Un capítulo corto y podría decirse que de relleno, pero en serio que no logré sacar inspiración de ninguna parte. En fin, aquí se muestra otra faceta de Bella, quien aún tiene mucho por compartir con todos ustedes. Espero continúen leyendo la historia, aunque sea tan lenta en actualizar. Haré lo posible por subir algo el miércoles. Y si no, nos vemos el viernes con una actualización de cada fic. Gracias por esperar.


Diamantes & Esmeraldas

Capítulo 9. Destello de Alegría.

Bella POV

Me obligué a mi misma a sonreír para ellos aunque fuera una última vez. Los ojos verdes de Edward buscaron con los míos con desesperación, sumiéndome en una tristeza infinita. Sabía que todo esto era muy repentino e impactante, algo de lo más inesperado, tanto para ellos como para mí. Heidi tocó mi hombro, atrayendo la atención de su hermano, quien la miró con algo de fastidio.

-Disculpen.- susurré, alejándome de todos ellos. Nadie dijo nada, pero su silencio bastaba. Caminé hacia el jardín, sentándome cerca de la fuente apenas iluminada. Contemplé el reflejo de la luna plateada sobre el agua y me permití sonreír amargamente. Ahí, sumida en esa solitaria oscuridad, pensé en todos los errores que estaba cometiendo y los que aún faltaban.

-Isabella.- una suave voz que conocía muy bien pronunció mi nombre en un susurro. Levanté levemente la mirada para toparme con esos ojos serenos. -¿Puedo hacerte un poco de compañía?- asentí, temerosa. De repente los brazos de Jasper Hale se me antojaron de los más cálidos. Una parte de mí deseaba refugiarse en su pecho y sollozar abiertamente; la otra pensaba que esa sería la mayor estupidez de mi existencia.

Ambos permanecimos en silencio, con la vista fija en el otro. Estar con Jasper de esa manera era el mejor consuelo que mi alma podría recibir. Me permití pensar en el futuro, aquél donde no estaría yo sola. Junté ambas manos sobre mi regazo, deseando pasarlas por mi vientre. Aunque eso sería demasiado revelador.

-Bella, ¿qué ocurre?- el tono calmado de Jasper le dio un vuelco a mi desbocado corazón. –Tú no eres así.- aquellas palabras bastaron para ponerme a la defensiva.

-¿Quién eres tú para decirlo?- respondí molesta. –Tú no sabes nada de mí.-

-Eso es porque tú no nos muestras quién eres.- su tono no se alteró y me sentí ridícula por mi ataque a su persona. Bufé exasperada, preguntándome por qué mi vida tenía que ser tan confusa. -¿Quién eres, Isabella?- me miró a los ojos, buscando la respuesta. Gemí.

-No soy nadie.- respondí cortante, poniéndome de pie. No giré para ver su reacción, simplemente regresé al interior del hotel. Demetri y Heidi conversaban animadamente, por lo que me uní a ellos. Ambos discutían cosas sin importancia, así que no participé en la conversación.

El resto de la noche pasó sin más. Carlisle y su familia parecían disfrutar, a su modo, aquella reunión. Yo, por mi parte, sentía que sobraba en aquél espacio. Temía encontrarme a Rosalie o Alice cuando iba por una bebida, me angustiaba ver a Jasper acercarse y peor aún, no soportaría que Edward me hablara. Quise decirle a Demetri que era tarde, que deseaba volver a casa, pero no pude. Estaba rodeado de tanta gente, todas girando.

Mis ojos se cerraron de un momento a otro y sólo sentí mi cuerpo caer al vacío.

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Abrí los ojos lentamente, adaptándome a la brillante luz. Me encontraba recostada sobre una elegante cama de sábanas blancas. Me senté con cuidado, sintiendo una punzada en la frente. ¿Qué había pasado? Los siguientes minutos me dediqué a observar aquel cuarto de paredes lavanda. La puerta se abrió de repente y fue mi novio el que la cruzó. Estaba ahí, mirándome con esas brillantes esmeraldas verdes.

-¿Qué pasó?- cuestioné irritada.

-Te desmayaste, cariño.- anunció algo preocupado. –Gracias a Dios que todos eran médicos.- intentó no reírse, pero al final lo hizo. Dios, mis mejillas enrojecieron. Sólo a mí se me podía ocurrir pasar por aquello. Me imaginaba a todo el mundo preguntando "¿Hay algún médico en la sala?", para luego señalarse unos a otros. –No te preocupes, no tocaste el suelo.- asentí, confundida. –Debes estar cansada, Bella. El bebé te exige reposo.- gemí de nuevo. ¿Por qué ese bebé intentaba humillarme?

-Debo volver a Forks.- susurré, pasando una mano por mi cabello castaño. Él frunció el ceño. –Llevo toda la semana en Seattle, ¿qué hay de Lizzie?- él sonrió. -¿Podemos ir ahora?- me sorprendí ante la pregunta. Cuando hablaba en plural no me refería a él, sino al bebé. Él negó, extrañado.

-Mañana podrás irte, Bella.- sentenció con voz seria. –Ahora duerme.- quise negarme, pero tenía sueño. Me acurruqué en la cama y pronto me dormí. A la mañana siguiente regresaría a casa.

Edward POV

El lunes llegó más pronto de lo esperado. Rosalie y Alice no dejaban de conversar sobre un nuevo cantante, mientras que Emmett y Jasper discutían el nuevo diseño de un viejo videojuego. Yo me limitaba a conducir el volvo, ajeno a cualquiera de ambas pláticas. No dejaba de pensar en Bella, quien se había desmayado a mitad de la cena y había desaparecido en brazos de su novio. Me mordí la lengua de nuevo, incapaz aún de creer que estuviera con alguien.

Cuando llegamos al estacionamiento, el coche de la castaña ya se encontraba ahí. Isabella estaba de pie junto a su auto, hablando por teléfono. Vestía unos jeans ajustados y una blusa negra de botones. Me permití observarla con atención. Su maquillaje era apenas perceptible, por lo que podían distinguirse unas leves ojeras bajo esos ojos chocolate. Sus labios articulaban palabras que no podría captar. Se desplazaba levemente, moviendo sus manos.

-Edward, ¿estarás bien?- preguntó Jasper, contemplándome con esos ojos azules tan serenos. Asentí, poco convencido. Nos acercamos a ella, sin saber si nos permitiría quedarnos o se marcharía. Al vernos, se despidió de la persona con quien hablaba y agitó la mano en el aire, saludándonos. Las chicas sonrieron, al igual que Emmett, mientras que Jasper y yo mantuvimos nuestras expresiones tranquilas.

-¿Te encuentras bien, Bella?- preguntó Alice, colocando su mano en la mejilla de la chica. –No tienes fiebre…- la aludida sonrió.

-Estoy mejor ahora.- dijo ella, aún con esa sonrisa en sus labios carmín. –Sólo estaba cansada.- su tono despreocupado no dejaba lugar a dudas. –Lamento no haber pasado tiempo con ustedes, pero todo fue tan repentino…- sonreí ante esa inocencia. A pesar de todo lo acontecido, esta chiquilla parecía dispuesta a ser nuestra amiga de nuevo.

Las primeras horas transcurrieron con una calma desesperante. Ansiaba el almuerzo para sentarme cerca de Isabella, quien había aceptado compartir mesa con nosotros. Y cuando la campana sonó, finalmente, corría a la cafetería, chocando estrepitosamente con Jasper en el camino. Ambos nos reímos ante lo absurdo de la situación y seguimos el camino a la mesa acostumbrada. Bella estaba en la fila del almuerzo, conversando con Jacob Black. Lucía radiante, como si nada malo hubiera ocurrido nunca.

El joven Black asintió ante algo que Bella le dijo, para luego sonreír cálidamente. Era obvio que ese tipo le seguía coqueteando. Sin embargo, la imagen de Demetri Vulturi me recordó que ahora ella era inalcanzable, tanto para él como para mí. Todos se percataron de la desilusión en mi rostro, por lo que tuve que contarles lo que pasaba. Nadie dijo nada y lo agradecí enormemente.

La hija del jefe Swan se dirigió a nosotros con pasos elegantes, haciendo sonar el tacón de sus botas de piel. Se acomodó el cabello tan pronto estuvo sentada y pude notar cierto cansancio en su mirada. Posiblemente no estuviera durmiendo bien. Tomó un trago de su característica botella de agua, con su mirada perdida en la nada. Luego dio una gran mordida a su emparedado. Todos la contemplábamos en silencio, asombrados por verla comer algo decente por ves primera. A veces Rosalie se burlaba de ella alegando que era anoréxica.

-Vaya, pareces tener hambre.- comentó Emmett al verla terminar su almuerzo.

-Si, a veces parece que como por dos.- bromeó ella, algo divertida. Sus ojos brillaron graciosamente.

Rosalie le sonrió con burla, como si aquello no fuera sólo una broma. Sacó de su bolso un chocolate y se permitió quitarle la envoltura ante nuestra atenta mirada. A ella no le gustaban ese tipo de golosinas, solía decir que la hacía engordar y eran malas para su piel. Sin embargo, los ojos de Bella se clavaron fijamente en aquel dulce. Era la mirada de un cazador al divisar a su presa.

Sus mejillas se sonrojaron al percatarse de ese hecho, gracias a un comentario de Emmett. Se disculpó torpemente y, tomando su bolso, salió del lugar. Me levanté tras ella, intentando seguirla. Apenas crucé la puerta pude ubicarla frente a una máquina de dulces. Introdujo varias monedas y dos chocolates cayeron. Una sonrisa se pintó en sus labios al tiempo que probaba el primero. ¡Dios, era tan hermosa!

-Bella.- ella saltó ante mi llamado, asustada. –Disculpa, no quería asustarte.- negó, aún degustando el chocolate. Parecía una niña con ese dulce en sus manos blancas. Le sonreí. -¿Pasa algo?- ella negó de nuevo, confundida. –Hoy pareces estar muy feliz.- Bella suspiró, resignada.

-¿Sabes?- me preguntó sonriendo. –A veces hay motivos para estarlo, aunque en un principio no lo parecieran.- su mirada se clavó en la pared, pero sabía que no estaba viendo ningún punto en especial. –La vida da muchas vueltas.- susurró para si misma. Asentí, sin saber de lo que hablaba.

-¿Eres feliz con Demetri Vulturi?- me aventuré a preguntar, atrayendo su atención. Deseaba que me diera una respuesta, lo necesitaba. Quizás si ella decía que sí, todo sería más fácil de sobrellevar. Si me respondía con un no, lucharía por recuperarla.

-Él ha sido bueno conmigo.- susurró suavemente, abriendo el segundo chocolate. –Ha visto más allá de mis defectos. Me comprende y me apoya en lo que decido. Me ofreció la estabilidad que necesito y el cariño que anhelo.- su voz denotaba mucho agradecimiento. Mi corazón se oprimió ante eso. –Pero si lo quieres saber es si le amo…- ella dejó de hablar, mirándome. Asentí. –La respuesta es no. Siento mucho cariño por él, pero no es amor.- una sonrisa se apoderó de mis labios. Aún tenía una oportunidad.

Después de aquella confesión, Isabella se dio la vuelta y desapareció. No asistió a las siguientes clases, pero ahora estaba más tranquilo. Esa tarde hablé con Carlisle sobre mis sentimientos hacia Bella Swan, él se mostró muy complacido, pero a la vez me advirtió sobre interferir en relaciones ajenas. Por momentos me olvidaba de la existencia de aquél médico de ojos verdes, dueño del corazón angustiado de la joven de ojos cafés.

Aquella noche soñé con Isabella Swan de nuevo. Y no pude ser más feliz.

Bella POV

Por momentos me arrepentía de haber dicho a Edward aquellas palabras. Sin embargo, no podía cambiar lo sucedido. Decidí ausentarme las siguientes horas e ir al campo de tiro. Siempre llevaba el arma conmigo, oculta entre la ropa o en el bolso. Cargaba otra en el auto, sólo en caso de emergencia podría utilizarla. De pie ante aquellas imágenes en movimiento, me permití pensar en todo lo acontecido. Mis tiros eran certeros siempre. La probabilidad de fallar se reducía con cada disparo que atinaba.

Jacob Black estaba a mi lado, cuidando mis movimientos. Sam se lo había ordenado, amenazándolo en caso de que me dejara sola. Cuando la práctica terminó, llevé una mano a mi vientre, preguntándome si todo aquello le haría bien al bebé. ¿Ya era capaz de escuchar los sonidos? Tenía miles de dudas sobre el desarrollo y cuidado de un bebé. Sería mi primer hijo y yo aún era una adolescente. Debía admitir que estaba asustada.

Demetri me había hecho considerar las alternativas. La clínica Vulturi podía practicarme un aborto si lo deseaba. Había rechazado cualquier opción. El bebé que venía en camino era mío y nadie podría quitármelo. Saliendo de ahí volvimos donde los Uley, con deseos de saludar a Emily y a la pequeña Liz. Ambas me recibieron con una enorme sonrisa. Liz estaba mucho mejor ahora, ya que Seth se le había declarado y estaban intentando ser felices juntos.

Emily estaba horneando galletas, por lo que decidí quedarme el resto de la tarde con ellos. Los antojos eran frecuentes y bastante normales. No deseaba ser una de esas tipas locas que quieren comer pizza con fresas. Claro que no. Después de mucha insistencia por parte de Liz, acepté quedarme a dormir con ella.

-Bella, ¿cómo te sientes?- su pregunta me tomó con la guardia un poco baja, por lo que no supe a qué se refería. –Me refiero al tema del bebé.- sonreí, alegre.

-Antes no lo veía de buen modo, ¿sabes? Ahora estoy muy contenta y me muero porque nazca.- ambas sonreímos. Pidió permiso para tocar mi vientre y yo se lo concedí gustosa. Aún no se me notaba el embarazo, pero poco a poco mi cuerpo iba cambiando. Incluso mis pechos parecían un poco más grandes. Me sonrojé cuando Liz me lo hizo saber.

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Desperté aún con deseos de permanecer en la cama. Liz se encontraba frente al espejo del tocador, acariciando levemente su rostro. La noche anterior me había contado que aún no se acostumbraba a su nueva apariencia. Me permití acercarme a ella y cepillar su cabello. Sus ojos brillaron col alegría ante mis acciones. La giré en mi dirección y la maquillé un poco, notando que ya estaba vestida para el colegio. Me ofrecí a llevarla y aceptó gustosa.

De ahí partí a mi propia casa, donde me preparé para otra mañana de absurdas clases. Pasé el día sin mucho que hacer, esperando el momento para ir a almorzar. Tenía hambre. Casi corría a la cafetería y al notar que había pizza en el menú mis ojos se iluminaron. Tomé dos rebanadas y un refresco de fresa, burlándome de mi misma por la elección tan tonta. Caminé a la mesa de los Cullen, pero el grupo de Jacob me llamó antes que llegara y cambié mi dirección en el último momento.

Terminé sentándome con esos chicos de piel cobriza que ahora eran mis guardaespaldas. Jacob les narraba sobre mis lecciones de tiro, diciendo que debían tener cuidado conmigo. Yo, por mi parte, reía ante sus ocurrencias y comentarios burlescos. Estando ahí, con ellos, me sentí de lo más feliz. Por alguna razón, no podía dejar de sonreír.

Saliendo de la cafetería choqué con Rosalie Hale, quien me tomó de la muñeca y me arrastró al sanitario para chicas. No opuse resistencia, pues realmente deseaba saber lo que quería.

-Estoy cansada de tus juegos, Isabella.- anunció con voz seria. Moví mi cabeza, algo perdida. –Estás embarazada, ¿no es cierto?- la sonrisa en mi rostro se borró en ese momento, y estoy segura que palidecí. Rosalie Hale estaba de pie ante mí, contemplándome con esos serios y espeluznantes ojos. Esperaba una respuesta de mi parte, de eso no había duda, pero yo no era capaz de dársela. -¿Y bien?- cuestionó de nuevo. No encontraba palabras para salir de ese aprieto. ¿Qué debía decirle?