartado de ella, es decir; son enemigos, ninguno de los dos se soporta, entonces ¿por qué él no se había ido sin más?, ¿por qué se había quedado a su lado y le había ayudado?, ella no sabía la razón del extraño comportamiento de su esposo, sin embargo, el gesto que tuvo con ella, hizo que algo dentro de su corazón comenzara a latir, tal vez no era amor, ni siquiera cariño o simpatía, ya que el amor solo lo sentía por Jean, pero tal vez era gratitud y respeto lo que Levi Ackerman se estaba ganando.
En el comedor estaba todo listo para que el señor de la casa desayunara, Levi se encontraba en el sitio de siempre, al frente de toda la mesa, era el único plato que casi siempre había, ya que Farlan se había marchado hasta una de las viviendas del centro, propiedad de los Ackerman porque allí había una clínica muy buena, propiedad del médico que lo atendía, y le era mucho más fácil ir hasta allí desde el centro que desde las afueras. El médico que lo atendía conocía todas las técnicas vanguardistas en medicina y por lo visto haciendo "rehabilitación"como el médico lo llamaba y moviendo los músculos de su pierna, podría volver a caminar de forma normal mucho mas rápido. Pero volviendo al comedor, los sirvientes en cuanto su señor se sentaba servían el desayuno con rapidez y esmero. Levi iba a comenzar a comer cuando vio que Mikasa había salido de su habitación y lo saludaba, dándole los buenos días. Se sorprendió al ver a su esposa frente a él ya que siempre lo evitaba, y lo que más le sorprendió fue su saludo, parecía real, es decir, no era sarcástico para nada, no se estaba burlando de él, simplemente lo había saludado como lo hacen las personas normales...
-Buenos días Mikasa- contestó sorprendido por la presencia de su esposa. Mikasa no dijo nada más y se sentó en una de las sillas laterales, casi al lado suyo. -Veo que te encuentras mejor- añadió sin dejar de mirarla. Mikasa se puso un poco nerviosa por la cercanía y por la mirada tan penetrante de Levi. -Sí me siento mucho mejor, gracias- agradeció sinceramente mientras las doncellas sorprendidas por la aparición de su señora se apresuraron a servirle el desayuno. Levi la miraba de reojo, había sido una sorpresa el verla ahí comiendo como si nada, como si lo hubiera hecho toda la vida. Prefirió guardar silencio y no decir nada para que ella disfrutara de la comida. Sin embargo el silencio se hacía incómodo entre ambos, por lo que la joven esposa decidió entablar conversación con su marido.
-Y que tal van los cultivos, me han dicho que este año el clima ha castigado mucho a las cosechas- preguntó Mikasa queriendo entablar conversación con Levi. -Sí, he recibido varías noticias de las cosechas que tengo en otras regiones y me han comentado que se avecina un año duro, esperemos que no sea para tanto- contestó rápidamente. El silencio volvió a reinar en el enorme comedor, los sirvientes que se encontraban a los lados de la mesa, se miraban un tanto extrañados por la poca comunicación de sus patrones, después de unos minutos que para ambos se hicieron eternos, tanto Levi como su esposa terminaron de desayunar. Mikasa, por su parte se levantó de la mesa con la intención de irse a su habitación. Levi que también había terminado, hizo lo mismo, ya que tenía que irse con Erwin al centro de la ciudad donde habían acordado una reunión con varios agricultores que dependían del capital de los Ackerman para sus cosechas.
-Mikasa espera. Hoy volveré más temprano de lo habitual, si te apetece...podemos ir a dar un paseo por el centro de la ciudad. Desde que vives aquí nunca sales y estoy seguro que no conoces nada de París- Se acercó hasta su esposa, inseguro de si mismo, no era una orden, más bien era una petición que estaba seguro que ella la rechazaría, un silencio incómodo se volvió a formar en el ambiente. Los dos se miraban pero ninguno dijo una palabra más, en la mente de Mikasa todo estaba pasando muy rápido, no sabía qué hacer, no sabía si aceptar o no. La verdad es que ella también estaba aburrida de hacer siempre lo mismo, que podía perder, por conocer algo más de la ciudad donde ahora vivía. -Esta bien, iré contigo- después de aquellas palabras se retiró de comedor y mientras Levi veía cómo desaparecía por la gran escalera.
La hora había llegado, Mikasa salió al balcón que daba a la calle principal y podía escuchar como un carruaje se acercaba a toda prisa. -Debe ser él- se dijo así misma. Ella ya estaba lista, se había puesto un vestido ceñido que resaltaba a un más su pecho y su diminuta cintura. Se había enfundado en un corsé que dejaba su cuerpo más definido y esbelto. Había optado por soltarse la mitad de su cabello y por pintarse los labios. No sabía porque estaba haciendo todo esto, tal vez era porque estaba emocionada como una niña pequeña, ansiosa por ir a dar un paseo y conocer cosas nuevas.
Levi llegó como lo había prometido a su hora, no eran más de las 3 de la tarde, había comido en la reunión junto con Erwin y las demás personas con las que se había reunido. No había olvidado su compromiso con su esposa, no sabía la razón por la que se sentía tan nervioso, en la mañana había tenido una reunión de negocios, y no titubeó en ningún momento, dijo todo lo que él pensaba, sus propuestas y sus decisiones, sin embargo, ahora sentía que un nudo le apretaba su estómago. Se quedó en el recibidor de la mansión, pensando en lo que iba a pasar, metido en sus pensamientos, cuando la vio bajando por la escalera, se perdió en ella, en su figura, en su caminar...notaba la elegancia en cada uno de sus pasos, parecía todo una reina, con la espalda erguida y la cabeza alta, como si todos los demás estuviéramos por debajo suyo. Él fingió indiferencia, contuvo el aliento y puso la cara de siempre, porque sabía que en el fondo ella le gustaba cada vez más, pero era algo que su esposa nunca compartiría por él, por mucho que se esforzara...
-Buenas tardes, ya estoy lista- anunció Mikasa poniéndose en frente de Levi. -Ya veo, vamos el carruaje nos espera- El mayordomo abrió la puerta para que ambos salieran, Levi hizo que su esposa saliera primero, mientras él la admiraba por detrás. Como todo un caballero, abrió la puerta del carruaje y se subió junto a ella con rumbo al centro de la ciudad.
El carruaje se detuvo en uno de los parques más importantes de la ciudad, dicho lugar se encontraba a los pies de la enorme torre que estaban construyendo, Mikasa se bajó del carruaje con mucha emoción y asombro ya que por primera vez se encontraba en el centro de la capital. Estaba fascinada con lo que veía, gente por doquier, niños corriendo y jugando, músicos ambulantes tocando el violín, el acordeón o la armónica, enormes hectáreas verdes por un lado, mientras que por otro lado se veía a la ciudad cosmopolita que todos conocían, tiendas de ropa abiertas, tiendas de música, vendedores ambulantes, parejas tomadas de la mano... definitivamente aquella ciudad era muy diferente de la que le vio nacer.
Levi miraba con ternura a su joven esposa, notaba como le brillaban los ojos, al ver tanta gente nueva, tantas cosas que ella seguramente jamás había visto. Él conocía aquella ciudad como la palma de su mano, la había recorrido de extremo a extremo, sabía exactamente todo lo que aquel lugar ofrecía, tanto lo bueno como lo malo. Era muy consciente de los peligros que guardaba aquella maravillosa ciudad, pero también conocía algunos lugares maravillosos que se debían visitar por lo menos alguna vez en la vida, sobre todo con la que persona que eliges para que sea tu compañera de toda la vida... A Levi le gustaba la cercanía de ella, le gustaba tenerla cerca aunque ella no lo quisiera, aunque ella lo odiara, tal vez era un masoquista, o tal vez estaba un poco loco, pero ese día, esa tarde tenía el deber de hacer disfrutar a Mikasa, quería que aunque ella se alejara de él, aunque ella se fuera de su lado, aunque ella no lo amara, quería que ella nunca no olvidara esos momentos, quería que aquella tarde se quedara para siempre en sus recuerdos.
Le tomó de la mano, y la llevó a dar un paseo, explicándole cada parte de donde se encontraban, Mikasa lo miraba extrañada, primero porque le había tomado de la mano y segundo porque estaba muy hablador, nunca pensó que su marido hablara tanto, era nuevo para ella, la joven lo escuchaba atentamente sin perder detalle de lo que decía, era muy interesante lo que le contaba sobre cada estatua que veían, cada iglesia, cada monumento...a Mikasa le fascinaba la historia por lo que no perdió detalle a sus explicaciones.
No se dio cuenta, de cómo ni cuándo caminaba del brazo de su esposo, escuchando cada palabra que salía de su boca y ambos hablaban con normalidad, como si se conocieran de toda la vida, como dos amigos que estaban recorriendo la enorme ciudad, se detuvieron en varios puestos ambulantes de comida, Levi notó que a Mikasa le gustaba los dulces, y como si se tratara de una niña pequeña por lo que aprovechó para sorprenderla con una manzana recubierta de caramelo. Mikasa lo miró sorprendida pero aceptó la manzana cogiéndola por el palo y llevándose a la boca para chuparla.
La noche estaba cayendo, la gente se retiraba a sus casas, la luna ya se posaba en lo alto del cielo, soplaba una brisa agradable que anunciaba el inicio de la primavera, ambos jóvenes caminaban por las calles del centro de Paris, pero ya era hora de regresar a su casa, Levi no quería que su joven esposa recayera de nuevo y se volviera a enfermar.
Ambos subieron al carruaje que les estaba esperando en en lugar donde les había dejado. Mikasa por primera vez en mucho tiempo sonreía, se le veía contenta, después de meses de sufrimiento por fin se encontraba feliz. Sabía que esa felicidad era efímera, pero nada importaba, había pasado una tarde muy agradable y lo que no se esperaba era que la persona causante de su felicidad fuera su propio marido. Por el camino ninguno de los dos pronunció ni una sola palabra. Se dedicaron a admirar el paisaje, a ver a la capital por la noche en todo su esplendor. En más de una hora estuvieron de vuelta en la mansión de los Ackerman, el hogar de ambos. Los recibió el mayordomo, preguntándoles cómo estaban, Levi solo dijo que todo estaba bien, pero que le hacía falta mucha limpieza tanto a las calles como a toda la ciudad en general. El hombre de avanzada edad, solo río ante las palabras de su señor, y en su pensamiento no dejaba de ver a Levi limpiando con ímpetu cada uno de los lugares que estaban sucios. El mayordomo mantenía a raya la limpieza del lugar, dado que su patrón tenía una obsesión casi enfermiza con la limpieza.
Levi simplemente dijo -Tsk- al ver la cara que había puesto el hombre, y siguió su camino no sin antes preguntarle a Mikasa si lo acompañaría a cenar. Mikasa le dijo que no, ya que con todo lo que había comido se sentía más que satisfecha y no tenía nada de hambre. Levi se despidió de ella, Mikasa hizo lo mismo, sin embargo ambos se quedaron viendo, como si no quisieran que aquello se terminara. La joven le dedicó una mirada amable a su marido y se dirigió hasta las escaleras rumbo a su habitación.
Levi se sintió feliz después de mucho tiempo. No imaginó ni en el mejor de sus sueños que lo pasaría tan bien con su esposa, le había gustado mucho la tarde que había pasado junto a ella, se dio cuenta de que no era una niña tonta y mimada que no tenía ni idea de nada, todo lo contrario conoció a una joven culta, educada, con don de la palabra y muy hábil conversando. Sin lugar a dudas conoció mucho más de ella en esa tarde, que en todo el tiempo que habían estado conviviendo juntos.
Él también estaba cansado, había tenido muchas emociones en un solo día, se dirigió hasta su despacho para ordenar algunos papeles que necesitaría mañana y luego partiría rumbo a su habitación. Se dirigió rápidamente hasta el despacho que pertenecía a su padre, giró la manija de la puerta y entró en la instancia. Se sorprendió cuando sintió unas manos que lo abrazaban por detrás, inmediatamente se giró y vio como Petra había entrado en aquel lugar y lo había estado esperando.
-¿Qué haces?- fue lo único que salió de la boca de Levi, molesto ante tal acto, no entendía a que se debía aquel comportamiento de su antigua amante. -Pero si los dos sabemos que te gusta- respondió con total descaro mientras se aferraba a él e intentaba besarle. Levi reconoció de inmediato el olor a alcohol que desprendía Petra. Inmediatamente se alejó de ella y le ordenó que se fuera a su habitación ya que ese no era el momento para hablar, ya tendría tiempo para eso mañana. Petra hizo un puchero de forma divertida mientras buscaba desesperadamente los labios del azabache. La paciencia que no era una virtud en Levi, hizo que la cogiera del brazo y la llevara él mismo hasta su habitación, cerrando la puerta con llave para que no pudiera salir. Petra se quedó sorprendida por la reacción del azabache ya que según ella, él nunca hubiera actuado de esa forma, Levi había cambiado mucho en este tiempo, ya que su antiguo amante, la habría tomado en ese mismo momento. Se encolerizó tanto que comenzó a dar golpes a la puerta para que se abriera. Durante unos minutos no paraba de quejarse, sin embargo al ver que nadie le hacía caso decidió tumbarse en la cama, no sin antes derramar unas lágrimas de puro coraje. Sí coraje, coraje y rabia al ver como Levi le había cambiado, como le había sustituido por otra mujer contra la que nada podía hacer, pensaba que la señora no era más que una diversión para el azabache, pensaba que en algún tiempo se desharía de ella... Pero hoy cuando los vio salir de la casa, mientras ella se escondía detrás de una de las escaleras, vio en su mirada algo que nunca había visto cuando estaban juntos. Vio un brillo especial en los ojos de Levi, algo que jamas pensó que sentiría por ninguna mujer: amor.
Fue por eso que toda la tarde pasó encerrada en su habitación, maldiciendo su suerte. Petra se había casado, había dejado a Levi por otro, y todo para que, aquel sinvergüenza de su marido solo le había traído desgracias, era un jugador empedernido, bebedor y maltratador que no dudaba en darle palizas si algo no estaba bien, o si ella le llevaba la contraria. Fue una vida realmente difícil para ella, sin embargo su suerte cambió cuando conoció a una bruja que hacía brebajes. Al principio Petra se mostró reacia a creer en tales cosas, sin embargo al oír como a varias personas les había funcionado, se decidió a probar. La mujer que tenía una enorme verruga en una de sus mejillas ya arrugadas, le dio un veneno potente que podía dejar postrado en la cama hasta un elefante, Petra le dio poco a poco el veneno, lo administraba diariamente en sus comidas, y tal y como predijo la anciana, en varias semanas su marido murió. Petra les dijo a las autoridades que había sido el alcohol y como no tenían dinero ni para un médico y era un don nadie, los policías decidieron creerle a la pobre viuda joven que se había quedado sin marido. Fue así como después de deshacerse del hombre al que había prometido amar y respetar, hasta que la muerte los separe, nunca mejor dicho, se propuso regresar a la capital y buscar ayuda. Fue en la capital donde se enteró de todo lo que había sucedido con Levi. Y fue allí donde puso en marcha todo su plan...
Mikasa se había puesto su camisón de dormir, se había cepillado los dientes y peinado su cabello de color ébano, recogiéndolo en una trenza, se encontraba debajo de las sábanas, sin poder conciliar el sueño, miraba hacia el techo mientras recordaba todo lo que había hecho esa tarde. Una risa se le escapó al recordar como se manchó con el caramelo rojo de la manzana que le había regalado su marido, y que él mismo le había ayudado a limpiar para que apenas se notara la mancha. Se levantó una vez mas de su cama, dudando en si ir o no a la habitación de Levi y darle las gracias por todo, ya que después de su incidente en la noche de bodas no había hecho nada, es decir, le trataba bien, no era un mal tipo, no le había obligado a hacer nada... no era como otros hombres que seguramente ya la habrían sometido...y hecho su voluntad solo por el hecho de haberse casado. Mikasa había decidido ir a agradecerle a Levi por todo lo que había hecho esta tarde, fue hasta su armario para coger una bata y cubrirse antes de salir, sin embargo cuando llegó a la puerta vio un sobre que antes no había visto, era una carta, la recogió del suelo y supo de inmediato de quien era la letra...
A unas pocas habitaciones, Levi contemplaba el mismo techo, pensando en todo lo que había sucedido, recordando los momentos junto a su esposa, sintiendo como poco a poco se iba llenando aquel vacío que tenía en el alma, y que jamás pensó que se llenaría...
Continuará...
