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Sero estaba seguro de haber nacido para amar a Ashido. Si se lo dijera a alguien de afuera, o hasta sus amigos, seguramente se lo criticarían. Que debería vivir para sí mismo, para una meta propia; que claro que las tenía, por ejemplo, estaba estudiando turismo para cumplir su sueño de viajar por el mundo; pero en su meta también sumada a la chica rosada tomando su mano mientras le mostraba lugares desconocidos que hicieran iluminar sus hermosos ojos. En sus sueños ella siempre sonreía, cuándo él le tomaba la mano en un almuerzo frente de la torre Eiffel o bailando una música tradicional en un pequeño pueblito, ella siempre sonríe, tanto en la vida real como en sus ilusiones, y a él le gustaría mantener aquella sonrisa.
Si le pidieran ubicar el momento exacto en que cayó enamorado de ella, le sería imposible. Después de todo, nació para amarla. El enamoramiento bien pudo haber nacido el momento en que la conoció, ella con tres años y su cabello rizado completamente negro, a juego con su oscura piel, o se pudo haber dado con el tiempo, con pequeños detalles que le pasaron desapercibidos. Lo único que sabía era que amarla le era tan necesario como respirar y tan apegado a su sistema como el proceso de mover las piernas para caminar.
Sus pensamientos sobre la chica de sus sueños y realidades se ven interrumpidos al caer de la cama. Abre los ojos y recuerda, la parlanchina de Hagakure le estaba hablando entusiasmada sobre su futura boda.
—Sero, ¿Me estás escuchando? —se queja, arrodillándose a su lado.
—No —dice riendo mientras ella le da pequeños golpes en la cabeza— me perdí cuándo dijiste de que podría ir a una cita con Ashido.
—No es una cita, es una boda. Pero si —afirmó fuertemente con la cabeza— es mi madrina, así que está obligada a ir. —Tras lo último dicho recae en sus palabras y junta sus manos temblorosas liberando un pequeño chillido, luego se apresura a subir a la cama de Sero para saltar sobre esta repitiendo constantemente "Señora Tooru Ojiro". Hanta ríe, porque tal vez en su situación haría algo semejante, y se une a sus saltos y festejos.
Después de una hora de festejos improvisados, entre que se rompía la cama de Sero y que se devoraban todo lo que estaba en la casa; apareció Bakugou sorprendido por la presencia de la chica y, pocos minutos después, Ashido junto a Kirishima, que ya eran atacados por el hambre. Ni bien la chica vio a su amiga, fue corriendo para saltar a su encuentro. Después de todo, no esperaba que regresara tan pronto.
—Tooru —exclamó para luego darle un beso en la mejilla y mantener el abrazo— llegaste muy pronto.
—Si, la elección del nuevo Alfa y el que siga amando a Mashirao con más fuerza cada día me hizo pensar, "Hey, tal vez si es el momento" y lo mejor es que da con las fechas que había reservado en nuestra primer cita —dijo feliz entre los brazos de su amiga, esta se separó y empezaron a gritar al unísono.
Sero observó la felicidad de Tooru, ella es un ejemplo de nos escuchar las críticas a sus acciones. El mismo día que conoció al tranquilo de Ojiro cayó en que era su alma gemela y en la mismísima primer cita, lo arrastró a reservar un lugar para su boda. Que sería justo un año después, en lo que sería su primer aniversario si todo salía bien y si ese repentino romance no terminaba tan rápido como empezó.
A la chica sus padres la persiguieron diciéndole de que era una mala idea, ellos mismos constantemente le preguntaban si estaba segura de lo que estaba haciendo. Hasta que faltando dos meses para la boda, sus padres la obligaron a un viaje donde se alejaría de su prometido, así, según ellos, finalmente pondría los pies en la tierra. Pero eso no pasó. Todos pudieron escuchar en sus llamados para saludar, como extrañaba cada instante a aquel chico que la hizo perderse en solo una mirada. La chica, siempre siguiendo temas como el destino; obviamente tuvo que tomar como señal que se eligiera el líder masculino tan cerca de la fecha y que su amor por su enamorado —y como el de él hacia ella— solo había crecido con la distancia. Así que ella tomó la elección de Kirishima como que el mundo le señalaba el nuevo comienzo que haría su vida. Su nuevo líder, acompañar a su mejor amiga de quien era la mano derecha a todos los cambios que deseara hacer y empezar un nuevo camino hasta el final del arcoíris junto al chico que amaba tanto.
Ajeno a todo, Kirishima cerraba la puerta del departamento y se dirigía hacía una silla dónde se desplomaba con una notable expresión enferma. Bakugou sin duda lo notó, pero antes de que se le ocurriera decir algo; Sero se le adelantó.
—Viejo, te ves terrible ¿Estás bien? —dijo poniéndose a su lado y hablando en un tono bajo, para no interrumpir la alegría de las chicas. El contrarío afirmó con la cabeza.
—No te preocupes —respondió con el mismo tono suave. Seguido sintió una mano caliente en su frente y unos ojos carmín que lo miraban desde arriba.
—¿Es una de esas mierdas? —preguntó Bakugou aún tocando su frente— ¿Uno de los cambios de tu cuerpo?
—Si —mintió Kirishima, alejando con pesar la mano de quién le gustaba— es uno de esos cambios —terminó mientras dirigía su mirada hacia el suelo, odiaba tener que mentirle pero él tampoco sabía muy bien que estaba pasando para poder hablarlo bien.
En el camino de vuelta Inasa preguntó si habían sentido ese horrible olor, Todoroki respondió extrañado que no. Pero sus miradas se cruzaron durante un instante con la de su compañera que se notaba preocupada. El resto del viaje fue en silencio, por lo menos hasta que llegaron a la puerta de su departamento, dónde Todoroki volvió a hablar "Aunque no sentí ningún olor, creo saber a qué se refieren. Por favor Alfas, no desconfíen de Yaoyorozu". Lo último lo dijo girándose hacia atrás, intercambiando miradas entre ambos. Ashido apretó su mano antes de salir y Kirishima se alegró que ya dentro se encontrara con su mejor amiga para que le borrara esa expresión tan atípica en su rostro. En cuanto a él, no le dio una respuesta a Todoroki y solo se despidió.
Levantó ligeramente la vista para ver como Ashido y Hagakure hablaban emocionadas de los vestidos de dama de honor.
—Hey —se sumó sorpresivamente a la charla Bakugou— ¿Siguen las mismas fechas?
—Si —respondió la novia emocionada— dentro de una semana —remarcó levantando el dedo índice, tras eso Ashido la abrazo por la cintura y volvieron a saltar y gritar emocionadas.
Bakugou se peinó el cabello hacia atrás con una obvia mueca irritada, Sero lo miró confundido y Kirishima ni siquiera levantó la vista. Le era imposible olvidar ese olor y menos tan rápido como lo había hecho su amiga.
—Alfa —dijo fastidiado— ¿Recuerda lo que es dentro de una semana? —razón por la que él se acordó de la fecha en primer lugar.
Las chicas se miraron confundidas dejando de lado su festejo— ¿Tu cumpleaños? —se animó a preguntar Ashido.
—Tendrás un gran pastel —dijo emocionada Hagakure.
—NO. —respondió irritado Bakugou, sufriendo al pensar que aquellas dos tenían una jerarquía más alta que la suya. Respiró, intentando tranquilizarse— Piensa Alfa, sólo debemos preocuparnos de una semana al mes.
—Yo de dos —dijo en tono de chiste, mientras chocaba el codo con el de su amiga. Pero entendió lo que quería decir Bakugou, porque en un principio lo había tenido en cuenta. Se acercó a un calendario que tenían colgado en una pared— aunque, si las dos semanas se convierten en una esta lobita es peligrosa —continuó, buscando la fecha. La encontró, dejándola marcada con su dedo— ¿Se acuerdan del año pasado? Estaban aterrados —rió.
—Alfa. —Ya sé Bakugou. Es el último día del ciclo, el más fácil de controlar. Sólo debo pedirle algunas medicinas a Ibara, ponerle un tanto de concentración de mi parte, y ninguno de ustedes se transformará —terminó guiñando un ojo. Bakugou resopló aún más irritado, lo que confundió y molestó a la chica.
— ¿Controlarás también a Kirishima? —soltó, disfrutando cada palabra y las reacciones de su líder.
—Mierda —soltó la chica en un suspiro. Quemando en ácido el calendario debajo de sus manos.
— ¿Qué pasa si en la luna llena es su presentación? ¿ACASO NO PENSASTE…? —Comenzó levantando la voz, siendo interrumpido por Ashido.
—CÁLLATE BAKUGO. —Este sintió un fuerte apriete en su garganta, su boca se entumeció y sus ojos comenzaron a girar lentamente en sus órbitas quedando poco a poco en blanco. Se pudo escuchar un ruido que escapó de su boca, que hizo que todos temblaran y que Ashido corriera a su lado intentando controlarse a si misma, donde su amigo rasguñaba con fuerza su cuello en un intento de lo que lo estuviera atacando le permitiera respirar. Finalmente la Alfa pudo liberar su habilidad y saltó a abrazarlo a tiempo que caía de rodillas al suelo, disculpándose entre lágrimas y con el ambiente enmudecido.
La alegría que los embragaba fue cortada de un tajo, la lobizón y Sero fueron presas de un inquietante terror hacia la persona que tanto apreciaban. Kirishima levantó poco a poco la mirada y observó como Bakugou intentaba separarse de los brazos de Ashido, mientras esta le volvía y volvía a pedir disculpas.
—Lo lamento —dijo Kirishima, todos giraron a observarlo sorprendidos— si no fuera porque me transformé tan cerca de la fecha esto no hubiera pasado.
—No, es mi culpa —negó con la cabeza Hagakure— nunca me paré a pensar en ustedes al elegir la fecha, y aún así la reservé de noche.
—Lo lamento—seguía repitiendo Ashido en el oído de Bakugou, ambos arrodillando frente a frente.
—Sé que no fue a propósito —dijo habiéndose dado por vencido en separar el abrazo. Que, sorprendentemente, junto a su aroma, lo tranquilizaba— es más bien raro que considerando las fechas la diosa luna decidiera la presentación tan pronto.
—Ve a preguntarle a Uraraka —dijo Sero, en un tono que la chica sintió que la acariciaba. Ashido se levantó tras dejar un beso en la frente de Bakugou— ella se comunica más fácilmente que el resto con la diosa, tal vez pueda averiguar la fecha.
Mina le sonrió por poder hablarle como normalmente a pesar de lo sucedido hace unos instantes y él no tuvo de otra opción de corresponder la sonrisa.
—Bien, hablaré con Ochako y arreglaremos que haremos —observó a Hagakure que afirmó con la cabeza, dando a entender que la acompañaría. Agradeció la oscuridad de la noche que caía sobre cielo tras la ventana para no tener que tapar cada parte de su colorida persona. Se despidió de Sero y Kirishima desde lejos, y de Bakugou con un abrazo. Disculpándose nuevamente, con éste empujándola por la cabeza intentando no tocar sus preciados cuernos.
A la salida se cruzaron con Kaminari que estaba llegando, a cuál una saludó chocando los cinco y otra con un alegre abrazo.
—Ya sé que queda mal que lo diga… —comenzó Sero con Kaminari cerrando la puerta detrás suyo.
—Entonces no lo digas —soltó Bakugou, sentándose en la silla junto a Kirishima. A quién a pesar de estar volviéndoles los colores, aún lucía enfermo.
—Pero —siguió hablando de todas maneras— te envidió un poco.
— ¿Qué? —preguntó Bakugou viendo como Kirishima se alejaba hacia su habitación. —Ya sabes, es horrible lo que paso recién. Pero la última vez que Ashido pensó haber usado un poco de sus habilidades conmigo, que no lo hizo —necesitó recalcar, junto a Kaminari que le respondía desde la cocina "lo sabemos"— se alejó de mi de forma atroz.
—Eres un idiota —respondió Bakugou dirigiéndose a la habitación de Kirishima, preocupado por cómo este se encontraba.
—No, es que ver cómo te abrazaba me hizo dar cuenta de lo alejada que se comporta conmigo —siguió, sin darse cuenta de que Bakugou se había ido.
— ¿Abrazo? —preguntó Kaminari, comiendo un mejunje raro sacado de la heladera— ¿Que me perdí?
—Unas cuántas cosas —respondió Sero, dándose cuenta que el cenizo se había ido— Ashido, sin querer, uso su poder en Bakugou.
—Vaya —dijo dándole una mordida a aquello que Sero pensaba cenar— algo habrá pasado. —Hanta levantó una ceja confundido.
— ¿Que quieres decir? —Nuestra Alfa sabe lo que hace, sabe controlar su poder bastante bien ¿No? —Sero afirmó con la cabeza— tal vez estaba reprimiendo algo, o yo que sé —terminó dando otra mordida, sin saber que desde otra habitación los dos restantes compañeros de casa los estaban escuchando.
—Con que reprimiendo algo -dijo Bakugou, parado junto a la puerta de Kirishima— ¿Sabes algo?
El Alfa se lo quedó observando y pensó que sí. Que posiblemente el secreto que tenía sobre Midoriya, o el arreglo que estaban haciendo con Yaoyorozu, o que esta le estuviera escondiendo algo y que ella tendría que hacer frente a todas éstas cosas con una sonrisa para no preocupar al resto, porque es la líder y debería mantenerlos a salvo, tanto de los problemas como de las preocupaciones. Que saliera Bakugou a marcarle sus errores seguramente fue lo necesario para empujar aquella ficha de domino que desencadenaría el "no lo estoy haciendo bien" que la atormentaba. Porque como mejor amigo, Kirishima sabía que ella amaba ser el Alfa, y ahora, como compañero, podía entender toda la presión que aquello ejercía a quien estuvo tanto tiempo haciéndolo sola.
—Bakugou —finalmente habló, con el otro sintiéndose ignorado dispuesto a irse.
—Sí.
— ¿Mañana me podrás ayudar a entender las reglas? —el otro respondió con una media sonrisa.
—Ya tendrías que sabértelas —Kirishima lo tomó como un sí.
Lo único que le quedaba era intentar ser un compañero a la altura y conocer las rutas a transitar era la base.
