Annie está preciosa. Effie, Johanna y yo la acompañamos hasta el salón. He tenido que mandar a Prim para que avisara a Peeta de que lo vería allí. Cuando llegamos Finnick está allí esperándola, muy elegante con un traje azul marino y una sonrisa radiante en la cara. No puedo hacer otra cosa que mirarlos y alegrarme por ellos. A su lado está Peeta, sonriéndole a los dos. Su mirada se posa en mi mientras me acerco a él y nos sentamos en la primera fila. Se me vienen a la mente los besos que hemos compartido hoy.

Una vez sentados, se acerca a mi hasta que su hombro me roza y susurra:

- Estas preciosa. - Me hace cosquillas con su aliento en la oreja.

- Gracias - le respondo en su mismo tono - pero sólo llevo un vestido normal y corriente. - le digo con una risita.

- Me deja verte las piernas - mira hacia abajo y yo automáticamente me sonrojo. - así que para mí no es ni normal ni corriente. - le doy un golpecito en la rodilla cuando noto la mirada que vuelve a echarle a mis piernas.

- Lo siento - me dice divertido - pero no puedo contenerme.

Cuando acaba la ceremonia todos vamos al salón grande dónde los cocineros han preparado aperitivos. Menos mal que nos hemos salido un poco de la dieta de todos los días, pero no hay una exageración de alimentos, los básicos. En eso no ha habido mucho cambio. La tarta de Peeta esta riquísima y es preciosa.

Cuando llega la hora de bailar Peeta me agarra de la mano para que lo acompañe al centro del salón. Dónde hay varias parejas bailando. Supongo que estos tiempos, todos necesitábamos un poco de diversión.

- No sé bailar muy bien- le digo mientras me dejo arrastrar por él.

- ¿Acaso crees que con éste cacharro soy un experto? - dice señalándose la pierna artificial. A veces se me olvida lo de su pierna, casi ni se le nota y realmente es como si siempre la hubiese tenido por lo bien que se maneja con ella.

Me dejo guiar en medio de una de esas canciones lentas dónde todo el mundo a tu alrededor se calla o cuchichean. Por un momento me concentro sólo en él, en el contacto de sus manos en mi cintura, su cabeza junto a la mía y mis manos alrededor de su cuello. Siento un cosquilleo cuando noto su aliento en mi oído.

- Podemos escaparnos de aquí cuando quieras. ¿Lo sabes no?.

Sonrío. La verdad es que en el único lugar que me apetecería estar sería en su habitación, solos, poder disfrutar de él. El martes saldré para el distrito 2, no sé lo que pueda pasar, pero quiero llevarme los mejores momentos guardados en mi mente. No estoy asustada, claro que no, es lo que quería. No quería quedarme en el distrito para ver como otros iban a luchar por mí. Pero ahora que lo tengo conmigo, me da miedo no volver, o volver y no encontrarlo. Es una tontería, lo sé, pero llevo algunas noches teniendo pesadillas con eso. Esas pesadillas que sólo se van cuándo sus brazos me reconfortan. Necesito estas dos noches con él, quizás, por lo que pueda pasar. Lo mejor es dejarte llevar por aquello que quieres hacer en cada momento, y lo que me apetece son los besos y las caricias de Peeta, de mi chico del pan.

- ¿Hola? - la mano de Peeta me acaricia la cara y me mira con gesto preocupado.

- Perdona - me disculpo volviendo a la realidad. - Sólo estaba pensando...

- Espero que nada malo...

- Sobre ti - le digo mirándolo con una sonrisa.

- Oh, entonces será muy bueno... - me responde divertido. - ¿Puedo saber en que pensabas? - noto como se intensifica el brillo de sus ojos. Muevo mis manos del cuello y las poso en su pecho. Notando sus músculos a través de la camisa. Un cosquilleo recorre mi cuerpo, y se crecenta más cuando se me viene a la mente la imagen de Peeta sólo con la toalla. ¿Empieza a hacer calor en el salón o es cosa mía?. Deben ser las tres copas de champagne que me he bebido, no suelo beber alcohol.

- Me encanta ese rubor en tus mejillas... - su mano acaricia mi cara. Y la otra mano me aprieta más por la cintura acercándome a él. Noto el latido rápido de su corazón, igual que el mío. Me da más valentía saber lo que puedo provocar en él, su mirada abrasadora. Dirijo mi boca hacia su oído.

- Estaba pensando en ti, en mí y en tu habitación. - Definitivamente es el alcohol. Hasta se me ha cambiado la voz. A través de mi mano en el pecho de Peeta noto su corazón a mil por horas, y sé que ha sido por mi comentario. Se aparta de mí un poco y me mira sorprendido.

- Maldita sea Katniss, vamos - murmura mirando a nuestro alrededor y cogiéndome de la mano.

No me da tiempo a decir más nada cuándo estamos fuera del salón. Peeta me arrincona sobre una pared del pasillo y se adueña rápidamente de mi boca. Nuestras lenguas se buscan deseosas y yo enredo mis manos en su pelo, mientras una de sus manos se posa en mi nuca para profundizar más el beso. Unos segundos después soy consciente de que estamos en medio del pasillo y que prácticamente estamos en una situación bastante comprometida.

- Peeta - susurro contra sus labios - podrían vernos...

Se separa un poco de mi con los labios rojos e hinchados.

- Ya me ha visto todo Panem besarte Katniss - me dice divertido.

- Si...pero...no de esta manera - le digo mordiéndome el labio. Se acerca a mí y por un momento creo que va a volver a besarme, pero deposita un beso en mi cuello y muerde el lóbulo de mi oreja. Suspiro fuertemente y siento su aliento en mi cuello.

- Bueno...estos besos me los reservaba para detrás de las cámaras...- Sonrío mientras vuelve a besar mi cuello.

-Pues no recibí ninguno - le digo haciéndome la enfadada.

- No tuve oportunidad, pero en mi mente tu y yo si nos besábamos de esta manera. - me sonrojo de sobremanera. Sonríe divertido y me mira. - Así que ahora no quiero perder esa oportunidad. - Vuelve a coger mi mano y tira de mi hasta que llegamos a su habitación.

Volvemos a ser todo manos, lenguas y brazos cuando la puerta se cierra. Por un momento sólo soy consciente de que nos estamos besando, quizás de una manera un poco...más urgente que las veces anteriores, pero se siente tan bien. Las manos de Peeta recorren mi cintura, apretándome contra él. Puedo sentir su musculatura a través de nuestras ropas y siento mi cuerpo arder con cada beso. No sé qué me pasa, que le pasa a mi cuerpo...es como si hubiese perdido el control de él y de mi mente. Debería haber pedido consejo a Johanna sobre esto, maldita sea. Mis manos suben por los brazos de Peeta, las detengo en sus hombros y luego las bajo lentamente por su espalda. Escucho un leve gemido que se pierde en nuestro beso. Y ese simple sonido hace que se me active aun más todo el cuerpo. Podría pasarme toda la vida escuchándolo gemir sobre mis labios. De pronto siento su mano en mi pierna, subiendo hacia mi cadera y arrastrándome un poco el vestido hacía arriba. Mi cuerpo empieza a temblar, si es que no lo hacía antes ya y siento una presión en mi vientre. Es una sensación extraña que no me había pasado nunca y eso hace que me queda un poco tensa.

- Katniss... - dice Peeta en un susurro hundiendo su cara en mi pelo. - lo que estamos haciendo...deberíamos...esto se está descontrolando un poco...

Noto como su voz tiembla, y sé que él también está tan nervioso como yo. Me relajo un poco y me permito sonreír. Como ve que no contesto sale de mi pelo y me mira fijamente. Sus ojos azules ahora lucen casi negros y hay un leve rubor en sus mejillas. No sé si será por la calor que hace aquí...o por el calor de nuestros cuerpos en este momento.

- ¿Tu quieres que se descontrole? - Al momento de hacer esa pregunta desvío mi mirada rápidamente de la suya. ¿Pero qué pregunta es esa? ¿Dónde has dejado la inocencia Katniss? Creo que la dejé en la tercera copa de champagne. Me mira un poco sorprendido, abre la boca y vuelve a cerrarla. Mierda. Vuelve a abrirla y bajo la mirada. Preparándome mentalmente para lo que vaya a decirme. Noto su mano en mi barbilla, guiándome para que lo mire, esta vez no está serio, me sonríe.

- Ey - me dice suave.- ¿Por qué no quieres mirarme?

- Siento lo que acabo de decir Peeta. Supongo que el champagne...

- No te disculpes, nadie se emborracha por dos copitas de champagne. ¿Qué quieres Katniss? - su pregunta me descoloca un poco.

- ¿Qué quiero? - le digo.

- Que es lo que quieres hacer ahora...podemos parar esto aquí, meternos en la cama y simplemente dormir. O... - mi corazón se detiene por unos segundos... - podemos seguir con esto...pero me va a costar mucho detenerme después... - me dice un poco incómodo. ¿Detenerse?. Jamás pensé que me estaría preocupando por un asunto como este. Todo ha ido tan rápido...¿Pero acaso quiero dejar de sentir esto? ¿acaso quiero conformarme sólo con dormir con él?. Necesito mucho más. Y sé que el también, lo noto en su mirada, en su forma de besarme y tocarme, y no me da miedo. No me da miedo llegar a más porque es con él, estoy preparada para todo eso, para dejarme llevar. No sé cuándo acabará esta maldita guerra, las miles de personas que perderán su vida por seguir al sinsajo y si yo misma tendré que morir por ello. Peeta es el único que me hace sentir viva, sentir que nos pertenecemos el uno al otro y que lo que sea que pase en esta guerra, lucharemos juntos. Con él puedo dejarme llevar, ser yo misma, olvidarme de todo esto y ser feliz por esos segundos, minutos u horas en las que estoy con él. Eso es lo que quiero ahora. Ser feliz al menos esta noche.

- ¿Katniss? - me dice con cautela.

No contesto, simplemente vuelvo a besarlo como antes, con necesidad. Siento como se pone tenso en un principio, pero se deja llevar. De repente estoy tumbada en su cama con él encima de mí. Su boca se desplaza por mi cuello y suelto un suspiro cuando me da un pequeño mordisco. Mis manos sujetan su camisa y empiezo a desabrocharle los botones, nerviosa. Si hubiese pensado que estaría en esta situación hace un par de días, me habría puesto atacada de los nervios, pero ahora dentro de ese nerviosismo me siento relajada, con él puedo olvidarme un poco de esa inocencia. Quizás es que ciertamente soy de esta manera, pero sólo con él. Arrastro la camisa por sus hombros dejándole el pecho desnudo. Aun no ha recuperado toda su forma física, pero se nota la fuerza y el peso que ha ganado estas semanas. Lanza un pequeño gruñido en mi oído cuando deslizo mis manos por sus costados, acariciando su piel. Es tan suave. Sus manos suben por mis muslos y mi cintura, subiéndome el vestido. Sus caricias son como llamas en mi cuerpo. Una de sus manos se detiene debajo de mi pecho, casi rozándolo y alza la cabeza para pedirme permiso con la mirada.

- Puedo parar cuándo me digas...no quiero...

- ¿Seguro que podrías parar? - le digo sonriéndole. Se relaja un poco y me devuelve la sonrisa.

- Maldita sea, no, pero podría intentarlo. - Lo beso y sube entonces la mano hacia mi pecho. Es una caricia suave por encima del vestido, pero mi vientre se contrae y suelto un gemido en sus labios. Empieza a desabrocharme los botones del vestido y entonces noto que para de repente, maldice mientras se incorpora para mirarme.

- Mierda Katniss - se sienta en la cama y yo me quedo allí tendida mirándolo sin comprender.

- ¿Que..?-

- No tenemos...bueno...¿.tu y yo no queremos traer el niños al mundo verdad? quiero decir, no ahora.

- Oh.- Mierda. Anticonceptivos. Se aparta de mí y se levanta de la cama.

- Lo siento, que inconsciente., no estoy muy puesto en estos temas Katniss, lo siento.

- No es tu culpa - le digo. Se sienta en la cama, me incorporo y me siento junto a él - yo tampoco tengo mucha experiencia con esto, bueno, tu eso ya lo sabes.

- Pero aprendes rápido - me dice divertido. Yo me sonrojo.

- Eso lo hago inconscientemente, en realidad no sé... bueno... - me da un suave beso en los labios que yo profundizo más. Se aparta rápido.

- Ahora no estoy en condiciones de besarte así. Si no estuviésemos en guerra no me importaría traer niños al mundo mañana mismo, pero no ahora. Tendría que estar sufriendo por él y por ti. - sus palabras me enternecen. Quiero estar con él, necesito estar con él, pero tampoco quiero...se me viene a la mente algo..

- ¡Johanna! - exclamo levantándome de la cama.

- ¿Qué? - se levanta rápido mirando a todos lados.

Suelto una carcajada al verlo.

- No, no...no está aquí - le digo divertida. - ella tenía, bueno me ofreció darme unos anticonceptivos, pero me negué rotundamente...no sabía...

Me mira divertido.

- No sabías que ibas a ser tan curiosa y una chica traviesa...

- No digas eso - le digo dándole un golpe en el hombro. - voy a buscarla. - me levanto de la cama.

- ¿Ahora?

- Si, no es tarde, y por cómo es ella seguro que sigue de celebración.

- Katniss - me llama Peeta cuando estoy a punto de abrir la puerta.

- No te preocupes, que no pasa nada... - se acerca a mí con una sonrisa. Su boca va hacia mi oído y sus manos hasta mi cintura.

- No me gustaría que mi chica en llamas fuera por ahí quemando a los chicos. - se aparta un poco y me mira.

- ¿Qué? - le digo confusa. Su mirada se dirige hacía mi vestido. Bajo la cabeza y veo que lo tengo desabotonado hasta la cintura.

- Mierda - le digo. Me los abrocho y me mira divertido.

- No tardes - me dice dándome un suave beso en los labios.

Cuando regreso después de haberme tomado la pastilla que me ha dado Johanna, abro la puerta que no tiene echado el pestillo y encuentro la habitación a oscuras.

- ¿Pero qué..?- busco a tientas la luz. - ¿Peeta? - nadie me responde. ¿Acaso he pasado la mayor verguenza del mundo para que se haya quedado dormido?. - No tiene gracia Peeta. - Entonces alguien me tapa los ojos desde atrás. . Sé que es Peeta por su olor y me relajo.

- ¿A qué juegas? - le digo divertida.- pensé que te habías quedado dormido. Y no veas lo mal que lo he pasado para pedirle..

- Shhssst - me susurra en el oído para que esté en silencio. - vuélvete hacía la puerta, enciende la luz y no te des la vuelta hasta que te lo diga.

Asiento con la cabeza confundida. Le doy al interruptor y la habitación vuelve a tener luz. Estoy mirando hacia la puerta y noto a Peeta moviéndose a mi espalda. Después de unos segundos me dice.

- Ahora, vuélvete.

Y cuando lo hago siento que mi corazón y mi mente se han detenido. Peeta está en el centro de la habitación, arrodillado y en su mano tiene una cajita con un anillo. Me acerco más a él y veo que es el anillo que me dió en el capitolio.

- Peeta... - susurro. Noto mis ojos humedecerse y mis piernas comienzan a temblar.

- Bueno...tenía preparado esto para mañana por la mañana, antes de que...bueno, de que te fueras al distrito 2. No me hace nada de gracia que te vayas, al revés, me molesta muchísimo. Pero no voy a detenerte, es lo que quieres y lo respeto. Pero si pasara cualquier cosa, me arrepentiré toda mi vida de no haber hecho esto. Así que...Katniss Everdeen, ¿te casarías conmigo?.

Casi no me sale la voz, es la segunda vez que me lo pide, pero sin duda esta es la mejor. Sin cámaras, solos él y yo. Y ahora sí que es real. Ahora sí que lo deseo.

- Por supuesto que sí - le digo con una sonrisa.

Se levanta hacia mí y me besa. El anillo vuelve a mi dedo. ¿Pero cuándo ha...?

- Ahora tengo que preguntarte otra cosa - me dice nervioso. Miro en anillo de nuevo en mi mano, simple pero precioso.

- Claro.. - le digo algo confusa porque está serio.

- ¿Que me responderías si te propusiera casarnos mañana?

Abro la boca de par en par.

- ¿Qué? - le digo.

- Bueno...me dijiste que no te importaba que nos casáramos hoy mismo...y...definitivamente no quiero desaprovechar ningún momento contigo, ni esta oportunidad.. Tendré que dejarte ir el martes... - me dice apenado - Casémonos mañana Katniss. Solo tú, tu familia y yo. Nadie más. Prometo hacerte feliz toda la vida, eres todo lo que me queda en este mundo Katniss, si te perdiera creo que no tendría ganas de seguir luchando por esto. Te quiero por encima de todo, desde siempre, desde que te vi por primera vez con tus coletas. Y no me imagino con otra persona que no seas tu.

Sus palabras hacen que las lágrimas empiecen a brotar por mis mejillas. Mi chico del pan, mi chico de la esperanza. Jamás pensé que pudiera llegar a querer tanto a alguien como lo quiero a él. Sé cuán enamorada estoy, el hecho de perderlo fue lo que me hizo darme cuenta, y no quiero volver a pasar por eso otra vez.

- Claro que sí. - le digo besándolo No puedo creerme que vaya a casarme mañana. ¿Qué ha pasado con la Katniss que odiaba el matrimonio y todo lo que eso conllevaba? Supongo que al fin y al cabo, todos hemos cambiado, sobre todo cuando lo único que puede salvarte en esta vida es el amor.

Vuelve a besarme con más ansias y sin darnos cuenta nuestras ropas van desperdigándose por toda la habitación. Nos recostamos en la cama, acariciándonos lentamente. Sin prisas, esta noche es para nosotros. Siento la boca de Peeta bajar por mi cuello.

- Será efectivo lo que te ha dado Johanna ¿no? - me dice alzando la cabeza para mirarme.

- Si - le digo enredando mis manos en su pelo rubio - me ha dicho que me tome una cada semana, el mismo día y más o menos la misma hora. Si cumplo el horario no habrá problemas. Para que la primera hiciera efecto tenía que esperar media hora, supongo que hemos pasado esa media hora hace mucho...

- Esta bien - me dice más relajado. Cuando nos hemos quedado totalmente desnudos estábamos fascinados el uno con el otro, no podía apartar los ojos de él. Su cuerpo y el mío están llenos de cicatrices, pero el suyo aun así, es especialmente hermoso. Traté de taparme un poco cuando me sentí tan expuesta a él, pero no me lo permitió, me susurró tantas cosas bonitas que dejé mi verguenza de lado por esta noche. Su mano empieza a descender por mi vientre y se detiene en mi sexo. Arqueo un poco mi espalda cuando comienza a acariciarme ahí. Madre mía. Sus dedos empiezan a tocarme, al principio con miedo, pero se deja llevar por las reacciones de mi cuerpo. Mi mirada se detiene en su miembro erecto. Es la primera vez que veo uno y al principio me ha asustado un poco que eso tuviese que entrar en mi cuerpo. No es excesivamente grande ni grueso, supongo que es normal, dado que no tengo con que comparar. Es perfecto. Peeta me relaja con cada caricia, con palabras bonitas. Cuando vuelve a apoderarse de mi boca pongo mis manos en sus hombros y comienzo a descender por su espalda. Me detengo justo en el filo de su cintura, con un poco de miedo, pero al final bajo un poco acariciando sus nalgas y lo empujo un hacía mi. En ese momento su erección toca mi sexo y ambos soltamos un fuerte jadeo. Siento calambres recorrer mi cuerpo. Eso ha sido...espectacular.

- Joder Katniss... - escucho murmurar a Peeta sobre mis labios. Aventuro mi mano hasta rozar su sexo y el gime dentro de mi boca. Eso me hace sentir más segura, así que empiezo a acariciarlo lentamente.

- Espera... - me dice alzando la cara para mirarme. Detengo mi caricia y lo miro dudosa. - quiero terminar dentro de ti, no en tu mano. - dice sonriéndome. Asiento nerviosa y me da un beso en la frente. Coloca su miembro rozando mi entrada y siento como mis manos empiezan a sudar.

- Creo que va a dolerte... - me dice nervioso - tu sólo dime que pare y lo haré.

- Vale... - logro decirle mientras siento como empieza introducirse dentro de mí. Justo cuando está llegando aun más profundo noto una presión. Se para y me mira.

- Te quiero - me dice besándome.

- Te quiero - le digo devolviéndole el beso. Entonces siento un dolor agudo cuando se mueve dentro de mí.

- Maldita sea - exclamo. Siento una punzada de dolor y Peeta se para.

- ¿Estás bien? - me dice preocupado.

Empiezo a relajarme y las punzadas empiezan a ser más leves.

- He pasado por cosas peores... - le digo intentando sonreírle. Me devuelve al sonrisa y empieza a moverse lentamente. Unos segundos después el dolor pasa a un segundo plano cuando empiezo a sentir mi cuerpo vibrar con cada embestida y veo sus músculos tensarse. Lo miro fijamente, quiero quedarme con esta imagen en mi mente. Es...simplemente fantástica. La habitación se llena de jadeos y gemidos y con una última embestida siento mi cuerpo tensarse y liberarse. Ambos gritamos y Peeta se deja caer sobre mi cuerpo, exhausto. Nuestros corazones están a mil por horas Peeta se acuesta a mi lado.

- Deberíamos lavarnos. - me dice mientras ambos miramos al techo intentando calmar nuestras respiraciones.

- Si...y yo debería haberme traído el pijama. - giro mi cara hacia él y veo que me está mirando divertido.

- Podrías dormir así, no me importaría en absoluto. - le doy un golpe en el hombro. - Te prestaré alguna camiseta mía, ¿Vamos a la ducha? - me dice sujetando mi mano y besándome en el dorso.

Asiento y me dejo llevar por él.

Cuando volvemos a la cama, llevo una camiseta de Peeta que me llega a mitad de los muslos.

- Madre mía Katniss, estás tan...preciosa y sexy. - Su comentario hace que me sonroje. - Me dan ganas de hacerte el amor toda la noche. - me susurra en el oído cuando nos acomodamos en la cama.

-Peeta - le riño.

- Está bien, intentaré contenerme... - me dice mordiendo mi oreja. - Hasta mañana Katniss.- Siento un beso en mi pelo.

- Hasta mañana Peeta. - le digo acomodándome en su pecho mientras me rodea con sus fuertes brazos.

Al momento siento su respiración acompasada y sé que está dormido. Yo aun no puedo. Han sido demasiadas emociones en una misma noche. Bueno, ¿qué digo misma noche? en un mismo día. Hasta ayer estaba muerta de miedo por una estúpida carta y ahora acabo de hacer el amor con él. ¡Y mañana voy a casarme! Debemos de estar locos. Pero esto es un mundo de locos, ¿quién no lo está?. Supongo que ha estado en el distrito para buscar el anillo. Madre mía...no he caído en la cuenta de que podía haberle pasado algo. ¿Pero como sabía dónde estaba? Lo tenía guardado en un cajón de mi cómoda, en mi habitación.

A la mañana siguiente Peeta me dice que mi madre estaba al tanto de lo de la boda. Ella le dijo dónde estaba el anillo. Lo miro con la boca abierta mientras nos dirigimos al comedor.

- ¿Cómo estás tan loco de jugarte la vida yendo al distrito por el anillo? - le digo molesta.

- Supongo que es porque estoy loco por ti, Katniss. - me dice besando mi mano- Haymitch me ayudó e iba bien protegido. No te preocupes. - Estaba segura de que Haymitch también estaba al tanto. Lo miro mal pero al final me contagia su sonrisa.

Cuando acabamos de desayunar me dirijo a mi habitación, aun llevo el vestido puesto y la gente me mira raro. Peeta se despide de mi en la puerta.

- A las 5 te espero en los ascensores ¿vale?.

- ¿Vamos a casarnos en un ascensor? - le digo divertida mientras lo abrazo.

- Soy muy original..¿quién sabe? - me besa suavemente y se aleja por el pasillo.

Cuando abro la puerta de mi habitación mi madre y Prim posan su mirada en mi y miran mi mano.

Mi hermana no para de dar brincos por toda la habitación. Mi madre está contenta, pero no creo que sea como para tirar fuegos artificiales.

- Oh, que romántico todo - dice mi hermana. - las bodas secretas son las mejores.

Mi madre se acerca a mí..

- No estaba muy segura de esto cuando Peeta habló ayer conmigo. Me parecía muy precipitado, aunque bueno...la otra boda falsa lo era más. Me dolía saber que no era lo que querías, pero ahora sí. Sé cuánto te quiere ese chico, quizás las condiciones y lo que estamos viviendo hayan hecho que todo esto sea más precipitado. Pero sé que tu felicidad es él. Lo has pasado tan mal estos meses... - me acaricia la cara y tiene los ojos a punto de llorar.

- Le quiero mamá - le digo intentando aguantar mis lágrimas.

- Lo sé Katniss, por eso sé que os merecéis una vida juntos. Cuidaros el uno al otro y disfrutad de la felicidad que difícilmente puede conseguirse en estos tiempos.

A las cinco en punto mi madre, Prim y yo llegamos a los ascensores. Peeta está con Effie, Haymitch, Finnick, Annie, el hombre que los casó ayer, y Johanna. Pensé que íbamos a ser menos, pero es justo que ellos nos acompañen. Al fin y al cabo son parte de esto. Me tiembla todo el cuerpo. Peeta lleva pantalón negro y camisa blanca, tan guapo como siempre. Y yo me he puesto un simple vestido beige.

Agarra mi mano y el ascensor nos lleva a la superficie.

- ¿Dónde vamos? - le digo en el oído. Él solo me sonríe.

Cuando llegamos arriba abren la puerta de salida al exterior. Justo en la pequeña explanada de fuera, dónde una vez estuvieron las apestosas rosas de Snow hay cientos de pétalos de flores de colores. Mi boca se abre a más no poder.

- Hemos aprovechado un poco la decoración de ayer. - nos dicen Annie y Johanna.

- ¿Pero cuándo...? - les digo sorprendida mirando a mi alrededor.

- Hemos colaborado todos esta mañana preciosa. - me dice Haymitch.

- Gracias - les digo mirándolos.

Peeta agarra mi mano y Paul (el hombre que ofició la boda ayer) empieza con la ceremonia ante esa belleza natural . El bosque. Sintiendo el recuerdo de mis días de caza. Justo en medio de la ceremonia la puerta se abre y todos volvemos la cabeza.

- Perdón por la tardanza - es Gale. Lo miro asustada y sorprendida. Él me tranquiliza con una sonrisa sincera.

Se acomoda al lado de Johanna, que me guiña un ojo mientras lo mira de arriba a abajo. Faltaba él, por un momento me entró el pánico por su reacción cuando se enterara, y pena por no tenerlo conmigo.

Proseguimos con la pequeña ceremonia hasta que Paul nos dice que podemos besarnos. Empiezan a aplaudir y Peeta me besa como si fuera nuestro primer beso. A decir verdad, es nuestro primer beso de casados, de una nueva vida. Aun estoy procesándolo todo.

Sólo nos han dejado estar arriba una hora, así que cuando volvemos se me ha pasado todo tan rápido.

- Aun siento que estoy en una nube - le susurro a Peeta cuando nos quedamos solos en nuestra habitación. Si, si, nuestra, nos la han asignado. Peeta me agarra por la cintura y me acerca a él.

- Yo también - me dice dándome un beso en la punta de la nariz y bajando una mano por mis muslos.

- Ahora eres un hombre casado, tienes que comportarte. - le digo dándole un golpecito suave en el pecho.

- Oh,...señora Mellark, voy a comportarme muy bien con usted, de eso que no le quepa duda.

- ¿Siempre?

- Siempre - me dice antes de adueñarse de mi boca.

Esa noche, nuestra primera de casados, será la primera de muchas noches juntos.

Porque lo que no sabía en ese momento es que perdería a tantas personas en esa guerra, pero al final, él se quedó conmigo.

FIN

Buenas a todos! me he retrasado un poco, pero estuve dándole muchas vueltas al final. Tenía tantas ideas...y quería que fuese bonito. Me ha quedado un poco largo, pero espero que os guste. Gracias por haberme seguido y comentado durante estos días. Espero vuestras opiniones.

Sé que algunos me habéis dicho que Peeta era distinto, pero esa era la cuestión, estuvo retenido en el Capitolio, no quería que volviera igual que antes y que las cosas fueran tan fáciles. Katniss es muy reacia a eso del amor, tenía que darse cuánta de sus sentimientos hacía él. Peeta siempre ha puesto la seguridad de Katniss por encima de todo, por eso en un principio quiere alejarse de ella. Katniss empieza a sentir sus sentimientos más fuertes, y es ese amor que siente por él lo que la hace verse más valiente, más decidida y más "romántica". Es un cambio para los dos, aunque a Katniss haya que forzarla más a sacar exteriorizar sus sentimientos. Pienso que la boda era una manera acertada de afianzar esos sentimientos. ¿Por qué esperar si no sabes que podrá pasar mañana?. Todo un poco rápido, si, pero siempre contando con el tiempo que ellos han compartido durante los juegos, la gira, etc. Espero que esto haya resuelto algunas dudas. GRACIAS!