Se acerca la hora del destino. Athena y sus santos han llegado al Santuario y se aprestan para iniciar la subida hasta el Templo Principal, pasando por las Doce Casas. Sin embargo, hay algunas profecías que deben cumplirse. ¡Adelante, caballeros de Athena!


¡HOLA A TODOS! Este fic es un UNIVERSO ALTERNO, sin relación con mis demás escritos y se puede leer de forma independiente. Parte de la premisa de qué hubiera pasado si Aioros de Sagitario hubiera sobrevivido a aquella noche en que rescató a la infanta Athena de una muerte segura. ¡Espero que lo disfruten! Algunas imágenes de referencia irán apareciendo en el Pinterest de este universo.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.

¡No intenten nada de esto en casa!


"SUCEDIÓ EN LAS DOCE CASAS"

Capítulo 9: El Reloj de Fuego

Santuario de Athena. Límites.

Algunos días después. 18 de mayo de 2017. 7:15 hora local.

Al fin estaba frente al Santuario. La diosa tomó aire y cerró los ojos, recordando brevemente la conversación que había tenido la noche anterior con Ananké, por medio de un trance divino. Estaba asustada, pero dispuesta.

Era la hora de tomar el sitial que le correspondía.

Saori abrió los ojos, mirando hacia adelante. De pronto dio un instintivo paso hacia atrás, la primera muestra de honesto susto que tenía desde que habían salido de Japón. Se ajustó la capucha y se aferró al brazo de su papá, quien la miró preocupado. Seiya le dio una palmada en la espalda y Shun le ofreció una barra de chocolate. Ikki, muy malhumorado, solo la miró de costado y con un tic en el ojo. Hyoga resopló molesto, en un intento de disimular la ansiedad que les provocaba estar ahí, frente al Santuario.

"No dejaremos que nada te pase, hijita." Le dijo Aioros lo más calmado posible. Él también estaba encapuchado. "Esto va a terminar antes de que empiece."

La diosa tragó saliva y asintió sin decir nada, y devorando el chocolate como si eso le fuera a bajar los nervios.

No se dijo otra palabra, no hubo más comentario. Todos estaban con los pelos de punta y no era para menos. Por fin, después de trece años, Athena volvía al Santuario a reclamar su lugar. Pero, lejos de sentirse bien por ello, parecía que todo se iba a desmoronar de un momento a otro.

"Como que no sacamos nada quedándonos aquí como idiotas. ¡Ya! ¡Manden los últimos mensajes y nos vamos!" Animó Seiya de buen humor, estirando los brazos. "Acabemos con esto de una vez, que ya tengo hambre."

"¿A quién le dices idiota?" Reclamó Ikki, enseñándole el puño.

"Tú siempre tienes hambre, Seiya." Le recordó Shun, con una amable sonrisa.

"Pero al menos tiene razón en eso de que debemos acabar con esto." Dijo Hyoga muy solemne. Entonces mostró el celular. "Shiryu dice que llega en unas horas más, que no lo esperemos."

Saori siguió en silencio, aferrándose a la mano de su papá, como si tuviera cinco años de nuevo. Los bronceados lucían sus armaduras y sus identidades quedaban en evidencia. Aioros no llevaba su armadura puesta, sino que estaba dentro de su caja, al mismo tiempo que ésta estaba cubierta en telas de manera tal que no se supiera de qué se trataba. El santo de Sagitario tenía además la cabeza cubierta por una capucha y su cosmo al mínimo posible, al igual que su hija, en un esfuerzo de evitar que lo reconocieran.

Iba a pasar, evidentemente, pero quería evitarlo todo lo que pudiera.

"Andando muchachos, tenemos cosas que hacer." Los alentó Aioros.

El grupo asintió en silencio y reanudó la marcha.

¡Cómo habían cambiado las cosas en tan pocos días! Tras la liberación de Milo, y el revuelo que causó eso, ya no pudieron seguir dilatando más el enfrentamiento contra Ares. Incluso la Resistencia, que desde siempre se mostró reacia a eso, estuvo de acuerdo en que ya era el momento justo. Milo había partido esa misma noche a reunirse con su maestro, prometiendo estar de vuelta en la Casa de Escorpión para cuando necesitaran la autorización para cruzar, y a la mañana siguiente Aioros, Athena y los bronceados habían partido con destino a Jamir para preparar los últimos detalles.

No habían encontrado a Mu, o a su aprendiz en la Torre, pero el anciano maestro Shion, quien se notaba bastante activo, los había recibido junto con el resto de la familia Lüntz. Allí pasaron los últimos días antes de partir, ajustando cada detalle e intentado prever todas las eventualidades posibles. Enfrentaban un combate complicado, una Guerra Santa en toda regla, y no podían dejar nada al azar. Toda la Resistencia trabajó con ellos, pues sabían que las repercusiones de una derrota o del triunfo se extenderían por todo el planeta: nadie quedaría indiferente.

Cuando habían partido esa mañana, dejaron a Esmeralda atrás, al cuidado de Lümi y Axl, por cualquier cosa. Hades había enviado a Radamanthys de Wyvern como apoyo, en caso de cualquier eventualidad.

Shun creyó ver que Ikki hizo un puchero al despedirse, pero bien pudo ser idea suya. Eso sí, el santo del Fénix tenía el pañuelo de su chica atado a su muñeca y eso ni era una ilusión ni pasaba desapercibido. Hasta parecía que lucía ese pañuelo con orgullo.

¡Aaaaw!

"Ya estamos casi..."

"Sí." Shun tomó aire. "¿Qué tan cerca estamos del límite?"

"Unos pocos metros más." Dijo Seiya, en un susurro.

"Pasando esa zanja, entraremos al bosque del Santuario." Explicó Aioros con el corazón en un puño.

"¿Me sacaste por aquí del Santuario, papá?" Preguntó Saori de pronto.

"No… Fue por los acantilados." Aioros suspiró. "Eso sí, no recuerdo haberte sacado: estaba un poco inconsciente."

"Cierto, fueron Thanatos e Hypnos quienes nos ayudaron."

"¿Quién osa acercarse al Santuario de Athena?"

Una femenina voz los hizo detenerse en el acto. Todos se pusieron en guardia y aguantaron la respiración hasta que Marín salió de entre las sombras. Seiya fue el primero en suspirar de alivio y en saludar con ánimo a su maestra, quien tras la máscara sonrió contenta, pero fuera de eso, no mostró más emociones.

"¡Maestra! ¡Qué bueno que la veo! Por un momento temí lo peor."

"Cálmate Seiya, el peligro abunda por aquí." Le gruñó la mujer. Seiya se disciplinó en el acto, con una traviesa sonrisa.

Marín se las había visto color de hormiga los últimos días. Todo el Santuario estaba como avispero agitado y las órdenes del Templo Principal no solo eran ambiguas, sino también contradictorias y tenían a muchos temiendo lo peor. Se estaban produciendo algunos motines tanto en contra de la diosa o del Patriarca que, aunque eran sofocados ni bien se identificaban, no ayudaban en nada a mantener la calma. La amazona del Águila había sido el blanco de varios ataques debido a ello, aunque se había mantenido al margen de todo, por consejo de Máscara de la Muerte.

Ikki carraspeó molesto. Aioros irguió la cabeza.

"Promacos." Dijo el dorado en voz alta y firme. Marín volvió la cabeza hacia él, sin poder reconocerlo debido a la capucha.

"Agiopoinos." Respondió la amazona.

Ahora tanto Aioros como Marín suspiraron aliviados. Habían acordado de antemano una serie de contraseñas que solo los miembros de la Resistencia sabrían, y que les permitirían recibir ayuda o información, en caso de necesitarlo. La amazona señaló hacia el interior del bosque.

"El camino está despejado si van por esa dirección, pero no se confíen. No deberían tener problemas en el bosque, pero una vez fuera de la línea de los árboles las cosas se ponen más complicadas. Sugiero que tomen el camino secundario hasta las Doce Casas. " Dijo Marín muy seria. Dicho eso se acercó a Athena, quien se descubrió la cabeza al ver como la amazona se le acercaba y arrodillaba ante ella. "Bienvenida a casa, Princesa. Mi lealtad y mi corazón están con usted."

"Gracias Marín." Le dijo con una sonrisa. Como que se sentía algo incómoda con la situación: no estaba acostumbrada a las formalidades. "¿Estarás bien?"

"Usted no se preocupe por mí, tiene otros asuntos más graves." Le dijo la amazona. "Estamos muy atentos a lo que necesite." Marín se volvió hacia Aioros, mirándolo como intentando averiguar de quien se trataba, pero el dorado ocultó bien su identidad. "Lleva pronto a la princesa con Ares. Les seguiré de cerca en cuánto pueda."

"Maestra, ¿no vendrás con nosotros?"

"No Seiya. Tengo otra misión que cumplir." La amazona miró al grupo. "No pierdan el tiempo, ¡Vayan!"

Aioros asintió e instó al grupo a seguir. A paso veloz cruzaron la zanja y se adentraron en el Santuario. Una vez que se hubieron alejado lo suficiente, un cuervo aterrizó junto a Marín mirándola curioso. Tenía un moño rosa atado al cuello a manera de adorno y se arregló las plumas en lo que esperaba una reacción de Marín. Cuando por fin la amazona se le acercó y le acarició el plumaje, arreglando incluso la posición del moño, se esponjó contenta.

"Ten esto." Le dijo Marín al tiempo que le pasaba un brillante llavero. "Llévalo con Jamián y no te tardes, Lulú."

El ave pareció asentir con la cabeza y tras admirar el llavero, emprendió vuelo en dirección desconocida. Marín la vio hasta que se perdió entre las ramas y entrecerró los ojos. Tenía la impresión que ese día estaría lleno de acontecimientos y que, por si fuera poco, el suspenso no se resolvería sino hasta el último momento posible.

"Mejor me concentro en mi trabajo. No tengo tiempo para nada más." Se dijo Marín en voz alta.

Estaba nerviosa. Sabía que ese día sería decisivo y por eso estaba doblemente a la defensiva. Tenía un mal presentimiento, pese a toda la cuidadosa planificación invertida en asegurarle a la diosa un paso seguro hasta el Templo Principal. Marín se adentró en el bosque, con una dirección fija y predeterminada, sin darse cuenta de que era observada de cerca.

Aioros observó una vez más en la dirección en la que se había alejado Marín y dejó escapar un suspiro angustiado. Por fin estaban aquí, de regreso en el Santuario y prestos para arreglar cuentas con Ares, pero se sentía tan expectante y tenso que en cualquier momento daba un golpe a lo que fuese. Algo iba a pasar, estaba seguro: habían planificado al dedillo toda esa operación, pero tenía la sensación que todo se iría por el caño antes que se dieran cuenta o pudieran controlarlo.

Por otro lado, contribuía a su ansiedad el hecho que Lily… estaba bastante molesta con él. Había hablado con ella hacía unas horas y el día anterior, pero no pudieron profundizar mucho. La mujer le había dicho que no le pasaba nada y eso lo tenía muy nervioso. Cierto, lo había tranquilizado al confirmarle que seguían siendo pareja, cosa que realmente lo había preocupado hasta ese momento (creyó que le habían dado la calabaza más grande de la historia de la humanidad el otro día en el parque tras los aguijonazos), pero no quedaba muy convencido, menos con ese "no me pasa nada" que le había dicho. Lily tenía derecho de estar enojada después de todo.

¡Por Athena y todo el Olimpo! Sabía que tenía que cuidar de su hija, de protegerla hasta las últimas consecuencias, ¡Y vaya que lo haría!, pero si Lily lo dejaba… nunca más podría volver a sonreír en la vida.

Athena tragó saliva y tomó la mano de su papá con más fuerza. Ella tampoco había tenido unos días muy tranquilos. Secretamente, y mientras los adultos trazaban planes y tomaban resguardos, había contactado a Apolo… por dos motivos básicamente: saber cómo estaba Lily y… si tenía algún oráculo para ella.

Lo que su hermano mayor le dijo sobre su mami la calmó mucho, pero en cuanto a lo que le deparaba el destino fue otra cosa muy diferente, se había asustado un montón, su lado humano tuvo ganas de salir corriendo, huir y nunca más volver, pero su lado divino detuvo y descarriló ese tren de pensamientos. Los hados habían hablado y lo que iba a pasar, tenía que pasar, o no se podría recuperar ningún equilibrio.

Y la hora del destino estaba a punto de resonar. Tal como Ananké se lo había confirmado cuando la contactó después.

Tenía que decirle a Aioros sobre esto. La muchacha tragó saliva y tomó valor.

Se acercaba la hora.

"¿Papá?"

"¿Pasa algo, hija?"

"Sí." La diosa se mordió el labio. "No te enojes conmigo, por favor."

El tono de voz que usó Saori hizo que Aioros tuviera un escalofrío en la espalda que le hizo intuir lo peor. Incluso llamó la atención de los bronceados, pese a que lo dijo en un susurro. La diosa miró a su alrededor: estaban usando un camino muy secundario hacia las Doce Casas y ya podían ver la primera no muy lejos. La diosa se armó de valor. Aioros palideció.

"¿Linda?"

"Saori, ¿pasa algo?" Le preguntó Seiya.

En ese momento, el tintineo de la cadena de Andrómeda les heló el espinazo. Había detectado peligro y alertaba a su usuario. Shun se tragó un suspiro y todos se pusieron en guardia, escaneando sus alrededores con terror en los corazones. Aioros intentó sujetar a su hija, pero ésta se alejó y retrocedió un par de pasos y extendió los brazos.

"Esto tiene que pasar." Dijo Athena en voz alta. "Por eso no quiero que lo detengas. Por eso no lo vas a ver en seguida, o de lo contrario lo evitarás." Algo en su tono de voz les confirmó que quien hablaba no era una chiquilla asustada, sino una muchacha perfectamente consciente de su estatus divino. "Tiene que pasar."

"¿De qué hablas, hijita?" Aioros avanzó hacia la chiquilla, pero Athena solo retrocedió dos pasos más. Ikki siseó molesto y Shun le dio la orden a la cadena para proteger.

"Era la única manera de recuperar mi Santuario y rescatar a Saga y a Shura… ahora dependo de ustedes."

La cadena atacó en respuesta a una agresión extraña y de pronto el grupo se vio acosado por el imprevisto ataque de un plateado, que les cayó encima como una furiosa lluvia de flechas.

"¡MUERE, IMPOSTORA!"

"¡PROTEJAN A ATHENA!"

Y sin embargo no pudieron mover siquiera una pestaña.

Fue como si los segundos se congelaran y con ellos les fijaran los pies a la tierra. Sus músculos se bloquearon, los de todos, y no pudieron hacer nada por más que lucharon contra eso. Tanto Aioros como los bronceados se vieron de pronto presos de una voluntad externa que no los dejó moverse… una voluntad que todos conocían demasiado bien. Athena misma, no Saori, sino la diosa, les impidió moverse.

Con horror observaron a Ptolemy de Sagitta, un santo plateado, como en cámara lenta, invocar su técnica hacia el grupo, guarecido por las ilusiones que caían sobre ellos. Una corriente de hielo les recorrió el espinazo.

"¡FLECHA FANTASMA!"

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!"

"¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!"

SQUIIIIIISH…

Una flecha dorada se clavó de lleno en el pecho de Athena, justo en el corazón. Por el impulso la muchacha retrocedió algunos pasos y por instinto se llevó las manos a la herida, como intentando sujetar aquél objeto que la agredía de esa manera. A duras penas se mantuvo de pie, aunque bajó la cabeza, ocultando su rostro con sus cabellos.

"Primero te elimino, impostora, luego me encargo de tus guardiancitos." Le dijo el plateado con un agresivo y muy burlón tono de voz. "¡Esa flecha te la mereces por...!"

"¡Te mintieron, Ptolemy!" Athena levantó la mirada y la fijó en aquel santo de plata, quien se irguió desconcertado. "No te culpo de esto."

"¿Qué brujería es esta, chiquilla?" Preguntó Ptolemy, sorprendido. "¡¿Tienes la flecha clavada en el corazón y no te has muerto?!"

¡POOOW!

"¡ES PORQUE ES ATHENA, IMBÉCIL!"

Seiya le asestó un buen golpe a Ptolemy, quien ni cuenta se dio del momento en que los bronceados y el extraño encapuchado pudieron moverse. Del grupo, solo el santo de Pegaso e Ikki se abandonaron a la labor de golpear al pobre diablo, quien desconcertado y todo tuvo que defenderse nada más. Shun, Hyoga y Aioros corrieron hacia la diosa, quien colapsó justo en el momento en que su papá la sujetó.

"¡Tranquila, tranquila! No te muevas, hijita." Dijo Aioros muy alarmado mientras se agachaba y ayudaba a la diosa a sentarse en el suelo. "¡Por todo el Olimpo!" Exclamó angustiado mientras observaba la flecha clavada.

"¡Saori!" Exclamó Shun con la voz en un hilo. "¿Por qué permitiste...?"

"¡Tengo vodka en la mochila! Quizás sirve para desinfectar la herida o algo." Ofreció Hyoga angustiado. Athena, Shun y Aioros lo miraron raro unos momentos, pero lo dejaron pasar en virtud de las circunstancias.

"¡Tenemos que sacarte esto!" Aioros estiró la mano en un ademán de querer arrancar la flecha, pero se detuvo. "¿Hijita? ¿Qué hiciste?"

El cuerpo de Ptolemy cayó inconsciente a unos metros de ellos y tanto Seiya como Ikki llegaron corriendo al grupo. La expresión del Fénix fue indescriptible, pero la del Pegaso fue un abanico de colores.

"Retiro lo dicho. ¡Lo voy a matar!" Gruñó Ikki apretando los puños y girando sobre sus talones, dispuesto a terminar el trabajo.

"¡No, Ikki!" Exclamó Athena con evidente dolor. "¡Quédate!"

"¡Mira cómo te dejó, Saori!" Se lamentó Seiya pasándose las manos por los cabellos. "¿Qué esperamos? ¡Necesita un Hospital!"

"No." Dijo Aioros con gravedad, aunque nada feliz. "No sabrían cómo tratar esta herida, Athena… necesita otra cosa."

"¡Papá!" Athena se sujetó de Aioros resoplando de dolor. "Necesito mi escudo…"

"El Escudo de Athena. La luz del sol que se refleja en su superficie puede curarla." Explicó Aioros. Cuatro pares de ojos lo miraron alarmados.

"¡Pero ese escudo está en el Templo Principal!" Exclamó Seiya con los ojos muy abiertos.

"Tendríamos que pasarle a Ares por encima para obtenerlo." Añadió Hyoga. "Sin mencionar pasar por las doce casas y Athena sabrá cuántas trampas más."

"¡Pues vamos!" Gruñó Ikki, tronándose los nudillos. "¿Qué esperamos? ¿Invitaciones por escrito?"

"Por favor… ¡Les pido disculpas!" Resopló Saori. "Dependo de ustedes. ¡Aaayyyy!" La diosa apretó los dientes de dolor al sentir como la flecha se le enterraba de a poco cada vez que respiraba o hablaba. "Esta era la única manera que tenía para derrotar a Ares. ¡Tengo que llegar a mi Cámara en el Templo Principal!"

"Estás desafiando a Ares a un duelo de voluntades, hijita. ¡Por eso te expusiste a esto!" Explicó Aioros. Athena hizo un puchero y asintió. "Vas a minar su voluntad en lo que nos tardamos en llegar hasta arriba."

"Athena necesita que nos abramos paso hasta arriba con ella." Gruñó Ikki. "Eso es fácil. ¿Tenemos todo el tiempo del mundo o…?"

¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONG!

En ese instante, todo el Santuario resonó cuando el Reloj de Fuego dio la hora. Una extraña ola de energía recorrió todos los rincones y los fuegos azules se encendieron en cada una de las horas. Aioros se puso de pie, recostando a su hija con gentileza en el suelo. Se quedó mirando fijo el reloj y se quitó la capucha. Entrecerró los ojos.

"Tenemos doce horas para llegar arriba." Dijo muy serio, al tiempo que dejaba la caja de su armadura en el suelo e invocaba su armadura. "Es el tiempo que los dioses nos han concedido." Añadió mientras su armadura lo vestía en propiedad.

"Tiempo de sobra." Dijo Seiya. "Vamos, que no hay tiempo que perder."

"¿Y qué hacemos con Athena?" Preguntó Shun asustado. "¡No podemos dejarla aquí!" El santo de Andrómeda señaló a Ptolemy en el suelo. "¡Menos con ese tan cerca!"

Todos intercambiaron miradas, pero no digamos que pensaron mucho el dilema. Aioros entrecerró los ojos y avanzó decidido hacia su hija, quien resoplaba entrecortado.

"Solo tenemos una opción, así que pongámonos en marcha."


Templo Principal. Salón de Audiencias.

En esos momentos.

"¡MALDITA SEA!"

Los guardias que se quedaron en sus puestos estaban muy arrepentidos de no haber echado a correr cuando todos los vidrios de los ventanales saltaron por los aires hechos añicos. Golpes de energía rebotaron contra las columnas que con dignidad aguantaron el castigo, mientras que los cortinajes y las baldosas del piso se trizaban o rompían según correspondiese. Agas intentaba sofocar a Saga y Ares hacía berrinche, y si consideramos que eran tres en un solo cuerpo, era una imagen de lo más perturbadora.

Shaka tendría una fuerte jaqueca por culpa de esto, seguro.

Ares tenía motivos para estar enfurecido. Athena estaba a los pies de las doce casas y lo había desafiado, iniciando un duelo divino que lo dejaría en evidencia. Por si fuera poco Saga, aprovechándose del pánico, activó el Reloj de Fuego, alertando así al Destino y fijando las condiciones del duelo. Parecía eso ser una minucia, pero en verdad era lo único que había podido hacer para proteger a la diosa y darle una oportunidad para llegar hasta arriba. Con el Reloj marcando las horas, Ares quedaba recluido en el Templo Principal, sin poder salir a ningún lado por más que lo intentase, y no podría hacer trampa. Lo único que se interponía entre él y Athena eran las doce casas y en su paso por ellas, Athena podría liberarlos de su control, ya fuese por medio de su cosmo o porque les ganase en justa lid.

De hecho, la influencia del Satán Imperial con la que dominaba la mente de varios, bien podría recaer.

"¡MALDITO SEAS, SAGA! ¡TE VOY A MATAR Y TORTURAR!"

"¡AAARGH! ¡HÁZLO! ¡NO ME IMPORTA! Si algo me pasa te quedas sin cuerpo mortal que ocupar y... ¡AAAAAAAAAAAAARGH!"

"¡SIEMPRE PUEDO OCUPAR A OTRO!"

"NO TIENES TIEMPO. NO LO TIENES."

"ESTÁN LOS DOS PERDIDOS. ATHENA LOS VA A MANDAR A LO PROFUNDO DEL COCYTOS POR SU TRAICIÓN A LOS DOS. ¡YO NO SERÉ DERROTADO!" Les chilló Ares a Saga y Agas.

"¿Señor?" Le preguntó Agas temeroso.

"¿Es que no lo entiendes, Agas?" Se burló Saga. "Él se irá en cuánto pueda. No soportará la vergüenza que su hermana lo derrote de nuevo. ¡Y en un cuerpo humano! Nos dejará a merced de la diosa y ella nos castigará por nuestra traición." El santo de Géminis se rió por lo bajo. "O eso cree Ares."

"¡ATHENA NO ME VA A DERROTAR!" Gruñó Ares, aunque sabía que Saga tenía razón. Con la activación del Reloj, estaba obligado a enfrentar a la diosa, y a los guerreros que trajera con ella, no podía irse. "Todavía tengo una opción de luchar con ella, y en las condiciones que viene será pan comido. ¡LA VOY A MATAR!"

"¡ES TU FIN, ARES! ¡Y el tuyo también, Agas!"

"¡NO LO ES! WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH. ¡SI YO SOY DERROTADO, USTEDES DOS CAEN CONMIGO!"

El dios, enfurecido y apenas conteniéndose para no explotar su cosmo con toda la rabieta que merecía, dio pisotones hasta el trono del Patriarca en donde se sentó con brusquedad.

"¡AGAS!"

"¡Señor!"

"¡Ve a custodiar Géminis! No podrás pasar más abajo, pero allí enfrenta a esa tropa de rufianes y ELIMÍNALOS en la Tercera Casa."

"¡Como ordene señor!" Exclamó Agas emocionado. "¿Puedo…?"

"¿Eliminar a Athena? No. Ella es mía. Pero puedes hacerla sufrir." Dijo Ares con el ceño muy fruncido. Agas, contento, pareció desprenderse de la mente que compartía con el dios y Saga y desapareció en la nada.

Saga resopló con angustia. Agas nunca había dejado la mente, siempre había sido una constante putrefacta en los últimos años, y esta era la primera vez que estaba solo con el violento dios que había usurpado su cuerpo. Pero no digamos que eso era bueno: se sintió aún más vulnerable, como un niño pequeño ante la desolación del mundo.

"Agas se fue solo porque yo se lo permití. Saga… no cantes victoria." Dijo el dios con mucha calma. "Ahora vas a sufrir."

"Espero que te pongas creativo." Gruñó el dorado, desafiante. "Los últimos trece años han sido... muy reveladores."

"Desafío aceptado."

...

Los guardias que aún estaban ahí intercambiaron miradas, sin saber qué pensar de la extraña actitud del maestro Patriarca. Tragaron saliva.

Estaban asustados.


Escaleras Zodiacales a Aries.

En esos Momentos.

El grupo se detuvo por unos instantes y todos miraron en dirección del Templo Principal, y luego hacia más o menos en la dirección de la Tercera Casa, la cuál de pronto parecía haber adquirido un aura siniestra. Algo había pasado y sabían que no podía ser bueno. Intercambiaron miradas sin saber qué decir. Aioros, quien llevaba a su hija en brazos, se la acomodó con suavidad.

"Ares separó a Agas de la mente de Saga. Creo que lo envió a Géminis." Dijo la diosa entre suaves jadeos.

"Eso no puede ser malo. ¿verdad?" Preguntó Seiya esperanzado. Ikki le dio un zape.

"¡Qué va a ser bueno!" Le gruñó el Fénix. "Eso le va a dar manga ancha al malparido para torturar a Saga con más libertad."

"¡Ouch, Ikki!"

"Niisan, deja de pegarle: lo vas a confundir más." Le pidió Shun. El santo de Andrómeda se sopló el flequillo. "¿Aioros?"

"Saga ha aguantado trece años. Puede aguantar unas horas más, pero también nos necesita."

"¡Por favor! Saga es buena persona, ¡no lo juzguen mal!" Pidió Athena con calma. "Ha sufrido mucho estos años."

"Hmpf. Solo no más porque lo pides tú, Athena." Le dijo Hyoga, acercándose a la diosa. "Tú concéntrate en resistir."

"Andando muchachos, no tenemos todo el día. ¡Ya casi...!"

"¡¿PERO QUÉ…?! ¡No Puedo Creerlo!"

La voz los puso en alerta casi en el acto. Por unos instantes se pusieron en guardia, pero pronto se relajaron al ver que Shiryu, ciego y todo, llegaba hasta ellos, luciendo su armadura. Kiki, el joven aprendiz de Mu, venía con él. Se dieron cuenta en el acto del estado de la muchacha.

Ambos parecían venir de bastante buen humor, pero éste se les había vaporizado en el momento en que se percataron como estaba Saori.

"¡Señor Aioros!" Exclamó el pequeño lemuriano alarmado. "¡¿Qué pasó?!" Preguntó angustiado.

"¡Los Dejo Solos Un Par De Semanas Y Dejan Que Maten A Athena!" El dragón llegó hasta la diosa, quien lo tomó de las manos. "¡Su presencia se siente muy baja! ¡¿Por qué está tan baja?! ¿Está herida?"

"Shiryu..." Saori guió la mano del dragón hasta la flecha. Éste la retiró de golpe.

"Athena dejó que la flecha de Ptolemy de Sagitta le diera justo en el corazón." Explicó Aioros con voz lúgubre. "Tenemos que llegar al Templo Principal en menos de doce horas."

"Voy con ustedes." Afirmó Shiryu decidido.

"¿Seguro?" Preguntó Ikki, enarcando una ceja.

"Claro que puedo. Estoy ciego, pero no inútil." Shiryu tomó aire. "Sé que Athena me ayudará si lo necesito."

"Haré lo que pueda, pero no prometo nada." Bromeó la diosa sonriendo con debilidad.

"Shiryu puede con todo, ya lo verán." Animó Seiya de buen humor. "¿Kiki? ¿Y Mu?"

"Debería estar en Aries. Salió temprano a hacer algunos trámites, pero ya debería haber vuelto: quería estar aquí cuando la diosa volviera." Explicó el muchacho.

"Con él en Aries ganamos una hora de subida. Vamos, todavía nos queda trecho."

Aioros reinició la marcha, seguido de Seiya, Ikki, Hyoga y Shiryu, quien pese a estar ciego parecía desenvolverse con bastante destreza. Shun se quedó atrás unos instantes junto con Kiki, a quien miró con cara de circunstancias.

"Tengo la impresión que no alcanzaste a decirlo todo." Le preguntó con gentileza.

"Pues no." Kiki se mordió el labio. "¿Están muy justos con la hora?"

"Tenemos el tiempo muy medido, ¿por?"

"Err… es que mi maestro vino con las herramientas. Creo que… quiere reparar un poco las armaduras."

La expresión de sorpresa de Shun lo dijo todo. El bronceado suspiró y se pasó una mano por la nuca, antes de sonreír incómodo. ¡Tan típico del buen Mu! Seguro que no los iba a dejar pasar sino hasta que todas las armaduras estuvieran impecables.

"Hasta ahí nos llegó la hora extra." Se lamentó el santo de Andrómeda.

"Pues sí. Lo siento."

"Ni modo, mientras menos nos opongamos a la reparación, antes de salimos de Aries."

"A ver como convences a los demás."

Shun se apretó la nariz en un gesto de frustración, pero ni modo. De momento no sacaba nada. Mejor se daba prisa y se reunía con los demás, quienes todavía no le sacaban mucha ventaja. Le sonrió a Kiki y le indicó las escaleras.

"Vamos, esto se pondrá interesante."

Y sin decir más, el santo de Andrómeda se puso a correr, seguido de cerca por el aprendiz de Aries.

Ante ellos, la Primera Casa del Zodiaco se alzaba orgullosa.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: La Revelación

se sentía más segura que nunca, como siempre. Sabía que su papá no iba a dejar que nada malo le ocurriese, pero ¡Cómo le dolía! Era una puntada, un desgarro que parecía quemarle todo el torso y cada una de sus respiraciones no hacía sino empeorarlo todo…


Nota Mental: De nuevo dejé el capítulo cargado y listo para actualizar, que el tiempo hoy estaba escaso. He tenido dos semanas LOQUÍSIMAS y he tenido que volverme pulpo. Por lo mismo, les pido MILLÓN DE DISCULPAS, pues no alcancé a responder todas las reviews del capítulo anterior (se me iba a hacer muy tarde), así que quienes quedaron pendientes, esperen su respuesta a más tardar mañana al mediodía. Soy una vergüenza como fanficker y lo admito, pero NO LOS OLVIDO. ¡Ya empezó todo! Ahora solo restan chorrocientos mil escalones para enfrentarse a Ares y a ver qué pasa en la subida. Y espero que la escalada les divierta mucho. =D Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS A TODOS POR LEER!


Me dejaron algunas reviews anónimas, que procedo a responder n.n

Athena no iba a dejar de lado a Saga, Guest, menos cuando el pobre ha pasado las de Caín sufriendo esa posesión. Y sí, haber despertado así a Milo le produjo mucho mareo y cargo de conciencia, pero al menos el bicho trataba de contenerse un poco. Sobre Lily… claro que le dolía y creo que mucho de su mal genio se debía a eso. Ya vas a ver como se soluciona lo demás. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! Ten, un muffin.

Saori estaba asustada, BloodyP, y no la culpo: ver a tu mami en ese trance no debió ser algo fácil de tragar. Sobre Lily… déjala que se cure, que tanto dolor la tenía muy asustada y mal genio. Sobre todo muy mal genio, pero la comprendo. Respecto de tu pregunta… Lily es la única que usé en esplendor. Puede que otras se insinúen, pero en este universo alterno no existen. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! Ten, un muffin.


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.

Promacos y Agiopoinos: Son epítetos de la diosa Athena. Un epíteto es un complemento de la mayoría de los nombres propios en las epopeyas griegas antiguas, o indicar la ascendencia de la persona. Pueden ser genéricos o personales, dependiendo del contexto.

El más común para Athena era glaucopis (γλαυκῶπις), que suele traducirse como de ojos brillantes y es una combinación de glaukos (γλαύκος, que significa brillante, plateado, y posteriormente garzo o gris) y ôps (ὤψ, traducido como ojo, o a veces cara). Es interesante advertir que la palabra glaux, (γλαῦξ), que significa mochuelo, tiene la misma raíz, presumiblemente por sus característicos ojos.

Sin embargo no era el único epíteto de Athena. Se cuentan al menos unos 35 complementos para su nombre (lo lamento Daenerys, madre de dragones: El nombre de Athena es más largo que el tuyo) Promacos (Πρόμαχος, que lucha delante, cuando dirigía la batalla) y Agiopoinos (ἀξιόποινος, vengadora) son solo dos de sus muchos epítetos.