Siento mucho la demora. Los dejo con el siguiente capitulo no sin antes agredecerles sus comentarios y recordandoles que son sus comentarios los que me animan a seguir escribiendo. :)
X
Estaba impresionada mirando las calles y sus alrededores. El horror que había experimentado bajo las circunstancias en las que llegó, se esfumaron ahí. Los grandes y coloridos letreros, los callejones estaban habitados de gente. Parpadeó viendo la altura titánica de los edificios hasta que detuvo su vista en un grupo de muchachos que bromeaban en la calle.
Bajó la mirada. Chicos.
10:30 a.m. / Reims, Francia
Le Campus des Savoirs
— Maldito —murmuró Rika sentada en el pasillo.
— Al menos le dimos su merecido —dijo Naoko.
— Eso no basta —inquirió Chiharu.
— ¡Por eso debería matarlo! —musitó Rika.
— No vale la pena —intervino Tomoyo.
El resto del grupo comenzó a opinar al respecto. Esperan afuera de la oficina de rectoría ya que habían sido citados por incitar el pleito. La mayoría estaba de pie.
— Ese hijo de ¡"#$%#" —maldijo Yamazaki pateando la pared.
Tomoyo lo vio intentando controlarse. Todos estaban preocupados por Sakura, no podían sino imaginar lo peor. Observó a Yue con la mirada severa y se acercó a él.
— Yue —guardó silencio mirando al suelo sin saber qué hacer. Tomó aire y miró vagamente el pasillo aguantando las ganas de llorar. ¿Dónde estaba Sakura?— Yue.
— Fue mi culpa.
— No fue tu culpa —se acercó tratando de mantener la discusión sólo entre ellos dos.
— Lo fue.
Tomoyo apretó los labios y llenó sus pulmones de aire.
— Todos estamos preocupados, Yue. No tienes que culparte por algo que no hiciste.
— ¡Es que tú no entiendes!
Tomoyo se quedó atónita y luego de poco lo siguió. Pronto perdieron de vista al grupo.
— Yue —corrió para alcanzarlo— ¡Yue! —lo tomó del brazo obligándolo a mirarla— ¿qué es lo que no entiendo? ¿Crees que no siento lo mismo que tú? ¡Yo...! —jadeó tratando de controlarse.
— Ella estaría aquí, Tomoyo.
— ¡¿Hasta cuándo vas a dejar de decir eso?! ¡No fue tu culpa!
— ¡Si hubiera llegado, ella estaría con nosotros, Tomoyo! ¡No cumplí con mi palabra! ¡No debí hacerle caso! ¡SOY UN IDIOTA! —pateó la puerta más cercana.
Tomoyo se limpió el rostro.
— Entonces yo también soy culpable.
Yue se giró a verla.
— Si me hubiera quedado con ella —bajó la mirada— hubiéramos recibido tu llamaba y me hubiera quedado con ella pero…
Yue la abrazó repentinamente.
— El hubiera no existe.
— Ruego porque este bien —hipó Tomoyo aferrándose a él.
11:25 a.m. / Tokio, Japón
Ciudad
Estaban frente al lujoso restaurante, expectantes ante la impresión de ella.
— Es algo temprano —sonrió Eriol— pero creo que este lugar está bien para comer.
Keroberos se acercó a ella traduciendo todo.
— ¿En estos lugares suele comer la gente rica?
Keroberos rió por la pregunta atrayendo la atención de ella.
— Es que es muy grande. No parece restaurante —se explicó.
— Mejor hay que entrar —sonrió Keroberos arrastrándola al interior.
— ¡¿Pero qué fue lo que dijo?! —preguntó Eriol siguiéndolos.
Fueron recibidos por el hoster, quien los invitó a pasar y les brindó una mesa.
Sakura continuaba maravillada por la elegancia.
— A este restaurante suelen venir las celebridades —explicó Keroberos— o la gente que puede pagarlo.
— Ahora comprendo por qué es tan grande —dijo sentándose en una silla.
Sakura tocó su estomago observando el mantel blanco.
— Haz estado muy seria en todo el camino —inquirió Keroberos mirando por la ventana.
Sakura descubrió a Eriol mirarla y vio a Shaoran sentado en la mesa, aburrido. Por último pasó la mirada hacia Keroberos.
— Es sólo que no estoy acostumbrada a esto.
Keroberos no lo creyó.
— ¿Segura?
Sakura intentó articular palabra pero la mirada de Keroberos se le impedía mentir. Suspiró derrotada.
— No debería de estar aquí.
— Sakura, te juro que no te entiendo.
— Quiero decir, que ha pasado casi un mes desde que desaparecí y tú sabes, mis amigos, mi familia. Deben de estar preocupados.
Keroberos asintió comprendiendo al fin.
— ¡Agradezco todo lo que están haciendo por mí! —aclaró evitando los malos entendidos— pero me incomoda pensar que yo estoy aquí disfrutando de sus atenciones mientras ellos están preocupados por mi bienestar.
— Entiendo.
— Aunque debo aceptar que, si hubiera llegado aquí en otras circunstancias, me gustaría mucho quedarme.
Keroberos posó una mano sobre la de ella tratando de animarla y luego tradujo toda la conversación a Eriol y Shaoran.
— No quiero decepcionarte, Sakura —dijo Eriol— pero mientras el juicio marche tú tienes que quedarte.
— Lo sé —asintió firmemente— estoy eternamente agradecida con ustedes. En especial contigo, Eriol —lo vio cariñosamente— no tienes idea de cuánto tu esfuerzo me ha ayudado.
Eriol sonrió complacido por sus palabras.
— ¿Y por qué no simplemente llaman a su casa?
— No es una mala idea —inquirió Keroberos— ¿por qué no han hecho eso? Es lo que se hace comúnmente.
— Los abogados estaban esperando a que ella recobrara la conciencia. Yll la vio tan alterada el día de la coartada que me dijo que mejor esperáramos hasta que Sakura se encontrara mejor.
— ¿De qué hablan?
— Estamos pensando en llamar a tu casa para explicarles la situación y…
— ¡No!
Los tres la miraron sorprendidos.
Sakura evitó sus miradas y se concentró en el mantel blanco. No debía ser así. Eso solo empeoraría las cosas. Le temblaron los ojos.
— ¿Por qué no quieres llamar a tu casa? —preguntó Keroberos— ¿qué pasaría si lo hacemos?
— No llamen, por favor.
— Sakura —Eriol trató de razonar con ella.
Shaoran se sorprendió mucho cuando la vio tomar la mano de Eriol sobre la mesa.
— Por favor. Por favor, Eriol. No llamen a mi casa. No llamen a mi casa, por favor.
— Sakura, ¿qué pasa? —preguntó Keroberos sorprendido por el repentino nerviosismo— explícanos para que podamos entenderte.
Sakura tardó en soltar la mano de Eriol y guardó compostura. No le gustaba hablar de su familia. Le vibraron los ojos, miró sus manos y se preparó para hablar.
— Yo… —suspiró decidida a explicarlo— yo de verdad quiero volver a mi casa. Confieso que deseo regresar con mi familia pero eso solo empeoraría la situación. Prefiero quedarme aquí el tiempo que sea necesario a que ellos se enteren y decidan venir.
— ¿Qué pasaría si vienen? —preguntó Eriol.
— Es complicado —Sakura intentó vanamente de sonreír sin atreverse a verlos.
Shaoran la vio acomodarse en la silla de modo que pudiera alcanzar la mano de Eriol de nuevo, ella estrechó la mano con más calma y miró a Eriol con extrema calidez.
— No te preocupes por mí. Hice mal en hacer ese comentario sobre mi familia, no debí decir nada. Admiro tu esfuerzo, Eriol. Pero no es necesario que continúes pensando en mi familia, no los llames, ¿sí?
Shaoran se sintió aturdido. Su rostro desbordaba comprensión y cariño. ¿Hace cuánto que no veía una mirada tan cálida? Por unos instantes envidió a Eriol. Luego de eso olvidaron el tema puesto que habían llegado los platillos.
Comieron en silencio durante cuarenta minutos hasta que Eriol sonrió de repente.
— ¡Tengo una idea!
Sakura brincó al mismo tiempo que Keroberos, sorprendidos por el repentino grito. Shaoran había tapado sus oídos con molestia.
— ¡Me aturdiste! —reprochó bastante enfado.
— Lo siento —rió— pero se me vino a la mente una grandiosa idea.
— ¿Y cuál es tu gran IDEA? —lo imitó irritado.
— Sakura no puede irse —recalcó como primer punto.
— ¿Y? —inquirió Keroberos desacreditando lo obvio.
— No podemos llamar por petición de Sakura. Además ahora que lo vengo pensando, ¿tú crees que nos creerían?
— ¡YA DILO! —gritaron Keroberos y Shaoran.
Eriol sonrió emocionado.
— ¡Iré yo!
— ¡¿Qué?!
— Saldré mañana mismo para ir a conocer a la familia de Sakura. Informaré todo la situación y así ella estará más tranquila hasta que termine el juicio.
Keroberos traducía para Sakura quien abrió los ojos sorprendida intentando articular alguna palabra. ¿Qué consecuencias atraería esa decisión? Su mente trabajó a mil por hora.
— No creo que debas. Ya has hecho mucho por mí.
— ¡Vamos, estaré encantado de conocer a tu familia! Aunque hubiera sido fantástico conocerlos en otras circunstancias pero estaré encantado.
— ¿No crees que es algo extremo? —preguntó Shaoran.
— No entiendo lo que quieres decirme.
— Me refiero a que dices que saldrás mañana pero para viajar necesitas como mínimo dos días de anticipación —obvió.
— Shaoran, para eso existen los asistentes —recalcó.
Shaoran ignoró ese tono.
Después de comer, los cuatro continuaban sentados en la mesa esperando alguna reacción de ella.
— ¿En qué piensas? —intervino Keroberos.
Sakura intentó explicarse pero volvió a cerrar la boca.
— Yo también creo que es algo extremo. Al menos para mí es así, aunque me emociona la idea de no encontrarme tan perdida.
— Todo saldrá bien —animó Eriol.
Sakura asintió casi sin creerlo. Aunque parecía una buena idea, tenía un mal presentimiento.
— ¿Qué les parece si nos retiramos? —inquirió Eriol.
— ¡Vaya! Ya sentía que nos quedábamos de por vida en este lugar —renegó Shaoran.
Eriol lo ignoró y pagó la cuenta. Luego fueron de vuelta al automóvil
— ¿Te gustaría ir a dar un paseo? —preguntó Eriol.
— No quiero menospreciarte pero siento que ya ha sido suficiente.
Keroberos se extraño.
— ¿Qué sucede?
— Ciertamente a veces me incomoda estar entre puros hombres.
— Me imagino —rió Keroberos mientras abría la puerta de auto para que ella subiera.
Shaoran fue el primero en entrar al departamento.
Sakura se quedó de pie frente a la puerta junto a Keroberos.
— Te noto bastante distraída.
— No pasa nada.
Shaoran y Eriol ya estaban sentados en los sillones. Sakura los acompañó.
— En unos momentos me tengo que ir —dijo Eriol mirando su reloj.
Keroberos se sentó junto a ella mientras veía a Eriol sacar un papel y una pluma de su bolsillo.
— ¿Podrías anotarme aquí la dirección de tu casa?
Sakura se sentó en la orilla del sillón y empezó a escribir. Eriol era realmente amable y sobre todo muy paciente, sabía que un viaje como el que haría era bastante costoso. Se sentía incomoda sabiendo que iría. ¿Y si encontraba a sus padres discutir o lo echaban por no creerle? ¡¿Quién le creería a alguien desconocido que la persona que buscaban estaba del otro lado del mundo?! Dejó de escribir.
— ¿Tienes una cámara? —preguntó mirando a Eriol.
Keroberos se extraño y se limitó a traducir.
— Mi celular tiene cámara, ¿por qué? —pregunto Eriol extendiéndole el teléfono.
— ¿Alguna idea? —preguntó Keroberos.
Sakura asintió extendiéndole el teléfono a Keroberos. Terminó de escribir en el trozo de papel y los miró.
—La dirección de arriba es la de mi casa y la de abajo es la de Yue, mi amigo.
— Explícate, por favor —pidió Keroberos sin comprender.
— Si Eriol llega sin nada que compruebe lo que dice no le creerán. Para presentarte frente a mi familia necesitas que alguien de confianza me conozca, por esa razón escribí la dirección de Yue, si le das el papel a él identificará mi letra.
— ¿Y para qué la cámara? —preguntó Shaoran.
— Primero tiene que convencer a Yue y la única manera es evidencia palpable. Una foto conmigo lo acreditará de inmediato. Teniendo a Yue presente junto a mi familia y con la fotografía ellos confiaran en ti, Eriol.
— No se me había ocurrido —inquirió Eriol.
— Ni a mi —dijo Keroberos.
Sakura desvarió unos instantes antes de hablar.
— Si pudieras al menos… —se interrumpió indecisa— antes de informarle todo a Yue, ¿podías pedirle que llame a Tomoyo?
— ¿Otra amiga tuya? —preguntó Keroberos.
— Si, aunque creo que el resto de mis amigos deberían de saberlo, Eriol perdería mucho tiempo en reunirlos. Por lo pronto con ellos dos estará bien.
— ¿Cuántos amigos tienes? —burló Shaoran. Nadie tenía más de dos amigos.
— Doce.
— ¡ ¿DOCE?! —gritó Eriol sorprendido.
Shaoran contuvo la sorpresa.
— ¡Vaya! ¡Has roto record! —rió Keroberos y luego miró a Eriol— parece que con dos será suficiente para convencer a su familia.
Shaoran apenas estaba saliendo de su impresión.
— ¡Supongo que si llevas a los doce a mi casa, serás parte de la familia!.
Keroberos soltó una limpia carcajada ante la broma.
— ¿Qué? ¿Qué dijo?
— Algo si es seguro, Eriol. Te evitaras molestias si llevas a los doce a su casa —continuó riendo.
— Lo decía en serio —intervino Sakura.
— ¿Qué es tan gracioso? —preguntó Shaoran ligeramente irritado por no comprender.
— Ya no entiendo. Keroberos ya cálmate —pidió percibiendo el enfado de Shaoran— ¡Keroberos! —lo sacudió sin éxito. Que pare de reír. Lo sacudió un poco más fuerte. ¿Por qué no se calla? Cerró sus ojos.
— ¡AAHH! —Keroberos frotando su brazo.
— Lo siento —dijo apenada— es que tu…
— ¡Gracias! —dijo Shaoran de mala gana. Juraba que lo hubiera matado.
Eriol estaba sorprendido.
— ¿Por qué me pellizcaste?
— Es que no te callabas y las consecuencias no quería presenciarlas.
Keroberos entrecerró sus ojos.
— Lo siento —se acercó tratando de tomarlo del brazo.
— ¿Qué es lo que comes? ¡Pellizcas demasiado fuerte!
Sakura sonrió.
— ¿En serio?
— ¿Y te alegras de que así sea?
— Lo siento, no era mi intención. Mi hermano me enseñó a hacerlo pero jamás era tan…
— ¿… salvaje?
— ¡No! ¡Oye!
— ¡Eso fue salvajismo!
— ¡Ya te dije que lo siento! —rió divertida— además si no te hubiera pellizcado no te hubieras callado y te aseguro que no estaríamos en esta situación ahora.
Keroberos hizo un puchero.
— Bien, tienes razón.
— Siento interrumpirlos pero yo me tengo que ir —Eriol se puso de pie.
— ¿Tan pronto?
Eriol sonrió al escucharla.
— Si. Son las primeras sonrisas alegres que veo en todo el día.
Ella sonrió.
— ¿No te puedes quedar otro rato?
— Lamentablemente no, tengo que preparar las cosas para el viaje de mañana.
— ¿Crees que mañana pueda ir a despedirte?
— ¡Claro! ¡Sería genial!
— Eriol.
— ¿Qué, Keroberos?
— Si no te puedes comunicar con Sakura, ¿cómo lo harás allá?
— Buena pregunta —musitó Shaoran.
— Sé inglés.
— Hay mucho turismo, no se te dificultará —inquirió Sakura.
— Perfecto —dijo Eriol y vio su reloj de nuevo— ya me tengo que ir, buenas noches a todos.
— Me llamas para saber a qué hora sale tu vuelo —exclamó Shaoran desde el sillón.
— Si —dijo retirándose.
— ¿Irás? —preguntó Keroberos sin creerlo.
Shaoran se levantó.
— ¿Quién demonios crees que la llevará al aeropuerto?
Keroberos lo vio salir al bacón malhumorado.
— No entiendo por qué siempre está enojado.
— Así es él, no te preocupes. No le pasará nada.
Sakura asintió. No estaba bien dejarlo así. Ella solía comportarse igual y la soledad era la peor solución.
— Malditos problemas.
Continuará...
