Capítulo Diez
"No Fue Lo Que Esperaba"
Chicago
-Olvídalo Annie, no haré eso. No entiendo por que odias tanto a Candy, -Tom había escuchado atentamente el plan de los Cornwell.
-La intención no es hacerle daño Tom, yo quiero mucho a Candy y jamás haría nada que la dañara, -Archie estaba convencido que actuarían por el bienestar de Candy. Aunque su proceder tenía un trasfondo.
-Mi esposo tiene razón Tom, si en algún momento sentí algún rencor por nuestra hermana, quedó en el pasado. Ahora solo me preocupo por su felicidad, sabes muy bien que ella ha sufrido mucho y estoy segura que tú le harías mucho bien, -Annie era tan buena actriz como Susana lo fue en su tiempo y Tom, pobre e ingenuo Thomas, cayó en las garras de la morena y creyó todo cuanto dijo, si, otra vez.
-Quiero que sepan que amo a Candy desde siempre y haré hasta lo imposible por hacerla feliz.
-Eso lo sabemos hermanito, por eso es que estamos aquí, para que todo salga bien y que al fin, Candy y tú, puedan estar juntos, -Annie dejó caer una gruesa lágrima que selló sus palabras, sinceras a la vista de Tom y Archie.
En la mansión Andley, los niños estaban más inquietos que nunca, aunque para Nella esto era una delicia, pues se ponía a la par de los chiquillos y secundaba cuanta travesura inventaban. Al llegar la noche todos estaban exhaustos. Albert amaba a esos niños, no solo por el hecho de ser hijos de Candy a quien adoraba entrañablemente, sino también porque los niños habían heredado la simpatía y espontaneidad de la madre y la elegancia del padre, una combinación muy extraña en el círculo donde se desenvolvían.
-Estoy agotada, los niños tienen una energía tremenda, se les ocurre cada cosa, especialmente a Marion, puedo ver muchos rasgos del carácter de Elisa en ella.
-Si, Marion pasa mucho tiempo con Elisa, pero se que ella adora a los niños y que tratará de que la pequeña sea una buena chica, -Albert confiaba en el ligero cambio que había tenido su sobrina desde el nacimiento de Noah.
-Tienes razón, aunque yo no la conocí en esos tiempos, se por boca del propio Neil que ellos le hacían la vida imposible a Candy cuando eran niños e incluso de adultos. Ahora lo que no entiendo es la razón por la que se casó con él si al parecer no se soportaban. Nunca me has hablado de ello, si tú sabías que ella no lo amaba ¿Por qué permitiste ese matrimonio?, -Nella siempre se sintió intrigada por la relación de su marido con su hija adoptiva.
-Es complicado, amor, Candy estaba enamorada de otro hombre, pero tuvieron que separarse en contra de la voluntad de él, ella así lo decidió. Se encontraba despechada y dolida cuando se casó con Neil y aunque traté de disuadirla no me hizo caso, así que no me quedó más remedio que darle mi bendición.
-A mi me da la impresión de que harías todo cuanto ella te pidiera, estoy segura de que ella ejerce una fuerte influencia sobre ti, -Albert se sintió descubierto y miró a su esposa con ojos de sorpresa, pero ella continuó –No pienses que estoy celosa, se que me amas, pero también la amas a ella, -el corazón del rubio se detuvo por un instante mientras ella seguía hablando, -Y no pienso competir contra el amor de un padre por su hija.
Él tragó grueso y esbozó un remedo de sonrisa, de pronto su rostro se había puesto pálido, pero ella no lo notó, se abrazó a él y durmieron muy juntos esa noche.
Nueva York
-Por favor tomen asiento, -dijo Jean Pierre, sin embargo ninguno se movió. Neil, que estaba consciente del estado hipnótico en el que se encontraba Candy decidió hablar, pero ella se adelantó…
-¡Hola Terrence! –dijo casi sin voz y fundiéndose en la mirada que tanto extrañaba
-¡Hola Candice! –aquella voz profunda y relajada que caracterizaba al castaño, se había convertido en apenas un delgado hilo de aire que salía de su boca.
-¿pero ustedes se conocen?, -Intervino el francés y como ninguno contestó, Neil habló…
-Si, se conocen y al parecer están tan emocionados de encontrarse que ignoran a los demás, -podía sentirse la inseguridad y los celos en la voz del trigueño, -¿te vas a sentar o vas a comer de pie?, -preguntó mientras la tomaba de la cintura y la pegaba a su costado.
-Oh si, Terrence, ¿Recuerdas a Neil Leagan? él es…-las palabras no salían
-Su esposo, -dijo Neil tendiendo su mano al hombre que tenían enfrente
Terry por fin se fijó en Neil y lo miró desafiante a los ojos, claro que lo recordaba, este mequetrefe era el muchachito mimado que perseguía a Candy solo para molestarla y maltratarla, pero ¿Qué hace Candy casada con un gusano como ese? Estuvo tentado a dejarlo con la mano estirada, pero desistió de la idea y la estrechó.
-Claro que lo recuerdo, ¿Cómo olvidarme de las tantas veces que nos encontramos e intercambiamos opiniones acerca de los modales y las buenas costumbres de los caballeros?, lo que nunca imaginé es que terminaras casada con él, -el inglés se dirigía a Candy pero no dejaba de ver a Neil.
-Si, recuerdo todas esas veces y mira que me enseñaste muy bien, de lo contrario no habría podido conquistar a esta hermosa dama y ya ves, como dices tú, terminamos casados -Neil apretó el agarre que tenía alrededor de la cintura de la rubia y le plantó un beso en la mejilla, acto que estuvo a punto de sacar a Terry de sus cabales y querer arrancarle la cabeza con las manos.
-Pero que pequeño es el mundo, ahora por favor tomen asiento, ya que se conocen podrías acompañar a los señores a almorzar Terry, tú aun no lo has hecho, -Jean Pierre estaba inocente de aquel enredo.
-Por supuesto Jean Pierre, acompañaré a los "señores Leagan", claro, si ellos están de acuerdo, -la mirada de Terry alternaba entre Candy y Neil.
-Por supuesto que puedes hacerlo Grandchester, es hora de olvidar las viejas rencillas del pasado y conocer el hermoso presente en el que vivimos y si gusta también puede acompañarnos señor Doubront –Jean Pierre aceptó. Neil, Aunque estaba que echaba chispas, no se iba dejar amedrentar por ese hombre, después de todo, lo que hubo entre él y Candy no pasó de ser un pueril amor de adolescentes, mientras que ahora ella se encontraba a su lado como su esposa, era él el que ocupaba su cama y calmaba su cuerpo a cualquier hora del día. Esas eran las palabras que se repetía Leagan desde que llegaron a Nueva York, pero que no terminaban de convencerlo. Reconocía que se moría de miedo por aquel encuentro, que sucedió cuando menos lo esperaba.
En la mesa había un silencio incómodo, Terry ignoraba completamente a Neil, mientras veía con arrogancia y acusación a Candy. Por fin alguien habló.
-¿De donde se conocen? –el francés estaba curioso
-Los tres fuimos compañeros en un colegio de Londres, he de decir que mi esposa y Grandchester eran muy buenos amigos y eran considerados como los rebeldes del San Pablo, las monjas tenían canas verdes por las travesuras de ellos.- Neil lo estaba haciendo muy bien.
-Así es amigo, esta linda pecosa y yo hacíamos desastres en Londres, pero tal parece que esos años quedaron atrás, -dijo Terry con cierto aire de nostalgia. -Cuéntame Candice, ¿que has hecho todos estos años? –Preguntó
-Nada en especial, bueno en realidad ha hecho mucho, desde que nos casamos me ha hecho el amor miles de veces, tenemos dos hijos hermosos y estamos esperando un tercer. Ella es maravillosa cuando se entrega y ¿sabes que? Ella me ama, me ha dicho muchas veces que nunca te amó, que solo fuiste una ilusión que esta muy feliz a mi lado y que tú nunca hubieras podido ser nada en su vida"
-Neil, Neil ¿Qué vas a tomar?, -Candy lo sacó de sus locos pensamientos.
-Lo que tú pidas estará bien, -se pasó la mano por el corto pelo y observó a Candy que ordenaba por los dos y reanudaba la conversación animadamente con el francés y con Terry, quien para su pesar se veía muy cómodo en la mesa.
-¿Conocen a Susana también?, -preguntó Jean Pierre a la pareja al cabo de un rato.
Candy temía preguntar por ella, pero el francés le ahorró el trance.
-Si, bueno, yo la conozco, Neil no. –Candy respondió por los dos, pero la sonrisa que esbozó no logró convencer a nadie.
-Entiendo, -el francés notó la incomodidad
En ese momento llegó Gabrielle con el plato principal y comieron tranquilamente. Desde el momento que Jean Pierre hizo referencia a Susana, Terry no volvió a mirar a Candy.
Candy sabía que la hora de despedirse, quizás para siempre, llegaría en cualquier momento y sintió la necesidad de hacer algo, ella no podía abandonar la ciudad sin hablar a solas con él.
-Si me disculpan, voy un momento al tocador, -se levantó de la mesa y con ella los tres hombres también lo hicieron.
Camino al baño miraba a todos lados en busca de algo que le pudiera servir, afortunadamente la mesa donde se encontraban sus acompañantes estaba fuera de la vista y por lo tanto ella también estaba fuera del campo visual de ellos, justo cuando empezaba a desesperarse apareció Gabrielle, quien fue abordada casi violentamente por una Candy temblorosa que se hallaba pálida como cadáver.
-Señorita, disculpe, pero necesito su ayuda.
-Se encuentra bien, ¿Quiere que llame a su esposo?, la mesera al verla en ese estado se preocupó.
-NO, no es necesario, solo necesito que me proporcione papel y lápiz, -la respiración de Candy se veía forzada.
-Claro, aquí tiene, -Gabrielle le prestó su pequeña libreta que utilizaba para tomar las ordenes de los clientes y vio con asombro como la rubia escribía unas frases en la hoja, la arrancó y devolvió la libreta y el lápiz a su dueña, -Gracias
Cando llegó a la mesa, Neil notó su nerviosismo y palidez y temió por la salud de su esposa y la de su bebé.
-¿Te encuentras bien?
-Si, solo me duele un poco la cabeza, -se sentó y escuchó a su marido cuando decía…-Será mejor que nos vayamos, -Neil la tocó con preocupación y Terry se revolvió en su asiento.
No podían irse sin que ella le entregara la nota a Terry, pero no había nada que hacer a menos que…
-Si, será mejor, -ella se despidió tanto del francés como del inglés de una manera muy formal, cosa que complació a su esposo, pues pudo constatar que a medida que conversaban, ella solo veía a Terry como un antiguo conocido. Salieron del restaurant, él un poco más tranquilo y ella muy ansiosa pero aparentemente calmada.
Cuando habían caminado unos cincuenta metros ella se detuvo…
-¡Oh No! Olvidé mi bolso, que tonta soy, será mejor que vaya a buscarlo.
-Espera yo lo traeré, -el se disponía a regresar al local, pero ella lo detuvo.
-Neil, tu estas cargado con todos esos paquetes, deja que vaya yo, además estamos muy cerca y solo será un instante, -ella no esperó que él refutara y se encaminó hacia Josselin.
-No puede ser posible, ¿para que tanta ansiedad de venir a verificar si era ella o no? No pudiste hablarle como hubieras querido. Esta hermosa, mucho más que cuando la conocí, ha madurado y eso le sentó muy bien, su belleza es más serena. Ella…ella…es…esta casada y con el imbécil de Neil Leagan, ¿será que se volvió estúpida con los años? ¿Cómo puede estar con él? Es más bella que el sol, su sonrisa sigue siendo fresca y sincera. ¿Qué rayos hace con ese…ese… idiota?
Terry estaba inmerso en sus pensamientos confusos, cuando sintió la presencia en la mesa, levantó la vista y la encontró frente él y de espalda a la luz que entraba por la puerta.
-Candy, -fue lo único inteligente que se ocurrió.
-Terry yo… vine por mi bolso, -levantó la pequeña cartera que pasaba desapercibida colgada del respaldo en la silla donde ella se encontraba sentada hace un rato.
Él miraba, como con dedos temblorosos ella abría la cartera y sacaba un pequeño papel que le entregó, para después salir rápidamente del restaurant. Terry no pudo apartar la mirada de ella hasta que la vio desaparecer por la puerta y así se quedó por un pequeño lapso de tiempo, entonces recordó el papel que tenía en sus manos. La nota decía…
Hotel Chelsea, hoy a las 10.
Continuará…
Gracias por leer.
