Disclaimer:Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta retorcida historia.
Capitulo 10: Examen de conciencia
Cancion de la primera parte del capitulo: Need you now - lady Antebellum.
Canción del capitulo en general: Disarray - Lifehouse
Siete veces en los últimos quince minutos. Esa era la cantidad de veces que mi teléfono había sonado esta mañana.
Ya se ha de callar, ya se ha de callar el maldito celular
No podía estar más equivocado. El condenado aparato del infierno sonó por octava vez. Aparté la almohada con la que me había cubierto el rostro y bufé. Estiré el brazo para alcanzar el teléfono, pensaba matar a aquel ser humano que había osado en llamarme un sábado a las 7 a.m. Abrí los ojos con mucha pesadez y vi la pantalla del celular.
– Cálmate... Cálmate... Respira y cálmate, puede ser alguna emergencia. Más le vale que sea algo importante! – Tome una gran bocanada de aire y atendí la llamada.
– Edward! Dónde estabas metido? Llevo quince minutos tratando de ubicarte.
– Alice...– respondí con un gruñido.
– Hola hermanito. Estas en casa? Mas te vale que así sea, estoy subiendo en este momento con el desayuno y espero que al menos estés vestido.
– Alice, son las 7 de la madrugada aun. Me quieres explicar qué rayos haces levantada tan temprano fastidiando a la gente que si duerme?– A estas alturas había abierto completamente los ojos, Alice ya me había despertado, era algo inútil seguir echado en la cama por lo que decidí sentarme en el medio de la cama. Era en este momento en que empezaba a sentir los horrendos estragos de la borrachera de anoche: estaba sediento, algo mareado y mi cabeza se partía en mil pedazos. Bienvenida maldita resaca!
– Es el único momento de la semana que tengo para hablar contigo. Y no te vas a escapar esta vez Edward Cullen...– hizo una pausa– Abres la puerta por favor, estoy afuera y tengo las manos ocupadas como para sacar las llaves de tu casa que llevo en el bolso.
– Me das al menos un minuto?– grité desde la habitación mientras suspiraba pesadamente y me ponía de pie. Vestido únicamente con un boxer gris, fui en busca de una camiseta al vestidor; me puse la primera que encontré a mano, era una de algodón de color azul rey, ahora necesitaba un pantalón. Abrí el cajón de bermudas y tomé una negra, estaba a punto de ponerme la bermuda cuando me di cuenta de un pequeño problema. Mi "amigo" al parecer estaba más despierto que yo y quería algo de acción.
Esas son las consecuencias de estar dos semanas sin sexo, Edward Cullen.– pensé fugazmente mientras abría el cajón de los pantalones que usaba para correr en las mañanas. Debía encontrar uno más suelto que tapara mi vergonzosa erección frente a mi hermana.
– Edward... No estarás escondiendo a nadie en el vestidor o debajo de tu cama, verdad?– gritó Alice al otro lado de la puerta
– Ya voy Alice, ya voy!– Si mi hermana supiera que no estoy escondiendo a "alguien" en mi habitación sino a "algo" en mis pantalones. Tomé unos pantalones negros y me los puse. Salí casi a trompicones de la habitación ya que Alice seguía tocando insistentemente la puerta.
– Por fin! Ten, tómalo caliente.– Me extendió un vaso humeante de café de Starbucks. Impecablemente vestida como si fuera a algún evento importante estaba mi hermanita Alice Cullen. Me sonrió y dejando un beso en mi mejilla, entró a mi casa. – Ummm, no me equivoque. Al parecer Bruce Wayne estuvo de fiesta anoche en su oscuro escondite secreto.– dijo tomando una de las botellas que estaban sobre la mesa.
– Mi pequeña Campanita... Tan pequeña y tan insoportable.– La vi hacer un gesto gracioso mientras sacaba su lengua. Tomé asiento en uno de los sillones de la sala, realmente me sentía mal, sin mencionar que sentándome aseguraba de ocultar al inoportuno debajo de mis pantalones. Hasta eso ella seguía dando vueltas por todo el lugar, ahora ya se encontraba en la cocina.
– Vodka y... Whisky? Edward, con razón tienes esa cara. Te compadezco de verdad.– su risa divertida se escucho por todo el lugar. La vi desaparecer de la cocina pero al cabo de unos minutos ya estaba de regreso en la sala con un par de pastillas y un vaso con agua. Al parecer Alice había encontrado mi frasco de analgésicos.
– Tómalas, te vas a sentir mejor. Anda.– Hice caso a la pequeña duende, digerí las pastillas con gran esfuerzo y le devolví el vaso casi vacío. Ella tomó asiento en el sillón contiguo, dejo el vaso junto a una de las botellas vacías y cruzo los brazos sobre su pecho.
– Ahora sí, habla.– sus ojos estaban completamente enfocados en mí, como el de un depredador en su presa. Pero había algo que no entendía. De que quería que hablar Alice?
– A que te refieres Alice? A esto? – alce un poco las cejas y señale con mi mirada a las botellas.– No fue una fiesta, estaba yo solo.
– No refería a esto Edward, aunque gracias por delatarte. Tomaste una botella de whisky y una de vodka tu solo? Querías matarte o qué? En que estabas pensando?.– Ese era justo el problema. NO estaba pensando cuando lo hice.
– Solo quería relajarme un poco Alice, eso fue todo. Ahora si no era de esto que querías hablar entonces de que quieres hablar con tanta urgencia?– tomé un sorbo de café. Mi estomago pateó al instante, excelente combinación: vodka, whisky y ahora café.
– Edward, has estado evitando mis continuas llamadas siempre diciendo que estas ocupado o que vas a una reunión, o que ya es tarde y vas a la cama.
– No te he estado evitando Alice, así han sido las cosas.– bajé la cabeza un poco avergonzado. Era un cretino de excelencia, aunque ella llevaba la razón, con todas esas excusas estaba tratando de evitar el interrogatorio de la pequeña Alice.
– No nací ayer, lo sabes verdad? Puedes mentirle a todo el mundo Edward menos a mí. Necesito una explicación de todo lo que está pasando contigo e Isabella Swan.
– Alice, no creo que sea el momento de hablar de eso. Me duele mucho la cabeza y tengo sueño.– Me puse de pie con la intención de irme a la habitación pero Alice fue más rápida que yo.
– Ah no señor, no vas a ir a ningún lado. Te vas a sentar allí y no te vas a mover hasta que me digas de verdad.– Alice podía ser pequeña pero tenía una fuerza impresionante, de un ligero empujón me regreso al sillón.
– No hay mucho que pueda decir sobre eso Alice.– dije en tono despreocupado mientras daba otro sorbo de café. Inevitablemente a mi mente vino una escena en particular... El día que conocí a Isabella y ella derramó su café.
– Edward, no soy tonta. Los vi bailar esa noche en el jardín de mamá, me confiesas que ella es una Swan, mas tarde esa misma noche misteriosamente rompes una copa y te lastimas la mano, unos días después llamas a casa diciendo que vas a llevar a Isabella a cenar y aun así dices que nada está ocurriendo?– levanto una ceja mientras volvía a cruzar los brazos sobre su pecho.
– No pasa nada Alice, no pasa nada. Ella es solo una maldita Swan, entre ella y yo jamás va a pasar algo.– Alice abandono su dura posición y se sentó en el suelo junto a mis pies. Tomó el vaso de café que tenía en mis manos, y lo dejó en la mesita que estaba junto a mí. Acarició lentamente una de mis manos. Recordé entonces que esa era nuestra manera de infundirnos ánimo en los momentos difíciles.
– Vamos Edward, cuéntame que está pasando con Isabella. Puede que te ayude hablar de esto.– No podía rendirme ante la persuasión de Alice, no podía dejar mi mascara caer.– Porque bebiste así anoche? Fue por…– hizo una pausa.– mmm lo entiendo. Pero Edward, no entiendo que estás haciendo. Porque ella? Desde la muerte del abuelo todo el tiempo has maldecido a la familia Swan, y vengo hoy a tu departamento y te encuentro así a causa de Isabella. Dime que está pasando?– Vi una expresión triste en el rostro de Alice.
– Son puras conjeturas tuyas, además no te puedo decir que está pasando algo porque no está pasando nada Alice.– solté al cabo de un par de minutos. No podía involucrar a Ali en todo este embrollo.
– Yo los vi Edward, vi como interactuabas con ella esa noche en la cena en casa. La forma en que la mirabas, estabas deslumbrado. Puede que tú no te veas con mucha claridad a ti mismo. Y ni siquiera hablar de ella, ella tenía la misma mirada que tu, parecían estar metidos en una burbuja. No puedes negarlo, no al menos conmigo. Dime que está pasando aquí hermanito.– Ella toco con su otra mano mi cabello y acarició levemente mi cabeza.– Bufé despacito y me puse de pie. Esta vez Alice no me detuvo, caminé hasta una de las enormes ventanas de mi departamento y me quede allí viendo hacia la nada. En ese momento recordé lo que había pasado la noche anterior:
Manejaba a toda velocidad por las calles del centro de Chicago, mis nudillos estaban empezando a doler por la fuerza con la que apretaba el volante. Necesitaba sacarme de la mente la maldita escena que había presenciado minutos atrás. Isabella salía sonriente de su oficina, nada más y nada menos que del brazo de Matt "gusano" Stone. El infeliz ese se había adelantado a mis planes de invitar a Isabella a tomar una copa esta noche. Quise acercarme y partirle la cara a golpes por ser esta la segunda vez que se osaba a tocar a Isabella en mi presencia. Estaba jodidamente cabreado por eso, debía sacarme de encima al entrometido de Stone de alguna manera. Pero no todo era su culpa; Isabella sonreía a su lado, al parecer disfrutaba de su presencia. Era igual conmigo? Me sentía impotente, desesperado, y por primera vez en mi vida me sentía incapaz de controlar algo. Tenía que remediarlo de algún modo, debía saber que pasaba por su cabeza.
Una impulsiva idea cruzó por mi cabeza, pero tenía que esperar que todos se fueran de la oficina para llevarla a cabo. Cuando me asegure que efectivamente no había nadie me escabullí en la oficina de Isabella, el maldito acosador había vuelto! Iluminada apenas con la luz del pasillo su oficina se mostraba fría estando vacía, definitivamente ella era el ama de ese lugar y el estar allí quizás me diera una pista de quien era ella al menos en la intimidad de su espacio de trabajo . Recorrí de manera silenciosa el recibidor, nunca había reparado en la belleza del lugar. Quizás algo conservadora la decoración pero supongo que al ser la oficina de su padre ella querría mantener todo como estaba originalmente. Dos pequeñas mesas de estilo Luis XIV resaltaban imponentes al fondo de la estancia, sobre ellas una serie de retratos. Me acerqué para verlos un poco mejor ya que la carente iluminación no me permitía distinguir nada a la distancia. Sobre la mesa de la derecha, estaba una fotografía de Isabella con sus padres el día de su graduación, enfundada en un traje amarillo y sosteniendo su cartón, ella se veía radiante. Sonreía con sus ojos chocolate como solo era capaz de hacerlo mi Bella, sonreí al ver esa foto. Otras fotografías más pequeñas complementaban el espacio. Una foto de Isabella con su madre en la cocina cuando era más pequeña, otra foto aprendiendo a montar bicicleta, y otra más sentada en el regazo de su padre.
La otra mesa tenía un aspecto similar, en esta en cambio resaltaba la foto de la boda de sus padres, ella tenía la misma mirada profunda de su papa pero su rostro era igual que el de su padre, ellos se veían tan felices como mis padres el día de su boda. Estaba por voltearme y seguir la inspección cuando noté cerca de otro buró una foto de Isabella pero esta vez sola. Estaba en la playa, al parecer observando un ocaso. Sentada en la arena sonreía abrazada a sus piernas. No resistí el impulso y guarde la foto en mi chaqueta, la quería para mí. Salí del lugar en ese mismo momento, no quería ser pescado en la escena del crimen.
Permanecí inmóvil un par de minutos en mi auto, haciendo una autoevaluación de la locura que había cometido. La actitud de Isabella era la que me estaba llevando al desquicio total. Estaba seguro que estaba haciendo las cosas de acuerdo a lo planeado, pero al parecer no era suficiente. Haciendo un recuento general, tenía:
"La primera cena que tuvimos, fue increíble la rapidez con la que establecimos una conexión. Vi sus ojos brillar un par de veces durante la comida, era tan fácil llamar su atención. Pude haberlo hecho pero era muy pronto para un primer beso así que me limité a deja un casto beso cerca de la comisura de sus labios al llegar a su casa."
"Sorprenderla llevando comida a su oficina fue magistral, la impresioné con mi destreza con los palitos chinos. Escuché a Ángela decir que Isabella no almorzaría ese día, aproveché entonces y pedí comida en exceso buscándome así una excusa para dar la ilusión de rescate a una damisela en apuros. Podría jurar que me había anotado otro punto con eso."
"El detalle de las fresias en su oficina ese día Lunes. Había sobornado al chico de las entregas para que las flores no fueran entregadas a Ángela sino Isabella en su oficina en el momento en que el gusano de Stone estuviera allí con ella, con lo que jamás conté fue que, fuera precisamente él quien las recibiera, eso fue incluso mejor, perfecto diría yo. Deslumbraba a Isabella y dejaba claro frente a Matt quien era el hombre aquí. "
"Con la inocente colaboración de mi padre logré llevarla a casa a cenar. Mi familia había quedado prendado de ella. Fue una noche sencilla pero importante para mis avances con Isabella. Me encantaba verla ponerse nerviosa así que toqué su rodilla por debajo de la mesa. Había hecho el mismo truco con más de una mujer y ese simple movimiento resultaba terminar en extraordinarias jornadas de sexo. Después de la cena y mientras me miraba jugar ajedrez con Alice, la vi sonreír varias veces. Definitivamente a estas alturas ella debería estar cediendo"
Pero había algo, algo que no estaba saliendo del todo bien. Desde la noche que Isabella estuvo en casa era muy poco lo que habíamos hablado. La sentía distante, como tratando de evitarme a toda costa. Repetía en mi cabeza una y otra vez la estrategia pero no encontraba falla alguna, entonces que había salido mal?
Ella está asustada de enamorarse, igual que tu.
Alejarte es su mecanismo de defensa
Mi inoportuna conciencia me hablaba nuevamente. – Enamorarme yo? Ja! No sabes de lo que hablas.
Tú también has disfrutado cada minuto que has compartido con Isabella. Empiezas a sentir cosas por ella.
Todo esto es parte de un plan, enamorarse no está en las reglas, hasta cuando debo repetírtelo?
Hasta que tú mismo te convenzas de aquello
Decidí no hacerle caso a la desvariada vocecilla y después de un par de minutos aparqué el volvo, por fin había llegado a casa. Aun me sentía algo inquieto por todo lo ocurrido así que sin pensarlo dos veces decidí abrir una de las botellas de whisky que tenía en el mini bar de la sala. Necesitaba desconectar mi mente al menos por esta noche. No estaba de ánimos para acompañarlo con nada así solo puse un par de cubos de hielo en un vaso y me serví un trago, realmente necesitaba con urgencia algo de alcohol. Me senté cerca de una de las ventanas de la sala con la botella en una mano y el vaso en la otra. Deje mi mente vagar por unos minutos. Pero ésta siempre me devolvía la imagen de mi ángel de ojos chocolate que me sonreía divertida, y que luego se transformaba en el recuerdo de Isabella del brazo de Matt.
Estas muerto de los celos Edward Cullen.
– Maldita sea porque no te callas de una vez.– No me fijé en qué momento mi botella se había casi vaciado. Me sentía algo mareado sí, pero nada que no se pueda controlar. Escuché el sonido de mi teléfono celular a lo lejos, no quería levantarme a atender la llamada pero podría ser algo importante asi que dejé mi botella sobre el sillón y me puse de pie en busca del teléfono. Cuando apreté el botón verde no me fije quien estaba llamando.
– Ho...Hola?– pregunté. Sentía un poco pesada mi lengua a estas alturas.
– Edward querido, tanto tiempo!– la irritante voz de Irina hizo que yo emitiera un bufido.
– Que quieres?– respondí cortante.
– Que humor el tuyo Edward. No importa... Te llamaba para decir que estoy cerca de tu casa y pues no sé, podríamos divertirnos un poco. Es viernes, supongo que aun no tienes planes para esta noche, y yo estoy sola y disponible. Que dices, nos hacemos compañía?– Irina podía ser todo un fastidio, pero era cierto. Que hacía yo solo encerrado en casa bebiendo en viernes? Aunque por otro lado lo que menos me apetecía ahora era ver a Irina. No, definitivamente el Sr. Walker era mejor compañía que esa zorra.
– Haz lo que se te venga en gana.– Corte la llamada y deje el teléfono en el sofá. Volví al sillón y serví en el vaso el último poco de whisky que quedaba en la botella. Al cabo de unos diez minutos escuché que golpeaban la puerta. Casi arrastrando los pies la abrí. Era Irina quien de inmediato se abalanzó a mis brazos y sin poder reaccionar me plantó un beso.
– Que haces aquí?– le pregunte separándola bruscamente de mi.
– Dijiste que hiciera lo que quisiera, no? Pues quiero estar aquí contigo. Ven, vamos a ponernos cómodos.– Tomó mi mano y me arrastro hasta el sofá, deshizo el nudo de mi corbata y abrió los primeros 2 botones de mi camisa.– Vaya, vaya, veo que estamos celebrando algo.– dijo señalando la botella vacía.
– Nada que te interese saber.– respondí y me puse de pie dispuesto a buscar mi vaso. Me tambaleé un poco y ella aprovechó esa ventaja y me empujó de regreso al sofá. Se sentó a horcajadas sobre mi regazo y comenzó a repartir besos desesperados. No sé si fue por instinto o por lo borracho que estaba, pero respondí a sus besos. Una pequeña vocecita al fondo de mi cabeza gritaba que no lo hiciera, pero me deje llevar.
– Tu aliento sabe a alcohol, a macho… que delicioso, me vuelves loca Edward.– Casi con violencia la aparte de mi regazo y la recosté sobre el sofá. Mis agiles dedos comenzaron a desabotonar su blusa de seda y dejaron al descubierto sus pechos, de inmediato los comparé con lo que podrían ser los pechos de Bella, aun no los había visto pero si los había tocado levemente el día que la conocí. Eso era suficiente para imaginar lo hermosos que podrían ser... Decidí quitarme esas ideas de la cabeza y disfrutar del momento, la parte animal de mi cuerpo así lo exigía. Continúe repartiendo besos por su cuello.
– No hueles a fresias, no hueles como mi Bella– repetía una y otra vez mientras la besaba cerca del nacimiento de sus pechos. Ella tomó mi rostro obligándome así a besarla en la boca nuevamente, me separé un poco y tome un poco de su cabello entre mis manos.– Tampoco tienes el cabello con rizos, ni es castaño como el de mi Bella. – Ella me miró extrañada. Decidió que era la hora de la acción y terminó de desabotonar mi camisa. Después de terminar con su tarea, fijo su lujuriosa mirada en mí.
– No tienes los ojos chocolate como ella. No tienes la mirada inocente de mi ángel.– Irina al parecer se empezaba a impacientar por mis constantes comparaciones por lo que decidió desabotonar mi pantalón. Al hacerlo sentí sus manos sobre mi piel desnuda.– Y tus manos, míralas!... No producen electricidad sobre mi piel, no son pequeñas y delicadas como las de Bella.
– Bueno, ya estuvo bueno!– Bruscamente se puso de pie quedando en frente mío. Esa mujer estaba prácticamente abusando de un pobre e indefenso hombre y ahora venía a ponerse en el papel de mujer digna? Vaya que estaba loca!.– Quien es esa perra de quien tanto hablas?.– de inmediato un sentimiento de rabia me inundó y la tomé de las muñecas y la empujé hacia uno de los sillones que estaban cerca.
– Jamás, escúchame bien maldita zorra, JAMAS te atrevas a hablar así de mi Bella. Ella es mi ángel, una dama en toda la extensión de la palabra, cosa que tú nunca serás. Me entendiste?– Para esas alturas ya la había zarandeado un par de veces. Irina me miraba de manera furibunda.– Ahora quiero que te largues de mi casa.– Le grité, de inmediato se puso de pie y comenzó a abotonar su blusa de nuevo.
– Pensé conseguir un buen revolcón esta noche con el gran Edward Cullen, pero me he encontrado con su patética sombra. Cuando el macho alfa que yo conozco esté de regreso dile que me busqué.– Tomó su bolso y cuando quiso despedirse de mí la empuje nuevamente lejos de mi.
– Largo... Ahora!.– le grité señalando la puerta. Escuché un fuerte golpe en la puerta unos instantes después. Volví a sentarme en mi puesto inicial y al hacerlo miré con aires de tristeza mi botella vacía, regresé al mini bar y abrí una de las botellas de vodka que allí se encontraban. Decidí tomarlo a secas al igual que el whisky, eso me haría también olvidar el suceso de Irina.
Un par de horas después había acabado con la botella de vodka también. Nunca había bebido tanto en tan poco tiempo, creo que mi motivación principal era la de olvidar, olvidar todo: lo de Irina, lo de Isabella con Matt, necesitaba olvidar hasta la muerte de mi abuelo que era la que había empezado esta jodida venganza. Recordé en ese momento el tesoro que había hurtado hace unas pocas horas de su oficina. Lo saque de mi chaqueta y lo admire con adoración por varios minutos. Ella era perfecta, sus rizos alborotados por el viento la hacían ver tan inocente, repasaba una y otra vez con el dedo pulgar su rostro. Moría por tenerla en mis brazos, llamarla en un arrebato de locura y decirle cuanto la necesitaba ahora. Tomé el último poco de vodka directamente de la botella y me arrastré como pude hasta la habitación. Un par de minutos después estaba sin ropa, en mi cama. Unas cuantas interrogantes pasaron por mi cabeza antes de sumirme en la inconsciencia total: Porque no podía dejar de pensar en Isabella aun estando borracho? Sus impactantes pozos del color del chocolate estaban tatuados en mi retina y su potente aroma me embriagaba aun no teniéndolo cerca. Pero porque me sucediendo eso? Porque había empezado a beber desde un principio? Porque había reaccionado así con Irina al insultar a Isabella? Porque sentía la imperiosa necesidad de estar todo el tiempo junto a ella? No, se lo había dicho a mi conciencia y debía repetirlo mil veces para mí, me negaba rotundamente a aceptar que quizás podría estar empezando a sentir algo por ella. Eso si no lo iba a permitir.
Sentí la pequeña mano de Alice tocar mi hombro y me volteé. Su pregunta retumbaba en mente: Que está pasando aquí, aquí en mi cabeza, o mucho pero que estaba pasando aquí en mi corazón? La respuesta debía ser nada. Fije la mirada en Alice nuevamente para ver un tinte de preocupación en su expresión.
– Solo quiero pedirte algo Edward, mejor dicho quiero que me prometas una cosa. Prométeme que no vas a hacerle daño a Isabella, ella ha sufrido mucho ya, lo sé por Matt. Además se que ella será una persona muy importante en nuestras vidas y no quiero que lo arruines. Vamos promételo Edward.– Como podía yo prometerle algo a mi hermana cuando eso había sido justamente mi motor de motivación todos estos años.
– Parece que aquí la que ha bebido eres tu Ali, no pasa nada ya te lo dije.– esbocé una sonrisa
– Ella es una excelente mujer, no solo un apellido Edward.– Se alejó un momento y regresó con mi vaso de café.– En todo caso, cuando estés listo para hablar, aquí estaré para escucharte.– Se apretó contra mi pecho y yo respondí dándole un abrazo.– Vamos, es mejor que regreses a la cama.
Alice me condujo hasta la habitación y me ayudó a recostarme. Sentía muy pesado mis parpados y no demoré en quedarme dormido. Resucite al mundo real cuando estaba cayendo la noche. Supuse que Alice ya se había ido a casa por lo que caminé directamente al baño a tomar una ducha. El agua caliente relajó mis entumecidos músculos, y me ayudo a despertarme por completo. Cuando el agua comenzó a enfriarse salí de la ducha, busque algo de ropa cómoda y salí a la cocina en busca de comida, estaba realmente hambriento. Una gran sorpresa me aguardaba sobre el mesón.
Pequeño perezoso, esperé a que despertaras pero se me hacía algo tarde para una cita.
Te dejo la cena preparada. Solo caliéntala en el microondas.
Te quiero mucho.
Ali
Alice había estado en mi departamento vigilando mi sueño todo el día? Ella podía ser mi pequeña hermana pero siempre estaba lista para venir al rescate. Era yo un verdadero monstruo al negarme a cumplir su promesa de no hacer daño a Isabella. Decidí no pensar más sobre el tema y comí lo que Alice me había preparado. Un delicioso pollo con patatas y ensalada cesar, supongo fue lo único que encontró en mi vacío refrigerador. Termine mi cena y volví a la cama. Había dormido lo suficiente como para tener sueño así que me dediqué a hacer zapping en la tv de la habitación. El canal de películas anunciaba que una estaba por empezar, me acomodé y esperé los créditos iniciales. En letras gigantes se leía en la pantalla:
"CUMBRES BORRASCOSAS"
Era la versión de 1992 del libro de Emily Bronte con Ralph Fiennes como Heathcliff y a Juliette Binoche en el papel de Cathy. Nada más oportuno para el momento, ahora hasta la tv me recuerde el parecido que el Sr. Heathcliff y yo teníamos: éramos un par de malditos manipuladores, interesados, liberales, de naturaleza animal y comunicábamos todo mediante el "lenguaje del odio". Me estremecí al recordar que por su maldita terquedad había perdido a la única mujer que había amado en su vida. Eso no podría pasarme a mí porque sin duda yo no me enamoraría jamás.
Volví a quedarme dormido un par de horas después. Me levanté cerca de las 11 de la mañana sintiéndome mucho mejor. Decidí llamar a Alice para agradecerle lo de ayer.
– Como se siente el bello durmiente?– dijo Alice al otro lado del teléfono.
– Como nuevo gracias al cuidado de mi hermana favorita.– contesté.
– Edward, soy tu única hermana. Me alegra saber que estas bien. Ahora ya que estas en tus sentidos debo decirte que tu vestuario necesita urgente una restructuración. Ayer que lo vi casi me infarto al ver como estropeaste el YSL. Porque hieres así mis sentimientos?– Fingió un ligero lloriqueo.
– Fue solo un accidente Ali. Por cierto, no veo la necesidad de comprar nuevamente, en la última salida de compras llenaste mi armario con ropa para los próximos cinco años.
– Que exagerado que eres Edward, pero no pretendo prestarte atención. Ahora necesitamos comprar más y para otra clase de ocasiones. Vi que no tienes un smoking decente y el otro día vi un Oscar de la Renta perfecto para ti.
– Como estoy seguro que no vas a ceder, creo que este es el momento en que yo me rindo y digo: está bien Alice, vamos de compras?
– Acertaste, así que te espero acá en casa en una hora. Besitos!– me dijo divertida y yo cerré la llamada unos segundos después. Una hora después estaba en casa, se escuchaba mucho silencio allí dentro. Donde estaba todo el mundo? Alice bajo las escaleras un rato después.
– Si te preguntas donde están nuestros padres, debo decir que no están en casa. Papá tenía una convención médica en San Francisco y mamá decidió ir con él. Tu sabes como son, no se mueven el uno sin el otro. Vuelven mañana por la noche. Estas listo?– Tomó mi brazo y nos dirigimos al auto. Hicimos parte del trayecto en silencio. Alice lo termino rompiendo.
– Cual es el secreto, Edward? – Ella se volteó un poco y fijo su mirada en mí. De que secreto me estaba hablando? Sabía algo de mi plan? Había hablado dormido ayer? Intente calmarme antes de contestarle.
– De que hablas Alice?– De reojo la vi sonreír.
– De nuestros padres Edward, cual crees que sea el secreto para que después de tanto tiempo de casados ellos sigan tan enamorados como si fuera el primer día?– Eso me tranquilo un poco, no hablaba de mi.
– No lo sé pequeña Ali, cual crees tú que sea la razón?
– No estoy segura tampoco. Pero creo que se debe a la forma que papá mira a mamá, es intenso. Se podría decir que lo hace casi con devoción. Nunca había visto algo así, bueno hasta ahora.– se calló por un momento como si estuviera meditando lo que iba a decir y luego solo me sonrió. A esas alturas ya habíamos llegado al centro comercial. Aparqué el auto y la ayudé a bajar
– Vamos Alice, es hora de destrozar esa tarjeta de crédito.– Sonrió mientras se aferraba a mi brazo.
Estuvimos todo el día metidos en el centro comercial con Alice, entrando y saliendo de todas las tiendas que allí se encontraban. No puedo negarlo, a pesar de lo cansado que estaba había pasado un divertido día con Ali. Su energía era contagiosa de verdad. Cerca de las 7 de la noche era hora de regresar. Quise llevar a Alice a mi departamento para que no pasara la noche sola en casa pero se negó, era bastante testaruda cuando se lo proponía. Me limité a dejarla en casa y me retire a descansar a la mía.
Al día siguiente me levanté temprano, seguí mi rutina. Algo de caminata por los alrededores, un baño y salir al trabajo. La fecha de la audiencia aunque estaba lejos ya empezaba a preocuparme, necesitaba recolectar los datos del posible juez y los potenciales miembros del jurado. Tenía que ir preparado para dar la estocada final ese día. Pero antes debía seguir jugando a ser bueno al menos por unas semanas más. Y nada mejor para mantener las apariencias que haciendo el dichoso viaje a Washington en busca de la escritora estrella.
– Hola Ángela.– dije acercándome a su escritorio.
– Hola Edward, como vas?– respondió con un alegre tono.
– Muy bien, me preguntaba si… Isabella podría atenderme un par de minutos.
– Si, dame un segundo y le pregunto.– La vi levantar el teléfono y anunciarme, unos cuantos ok después, cerró la llamada.– Puedes pasar Edward, ella te va a atender ahora.
Cruce el corto pasillo que separaba su escritorio con la oficina de Isabella y di dos ligeros golpes y sin esperar su respuesta me aventure a pasar.
– Hola Edward, buenos días.– Su tono fue carente de expresión alguna, su mirada seguía puesta en unos papeles que reposaban en el escritorio. Esta mañana lucia hermosa. Su cabello suelto en ondas le daba un aire tierno al marco de su rostro. Desde hace un par de días noté que había empezado a usar colores más claros y alegres en sus trajes, habría decidido dejar el luto atrás? Un ligero maquillaje y su aroma, su adictivo aroma que ahora sería capaz de reconocer dormido, inconsciente o incluso muerto.
– Hola Isabella, vine para confirmar si era este fin de semana que la escritora estará por Washington.– Me acerque un poco a su escritorio y vi que los documentos que estaba revisando al parecer era bocetos de portadas de libros.
– Dame un segundo y lo confirmo.– Isabella no levanto su mirada en ningún momento, sus ojos se fijaron en la pantalla de la portátil y después de un par de clics bajo la cabeza concentrándose en los bocetos nuevamente, definitivamente me estaba evitando. – Estas en lo correcto Edward, es este fin de semana.– dijo sin ningún ápice de interés en nuestra conversación.
– Listo, entonces voy a pedir a Ángela que reserve dos tickets de avión para ir a Washington este viernes.– De inmediato levanto la mirada y la fijo en mi.
– Viajar...yo, contigo? Lo siento Edward yo no puedo moverme ahora.– dijo de manera cortante.
– Necesitamos hablar con la escritora lo más pronto posible. Ella es testimonio clave para el caso. Y necesitamos hacerlo ambos, yo no la conozco y ella tampoco me conoce. Tú eres el nexo allí. Tienes venir conmigo Isabella.– lo dije en un tono un poco impositivo, ella podía ser muy testaruda pero yo debía ser más persuasivo.
– Es una petición, o una imposición Sr. Cullen?– respondió alzando una ceja y su semblante bastante serio. Al parecer me había pasado esta vez.
– Un poco de ambas – dije sonriendo para aligerar un poco el ambiente – Isabella, recuerda que todo esto es por el bien de Swan Editors, además no querrás que tu abogado intente hablar con la escritora sin saber absolutamente nada de vampiros o sí?– le sonreí.
– Eso lo entiendo Edward, pero no puedo irme y dejarlo todo este fin de semana. Conseguí una cita para este viernes con uno de los neurólogos que me recomendó tu padre pero resulta que el Dr. Miller es de Mississippi y está dejando todo pendiente en su agenda por venir a Chicago y examinar a Charlie. Lo siento, deberás ir solo.
– Pero, a qué hora exactamente es la cita con el Dr. Miller?
– Esta programado que llegue a Chicago a las 9 am y nuestra cita a las 11.
– Entonces, no hay problema Isabella. Podríamos conseguir un vuelo para el viernes en la noche o el sábado muy temprano en la mañana. No podemos desaprovechar la oportunidad, recuerda que tenemos el tiempo encima.
– Edward, yo…yo…– la interrumpí,
– Sí, tú... Tú vas a permitir que Ángela nos reserve en el vuelo del viernes en la noche. Vamos Isabella, necesitas un descanso de todo esto.– dije señalando los bocetos.– Estos últimos días te has quedado muy tarde en la oficina y no me gustaría verte colapsar a causa del estrés. Además solo son 2 días. Estoy seguro que con lo que te dirá el doctor vas a estar más tranquila, Charlie estará en buenas manos.
– Como sabes que me he quedado hasta tarde? – Maldición, metí la pata! Piensa Edward, no le puedes decir: Te he estado espiando Isabella... Piensa algo rápido.
– Solo lo supuse, te ves algo cansada. Imagino que tampoco te has estado alimentando bien.– Y ahora la criticas, porque no puedes hacer nada bien Cullen?
– Tengo la Gala aquí a la puerta Edward, no hay tiempo para dormir o comer.– volvió a fijar su mirada en los bocetos de su escritorio. Era a causa de su trabajo que Isabella me estaba evitando entonces?
– Pero tiene que haber tiempo para vivir Isabella. Así que no hay más vueltas al asunto. Voy a coordinar con Ángela los horarios e itinerario de viaje. Que tengas un buen día.– Salí de la oficina con una gran sonrisa, había cumplido el cometido.
El resto de la semana paso un poco lento, me sentía ansioso sin saber por qué. Salía a correr ahora 2 veces al día: en la mañana y en la noche al volver a casa, lo que hacía que llegara tan cansado a casa que dormía como un bebe toda la noche. Alice me llamó un par de veces durante la semana, estaba tan emocionada por el viaje a New York que incluso había invitado a Rosalie a acompañarlas. No veía el día en que se encontrara con Isabella y comentarle todos sus avances y planes para ese fin de semana de compras. No insistió sobre el tema de Isabella y yo, le agradecí al cielo por que así fuera. El jueves cerca del medio día me acerque donde Ángela.
– Hola Edward, me das un segundo y te atiendo.– dijo mientras tapaba la bocina del teléfono, debía ser algún llamada importante.– Si, si Billy. Dile que acá todo está cubierto y que no se preocupe por la oficina, por favor asegúrate que descanse y que Sue la alimente bien. Realmente me asuste de ver a Bella tan pálida esta mañana.– No fue hasta ese momento que voltee a ver, Ángela hablaba de mi Bella. Que le había pasado a mi ángel? Mejor dicho que rayos le estaba haciendo Isabella? Un par de minutos después, cortó la llamada.
– Ángela, que sucedió con Bel... con Isabella?– pregunte visiblemente alarmado.
– Tuvimos un susto con ella esta mañana, el estrés de manejar sola esta empresa ya le está empezando a hacer efecto. Bella tuvo una baja considerable en su presión después de un disgusto que el Sr. Crowdley le provoco. Ella no había comido desde ayer y todos nos asustamos de verla tan pálida, hace poco se fue a casa a descansar.
– Es normal que a ella se le olvide comer?.– Sentía a mi corazón oprimido en la mitad del pecho, imagine ver a mi ángel débil y sin el hermoso color en sus mejillas. Porque no estuve allí para asistirla?
– Últimamente sí, ha tomado el trabajo como escape a su realidad. Por eso no recuerda ni las horas de comida o distinguir el día con la noche.
– Pero eso no está bien Ángela, has intentado hablar con ella?
– Hasta el cansancio Edward, pero tú no conoces lo cabezota que puede llegar a ser, tengo mucho miedo por lo que le pueda pasar si sigue con este ritmo de vida.– Ángela bajo su cabeza para que yo no notara las lagrimas que habían empezado a rodar por su mejilla. Quise confortarla de alguna manera, pero yo me sentía igual de desolado que ella.
– Tranquila Ángela, Isabella es una mujer fuerte. Vas a ver que pronto todo va a mejorar.– Como van a mejorar las cosas Edward si lo que tu pretendes es empeorarlas? Recordó mi conciencia.– Anda, cuéntame. Lograste conseguirnos vuelo para Washington mañana?
– Sí, hay uno que sale a las 10:30 pm desde el Midway. Fue lo único que encontré disponible, pasaran toda la noche volando porque debe aterrizar cerca de las 6:00 am en el Sea– Tac
– Me parece perfecto Ángela. Y el regreso?
– Ummm dame un segundo.– buscó en su libreta de apuntes.– es el domingo por la tarde, salida a las 3:30 pm y arribo a las 11 pm. Disculpa si los horarios son un poco pesados pero fue lo único que encontré. Bella es tan testaruda que se niega a usar la avioneta de su abuelo y prefiere ir en vuelos comerciales, al menos los conseguí en primera clase para que estén más cómodos.
– Tienen un avión propio?.– Sabía de la fortuna de Isabella pero tener un avión propio era pasarse de la raya.
– Si, es uno pequeño y para viajes cortos. El abuelo de Bella lo compro hace unos años atrás cuando Charlie, Renee y ella aun vivían en Forks, viajaba constantemente a visitarlos. Es un avión mas bien de uso familiar, Charlie y Renee lo usaron en varias ocasiones también, pero Bella jamás ha viajado en el. No solo le recuerda a su abuelo sino también a Charlie, sin mencionar que le tiene pánico a volar.
– Ah si? No pensé que Isabella le tuviera miedo a algo. Se la ve tan temeraria.– dije sonriendo mientras la imaginaba como una pequeña gatita asustada sentada en un avión.
– Ella es un mundo de sorpresas Edward.– El teléfono sonó interrumpiéndonos.– Disculpa Edward. Swan Editors, oficina de Isabella Swan, en que puedo ayudarle?
Me aleje un poco de su escritorio para dejarle algo de privacidad, mi mirada se fijo en su oficina vacía. Mil interrogantes vinieron a mi mente en ese momento. Como estaría ella ahora? Que le hizo el imbécil de Crodwley para que ella se ponga así? Las palabras de Ángela retumbaron en mi cabeza: " Isabella es un mundo de sorpresas". Entonces quien en realidad era Isabella Swan?
Una extraña sensación recorrió mi cuerpo en ese momento. Crecía en mí la imperiosa necesidad de verla, de estrecharla en mis brazos y confortarla. No lo pensé, guiado únicamente por mi insolente voluntad salí disparado de la oficina.
Hice una parada en la florería de siempre para comprar sus fresias, parecía un poseso conduciendo a mil por todo Chicago incluso casi provocando el asesinato de un par de gatos en el trayecto. Necesitaba saber que mi pequeña Bella estaba bien, necesitaba de la droga que ella me daba con su mirada para poder vivir.
Aun estando en estado zombie llegué a la casa de Isabella, me bajé del auto, caminé hasta su puerta con las flores en la mano y con decisión toqué el timbre un par de veces. No fue hasta en ese momento que reaccioné sobre lo que estaba pasando.
Que carajos estás haciendo? Esto no es parte de ningún plan! Que mierda haces aquí parado? Huye!
– No te preocupes Sue, yo atiendo.– A lo lejos escuché su voz. Mierda, ya era muy tarde para salir corriendo. Los seguros sonaron y la puerta se abrió. Usando un pequeño pantaloncillo rojo con un top blanco y sus rizos un poco alborotados allí estaba ella.
– Edward?– preguntó. Sus ojos estaban abiertos como platos a causa de la impresión.
– Hola Isabella. Como estas?– dije al tiempo que deliberadamente lento me quitaba los lentes de sol.
– Yo... Yo estoy bien, que haces tu aquí?– Empezó a morderse el labio inferior. Su redondito labio estaba rojo a causa de la presión, no soportaba verla hacer eso ya que provocaba en mi el inmenso deseo de que sean mis labios quienes atrapen a los suyos en un apasionado beso.
– Ángela me dijo que habías tenido un problema esta mañana, no te sentiste bien y viniste a casa. Pasaba por aquí ya que me queda de camino a la corte. – mentiroso, tu no ibas a la corte.– y quise saber como seguías. Ten.– extendí las fresias. Cullen, hay que ver que eres bien imbécil! Eres todo un abogado reconocido y no sabes hacer una simple coartada para ti mismo. Si se supone que era coincidencia que pasabas por aquí, que carajos haces trayendo sus flores?
– Gracias Edward, todo ha sido una exageración de Ángela. Yo estoy perfecta, no veo la necesidad de todo este arresto domiciliario al que me tienen sometida.– acercó las flores a su nariz para percibir su aroma, era el gesto más tierna y perfecto que había en una mujer. Es que ella no es cualquier mujer
– Si estuvieras del todo bien no te hubiera ocurrido lo de esta mañana Isabella, así que es mejor que estés tranquila en casa al menos por hoy. En la oficina está todo tranquilo y tú necesitas reponer energías.– esbozó una sonrisa que me desarmó, se la veía tan hermosa, tan pura, Isabella se veía tan...Bella.
– Que descortés que he sido contigo Edward, por favor pasa.– Se hizo a un lado invitándome a entrar. Pero yo aun no estaba listo para entrar a esa casa.
– Isabella, deberás disculparme pero traigo algo de apuro. Me están esperando, será para otra ocasión. En todo caso vine también para decirte que Ángela nos confirmó el vuelo para mañana en la noche a Seattle.– la vi hacer un gesto como queriendo interrumpirme.– Shhhh, sin excusas. El vuelo sale a las 10:30 así que pasare por ti a las 8 en punto.
– Pe...Pero Edward.
– Sin peros, mañana tienes un día agitado con la visita del Dr. Miller, por eso que necesito que hoy descanses. Así que a la cama señorita.– No resistí mas al verla tan dulcemente sonrojada que toque su mejilla para llenar de su calor mi frio corazón.– Debo irme – le dije un segundo después.– Nos vemos mañana a las 8.
No espere ni siquiera su respuesta y salí dejándola en la puerta. Subí de inmediato al volvo y me aleje de allí enseguida. Contuve la respiración un par de calles hasta que no aguanté mas y aparqué cerca de una escuela. Comencé a golpear el volante desesperado.
– Que carajos te pasa Edward Cullen! Que fue eso? A que se debió ese arrebato de ir a verla? Demonios, esto no se te puede salir de las manos...! Porque tocaste a Bella.. A Isabella... Aaarrgh que mierda, si son lo mismo!.– gritaba a todo pulmón dentro del auto. No me había fijado que era la hora de salida de los pequeños en la escuela hasta que vi a un par de niñas de pie frente a mi auto mirándome aterradas junto a sus madres. Las había asustado con mis gritos? Traté de esbozar una sonrisa y recuperar la compostura pero fue peor porque salieron corriendo.
Volví a poner en marcha el auto, y fui de regreso a la oficina. Me encerré allí hasta casi entrada la noche, haciendo unos reportes de otros casos sobre los que Emmett me pidió asesoría. Camino a casa, hice una parada para comprar comida. Tenía ganas de algo ligero así que terminé comprando comida china.
Esto te recuerda a Bella, verdad?
Mi conciencia y mi voluntad habían hecho una maldita alianza hoy para no dejarme en paz. Una vez que llegué al departamento y después tomar una ducha, comencé a hacer mi equipaje para el vuelo de mañana guardando lo necesario para un viaje corto. Fui hasta la cocina y calenté en el microondas la comida que ya se había enfriado a esas alturas. No comí mucho, al parecer el hambre se había é las sobras y me fui a la habitación. Tardé un par de horas más en conciliar el sueño. Al despertar la mañana siguiente sentía una extraña sensación de ansiedad, salí a correr como todos los días para ver si así lograba sentirme mejor. Después de la ducha, dos tazas de café y haber leído todo el diario incluso hasta la parte del horóscopo y los obituarios la ansiedad no se iba.
Estas nervioso por el viaje con Isabella
Tomé las llaves del auto y salí camino a la oficina. Cerca de las 10 de la mañana Ángela me entregó los tickets de avión de Isabella y los míos. Recordé que debía llamar a casa y avisar que estaría fuera este fin de semana.
– Hola mamá.– dije cuando escuché su voz al otro lado del teléfono.
– Hola hijo, que alegría escucharte. Como has estado?
– Bien mamá, como estuvo tu viaje con papá?– había pasado un par de días que ellos habían regresado y yo no había llamado a casa. Idiota!
– Muy bien Edward, sabes cómo son de aburridas esas convenciones medicas pero aun así tu padre se escapo varias veces para conocer conmigo San Francisco, es una ciudad fascinante. Debes ir de visita algún día.
– Espero tener un tiempo libre para ir. Los llamaba para avisar que me voy de la ciudad durante el fin de semana. Debo ir a Seattle por el caso en el que estoy ahora.
– A Seattle? Eso es casi como cruzar el país Edward. Vas solo?.– preguntó Esme con un tono de preocupación.
– No voy solo mama, así que despreocúpate por eso. Voy con Isa...– carajo, te acabas de delatar. Se supone que nadie debe saber sobre tu plan del viaje con ella.
– Isabella? Vas con Isabella?
– Si.– suspiré derrotado
– Entonces eso me deja más tranquila. Aunque ahora que lo recuerdo, me gustaría hablar contigo sobre el tema de Isabella.– mierda, Esme también?
– No hay nada que decir sobre eso mama ya se lo expliqué a Alice también.
– No fue lo que yo vi en casa esa noche Edward, pero si tu lo dices.
– Si mama. Bueno, envía mis saludos a papa y a la pequeña Campanita. Por cierto hablando de Alice, podrías decirle que retire mi auto del aeropuerto mañana temprano? Voy a dejarlo allí esta noche, una copia de las llaves del volvo están en mi antigua habitación.
– Si claro, yo le digo que retire el auto mañana.
– Gracias mamá. Los quiero mucho y los estoy llamando en cuanto esté de regreso.
– Yo también te quiero mucho hijo, que disfrutes tu fin de semana con Isabella.– escuché una risita del otro lado.
– Mama!..– le dije en tono reprobatorio.
– Qué? No he dicho nada!– Respondió en tono inocente.– Bueno, bueno. Un beso y cuídate mucho.
Cerré la llamada unos segundos después y volví a enfocarme en mi trabajo. Cerca de las 5 de la tarde salí rumbo a casa y, aunque tenía tiempo de sobra no quería retrasarme. A las 7 y 30 estaba con el equipaje en el auto y camino a la casa de Isabella. Soportando algo del loco tráfico del viernes en Chicago llegué con el tiempo exacto. Toqué el timbre y Billy su chofer me atendió.
– Buenas noches, la Srta. Bella estará lista en un par de minutos. Desea pasar?
– No, muchas gracias. Espero acá afuera.– Maldita sea Edward en algún momento vas a tener que entrar a esa casa. Un par de minutos después la vi acercase a la puerta. Estaba arrebatadoramente hermosa, vestida con un corto abrigo, tipo vestido, color camel de linea recta y silueta en A. Lo acompañaba de un cinturón negro que además de resaltar su pequeña cintura, ofrecía a su atuendo esa sofisticación tan natural en ella. Llevaba en su cabeza una boina del mismo color que su vestimenta, logrando que su rostro se vea más perfecto aún. Finalmente esos zapatos negros de 10 pulgadas que me quitaban la respiración, con medias negras panty que causaban estragos en mí, al ver como se señían tan perfectamente a sus delineadas piernas. Venia acompañada de la señora que me atendio la primera vez. Isabella cargaba su propio equipaje, como siempre tan independiente.
– Isabella, buenas noches. Te ves hermosa. – deposité un beso en su mano derecha y aproveché para tomar su equipaje, le ofrecí mi brazo en señal de cortesía. – Vamos?
– Si, dame un segundo.– se volteó para dirigirse a Billy y a la señora.– Billy, Sue. Dejo a Charlie en sus manos, por favor cualquier cambio así sea mínimo en su salud llámenme y yo busco la manera de regresar inmediatamente.
– Quédese tranquila Srta. Bella, su padre va a estar bien el fin de semana. Estaremos atentos y le llamaremos por cualquier novedad que se presente. Que tenga buen viaje.– dijo Sue moviendo su mano en señal de despedida.
– Gracias, que tengan buen fin de semana ustedes también.– Dicho esto comenzó a caminar rumbo al auto. Dejé su equipaje en la parte trasera del volvo junto al mío y la ayudé a subir. No pronuncio palabra alguna durante el trayecto al aeropuerto. Estando en la sala de embarque decidí romper el silencio.
– Como estuvo la cita con el Dr. Miller?– la veía mover sus dedos golpeando su pierna en un continuo tamborileo. Se notaba que estaba nerviosa.
– Ah?.– Sacudió un poco su cabeza.– La cita... Bien. El doctor cree que Charlie va en buen camino. Realmente debo agradecer a tu padre por referirlo. Es un excelente médico y…– nuestra pequeña conversación fue interrumpida por la voz del altavoz anunciando nuestro vuelo.
– Ese es el nuestro, vamos.– la ayudé a ponerse de pie y caminamos hasta la puerta de embarque para el chequeo. Debía agradecer a Ángela los magníficos asientos que había conseguido. No sentiríamos el vuelo para nada. Isabella pidió no estar cerca de la ventana por lo que nos ubicaron en la parte central de primera clase. Escuchamos las aburridas instrucciones en caso de accidente lo que anunciaba que estábamos listos para el despegue. Isabella se tensó cuando sintió el avión ponerse en movimiento. En un acto reflejo tomé de su mano y la apreté ligeramente para infundirle valor hasta que el avión estuviera por completo en el aire. Dios! Se sentía tan bien tener su pequeña mano en la mía. Súbitamente soltó mi mano un par de minutos después.
– Discúlpame por esto Edward, pero detesto volar. Lamento si te asusté.– dijo mientras dejaba sus manos descansar sobre su regazo.
– No te preocupes Isabella, te comprendo. Como te sientes? Me refiero a lo que pasó ayer.
– Mucho mejor, como te lo dije, exageraron mucho la situación.
– Que fue lo que paso con Crowdley si me permites saber?.– desabroché mi cinturón de seguridad para poder tener mayor libertad de movimiento.
– Que es un imbécil, eso pasa. Oh! Lo siento Edward... No debí decirlo de esa manera frente a ti.– sonrió e imitó mi acción de desabrochar el cinturón.– Ese hombre me saca de quicio, me trata como si tuviera 5 años.
– Pero si no lo resistes, porque simplemente no lo despides y ya?
– Porque era uno de los empleados de confianza de Charlie y no puedo simplemente echarlo a la calle. Papa me mataría si al volver no encuentra las cosas como las dejo.– Isabella estaba firmemente convencida de la recuperación de su padre.
– Ummm complicada situación. Pero debes entender también que muchos empleados de Swan Editors te han visto crecer frente a sus ojos y aun piensan que eres una pequeña.
– Pero no lo soy Edward.– la vi hacer un pequeño mohin.
– Ya sé que no lo eres Isabella, eres una hermosa y talentosa mujer.– Atrapé uno de los rizos y lo acomode detrás de su oreja.– Solo que algunos aún no lo notan del todo.
Tu eres el primero, que aun no aceptas que te estás enamorando de Isabella.
No tuve tiempo de enfrascarme en la lucha sin sentido contra mi vocecita molestosa porque el avión pasó por un área de turbulencia y comenzó a mecerse de manera violenta. Sentí la pequeña mano de Isabella aferrarse a mi chaqueta y esconder su cabeza cerca de mi brazo.
– Shhhh, tranquila. Ya va a pasar, eso solo turbulencia. – Pasé una mano por su cabello para tratar de tranquilizarla.– Nada va a pasar, yo estoy aquí contigo. Los minutos comenzaron a pasar y la turbulencia no daba tregua. Algo había que hacer para calmarla. Se me ocurrió distraerla con algo que sabía que a ella le gustaba.
– Poe...
– Ah?– levantó un poco la cabeza para verme
– Edgar Allan Poe. Solía leer esos relatos con Alice cuando éramos pequeños. No te sientas del todo rara por haber leído Anne Rice, yo también adoro el misterio.
– En serio te gustan las historias de Poe? Son de mis favoritas.– La vi sonreír levemente mientras poco a poco iba soltando la presión que tenía en mi brazo. El avión ya estaba empezando a dejar de sacudirse. Por las siguientes dos horas no hicimos nada más que hablar de libros. La conversación fluía tan natural entre nosotros, incluso en varias ocasiones Isabella finalizaba mis frases y yo las de ellas. Fue así que descubrí que teníamos gustos muy similares, tanto así que ambos amábamos la poesía inglesa, ella la de Elizabeth Barret y yo la de Robert Frost. La vi bostezar un par de veces hasta que por fin se rindió a los brazos de Morfeo cerca de la 1 de la mañana. Me acomodé de tal manera que su cabeza se apoyara cerca de mi pecho, deseaba tanto tener cerca su aroma... El aroma de las fresias del paraíso. Ella notó mi cambio de posición y estando aún dormida se acuno cerca de mis brazos. Su calor se sentía exquisito, llenaba todas y cada una de las células de mi cuerpo. Me hacía sentir...bien. Estaba yo dispuesto a dormir también cuando sentí que me tocaron el hombro derecho.
– Buenas noches, desea usted una almohada más grande para su esposa?– era la azafata. – Muchas gracias, pero estamos bien así.– Respondí. Un momento, un momento, dijo ella esposa? No, no, no. Isabella era mi esposa, daba la impresión de que así era?. En todo caso tampoco quise desmentir su suposición, ya era tarde para hacerlo.
– Vamos a apagar las luces, que descanse.– una vez dicho esto se retiró, no demoré en quedarme dormido.
Cerca de una hora después, sentí a Isabella removerse inquieta. Abrí lentamente los ojos tratando de adaptarme a la escasa luz que había. Ella estaba teniendo un sueño al parecer, su ceño estaba fruncido y sus manos formando un puño. Aun así se la veía adorable. Al cabo de unos segundos relajo su postura y volvió a tener un semblante pacifico. Pretendía volver a cerrar los ojos cuando la escuche decir:
...Edward...
Knock knock... Alguien alli? No me maten por favor ! Jejeje. La publicacion de este capitulo ha sido toda una historia porque mi portatil murio anoche (razon por la cual no pude enviar adelanto) pero contra todo aqui esta el capitulo!
Saludos a todas las nuevas lectoras, no saben lo feliz que me siento cada vez que llegan sus alertas y favoritos porque se que me estan leyendo. Para mis consentidas de los reviews: Sianita, Naobi Chan, L'Amelie, AlexiasMasen, Marchu, DianElizz, Blapagu, Danika20, V, Gabisita Black, Yukarito, Ninna Cullen y alma_alv muchas gracias por tooodos sus comentarios.
Mis betas y mejores amigas de la vida, excelente trabajo! Ustedes saben que Twisted Plans es parte de ustedes tambien. Para Isi gracias por tus ideas en todo este capitulo, Vivi vestuario espectacular lo diseñaste tal como lo planee, Esther gracias por el empuje, eres mi hada madrina en esto y Gaby...aiiish Gaby jajaja la aprendiz aprende rapido de su maestra no?
Un capitulo intenso! Descubrimientos, y celos? El que sigue viene aun mas cargado! Asi que nos vemos el siguiente miercoles.
Merezco review? Besos a todas!
