Título: My Secret Lover

Fandom: Inuyasha :)

Pareja: Inuyasha/Kagome of course

Género: Romance/Humor.

Rating: T.

Capítulos y estatus: 10/27

Summary: -¿Quién dijo que la edad importa en el amor? Yo te amo, tú me amas, y los seis años que me llevas sólo hacen que te ame cada día más, Inuyasha- Porque apesar de lo que diga tu alrededor, nadie elige de quien enamorarse.

Disclaimer: Inuyasha es propiedad de Rumiko Takahashi, yo solo los tome prestados para esta idea maravillosa.

Warnings: AU y posible OCC.

N/A: Hola a todos! Creo que me tarde un poco más de lo que esperaba pero aca estamos, espero que les guste este cap aunque es medio cortito, besos


Capítulo 10: Sentir.

Inuyasha´s POV

Contemplé el angelical rostro de Kagome mientras frenaba el carro frente al semáforo en rojo, la pequeña había caído en un profundo sueño luego de explicarme con rapidez cómo llegar a su casa.

De seguro estaba muerta de cansancio. Y no la culpaba… era totalmente entendible.

Suspiré reprimiendo una sonrisa avanzando por las desiertas calles, estaba anocheciendo y el ambiente comenzaba a enfriarse. Doblé en una esquina, atento a las casas que pasaban lentamente a mi costado, unas cuadras más y me detuve frente a la fachada pintada de celeste de una vivienda que, si no me equivocaba, era la de Kagome.

Me bajé del automóvil con cuidado de no hacer ruido, rodeé el vehículo abriendo la puerta del acompañante para tomar a la dormida muchacha en brazos, caminé hasta la entrada de la casa y busqué la llave extra debajo del alero, como ella me había explicado, con una rápida maniobra me adentré en la estancia.

Kagome´s POV

Me removí comenzando a despertarme, me extrañé al sentir un mullido colchón debajo de mi cuerpo, ¿en dónde estaba?

Sin abrir los ojos llevé mis manos hacia atrás buscando la presencia que sentía abrazándome minutos atrás, pero solo encontré la cama vacía, ¿a dónde había ido Inuyasha?

Abrí un ojo perezosa, extrañada con la poca luminosidad del cuarto, al parecer seguía siendo de noche. Paseé mi mirada por el cuarto incapaz de reconocer en dónde me encontraba, hasta que me detuve en cierto hombre que me observaba recostado sobre una silla, sus pasionales ojos grises ardían como el fuego y me contemplaban quemándome la poca piel expuesta.

–¿Eres de dormir muy profundo por las noches? –me preguntó en un murmullo bajo mientras yo evitaba su mirada y me distraía adivinando en dónde estábamos.

–No lo creo -contesté cayendo en la cuenta de que nos encontrábamos en mi casa, el viejo póster de aquella banda a la que era fanática me recibió desde el otro lado de la habitación.

–¿También hablas cuando duermes? –inquirió poniéndose de pie lentamente, se acercó sigiloso hacia la cama, como un depredador en busca de su presa.

–¿Acaso dije algo dormida? –tartamudeé roja de vergüenza imaginándome la cantidad de cosas que podía haber dicho.

Se tomó su tiempo para pensarlo, mientras yo me ponía más y más nerviosa subió al colchón con la agilidad de un felino, colocó sus piernas a cada lado de las mías y se dejó caer sobre mi cuerpo sin llegar a aplastarme, uniendo nuestros labios en un acompasado beso.

Segundos después se separó lo suficiente de mi boca para susurrarme al oído.

–Gemías mientras dormías.

Oh-por-Dios, ese era uno de los momentos en los que de no estar apresada por su inmenso y pesado cuerpo de seguro hubiera salido corriendo.

–¿Yo gemía? –mis mejillas ardían y mis manos sudaban frío, nunca había vivido un momento tan embarazoso.

Sonrió de medio lado con malicia, él debía estar pasándolo bomba.

–Sí, lo hacías –confirmó dando pequeños mordiscos en mi cuello mientras rozaba mi erizada piel con la punta de la nariz.

Negué con la cabeza incapaz de creerlo, dándole vueltas al asunto sin concentrarme en las espléndidas caricias que recibía; ¿desde cuándo yo hablaba en sueños? ¿Desde cuándo GEMÍA en sueños?

–No tienes por qué avergonzarte tonta –me regañó parando su labor para mirarme fijamente a los ojos–. Escucharte gemir dormida fue lo más placentero del mundo –cada palabra salió suave y nítida de sus dulces labios traspasando mi cuerpo como un rayo, dejándome encendida de pies a cabeza.

Honestamente, no podía acordarme con claridad qué era lo que había soñando, pero podía apostar a que él estaba en aquella celestial fantasía.

–¿Te gustaría… –murmuró bajito comenzando a retirar las sábanas de mi cuerpo que sólo estaba cubierto por su camisa y mis bragas–… volver tu sueño realidad? –finalizó mirándome ardiente.

¿Cómo decirle que no? ¡Jesús! Tenía a mi alcance al hombre más apetecible del planeta, sin mencionar que el don era toda una máquina de sexo, no había lugar para las negaciones.

Sin pensarlo dos veces rodeé su cuello con mis brazos aferrándome a él para devorar sus labios con fiereza, mientras que sus caderas chocaban contra las mías volviéndome loca.

Una hora después.

Inuyasha´s POV

–¿Qué harás hoy? –preguntó Kagome luego de un cómodo silencio mientras trazaba círculos imaginarios sobre mi desnudo pecho con la yema de los dedos.

–Ni idea –contesté pensándolo, abrazado a su estrecha cintura, el suave aroma de sus cabellos inundaba mis sentidos mientras yo escondía mi rostro entre ellos.

–Eres un holgazán –dijo seguido de una risita, sus suaves y descubiertas curvas vibraron a causa del movimiento.

–Es mi naturaleza –ronroneé apretándola más contra mí.

Hacía años que no me sentía así con una mujer, Kagome lograba despertar aquella fiera protectora en mi interior, aquel desconocido ser que gritaba eufórico que ella era completamente mía.

Se sentía tan bien estar así a su lado, dejando los prejuicios de lado y concentrándome en disfrutar el tiempo que podía pasar junto a ella. Aunque sabía que lo que hacíamos rayaba la locura y era mal visto hasta para mí mismo, yo la amaba, y nada podía cambiar aquello.

–¿En qué piensas? –preguntó curiosa apoyando su peso sobre uno de sus codos para observarme de costado, su esbelta figura se entrevía debajo de las blancas sábanas de su cama.

–Nada en especial –contesté concentrado en los finos rasgos de su rostro mientras que con una mano delineaba la curva de su barbilla.

Me miró intensamente por unos segundos pensando en lo que diría.

–Si hay algo que he logrado en este tiempo es descifrar tu mirada.

–¿Mi mirada? –pregunté confundido, Kagome sonrió feliz subiéndose a mi cuerpo para abrazarme con fuerza.

–Sí, puede decirse que soy una experta en saber qué es lo que te ocurre con sólo mirar tus ojos –comentó entrelazando sus piernas con las mías apoyando la cabeza sobre mí pecho.

–¿Y cómo es eso? –inquirí intrigado.

–Bueno… cuando estás alegre tus pupilas parecen dos diamantes, brillan con mucha intensidad, cuando estás triste se te oscurecen los ojos y, cuando te pones pensativo o te pierdes en tu nebulosa tú mirada parece vacía, casi sin vida.

Me quedé mudo de asombro por unos segundos, era impresionante la forma en que esta pequeña demonio parecía descifrarme tan fácilmente.

–Eres rápida deduciendo cosas –dije incapaz de agregar nada más.

–Sí, lo soy. Ahora, ¿vas a decirme en qué pensabas? –concluyó observándome con sus enormes e inocentes ojos marrones.

–Está bien –suspiré admirando la felicidad que nacía en su mirada–. Pensaba en lo lindo que se siente tenerte a mi lado, poder tocarte de esta forma y sentir tu cuerpo desnudo junto al mío –al momento de decirlo no me detuve cavilando en sí eran las palabras adecuadas, pero su sonrojado rostro me decía que había dado en el blanco.

–¿De verdad lo dices? –cuestionó en un susurro apoyándose sobre el colchón para que nuestras caras quedaran enfrentadas, con los labios casi rozándose.

–Por supuesto –afirmé sosteniéndola con un poco más de fuerza por las caderas, reprimiendo las enormes ganas de besarla–. Puedo asegurarte que nunca he estado de esta forma con una mujer –agregué riendo ante su desconcertada expresión.

–Por favor, no nací ayer –dijo incrédula.

–Es cierto –defendí sonriendo–. La mayoría de las mujeres fueron aventuras de una noche, a la mañana siguiente cada uno por su lado.

Sus ojos se abrieron sorprendidos mientras su respiración se cortaba.

–¿Exactamente cuántas mujeres? –preguntó con el ceño un poco fruncido.

–¿Celosa? –inquirí divertido.

–Bastante.

–Tranquila, puedo contarlas con los dedos de las manos.

–¿Las dos manos? –siguió interrogándome completamente a la defensiva.

–Ajam –asentí con la cabeza a sabiendas de que se enfadaría un poco, pero amaba verla enfadada.

–¿Hablas en serio? –dijo con un tono más serio separándose de mí.

–Vamos nena, tranquila –susurré en un intento de calmar la tormenta que se avecinaba.

–Dame un segundo para asimilarlo –pidió sentándose en el borde de la cama dándome la espalda con gran parte de las sábanas enredadas en su cuerpo.

–Todos los que quieras –acepté pasando ambos brazos por detrás de mi cabeza a modo de almohada.

–Si bien ya me había hecho la idea de que no eras el santurrón tampoco me imaginé que eras el otro extremo –susurraba completamente ajena a mi persona–. De seguro yo era la única estúpida que con quince años seguía siendo virgen.

–Alto ahí –dije sentándome de repente para gatear hacia ella.

–¿Qué ocurre?

–El hecho de que yo me haya acostado con muchas mujeres no le quita lo importante a lo que hicimos Kagome –le hablé con seguridad, mirándola fijamente a los ojos, buscando que creyera la verdad de mis palabras–. Puede que yo no fuera virgen, pero ha sido la mejor experiencia lejos.

–¿Por qué lo dices? –preguntó girando el torso quedando frente a mí.

–Porque hacerlo contigo sabiendo que yo era el primero y el único fue algo maravilloso, nunca me sentí tan feliz en mi vida. Además… –hice una pausa antes de continuar, divertido con el brillo anhelante de sus pupilas–. Lo más importante de todo es que te amo –aquella frase salió de mi boca lo más rápido que le fue posible, sabía que me costaría decirlo más adelante, y debía aprovechar mis raros momentos sensibles.

Kagome´s POV

¿Acaso debería comprarme un manual de cómo sobrellevar momentos embarazosos? O quizá otro de "Aprenda a regular los malditos latidos de su corazón".

Sin duda cualquiera de ellos dos me hubieran servido bastante en ese preciso minuto, Inuyasha acaba de decir que me amaba, ¡a mí!, y lo único que yo podía hacer era mirarlo como una completa estúpida sin saber qué decir.

–¿Es en serio? –pregunté dudosa observando fijamente esas grisáceas pupilas .

–Claro que sí –contestó sonriendo, levantó una mano hacia mi rostro y me acarició con suavidad la mejilla izquierda.

–Yo… ¡yo también te amo! –chillé todavía incapaz de creérmelo mientras me abalanzaba a sus brazos y ambos caíamos acostados sobre la cama.

Nuestras bocas se juntaron en un apasionado beso demostrándonos sin palabras todos los sentimientos que llevábamos dentro. Demostrándonos lo que el otro nos hacía SENTIR.


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