Las historias no heroicas del Sengoku
Serie de mini historias sin conexión, que relatan pequeñas vivencias de nuestros personajes durante su viaje.
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son propiedad de su creadora Rumiko Takahashi,a quien valga decir, admiro profundamente.
Aclaraciones:
-Inuyasha… -dialogo
-Inuyasha… -pensamientos
Fidelidad
-¡¿Es mucho pedir eso?!
La joven miko le entregó una mirada somnolienta; llevaban horas hablando sobre el tema y ella tenia que estudiar, pero estaba tan… cansada.
-¿Uh?... – vio que la exterminadora exigía una respuesta con sus iracundos ojos-… pues… ¿no?
Sango suspiró - ¡Entonces por qué le cuesta tanto!
Kagome retuvo un bostezo, ocultando su rostro detrás de su libro de aritmética. ¿Cuándo terminaría Sango de quejarse?
-Las malas costumbres son difíciles de corregir, o eso supongo...-nuevamente un bostezo mal disimulado escapó de sus labios
-Eso no es excusa…-siseó su amiga como respuesta
Kagome asintió. Claro que no, en eso estaba totalmente de acuerdo, pero eso no era excusa para que interrumpir sus estudios.
-Bien… -masculló decidida
De un salto se incorporó y salió de la habitación ante el desconcierto de su compañera. Sango escuchó voces en la habitación contigua y antes de que se diera cuenta, la chica arrastraba del cuello al joven y pervertido monje, seguido del hanyou quien veía la escena entre somnoliento, desconcertado pero sobre todo, divertido.
-¿Qué sucede? ¿Por qué me saca de la cama de esa manera, Kagome-sama?
La joven miko se cruzó de brazos y le entregó una fría mirada, que hizo que ambos hombres se atragantaran - ¿Qué significa fidelidad? –escupió de pronto
-¿Eh?
- ¡Ese es el problema con usted…!-gruñó, logrando que todos la observaran ante la incoherencia de la situación
-… pero si no he dicho nada…
-¡Exacto!- Miroku vio como ella comenzaba a apuntarlo acusadoramente-… ¡así que le recomiendo que defina ahora mismo el concepto de fidelidad si no quiere comer el Hiraikotsu de Sango para el desayuno, y le aseguro que no será precisamente ella quien se lo haga tragar!
Antes de que alguien pudiese decir algo, tomó sus libros y salió del lugar. Inuyasha, aún somnoliento, suspiró. Genial, ahora la chica no tardaría en desquitarse con él. Volteó, ignorando al par que yacían estupefactos en el lugar y se fue, cerrando la puerta en el proceso.
El silencio reino entre ambos jóvenes. Se observaron de manera fugaz y ella agachó la mirada avergonzada.
-Lealtad hacia otro…- la exterminadora pegó un brinco al escucharle-… respeto y confianza hacia la persona amada…- terminó de susurrar el houshi, obligándola a levantar la mirada
Sango frunció el ceño ante su sonrisa- Eso no me basta…
-¿Eh? ¿Acaso quieres más que fidelidad, mi amada Sango?
- No, no se trata de eso. Yo sería feliz si al menos pudieses poner en práctica todo lo que acabas de decir…
-Pero… yo he procurado serte fiel en todo momento…
Los puños de la mujer se cerraron al instante. La furia invadió su mirada y el poco autocontrol terminó por morir en su garganta, ¡¿cómo podía ser tan descarado y decirle algo como eso?!
-¡Es usted un mentiroso!
Miroku parpadeó, con un rostro totalmente desconcertado - Yo no miento…
-¡Dice que es fiel pero…-hizo una pausa para tragarse el nudo de la garganta-… le pide a cualquier mujer que tenga un hijo suyo! ¡¿Acaso eso es fidelidad?!
-Es verdad pero… nunca lo he llevado a cabo… al menos no desde que te conocí, porque yo solo deseo que tú seas la madre de mis futuros hijos…
Sango enrojeció. Sintió que su estómago se contraía y una sonrisa bobalicona quiso apoderarse de sus labios por algunos instantes… pero la furia era más fuerte.
- ¡Pero las corteja e intenta tocarlas!
El monje suspiró – Lamentablemente son mis malos hábitos. A veces solo lo hago por costumbre, no porque desee hacerlo…-respondió serio y luego sonrió-… al fin de cuentas, desde que te propuse ser mi esposa sólo he tenido deseos de tocar únicamente tu cuerpo, mi amada Sango…
El rojo de su rostro, rápidamente se transformó en morado. Aquel hombre le estaba diciendo abiertamente que era a la única mujer que deseaba, sin embargo…
-¡Si como no! ¡¿Piensa que le voy a creer así como así?! ¡¿Acaso piensa que soy tonta?!
-Te amo, Sango…
La exterminadora se quedó quieta, hecha una piedra, muda por la impresión. Miroku aprovechó esos instantes para acercársele. Se sentó frente a ella y sus miradas se encontraron. Aquellos ojos violetas resplandecían de un sentimiento que la exterminadora supo interpretar casi al instante. Agachó la mirada, aún negándose tozudamente a aceptar lo que ella misma podía ver con claridad.
- ¿Cómo sé que eso es cierto?... –musitó con voz aguda
El joven monje levantó su mentón, mostrándole una de sus más sinceras sonrisas - Tendrás que confiar en mi… - se produjo un tenso silencio entre ambos-… ¿Confías en mi, Sango?
La exterminadora suspiró. Ese estúpido monje jugaba sucio. Miroku pudo ver el sin fin de emociones que remolinaban dentro de la joven, temiendo escuchar la respuesta que cualquier se esperaría, pero… contrario a lo que había pensado, la chica luego de un eterno silencio, sonrió de manera sincera y radiante.
-Tonto monje pervertido, e infiel…-susurró
- Lo soy… pero eso no responde a mi pregunta…
Sango suspiró otra vez- Por muy estúpido que suene, sí… lo hago, Miroku…
La pareja intercambió una pequeña carcajada, y el monje no tardó en abrazar a su futura esposa.
Kagome e Inuyasha observaron todo desde una pequeña abertura que el hanyou había dejado descuidadamente antes de irse.
La joven miko sonrió, ya repuesta de su mal humor.
-Esa es la fidelidad…
-Keh… eso es ser estúpido, Kagome…
Kagome lo miró y sonrió de manera risueña-…lamentablemente el amor es estúpido, Inuyasha
