El tiempo se congeló para Arnold en espera de una respuesta de la mujer que tenía delante, pero deseaba con toda su alma que ella se riera de él o lo tachara de loco, no importaba lo que hiciera pero que le dijera que ella era Hilda.
Helga no era capaz de hablar. Su verdadero nombre, al que había renunciado y que no había escuchado en bastante tiempo, resonaba en sus oídos. Su boca se movió, pero no salió ninguna palabra.
Su silencio y el miedo en su mirada lo decía todo para Arnold. Clavó con fuerza los dedos en los hombros de ella, mientras sentía que una mezcla de ira y dolor crecía en su interior.
Ella ahogó un quejido de dolor, al tiempo que notaba como Arnold se transformaba justo frente a sus ojos, su rostro comenzó a deformarse con una expresión de enojo. En medio del doloroso silencio que los envolvía, ella oyó una voz que parecía venir desde la distancia, pero que Helga reconoció como la suya…
—Puedo explicarlo —La presión que ejercía él en sus hombros cesó, Arnold la soltó y se alejó dando un par de pasos hacia atrás-... Yo puedo...
—No necesito, no, mejor dicho, no quiero tus explicaciones, Helga.
Helga se estremeció. Está vez Arnold pronunció su nombre de la misma manera que lo había hecho en su sueño, o mejor dicho pesadilla, con una voz fría, casi escupiéndolo con repulsión y ella se quedó de pie, sin poder reaccionar viendo a Arnold caminar hacia la puerta que conectaba las habitaciones y desaparecer por allí, azotando la puerta al cerrarla.
Lo siguiente que se escuchó fue un clic que hizo eco en toda la habitación y le erizó la piel. Corrió hacia la puerta e intentó abrirla, pero no tuvo éxito, Arnold había puesto el seguro.
Golpeó pidiendo que le abriera, pero nada ocurrió.
Pegó la oreja a la puerta para ver si podía escuchar algo, pero solo pudo oír unos pasos ir y venir, y luego el silencio.
Volvió a golpear la puerta, lo llamó y no hubo respuesta, volvió a intentarlo y lo haría las veces que fuera necesario, debía conseguir que la escuchara, necesitaba contarle su versión…
—¡Arnold!
La escuchaba decir su nombre una y otra vez, al tiempo que golpeaba la puerta.
No quería escucharla.
Recargó la espalda en la pared y se deslizó hasta el suelo, se cubrió los oídos y los presionó con fuerza.
¡Qué estúpido había sido!
¡Cómo debió reírse de él!
Un montón de emociones se agolpaban en su interior, mientras a pesar de sus esfuerzos seguía escuchando aquella voz que ya no quería oír. Deseaba sumergirse en el silencio y que ella desapareciera.
¡Lo había engañado! ¡Fue capaz de fingir todo ese tiempo sin tocarse el corazón, ni siquiera por el amor que él le había profesado!
¡La odiaba!...
Golpeó sus piernas con los puños. Quería gritar de dolor, pero se obligó a callar y apretó los puños, ¿qué debía hacer ahora? Necesitaba pensar...
Respiró hondo y unos instantes después se volvió consciente de sus lágrimas, no las detuvo… Decidió que dejaría para después el pensar, por ahora se sumiría en esa mezcla de dolor y furia, después de todo tenía todo el derecho a hacerlo, ¿cierto?... Porque fue la víctima de un cruel engaño.
Helga no tenía idea de cuánto tiempo había estado intentando que él le abriera, pero todos sus ruegos habían sido en vano.
Había intentado incluso entrar por la otra puerta, pero también tenía puesto el seguro y la idea que Arnold por su culpa se hiciera daño no dejaba de atormentarla, tenía que hacer algo rápido, antes de que su miedo se hiciera realidad.
Se secó de nueva cuenta las lágrimas, no podía perder el tiempo llorando.
El sonido de un carruaje entrando a la casa atrajo su atención. Fue hacia la ventana y vio bajar del vehículo al socio de Arnold.
Tal vez es él podía hacer algo, pensó ella.
Gerald fue recibido por el mayordomo y se quedó de pie en el pasillo de la entrada, esperando a que le indicara donde se encontraba Arnold.
De repente 'esa mujer' apareció, iba hacia él con rapidez, Gerald no esperaba verla y sintió como la ira le invadía, igual que le pasaba últimamente cada vez que se la topaba con la diferencia de que esta vez no tenía por qué disimular su sentir.
Helga se detuvo en seco al darse cuenta de la manera en la que él la miraba, era obvio que sabía acerca de su identidad. Su enojo era más que visible, pero ella no podía detenerse por eso y sin titubear se acercó al él.
—¿Dónde está? —preguntó Gerald secamente, refiriéndose a su amigo —.
—Se encerró en su habitación...
No esperó a que ella dijera algo más y comenzó a caminar hacia donde su amigo se encontraba, al pasar al lado de ella se detuvo, tenía tanto que decirle y nada era halagador, pero se mordió la lengua, no iba a perder el tiempo con ella.
—Yo que usted, iría preparando el equipaje —se limitó a decir y caminó hacía las escaleras, justo cuando llegó al pie de las escaleras, Arnold apareció al final de estas —¡Maldita mujer! —exclamó Gerald, bajito y entre dientes, cuando vio a su amigo. Su expresión era de dolor puro, fue como retroceder en el tiempo hasta la época en la que lo conoció cuando era un jovencito destrozado por la pérdida de sus abuelos, pero esa expresión duró pocos segundos y fue reemplazada por una de total frialdad, cuando la mirada de Arnold se posó en Helga —.
Arnold bajó con calma los escalones, no tuvo que decir nada a su amigo, este comprendió bien lo que su amigo quería y ambos salieron de la casa en silencio y sin siquiera mirarla.
Helga estaba de pie frente a la ventana, viendo hacia la nada, estaba así desde que Arnold se había ido de la casa.
Los colores del atardecer se estaban borrando y a ella sus pensamientos no dejaban de atormentarla.
Lo había herido tanto o más de lo que ella se había imaginado. Suspiró, y aquel no era el primer ni único suspiro que se le escapaba en las últimas horas, tal pareciera que los suspiros habían tomado el lugar de las lágrimas que ella se negaba a dejar salir, no podía darse lujo llorar, no podía derrumbarse, al menos no hasta que pudiera hacerle ver a Arnold que a pesar del engaño, ella no había querido herirlo, que lo amaba, que en eso no había mentido, pero… ¿Cuánto tiempo tenía para eso? ¿Tendría tiempo de hacerlo antes de que Arnold la sacara de su vida?... Rogaba a Dios que sí… Ahora su futuro estaba en manos de Él y las de Arnold, no es que anteriormente ella hubiera tenido el control de su vida, pero la diferencia es que ahora el futuro que se le presentaba en frente, la aterraba…
Tenía el vaso con licor en la mano y la vista clavada en él, pero a Arnold no le apetecía mucho beber.
¿Por qué tuvo que toparse con ese par? Sonrió para sí con desgano ¡Vaya hermanitas!...
Una faltó sin reparos a su compromiso para irse con un fulano y la otra no tuvo problemas en engañarlo y tomar su lugar, pero... ¿Por qué?... La respuesta no tardó en llegarle.
Lo hizo por conveniencia, claro está. Si se hubiera sabido lo que Hilda había hecho, la sociedad felizmente se habría alimentado del escándalo y habría pisoteado la reputación de los Pataki. Además, si el matrimonio no se hubiera llevado a cabo los Pataki hubieran perdido una alianza clave en lo que a negocios se refería, lo que hubiera significado una gran pérdida de dinero. Él era su mina de oro, el mismo Pataki se lo dijo una vez, y no estuvieron dispuestos a perderlo…
Así que no solo fue el hazmerreír de la tal Helga sino de toda la familia Pataki.
Respiró hondo y luego apuró el trago y el líquido ámbar claro dejó un rastro de calor a su paso por su garganta, pero no le dio alivio.
—¿Otro? —preguntó Gerald, ofreciéndole otro trago —.
Arnold se negó, no quería que el alcohol lo atontara, necesitaba pensar.
—Será fácil que obtengas el divorcio —Gerald le habló, pero Arnold no lo miró, pasaron un par de minutos y luego negó en silencio —. Bueno, supongo que una anulación tampoco será difícil de obtener.
—Tampoco quiero eso...
—¿Cómo? ¿No querrás decir que pretendes seguir casado con esa? ¡Sería una locura!
—Tal vez...pero lo último que quiero hacer es pasar es por un escándalo... Además, un simple divorcio sería poco castigo.
—¿Castigo? —Definitivamente y como temía, su amigo no pensaba con claridad porque estaba lleno rabia en ese momento —Te estas dejando llevar por tus emociones.
—¿Y qué si es así? ¡Fue con mis emociones con las que ella jugó! ¡Con las que toda esa familia jugaron! ¡No se detuvieron a pensar en nadie más que en ellos! —Su voz estaba cargada de dolor y Gerald no pudo evitar maldecir a aquella detestable familia —¿Por qué ahora no tendría yo ese mismo derecho? ¿A caso no tengo derecho a una retribución?
—¿Retribución o venganza?
Arnold no respondió, ¿para qué? ¿Acaso no estaba más que claro lo que quería? Fijó la vista de nuevo en el vaso, ahora vacío, y volvió a sumirse en el silencio y en sus pensamientos por varios minutos.
—Sobre lo de Bob y sus negocios turbios —habló al fin, aparentemente más calmado y con voz fría —…
—¡Alto! Se por donde vas, te conozco y me es fácil saber lo que pretendes, pero te advierto que es mejor que no toques ese asunto, recuerda que mi contacto nos advirtió que nos mantuviéramos al margen...
—No estoy dispuesto a hacer eso ¡Ellos no se detuvieron! ¿Por qué yo sí debería?
—¡Arnold, vamos! Debes pensar las cosas con la cabeza fría, no es necesario que te enfrasque una cruzada para obtener una venganza y mucho menos que actúes de manera temeraria ¡Mira cómo ocurrieron las cosas! Al final descubriste el engaño de "esa" y te aseguro que al final también todos pagarán por lo que hicieron, después de todo los Pataki no son lo suficientemente listos como para escapar demasiado tiempo a la consecuencia de sus actos y caerán tarde o temprano, y lo hará sin que siquiera tengas que involucrarte —esperaba que su discurso fuera lo suficientemente convincente pero le bastó solo un vistazo para darse cuenta de que no había sido así —No te haré cambiar de idea, ¿cierto? —río con desgano —. De acuerdo, tienes mi apoyo...después de todo necesitarás de alguien que de vez en cuando te aconseje y que no te deje cometer tantas tonterías, ¿y si no soy yo, quién más sería?...pero con un par de condiciones —levantó el dedo índice —. Primero, que me dejes a mí encargarme del asunto de Bob sino puedo detenerte en esta locura, al menos deja que me encargue de minimizar los daños tanto como se pueda y segundo —levantó un segundo dedo —, no abandonarás los negocios, nunca he vivido en la pobreza y no pienso hacerlo nunca.
—Bien, de acuerdo... Gracias...
Arnold no regresó esa noche…
Helga lo sabía bien, porque fue incapaz de dormir, fue hasta cerca del amanecer cuando el cansancio la venció y sus agotados ojos se cerraron.
No durmió durante mucho tiempo, se levantó temprano y justo cuando terminaba de prepararse para salir, escuchó que el cuarto de Arnold era abierto y salió apresuradamente de su habitación, esperanzada de que él hubiera llegado sin que ella se diera cuenta, pero no fue así.
Quien estaba en la habitación era el mayordomo, el hombre al verla en el umbral de la puerta abierta dejó lo que estaba haciendo.
—El señor pidió que se le mande un cambio de ropa a la residencia del señor Johanssen.
—Yo me encargo de eso- dijo ella-.
El mayordomo pareció no muy de acuerdo con eso, pero permaneció callado y asintió.
—Iré a decir que enseguida estará listo el encargo.
Cuando se quedó sola, Helga comenzó a buscar la ropa que mandaría. Se detuvo al momento de elegir la prenda final, miro todos los sacos, pero su vista finalmente se detuvo en uno y fue el que tomó.
...
Alisó la solapa del saco que Arnold llevaba, pasando suavemente la mano sobre la tela.
—Este saco es mi favorito —dijo ella —.
—¿Eh? ¿Y eso? —preguntó él, con tono divertido —.
—Tus ojos… se ven más verdes cuando lo usas y eso me gusta… es una bobería, lo sé —agregó rápidamente y un tanto apenada —.
—No es una bobería —pasó el brazo por su cintura y la acercó a él, mirándola con intensidad —. Si hace que yo te guste más, entonces lo usaré a diario.
Ella rio.
—No creo que eso esté bien, la gente empezará a murmurar si comienzan a ver al señor Shortman, el importante hombre de negocios, llevando siempre el mismo saco.
Arnold fingió meditarlo un poco.
—Puede que tenga razón, señora Shortman —se inclinó hacia ella, hasta que quedó apoyada su frente en la de ella —... Entonces…cuando lo use pensaré especialmente en usted... ¿le parece?
—Me parece —Ella le rodeo con los brazos —perfecto —Él buscó sus labios con los suyos y los encontró más que dispuestos —.
...
Helga alisó la tela oscura de la prenda y con cuidado la puso junto a las demás y justo unos instantes después apareció el mayordomo.
Arnold se quedó mirando la ropa que recién le habían traído, su mirada estaba centrada en una prenda en especial.
Frunció el ceño y tomó el saco...
¿Qué pretendía ella, al enviárselo? Porque estaba seguro que fue ella quien preparó esa ropa. Era un golpe muy bajo, tratar de hacer que recordara los buenos tiempos… no era más que una manipuladora, pero no caería en su juego.
Arrojó lejos el saco, después hizo lo mismo con el resto de las prendas y salió de la habitación.
Ya era tarde cuando Helga, que estaba en el salón, escuchó que el mayordomo daba la bienvenida a Arnold y salió rápidamente.
Al verlo, se dio cuenta de que no llevaba puesta la ropa que le envió, aunque tampoco era la ropa que llevaba cuando se marchó.
—En el carruaje está la ropa que me enviaron —dijo al mayordomo —, regálela o quémela, pero deshágase de ella.
El mayordomo no pudo ocultar su sorpresa ante la orden, pero respondió como siempre, con un 'sí, señor'.
—Y otra cosa —añadió Arnold —, la próxima vez que se le encargue algo, asegúrese de ser usted quien lo haga.
—Sí, señor.
Pasó por enfrente de Helga, ignorándola por completo y Helga regresó al salón, luchando por reprimir el llanto. Debería ir tras él y tratar de explicarle, pero francamente no se sentía con ánimos, estaba demasiado dolida.
A lo largo del siguiente mes la presencia de Arnold en la residencia Shortman, fue intermitente, era poco el tiempo que pasaba allí y lo hacía sólo cuando era estrictamente necesario.
—¿Señor?...
La voz de la señora Johnson lo hizo dejar de buscar los documentos por los que había ido allí y se giró para verla.
—¿Qué pasa?
—Sé que no es parte de mis deberes inmiscuirme en sus asuntos personales, pero...si me lo permite —Suspiró —...no, aún si no lo hace, debo decirle lo siguiente —Tomó aire y enderezó los hombros —... Escuche, es normal que todos los matrimonios tengan problema, pero lo que no es normal, ni bueno, es dejar que estos crezcan…
—Señora Johnson…
—Déjeme terminar, por favor. No sé lo que esté pasando, pero si soy consciente de que luchar contra nuestro orgullo es difícil, aun así, debe hacerlo… Solucione sus problemas con la señora Hilda —Arnold sonrió de lado, si supiera esa amable mujer que el problema era precisamente que la mujer quien se ostentaba como su esposa, no era Hilda —. Su esposa ha sufrido mucho en los últimos días y creo que ha llegado a su límite, y francamente no la culpo; yo haría exactamente lo que ella está a punto de hacer.
—¿A qué se refiere con eso? ¿Qué es lo que está a punto de hacer?
La puerta se abrió, pero Helga no se preocupó en ver quien entraba, seguramente era alguien de la servidumbre, quien posiblemente había llamado a la puerta antes de entrar, pero ella sumida en sus pensamientos y concentrada en su labor no se percató de eso.
Sus valijas, que hasta hacía poco estuvieron guardadas y que hacía unos minutos ella había mandado traer, estaban sobre la cama y ella se estaba ocupando de llenarlas.
De repente cada uno de sus músculos se tensó y sin necesidad de ver, supo con cada fibra de su ser que quien caminaba hacia ella era Arnold.
—¿Qué crees que haces?
Sin voltear a mirarle, ella contestó.
—Esta es tu casa, deberías poder estar en ella sin problemas, pero es obvio que mi presencia te lo impide, así que lo mejor es que me marche.
—Tu no vas a ningún lado.
El corazón de Helga se aceleró, ¿habría dicho aquello porque no quería verla fuera de su vida? ¿Por qué aún podían tener un futuro en común?
Llena de esperanza se giró para verlo y en un segundo toda esperanza se desvaneció. La mirada de Arnold era de total furia, Helga estuvo a punto de tambalearse, pero se mantuvo firme, aferrándose a la prenda que tenía entre las manos.
—Está más que claro que no me soportas, ¿por qué quieres que me quede?
—No me gusta ser el hazmerreír de nadie y ya lo fui de ti y de tú familia, no estoy dispuesto a serlo también para el resto de la sociedad por el hecho de que me abandones, así que haremos lo siguiente —Hizo una pausa, que solamente sirvió para acrecentar la tensión entre ambos —... Permanecerás aquí en esta casa, a mí lado, fingiendo, algo que no creo que te cueste trabajo, después de todo lo hiciste muy bien hasta hace poco…
—Yo no fingí…
—¡Basta! Esto no es una amena conversación, así que no interrumpas, querida —La forma en la que pronunció ese 'querida', fue demasiado cruel para Helga y Arnold sintió cierta satisfacción al verla palidecer —. Permanecerás aquí, como si nada hubiera pasado y así será, hasta el día que traiga de regreso a tu hermana.
—¡¿Cómo?! —Definitivamente ella no se esperaba aquello —… No creo que Hilda esté dispuesta a volver —agregó con voz temblorosa —…
—¡Tendrá que hacerlo!... Me lo debe y tú también estás en deuda conmigo, por eso harás lo que te digo —Él desvió la mirada y caminó hacía la puerta, antes de salir y sin mirarla, añadió —. Deshaz tu equipaje… Volveré para la cena…
—¿En serio le dijiste eso?
—Si —Arnold había vuelto a la casa de su amigo y como era ya usual, le había contado lo ocurrido —.
—Bien —Gerald se rascó el cuello —... Si eso quieres, daré órdenes para que comiencen la búsqueda de Hilda.
—No, Gerald, no es necesario.
—Pero acabas de decir…
—No tengo intenciones de traer de vuelta a alguien que claramente no quiere estar a mi lado, sólo lo dije para evitar que se fuera.
La comprensión de que algo más estaba ocurriendo no tardó mucho en llegarle al avispado Gerald.
—Dime una cosa, Arnold… ¿De verdad la quieres a tu lado para hacerla pagar o realmente lo que quieres es no alejarte de ella? ¿Podría ser acaso que aún la amas?
—Cualquier sentimiento que tuve hacia ella o, mejor dicho, hacia quien creí que era ella, se acabó en el momento que supe de su engaño… Ahora solo quiero que conozca algo el dolor por el que me ha hecho pasar.
—¡Ay, amigo! Espero que lo que dices sea realmente cierto.
—Lo es…y cuando consiga lo que quiero, me divorciaré, dejaré atrás cualquier vínculo con esa familia y podré finalmente seguir adelante.
—Eso espero, como también espero que sea verdad lo de tus sentimientos por ella, porque si resulta que aún la amas… Aun cuando obtengas los resultados que planeas, terminarás más herido de lo que estás ahora.
CONTINUARÁ...
Nota: ¡Por fin nuevo capítulo! Se que ha pasado mucho tiempo y me disculpo por eso, pero estoy de regreso y trataré de actualizar más seguido. Como siempre les agradezco por leer, también quiero agradecer a los que siguen esta historia y a los que han dejado sus reviews. Espero que hayan disfrutado este capítulo y hasta pronto.
