Disfraces y algo más…
Tomando de las riendas a César, Oscar lo sacó de la pista de obstáculos, la arena del lugar se levantó suavemente con cada paso que daban. Abrió las vallas que separaban la explanada de entrenamiento del césped de descanso y caminó hasta un rellano. Apoyó la frente sobre el carrillo derecho de su corcel y cerró los ojos mientras acariciaba de forma cadenciosa y repetitiva el cuello del noble animal. Se concentró en el acompasado ritmo de su respiración y sonrió. Marie tenía razón, el único momento en el que se sentía realmente feliz era cuando practicaba equitación.
-¿Estás lista?
La voz del cuidador de César la sacó de sus pensamientos, abrió los ojos con pesar.
–Sí- revolvió las crines que estaban a su alcance –Te veré mañana- susurró a su adorado corcel; entregó las riendas al caballerango.
A cada paso que daba sentía como el césped se hundía bajo el taco de sus botas, respiró profundo, amaba el aroma a hierba del campo de equitación. Absorta en cada una de las sensaciones que provocaba en ella ese santuario comenzó a quitarse el casco de protección, únicamente cuando percibió la dureza de las baldosas bajo sus pies levantó la vista. Se encontró frente a frente a Marie. -Hola…- susurró. Había dilatado durante meses el hablar con su mejor, y prácticamente única, amiga.
-Hola- la dulce y delicada joven de origen austriaco contestó con tranquilidad –Me alegra encontrarme contigo, hace mucho que no te veía- sonrió.
-Los viernes en la mañana siempre estoy aquí…- contestó Oscar torpemente.
-Lo sé… pero vine a buscar a Hans- hizo un gesto con la cabeza indicándole el lugar en el que Fersen estaba entrenando.
-Sí... por supuesto- contestó incómoda, después de unos segundos habló –Marie te debo una disculpa… jamás debería haberte abofeteado, perdóname por favor.
-Sí… no debiste hacerlo- contestó de forma seria –Pero yo tampoco debía haber dicho todo lo que dije, sé que te lastimé… descargué en ti todas las frustraciones que estoy sintiendo- respiró profundo –Además, te conozco desde hace años… sé que me golpeaste debido a un arrebato del momento y que jamás volverías a hacerlo- sonrió al ver que su adorada amiga asentía con las mejillas rojas de vergüenza.
-Al parecer Hans tardará un poco- Oscar miró al equitador –¿Me acompañas a la cafetería?- preguntó, ella tampoco había sido honesta y pretendía aprovechar la ocasión para restablecer la comunicación entre ambas. Después de todo, era su amiga más cercana, la única con la que se sentía capaz de hablar sin sentirse cuestionada ni juzgada. Temiendo ser rechazada miró ansiosa a Marie esperando su respuesta.
-Sí… vamos- comenzaron a caminar –En realidad, sí sabía que Hans aún no terminaba… quería coincidir contigo- susurró sonriendo Marie. Oscar también lo hizo.
Después de pedir un par de cafés se sentaron bajo un gran árbol, pese al frío clima ambas disfrutaban estar al aire libre.
-Te felicito por tu excelente desempeño en las competencias- Oscar fue la primera en hablar –Supe que en Vallas mejoraste tu tiempo y que en Relevos lograron el primer lugar.
-Gracias- Marie sonrió orgullosa –¿Quién iba a pensar que con Jeanne haríamos tan buen equipo?... Es realmente satisfactorio ver que los entrenamientos han dado resultado y estamos afiatadas, todos sabemos lo que cuesta relacionarse con ella- guiñó un ojo.
-Ojalá Nicolás fuera igual…- murmuró Oscar preocupada mientras bebía un sorbo de café.
-Supe lo que pasó con la competencia del otro día…- se lamentó la atleta –¿Cómo está André?
-Bien… supongo que bien- Oscar bajó la vista nerviosa –No hemos hablado mucho últimamente.
-Françoise… ¿Qué es lo que no me estás contando?- sonrió pícara mientras se ubicaba en la banqueta para mirar de frente a su amiga –Ustedes siempre han sido inseparables…
-No me llames así…- contestó sonriendo, siempre era fácil hablar con Marie –No ha pasado nada… simplemente él está muy ocupado con sus cosas y yo con las mías…
-Oscar…- la tomó de la mano –Puedes decirme lo que sea, sabes que jamás te juzgaré.
La pentatleta bajó la cabeza mientras sus mejillas se sonrojaban, estaba avergonzada de haber sido tan injusta con Marie. Su amiga siempre estaba dispuesta a escuchar lo que ella quisiera decir sin cuestionar. –Nos hemos besado en un par de ocasiones- murmuró finalmente.
-¡¿Qué?!
-Lo que escuchaste…
-¡Eso es fantástico!...- comenzó a aplaudir contenta –Ustedes son tal para cual…- después de unos segundos miró seria a Oscar -¿Por qué no están juntos oficialmente?... ¿Es por Víctor?
-No… No es por él… es complicado.
-Si lo dices por tu padre no debes preocuparte, con el tiempo se acostumbrará a la idea…- la tomó de la mano –Tienes todo a tu favor para ser feliz, ambos son solteros y él te adora… basta con ver cómo brillan sus ojos cuando estás cerca- sonrió con ternura al ver que las mejillas de Oscar se coloreaban de forma violenta, una de las cosas que más atesoraba de su amiga era su candidez.
-Al parecer yo era la única que no sabía que André tenía sentimientos de ese tipo- sonrió con tristeza y suspiró –Quisiera que todo fuera más fácil… No puedo negar que me siento diferente desde que nos besamos… pero estoy tan confundida…
-¿Es por Hans?- Marie se atrevió a preguntar en apenas un susurro, cuando vio que Oscar asentía tímidamente la abrazó –Mi querida amiga… perdóname por no haberme dado cuenta antes… jamás quise lastimarte.
-No tienes la culpa de nada…- contestó separándose de ella sin atreverse a mirarla –Hans nunca ha hecho nada para incentivar mis sentimientos y él…- levantó la cabeza y sonrió –Él únicamente tiene ojos para ti.
-Lo sé- la tomó de la mano nuevamente –Y yo tampoco tengo ojos para nadie más que no sea él…
-Marie… estamos en el siglo XXI, puedes hacer con tu vida lo que quieras… No dejes que tu familia se interponga.
La joven de origen austriaco sonrió con tristeza -Lo sé, es sólo que no tengo tu fortaleza... Pero no quiero hablar de eso…- movió la cabeza, su rubio cabello se movió con el viento –No quiero estar triste ni llorar justo el día antes de mi fiesta de cumpleaños… sabes que me congestiono y mañana pareceré un renacuajo con retención de líquidos- ambas jóvenes rieron –¿Irás a mi celebración?
-No lo sé…
-Debes ir… debes ir y pasarlo bien, olvídate de todo lo que te preocupa aunque sea por una noche- sonrió contenta –Elegiré un disfraz especial para ti… uno que resalte lo hermosa que eres.
-No es necesario- contestó sonriendo –Si me decido a asistir, yo misma puedo ir a rentar algo- se puso de pie –Debo irme…- miró hacia el campo, el equitador sueco estaba entregando su yegua al cuidador correspondiente –Hans ya está listo… seguramente se está preguntando dónde estás.
Marie asintió y se puso de pie, sin aviso la abrazó con fuerza –Te extrañé…- murmuró.
-Y yo a ti…- contestó contenta y se separó de su amiga –Nos vemos- sonrió con tranquilidad, sintió que se había quitado un peso de encima. Hizo un gesto de despedida comenzó a alejarse.
-¡Oscar!
Detuvo su caminar al escuchar que la joven austriaca la llamaba.
Marie se acercó rápido. -Tienes que contármelo… me muero de curiosidad
-¿De qué hablas?- la miró sin entender.
-¿Cómo besa André?- preguntó riendo.
-Marie…
-Dímelo… no seas aguafiestas…- la miró a los ojos –A menos que sea pésimo… si es así no me lo digas porque no podría volver a mirar los afiches sin pensar lo malo que es besando- comenzó a reír.
-No…- Oscar se sonrojó hasta la punta del cabello –Es bueno…
-¿Bueno o muy bueno?- insistió –¡No seas tan reservada!- rió divertida –A alguien se lo tienes que contar y te conozco… sé que no se lo has dicho a nadie.
-Es muy bueno… demasiado bueno- bajó la vista, sin poder evitarlo rememoró la última vez que se habían besado. Recordó, como gracias al alcohol, André había perdido todo tipo de prudencia y la había hecho temblar sólo con el roce de sus manos. Sintió que los músculos de su estómago se contraían de deseo y que cada poro de su piel se erizaba al recordar sus besos.
-Te creo…- rió Marie –Basta con verte la cara cuando piensas en él- la besó en la mejilla y susurró –Te espero en mi fiesta.
Oscar sonrió al abrir el paquete que Marie había enviado con un mensajero a su habitación, sabía que la joven ya se había retirado del INSEP para iniciar su periodo de descanso. Cuando un exótico traje de odalisca apareció antes sus ojos rió divertida, ni es sus peores pesadillas usaría algo así. Miró el reloj de su mesa de noche, eran las 17:00 hrs., si se daba prisa podía encontrar alguna tienda de disfraces abierta. Tomó las llaves de su automóvil y salió del Centro de Entrenamiento decidida a dejar que el destino decidiera el curso de esa noche. Si encontraba un atuendo que le gustara asistiría a la celebración de su amiga.
Después de visitar dos tiendas se dio la ultima oportunidad, se paró unos segundo frente al escaparate decidida a que si no encontraba algo de su gusto volvería al centro y no iría a la celebración. Apenas cruzó el umbral supo que la empresa no sería exitosa, bufó al ver que, nuevamente, los únicos atuendos que quedaban disponibles eran de diablesas, monjas, princesas o enfermeras.
-¿La puedo ayudar en algo señorita?
-Buenas tardes- saludó a la dependienta –Estoy en busca de un disfraz…- sonrió ante sus propias palabras –Creo que eso es obvio…- se corrigió a sí misma.
-¿Tiene alguna idea de lo que busca?… Quizás la pueda ayudar- la regordeta y amable mujer la miró con dulzura.
-La verdad es que sólo sé que no me gusta nada de lo que veo…- murmuró con pesar mientras fijaba la vista en los disfraces que la mujer estaba ordenando, de pronto uno en particular llamó su atención –Ese…- lo apuntó –¿Está disponible?
-Sí pero…- la miró dudosa –¿Está segura?... una joven como usted podría usar cualquiera de los que están exhibidos ahí- señaló los disfraces sexys y femeninos que Oscar ya había descartado.
-Me gusta este…- insistió -¿Puedo?
-Sí, por supuesto- le entregó lo que pedía, vio como la hermosa joven lo probaba sobre su cuerpo –Es un poco grande para usted….
-Sí… así parece…- Oscar contestó con pesar.
-Si tiene tiempo puedo hacer algunas modificaciones y dejárselo a la medida.
-No tengo apuro.
-Levante los brazos- la mujer salió de atrás del mostrador con una cinta de medir, en media hora estará listo.
-Se lo agradezco mucho- Oscar sonrió contenta –Pero veo que tiene mucho trabajo aún… me apena molestarla- miró el montón de disfraces que estaban sobre el mostrador.
-No se preocupe, eso ya está listo… sólo tengo que empaquetarlos para cuando los vengan a retirar- contestó la mujer mientras tomaba con eficiencia todas las medidas que necesitaba.
-Puedo ayudarla con eso- se ofreció –Mientras usted modifica el mío, yo puedo empaquetar…
-Sería perfecto- la mujer le entregó una serie de portatrajes negros –Las etiquetas de quienes los usarán están en los ganchos, hay que quitarlas y pegarlas fuera de los envoltorios.
-Entendido.
Oscar se acercó al mesón mientras la mujer desaparecía en la trastienda. Después de ordenar varios disfraces sostuvo en la mano un atuendo de cantante de rock, específicamente de David Bowie, cuando vio el destinatario no pudo evitar sonreír. Era el disfraz de Alain. Revisó las indumentarias que estaba a continuación, eran las de André, Bernard y François. Miró las medidas de cada uno y observó los disfraces que estaban disponibles en la tienda. Quitó la etiqueta de del disfraz de su compañero de Tiro y la puso sobre uno de Luigi –Lo siento François… pero todo Luigi necesita un Mario, y Alain no es el único que sabe hacer novatadas- murmuró tomando un disfraz de Mario Bros, cerró ambas bolsas rápido. Miró el disfraz que tenía la etiqueta de André, era del Zorro, le puso la etiqueta de Bernard y lo empaquetó, ambos jóvenes eran casi de la misma complexión así que no habría problema con las medidas. Caminó hasta los disfraces masculinos, tomó uno de militar y sonrió –Este combinará con tus ojos…- murmuró mirando la camiseta color verde musgo y los pantalones de camuflaje, rápidamente buscó las botas de combate y accesorios a juego. Empacó todo y puso una nota dentro del portatraje.
Cuando estaba ocultando los disfraces que había cambiado miró hacia la mampara de la tienda, François estacionaba su automóvil justo atrás del de ella, caminó rápido hacia la trastienda. -Creo que han venido a retirar algunos disfraces- sonrió a la amable mujer que estaba terminando de ajustar su atuendo. La mujer asintió y fue a atender al rubio nadador. Apenas controlando la risa, Oscar observó como el inocente deportista retiraba los cuatro atuendos sin siquiera revisarlos.
Al regresar la dependienta a la pieza le entregó su disfraz. -Pruébeselo para ver que esté todo bien- le indicó.
La pentatleta se probó el traje y se paró frente al espejo del establecimiento. Sonrió satisfecha –Muchas gracias… Está perfecto.
-o-
Oscar detuvo su Mini Cooper frente a la casa de Marie, se miró en el espejo retrovisor por última vez y sonrió infundiéndose todo el valor que necesitaba. Estaba decidida a hacer de esa noche una velada inolvidable. Descendió del automóvil y le entregó las llaves al valet parking que se acercó solícito. Recibió el ticket y lo guardó en el bolsillo. Levantó la vista y no pudo evitar asombrarse ante la fastuosidad de la decoración, sintió los latidos de su corazón golpeando fuerte contra su pecho a medida que se acercaba al lugar donde se estaba desarrollando la fiesta. Justo antes de entrar a la enorme carpa que protegía el jardín del frío, escuchó una discusión tras los arbustos, reconoció la voz de Jeanne, estaba dispuesta a seguir de largo cuando oyó que Nicolas gritaba furioso a su novia. Se ocultó para poder oír mejor.
-¡No tienes ninguna moral para reclamarme por haber manejado mi desempeño en la competencia!
-No seas estúpido y deja de gritar- siseó la morena –¿Quieres que todo el mundo sepa que eres un tarado que perjudica a su propio equipo?
-No toleraré que me trates así- el nadador la tomó con fuerza de un brazo –Siempre he hecho todo lo que has querido y ahora, que por única vez hago algo en mi beneficio y sin consultarte, me tratas como si fuera un idiota.
-No eres un idiota… eres un estúpido- lo miró furiosa –Eres incapaz de entender… ¿No te das cuenta de que sólo lograste ponerte en evidencia, el General no descansará hasta comprobar que hiciste trampa- movió la cabeza decepcionada –Y todo por un miserable automóvil...Pensé que eras más ambicioso, más parecido a mí.
-Jeanne, te repito que no toleraré que me trates así… menos después de que acabo de hacer algo que arruinará la carrera de alguien para siempre, prácticamente le he vendido mi alma al diablo por ayudarte- gruñó.
-¿Por qué no me dijiste lo que pensabas hacer en la competencia?- la hermana de Rosalie acarició la mejilla de su novio mientras lo miraba con pesar –Sé que siempre has hecho lo que te he pedido, y esa es una de las razones por las que te amo... pero debiste haber conversado conmigo tus planes… debiste habérmelo dicho tú mismo- movió la cabeza molesta –Habría preferido eso a enterarme por mi madre… ¿Cómo crees que me sentí cuando me reclamó porque golpeaste al perfecto novio de mi hermana?... mi madre está enferma y esto podría ocasionarle un revés en su salud.
-Nunca te ha importado tu madre ni tu herm…- una fuerte bofetada lo hizo callar.
-No te atrevas a decir eso nuevamente… pensé que me conocías, pero veo que no es así.
-No te hagas la santa conmigo- la tomó de los hombros –Somos de la misma calaña, no intentes parecer mejor que yo porque no lo eres.
-Lo que yo hice fue para tener lo que merezco…- lo miró con odio –Jamás perjudicaría a mi equipo porque un equipo es un equipo… estúpido- siseó -Todo lo que he hecho en mi vida ha sido porque merezco lo mejor, mi familia ha sacrificado todo para que yo finalmente esté donde corresponde… nací para grandes cosas y quiero que mi madre me vea triunfar antes de que muera- se movió para que Nicolás la soltara -¿Puede tu cerebro analizar eso o debo explicártelo como a un niño de cinco años?
-Te dije que no me trataras como un imbécil- el nadador la empezó a zamarrear.
-¡Suéltame!... ¡Me estás lastimando!- gritó asustada al ver que el alto deportista estaba perdiendo el control.
-¡Suéltala!- Oscar se acercó decidida.
-Este no es tu problema…- Nicolás soltó a Jeanne bruscamente, la joven cayó al húmedo césped.
Oscar corrió a su lado. -¿Estás bien?- preguntó preocupada mientras la ayudaba a ponerse de pie.
-Sí… estoy bien- contestó Jeanne molesta, miró a Nicolás –Vete de aquí… vete o le pediré a los guardias que te saquen a patadas.
-Jeanne… cariño- la miró asustado –Sabes que no fue mi intención- trató de acercarse.
-¡Vete de aquí ahora!- gritó furiosa mientras hacía un gesto con la cabeza.
Nicolás conocía a su novia y entendió perfectamente la señal que le estaba dando. El alto joven de cabello castaño dio media vuelta y se alejó desapareciendo en la noche. Jeanne comenzó a sacudir su traje, era un vestido de bailarina de flamenco de color rojo furioso.
-¿Quieres que llame a alguien?... Bernard y Rosalie seguramente están adentro- preguntó Oscar.
-No… no es necesario- se arregló el peinado -¿Estabas espiándonos?- miró directamente a los ojos de la rubia.
-No- contestó con seguridad –Acabo de llegar, me acerqué cuando oí que gritabas para que Nicolás te soltara.
Ambas mujeres se miraron en silencio por algunos segundos. Oscar supo de inmediato que Jeanne sabía que estaba mintiendo, sonrió tratando de disimular. -¿Estás segura de que no quieres que llame a tu hermana?- insistió sin despegar la vista de los ojos de Jeanne.
-No… no es necesario- estaba furiosa por verse sorprendida, acostumbrada a calcular cada movimiento, todo lo acontecido la tenía completamente fuera de sí. Respiró profundo para serenarse, debía disimular si quería acercarse a Oscar y saber cuánto era lo que la hija del General había logrado escuchar. Enderezó los hombros y sonrió –Bonito atuendo- miró de pies a cabeza a la rubia –No esperaba menos de ti.
-Gracias- contestó Oscar mirándola a los ojos –¿Te quedas o te vas?
-Me quedo- contestó Jeanne con tranquilidad, la miró desafiante y sonrió –Entremos.
-o-
-¡Rubita!
Oscar no alcanzó a reaccionar antes de que Alain la abrazara efusivamente levantándola unos centímetros del suelo.
-¿No estás enojado?…- comenzó a reír al verlo con la gorra de fontanero color verde.
-Nooooo… - Alain sonrió dejándola en el piso –Fue una buena jugada la que nos hiciste- guiñó un ojo pícaro –Lo único que nos costó solucionar fue el cabello de François… ya sabes, Mario Bros no es rubio- ambos miraron al nadador que estaba bailando a sólo unos metros de distancia acompañado de dos jovencitas –Pero no hay nada que no solucione el betún de zapatos- comenzó a reír.
-¡¿Betún de zapatos?!- preguntó escandalizada, cuando vio que Alain comenzaba a reír se relajó e hizo a un lado el cargo de consciencia, después se disculparía con François. Miró a su compañero de Tiro de pies a cabeza y sonrió -Te falta el bigote y la camiseta-. El joven estaba vestido sólo con la típica jardinera y sin nada debajo.
-El bigote me picó demasiado- encogió los hombros –Y en cuanto a la camiseta… Soy un sexy Luigi- dio una teatral vuelta para que lo mirara mientras apuntaba los abdominales que se apreciaban por los costados de la jardinera –Al menos así le parece a la rojita.
-Sí… te ves bastante bien- interrumpió la morena.
Alain miró a Oscar dudoso, todos sabían que la hermana de Rosalie no se caracterizaba por su amabilidad ni simpatía, le pareció extraño su comentario. Cuando vio que su rubia amiga encogía disimuladamente los hombros le habló a Jeanne. -¿Dónde está tu torero?- hizo referencia a su disfraz español.
-No está- la morena movió coqueta su cabello –Así que tendrás que bailar conmigo… Y no me importa compartirte con la rojita- se acercó y lo tomó del brazo.
-Lo que tú digas bonita… pero te advierto, apenas regrese mi rojita… que no sé dónde diablos se metió, tendrás que entregarme- guiñó un ojo a la morena que sonreía seductora y se alejó con ella del brazo.
Oscar comenzó a mirar la abarrotada pista de baile; los disfraces le dificultaban reconocer a sus amigos, después de unos segundos pudo ver a lo lejos a Bernard bailando con Rosalie. La hermana menor de Jeanne vestía un romántico vestido color blanco; sintió una punzada de culpabilidad, cuando había cambiado el disfraz a Bernard no había pensado en su novia, por suerte, ambos atuendos aún combinaban.
-Toma- Alain le puso una copa de champaña en la mano.
-¿No estabas con Jeanne?- preguntó Oscar dando un trago al burbujeante brebaje.
-Sí… pero la dejé con el chaton- apuntó el centro de la pista, Girodelle y la hermana mayor de Rosalie conversaban animadamente –No soy tonto… Jeanne algo se trae entre manos, no me da confianza.
-¿De qué está disfrazado Víctor?- preguntó la pentatleta al ver que el esgrimista vestía un elegante traje negro y una camisa blanca abarrotada de encajes.
-De vampiro supongo...- Alain bebió un sorbo de champaña –Porque si no es eso, no me explico la capa- ambos comenzaron a reír al ver la capa que el joven movía para que Jeanne pudiera mirarla en detalle.
Oscar observó una joven pelirroja que entraba a la pista de baile, reconoció a la novia de Alain. La modelo vestía un pequeño vestido, prácticamente transparente, y un par de vaporosas alas en su espalda. El atuendo era completamente de color rojo. –Amélie es muy hermosa...- comentó.
-Sí, lo es…- contestó el tirador mirando a la joven con la que salía –Pero tú también lo eres – la miró de pies a cabeza y guiñó un ojo –Debo admitir que te ves muy sexy de "Comandante"- sonrió.
Oscar sonrió sonrojada ante el piropo, estaba acostumbrada a que Alain la tratara como a uno más de sus amigotes. La deportista estaba vestida con un ajustado conjunto de pantalón y chaqueta color verde militar, la prenda superior estaba llena de condecoraciones, borlas y apenas sujeta con un botón dorado a la altura de la cintura. El amplio escote del blazer mostraba un brassier deportivo a juego. La tenida militar se completaba con unas finas y ajustadas botas negras que le llegaban hasta las rodillas. Se había esmerado en cada detalle, incluyendo su cabello, su indomable melena caía suavemente sobre los hombros y espalda.
-Lamento haber cambiado tu disfraz… me habría gustado verte como Ziggie Stardust- Oscar guiñó un ojo -Sería interesante verte en leotardos y con el pelo color zanahoria.
-El maestro es un icono…- Alain sonrió divertido. Bebió un trago de la copa que sostenía y agregó -Allá está tu soldadito- apuntó con la mano a André. El nadador estaba bailando cerca de Rosalie y Bernard.
-¿Otro ángel?- Oscar apenas pudo controlar el temblor de su voz al ver a la rubia que bailaba con el joven de ojos verdes, la modelo vestía el mismo atuendo que la novia de Alain, pero de color blanco.
-Sí… No fueron muy originales- el joven de ojos castaños apuntó con la cabeza a Denisse. La joven de cabello negro se acercaba a Amélie, ella también vestía un alado atuendo de color plateado.
-Así veo- Oscar vació de un trago la copa que tenía en la mano mientras miraba nuevamente a André.
Alain detuvo a uno de los mozos y sacó una nueva copa de la bandeja, se la entregó a Oscar y susurró –Haz lo que viniste a hacer- guiñó un ojo –Te dejo… hay dos ángeles que requieren de mi presencia- sin esperar la respuesta de su amiga, se alejó bailando hasta llegar junto a las dos modelos.
Y bueno... Comenzó "El evento del año"! sólo les puedo decir que el próximo capitulo está casi listo así que juntan ganas!
Un abrazo a todas y ya saben... Yo aquí casual con mi frasco listo para las propinas XDDDDDDDDDDDDD
PD: Vicky Yun Kamiya aquí está tu Alain de Luigi! XD
