¡OH POR DIOS! No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado sin pasar por esta historia hasta que una lectora me lo hizo saber y me dio tanta tristeza que casi me eché a llorar, no tienen idea.
Creo que realmente no tengo palabras para describir el cúmulo de emociones que tengo dentro al ver la cantidad de comentarios que esta historia ha logrado y la mucha vergüenza que me da no haberla seguido en el momento justo. Quizás muchos de ustedes ya ni quieran leerla, pero yo prometí no dejar nada sin terminar y, a pesar de que no les prometo próximos capítulos pronto, les traje la continuación que pude escribir cuando la motivación de leer de nuevos sus comentarios, me trajo.
MIL GRACIAS A TODOS USTEDES POR SUS COMENTARIOS, FOLLOWS Y FAVS, no saben lo mucho que eso significa para cada escritor, les agradezco mucho TODO. Les pido que me disculpen, no tengo excusa aunque sí razones pero aquí les dejo la continuación, espero de corazón que les guste.
Nota: VOY A TERMINAR ESTA HISTORIA así sea lo último que haga, lo juro. Pero antes terminaré otra que empecé hace poco y con la cual estoy muy entusiasmada, se llama Destino y les invito pasar a leerla. Una vez haya terminado aquel fic, retomaré este y les daré el final que merecen.
Sin más que añadir, y pidiendo de nuevo disculpas y dando las gracias, espero les guste este capítulo.
Capítulo 10.
-Ino-
-Señorita, los exámenes están listos, disculpen que hayamos tardado tanto, el proceso ha sido exceptuante y…
-Al diablo con eso, doctor, ¿qué arrojó?
-Positivo.
El alma se me fue a los pies. Dejé de respirar, me sentí palidecer y me tuve que apoyar del respaldo de la silla para no caerme al suelo aún estando sentada.
Positivo.
Esto no era bueno.
-Sakura-
Mi mente quedó en blanco unos segundos. No estaba lista para verlo. No debía verlo. Mantuve la calma, tratando de pensar hasta que sentí las manos de Itachi sobre las mías.
-Sé que no quieres verlo, trataré de… -Lo detuve.
-No, quizás no venga o quizás sí, pero si lo hace, hablaré con él. Solucionaré esto de una vez por todas. –Me sorprendió la fuerza que tuvieron mis palabras y sentí que, después de mucho tiempo, estaba haciendo algo bien. Le sonreí con confianza, para que supiera que todo estaría bien, no podría estar peor, de todos modos. Me sonrió en respuesta, visiblemente aliviado.
-Está bien, tienes mi número aún, ¿verdad? Puedes llamarme cualquier cosa, yo soy tu amigo, Sakura, realmente espero que lo sepas. –Asentí y tomé su mano.
-También soy tu amiga, Itachi, pensaré en todo lo que has dicho y lamento todo lo malo, últimamente trabajo por impulsos y no he estado bien con ello. Te llamaré. –Lo tranquilicé con mis palabras.
-Eso es. Ahora debo irme, Tenten está histérica en la empresa, desde que te fuiste todo recayó sobre ella y se está volviendo loca. –Hice una mueca recordando las llamadas que no contesté a la morena e hice una nota mental de pedir algunas disculpas.
-Anda, ve. –Lo acompañé a la puerta y antes de que diera más de tres pasos, le llamé –Itachi… -Giró sobre sus talones. –Gracias por venir. –Se relajó visiblemente ante mis ojos y caminó los pasos que nos separaban para abrazarme. Un abrazo leve pero fuerte, le correspondí y sentí el alivio cruzar mi cuerpo, olvidaría todo lo que había pasado con él, porque simplemente no necesitaba más problemas. Terminé de despedirlo y cerré la puerta principal.
Caminé y me senté en el mueble, mirando la maleta llena en la esquina. Algo me decía que Sasuke no vendría hasta acá, y otra cosa lo pedía a gritos. Lo extrañaba tanto… No seas estúpida, Sakura, ya basta. Me regañé mentalmente.
-Lo está perdiendo, Sakura, él realmente lo está perdiendo… mintió a su esposa… No ha estado bien…
¿Cómo debería tomar todo eso? Tomé mi cabeza con ambas manos, buscando una respuesta lógica a todo este desastre.
"Porque te quiero, Sakura. Te quiero y no puedo evitarlo."
El recuerdo llegó a mi mente como un rayo. Abrí desmesuradamente los ojos, buscando el rostro de Sasuke en mi mente tras decirlo… ¿Y si era cierto? Recordé su mirada de horror cuando no le creí y sentí una angustia asfixiante en el pecho casi dolorosa. Él no podía estar diciendo la verdad… ¿cierto?
Tomé mi teléfono y miré la hora, aún era temprano. No dudé, marqué el número de Sasuke, aún cuando ya no lo tenía en mi directorio me lo sabía de memoria, pero no tardó mucho para que me mandara al buzón. Ni siquiera tuvo tono, estaba apagado. La angustia crecía a cada momento y me sentía inquieta. ¿Qué hago?
Me quedé sentada en silencio marcando un par de veces más y no pasaba nada. No hubo golpes en la puerta ni llamadas en mi teléfono. No había rastro de Sasuke en mi vida.
Fijé mi mirada nuevamente en la maleta y el cúmulo de emociones me asfixió.
-Cálmate, Sakura, tienes que calmarte… -Susurré al aire. Lancé el aparato un poco lejos de mí y acabé quedándome acostada en el sofá.
Sinceramente no sabía qué hacer. No paraba de pensar en él pero también pensaba en Ino y en su bebé, ¿cómo pude involucrarme con él? Cerré los ojos cuando los recuerdos de un encuentro invadían mi mente y quise gritar de la frustración.
-¿Alguna vez has sentido que hacer algo malo se siente realmente bien?
-No entiendo su pregunta. –Estaba sacando las copias sin mirarlo realmente.
-Sé que la entiendes. –Se había acercado y me estaba susurrando al oído.
-Ni lo intente, señor Uchiha. Guarde distancia, por favor. –Él sonrío con toda la gracia del mundo y se alejó con pasos graciosos, como si no fuese alguien importante en esta empresa. Como si yo fuese la importante.
No pude evitar sonreírle a las páginas que tenía en la mano.
Si hubiese sabido que todo iba a terminar así, me hubiese detenido desde el primer momento pero ni siquiera sé bien cómo empezó. Sólo que no entendía entonces… ¿por qué Sasuke le miente a Ino? ¿Por qué le afecta tanto todo esto?
¿Me querrá? Pero… ¿cómo? Esto es una locura. Golpee mi frente con todo mi brazo y tapé mis ojos, cerrando fuertemente los mismos, enloqueciendo con tantos pensamientos juntos.
¿Qué se supone que debo hacer, decir o pensar? ¿Quién tiene tantas respuestas?
Me senté de nuevo y miré el techo, el teléfono estaba igual que antes y yo me estaba desesperando. Tenía que hacer algo, si me quedaba viendo estas cuatro paredes me iba a volver loca, ¿pero qué podr…?
Mis pensamientos desesperados se esfumaron cuando escuché los golpes en la puerta. Golpes desesperados y fuertes. Empalidecí y me congelé.
-Sakura… -Fue apenas un hilo de voz que se escuchó al otro lado de la puerta pero no había podido evitar oírlo. Era Sasuke.
Casi corrí a la puerta cuando seguí escuchando sus susurros y la abrí. Lo que vi me dejó helada en el sitio.
Nunca, jamás me imaginé ver a Sasuke Uchiha en esas condiciones. Un pantalón de Jean, una camisa de algodón blanca y el cabello más revuelto que nunca. Parecía regresar de montar caballo.
-Sasuke. –Fue todo lo que pude decir y sus ojos estaban tan tristes y vacíos que ya no supe qué me entristeció más.
-¿Puedo… puedo entrar? –Su pregunta apenas fue audible para mí por la distancia en la que estábamos. –Sé que te dije que te dejaría ser feliz, maldita sea que sí, me lo juré a mí mismo y sé que soy un egoísta pero... Dios, no puedo seguir así. Yo… -Se estaba asfixiando entre los susurros y las vecinas estaban empezando a abrir sus puertas, imagino que por el sonido de los golpes en la mía, más él no notó que lo estaban viendo. Me incomodé un poco, mirándolo. –Te extraño, Sakura. Con un demonio que sí lo hago. –Mis ojos se abrieron como platos y un dolor angustiante se movió en mi pecho. Me hice a un lado para dejarlo pasar y cerré la puerta antes de que siguiera dando un espectáculo a esas viejas chismosas.
-Sasuke, ¿qué estás haciendo exactamente aquí? –Quise que la pregunta sonara acusatoria pero no pude, estaba tan fuera de mí. Los pensamientos se agolparon en mi interior, todos al mismo tiempo y ya no sabía en cual detenerme. Me estaba volviendo loca.
-Te extraño. –Él seguía diciéndolo y pude ver en su mirada algo que no supe descifrar pero no estaba bien, él estaba tan mal como Itachi había dicho.
Pero entonces recordé a Ino y a su bebé y a lo que él estaba haciendo y a lo que yo estaba haciendo y quise retroceder el tiempo y echarlo de mi casa antes de que pudiese entrar.
-Mira, Sasuke –Tomé una respiración profunda y fruncí el ceño. La ira estaba volviendo. –No tienes ningún derecho de… -Pero no pude seguir.
-¿Qué haces con esas maletas? –Ahora él había elevado la voz y estaba viendo las mismas estúpidas maletas que Itachi también había notado. Dirigió su mirada de nuevo a mí y en dos pasos tenía mi rostro entre sus dos manos. Tomé sus muñecas sin poder alejarlo. -¿Te vas? –Desesperación surgió de sus labios, sus ojos estaban temblorosos y sus manos tensas. Respondí con la poca determinación que su cercanía me permitía tener.
-No es tu problema, Sasuke, ahora suéltame y sal de mi casa. –Me miró como si estuviese loca.
-No puedes irte, Sakura, no puedes. –Pero ¿qué?
-¿Qué diablos pasa contigo, imbécil? ¡Claro que puedo! No es tu problema lo que haga o deje de hacer, ¿qué acaso no había quedado claro que te quería lejos de mí? –Pude soltarme de su agarre a medida que iba subiendo la voz y toda mi fuera de voluntad había vuelto. Yo no sería parte de esto, ya no más.
-¡No puedes irte, maldición! ¿Qué acaso no escuchas que te extraño? ¡Te necesito! ¿Entiendes eso?, lo intenté, Sakura, ¡lo intenté! –Ahora estaba gritando, caminando alrededor de sala, mareándome.
-¡Tú no tienes ningún derecho de extrañarme o necesitarme, idiota! Tienes una esposa y pronto tendrás un hijo, ¿qué acaso eso no es suficiente para ti? ¡Déjame en paz! –A esas alturas ya todo el edificio debía de estar oyendo mis gritos. Estaba desesperada.
-¡Sí lo tengo! Te lo dije, Sakura, te lo dije. ¡Te quiero! –Volvió a gritar ahora más fuerte y sentía que quedaría mudo. Pero muda quedé yo al oír su última exclamación. Quise enfurecerme de nuevo, porque seguía sin creerlo, más sin embargo esta vez el beneficio de la duda se estaba expandiendo dentro de mí. Reparé mejor en él.
La ropa, el cabello, las ojeras bajo sus ojos, la desesperación de sus gritos, el vacío en sus ojos. Lucía a punto de echarse a llorar. Dio un paso hacía mí, yo retrocedí dos.
-Deja de mentir. –Mi voz salió en un susurro demasiado bajo. –Por favor, deja de mentir, me estás lastimando. –Él dio otro paso dudoso hacia mí y yo me quedé estática. Avanzó más rápido, haciéndome esta vez retroceder por la desesperación de saber que debería tenerlo lejos pero a sabiendas que lo necesitaba cerca.
-No te estoy mintiendo, Sakura, lo juro, te lo juro, te quiero. –A esas alturas estaba pegada a la pared con Sasuke y sus brazos a ambos lados de mi rostro y el suyo propio inclinado hacia el mío, casi rozando nuestras narices. –Te quiero, Sakura. –Cerré los ojos para no ver más los suyos que me gritaban una verdad que no podía aceptar, él no se podía enamorar de su amante, no cuando tenía a una bonita rubia a su lado. Ella lo tenía todo, yo sólo era un juguete. Pero ya no me quedaban fuerzas para golpearlo.
-Por favor, vete. –Sentí su respiración agitarse y bufó. Su aliento se mezcló con el mío y no pude evitar temblar.
Él lo notó.
-No quieres que me vaya, lo sé. –Abrí los ojos cuando sentí que dejaba mi rostro y vi que estaba bajando ambos brazos por mis costados hasta posarlos en los míos propios. Di un respingo al sentir eso.
-Vete. –No tenía fuerzas para empujarlo, no tenía fuerzas para nada en lo absoluto, estaba perdiendo la batalla, estaba siendo egoísta de nuevo.
-No lo entiendes, Sakura, yo no soy feliz con ella. –Su rostro estaba aproximándose más al mío, tanto que nuestros labios estaban rozándose mientras hablaba. –Lo juro, Sakura, no te estoy mintiendo.
-Sasuke, por favor… -Mis ojos a esas alturas ya estaban cerrados de nuevo, mi respiración agitada y mi cuerpo tenso, como el suyo.
Él no respondió sino pasados unos segundos. –Sé que también me has extrañado. –Apreté más mis ojos y cerré las palmas formando puños.
-No es cierto, y ahora aléjate. -Levanté mis brazos para empujarlo retomando un poco de fuerzas pero él fue más rápido y me abrazó, inmovilizándome.
-Claro que sí, y te lo voy a demostrar. –No me dio tiempo de responder cuando ya su boca estaba en su totalidad sobre la mía. Forcejeé durante unos segundos, tratando de alejarlos de mí, de separar nuestras bocas pero el corazón me había ganado la batalla.
Ya no lo quería lejos, lo necesitaba. Así que me dejé vencer, más tarde podría volver a recriminarme y quizás asesinarlo por todo esto, pero justo ahora, con sus labios sobre los míos, lo único que quería era un poquito de paz.
Perdí la batalla por completo.
Mi cuerpo se relajó y me sentí desfallecer cuando separé un milímetro mi rostro del suyo con tranquilidad y acomodé mejor mi cara, esta vez besándolo yo con calma, sin prisas, con amor.
Sasuke se relajó también, liberando un poco mis brazos para acomodarse mejor, tomándome de la cintura y profundizando el beso.
Pasamos de besarnos suavemente a algo más desesperado. Sasuke me había tomado por las rodillas para elevarme y tuve que sostenerme fuerte de su cuello hasta que acomodé mis piernas alrededor de su cintura, sintiéndome desfallecer al notar que él estaba sudando.
Jadeé un poco por encima de su boca cuando su cinturón me rozaba zonas sensibles por sobre mi tela suave y me tuve que morder el labio inferior cuando él separó sus labios de los míos para bajar por mi quijada hasta mi cuello.
Sentí que afianzó más sus brazos a mi alrededor y empezó a caminar, haciendo que mi cuerpo saltara un poco sobre el suyo, sintiendo que con cada paso que daba hacia mi cuarto, otro más daba yo hacia el infierno.
Alejé los pensamientos cuando me dejó caer sobre la cama y él se afincaba hacia mí, sin acostarse encima, sólo apoyado en sus rodillas y manos viniéndome desde arriba.
-¿Te he dicho que eres hermosa? –Mi corazón se detuvo y al segundo bombeó el doble de sangre, latiendo tan fuerte que sentí que ya no podría respirar.
-No. –Le devolví el susurro y él flexionó los brazos a ambos lados de mi cabeza para bajar un poco y besarme. Esta vez de nuevo lento hasta que su lengua se abrió paso, jugando un poco con la mía.
-Lo eres. –Susurró sobre mi boca.
Me estaba besando como nunca antes, como si no hubiese barrera entre nosotros, como si por fin estuviese relajado conmigo. Me vi sonriendo un poco con los ojos cerrados aún con sus labios sobre los míos y se separó para verme. Abrí los ojos y vi que tenía la pregunta a punto de salir de sus labios pero yo no tenía una respuesta para ella, así que me apoyé un poco en mis codos y lo besé, cayendo de nuevo en la cama con todo su cuerpo, por fin, sobre el mío.
Sus piernas entre las mías. Una de las mías por encima de su cintura, haciendo que nuestros sexos se rozaran por sobre la ropa y mis manos jugando con su desordenado cabello. Esta vez si me vi riendo por lo desarreglado que estaba y de nuevo Sasuke me miró.
-¿Qué es tan gracioso, eh? –Reí un poco más al ver su genuina vergüenza, pensando que me estaba riendo de él.
-De ti. –Disfruté ver cómo fruncía el ceño y reí, viendo como él también reía y me besaba fugazmente.
-Pensé que nunca más te vería reír así. –Se había puesto serio y yo, tras sus palabras, también. Un pinchazo de culpa.
-Sasuke, esto no… -Me besó de nuevo para callarme.
-Shhh, Sakura. Ya hablaremos, te explicaré todo, pero por ahora, por favor, sólo haz silencio. –Me relajé apenas un poco hasta que sentí como me besaba. Aún tensa, me dejé arrastrar de nuevo hacia ese cúmulo de emociones que todo su cuerpo estaba haciendo que yo experimente y quise dejar de pensar, quise confiar de nuevo en él.
Y a pesar de que no pude en ese momento, con su mano subiendo por dentro de mi camisa hacia mis pechos, no importaba la confianza ni la culpa, no importaba nada, sólo nosotros.
Y no pude evitar fijarme en que me estaba haciendo el amor de forma distinta esta vez.
Me relajé por completo, jugando de nuevo con su cabello con mi mano izquierda y acariciando su espalda con la derecha, disfrutando sentir como se estremecía ante las yemas de mis dedos por sobre su camisa.
Camisa que estaba estorbando.
Me separé de sus labios y lo empujé un poco para con ambas manos quitarle esa camisa que ya me estaba molestando. Oí su risa entre dientes y me mordí los labios con fuerza porque la luz estaba encendida esta vez y no sabía qué hacer cuando no era rápido como las otras veces.
-Con calma, preciosa. Sin apuro. –Me volvió a besar, ya sin su camisa y su mano –la que aún seguía dentro de mi prenda- seguía acariciando mi vientre hasta que decidió subir un poco más que antes y acunó mi seno izquierdo con dulzura. Casi me sentí desfallecer por ese simple contacto.
-Sasuke… -Murmuré entre dientes porque esta vez estaba siendo todo diferente y porque las sensaciones me estaban asfixiando.
-Tu ropa también estorba. –Escuché sus palabras mientras abría los ojos para ver como quedaba arrodillado entre mis piernas y tomaba el borde de mi camisa para subirla poco a poco, dejando a la vista un sujetador color rosa, para nada sexy y simple. Me avergoncé un poco por la prenda ya que las veces que estuvimos juntos siempre llevaba encaje y a él solía encantarle.
Quizás me leyó los pensamientos pues después de ver unos segundos mis pechos cubiertos por la fina tela, me sonrió de forma pícara y relajada. Casi lucía como un adolescente.
-Buena elección. –Me mordí el labio con fuerza para no reír en ese momento y me senté de una en la cama para besarlo. Él seguía arrodillado por lo que seguía estando una cabeza más alta que yo, pero eso no impidió el movimiento y lo tomé por el cuello, elevándome a mi misma y haciendo que giráramos, quedando yo encima de él esta vez.
Me hizo el amor poco a poco, como nunca, tomándose todo el tiempo del mundo como si detrás de la puerta de entrada, no hubiese un mundo. Ese era nuestro mundo. Nuestro hogar.
Él era mi mundo y no quería pensar en nada más mientras besaba mis pechos y los acunaba con dulzura, no podía pensar en culpas cuando entraba y salía de mí con tanta delicadeza que me sentía desfallecer con cada movimiento, tampoco pude pensar en el mundo exterior cuando alcanzaba un clímax espectacular que me entumecía las piernas y me hacía saltar el corazón.
Él era mi hogar en esos momentos, a pesar de que el después iba a ser un infierno, de que después de esto me estaba condenando como nunca antes, porque las barreras ya estaban abajo, y estaba tomando una decisión, ahí, entre sus brazos.
Incluso cuando estábamos en silencio, duchándonos, la decisión me perseguía. Lo iba a escuchar, iba a darle una oportunidad a su explicación y trataría de seguir adelante con lo que sea que fuese a decirme.
Todo estaba en mis manos, pero dependía de él.
Y todo iba bien, hasta que tocaron la puerta de entrada mientras nos estábamos acurrucando en la cama, limpios y medio vestidos.
Cerré los ojos y lo abracé con más fuerza. Supe que él también pensaba en lo mismo que yo, porque sin la necesidad de abrir, sabía que el infierno estaba esperando por nosotros detrás de esa puerta.
Como sabrán, me encanta el suspenso y espero no me maten por dejarlo así.
¿Quién será?
¿Se lo imaginan? ¿no?
¿Quieren matarme?, espero que no.
Disculpen los errores de dedo, por si acaso hay alguno.
Si aún me quieren y les gustó el capítulo, espero me lo dejen saber mediante sus bellos comentarios.
¡LOS QUIERO UN MUNDO!
Hasta el próximo.
