- ¿¡Pero a dónde demonios te diriges!? ¡Es que no estás viendo a un encargado de seguridad por ahí! –

- Vale, vale. Lo tengo controlado –

- ¡Pero no sigas por el mismo sitio, baka! –

Tashigi agarró el brazo de Zoro, su propio brazo en realidad, y tiró de él en dirección opuesta a la que tomaba la multitud. El estruendo que había causado Luffy sólo unos minutos antes había llamado la atención de todo el mundo. Los curiosos se arremolinaban alrededor de la pila de cascotes y lo que quedaba del destrozado barquito y los niños jugueteaban alrededor de un potente chorro de agua que salía de una tubería rota que alimentaba aquella piscina donde terminaba la atracción principal del parque. Casi al instante, empezaron a aparecer los primeros policías del lugar. La capitana intentaba pasar desapercibida todo lo posible, aunque le resultaba complicado dentro del cuerpo tan llamativo de Zoro.

- Vamos, tenemos que darnos prisa y desaparecer del foco de atención –

- Esos idiotas… ¿Crees que estarán bien? –

- Seguro que sabrán apañárselas, Roronoa. Nosotros tenemos que hacer lo mismo, que no se te olvide que nuestra situación es peor –

- Sí, sí… -

Poco a poco lograron alejarse de la zona congestionada. Pudieron relajarse, aunque fuera un poco, cuando notaron que la gente alrededor de ellos sólo se preocupaba de divertirse. Aunque al principio se habían desviado del camino, una vez Tashigi se puso a la cabeza, recondujeron rápidamente la ruta para dirigirse hacia el parque de cerezos. Mentirían si dijeran que no estaban agotados, sobre todo Zoro, que utilizaba su tiempo libre mayoritariamente para dormir. Primero había sido el intercambio de cuerpos, después el numerito en la tienda de ropa, más tarde el destrozo en el bar de copas y por último el colapso de una de las atracciones más importantes del lugar. Ya no era sólo el cansancio, caminaban expectantes, podían intentar detenerlos, y con razón, en cualquier momento.

- Oi, estaba pensando algo… -

- No sé si quiero saber de qué se trata –

Zoro caminaba un par de pasos detrás de Tashigi, con las manos detrás de la cabeza y aire distraído. La capitana se había dado cuenta desde hacía rato que había empezado a abstraerse en sus pensamientos, y después de todas las experiencias que llevaban, le daba miedo que hiciera referencia a alguna de ellas, ¿Y si volvía a sacar el tema de su encuentro sexual? No estaba preparada para enfrentarlo de nuevo.

- Tú también eres una pervertida –

- ¿¡CO-CO-CO-CÓMO!? –

- Te vi cómo la agarrabas en el callejón, antes de salir corriendo – dijo Zoro, señalando a su entrepierna.

- ¡Sólo fue un segundo! Y no la agarraba, ¡La colocaba! –

- Era tu primera vez, ¿Verdad, capitana? –

Tashigi se sentía increíblemente nerviosa, de nuevo había salido aquel tema que no sabía cómo abordar. Pero no podía engañarse, los habían interrumpido, algo había quedado pendiente entre ellos y sabía que tarde o temprano el espadachín iba a hacer referencia. Debía mantenerse serena, todo lo que él pretendía era sacarla de sus casillas, como era costumbre.

- ¡E-e-e-eso no te incumbe! –

- Ahora somos los dos unos pervertidos –

La capitana apretó el paso, podía ver a lo lejos los frondosos cerezos. Se llevó las manos a la cabeza, y tapó sus oídos, no quería escuchar más de él, estaba a punto de volver a su cuerpo, ya no quedaba apenas nada para poder respirar con tranquilidad.

- ¡No te escucho! ¡No te escucho! –

El paso acelerado de la chica se convirtió en trote. Cuando se quiso dar cuenta, corría rápidamente hacia los árboles, aunque sin perder de vista al espadachín, todavía estaba dentro de su cuerpo. No le quitaba el ojo de encima, pero guardaba las distancias, sus palabras eran como dardos que se le clavaban y echaban raíces en su interior, atrayéndola irremediablemente. Sólo si no le escuchaba se mantenía más o menos inmune a sus encantos.

A semejante ritmo, no tardaron mucho en llegar hasta el lugar donde se encontraban los compañeros de ambos. Tenían que admitir que hacían un buen equipo, y sabían organizar las mejores comidas y fiestas. En la cocina portátil del G5, Sanji, ya recuperado de su conmoción, preparaba ingentes cantidades de comida a un ritmo frenético, ayudado por multitud de marines que eran también amantes de la cocina. No muy lejos, y sobre una extensa manta, se encontraban sentados Smoker y Franky, que bebían de una jarra de cerveza y una botella de cola respectivamente mientras escuchaban la música de Brook. En dos tumbonas cercanas, Nami tomaba el sol acompañada de Robin, que leía un nuevo libro.

- Ah, ah… No lo puedo creer… ¡Por fin estamos aquí! – Clamó Tashigi, que se paró en seco para tomar algo de aire.

- Oi, oi, oi… sí que tienes prisa, no sabía que te afectase tanto –

- Ya, claro, y a ti no, ¿verdad? –

- Está claro que no más que a ti, onna – Se burló Zoro.

- Y-yo… ¡ahh! ¿Dónde está ese maldito de Law? –

Tashigi barrió el lugar con su ojo, hasta que dio con el convaleciente pirata. Se encontraba tumbado tras las chicas, en postura fetal, como si estuviera durmiendo. La capitana agarró al pirata del brazo y tiró de él, hasta situarse delante de sus dos compañeras.

- ¡Oye, Law! ¡Vamos, devuélvenos nuestros cuerpos! –

- ¿Tashigi…chan? – preguntó retóricamente Nami, mientras se levantaba las gafas de sol.

- Ara, así que al final era cierto, fufufu –

- ¡Law, vamos! ¡Date prisa! –

- Oi, oi, oi… ¿No ves que está dormido, onna? –

- ¡Tu capitán nos dijo que estaba despierto! –

- Torao se despertó hace un rato, pero le dolía terriblemente la cabeza, así que Chopper nos dio un analgésico, Tashigi-chan –

- P-pero… pero yo… yo necesito mi cuerpo – lloriqueó la capitana, al límite de la desesperación.

Nami se incorporó y observó detenidamente la estampa ante ella. El cuerpo de Zoro, dentro del cual estaba Tashigi, se encontraba de rodillas en el suelo, en una postura totalmente derrotista y con la cabeza cabizbaja. A su lado, Zoro, dentro del cuerpo de Tashigi, seguía con los brazos detrás de la cabeza y la mirada distraída, parecía que le interesaba cualquier cosa más que aquella conversación. La navegante suspiró profundamente, ella, mejor que nadie, entendía lo que era estar dentro del cuerpo de uno de los cabezotas de sus compañeros, así que se apiadó de la chica.

- Mmmm… debe ser horrible estar dentro de Zoro, ¿No, Tashigi-chan? –

- Ni te lo imaginas –

- No, no me lo quiero imaginar –

- ¡¿CÓMO QUE HORRIBLE, BRUJA?! –

- Está bien… está bien – dijo Nami, mientras se levantaba de la tumbona y se acercaba hasta Law - ¡Oye, Torao! ¡Vamos, levántate! –

La chica sacudió violentamente al pirata, a la misma vez que le gritaba. Sus movimientos eran tan enérgicos que terminaron de despertar al chico, que aún seguía convaleciente.

- ¿Q-qué sucede, Nami-ya? –

- Ahh, Torao… sé que todavía te duele, pero… ¿Puedes volver a intercambiar sus cuerpos? Es un poco… urgente –

Law se giró y observó a la espadachina, de rodillas en el suelo, abatida.

- ¿Dónde está Zoro-ya? –

- ¿Dónde… está? –

Las tres chicas dirigieron la vista hacia el lugar donde se suponía debía estar el espadachín, pero lo encontraron completamente vacío.

- ¡¿PERO A DÓNDE HA IDO RORONOA?! –

- Ese idiota, después de haber despertado a Torao –

Tashigi se levantó de un salto y empezó a correr por todas partes, buscando a Zoro con ahínco. No tuvo que buscar mucho, tampoco es que el muchacho se hubiera ido muy lejos. Lo encontró frente a la cocina portátil, descorchando una botella de sake que había sacado del interior de una de las mochilas que habían llevado. No veía el momento de poder acabar con aquella experiencia tan agotadora. Se acercó a él, que bebía con fruición directamente de la botella, y le agarró del brazo.

- ¿Pero qué haces ahora? ¿Es que no ves que estoy bebiendo? –

- ¿Eh? ¿Pero por qué te vas justo cuando Law iba a intercambiar nuestros cuerpos? –

- No me he ido, sólo estaba cogiendo una botella. Aquí. Al dado –

- Oh, venga, eso puede esperar cinco minutos. Hazlo ahora dentro de tu cuerpo –

Zoro farfullaba entre dientes, mientras seguía bebiendo el sake. Él también quería recuperar su cuerpo, era su espacio vital y en el que había vivido siempre, pero, se había dado cuenta de que tampoco tenía tanta prisa en volver a él. Entre sobresalto y sobresalto, volvía a coquetear en su mente con lo ocurrido en el probador, en el callejón. Había sido una experiencia de lo más extraña y excitante, que difícilmente iba a volver a repetirse y que, ni siquiera habían llegado a consumar. Teniendo en cuenta, además, las pocas veces que se topaba con ella, iba a ser complicado consumar cualquier tipo de contacto físico, en general.

La siguió de mala gana, estrujándose los sesos para impedir el más que inminente intercambio. Eso le hacía preguntarse también cosas, ¿Acaso ella no sentían la más mínima curiosidad? ¿No se había quedado a medias? ¿No tenía intenciones de experimentar y terminar nada? En cierto modo, se sentía decepcionado. Decepcionado y estúpido. No es que hubiera hecho la declaración amorosa de su vida, pero teniendo en cuenta su forma de ser, se había abierto a ella más que a otra persona, y, sobre todo mujer, del mundo. Le había dejado claro, a su manera, que estaba interesado en ella, en su forma de ser, en su cuerpo, y que quería llegar más lejos de lo que jamás había llegado, incluso con sus cuerpos intercambiados.

Seguía bebiendo copiosamente de la botella de sake, tal y como estaba acostumbrado. El problema, que el cuerpo en el que se encontraba no tenía el mismo aguante que el suyo. Mientras caminaba tras la capitana, empezó a sentir un incipiente mareo y una cierta desinhibición. Era una sensación que, aunque no le resultaba muy familiar, había sentido alguna vez en la vida. Se notaba más libre y despreocupado, medía peor las consecuencias de sus actos. Se relamió sus labios con lujuria, y volvió a sentir a flor de piel todas las sensaciones de su cuerpo prestado. Su larga melena cubría sus hombros desnudos y parte de su rostro, su pecho subía y bajaba a cada paso que daba, acompasado con su respiración, y sus esbeltas piernas caminaban firmemente. Pero aquello no era suficiente, necesitaba sentir de nuevo que su piel quemaba, su vello erizarse, sus extremidades tambalearse, necesitaba excitarse de nuevo y llegar al clímax. Zoro se paró en seco al ver que lo hacía la capitana. Habían llegado frente a sus compañeras, las cuales asistían aún al maltrecho Torao

- Terminemos ya con esto, Trafalgar Law –

El espadachín no dijo nada, sabía que si intervenía podía decir alguna tontería de la que podía arrepentirse en frío. Hacer o decir algo, teniendo en cuenta su estado interno, delante de las tres chicas y Torao, podía dejarles demasiadas cosas al destape, y Zoro aún no estaba tan preparado para llegar tan lejos. Así, en aquella situación, sólo podía confiar en que Tashigi sintiese algo parecido e intentase, disimuladamente como él, propiciar un encuentro íntimo. Pero no quería engañarse, ella no era tan visceral como él, y no iba a volver a admitir que quería terminar lo que habían empezado.

- Está bien… después de esto no me volváis a molestar – Dijo el pirata con tono cansado, mientras se terminaba de incorporar – Room… ¡shambles! –

Extendió su mano, y debido a las acciones de su akuma no mi, el aire empezó a enrarecerse. En apenas unos segundos, y de manera casi imperceptible, se produjo de nuevo el intercambio. Tashigi extendió las manos, y observó las suyas propias, una de ellas agarrando la botella. Se agachó y observó sus largas piernas, su pecho, su espada. Suspiró profundamente, se sentía tan aliviada de volver a la normalidad que se dejó caer hacia el suelo. Por su parte, Zoro también notó inmediatamente la diferencia. Veía todo desde una mayor altura, y con dificultad debido a la pérdida de su visión binocular. Además, notaba su mente totalmente despejada y el peso de sus tres espadas. Ya se había producido el intercambio, ya había vuelto todo a la normalidad. Miró a la chica, y sintió que empezaba a agriarse su carácter. Había cambiado de cuerpo, la perspectiva era distinta, sí, pero su mente seguía igual de fantasionsa. Miró la botella de reojo, dio unos pasos, y se la quitó de golpe a la capitana de entre sus manos.

- ¡Oye, no seas tan rudo! ¿Quieres? –

- A ti no te va a hacer falta –

- ¿Y qué? ¿Eso es una excusa para que seas más amable? –

Zoro frunció el entrecejo y la miró, enfurecido. Dio un largo trago a la botella, se dio la vuelta y se dirigió hacia el frondoso árbol, para tumbarse sobre el tronco y echarse una siesta.

- ¿Qué le pasa a ese idiota de Zoro? Parece molesto con algo – Preguntó retóricamente Nami, que volvía a ponerse las gafas – Bueno, como sea, no le eches más cuenta, Tashigi-chan, lidiar con Zoro es increíblemente agotador ¿Te apetece tomar el sol aquí con nosotras? –

La capitana contempló la espalda desnuda de Zoro, alejándose de ella. ¿A qué venía esa actitud tan arrogante? ¿Por qué se comportaba de una manera tan ruda con ella? Se supone que él quería aquello también, recuperar su cuerpo y volver a una situación normal.

- G-gracias… pero voy a ver qué tal están mis hombres –

- Bueno… cómo veas. Si cambias de idea, aquí estamos –

La capitana se incorporó, y sintió un fuerte mareo. Se llevó la mano izquierda a la frente, intento afinar la vista, pero la sentía ligeramente desenfocada. El alcohol que había ingerido el espadachín le estaba pasando factura a ella. Además, notaba su cuerpo ardiendo, y su piel increíblemente sensible. Así, en ese estado, le había dejado el espadachín su cuerpo. Empezó a respirar agitadamente, de nuevo, empezaba a sentir cosas extrañas, como en el callejón. De repente, lo entendió todo. Su actitud, su rudeza, su desilusión. Había estado tan desesperada por normalizar la situación que, ahora, de vuelta a su cuerpo, se había percatado de que habían dejado algo a medias. Había terminado por admitirlo, aquello que había estado negando todo el tiempo. Miró a Law, y sintió deseos de pedirle que les intercambiase de nuevo, pero aquello era una locura, ¿Qué justificación iba a darle? Se sentía como una pervertida, admitiendo deliberadamente que le excitaba la idea de consumar un encuentro sexual con Zoro desde la perspectiva de él, pero eso no le preocupaba. Lo que de verdad le increpaba era la desazón, el arrepentimiento que estaba naciendo en su interior por haber dejado pasar una oportunidad tan inusual como excitante. Se empezaba a sentir increíblemente frustrada, y lo que era peor, excitada.

Caminó, temblorosa, hacia la cocina portátil. No sabía muy bien qué hacer, cómo iba a volver a hablar con él sin que resultase extraño para ambos y para el resto.

- Tashigi-chaaaaan –

La capitana se dirigió hacia la voz que la llamaba, y observó al cocinero de los Mugiwara. Lucía totalmente recompuesto, alegre y servicial. Estaba al tanto de lo ocurrido, del intercambio. Tashigi intentó zafarse de él, evitarlo a toda cosa, pero era tan insistente que no fue capaz.

- No, no, ¡Por aquí, Tashigi-chaaaaaan! –

La chica notó cómo el cocinero tiraba, aunque gentilmente, de su brazo. Oponía una ligera resistencia, pero no quería darle motivos para que pensase que ocurría algo extraño, así que se dejó llevar.

- Q-qué sucede –

- ¿Estás hambrienta? He preparado comida para todos, y la mejor parte está reservada para mis tres preciosas damas –

El cocinero guio a la chica hacia un mantel cercano, repleto de hermoso y apetitosos platos. No muy lejos de allí, se encontraba Zoro, que, disimuladamente, no perdía detalle de la escena. A la decepción que sentía se le sumaba una nueva sensación, unos crecientes celos al ver a Sanji fraternizar de aquella manera con la capitana.

- Y-yo… gracias, pero quiero ver primero cómo están mis homb –

- ¡No pasa nada, Tashigi-chan! Tú deja a esos patanes a su aire, aquí estarás mejor –

- S-sí, p-pero y- -

- ¿Qué te parece una deliciosa sopa fría? Refrescante para un día como hoy –

- E-es qu- -

- ¿O una ensalada? –

- V-verás, y- -

- Aquí tienes un sorbete bien frío –

Tashigi se sentía increíblemente agobiada. Estaba acostumbrada a ir con bastante libertad e independencia, así que tener una persona encima, aunque fuera amable y servicial, no le gustaba en absoluto. No sabía muy bien cómo zafarse de aquella situación, cuando vio que una afilada espada se interponía entre Sanji y ella.

- Oi, ero-cook, ¿Es que no ves que no quiere sentarse a comer ahora mismo? –

- ¿Qué haces aquí, marimo? Nadie te ha dado vela en este entierro –

- ¡Shushui! –

- ¿¡CÓMO QUE SHUSUI!? ¡LAS ESPADAS LAS MANEJAN PERSONAS! -

Tashigi miró hacia su izquierda y observó el semblante y la pose seria del espadachín. Podía estar molesto con ella, o desalentado, pero no la perdía de vista en ningún momento. Tenía que aprovechar aquella oportunidad de oro para librarse de Sanji, y ya de paso, entablar conversación con él.

- Deja en paz a Tashigi-chan, suficiente martirio ha pasado estando dentro de tu maldito cuerpo –

- Deberías dejarla tú en paz, ¿Acaso no ves que está intentando irse a toda costa? –

- Ves tonterías donde no las hay, Tashigi, ¿Qué es lo que quieres? ¿Comer aquí conmigo, verdad? –

- P-pues… yo –

- Tú… -

- Y-yo… verás… Kuroashi… -

- ¿¡Pero quieres hablar claro de una vez por todas!? –

- ¡Qué pasa contigo, Roronoa! Ahh, maldita sea, ¡quiero hablar contigo! ¡Sí, contigo, Roronoa! –

- ¿Con el kuso-marimo? – Preguntó Sanji, tan sorprendido, que dejó caer el cigarrillo al suelo.

- E-es una tontería… es… -

Tashigi se encontraba improvisando a toda costa. La presión de ambos, sobre todo de Sanji, era tan grande, que las palabras habían salido solas de su boca. Necesitaba decir algo, dar una razón de peso, y cuanto antes, mejor.

- Roronoa… tiene mi dinero –

- ¿¡ERES UN LADRÓN, MALDITO MARIMO!?

-¿Dinero? ¿Pero de qué dinero me hablas? –

- T-tienes mi cartera… la cogí cuando estuvimos en el bar, y se me olvidó volver a guardarla en mi vestido –

- ¿¡Bar!? ¿¡Mi preciosa Tashigi-chan ha tenido una cita con el marimo!? – Gritó Sanji, de nuevo en shock.

- Si se le podía llamar una cita a eso… -

- ¡Cállate, maldito espadachín del tres al cuarto! –

Zoro se llevó la mano al bolsillo derecho de su bañador y sacó del interior el monedero de la capitana. Tenía razón, ni se había percatado de que lo tenía él.

- Aquí tienes, yo sigo con lo mío. Y tú, acosador de mujeres, déjala a ella en paz con sus subordinados – dijo el espadachín mientras le lanzaba la cartera a la chica y se daba la vuelta, para seguir bebiendo.

- ¡E-e-e-e-espera! –

Zoro se paró en seco y se giró de nuevo. Le resultaba increíblemente extraño que Tashigi insistiese tanto, ¿Acaso buscaba un momento, a toda costa, para poder hablar con él? Decidió esperar, sentía que aquello iba a resultar interesante.

- Es que… bueno, necesitamos echar cuentas. Ya sabes… -

Echar cuentas. Ya sabes. Si era lo que él pensaba, había conseguido captar toda su atención.

- Ya veo. Vamos, echemos cuentas –

-¿Q-qué sucede aquí? –

- Lo siento, kuroashi, esto es un asunto entre Roronoa y yo –

Zoro y Tashigi se miraron con complicidad y retomaron la marcha, juntos, dejando atrás a un abatido Sanji. Tashigi volvía a liderar la marcha, pero no sabía muy bien hacia dónde. Buscaba un lugar tranquilo, cómodo y poco concurrido, cosa que iba a ser difícil de encontrar. Caminaron en silencio, durante unos segundos, hasta que la capitana encontró un lugar que cumplía, en parte, sus requisitos. Era, de nuevo, un callejón oscuro y poco concurrido, situado junto a una caseta de mantenimiento, bastante desatendida y alejada de las atracciones y el público en general. Ambos espadachines de adentraron en el interior, hasta que la capitana se paró en seco, y se apoyó sobre la pared.

- Y bien, ¿Qué cuentas tenemos que echar tú y yo exactamente? – preguntó Zoro, que se había situado muy cerca de ella, intentando intimidarla.

- Éstas –

Justo después de decir esa única palabra, Tashigi tiró del cuello del espadachín y fundió su boca con la suya.