¡JEEEEELOU A TODO EL MUNDOOO! Otro capítulo más, puntual como siempre (?). Disfrútenlo tanto como a mi me gustó escribirlo :3

Hetalia no me pertenece, pero el helado que estas comiendo en este momento, si.

¡Ahí va!.


...

Reconocía a la perfección esa voz, y sabía que pertenecía a aquella persona con la cual había pasado toda una tarde juntos. Con quien había disfrutado, con quien la había consolado cuando ella más lo necesitó. Abrió sus ojos sorprendida y giró lentamente su cabeza para comprobar si realmente había sido aquella persona quien mencionó aquellas palabras, y sus ojos se encontraron con la figura de Arthur, que no hacía más que mirarla. Efectivamente, Arthur la había despedido.

Sin saber por qué, su vista se fue haciendo cada vez más borrosa al mantenerle la mirada al inglés. Claro, sus ojos se fueron humedeciendo al recordar las palabras dichas por este. Si nadie hubiese intervenido, quizás cuánto tiempo más se habrían quedado observando el uno al otro. Alfred, Gilbert, Feliciano, Lovino, y otros sirvientes más acudieron hacia Emily para ayudarla a levantarse y verificar si tenía alguna herida, algún corte o algo por el estilo. No faltaron las sirvientas con más edad quienes intentaron consolarla, pues Emily al colocarse de pie con la ayuda recibida, se limpió inmediatamente con la manga de su vestido sus lágrimas, las cuales no alcanzaron a deslizarse por la piel de su rostro. Varios intentaron preguntarle qué le sucedía, por qué no decía ni una palabra, qué haría, pero tanta insistencia no dio resultado, pues la chica comenzó a caminar en dirección hacia donde se encontraba su habitación. Todos se la quedaron observando, sin detenerla y sin saber qué decirle. Arthur, por su lado, ahora reflejaba bastante confusión en su mirada. Finalmente se había salido de control. La ira y la frustración habían ganado, y lo peor era que la había cargado contra Emily. Quiso intervenir, pero fue detenido por Alfred.

-No intervengas- dijo seco y cortante al ver que cierto británico tenía intenciones de interrumpir.

Ahora los sirvientes observaban a Arthur. Ni ellos sabían por qué lo hacían. Quizás para esperar alguna orden o alguna labor que cumplir… Pero dicho inglés se retiró a su habitación. Necesitaba un tiempo para estar solo, para meditar, pensar en la decisión que había tomado tan precipitadamente… La verdad él no quería despedir a la chica. No quería dejar de ver a Emily, pero seguro si intentaba detenerla, esta no aceptaría volver. Maldición, estaba en problemas, y todo al dejarse llevar por la ira del momento.

-¿Qué harás?.

-Me iré- respondió con cierto enojo.- Él ya lo dijo.- Su hermano pareció suspirar y rendirse ante la decisión que había tomado esta. Sabía de antemano que no podría detenerla.

-Voy contigo.

La chica en realidad poco y nada tenía que empacar. No tenía más que el vestido cuando llegó, el vestido de sirvienta y… El vestido que Arthur le había regalado ya no contaba, pues al buscarlo para llevárselo sólo encontró pedazos de este repartidos por todo el suelo bajo su cama. No tardó en darse cuenta que quién provocó aquello había sido Natalia, y todo para hacerle la despedida algo más triste. De todas formas no fue algo que a Emily realmente le importara, después de todo, aquella persona que le había regalado el vestido estaba ahora eliminada de su vida.

Alfred estaba esperándola fuera de la habitación. Cuando Emily abrió la puerta, supo que ya ambos debían partir, pero al parecer no fue así, después de todo, Emily al salir de su habitación se quedó pegada a la puerta, como si tuviese un par de dudas que solucionar antes de dejar aquella mansión.

-¿A dónde iremos hermano?-Le dolió. A Alfred le dolió escuchar ese tipo de pregunta, ya que ni él sabía la respuesta. No sabía en dónde tendrían que pasar la noche, si alguien se apiadaría de ellos para hospedarlos al menos un día. De todas maneras le sonrió, algo apenado, pero le mostró una sonrisa. No quería contagiarle la angustia que sentía en ese momento al no saber de quién ni de qué dependería el destino de ambos. Tomó la mano de su hermana y dijo:

-Vamos.

Todos los sirvientes que por ahí transitaban pudieron presenciar el momento en el cual los dos hermanos caminaban hacia la puerta. Sintieron las miradas compasivas sobre ellos. Los que más se angustiaron y preocuparon fueron los del grupo cejotas, incluso Lovino, quien a pesar de no mostrar interés en participar de algunas actividades o conversaciones que el grupo realizó, les había tomado cariño a pesar de todo.

Cuando el par de hermanos llegó a la puerta, Feliciano y Lovino se resistían a abrir el portón para dejarlos ir. Lovino se mantenía cruzado de brazos y manteniendo su vista en otra dirección. Feliciano, en cambio, se apegaba a Emily y le rogaba que no se fuera. Gilbert quería intervenir, pero algo parecía impedírselo.

-¡Emily, Alfred, no se vayan!- les rogaba y lloriqueaba Feliciano con todas sus fuerzas, quien había sido el que más cariño les tomó a ambos.

-F-feliciano… -dijo Emily sonriendo compasiva, intentando de alguna u otra forma calmarlo.

-Feliciano- dijo Alfred por fin, dándole un gran abrazo- Nos volveremos a ver amigo. Algún día.

Emily también quiso unirse al abrazo. Gilbert, quien había observado todo, se unió también, e invitó a Lovino de una amable manera a hacer lo mismo.

-Oye tú, no te hagas el insensible y ven.

-Tsk, no molestes…- Caminando muy lento, intentando que nadie lo viera, y con un leve sonrojo en sus mejillas, se unió finalmente al abrazo.

Así se quedaron por algunos minutos, disfrutando sus últimos segundos juntos como grupo, el cual a pesar de haber sido conformado hace poco tiempo, habían vivido bastantes cosas juntos. La caída en aquella trampa cuando fueron al mercado, el descubrimiento del escondite, la creación del grupo, el espionaje que realizaron todos los del grupo cejotas menos Emily, porque a ella era a quien espiaban… ¡Y también el desafío de la cerveza!. No les gustaba la idea sobre no volver a ver a ese par. Era cierto que la llegada de ambos hermanos a la mansión había significado un gran y positivo cambio. Nada volvería a ser lo de antes, y ya no habría alegría. La rutina se volvería aburrida y en vez de disfrutar realizar las órdenes, sería similar a un castigo, porque ya no estarían con ellos el chico con complejo de héroe y la chica que en verdad, por su forma de comportarse, parecía más una niña pequeña. Ya no habría reunión de grupo, eso había sido eliminado. En pocas palabras, la alegría se iría de aquella mansión, haciéndola volver a lo que antes era: una simple residencia en donde se cumplían órdenes.

Aunque no hubiesen querido, el abrazo tuvo que deshacerse. Los hermanos debían partir. ¿Hacia dónde? Nadie sabía, ni ellos mismos.

-Vamos, esto no tiene que ser así. Debe haber una forma de hacer que se queden- insistió el de voz rasposa.

-¡Si si! Podemos ir a hablar con el Señor- añadió Feliciano algo efusivo, aunque aquello se vio apagado por la rotunda negación de Emily, quien ya con una sonrisa resignada, añadió:

-Ya está… Ya está.

Los hermanos se despidieron de todos los sirvientes en el portón, con un gesto de manos. Finalmente, sus pasos ya tornaban camino a una dirección la cual los llevaría a eliminar completamente todo lo que habían vivido en la mansión. Lovino y Feliciano se vieron obligados a algo que realmente no querían hacer: cerrarles la puerta. Pero aún así debieron hacerlo. Un gran sonido se produjo al ambas partes cerrarse, pero luego toda la mansión se vio inundada en un gran y monstruoso silencio, el cual nadie supo enfrentar.

-¿Ustedes, a dónde van?.

-Nos vamos- respondió Alfred al encontrarse con Ludwig camino al portón de la mansión. El último que deberían cruzar para ya salir de una vez por todas.- Fuimos despedidos.

-¿Por el Señor?- preguntó confundido el mayor.

-Ese maldito cejotas malhumorado me despidió por haber roto la loza para esta noche, pero no fui yo, ¡Fue Natalia, ella me empujó!- reclamaba molesta la chica, sólo para dejar en claro que ella no lo había hecho porque hubiese querido.

-Aah… -suspiró Ludwig- Justo cuando vienen las buenas noticias… -pareció decir más bien para él mismo- Esperen aquí- se retiró tras darles aquella orden. El par de hermanos no alcanzó siquiera a despedirse de él, porque si, estaba decidido que abandonarían la mansión, sin importar lo que hiciesen.

-Señor, no puede dejar que se vayan- intentaba persuadir cierto albino con su argumento- ¡Emily no tuvo la culpa, Natalia fue quien la empujó!- aunque Emily creía que el accidente no había sido visto por nadie, se equivocaba, pues Gilbert si había alcanzado a presenciarlo.

Arthur no respondía. Sólo mantenía su mirada fija en la mesa de su escritorio.

-Señor, disculpe- interrumpió Ludwig sin querer al momento de entrar a la habitación- Hay noticias.- A pesar de aquello, Arthur permaneció en silencio, sin dirigirle la mirada. Parecía estar muy concentrado en algo. Ludwig, percatándose de aquello, quiso dar la información de todas formas.

-La comida acaba de llegar y los músicos sí vendrán.

Cuando Gilbert dio las razones a su Señor por las cuales no debía dejar que Emily y Alfred se fueran, ya que Natalia había sido la culpable, mientras que Arthur se mantenía en silencio, con su vista fija en el escritorio, había estado analizando y pensando en lo muy arrepentido que estaba de haber echado a la chica. No le sorprendería y la constaba, la verdad, que Natalia la hubiese empujado. Más bien, cuando la despidió, pudo sentir que Natalia y su padre se hablaban entre sí mientras miraban la escena, teniendo en sus labios sonrisas para nada inocentes… Todo calzaba como en un rompecabezas. Recordó la amenaza que había recibido de Natalia dos días antes. Que si no la despedía él, ella se encargaría del asunto. Al ser el tercer día y con Emily aún en la mansión, Natalia tomó la decisión de empujar a Emily con los finos platos para finalmente hacer explotar a Arthur de la frustración y despedirla al fin. Y todo, repentinamente, comenzaba a funcionar de maravilla después de aquella decisión, pues el padre de Arthur había retrasado a propósito los encargos que su mismo hijo había hecho. Maldición, ¡La quería de vuelta! Aunque llevasen minutos sin verse, la quería con él, la extrañaba, la necesitaba… ¿Cómo era posible que hace tres días hayan compartido momentos lindos y únicos, y ahora, Emily se encontrara fuera?... Ahora le había llegado el momento de lamentarse.

Había sido un terco, un estúpido, un idiota. Se había dejado llevar por la ira del momento y había tomado decisiones de las cuales se arrepentía. Luego, una sensación parecida a la frustración lo invadió. Recordó lo poco hombre que se había comportado con ella al momento de verla en el suelo. No la ayudó, no le tendió una mano… Ahí estaba bien reflejado lo ''caballero'' que era… Ah si, otra cosa. Ya no tenía pareja para su propio evento. Genial, lo había arruinado. Era peor no tener a Emily junto a él en vez que faltaran elementos para el evento.

-No puedo traerla de vuelta- se contestó a él mismo- No aceptará volver… ¿Qué haré?- consultó mirando a Ludwig y Gilbert. Estos, al ver el rostro tan suplicante del Señor, se sintieron bastante incómodos, pero fue suficiente para que Gilbert tomara una decisión.

-Deja que mi hermano y yo lo arreglemos- posó una mano sobre el hombro de su hermano y la otra sobre su pecho- La traeremos de vuelta. Kesese~.

-Yo también quiero ir- diji Arthur.

-Puede acompañarnos- el albino mostró esa sonrisa tan peculiar que poseía.

Los tres salieron de la habitación de Arthur y bajaron la escalera. Les llamó la atención a Lovino y Feliciano lo muy apurados que iban. Segundos después tuvieron a aquel trío frente al portón, pidiéndoles que lo abrieran porque tenían que atender un asunto bastante importante.

-¿A dónde van?- preguntó Feliciano.

-Iremos a buscar a Emily- le contestó el albino con esa sonrisa de medio lado.

-¡Quiero ir!- se entusiasmó este.

-También yo- agregó Lovino.

-Supongo que mientras más seamos, mejor- dijo Arthur, encogiéndose de hombros y sonriendo algo nervioso. Fue así que todos cruzaron el jardín y se hallaron fuera de la mansión.

-Señor, usted por allá y nosotros por acá. Dentro de media hora nos encontraremos aquí.- ordenó Gilbert. Arthur, no pendiente de la notable desigualdad en la repartición por parte del albino, ya que muchas ganas tenía de disculparse con Emily y decirle lo arrepentido que estaba, partió corriendo en busca de aquella chica. Todos los demás menos Gilbert, se preguntaban por qué había hecho que Arthur se fuese él solo.

-Tengo una asombrosa idea.

Les explicó en qué consistía: Ludwig sería quien se encargara realmente de buscar a los hermanos. Sabía, de todas maneras, que le tocaría la parte difícil del trabajo. Siempre era igual. Entonces, los demás se quedarían ''buscando'' por las cercanías. Cuando se encontraran nuevamente, después de media hora, le dirían a Arthur que no la habían encontrado y que Ludwig tuvo que atender asuntos pendientes del evento. Entonces así, Arthur creería que el caso con Emily estaba perdido, que no la vería nunca más. Y así, cuando la noche fuera cayendo, llegarían todos junto a Emily para darle una gran sorpresa al Señor.

-Es una idea genial, ¿No creen?... ¡Kesesese~!.

-¡Suena genial!- añadió Feliciano.

-Tonto- dijo Lovino- ¿No has pensado en cómo haremos para convencer a Emily de que venga a la fiesta?- Gilbert guardó silencio. Se había saltado ese pequeño detalle… Suspiró y apoyó una mano sobre el hombro de su hermano.

-Te lo encargo Lud.

-¡¿Qué?! -preguntó molesto el alemán, pues siempre, SIEMPRE, desde que tenía memoria y hacían planes junto a su hermano, a Ludwig le tocaba la parte más pesada de todo. Pusieron el plan en marcha, no había tiempo que perder.

Lovino, Gilbert y Feliciano hacían como que buscaban por los alrededores. Arthur, no dejaba de correr de lado a lado, de calle en calle, desesperado, con la esperanza de encontrar a su chica, la cual, si daba con ella, no la dejaría ir nunca más… Y Ludwig, corría y corría.

-A la cuenta de tres, actuaremos natural- le susurró Alfred estando escondido detrás de un barril.

-Está bien- le respondió su hermana, que a su lado estaba. Ambos hermanos no se daban cuenta que en realidad, lo único que hacían parecer escondiéndose detrás de un barril cerca del puerto, era transformarlos en un par de sospechosos.

-¡Vamos!.

Emily y Alfred se colocaron de pie e intentaron actuar normal. La verdad es que lo que hacían, los alejaba más de su objetivo, pues Alfred miraba en todas las direcciones posibles, girando su cabeza de lado a lado para verificar que nadie estuviese observando. Su hermana, apegada a su brazo, hacía lo mismo, claro que con una mirada más temerosa, pues no estaba segura si el plan les iría a funcionar. Este consistía en subirse a un barco, cualquiera, y dejar el país. Claro, eran pobres, así que intentarían colarse entre medio de la gente para pasar desapercibidos.

Había un gran y ancho pedazo de madera el cual servía como plataforma para hacer subir a los pasajeros del puerto al barco. Este estaba bien afirmado, y no había riesgo de caerse. En ese momento intentaron apegarse a una pareja que parecía tener ya sus años. Tenían la esperanza de así hacerles creer a los que observaban, que ellos eran sus hijos, y quizás era su día de suerte, porque nadie les cuestionó nada al subirse. Emily y Alfred sólo querían reír una vez que pisaron ya el barco. La situación les provocaba gracia, y hasta emoción. Durante todo el viaje tendrían que estar escondiéndose de aquellos uniformados, pues ambos estaban de polizones, y no habían pagado antes el pasaje. Alfred esperaba que todo saliera bien. Ojalá el destino fuera bondadoso con ambos y les diera una oportunidad.

-¡Esperen!- gritó una voz- ¡Emily, Alfred, bajen!.

-Hermano, ¿oíste eso?- tiró de la ropa de Alfred para llamar su atención- Escuché nuestros nombres… ¡Nos descubrieron!.

-Escóndete- le ordenó su hermano, haciendo que Emily bajara hasta que los bordes el barco la cubrieran.

-¡Alfred, Emily!- insistía la voz.

-¿Qué haremos?- le consultaba Emily totalmente asustada y desesperada.

-Iremos a escondernos, sólo cálmate- quiso comprobar si la voz aquella era de algún uniformado que tenía que ver con el barco. Se asomó, muy lentamente, y se sorprendió con lo que vio.

-¡Es Ludwig!.

-¿Ludwig?- consultó extrañada a más no poder.

-¡Bajen! Ah, Señor, disculpe- llamó la atención de un funcionario del barco- Necesito subir, déjeme pasar.

-Lo siento Señor, el barco está a punto de zarpar.

-Por favor, se lo ruego- parecía desesperado.

-Señor, no podemos.

-¡Mis hijos subieron por error!- y al ver el rostro de aquel funcionario, el cual parecía haberse sorprendido por la razón y sin importarle o no que la respuesta a su petición fuera afirmativa, corrió hasta subir por aquella plataforma y llegar al barco. A Ludwig no se le había ocurrido mejor excusa que dar. Al menos tenía la suerte que Emily y Alfred, ambos eran rubios, como él.

-¿Qué haces aquí?- consultó Alfred, bastante sorprendido.

-No pueden irse.

-No pensamos volver- refutó de inmediato la chica. Ese era el momento decisivo. El cerebro de Ludwig funcionaba y daba una buena excusa, o todo el esfuerzo se perdía.

-Les tenemos una fiesta de despedida. S-sólo seremos los sirvientes, olvídense del Señor- Ambos debían de ser muy inocentes, pues cayeron. Emily se sentía agradecida y hasta se había entusiasmado. Alfred sonrió, y ambos aceptaron bajar del barco.

-Vámonos hijos míos. Nunca más vuelvan a hacer algo así, ¿entendido?.

-Si padre- respondieron el par al momento de pasar al lado de aquel funcionario. Fue una pequeña escena que tuvieron que protagonizar sólo para tener más credibilidad.

-¿No la encontraron?- preguntó exhausto Arthur, intentando recuperar el aire.

-No Señor, buscamos por todos lados y no hay rastro de ella- se lamentó Gilbert.

-Intenté hacerla venir con pasta pero no funcionó…- dijo decepcionado y triste Feliciano. Arthur, al recibir todas esas malas respuestas, se quedó mirando al suelo, aún recuperando el aire. Ya estaba, todo había terminado. Quizás aquella era una lección de la vida para aprender a controlarse. Subió su cabeza nuevamente, y con una sonrisa triste, dijo:

-Gracias chicos- dio media vuelta y se retiró. Los tres que aún estaban afuera, esperaban angustiados a que Ludwig apareciera junto a Alfred y Emily.

-¿Seguro que tu hermano los traerá de vuelta?- los nervios y la angustia provocaron que Lovino realizara esa pregunta.

-Por supuesto. Mi hermano es casi tan asombroso como yo. Llegará junto a ellos, ya lo verás.

Habían pasado sólo segundos, pero para ellos eran horas horribles e interminables. Lo único que querían era ver tres figuras acercándose. ¿Era mucho pedir?.

-Vamos Lud, no me decepciones…- se decía a sí mismo el albino.

-No vendrán, ya se fueron- comentario pesimista por parte de Lovino.

-Vamos Lud, vamos Lud.

-Olvídalo… Ya está, están fuera-.

-¡Ahí vienen! Hehe~.

Tres figuras se veían a la distancia. Dos de hombros y una de mujer. Finalmente, el par de hermano había llegado. Gilbert, no soportando la emoción, corrió hacia su hermano para abrazarlo desesperado.

-¡Hermanooo!- dijo lloriqueando- ¡Eres tan asombroso como yo!.

-¡C-cálmate!- le gritó, y se dio cuenta que Emily los estaba mirando extraño. Al parecer la chica había captado algo.

-¿Qué pasa, Emily?.

-Hay algo extraño.

Ludwig y Gilbert se miraron, ambos nerviosos. No sabían qué responder, qué decir. Al parecer el plan había sido descubierto.

-¿Dónde está la fiesta?- preguntó con gracia. Ambos hermanos suspiraron aliviados, y Gilbert no pudo evitar reír estruendosamente a causa de ello.

-P-primero iremos a comprarte un vestido. Ya sabes, eres la invitada principal.

Emily pareció entusiasmarse con la idea, y así todos partieron, como grupo, a las grandes tiendas.

En el camino a Alfred le fue aclarado el plan, y consiguieron su aceptación para que este se llevara a cabo. Él ayudaría.

La tarde comenzó a caer. El cielo estaba casi despejado, pues habían algunas nubes las cuales cubrían este, aunque eran un maravilloso adorno, pues con al atardecer, las nubes se veían algo anaranjadas y algunas hasta de un leve color morado. La hora del baile comenzaba a acercarse, algunos invitados llegaban a la mansión, y un inglés en su habitación, desanimado, se arreglaba frente al espejo para ir a recibir a sus invitados. De verdad que no tenía ganas de nada… Ni una sonrisa falsa podía hacer… Si su chica, Emily, no estaba ahí, nada valía la pena…

-¿Cómo me veo?- preguntó mientras modelaba un vestido, al menos el número sesenta que pasaba por su cuerpo…

Cada uno de los hombres tenía al menos quince vestidos en sus manos, y la cara de aburridos era para retratarla. Emily era muy indecisa, y vestido que veía y le gustaba se lo pasaba a uno de sus acompañantes para luego probárselo. Fue cuando entonces, los cuatro hicieron un juramento: Nunca más acompañarían a Emily a comprarse vestidos.

-Lud, ¿qué hora es?- preguntó Gilbert en un susurro.

-¡El baile está a punto de empezar!- exclamó este en susurro al ver la hora. Eran las ocho de la noche con cincuenta minutos.

-¿Y este~?- volvió a preguntarles la chica.

-Emily, este te queda- dijo Alfred tomando cualquier vestido de los que tenía para ayudarla a tomar una decisión y así pudiesen terminar más rápido.

-No, este- dijo Gilbert- Este es asombroso.

-Yo digo que este- dijo Feliciano.

-Supongo que este… -agregó bastante inseguro Lovino.

-Yo… Eh…- Ludwig no podía decidirse.

Al insistir y no recibir respuesta de la chica se la quedaron mirando. Se dieron cuenta que en verdad ella no los estaba tomando en cuenta, ya que tenía sus ojos fijos en una prenda. Eran un vestido blanco con adornos dorados. La parte de arriba, la del pecho, estaba bien marcada como dos colinas, las cuales en sus bordes tenían brillo dorado, y además, abajo tenían una tela para no mostrar demasiado en lo que respectaba la zona del pecho y cuello, después de todo, eran tiempos antiguos. Tenía unas pequeñas mangas las cuales no eran ajustadas, sino más bien algo infladas. El vestido era bastante ajustado en la zona de la cintura, dejando en claro la imagen femenina. Y la caída era simple, llena de adornos dorados, sobre todo abajo. Emily se acercó y en sus manos tomó aquella prenda. La observó durante algunos segundos, y entonces una sonrisa apareció.

-Quiero este.

Un suspiro lleno de alivio se escuchó por parte de todos los hombres que la acompañaban. Al fin Emily se decidía por un vestido, y hasta quizás podrían llegar a tiempo al baile.

Emily salió con el vestido puesto. Todos, todos quedaron boquiabiertos. Emily, sonriendo algo avergonzada, preguntó qué opinaban.

-Hermana… Te ves hermosa- comentó Alfred casi al borde de las lágrimas. Le emocionaba que su hermana ya pareciera casi una adulta y además, se luciera como la más bella de las mujeres.

-Te ves bastante bien…- comentó Gilbert hasta quizás con rostro de pervertido, porque Alfred le dio un codazo para que reaccionara y volviera a la realidad.

-Te queda lindo Emily- dijo Feliciano.

-Te ves bien- agregó Lovino con una sonrisa.

-Lo mismo digo- dijo Ludwig.

Ya, con todos los comentarios de aprobación escuchados, decidió que finalmente sería ese el vestido que usaría.

-Espera Emily- la detuvo Alfred, tomándola delicadamente del mentón con una mano, mientras que con la otra sostenía un prendedor, el cual estaba adornado de pequeñas florecitas doradas y blancas. Colocó este con mucho cuidado a uno de los costados del rostro de Emily para que sostuviera algo de cabello en aquel lado. Terminando eso, Alfred retrocedió un paso y le sonrió.

Todo estaba listo. Emily con su traje, los hombres ya arreglados. Todo sonaba a que debían de ir a la fiesta de despedida.

-Emily, queremos que sea una sorpresa, así que te cubriremos los ojos y te guiaremos hasta llegar- Emily se emocionó con la idea, pues sonaba bastante divertido. Ya quería llegar y ver todo lo que habían preparado para ella.

Alfred, era quien la tenía tomada de una mano y que además le iba cubriendo los ojos con la otra. La mano libre de Emily era sostenida por Gilbert, y este al mismo tiempo, la suya libre, la dejó en la espalda de la chica para ayudarla a caminar. Los otros tres iban adelante, informando cuánto faltaba para llegar a la mansión. Claro, a través de señales.

-Sólo unos pasos más~- agregó Gilbert para producirle nervios.

-¡Queda poco!- dijo Alfred.

Emily cada vez sentía más y más nervios. Quería saber qué era lo que habían preparado. De qué se trataba la gran sorpresa. Qué encontraría ahí.

A medida que se acercaban sentía el ruido de la gente conversar y reír. Sonaba a multitud. ¿Tanta gente había en su fiesta de despedida?... ¡Si era así, sería inolvidable!. Una hermosa fiesta la cual disfrutaría junto a su gente, que a pesar no ser mucho el tiempo compartido, el cariño se había generado.

-Hemos llegado- dijo Gilbert- ¿Lista?.

-Lista.

-Uno, dos… ¡Tres!.

Todos los chicos desaparecieron dejando a Emily totalmente desconcertada en la entrada de la mansión. Reconoció, de inmediato y asustada, el lugar en dónde se encontraba, al igual que una voz que pareció decir su nombre…

-¿Emily?...


...¿Algo que decir, comentar, criticar, amenazar? (?) Por review~~ No sé si deba decirles, pero lo haré igual (?) ESTE ES EL PENÚLTIMO CAPÍTULOOO. SÓLO QUEDA UNO MÁS... La verdad me da pena -llora (?)- Pero bueno, todo tiene su fin u.u

Nos vemos la próxima semana ;w; Será nuestra última vez 1313 (?)

Adiós~ 3