Hola!
Lamento no haber actualizado! TT^TT
Prometo "ponerme las pilas", es una expresión que se utiliza por aquí, y actualizar mas seguido! (*^*)7
Gracias a Charlie y el sándwich mágico, por corregir el capitulo c: y lograr que sea entendible lo que yo escribo n_ñU
Rivaille había decidido que faltaría al trabajo.
Últimamente no había pasado mucho tiempo con su madre y se sentía culpable por ello, así que hoy le dedicaría todo el día. Le encargó a Nanaba decir que faltaría y las razones de su inasistencia. Seguro le descontarían parte de su paga, pero su madre era más importante.
—Levi, ¿estás seguro de faltar a tu trabajo? —le preguntó su madre— No quiero que tengas problemas.
—No te preocupes por eso, hoy seremos tú y yo.
—Está bien —se relajó—. Entonces ayúdame a terminar el muñeco vudú de tu padre.
—¿...qué?
—Pienso darle un empujoncito al karma. Ven, siéntate conmigo —hizo un ademán para que sentara a su lado en el sillón—. ¿Y cómo te va en la escuela?
—Universidad —corrigió—. Bien.
—¿Nadie te está molestando?
—Desde que vieron lo que le hice a la última persona que habló sobre mi estatura; no, nadie.
—Me alegro; no me gustaría saber que mi pequeño Levi es acosado por alguien —hizo un énfasis en 'acosado' que no pasó desapercibido para Rivaille.
"Hanji, más te vale que no hayas abierto la boca" pensó.
Si él tenía mal carácter, su madre era el demonio, además que ya de por sí es vergonzoso que tu madre te defienda como si aún fueras un niño pequeño.
Continuaron hablando de diferentes temas, incluso de la vez que accidentalmente fue él quien destrozo un aula. Su madre se sorprendió al saber que no fue Hanji.
El teléfono de la casa comenzó a sonar y Sarah contesto; siempre era para ella, Rivaille vio a su madre hacer una mueca extraña para luego sonreír.
—Levi, cariño, es para ti —le pasó el teléfono.
—¿Diga?
—¡Levi!
"¡Mierda! ¡¿Por qué a mí?!"
Era la voz de Eren. Sintió que todo se había acabado; sabrían que todo lo que había dicho era mentira. Su madre tenía razón: las mentiras tienen patas cortas.
—Eren, ¿cómo conseguiste este número?
—Ya lo tenía. Cuando la señora Sarah trabajaba aquí me lo dio, dijo que si un día necesitaba a alguien, la llamara.
"Oh, que hermosa madre tengo..."
—Ya veo. ¿Y por qué llamas?
—Me preocupé cuando Nanaba dijo que habías faltado por tu madre y quería saber si todo estaba en orden.
—Sí, todo está en orden. Gracias por llamar —debía cortar esa conversación ahora.
—¡Ah, espera! ¿Puedo ir de visita?
—¿Qué? —esto iba de mal en peor— ¿Visita?
—Bueno, hace tiempo que no veo a la señora Sarah y tengo el deber de visitarla, además ya no puedo imaginarme pasar un día sin ti.
Y ante estas palabras su corazón empezó a latir rápidamente.
A juzgar por el calor que sentía en su rostro, este debería de parecer un tomate ahora mismo. Sabía que Eren no lo había dicho en sentido amoroso; sino que en amistoso, sin embargo, no podía evitar sentirse así. Eren era...
—¿Levi? —esto lo trajo de vuelta a la realidad, por lo cual rápidamente y sin aparente emoción, respondió:
—Debo consultarle a mi madre.
—Ok, te espero.
Con su mano cubrió la parte inferior de teléfono y se acercó sigilosamente a su madre.
—Mamá...
—Las visitas son siempre bien recibidas.
Como siempre su madre se le anticipaba. Si ella lo aceptaba no tendría opción, Eren vendría a su casa. Libero el teléfono y lo llevó a su oído.
—Sarah dice que está bien.
—¡Yupi! Estaré ahí en unos minutos —Eren colgó la llamada y él regresó el teléfono a su lugar.
Debía arreglar a su casa. No es que estuviera desordenada, sino que debía acomodarla de forma que Eren pensara que ahí viven dos mujeres, pero antes que nada debía cambiarse de ropa.
—¡Qué bien, Levi! Tendremos visita; prepararé algo de té.
Cuando su madre fue a la cocina, aprovechó para ocultar cualquier indicio de que él era un chico. como los marcos con fotos de él en la secundaria. Luego modificó el baño y busco su spray de fragancias florares para proceder a esparcirlo en toda la casa.
—¿Porque ambientas todo? —le preguntó su madre entrando a la sala con una bandeja donde estaba el té— Ya está limpia y ordenada.
—Es por el olor de mis libros viejos.
—Ah, bueno, sí. Tienen un olor algo peculiar. Continuaré con mi tejido.
—Iré un momento a mi habitación, ya regreso.
Entró a su habitación y cerró la puerta, debía ponerse ropa holgada. Lo malo es que el color de su ropa era demasiado opaco para una chica.
"¡Ah, demonios! No se acabará el mundo si lo descubre... Sí, mierda; se acabará."
Eligió la ropa y se cambió de forma rápida; ya se había tardado en escoger la ropa. Cuando estuvo listo salió de su habitación y fue donde su madre.
—¿Por qué te cambiaste?
—¿Y por qué tú te arreglaste? —no era correcto responder de esa manera, pero fue lo primero que se le ocurrió.
—¿Acaso no puedo lucir bien para nuestra visita?
—No, si la visita tiene quince años y eres una mujer cuarentona con un hijo.
—¡La persona que será tu pareja será más alta que tú!
Ambos habían dicho palabras que sabían, los hacían enojar mucho, para su madre: la edad, y para el: la altura.
—Perdón —dijeron a la vez.
Escucharon que tocaban la puerta, de seguro era Eren. Levi fue a atenderlo y ahí estaba él. Llevaba puesto ropa casual y traía consigo un ramo de flores.
—Hola, Levi —dijo alegre al verlo—. Te abrazaría pero tengo las manos ocupadas.
—Hola, no te preocupes. Pasa.
Eren entró al apartamento, siendo dirigido por Rivaille a la sala donde estaba Sarah. Al verla, el adolescente se acercó y le ofreció el ramo de flores, que ella aceptó gustosa.
—Gracias, Eren. Son hermosas.
—Son de parte de mi familia. Esperamos que se recupere pronto.
—No me hables de usted, me haces sentir vieja —le sonrió y luego se dirigió a su hijo, entregándole el ramo— Levi, ponlas en un florero. Eren, te serviré té.
Tomó aquellas flores y fue a la cocina deprisa, no quería dejar a su madre y Eren solos. El mocoso podía hablar de más y todo estaría arruinado. Con eso en mente volvió a la sala.
—Y bien, Eren, ¿cómo conociste a mi Levi? —antes de que Eren pudiera hablar Rivaille respondió.
—Trabajo en su casa —sintió como su madre lo miraba fijamente—. Lamento no habértelo dicho antes.
—¿Me estoy perdiendo de algo? —cuestionó el castaño, confundido.
—No realmente, cariño. Dime, ¿cómo te ha ido?
—Bien. Mikasa sigue siendo algo extraña, mis padres están en lo suyo y descubrí quién se comía los pasteles... ¡Era Sasha!
—Ay, Eren... cuéntame algo que no sea novedad.
Rivaille escuchaba con atención, la conversación de su madre y el mocoso. Al parecer ella había tomado con calma el hecho que le ocultó de que trabajaba. Bueno, técnicamente se lo había dicho sólo que omitiendo la parte en que se ponía un vestido. Pero tampoco es como si tuviera algo de malo, ¿cierto?
—Eren ¿quieres ver fotos de Levi cuando era pequeño?
—¡Sí! —respondió, notando la emocionada forma en que lo había dicho y se aclaró la garganta— Digo, claro. Sería... lindo.
—¡Qué bueno! Levi, ve por el álbum de fotos.
Estaba equivocado si pensaba que su madre no se había molestado. Ahora ella era su verdugo y haría que el mismo traiga la cuchilla. Si Eren ve esas fotos, se daría cuenta de que es un chico y que es hijo único.
Fue por el álbum que estaba en el cuarto de su madre, lo revisó rápidamente y puso en marcha la única solución que se le ocurría: quitaría las fotos donde obviamente se ve que es un chico y las cambiara por las fotos donde usa disfraces y ropa neutral. Son fotos vergonzosas pero tenía que pagar el precio.
—Aquí está —le entregó el álbum a su madre—. Disculpa por la demora, no lo encontraba.
—No importa. Eren, acércate para que puedas ver las fotos —el chico se acercó tímidamente.
—¡Oh, ahí está de bebé y con toda la cara embarrada de comida!
Mientras ellos miraban, Rivaille quería que se lo tragara la tierra. Nunca se había sentido tan avergonzado en toda su vida.
Su madre y el mocoso se pasaron casi toda la tarde viendo sus fotos y hablando, donde el tema principal era su infancia.
—Señora Sarah, ¿Levi leía libros tan grandes? —preguntó al ver una foto donde un pequeño Rivaille estaba sosteniendo un libro enorme.
—Sip, siempre le gustó leer. Prefería a los libros que a los juguetes. Escucha, te contaré una anécdota...
Eren le prestó toda su atención, al igual que Levi. Él también quería escuchar qué contaría.
—Tenía una vecina que era profesora, así que le pedí que le enseñara matemáticas. Ella vino pero Levi se negaba a soltar el libro.
—¿Había alguna forma que quitarle el libro?
—No, si valoras tu autoestima.
—No dejare que un niño me domine —habló la mujer, decidida—. Me adaptaré. Bien, Levi, tienes tres libros y te quito dos. ¿Cuántos te quedan?
—Tres libros y un cadáver.
—Y así fue como perdí a mis vecinas y dejaron de venir visitas —terminó de relatar—. ¡A que tengo un hijo maravilloso!
Rivaille esperó que Eren criticara la actitud que tenía de niño, ya que era incluso más arisco de lo que es ahora, pero en vez de eso el chico comenzó a reírse.
—¡Qué carácter tan fuerte! —exclamó entre risas— Me hubiera gustado ser así de niño.
—Oh. Eres la primera persona que dice eso.
—¿Enserio? —miró a Rivaille y el asintió en respuesta— Señora Sarah, ¿no tiene fotos de su otro hijo, ese de que tanto me hablaba?
"Se acabó. Eren abrió la boca."
—No tengo fotos de él. Mi esposo se llevó el álbum. Lo siento.
—No se preocupe. La he pasado tan bien que me olvidé de que quería conocerlo...
—Será para otra ocasión. Ya es tarde. Levi, acompaña a Eren a la puerta.
Eren se despidió dándole un beso en la mejilla a Sarah, y Rivaille lo siguió hasta a la puerta, donde lo despidió de la misma manera y se regresó a su casa.
Cuando el chico se fue, Levi regresó a la sala con un ligero sonrojo, pero este desapareció al caer en cuenta de que debía hablar con su madre. Ella lo había cubierto; pudo haber dicho la verdad, pero le siguió el juego.
—Rivaille.
—Yo-
—Estás trabajando en la casa de los Jaeger como una maid, ¿verdad?
—¿Cómo...?
—Lo descubrí cuando Eren llamó. Dijo que trabajabas ahí, y el puesto de shitsuji está ocupado; el único que queda era el que yo tenía.
—Lamento haberte mentido, pero necesitaba el trabajo para mantener tu seguro y pagar las cuentas.
—Hasta te pones un vestido...
—Eso no me importa, ¡haría lo que fuera por ti!
Todo se quedó en silencio, de seguro su madre estaría pensando en darle un sermón que no olvidaría jamás, recalcando que le avergonzaba tener un hijo que le mentía así.
—Ven aquí, me contarás todo mientras me ayudas a terminar el muñeco vudú de tu padre.
Se sorprendió por las palabras de su madre. Dudaba en acercarse.
—Venga, ¿qué esperas?
Fue y se sentó a su lado. Rivaille comenzó desde el principio, incluso le contó cuando se probó los trajes, causando que Sarah riera hasta que le faltara el aire. Bueno, al final no había salido tan malo; estaba feliz. Su madre lo comprendía y lo aceptaba.
Gracias por leer!
