Los personajes no me pertenecen, unicamente a Rumiko Takahashi.
Enseñanza del día: No trates a los demás como no te gustaría que te trataran a ti.
09 – Realidad, escapando de nuevo.
Permanecía inmóvil en el piso, con la mano cubriendo su roja mejilla a causa del golpe que había recibido del terrateniente. InuYasha rápidamente se acerco a ella, ayudándola a levantarse, y mirando con furia al abuelo de ella. Al menos ahora entendía a la perfección porque ella temía regresar a aquel lugar.
_ Como se atreve tan siquiera a tocarla – dijo bastante molesto. No le gustaba que alguien se aprovechase de su lugar para castigar de esa manera a una persona, y menos por un malentendido. Si el castigo fuera por haber ido tras de Naraku, el no se entrometería en aquello. Mas sin embargo, la estaba castigando por creer que se había escapado con él, y eso si no lo iba a permitir.
_ Deberías conocer tu lugar – dijo el terrateniente. Un joven se acerco a él, y le entrego lo que al parecer era un bastón con diseño occidental. Era algo bastante difícil de encontrar en Japón, pero realmente conocidos por poder causar daño como si de una espada sin filo se tratase. El anciano estuvo a punto de golpear al pelinegro con el bastón, de no ser por la princesa que evito dicho ataque.
_ He desobedecido las ordenes de mi abuelo – dijo seriamente, aunque debajo de aquella capa mostraba el nerviosismo y temor que estaba sintiendo.- Y recibiré mi castigo por ello.
Sin demostrar sentimiento alguno, se puso de rodillas frente a su abuelo. Ya nada podía hacer, después de todo, era algo que tenía que suceder. Lo sabía desde que había aceptado regresar a aquellas tierras, mas sin embargo, no mostraba sentimiento de culpabilidad ni mucho menos arrepentimiento, que fue lo que saco de sus casillas al terrateniente. Sin el más mínimo cuidado, golpeo el brazo de la chica con el bastón… mientras ella intentaba contener el dolor apretando la boca y los ojos.
_ Te ordene que permanecieras en el castigo, y desobedeciste – fríamente, volviendo a golpearla, pero esta vez en el hombro del brazo izquierdo. Esta vez, ella no pudo contener una lágrima que corría por su mejilla. Y sabia que aquello aun iba para más.
_ También te ordene mantenerte alejada de la familia Youkai. En lugar de eso, corres a los brazos del hijo de aquella familia… a pesar de tu decidido compromiso con el joven Koga – Golpeándola esta vez con más fuerza, haciéndola soltar un pequeño gemido a causa del dolor. El joven guerrero no soportaba ver sufrir a su amiga, mas sin embargo ella no quería que el interviniera, y si era su deseo se mantendría alejado.
_ Y lo peor. Lo haces en tu propia casa, avergonzando a la familia – El golpe fue aun más fuerte que el anterior, haciendo que ella finalmente perdiera la fuerza y terminara completamente en el piso, soltando un grito a la vez que sus lagrimas corrían como cascadas por sus mejillas. El material del bastón que el señor utilizaba era demasiado duro, y con la fuerza que estaba utilizando, le causaba tanto dolor como si cortara su propia piel. InuYasha ya no pudo soportar más, y la ayudo a levantarse, abrazándola y mirando de forma atemorizante al terrateniente. Si volvía a golpearla, su autocontrol desaparecería y terminaría dándole muerte en ese mismo lugar. Bankotsu reacciono casi de la misma manera, quitándole el bastón a su abuelo y acercándose a la chica, al igual que Koga.
_ No puedes castigarla de esta manera. Ella nunca acepto su compromiso con Koga – dijo el oji azul, desobedeciendo por primera vez a su abuelo. Koga había decidido ayudar también con aquella situación, teniendo en cuenta que el tampoco deseaba aquel matrimonio.
_ Yo no quiero obligar a la princesa a casarse conmigo. Es más, en estos momentos tengo otra pretendiente – soltó finalmente. El estaba profundamente enamorado de otra persona, y el hecho de que Kagome negara casarse con el significaba que podría hacer su vida con aquella chica.
_ Si ella tiene que casarse realmente, ¿Por qué no con alguien que ame? – Dijo Kikyo.- después de todo, solo necesita de un hombre para heredar las tierras, y no tiene que ser alguien de alta sociedad.
_ ¡No permitiré que alguien de la familia Youkai tome el control sobre mi territorio!, ¡Antes prefiero ver muerta a esta desvergonzada! – apuntando con furia a la azabache. Bankotsu siguió peleando con el buen rato, mientras ella sin poderse contener decidió salir del lugar. Corrió con fuerza de regreso al jardín, bajo aquel árbol en el que había recibido la confesión de InuYasha, dejándose caer de rodillas al piso a la vez que se quitaba casi todas las capas de ropa que llevaba puestas, quedándose únicamente con la Yukata lo suficientemente abierta para mostrar su hombro rojo a causa de los golpes. Tenía rojos el brazo derecho, ambos hombros y una marca de golpe en su mejilla, y realmente aquellos golpes se veían mal. InuYasha y Bankotsu salieron en su búsqueda, encontrándola en aquella situación. InuYasha se sentó a su lado, abrazándola tiernamente, mientras Bankotsu revisaba las marcas de golpes que ella tenía en su cuerpo.
_ Parece que mañana te dolerán aun más de lo que duelen ahorita y, a juzgar por cómo quedaron marcados los golpes, es posible que amanezcas con moretones – la mirada del joven revelaba su preocupación por su hermana. Detestaba la forma en que su abuelo intentaba educarlos, pero realmente esa vez había sido capaz de provocar el odio del pelinegro. Nunca antes había golpeado de esa manera a alguno de sus familiares, pues comúnmente se contenía. Esa vez no lo había hecho, la había golpeado con toda su fuerza, y eso podría causarle graves problemas a ella.
La joven recordó rápidamente que aun permanecía con la Yukata medio abierta, por lo cual se separo de InuYasha bastante sonrojada, y se acomodo la vestimenta. El chico, al igual que ella, se había sonrojado al mirarla de esa manera, puesto que como la llevaba puesta instantes atrás dejaba poco a la imaginación. Una vez vestida correctamente, lo ayudo a levantarse, y luego miraron a Bankotsu.
_ Creo que ahora la mejor opción es que se alejen de aquí. La mansión en la que vivíamos antes está desocupada, y me pertenece, por lo cual sería recomendable que regresaran ahí – dijo en tono amable. InuYasha negó con la cabeza.
_ Mi aldea está completamente destrozada. Hace poco hubo un ataque, y además, sería demasiado obvio para el terrateniente que nos escondamos ahí. Yo preferiría partir hacia Kioto lo antes posible.
_ ¿Hacia Kioto? – pregunto Kagome confundida.
_ Si. Ahí tengo algunos conocidos que podrían ayudarnos. – pasando su brazo por los hombros de la chica, abrazándola.
_ Pero yo tengo una misión que terminar – dijo ella algo molesta. Bankotsu la miro de la misma manera.
_ ¿Aun sigues con esa idea? No tienes ya nada que demostrar, lo mejor es que se alejen de aquí. Y no escaparas para meterte en un peligro igual o peor al que corres por permanecer aquí – la forma en que lo estaba diciendo, daba a entender a la chica que tendría que vérselas con él en el caso de que desobedeciera. Aunque, con lo vivido con el terrateniente, ningún castigo de los que fuera capaz de dar su hermano resultaban darle temor.
_ Por si acaso, deberían llevar algunos acompañantes – mirando a la pareja. Para él, el tener que soltar a su hermanita así de la nada a un hombre era algo que no quería hacer. Quería que ella permaneciese pequeña, siempre pensando que a la persona que más quiere es a su querido hermano mayor. Pero, sabía que ya nada podía hacer, y menos en esa situación. Su abuelo estaba al punto de la locura.
_ Con nosotros irán Shippo, Miroku y tu amiga Sango – dijo InuYasha.- este par ya están listos para irse, solo falta que tu le digas a Sango.
_ Y pronto tanto Kikyo como yo los acompañaremos, pero para eso tendrían que esperar. Por ahora tengo que contactar a Sota para que él se haga cargo de estas tierras, ya que el abuelo ya no está en condiciones de hacerlo.
Kagome asintió. No era recomendable que aquel hombre siguiera como el terrateniente, pues además de que ya era demasiado adulto, claramente había perdido la cordura. Y nadie mejor que Sota para el trabajo.
_ Entonces, yo iré a avisar a Sango – soltándose del abrazo de InuYasha, y mirando con una sonrisa a su abuelo. Podía caminar muy bien, puesto que solo la había golpeado en los brazos. Sin esperar respuesta de ellos, camino de regreso a la mansión, y fue en busca de la castaña. No tuvo que buscar mucho, pues ella se encontraba en la cocina revisando que todo estuviese listo para la comida.
_ ¡Sango! – llamo la azabache. Ella miro a su mejor amiga, y se acerco a ella, bastante confundida por el hecho de que llevara puesta únicamente la Yukata. Sin permitir que la princesa la abrazara, se puso en posición molesta y le miro fríamente.
_ ¡¿Por qué te quitaste el Kimono? – bastante enojada. Ella realmente deseaba que su amiga se viera bien, mas sin embargo nunca lo lograba. Siempre terminaba vestida nuevamente con ropas sencillas, o de plano con aquellos cortos kimonos que utilizaba para entrenar. Kagome la saco de la cocina, llevándola a donde no hubiera nadie, y se soltó la yukata, dejándole a Sango mirar los golpes en su cuerpo.
_ No me imagine que el terrateniente fuera capaz de castigarte de esa manera – ella volvió a acomodarse la Yukata, y le miro sonriendo.
_ Yo si lo imaginaba. Por ello nos iremos enseguida de la mansión, pero quiero que nos acompañes.
_ ¿Yo? – apuntándose a si misma con el dedo.
_ Si… tu, ayudame a preparar rápido algo de mi ropa, somos de la misma talla asi que no abra necesidad de que tu lleves algo…
La castaña se sonrojo.
_ Pero, la ropa que tú utilizas para viajar es algo…
_ ¿Algo que?
_ Atrevida…
Kagome le miro confundida. Ella usaba Kimonos cortos en sus viajes que, de no ser porque debajo de ellos llevaba un Hakama, se vería extremadamente atrevida, pues llegaban a la mitad del muslo y se abrían a los lados. Sin poder evitarlo, soltó una ligera risa. Sango termino acompañándola en su momento divertido, y cuando acabaron de reír, se miraron la una a la otra sonrientes.
_ No se verá atrevida si la utilizas como yo – Comenzando a caminar hasta la habitación de la princesa. Dentro de ella, acomodaron dos sabanas blancas y comenzaron a poner ropa doblada sobre estas, para luego enredar las sabanas formando una bolsa, cambiarse de ropa (Sango opto por un Kimono rosa sencillo y Kagome uno de sus cortos kimonos de color verde y Hakama negro), y dirigirse al jardín delantero de la mansión. Ahí los esperaban ya Bankotsu, InuYasha, Miroku, Sango, Shippo y Koga, acompañado de la chica de la que estaba enamorado, bastante acaramelados.
_ ¡Ayame! – grito Kagome emocionada, corriendo hacia la chica y abrazándola tiernamente. Ayame era una chica hermosa, de cabellos rojizos recogidos casi siempre en dos coletas y adornados con una linda flor, y de enormes ojos esmeraldas.
_ Princesa Kagome – dijo ella tiernamente, correspondiendo al abrazo de su amiga. Ella sabía a la perfección del compromiso que tenían la princesa y su amado, más sin embargo también sabía que ninguno de los dos deseaba esa unión, por lo cual nunca guardo rencor. Al contrario, se hizo gran amiga de la princesa.
Bankotsu abrazo por última vez a su hermana, dándole palabras de apoyo, a la vez que acariciaba su cabello. La echaría de menos, pero esta vez al menos sabía que ella estaría bien. Al separarse, la chica se dirigió al lado de InuYasha, tomando su mano. El miro a Bankotsu.
_ Mas te vale que mi hermana este bien. Si no, yo mismo me encargare de matarte – fríamente. El joven asintió, nunca dejaría que nada malo le pasara a ella. Una vez todos se despidieron, subieron a la carreta… y vieron a lo lejos al pelinegro y a la pareja sonreir.
Listo. Lamento la demora, pero no encontraba el cuaderno donde tenia el capitulo, y no quería cambiarle nada… NADA… me gusto mucho como quedo el capitulo y espero les guste también. ¿Qué pasara una vez lleguen a Kioto? Esperen el siguiente capitulo n.n
Gracias por sus reviews.
Akane Kirana Taisho Higurashi
16 / 06 / 12
