Disclaimer: Los personajes pertenecen a la Saga Twilight de Stephenie Meyer.

Historia Original y Registrada.


Los días pasaban –O las lunas, como había aprendido a calcular Bella gracias a que insistió a que Edward le explicara– y todo estaba normal, en lo que cabía.

Bella aún extrañaba su planeta. Más bien a su padre, y a Jacob. No le gustaba dormir porque era cuando su subconsciente jugaba con ella y la hacía recordar. Lloraba, pero no muy fuerte, ya que había aprendido a controlarse. No quería que Edward la escuchara y le hiciera preguntas. Eran sus recuerdos, y no quería compartirlos con nadie por el momento.

Con el alien la relación era muy simple: Se levantaban, él manipulaba un rato las insulsas pastillas que consideraba comida mientras ella se bañaba, luego se podía decir que desayunaban y se iban al trabajo. Cuando llegaban, Edward la dejaba hacer lo que quisiera siempre y cuando no molestara y él pudiera verla y por la noche, volvían a tomarse otra dosis de pastillas, luego Edward entraba a algunos de los otros cuartos a armar piezas o hacer más trabajo mientras ella le sacaba conversación, y por último se iban a dormir.

Convivir con Edward fue más fácil después de firmar el jodido contrato inventado. Él no era tan ofensivo ni violento como al principio.

Los días eran más cortos –unas 16 horas– por lo que Bella no sentía mucho la monotonía que irradiaba la vida en Vulturi, pero si le fastidiaba de vez en cuando. No podía dormir siquiera 5 horas seguidas cuando Edward la despertaba y no existía ningún tipo de entretenimiento que ella conociera.

Trabajólicos, esa sería la definición de esta especie en una palabra.

Esa mañana era la número 14 que llevaba con Edward. La tenía muy marcada en la memoria porque a la luna siguiente tenía que ir a donde los locos investigadores que querían estudiarla. Lo harían cada diez lunas desde la número 5. Bella no recuerda nada de esa primera vez, ya que Edward la sedó y cuando despertó estaban en el auto volador de vuelta a casa. Le dio miedo y casi le da un ataque de no ser porque Edward le mostró en una de sus tabletas lo que habían hecho con ella: Exámenes y exámenes de sangre, órganos y demás. Bella decidió creerle por su salud mental.

Sin embargo, esta vez él mismo se había encargado de ponerla nerviosa cuando le dijo que habían exigido que mañana la llevara despierta, y que estuviera lo suficientemente relajada.

¿Relajada? ¿Qué es eso?

– ¿Puedes dejar de moverte? Me desconcentras –Le dijo Edward mientras manejaba hacia el centro donde trabajaba. A Bella le sudaban las manos de los nervios. Y eso que todavía faltaba un día.

–Lo siento –respondió colocándose derecha– Pero esto es culpa tuya –terminó cruzándose de brazos.

–Que yo sepa no he hecho nada para alterarte de esa manera.

–Decirme lo de mañana me ha puesto así. No estaré relajada ni en un millón de años, además que esos investigadores me dan miedo.

–Sólo conoces a los Supremos, el equipo investigativo es demasiado grande, y todos son diferentes.

–No me quiero imaginar a los subordinados.

–Basta Isabella. Hemos llegado. Ni una palabra sobre esto, trata de relajarte, no te va a pasar nada. Además que desde hoy terminaremos temprano y no hay tiempo para distracciones.

– ¿Si? ¿Y eso?

–Por fin arreglé el simulador. Volveré a entrenar. Isabella no hagas eso.

Bella brincaba oprimiendo los botones de alerta llegó-el-jefe cómo ella les decía. Estaban muy altos en el ascensor y le gustaba saltar para tocar las masitas gelatinosas. Además, quería relajarse y distraer su mente de lo de mañana.

–Sabes que me gusta hacerlo, se sienten geniales. ¡Oh! Y también es genial que vuelvas a entrenar ¿Podré entrar en la simulación?, ¿podré verte?, ¿podré entrenar yo?

–Tienes que entrar, es la única manera de tenerte vigilada, por ende podrás verme, y no, ni loco te dejaría practicar. Es peligroso para alguien como tú.

Bella suspiró. Eso no había podido cambiarlo: que Edward la miraba por encima del hombro era un hecho con el que tenía que cargar.

–Está bien. Entonces, manos a la obra. ¿Emmett habrá arreglado la tableta?

–Se lo preguntaré. Usa la otra que te dio mientras tanto. Tenemos trabajo qué hacer –Y con eso, Edward se ubicó frente a su equipo, ahora hablando su idioma materno y colocándose en modo trabajo, ignorándola a ella, como era costumbre.

A Bella ya no le ofendía. Se había resignado a que Edward era así.

De reojo mientras se sentaba en un rincón de la sala, vio a Emmett y le mandó una sonrisa. Él no la miró porque estaba concentrado en su jefe, pero se conformó con haber mandado el gesto.

Emmett era, a opinión de Bella, el chico de todo el equipo que le caía mejor. Al segundo día se le había acercado a hablarle asustándola de muerte. Edward le dijo después en casa que no iba a hacerle daño, que Emmett sólo quería que se sintiera bien. Al día siguiente ella le sonrió, haciéndolo reír, y a la mañana siguiente una tableta estaba en sus manos.

Emmett la construyó para ti. Alice le contó algo sobre que dibujabas en las paredes de la cápsula en la nave, así que investigó un poco sobre los humanos y esto es lo más parecido a una libreta que pudo hacer. Hasta hizo un lápiz y la animación de las hojas. Lo regañaré si no rinde hoy por andar haciendo esto.

Bella rodó los ojos ante el recuerdo de las rígidas palabras de Edward. Emmett, menos mal, trabajó excelentemente, y Bella pudo agradecerle al final del día dedicándole su primer dibujo. No supo si el chico entendió cuando ella se le paró al frente y puso la tableta en su cara, pero su risa le dijo que le había gustado el gesto.

Cosas como esas hacía que su estancia en Vulturi fuera más llevadera.

Cuando terminó de dar las indicaciones del día, Edward pudo mirar dónde se encontraba Isabella. Estaba sentada con su tableta nueva y escribía. Lo sabía por la forma en que movía el lápiz magnético. Si dibujaba, hacía trazos largos y se mordía el labio.

– ¿Edward? –Escuchó la voz de Emmett detrás de él.

–Puedes hablar Emmett –Le respondió desviando la mirada de Bella hacia la pantalla que tenía enfrente. Las ubicaciones que estaban obteniendo eran demasiado precisas. El trabajo final sería un éxito.

–Ya arreglé la tableta de Isabella, no eran un gran problema, y pude conservar todos sus dibujos y escritos.

–Me la entregarás al final del día. Continúa con la decodificación.

–Está bien –Edward podía sentir las palabras de su subalterno querer salirse de su boca.

– ¿Qué pasa? –Le soltó.

–Nada, es que… parece una chica muy sola.

–Lo es, sólo puede hablar conmigo, y generalmente tengo trabajo qué hacer… ¿Qué pretendes Emmett? –Edward acorraló mirándolo ahora de frente. Era bueno leyendo expresiones y sabía que algo planeaba.

–Por ahora, nada… pero ¿Crees que podríamos crear algo, no sé, alguna manera de que ella se comunique con nosotros? Tal vez pueda ayudar—

–Ella no puede ayudarnos en nada, no está aquí para eso. Es tan simple como que ella es una carga que tengo que llevar a todas partes mientras los Investigadores la estudian cada cierto tiempo. Ni siquiera era una humana destacada.

–Pero—

–Detente Emmett. Le di esa cosa que le construiste porque la mantiene distraída la mayor parte del tiempo y no fastidiando por ahí. Nada de esto tiene que ver con ella. Sigue trabajando y no hables más hasta que lo ordene.

Emmett se fue con el rostro impasible, acatando su orden.

No pasó mucho tiempo cuando Edward sintió nuevamente su trabajo interrumpido.

–Pienso que fuiste muy brusco con Emmett –Murmuró Alice a su lado.

–Pienso que debes ponerte a trabajar y dejar de curiosear, nunca mejorarás así vayas a millones de terapias.

–Ahora pienso que estás siendo brusco conmigo –Refunfuñó la chica, tomándole del brazo obligándola a mirarla– ¿Qué pasa? ¿Tiene que ver con Bella?

–Te he dicho que no la apodes así, su nombre es Isabella.

– ¡Bah! Es muy largo… Entonces, ¿Tiene que ver con ella?

– ¿Para qué preguntas si escuchaste todo?

Alice rio: – ¿Me cuentas por qué te molesta?

–Es… No es nada ¿Si? Ideas absurdas de Emmett, no estamos para eso.

–No creo que sea absurdo. Edward, esa chica la pasa muy mal—

–Claro que no –Edward soltó una risita– A veces es tan feliz que me irrita.

–Sólo es una fachada. Me extraña que no sepas leerla como lo haces con el resto. Esa chica está muy triste, además, he visto algunos de sus dibujos, todo lo que siente está allí…

–No deberías expiar Alice—

–No me cambies de tema Edward –Le dijo más seria, sorprendiéndolo– Cualquier cosa que hagas por ella será importante. Es la única en un planeta lleno de cosas que desconoce. Deberías preocuparte por hacerla sentir bien. ¡Vives con ella!, deberías ser más considerado. No tiene la culpa de nada. Ni tú, ni ella la tienen.

Edward se quedó de piedra ante las palabras de Alice. Nunca le había hablado de esa manera, ¿Y lo estaba haciendo para defender a Isabella? Algo raro estaba pasando. Primero Emmett, ahora Alice.

–Sigue trabajando –Se limitó a decir volteándose para no mirarla– No estamos para perder el tiempo.

Alice desapareció, y Edward sintió el enojo tras su espalda.


–Así que… ¿Cómo funciona?

–Póntelo en la cabeza… así no Isabella, esta parte va hacia adelante.

–Pero no voy a ver nada...

Edward suspiró de la impaciencia. Se acercó a ella acomodándole el casco para el simulador. Tenía una parte delantera que abarcaba toda su cara, con el fin de poder manipular sus sentidos, sin embargo, pudo ver cómo a Isabella le molestaba.

–Esto es jodidamente fastidioso –Dijo ella cruzándose de brazos– Hasta la ropa que usamos, ¿Por qué siento hormigas corriendo sobre mí?

–Es el censor, está registrando tu cuerpo para poder introducirlo en el mundo virtual. Deja de moverte, apenas ingreses no sentirás nada.

–Está bien. ¿Estás listo?

–Casi, contigo todo siempre se atrasa.

Escuchó el ligero suspiro de Isabella, pero no le prestó atención. Era muy sincero y eso no podría cambiarlo nunca.

Empezó a manipular los mandos de control en la pared. Hoy sería un entrenamiento suave al principio, pero subiría de niveles muy apresuradamente. Tenía tiempo sin practicar y necesitaba ponerse en forma lo más rápido posible.

Al terminar de configurar, se puso él mismo su casco y presionó el botón del mando de su muñeca.

La sensación que lo embargaba estar en el mundo virtual era única: Era más libre y siempre estaba más relajado que en el mundo real. Entrenar lo desestresaba como nada lo hacía.

– ¡Wow! ¡Esto es demasiado real! Es una sala de entrenamiento ¿Cierto? Parece un gimnasio –Oyó la voz de Bella a su lado como una niña– ¿Qué haremos? ¿Puedo explorar?

– ¡Oye! –Le llamó Edward cuando vio sus intenciones de correr– No puedes moverte de aquí –Terminada la frase la tomó del brazo y la sentó en el suelo, a su vez que se agachaba frente a ella– Esto es zona segura. ¿Ves los postes rojos? –Le dijo señalando las estructuras que formaban un cuadrado a su alrededor.

Isabella asintió con la cabeza. Ya Edward se había acostumbrado al gesto afirmativo, junto con otros más. Como el No o cuando giraba los ojos.

–Si los pasas, entras en zona de práctica. Ahí solo podré estar yo. No tienes permitido ingresar.

– ¿Qué pasa si lo hago?

Edward suspiró. Esta chica era demasiado curiosa para su propio bien. Aunque agradeció que preguntara, así conocería las consecuencias antes de no hacer caso.

–Mira, es cómo si hubiese una pared invisible entre la zona segura y la de práctica. Sólo yo puedo pasar esa pared. Si tú siquiera la rozas, chocarás con un campo magnético y te hará daño. Y no será sólo virtual. Este universo empalma con el mundo real. Todo lo que pase aquí se reflejará allá. Por eso debes estar aquí: Cuando un ataque aparezca será para mí, como si tu no estuvieras en la simulación.

– Ok, Y dado el caso... ¿Qué tipo de daño? –Dijo ella con voz temblorosa. El rio internamente, le gustaba cuando Isabella entendía el peligro.

–No lo sé, hasta ahora nadie que no se le haya permitido el paso lo ha intentado. Espero que tú tampoco lo hagas. ¿Entendido?

–Sí, prometo ser obediente.

–Bien, empecemos –Finalizó Edward activando una opción en su control y atravesando la barrera de la zona segura como si no hubiese nada.

Hora de la acción. La necesito.


Emocionante.

Esa era la palabra que describía sus prácticas en el simulador. Cada vez que golpeaba algo o alguien, parte de él se liberaba. Los ataques en grupo eran los que más le gustaban, ponían a prueba su resistencia. Le gustaba probarse. Quería ser el mejor en todo.

Edward tomó un respiro luego de un ataque en emboscada. Después de estos vienen los ataques aleatorios y necesitaba la máxima concentración. Decidió echar un vistazo a Isabella, quien se encontraba demasiado cerca de la barrera poniéndolo de los nervios.

–Isabella, estás muy cerca, puedes tocar la barrera por accidente.

–Pero no te puedo ver bien, aquí no haré nada, no soy tan torpe. Además deberías enseñarme algo, me estoy aburriendo.

–Tú y esa palabra. No es mi culpa que te aburras, no estoy aquí para entretenerte.

– Está bien.

Silencio. Edward sabía que la chica diría algo en poco tiempo. Al parecer odiaba el silencio.

No se equivocó.

– ¿Y practicas solo? Es decir, ¿nunca hay nadie por aquí?

–A veces invito al equipo como espectadores, pero generalmente solo. Favorece mi concentración. –Mientras hablaba, se estiraba. Su cuerpo respiraba la libertad de movimiento.

– ¿Para qué entrenas?

Edward sonrió, recordando diferentes episodios donde había tenido que pelear.

–La Tierra no es el primer planeta que visito: Vulturi colonizó ya 13 de ellos en varias galaxias. He estado en todos y muchos de sus habitantes son agresivos. Toca aprender técnicas de combate. Creo que recuerdas la escena donde nos conocimos.

–Preferiría no hablar de eso –Vio en Isabella un estremecimiento– Creo que tenemos una buena relación ahora para dañarla por diferencias de opinión.

– ¿Sobre qué? –Edward se acercó un poco. Le estaba interesando la conversación.

– ¿No y que ustedes no son curiosos? Sigue entrenando Rocky.

– ¿Qué dijiste? No me esquives la pregunta. Odio que hagas eso.

–Olvídalo –Isabella rodó los ojos. A Edward le fastidiaba cuando lo hacía– El punto es, que no estoy de acuerdo con tu definición de "agresivo". ¿Qué si sólo estamos defendiendo lo que nos pertenece? Ustedes son unos invasores, quieren robar nuestro espacio. ¿Para qué? No lo sé, pero a mi parecer no tienen ningún derecho, sea cual sea la razón.

El alien la miró fijamente. Se dio cuenta cómo ella se incluía entre su definición de los habitantes. En teoría debía hacerlo. La Tierra era un planeta complicado: Sus habitantes más notorios, los seres humanos, eran más inteligentes de lo que esperaban. Pero no fue culpa de los vulturianos su destrucción. Fue culpa de ellos mismos.

–Hablas sin saber Isabella –Le dijo Edward– Ustedes ni siquiera querían a su planeta, lo destruían de a poco: Las plantas, los animales, el agua, todos sus recursos los agotaban cómo si no valieran nada. La corrupción de sus gobiernos. La falta de control. Nosotros sólo queremos darle el mayor provecho posible a La Tierra.

– ¿Y para eso tienen que exterminarnos?

Oh si, estaba enojada, deberíamos parar –Pensó Edward, pero no quería acabar la conversación. Ella no entendía nada. Además, que no estaba violando el contrato. No había agresividad por su lado.

–Yo no he dicho eso –Replicó– De hecho—

– ¡De hecho ¿Qué?! –Gritó Isabella levantándose quedando frente a él– Todas esas bombas ¿Las pusimos nosotros? Esos incendios, esas balas… ¿Me vas a decir que somos unos masoquistas idiotas? ¿Qué toda esa humanidad muerta fue producto de una máquina de autodestrucción? ¡Ja! Ahora veo que si puedes mentir. O que pueden contar chistes.

–Sólo piénsalo –Dijo Edward respirando profundamente, tratando de estar tranquilo– ¿Dónde están tus líderes ahora? ¿Eh? Escondidos bajo tierra o quién sabe dónde. Huyendo como escorias. Dejándolos a ustedes a la interperie. Si no les interesaban a ellos ¿Por qué nos interesaríamos nosotros por ustedes?

– ¡Eso es mierda! –Gritó una colérica Isabella– Son unos seres sin corazón, ¡Una basura! ¡Nosotros nos somos perfectos, joder! ¡No tienen que matarnos por eso!

Edward estaba tan concentrado en las palabras de la humana que no se dio cuenta cómo se estaba acercando a él, que bordeaba el límite de la zona segura.

– ¡Isabella aléjate! ¡Te harás daño!

Sus palabras llegaron tarde. Isabella lanzó una mano hacia él, y en seguida, volaba por los aires mientras profería un agudo grito.

Edward desactivó el muro invisible y corrió hacia ella, agarrándola antes que se golpeara la cabeza con el duro suelo. Puso una mano debajo de su cabeza y otra en la mano que había tocado la barrera. Estaba quemada e Isabella no dejaba de gritar.

Como pudo la dejó acostada en el piso mientras trataba de salir del simulador, lográndolo inmediatamente.

Se quitó el casco como pudo y sacó el de Isabella, quien empezó a gritar de nuevo mientras la agarraba sentándola en el suelo. Se colocó a su lado y empezó a mirarle la mano nuevamente.

– ¡Duele, Edward, duele! ¡Haz que pare por favor!

– Ya, ya, está bien, cálmate –La confortaba– Llamaré a Rosalie, ella te curará. No pasará nada. Tranquilízate.

Aunque Isabella no hizo caso y siguió gritando, Edward le levantó rápidamente yendo a su cuarto de controles y emitiendo un Caso de Emergencia a Rosalie. No tardó en contestar.

–Problemas en simulación –Dijo apenas la vio.

– ¿Daño? –Preguntó Rosalie rápidamente.

–Isabella… Se quemó la mano.

Vio a Rosalie mirar hacia un lado con disgusto. Pero después volvió a fijar su mirada en él.

–Voy para allá inmediatamente. Es una humana, el problema puede ser más grave de lo normal.

–Te espero.

Edward cerró la comunicación y volvió al cuarto de armas, donde Isabella seguía sentada en el piso llorando de dolor, y provocando en Edward una sensación desgarradora.

Se acercó a ella, apoyándola en él mientras trataba de cerrar sus oídos mientras le decía que se calmara.

Él sólo quería que parara.


Rosalie se estaba tomando su tiempo con Isabella mientras Edward no dejaba de estar ansioso. No entendía la sensación que aún lo embargaba. El recordar los gritos y ruegos de ella lo conmocionaron como nada lo había hecho.

–No te preocupes, Rosalie sabe hacer bien su trabajo. La humana estará bien.

La voz de Emmett sacó a Edward de su letargo.

–Lo sé, confío en ella. Es que… fue horrible escuchar a Bella. Todavía estoy algo alterado.

Edward escuchó como Emmett se reía.

– ¿Qué?

–Le dijiste Bella. ¡Wow! Te tocó fondo—

–Cállate. Sólo fue un error. Culpa de escuchar a Alice supongo.

–Admítelo Edward, no somos de hierro. Además, no te critico, es una buena chica.

–Ojalá te escuchara Rosalie –Edward se enderezó mirando de reojo a Emmett.

–No confundas las cosas, no siento nada por Bella. Sólo, al igual que Alice, me parece que está sola. Un apoyo creo que sería bueno para ella. Yo se que piensas lo mismo que nosotros en el fondo.

Un suspiro resignado dejó a Edward.

–No te excedas con la confianza Emmett. Cómo te dije, nuestra misión es otra. La tuya, terminar la labor de investigación de la Tierra, y la mía, además de lo anterior, vigilar a Isabella. No tenemos tiempo para más. Contando que ella genera mucho más problemas a su vez.

–Creo que exageras, es decir, es la primera vez que sucede algo así ¿Se han presentado otras situaciones así de graves?

En su mente, Edward reconocía que su compañero tenía razón. Inclusive sabía muy internamente que la mano quemada de la chica fue un accidente provocado por el enojo de los dos. Pero jamás los admitiría abiertamente.

–Yo creo más bien en que debería dejar de brindarles confianza. Están abusando –Se limitó a responder.

–No es cierto. Sólo es la verdad. Leí en alguna parte que la verdad duele…

–Cállate.

Rosalie salía de cuarto de Edward, con el rostro algo cansado.

–Reporta Rosalie –Le dijo Edward. De los tres clase 3 que tenía, ella era la más reacia a tratarlo con confianza. Siempre tenía que ordenarle.

–La humana está bien. Sufrió quemaduras fuertes, pero se recuperará en unas cuantas Lunas. Tuvo suerte, pudo perder su mano si hubiera tenido un impacto más potente. Tiene una venda sanadora. Mientras no se la quite el proceso de curación irá a buen ritmo.

– ¿Y con el dolor? –Preguntó, recordando cómo cuando la trasladaba junto con Emmett a su cuarto. Ella aún gritaba, pero todo quedó en silencio al poco tiempo en que Rosalie entró en acción.

–Prácticamente tuve que drogarla. Es muy escandalosa. Quería dormirla, pero me daba miedo hacer algo indebido y que no pudiera reaccionar. En estos momentos dormita, pero no tardará en empezar a delirar. Luego creo que no le dolerá, pero no lo sé, su sistema es demasiado complejo. Llámame si manifiesta dolor otra vez.

Eso es muy alentador… –Pensó Edward con sarcasmo.

–Está bien. Yo me encargaré de ella ahora. Buen trabajo Rosalie.

Ella se limitó a mirarlo, mientras tomaba la mano de Emmett a su lado y salían.

Edward caminó hacia su habitación, encontrándose a una Isabella que se reía sola.

–Isabella –La llamó mientras se acercaba.

Ella se volteó y lo miró con ojos vidriosos y la mirada algo perdida ¿Qué le había dado Rosalie?

– ¿Edward? ¡Oh! ¡Tiempo sin verte! ¿Dónde estabas? –Mientras hablaba se levantó de la cama y se tambaleó hacia un lado. Edward la agarró por el brazo para estabilizarla.

– ¿Qué te sucede? ¿Estás bien? ¿Cómo está tu mano? –Dijo levantándola para mostrar su punto. Estaba cubierta con la venda negra.

– ¿Mi mano? ¡Está perfectamente! ¡Oh! ¡Que linda venda! Combina con tu ropa.

Edward no dejaba de mirarla mientras más incoherencias salían de su boca.

–Ven, vamos a acostarte, tienes que dormir…

–Sí, porque tú siempre vistes de negro –Él se dio cuenta que Isabella lo ignoraba, sin embargo la guió hacia su cama aprovechándose de la poca lucidez que tenía– Aparte de tus pijamas grises. Aunque mejor que no las uses ¿sabes? Son horrendas, al igual que la ropa que me dieron. Te ves atractivo en negro. Siempre he pensado eso, ¡Ah! estoy segura que hasta tu ropa interior es negra. Lo es, ¿cierto?

A este punto él no pudo evitar soltar una risa. Isabella nunca diría eso en sus cabales. La acostó sin dejar de reírse mientras ella se reía también.

–Estás loca ahora. Duerme. Mañana tenemos cita. –Le dijo mientras salía de la habitación de ella.

– ¿Dormirías conmigo? No quiero estar sola. Odio la soledad ¿Sabes? Siempre he estado con Charlie y conversábamos durante horas y horas. Él me enseñó a no callarme nada, también era muy conversador. Quédate, quédate, quédate.

Recuérdame maldecir a Charlie por hacerte tan habladora.

–Definitiva y rotundamente, estás loca. Me voy a dormir, A. Mi. Cama. Estoy atento por si te duele la mano, me gritas. SOLO por eso ¿Entendido?

Isabella suspiró y subió la mano hasta su frente, haciendo una seña con ella que Edward no entendió.

–Entendido capitán.

Y esa expresión sí que menos.

Se acostó colocándose el medidor: 5 partes de 10. Por lo menos creía que podía recuperarse completo esa noche.

Hasta que escuchó los llantos de Isabella.

Se acercó hasta su cuarto. No tenía puerta por lo que pudo verla desde la entrada.

– ¿Isabella? –La llamó, pero no recibió respuesta más que unos sollozos. Estaba boca arriba extendida en la cama.

– ¿Estás bien? –Intentó de nuevo– ¿Te duele la mano?

– ¿Charlie? –Fue su respuesta. Al rato volvió a hablar– ¿Estás ahí papi?

Edward no sabía que responder. Sólo se quedó callado. Vio la mano de la chica, pero no se la tocaba. Al parecer no le dolía. Sus ojos cerrados le indicaron que todavía dormía.

Recordó parte de información que había recibido de los humanos: Ellos soñaban mientras dormían, el subconsciente creaba historias en su cabeza durante el estado de letargo.

–Te extraño papá –Escuchó la voz de Isabella otra vez– Vuelve conmigo. No quiero estar sola.

Una extraña sensación embargó a todo el cuerpo de Edward: La voz sin vida de Isabella rogando por su padre cavó más hondo que los gritos de dolor de la quemazón.

Y pensó que nada más lo haría.

–Te amo papá –Dijo por último Isabella antes de caer rendida otra vez.

Edward se quedó mirándola en la puerta un rato más. La humana se retorcía con incomodidad en su cama, sus hombros tensos y mandíbula apretada, soltando palabras ininteligibles de vez en cuando. Quería acercarse, pero le daba miedo. Nunca había visto algo así en su vida ¿Tenía que despertarla? ¿Se haría daño dormida? ¿Recordaría algo de lo que soñaba?

Cuando vio que su cuerpo se relajaba y su respiración se ralentizaba a un ritmo normal, Edward volvió a su cama, pero no pudo volver a dormirse. El día lo había llenado de tantas emociones que no sabía cómo manejarlas dentro de él.

Y mucho menos sabía qué significaba el dolor en el pecho que se había acumulado desde el primer grito de Bella en el simulador, y que había vuelto a sentir cuando la escuchó llorar dormida.

De lo único que estaba seguro es, que si no lo mataba ese dolor, lo haría la frustración.


Prometí que el otro vendría rápido y aquí lo tienen :). Espero que les guste este capítulo.

No creo que nos veamos más hasta dentro de una semana así que Feliz Año 2014 a todas las que se han sumado a la historia y muchas gracias por su apoyo en los reviews, alertas y favoritos :)

¡Nos vemos! Que tengan una excelente semana :3

MJ