CAPITULO 9: DESCANSOS DE BALLET. EXTENUAMIENTO.

Menuda semana pasamos en la reserva, al final Sam les dio permiso a los chicos de la casa para hacer las reformas y se pasaron la semana con gente viniendo y saliendo de la casa como si fuese normal ese trasiego, eso sí, no fueses a echar un ojo que no podías y tampoco te dejaban.

Se hacía raro que nadie pudiese entrar, pero finalmente, Holly regresó, estábamos patrullando por los alrededores, apenas fue un zumbido extraño, luego la melodía de música clásica en el aire... y finalmente su nombre.

"Holly vuelve a estar dormida." Oí decir suavemente.

"Después de una semana intensiva ya le toca descansar." Le dijo la voz del rubio. "Que la pobre no para de bailar y entrenar y volver a bailar. Menos mal que esos profes colgados y la compañía sectaria le han dejado unas semanitas de relax, para que se le recuperen los músculos."

"Carreras al amanecer, entrenamientos por las tardes…" Dijo la voz del moreno.

"Sí, pero a su bola, y si se cansa para, y si tiene hambre, para, y si se patina en una mancha de sudor, no le meten el pufo luego." Dijo la del rubio.

"Embry, carroza con fantasma a las 12 y 10." Me dijo Quil.

"¡Sí, voy!" Dije feliz. "Y por cierto, dejad de llamarla así."

Corrí y corrí hasta las inmediaciones de la casa donde me destransformé y mientras me acercaba, me fui poniendo los pantalones hasta que llegué al porche y me senté a esperar.

No me decepcionaron y no tardaron mucho, pero sin duda más de lo que esperaba.

Pararon el coche y oí que dentro se quejaban.

"No me digas que has estado montando guardia aquí todos los días." Me dijo el rubio mientras el moreno iba a abrir la puerta de atrás donde vi que Holly parecía un gato acurrucado en el asiento y durmiendo.

"Claro que no." Le dije. "Solo pasaba por aquí y me he parado un poco a descansar ¿acaso es ilegal?"

"¿Y no era mejor que esperases dentro?" Me dijo el moreno mientras el rubio le hacía apartar e iba a coger a Holly en brazos para sacarla y cerrar la puerta con un culazo.

"A ver, está claro que has venido a verla, así que… haz algo útil y entra." Me dijo el rubio suavemente. "A ver si dentro se le pasa el frío y se despierta, que venimos directos desde Sacramento en avión hasta Seattle y ahora en coche hasta aquí." Me dijo el moreno. "La pobre está muerta después de la última función, la fiesta de después, la espera al avión, el viaje en avión y ahora el de coche."

La verdad es que parecía una niña una vez más, iba vestida con falda y las piernas llevaba las zapatillas manoletinas y unos calentadores que salían bajo el abrigo gordo que llevaba siempre que hacía calor.

La vi tiritar, y sentí dolor al ver cómo la protegían los otros dos, cerré la puerta tras ellos y me di cuenta que tenía a los dos chavales mirándome mientras la chica rubia llevaba un pavo enorme en brazos en una bandeja.

"Estaba descansando en el porche, así que le hemos invitado a entrar." Les dijo el moreno mientras el rubio llevaba a Holly al sofá del salón.

"Holly, eh, venga, despierta… estamos en casa…" Le dijo acariciándole la cara suavemente.

Le vi intentando abrirle el abrigo y entonces sentí algo rugiendo dentro de mí.

"Aparta tus manos de ella." Le advertí.

"¿Eh?" Me dijo mirándome confuso.

"No la toques." Le dije.

"¿De qué vas tío?" Me dijo uno de los chavales mientras el rubio levantaba las manos.

"Cálmate." Me dijo el rubio. "No es lo que puedas pensar."

"Me da igual, pero no la toques, no le gusta que la toquen." Le dije.

"Muy bien, quítale tú el abrigo." Me dijo. "Y tócale la frente."

"Claro que le voy a tocar la frente." Le dije. "Si ella me deja, cuando despier…"

Un momento, algo no iba bien; le había rozado un poco la frente, pero estaba ardiendo. Le apoyé la mano por completo en la frente y miré a los tipos.

"El médico ha dicho que es sobre-esfuerzo." Me dijo el moreno. "Llevaba horas sin dormir, trabajando y forzando al límite. Han decidido darle dos mes de vacaciones, el verano entero, para que pueda recuperarse. No son vacaciones, es por su salud."

Salud. Estaba ardiendo, eso era malo.

"Voy a por hielo." Les dije incorporándome.

"Primero habría que quitarle el abrigo." Me dijo el rubio.

Vale, no podía decidir sola, a decir verdad parecía inconsciente si no fuese porque aún respiraba suavemente, como todo en ella.

Corrí a la cocina y saqué la barra de hielo, ahora había cubiteras con cubitos en forma de corazón, pero cogí la barra y piqué hielo en la bolsa de plástico que tenía para el congelador y la cerré para llevarla con cuidado de no tocarla yo hasta el salón donde le habían quitado el abrigo a Holly y la habían dejado con el bañador de la función, esta vez blanco en vez del negro que solía llevar en la reserva.

Casi atropellé a uno de los chavales cuando entré al salón y le puse a Holly la bolsa en la frente lo que la hizo quejarse en sueños.

"Anda que…" Me dijo el chico al que por poco atropello. "¿Aquí vivís en la época de las cavernas o qué?"

"Joe." Le dijo el rubio. "Chico, igual deberías… usar algo más médico."

"No me vengáis con monsergas, hay que bajarle la fiebre." Les dije. "Y lo único que sé así rápido es el hielo."

"¿Sabes algo de lo que tiene?" Me dijo el otro gemelo.

"No…" Sacudí la cabeza.

"Se llama extenuación." Me dijo el moreno poco preocupado viniendo con una especie de parche que frotó entre las manos antes de pasármela. "Quítale ese hielo y ponle esto."

"¿Cómo?" Le dije.

"Como una tirita." Me dijo para luego suspirar. "Primero extraes un parche frío del envoltorio y deje el parche sin usar dentro de la funda. Luego te aseguras de cerrar bien el precinto. Tiras de la lámina transparente separándola de la parte adhesiva…"

"Hecho." Le dije.

"Pues ahora le aplicas el parche frío sobre la piel, pero asegúrate que sigue limpia y seca." Me dijo desde la cocina. "Creo que es de su talla, pero si es necesario puedes recortar el parche frío a la medida adecuada."

No hacía falta, entraba justo.

"Ya está." Le dije. "¿Ahora qué?"

"Pues ahora a esperar un poco." Me dijo pasándome una taza de café humeante. "Puedes irte a casa, nosotros cuidaremos de ella."

"¿Y mañana qué?" Le dije. "¿Y si no le baja la fiebre?"

"El médico nos dijo que se le pasaría para mañana, pero que tenía que dormir." Me dijo el rubio suavemente. "Lleva tiempo forzándose, eso no es bueno. Por eso ahora tiene dos mes de vacaciones por navidades."

"Navidades son en diciembre." Le dije. "Estamos en noviembre."

"Pues eso, diciembre y enero." Me dijeron.

"¿Ya has cenado?" Me dijo la rubia.

"No, ya cenaré en casa." Le dije.

"Aquí hay asado, y si Holl no va a cenar..." Me dijo la chica entonces.

"¿Puede cenar?" Les pregunté.

"Podría, si se despertase, lo cual no es conveniente porque..."

Suficiente, había oído justo hasta que podía despertarse. La moví suavemente.

"Holly, eh, despierta." Le dije. "Oye, venga, tienes que cenar algo."

"Oye, déjala dormir." Me dijeron. "Es mejor que duerma y descanse."

"De eso nada, tiene que cenar." Les dije.

No me dejaron despertarla, y cuando se hizo más tarde, casi me echaron de casa, así que cuando entre en la mía, mi madre me echó una bronca increíble por no haber ido a cenar mientras veía a Jake en la cocina mirándome de arriba abajo.

No estaba para broncas, así que tras saludar a Jake me fui derecho a mi cuarto y me tiré en la cama, creo que mordí la almohada mientras me revolvía el estómago saber que Holly no estaba bien y nadie hacía nada por mejorarlo.

Decidí que al día siguiente iría a verla, y no iban a poder echarme.

Pasé mala noche imaginándome que de pronto todos en la reserva comenzaban a tener fiebre, cuando despertaba, pensé que era la impresión de la preocupación de ver a Holly enferma.

Suspiraba y me daba media vuelta, pero cada vez que dormía las desgracias volvían a mi mente, hasta que la última vez, soñé con una tumba abierta en la tierra, Emily lloraba contra Sam y las bailarinas estaban allí, entonces me asomé al ataud y me desperté de golpe al ver quién lo ocupaba.

Desperté jadeando y casi gritando, tenía la mano estirada y estaba empapado de sudor, miré alrededor confuso, no había salido de mi cuarto y fuera debía ser ya de día, el amanecer; miré el reloj de mi mesilla y vi la hora: las 8, no era muy pronto ni muy tarde, así que salí por la ventana y corrí a casa de Holly.

No me contestaron, así que aporreé con más fuerza pero no vino nadie.

Comencé a agobiarme y fui corriendo alrededor hasta que econtré la venta de los cuartos, estaban vacíos. Me colé por la puerta de atrás y entré dispuesto a ver qué pasaba, recorrí la casa entera pero no había vida dentro.

Y de pronto, sonó el teléfono sobresaltándome.

Al principio no lo cogí y saltó el contestador.

"A ver, chaval." Oí la voz del moreno. "No sé cómo has entrado en la casa pero ya estás largándote. Como has podido comprobar, no hay nadie en casa y vamos a tardar."

Un momento. ¡¿Me estaban viendo?!

Me giré deprisa y busqué al espía, pero no vi nada.

"No intentes encontrarme." Me dijo. "Estamos camino al hospital. Vete a casa y métete en tus asuntos."

Corrí a descolgar el auricular.

"¡¿Qué le habéis hecho a Holly?!" Le rugí. "¡¿Qué le ha hecho la mestiza?!"

"Valeria no le ha hecho nada." Me dijo. "La fiebre le subió y la hemos llevado al hospital, ya te diremos algo cuando sepamos algo." Afirmó antes de que se cortase la línea.

Aquello era raro, no me moví hasta que no llamaron a la puerta y vino Sam a sacarme de allí, me dijo que no pasaba nada, que todo iría bien, pero yo no podía olvidar la última pesadilla que había tenido, en la que en el ataud de la tumba recién excabada estaba Holly, muerta.

(Salto espacio-temporal)

Pasaron un día, y volví a la casa, pero seguía vacía, esta vez no hubo llamada, me quedé en el sofá hasta que de nuevo vino Sam.

El segundo día fui al colegio y pasé por su despacho, pero estaba vacío y cuando volví me volví a colar en la casa y me tumbé en el sofá donde ella estuvo tumbada.

El tercer día la rutina se repitió, entré en la casa, fui a trabajar, miré si estaba, no estaba, fui a la casa y me tumbé en el sofá.

El cuarto día, el quinto... los días se convirtieron en una semana, la semana en una quincena... y cuando ya me planteaba ir al hospital a verla aunque se pusiera quien fuera por delante...

"Embry." Oí la voz de Carlisle al otro lado del teléfono.

"¿Carlisle?" Le dije.

"Jacob me ha contado algo." Me dijo. "¿Buscas a una chica llamada Holly McAllister?"

"Sí, desapareció hace casi dos semanas de su casa." Le dije preocupado.

"Está en el Jefferson de Philadelphia." Me dijo. "Parece ser que las cosas se complicaron."

"¡¿Filadelfia?!" Dije confuso. "¡¿Qué hace en la otra punta de los Estados Unidos?!"

"A ver, tranquilizate un poco." Me dijo. "No es nada demasiado grave, ya está siendo tratada y pronto estará recuperada. El problema va a ser más bien las secuelas que le puedan quedar."

"¿Secuelas?" Pregunté preocupado.

"Su novio nos ha dicho que hace ballet, Rosalie afirma que es buena, la vio hace un tiempo en una representación en Port Angels y hace más en NY; el problema es que va a tener que pasarse una temporadita sin hacer demasiados esfuerzos. Eso significa que nada de ejercicio físico continuado, aunque podrá seguir haciendo footing, pero nada de estar entrenando mañana, tarde y noche para dormir poco y volver al ejercicio."

Me había quedado en que nada de ejercicio físico demasiado fuerte.

"Espera, no puedes ir en serio." Le dije. "No puedes quitarle el ballet, es… para ella es toda su vida, no puedes decirle que lo deje."

Vale, no podía entender su estilo de vida, pero tenía muy pero que muy claro, clarísimo, que para ella el Ballet era toda su vida. Holly pasaba más de 5, entre 5 y 6 octavos del día dedicada al ballet, y el resto era lo que dormía y trabajaba. Si le quitaba eso…

"Embry, la cosa es seria." Me dijo. "Será solo un tiempo, pero si no lo hace..."

"Si no lo hace… qué." Le dije con cierto temor y duda.

"Si no lo hace podría tener un coma." Me dijo dejándome blanco como la leche, guardó unos segundos de silencio y continuó. "La fiebre que tenía no era causa solamente de la extenuación. Ha estado forzando su cuerpo al límite, parece ser que lleva una dieta rigurosa y un estilo de vida bastante duro. He podido hablar con unas compañeras suyas y una señora de mediana edad un tanto… gruñona. Las chicas me han dicho que siempre era la primera en llegar a ensayar y siempre era la última en irse. Eso ha provocado que su organismo vaya degenerando y le ha causado unos problemas cardiacos."

Oh, no. Eso sonaba como lo de Harry Clearwater, problemas cardiacos. Vale, estaban provocados por diferente causa, pero… todos sabíamos como había acabado Harry. ¿Y si le pasaba a ella, y si Holly tenía un ataque también?

"Y por eso…" Continuó su charla que yo me había perdido pensando en mis cosas.

"Carlisle, que no se mueva de allí." Le dije. "Voy a coger un par de cosas y voy a avisar a Sam para que lo sepa. En cuanto pueda estoy allí." Afirmé sin darle tiempo a que me dijese que era una tontería, locura o algo así.

Mientras metía de mala manera en mi exmochila de clase un par de mudas, unos vaqueros extra y un par de camisetas con un par de deportivas y calcetines para por si acaso y me cogía identificación y mi cartera con lo poco que pudiera llevar en ella, oí que me llamaban varias veces al móvil, pero no lo cogí. Debía ser Carlisle, y si lo cogía probablemente acabase convenciéndome de que abandonase la idea de ir hasta Philadelphia solo solamente para ver que Holly estuviese bien.

Ahora que caía, era todo una locura. Yo, cruzándome varios estados para ir a comprobar que una chica estaba bien… era absurdo, una locura; sin embargo, no podía parar de recoger las cosas hasta que hice un petate con todo lo que podía necesitar, entonces salí de mi cuarto y fui a la cocina. Por suerte mi madre estaba en la tienda, así que me ahorraría el show de irme contra su voluntad. Cogí un papel y garabateé una nota diciendo que estaría fuera unos días en una excursión en moto y que volvería cuando acabase, que no se preocupase y todas esas cosas que se suelen decir cuando te vas de viaje con los amigos para desconectar un poco.

El resto lo tenían más fácil, en sus casas sabían qué eran, bastaría con decirles que iban de misión fuera de la reserva y nadie les diría nada; pero yo no había querido decirle nada a mi madre, prefería que pensase que era un adolescente conflictivo y todo eso, total, me daba igual…

Salí de casa corriendo y fui al garaje a cogerme la moto, estaba llena de polvo, pero tiraría al menos hasta que pudiese llenar el depósito en una gasolinera.

De casa fui a casa de Sam y Emily y le conté a Emily lo que pasaba puesto que Sam había salido a atender una urgencia en la reserva. Obviamente se asustó e intentó disuadirme de que me cruzase los Estados Unidos de costa a costa en moto; pero no pudo hacer nada, salí de la reserva probablemente antes de que nadie supiese que me había ido o que a Emily le diese tiempo a avisar a nadie, crucé Forks sin problemas y solo paré en la gasolinera que había entre este y Port Angels, allí llené el depósito a tope y me clavaron un pico, pero el depósito me duró bastante.

El viaje se me hizo eterno aunque me llevó relativamente poco puesto que prácticamente avancé en línea recta por ser moto con neumático de monte y acortar por caminos de monte evitando así controles policiales y algunas poblaciones. No dormí ni paré en todo el viaje salvo a repostar y acabé llegando a la ciudad de Philadelphia donde sí que paré.

Pregunté a varias personas cómo llegar al hospital y al final acabé siguiendo a una ambulancia que me crucé en el camino y que me llevó hasta el hospital.

Aparqué la moto, le puse una cadena y un candado que llevaba encima para evitar robos y casi me estampé en el mostrador de información al entrar corriendo.

"Disculpe, busco a Holly McAllister, es una chica joven, rubia, albina y con gafas." Le dije.

"Coja aire, por favor." Me dijo la chica mientras consultaba las listas. "McAllister, McAllister… No tenemos… oh, ya veo." Dijo de pronto. "Habitación 407, es…"

"Muchas gracias." Le dije para salir casi corriendo al ascensor antes de que se cerrase y pulsar varias veces el botón del 4º piso.

Salí antes de que se acabaran de abrir las puertas en el piso y resultó que allí estaban las 300 a 360, así que casi volé escaleras arriba hasta la siguiente planta donde por fin encontré las 400 a 460 y casi corrí por el pasillo casi atropellando a una enfermera hasta encontrar la habitación 407 y jadear un poco antes de recuperar la respiración más o menos normal y llamar a la puerta para entrar tras asomar un poco la cabeza.

Estaba sola y parecía dormir, así que entré y me senté junto al bulto que hacían en las mantas y apoyé la mano en un lado de la cama mirándola.

"Menos mal que estás aquí." Murmuré. "Es… dios, me diste un susto de muerte cuando desaparecisteis así…"

Me costaba respirar, así que me callé unos segundos para recuperar el aliento y la observé.

Parecía igual de pequeña y desvalida bajo las sábanas, su pelo claro se extendía un poco por la almohada y parecían pequeñas hebras argénticas.

"Holl, es… no sabes el susto que me di." Le dije. "Estaba a punto de ir a todos los hospitales para ver si estabas allí… En serio, si no me hubiesen llamado para decirme que estabas aquí yo no… me hubiese vuelto loco…" Le confesé extrañándome de que esas palabras saliesen de mi boca.

Sin embargo, eran verdad, si no hubiese sabido donde estaba me hubiese vuelto loco, no podía no saber dónde estaba, si estaba bien, porque la última vez que la había visto estaba mal.

Estuve hablándole un buen rato hasta que entró Carlisle.

"¿Qué haces aquí?" Me dijo confuso.

"Shh… no hables tan fuerte." Le dije suavemente. "Está dormida."

"No, si no lo dudo." Me dijo. "La señora Weitzner es mayor y duerme mucho tiempo."

"¿La señora Weitzner?" Dije confuso.

"Muchachito, si yo fuese tu Holl te aseguro que me hubiera derretido con esas palabras." Me dijo la anciana saliendo bajo las mantas.

"Lo siento señora, es… no se ofenda, pero no era para usted." Le dije.

"Si has venido a buscar a Holly McAllister me temo que no está aquí." Me dijo.

"¿Cómo que no está aquí?" Dije confuso. "¿A dónde os la habéis llevado?"

"Calmate un momento." Me dijo gesticulando con las manos. "No nos ha hemos llevado a ningún lado. Le están haciendo pruebas, solo eso."

Pruebas, suspiré un poco más tranquilo; pero lo de que le tuvieran que hacer pruebas tras más de 15 días allí no me calmaba lo más mínimo.

"¿Qué pruebas?" Le dije.

"Esta mañana han encontrado algo raro en su sangre, así que le han hecho una radiografía y creen que podría tener algo más gordo." Afirmó mientras movía a la señora mayor para hacerle lo que parecía un control rutinario.

"¿Cómo de gordo?" Le dije preocupado.

"Podría tener un osteosarcoma." Me dijo. "Además de tener anemia y síntomas de sobre-extenuación cuando vino aquí."

"Anemia, eso lo entiendo, come fatal y dice que es por su dieta para el ballet." Le dije analizando lo que había dicho. "¿Qué es eso del osteosarcoma?"

"Cáncer." Afirmó. "En el fémur. Si no está muy avanzado igual podría salvarse con quimioterapia y cirugía. El problema es…"

"El ballet." Murmuré suavemente.

"Exacto." Asintió suavemente. "Por lo que dices es su vida, pero si lo del osteosarcoma se corrobora… no va a poder seguir con eso en una temporada, por no contar con que tendría que tomar tratamientos de quimioterapia cada semana, más o menos."

No, aquello no podía ser cierto, era…

"¿Dónde están los acompañantes?" Me atreví a murmurar.

"Con ella." Me dijo. "Los jóvenes estuvieron durmiendo y el chico moreno y la chica se los llevaron al hotel donde están alojados. Su novio rubio está esperándola en el área de espera."

El rubio, eso me hizo rechinar los dientes. Su novio…

"Embry, deberías calmarte." Me dijo Carlisle. "Estás… temblando."

"Como pille a ese tío…" Murmuré entre dientes.

"No estás reaccionando con cabeza." Me dijo Carlisle. "Vamos, será mejor que salgamos de aquí."

"No me voy a ir a ningún lado sin ver que Holly está bien." Le dije soltándome.

"Está bien, vamos, te llevaré a la salida que tiene que usar." Me dijo.

No hizo falta que me rogase, le seguí sin rechistar hasta que se paró y me choqué contra él.

"Ah, doctor." Le dijo el rubio.

Fui a cogerle por el cuello pero antes de poder alcanzarle siquiera, me paré de golpe al sentir 1 mazazo en toda la cabeza al ver qué traía entre manos junto a un enfermero.

"Holl…" Murmuré sintiendo que me iba a estallar la cabeza y mi ira se quedaba por los suelos.

Estaba demasiado pálida, tenía ojeras y parecía asustada de nuevo.

"Holl, te he… ¿qué tal estás?" Le pregunté tras replantearme el contarle la verdad.

"Bien…" Murmuró suavemente. "¿Qué…?. ¿Cómo te has…?"

"No importa, el caso es que estás aquí." Le dije. "¿De verdad que te encuentras bien?"

"Sí." Dijo casi susurrando. "¿Por qué…?"

"Nada, pero no te ofendas, tienes mala cara…" Le dije susurrando y intentando que sonase a broma.

"¿Quieres quedarte con ella?" Me dijo el rubio. "Así el doctor y yo hablamos."

Ni le contesté, simplemente asentí mirando a Holly. Realmente no tenía buena pinta para nada, sobre todo contando con que para verla cara a cara tenía que agacharme puesto que iba en silla de ruedas.

"¿Llevas mucho aquí?" Le dije.

"Una semana." Me dijo suavemente tras dudar. "Y 4 días."

Once días de 16, era doloroso.

"Entonces supongo que no te importará enseñarme un poco esto." Le dije intentando sonreír a pesar del dolor dentro de mí; por lo del novio rubio, por cómo la veía, por el dolor que parecía tener antes de verme y la sorpresa cuando me vio…

"Holly, igual podrías llevarle a la sala de espera." Le dijo Carlisle sonriéndole. "Según recuerdo te gustaba el chocolate de la máquina."

Ella asintió y le murmuró que prefería café, Carlisle la oiría, pero solo sonrió y le pidió que hablara más alto porque no había podido entenderla.

"Yo…" Dijo.

"Creo que prefiere café." Acabé yo cuando ella se cortó.

"Ah, no puedes." Le dijo Carlisle. "Aún tienes que hacerte unas pruebas, además, nada de estimulantes para ti." Añadió sonriéndole y haciéndole un gesto confidente. "Embry, nada de café ¿te ocupas tú?"

"Déjalo en mis manos." Le dije para cogerle la silla a Holly y empujar. "Se ruega a los pasajeros que metan los brazos al regazo, está prohibido sacar los brazos o piernas de la atracción, comer y beber también está prohibido. Y ni se te ocurra fumar ¿ok?"

Asintió confusa y entonces sonreí y comencé a empujar.

"En… marcha." Le dije. "Carlisle, luego me cuentas. Os esperamos en la sala de espera esa. ¿Por dónde capitana?"

"Derecha." Murmuró.

"Me da la impresión que la chica hace lo que quiere con él." Oí decir al rubio.

"Me parece a mí que está improntado." Le dijo Carlisle.

"Para el carro matasanos que eso son ya palabras mayores." Le dijo el rubio.

"Izquierda." Murmuró entonces mientras perdía de oído las dos voces.

Era curioso, porque por poco la estampo contra una camilla, por suerte giré a tiempo y entonces me estampé contra su espalda y cuando paramos me di cuenta de que había puesto el freno de la silla y se miraba las manos como si le dolieran.

"¿Pero qué haces? A ver esas manos…" Le dije extendiendo la mano ante ella para que me diese sus manos y verla. "Pero bueno, si te las has rozado y todo… Tsk, para qué has parado la silla."

"La sala." Me dijo suavemente señalando a la derecha.

Entonces me giré suavemente. La sala de maternidad, o como quiera que se llamase, donde estaban las cunas con los bebés.

"Son bebés." Le dije.

"Es bonito verles." Me dijo quitando el freno para girarla y ponerse frente al cristal y ver los bebés.

Con cuidado me puse junto a ella y miré dentro. Estaba lleno de bebés en cunitas y cestas, etiquetados en el pie, y la mayoría durmiendo; era un peñazo, hasta que la miré a ella, parecía que se le iluminaba la mirada tras las gafas. Entonces sonreí y me quedé allí, me daban igual los niños, pero su cara era bonita; tanto que por un rato se me olvidó que aquello era un hospital, que habían llevado allí a Holly porque estaba peor y que talvez, solo talvez, tuviera cáncer en un hueso. Simplemente sonreí viéndola mirar a aquellos bebés recién nacidos con aquellos ojos brillantes de alegría; y aún con silla de ruedas y todo me pareció la chica más bella del mundo.