¿Qué PASÓ MIS AMIGOS FICCIONEROS? AQUÍ SU BUENA AMIGA QUERIENDOLES PEDIR DISCULPAS POR NO HABE ACTUALIZADO TAN RAPIDO COMO HUBIESE QUERIDO, PERO ¿Qué LES PUEDO DECIR? EL AMOR ES CIEGO, SORDO, MUDO Y PARA MI ES MAS QUE AMOR.

AQUÍ LES TENGO UN CAPITULO MAS DE ESTA BUENA HISTORIA, ESPERANDO QUE LES GUSTE TANTO COMO ME GUSTÓ ESCRIBIRLO PARA USTEDES, Y ESPERANDO QUE PUEDAN COMENTAR QUE LES PARECIÓ Y QUE IDEAS PUEDAN DARME PARA EL SIGUIENTE.

SIN MAS QUE DECIRLES Y PROMETIENDO QUE ACTUALIZARÉ PRONTO, SE DESPIDE DE USTEDES, SU BUENA AMIGA: Evil Anjelicke.

POV EMMA:

Las semanas posteriores al descubrimiento fueron tanto amargas como dulces, Kaylie aún no asumía completamente que su historia y la nuestra estaban conectadas, aun no aceptaba que toda su vida hubiera sido solo una mentira dirigida por los planes de una hada que al mismo tiempo era su guardiana y también su secuestradora, no concebía que sus padres no lo fueran realmente, y que su familia verdadera viniera de lo que ella conocía como los cuentos de hada que le habían contado cuando era niña, su carácter cambió radicalmente, Su calidez, sus sonrisas, su dulzura, habían desaparecido por completo, dejado solo una máscara de frialdad y apatía, ya no nos hablaba ni a Regina ni a mí, y apenas si se comunicaba con Henry, pero nunca era cuando estábamos presentes, ya que cada vez que aparecíamos en la misma habitación, nos rodeaba un incómodo y pesado silencio, que ella cortaba con una seña a nuestro pequeño y ambos se retiraban al patio trasero, donde no los pudiéramos oír.

Regina, sabiendo que nuestra casa no estaba capacitada para tener una persona físicamente minusválida, comenzó a hacer modificaciones, en casi todas las habitaciones, desde los barrales en el baño para Kaylie, hasta una pequeña silla elevadora en las escaleras que pudiera hacer el trayecto de nuestra hija desde el piso inferior al superior, más fácil. Sin contar que aun buscábamos la solución para sacar el alma de Morgana de nuestra hija y buscarle un nuevo cuerpo, ya que habíamos descubierto que en esos encuentros que se había manifestado, eran solo señales que la misma hechicera nos estaba dando para decirnos que esa tumba en el cementerio, ya era una inutilidad.

Lo difícil era cuando salíamos a las calles, todavía teníamos mucho que hacer. Los ciudadanos aún estaban muy confundidos y molestos con nosotros, y cada vez que nos veían, exigían respuestas y soluciones que no podíamos darles tan fácilmente como queríamos. Muchos estaban desesperados por volver al Bosque Encantado, y fueron muchas las ocasiones que se presentaron en nuestro hogar en forma de una horda enojada, creíamos que la razón por la que no nos cortaban la cabeza, era por nuestros pequeños, más que nada, por Kaylie (muchas de las flores puesta en el cementerio, no solo por Regina y yo, eran más para Kaylie que para otros familiares y amigos).

Pero, definitivamente, las cosas iban a cambiar una mañana, que todos nos volveríamos uno solo, gracias a alguien que se había ganado el corazón de todo el pueblo de Storybrooke.

Esa fue la mañana de un lunes bastante amarga, Henry y Kaylie desayunaron con nosotras en Granni`s, mientras que Ruby y su abuela los trataban de una manera muy familiar y cariñosa, pero los niños estaban tan callados que su tensión se podía cortar fácilmente con un cuchillo.

-Henry, yo me retiro, nos veremos más tarde-Kaylie se estaba por retirar, cuando se chocó con alguien, una mujer algo mayor, parecía algo molesta, nunca antes la habíamos visto en Storybrooke, llevaba puesto una camisola larga de tirantes, color negro, que le llegaba por debajo de la cintura, sobre esta una chaquetilla mangas largas, de cuero corta que le quedaba a la mitad de su torso, unos pantalones de lycra y para finalizar unas botas muy parecidas a las que yo usaba casi a diario, tenía piel pálida, casi como nuestra hija, cabello largo y ondulado hasta por debajo de los hombros, de color chocolate, peinado en una media coleta sujeta por un broche detrás de su cabeza, ojos castaños oscuros, nariz respingada, labios finos y sonrosados. Se veía indiferente a su entorno, pero al ver a nuestra hija, ambas se quedaron estáticas, mirándose frente a frente, sus ojos parecían no querer despegarse en esa lucha de miradas, hasta que la extraña rompió el silencio.

-Discúlpame, no te vi-Kaylie, para sorpresa de casi todos en el restaurante, le dedicó una cálida sonrisa e inclinó la cabeza en un gesto respetuoso.

-No te preocupes, yo tampoco estaba muy atenta-La chispa entre ambas se generó al instante, cosa que a Regina no le agradó para nada, se podía ver claramente la vena de los nervios en su frente a punto de estallar-¿Eres nueva en la ciudad?-No sabía si sentirme orgullosa del encanto de mi hija o preocuparme porque estaba hablando con una desconocida tan abierta y cómodamente.

-Si, en realidad lo soy, jovencita, ¿Puedo saber el nombre de tan educada damita?-De repente comencé a ver casi todo en rojo, esa mujer estaba coqueteando con mi pequeña, ¡mi niña! ¿Y si trataba de propasarse con ella? no podría defenderse, estaba en una silla de ruedas.

-Soy Kathryn-Dijo para disgusto nuestro, ya que todavía no aceptaba el nombre que le habíamos puesto al nacer-¿Podría decirme, ahora usted su nombre?-Ambas parecían estar conectadas por un fuerte y extraño sentimiento.

-Me llaman Megan, pero puedes llamarme Meg-Kaylie parecía fascinada con su nueva compañera de charlas, tanto que le hizo otro gesto con la cabeza para invitarla a salir del local, cosa que a Regina tampoco le gustó, pero cuando estaba a punto de ir a buscar a nuestra niña tuve que detenerla, mi mujer me lanzó una mirada sorprendida y desconcertada cuando le tomé de la muñeca y negué silenciosamente, ella no entendía que no teníamos poder de decirle que hacer o no, legalmente era mayor de edad y nosotras no podíamos intervenir en sus decisiones, salvo que arriesgara su vida.

Sin mirar atrás la mujer tomó las agarraderas de la silla de ruedas y la guió hacia la salida, aunque nos doliera, esa mujer y nuestra hija ya estaban destinadas, se podía ver en la sonrisa de Kaylie y en la mirada de esa extraña forastera que la veía con tanta intensidad, sin intención de lastimarla o herir sus sentimientos; no sabíamos si era por la magia de la maldición ya rota, o por el hecho de que el amor verdadero estaba volviendo a nuestro pueblo.

Pero lo que sucedió horas después, nos hizo darnos cuenta de una simple cosa: Kaylie aún era muy pequeña para esas relaciones, y que veríamos a esa mujer como un peligro para nuestra hija.

Luego de ese amargo desayuno y ver como Kaylie se iba con una desconocida, me llevé a Henry a la comisaría, mientras que Regina se iba a trabajar a su oficina a la alcaldía, claro, no sin antes recordarnos a Henry y a mí que nuestra hija estaba quien sabía dónde con una extraña que podría hacerle cualquier tipo de daño sin ella poder defenderse o golpearla. Azul seguía en su celda(a prueba de magia), en el subsuelo de nuestras oficinas, desde el momento que la habíamos encerrado, no había visto a Kaylie o la luz del día, mi padre se encargaba de verla todos las mañanas y llevarle un poco de comida y agua, aunque yo le decía que si por mi fuere la dejaría morir de hambre, cosa que papá no aceptaba, como antiguo rey de un pueblo del Bosque Encantado, él creía que todos merecían un trato justo, humano, fuesen criminales, victimas, jueces o verdugos.

Las horas se iban, lentas y tortuosas, marcadas en un viejo reloj en la pared, justo al lado de mi escritorio.

En el pequeño pueblo pesquero y minero de Storybrooke, lo más salvaje que pudiera pasar para un sheriff, era que Leroy se hubiera emborrachado de nuevo en el Rabbit Hole y pasara la noche en una de nuestras celdas, despotricando que él no había causado ningún inconveniente o disturbio, o que nada de lo que ocurría era culpa de suya, sino de quien "lo había provocado".

Pero una hora y media después de que pudiera sentarme a revisar el papeleo, recibí una llamada del mismo Leroy con un mensaje que me era imposible de creer, mi hija estaba involucrada en un accidente automovilístico con una mujer desconocida, cerca del límite del pueblo, justo en el puente donde comenzaba el alcantarillado principal, no podía dejar a Henry en la comisaría sin que se enfadara otra vez conmigo, asi que a regañadientes lo llevé en el escarabajo.

Créanme que cuando llegué a la escena se me fue el alma del cuerpo y el corazón se subió a la garganta, Henry fue mucho más rápido que yo, se bajó del auto y salió disparado hacia el vehículo, pero era muy peligroso acercarse, estaba volcado sobre el borde del puente, con sus dos ruedas derechas fuera del pavimento, colgando más de la mitad sobre el vacio hacia más de quince metros de una caída mortal. La mujer que se había llevado a Kaylie estaba inconsciente detrás del volante y mi pequeña estaba aterrada, tratando de quitarse el cinturón de seguridad, haciendo que el auto se balanceara por el movimiento, mientras yo intentaba pensar que hacer sin poner la vida de una ciudadana desconocida o a mi propia hija en peligro.

-¡Leroy, ve y busca ayuda!-El más cascarrabias de los siete enanos ni corto ni perezoso salió corriendo como alma que llevaba el diablo. Me acerqué lentamente a la ventanilla del conductor y mi desesperación creció a pasos agigantados, la imagen de Kaylie era desgarradora, ya no tenía ese semblante inexpresivo y los ojos fríos; Su mirar estaba completamente aterrado y acuoso, dirigiendo su mirada a todas direcciones con desolación...hasta que algo mágico sucedió, sus ojos se clavaron en los míos, y aun con lagrimas en los ojos soltó la palabra que despertaría a la salvadora que todos creíamos muerta dentro de mí.

-¡Mamá!-Luego de escuchar eso, no me importó si me ponía en peligro o rompía todas las reglas como sheriff, era la vida de mi hija la que pendía por un hilo, y nada me detendría de luchar por ella.

-No te preocupes, bebé, mamá está aquí-Posé mis manos en el vidrio cerrado y esperé a que ella hiciera lo mismo, pero no alcanzaba el cristal desde su trampa de tela, además que tenía el obstáculo de la desmayada conductora.

Como pude, rompí el vidrio de la ventanilla del conductor, sin que la extraña mujer reaccionara, estaba más que inconsciente, tomé el volante con ambas manos y tiré de él contra mi cuerpo, en un vano intento de moverlo hacia el pavimento, mientras Henry veía asustado detrás de mí, parecía que no podría hacer nada, cuando de pronto, vi unas arrugadas y pálidas manos, tomando la portezuela y haciendo la misma acción.

-No creerás que nos íbamos a quedar con los brazos cruzados-Volteé, y vi la cara de Granni, que tenía el semblante algo sonrojado del esfuerzo y con un gesto de enfado en sus ojos, detrás de ella estaban Leroy, el Dr. Hoper, Ruby, Marco, Sidney, Ashley, Kilian, Zelena, el Dr. While, Gold, Bealfire, mis padres, Wil, Belle, casi todo el pueblo, armados con cuerdas atadas a ganchos de tres garras, las mangas de sus camisas arremangadas-¡¿Que están esperando, una invitación?!-La voz de granni se escuchó fuerte y estridente como un comandante dando una orden.

los hombres sin dar pie a replicas, tiraron las cuerdas, enganchando el lado opuesto del vehículo y una vez los ganchos tuvieron un agarre seguro en el acero, y con ayuda de las mujeres, comenzaron a tirar de ellas, haciendo que el auto comenzara a moverse, a rodar sobre sí mismo, mientras Granni seguía dando órdenes, ya que había llegado más gente, dos ambulancias y para desgracia mía, mi propia mujer en su mercedes, (seguramente alertada por la rapidez con la que vuelan las noticias en un pueblo pequeño como Storybrooke).

Cuando el vehículo quedó cabeza abajo, por fin pudimos abrir las puertas y sacar cuidadosamente a Kaylie y a su acompañante, mi hija estaba aturdida, aterrada y sin ganas de querer soltar mi cuello una vez que la tomé en brazos, y fue algo complicado poder depositarla en una camilla para que los paramédicos la pudieran examinar, junto a la desconocida que comenzaba a recobrar el conocimiento.

Regina estaba furiosa, salió de su auto, azotó la puerta y se acercó con paso decidido y veloz.

-¿Alguien por el amor de dios me quiere decir que está ocurriendo aquí?-Muchos, aun recordando que mi mujer era todavía la conocida "Reina Malvada", se echaron hacia atrás algo asustados y temerosos de responder a su pregunta. Pero yo sabía que solo estaba asustada de no saber que había sucedido en el lapso que ella no estuvo presente, viendo a nuestra niña, acompañada de Henry y casi todos los que habían ido a ayudarnos, rodeándola, sonriéndole, y preguntando si se encontraba bien.

Me acerqué a Kaylie con Regina pisándome los talones, cuando estuve a su lado, le acaricié el cabello y le besé la frente.

-Aun nadie me explica que ocurrió-Regina estaba muy molesta, y se veía en sus ojos la preocupación que creía mantener oculta.

-Te lo diré cuando estemos en casa-Le dije, para luego ver fijamente a Kaylie.

-¿qué hay de Megan?-Preguntó desconcertada. Pero antes de que pudiera contestarle, Gina se apresuró a responderle con autoridad y sin espacio para replicas.

-Olvídate de esa mujer, no volverás a estar cerca de ella-Por primera vez pude ver la misma mirada de Regina, pero en mi propia hija, enfrentándose cara a cara, solo a milímetros una de la otra, separadas solo por el ínfimo espacio entre sus narices.

-¿y quién eres tú para decirme que hacer?-Conocía muy bien el carácter de los Mills, pero no sabía que podía ser tan exasperante en una jovencita de tan solo quince años de edad.

-Soy tu madre, señorita, y desde ahora en adelante harás todo lo que te diga.

-Pero...

-Sin peros-La voz de Regina era terminante y no aceptaba replicas-No después de lo que hiciste hoy, arriesgaste no solo tu vida al irte con una extraña, sino que también expusiste tu seguridad, la de tu hermano, tu madre, tus abuelos, medio pueblo se arriesgó para salvarte y ni un simple "gracias" les puedes dar-Con eso ultimo fue tajante. Kaylie, solo pudo agachar la cabeza y quedarse callada, mientras un paramédico la reubicaba en su silla de ruedas y nos dejaba ir a casa.