Nota de autora: Al fin vienen las vacaciones y con ellas la oportunidad de tal vez actualizar más rápido... y digo tal vez porque aun así tengo tarea y además quiero tomarme unos días de descanso. Como ven no siempre puedo hacer capítulos tan extensos como el anterior, pero espero que les guste y sigan dejando tantos reviews como en el último capítulo (la respuesta ha sido abrumadora :D en un sentido muy bueno).
To the reviewer who asked why I didn't update anymore in English: you rock. No, honestly, you totally rock 'cuz you've been reading this story even in Spanish. I thought my story wasn't likeable when I first published it in English because almost no one commented but now you made me want to keep updating that story as well. Thank you, really.
P.D: Siempre me preguntan cuando actualizaré de nuevo. La verdad es que ni siquiera yo lo sé.
P.D. 2: ¿No les molesta cuando piensan tanto en una cosa que hasta sueñan con eso? A mí me enfurece cuando es un sueño utópico y no puedo quedarme dormida para siempre.
Capítulo IX: Rubias, rubias everywhere
Despertó. Sus pupilas sintieron molestia enseguida al encontrarse de lleno con la luz que entraba por las cortinas entreabiertas, así que volvió a cerrar los ojos con fuerza y los abrió un momento después, soltando un quejido y frotándose los ojos con brusquedad.
Una vez más se aventuró a abrir los ojos y dejó que se adaptaran a la luz del día y su vista revoleó por toda la habitación, sin saber exactamente donde se encontraba. Fue hasta un rato después, al ver sus cosas regadas por la habitación que se dio cuenta de que estaba en su propia habitación. Le era difícil esos días ubicarse en el tiempo y espacio, pues a veces sentía que habían pasado siglos desde la noche que tanta perturbación le causara. Se sentó despacio en la cama, de mal humor.
Soñó con ella… una vez más.
Santana no recordaba detalle alguno del sueño, solo recordaba que de alguna manera la rubia a la que no quería volver a ver, se había pasado gran parte de su sueño con ella. La furia recorrió a la morena, quien se levantó de la cama aventando las sábanas por doquier.
Era la cuarta ocasión que le sucedía… al menos a consciencia, pues vaya ella a saber si no habría soñado otras ocasiones con Brittany sin tener memoria de esto al día siguiente.
Se estiró un poco para aliviar la tensión de sus músculos y caminó hacia el baño, metiéndose de inmediato a la regadera y sin molestarse siquiera en regular la temperatura. Soltó un quejido, pues el agua estaba demasiado fría, pero se quedó allí, estática debajo del flujo de agua como si esperara que mágicamente el líquido borrara todo rastro del sueño y el malestar que le había provocado.
Los días posteriores a que echara a Brittany de su departamento se enfrascó en todas las actividades realizables que le dieran un poco de distracción… cada que se quedaba sola no podía evitar pensar en lo que había sucedido y pasaba por todo tipo de emociones: desde justificada culpa hasta furia contra ella misma o la rubia.
-Ya no vivo con ella. –Le dijo Puck mirando ausentemente hacia el techo.
Estaban tendidos boca arriba en la cama del cuarto de hotel, desnudos y en total silencio, mirando idénticamente al techo de manera fija y sin parpadear. A Santana le lagrimeaban los ojos por estar tanto tiempo así, pero no se atrevía a cerrarlos ni un segundo. Cuando Puck rompió el silencio, él continuó mirando al techo sin expresión, pero ella giró lentamente la cara hasta quedar observándolo.
No necesitaba que el hombre fuera más específico, porque sabía perfectamente a quién se refería.
-¿Ah sí? ¿Desde cuando? –Preguntó Santana con voz indiferente. No sabía por qué le estaba siguiendo el hilo de la conversación, pues ambos tenían un acuerdo silencioso e informal de nunca hablar de su vida fuera de las cuatro paredes de la habitación.
-No sé bien… unas semanas. –Dijo él, encogiéndose de hombros. Siguió mirando al techo.
-¿Unas semanas? –Preguntó la morena con tono sorprendido. Aquello no se lo había esperado y se apoyó en su antebrazo para verlo mejor, pero él continuó mirando hacia el techo como si no estuviera conversando con ella.
-Sí, me dijo que estaba muy enojada por algo y que no quería verme, así que me fui a vivir con un amigo… a veces nos encontramos porque paso a buscar más ropa.
El hombre frunció un poco el entrecejo y dijo como si apenas se diera cuenta:
-En esos días tú también empezaste a evadirme… pensé que todas las mujeres en mi vida se estaban poniendo de acuerdo para tomarla contra mí.
Y Santana sintió el impulso de gritarle. De tumbarlo de la cama, aventarle la ropa, gritarle improperios nunca antes escuchados, golpearlo, rasguñarlo, patearlo… todo por atreverse a decir eso. ¿Cómo podía ese cretino preguntarse por qué las mujeres le daban la espalda? Seguía preguntándose qué había hecho para merecerse a Brittany; como una mujer tan… como ella podía haberse enamorado de él, que no tenía reparo alguno en engañarla.
Todo eso lo hizo… en su mente. Sin embargo, cuando volvió a hablar, conservó la compostura y habló con el mismo tono de voz.
-Estaba ocupada. ¿Y además, no debías estar intentando hablar con tu mujer en vez de buscarme?
-No. –Respondió el hombre con la misma calma. –Mi esposa es así y no hay nada que pueda hacer por el momento, más que esperar a que se tranquilice.
-¿Crees que se va a tranquilizar?
-Tiene qué, así es ella… siempre termina perdonando a todo mundo.
Algo en el tono de voz confiado de Puck le hizo enojar… pero mejor de lado esa sensación: ya no era asunto suyo, pues estaba decidida a olvidarse de Brittany S… Pierce y eventualmente desechar a Noah Puckerman para buscarse otro distractor que le permitiera lidiar con Sugar Motta. Con el tiempo y un poco de suerte podría borrar de su mente todo rastro de existencia de los Puckerman.
-Te ves horrible. –Le dijo Holly en cuanto la vio llegar al piso superior de Shuffle.
-Tú también te ves hermosa. –Le dijo desganadamente Santana.
-¿Qué te pasó? Hace días estabas radiante; el cabello te brillaba más y hasta las tetas se te veían más respingadas. –Le dijo la mayor mientras caminaba a su lado.
-Claro que no. –Le contestó de mal humor. Lo último que necesitaba era que alguien le dijera lo bien que se veía hacía unos días, cuando aun le hablaba a la innombrable rubia. –Mis tetas siguen igual que siempre.
-Cariño, síguete engañando si quieres pero te lo dice alguien que afronta los cuarenta con dignidad y sabe reconocer unas tetas caídas en cuanto las ve. –Le respondió Holly con una voz que sonaba como a comediante de televisión.
-¡Hey! ¿Qué tal va todo? –Lo que faltaba: ahora Carl también se les había unido.
-Las tetas de Santana están caídas. –Respondió Holly sin pizca de discreción.
Carl alzó las cejas, visiblemente sorprendido.
-¿En serio? Jamás lo hubiese imaginado. Bueno, pero teniendo en cuenta el tamaño y…
-Mis tetas no están caídas. –Repitió Santana respirando hondo una y otra vez.
-Pues tu ánimo sí que lo está. –Le recordó la rubia como si ella no lo supiera ya.
-Bueno, pues más te vale animarte de una vez, Santanita –intervino Carl usando ese tono condescendiente que reservaba para cuando iba a decirle algo que probablemente no le agradaría.
-Por favor no me digas que los Motta están aquí. –Le espetó.
-No, no… pero Sue no está muy contenta…
-Me la suda que Sue no esté contenta. –Dijo aunque miró hacia ambos lados para asegurarse de que nadie más oía.
-Pues no debería, Santanita –Carl torció la boca en una mueca. –Ya sabes que nos salvaste esa ocasión en la junta, pero aun queda el trabajo.
-Tengo entendido que ya le dijiste a Sue quienes estarán en tu equipo de trabajo, ¿no? –preguntó Holly.
-Sí, aparte de ustedes me mandó a seleccionar a más gente… dice que porque yo los conozco mejor. –La orden de Sue la había tomado por sorpresa, pues se esperaba que le impusiera un equipo de gente veterana en Shuffle.
-Te está dando un voto de confianza. –Aseguró la rubia. –No lo desperdicies.
-Lo tendré presente. –Le dijo con sinceridad. Más le valía terminar pronto con todo así que se encaminó hacia la gran oficina de la CEO de Shuffle.
-¡Santana! Te esperaba, pasa y toma asiento. –Le dijo con amabilidad inusual.
-Tengo entendido que querías verme. –Le dijo Santana apoyando las manos en la silla, con incomodidad. De repente ya no se la sudaba tanto el descontento de Sue.
Sue frunció el ceño al oír esto.
-No soy Sugar Motta. Pero mira, qué casualidad porque te quería hablar de su publicidad. Seré muy directa. –Sue se recargó contra el escritorio. –Te exprimiré como a un limón.
Santana la miró sin comprender. Era como si hablara otro idioma.
-Sigo pensando qué hicimos mal. Cómo fue que un equipo de profesionales no pudo pensar en algo que nos dejara satisfechos y fue cuando nos dejaste en evidencia.
-¿En evidencia? Soy de Shuffle y estaba en la junta. No soy un conserje que milagrosamente sabe de publicidad.
-Parecíamos novatos, ¡admítelo! Dios, aun se me cae la cara de vergüenza… como sea, el punto es que tendrás que dejarte el trasero de J. Lo trabajando, arenita. –Le dijo Sue. –Necesitamos subir el listón, hacerle saber a Al que teníamos todo bajo control desde un principio.
-Está bien. –Aceptó Santana.
Aquello hizo fruncir el ceño de Sue. ¿Desde cuando Santana era tan sumisa? Claro que obedecía órdenes pero de eso a aceptar sin problema alguno…
-Trabajarás hasta muy tarde. Probablemente todos se hayan ido ya cuando tú te tengas que quedar aquí. –Dijo tentativamente.
Santana se encogió de hombros.
-Qué mal, supongo. –Pero lo cierto era que le ilusionaba un poco la idea de romperse el lomo trabajando; podría ser la distracción que tanto deseaba para dejar de pensar en Brittany de una buena vez.
-Y aun así después de eso supongo que tendrás trabajo para llevarte a casa.
-Bueno.
-Y no esperes que vayas a ganar mucho.
-Está bien, ganaré experiencia.
Sue se quitó los anteojos y miró con escrutinio a Santana.
-¿Estás bien?
-Sí. –Contestó con simpleza.
La rubia (¿por qué todas tenían que ser rubias?) se irguió y vio unas hojas que estaban en el escritorio.
-Tengo entendido que elegiste a Quinn Fabray por parte del departamento de diseño. –Dijo leyendo los nombres que estaban escritos en unas hojas.
-Así es.
-Dile que tampoco dormirá. Quiero ver qué tan cierto es eso de que ustedes son como la versión lésbica de Oliver y Benji. –Dijo e hizo que Santana juntara imposiblemente las cejas. -¡Vaya! Por fin una reacción.
La despidió con un gesto desdeñoso de la mano al tiempo que decía:
-Ya te puedes ir.
Justo cuando Santana abría la puerta, le habló de nuevo.
-López.
Santana volteó a verla.
-Lo has estado haciendo bien. –Por el tono de voz la morena notó lo mucho que le costaba decirlo. –Tu presentación… fue bastante buena y espero que sigas así.
-Gracias, lo haré.
Se dirigió sin premura hacia el escritorio de Quinn, queriendo estirar esos minutos que le tomaba recorrer el piso para llegar ante ella, como si esperara que incluso de esta manera tan tonta pudiera distraerse unos segundos más.
-Hoy en mi casa en cuanto salgas. –Le dijo y siguió de largo.
-Santana, ¿podemos tomar solo cinco minutos para respirar? –Dijo Quinn después de largas horas de trabajo y aventando con fastidio lo que tenía en la mano.
-¿Lucy Quinn Fabray pidiendo un descanso? ¿La que fuera capitana de porristas y campeona nacional? –Le restregó en cara Santana, alzando las cejas.
-Tú también fuiste capitana de porristas y campeona nacional en alguna que otra ocasión… deja de fingir, tú también estás hecha polvo. –Señaló la rubia.
Era cierto. No era que llevaran toda la tarde y toda la noche trabajando, ni de cerca. Pero tener la mente concentrada en un cien… no, en un doscientos por ciento les estaba pasando factura. Santana sentía como si unos pulgares invisibles le apretaran los ojos hasta casi hundírselos, incluso habiéndose quitado las lentillas y cambiado por sus odiados anteojos. Sin embargo, sus ganas por evadirse del mundo la animaban a continuar y si seguía por ese camino probablemente terminaría trabajando hasta morirse de inanición.
-Está bien. –Concedió finalmente quitándose un momento los anteojos y volviendo a colocárselos después de frotarse los ojos un poco.
-¡Bien! –Quinn se estiró un poco y se levantó para ir a la cocina.
-¿Te dije que podías ir a la cocina?
-No, pero no me importa. –Llenó un vaso con agua y regresó a la silla en donde estaba. –Y… ¿de quién es el bolso?
-¿Cuál bolso?
-Ese bolso. El que evidentemente no es tuyo. –Dijo Quinn señalando el bolso de Brittany, que había dejado olvidado en el departamento.
-Ah, ese bolso… ¿y tú por qué dices que no es mío? –Preguntó Santana a la defensiva.
-No lo sé, tal vez porque desde aquí puedo ver que una libreta de Dora La Exploradora se asoma. –Se quedó pensativa. -Parece el bolso de alguien que tiene hijos y que yo sepa tú no tienes hijos… a menos que te los hayas comido en el desayuno, claro.
-Prefiero devorar sus almas solamente… y no es que te deba explicaciones pero es el bolso de una… amiga.
Quinn enarcó una ceja, incrédula.
-Tu amiga dejó olvidado su bolso. –Dijo muy despacio, como si aun no terminara de entender.
-Acabo de decírtelo… ¿estás sorda?
-¿Quién rayos se olvida el bolso en casa de alguien?
-¿Y a ti qué te importa, Fabray? Si tienes tiempo para estar preguntando tonterías es que ya te sientes mejor. –Y siguieron trabajando.
El bolso. El recordatorio de lo que había sucedido días antes, en una noche como esa. Santana no había reparado en su presencia hasta que perdió de vista a Brittany y se metió de nuevo en el departamento. Aún no sabía qué hacer con él, pues no estaba segura de que Brittany fuera a volver un día y obviamente no podía dárselo a Puck.
Cada que veía el estúpido bolso la recordaba, pero no se había atrevido a mirar como si temiese que estallara y la hiciera volar en pedazos. Probablemente lo merecía, pero no por eso le agradaba más la idea. De hecho, seguía en el mismo lugar donde la rubia lo había dejado y había tratado de ignorarlo hasta que Quinn lo sacó a colación.
Lo peor era que su teléfono móvil había quedado dentro de la bolsa y había sonado varias veces. Santana se había sentido tentada de contestarlo en más de una ocasión, pero no lo había hecho por simple lógica y eventualmente el teléfono dejó de sonar; seguramente se le agotó la batería.
Al día siguiente se repitió la misma rutina. Y al siguiente. Y al siguiente del siguiente.
-¡Ya estuvo bien, Santana! –Gritó Quinn sin poder soportarlo más. – ¡Te estás portando peor que Sue!
-Tenemos que estar un paso por delante para compensar todos esos pasos que estuvimos por detrás de…
-Santana –Quinn la tomó por los hombros y puso su cara más psicópata. –Llevamos días así, ¡tengo una vida! ¡Tengo novio!
-Sabías en qué te metías al trabajar en Shuffle.
-No me vengas con esas, ni siquiera Sylvester en persona trata a así a los que están bajo su mando directo.
-¿Y por eso debemos echarnos de panza y no hacer nada?
-Bien, veamos… -Quinn se quedó pensativa un momento. -¿Le has presentado algún avance a Sue?
La morena titubeó un momento antes de contestar:
-No… pero es que me puso una fecha de entrega y por eso quería tomarme mi tiempo para no…
-Exacto, Santana: ¡tu tiempo! ¡Y en cambio te estás agarrando del mío! Bien sabes que adoro mi trabajo y aspiro a ser la jefa de área de diseño, pero esto es excesivo hasta para mí.
Cuando vio que Santana iba a protestar, no se lo permitió:
-Y claro que te dio una fecha de entrega… pero ¿adivina qué? –Cambio drásticamente el tono a uno duro, enfatizando cada palabra. –Ya. Avanzaste. Lo. Suficiente. Como. Para. ¡LAS PRÓXIMAS DOS SEMANAS!
-Eso no es cierto.
-¿No? ¿Y entonces qué es esto? –Tomó una hoja de papel de la mesa.
Santana lo reconoció enseguida.
-¿De donde sacaste eso? –Entornó los ojos y se acomodó los anteojos.
-Estaba impacientándome porque no sabía cuando íbamos a terminar. Hace días que terminamos esto. –Dijo agitando el papel frente a las narices de Santana. –Se supone que si bien las ideas son tuyas, el equipo con el que estás también tiene que aportar, y por supuesto la junta debe aprobarlo. Así que, ¿me quieres decir qué hago aquí?
La morena evitó la mirada de Quinn y finalmente respondió con voz muy queda:
-No quería estar sola.
Quinn la miró con incredulidad.
-Si lo que querías era compañía, debiste decírmelo. Ya sé que no somos las mejores amigas y que si no fuera porque nos contrataron al mismo tiempo dudo mucho que nos habláramos.
Ablandó un poco la expresión al ver a Santana y continuó:
-Tienes que dejar de esclavizarnos, al menos ahora podrás descansar porque la verdad ya estás varios pasos por delante, ahora todo depende de la junta –le sonrió. –Y por favor, al resto del equipo también dale un respiro.
Santana asintió.
-Gracias. –Dijo al fin.
-¿Por qué?
-Por recordarme que no todo se trata de mí.
-Sería raro que no te portaras así… ¿quieres hablar… o no hablar de ello?
Y pasaron un largo rato hablando de cualquier tema. Santana estaba muy agradecida… aunque todo el tiempo no hizo más que pensar en las conversaciones que tenía con otra rubia.
-Y por cierto, -le dijo Quinn al despedirse –ya quítate eso, lo has llevado por días. –Le señaló el meñique.
Santana no se había quitado la curita aun.
Al día siguiente, dejó por la paz a Quinn, quien tomó oportunidad para ver finalmente a Joseph, su novio. Santana, por su parte, tomó un par de copas en el bar de siempre y tardó muy poco rato, marchándose casi enseguida. Era como si después de lo que Quinn le dijo, todo el cansancio resultado de trabajar tantos días seguidos sin descanso ya le hubiesen surtido efecto. Se sentía agotada y sus ojos ya estaban quejándose, por lo que al llegar al carro se quito los lentes de contacto y sacó los anteojos, que procuraba usar solo en su casa.
Estaba por la entrada del edificio, pensando solamente en llegar, comer algo y tumbarse en la cama para morir hasta el día siguiente.
-Santana –dijo una voz y entonces Brittany salió de entre los arbustos que estaban junto al edificio, cubierta de briznas de hierba y ramitas que se asomaban por todas partes de su cabello.
La aludida solo atinó a dar unos cuantos pasos hacia atrás e incluso ya tenía en la mano el pequeño espray anti violadores que Dave le había regalado. Cuando vio a Brittany y el extraño aspecto que ofrecía, se quedó congelada en su sitio y al principio sintió nerviosismo, un poco de alegría y un hueco en el estómago… para después sentir enojo.
-¿ESTÁS LOCA? –Y le aventó el espray, que Brittany esquivó hábilmente haciéndose a un lado. Lo cual fue un alivio ya que lo último que le faltaba era lastimarla una vez más. -¿Tienes idea de lo escalofriante que se vio eso que hiciste?
-¿Qué cosa? –Preguntó Brittany sin entender nada.
-"¿Qué cosa?" ¿QUÉ COSA? ¡Salir de los arbustos como si llevaras quién sabe cuanto tiempo ahí! ¡Pensé que eras alguna especie de psicópata esquizofrénica!
-¿Por qué últimamente todos se empeñan en llamarme así? –Su expresión era ceñuda –Ni siquiera puedo pronunciar esa palabra, pero seguro que no es algo bonito.
Santana arqueó una ceja hasta que le desapareció bajo el cabello. Por supuesto que la rubia no sabía, en su inocencia, que hacerte amiga de la amante de tu esposo y entonces espiarla por detrás de unos arbustos parecía más bien el modus operandi de algún asesino serial extremadamente peligroso y enfermo. De hecho Santana se preguntó cómo es que no lo había pensado antes, si recordaba haber leído en alguna parte que muchos asesinos son realmente encantadoras personas… siempre y cuando no estuvieran sosteniendo un cuchillo de carnicero enfrente de ti y obedeciendo impulsos internos que los instigaban a matar.
Tal vez Dave tuviera razón al considerarla débil frente a las mujeres.
O tal vez no tuviera razón al decir que con todas, pero sí con alguna.
Pero al ver a Brittany, quitándose hojas y ramitas de la ropa con gesto de desagrado se le disipó cualquier duda que pudiese albergar acerca de ella siendo una Ted Bundy segunda. Además, si hubiese querido matarla podría haberlo hecho en alguna de todas las veces que la dejó pasar.
-¿Qué hacías ahí? –Se dijo que era mucho más válido preguntarle directamente que andar sacando conjeturas.
-Olvidé mi bolso y quería venir a buscarlo. –Se quitó una última ramita –Pero imaginé que no querrías hablar conmigo y me evitarías al verme.
La latina se sintió mal. Sobre todo porque exactamente eso es lo que iba a hacer si la veía.
Brittany la miró unos segundos con los ojos muy abiertos y expresión grave en el rostro.
-Mi bolso. –Dijo. –Llevo días viniendo y ocultándome en los arbustos, pero como siempre te veía subir con una chica no dije nada.
-¿Días? –Preguntó con un hilo de voz.
-Sí, hasta comencé a platicar con un gato que siempre compartía escondite conmigo. Cada que pasabas, subías con la muchacha rubia y ella salía hasta muchas horas después. –Dijo Brittany, seria.
-Ah, -Santana sintió como si hubiese salido de un trance. Se sentía aun más rara al saber que Brittany había estado tan cerca de ella durante días. –sí, vamos por tu bolso… como también te olvidaste el teléfono dentro no sabía qué hacer.
-Ni siquiera lo recordé hasta que Tina y Mercedes me llamaron a casa y se pusieron como locas porque me llamaban al celular y no contestaba.
Al llegar al departamento, se quedaron ante la puerta sin saber muy bien qué hacer… ¿Santana debía abrir la puerta, tomar el bolso y llevárselo a Brittany? ¿O debía dejar que pasara Brittany y lo tomara ella misma?
Como vio que Santana no se movía, Brittany repitió con impaciencia:
-Mi bolso.
-Sí, sí. –Abrió la puerta e hizo un gesto señalando dentro. Brittany le dio una mirada antes de pasar.
Santana se quedó un rato junto a la puerta antes de pasar también. Para cuando llegó, Brittany ya tenía su bolso en la mano y observaba el teléfono celular con tristeza.
-Quién sabe cuantas llamadas perdidas tendré… -Suspiró.
-¿Es verdad que dejaste a Puck? –Soltó la latina antes de poder evitarlo.
La rubia la miró con sorpresa, pero luego le dio una sonrisa triste.
-Te lo dijo. Claro, ahora deben estarse viendo todos los días.
El tono en que lo dijo fue todo menos acusatorio, entonces ¿por qué se sentía culpable?
-Le dije que estuviéramos separados un tiempo. –Dijo al fin. –No estamos viviendo juntos, si es lo que te interesa.
-Lo mencionó y se me hizo extraño, es todo. –Respondió Santana tratando de restarle importancia.
-Aún no sé qué haré respecto a eso. –Confesó la rubia.
Pero Santana sí sabía: sabía que Brittany no debía regresar con ese cretino, que no la merecía ni la respetaba y ni siquiera ahora mostraba señas de arrepentimiento… si Santana fuera él, estaría arrastrándose por el suelo descarnándose las rodillas, suplicándole que lo perdonara… no, Santana no estaría haciendo eso… porque para empezar, ella nunca le habría sido infiel. ¿Quién podía hacerle eso a una mujer así?
-¡Sigues llevando la curita!
La exclamación de Brittany le hizo dar un respingo.
-Es la misma. –Confesó.
-¿Por qué no simplemente tomaste otra? –Preguntó la rubia. –Aquí estaba la caja.
Y alzó su bolso.
-No quería fisgonear.
La rubia soltó una débil risa.
-Eres muy linda.
Santana sintió un cosquilleo en el estómago y repentino calor en las mejillas. Sin embargo poco le duró, pues enseguida Brittany se puso seria.
-Yo y mi costumbre de decir las cosas sin pensar… disculpa.
-No te disculpes…
-No, tengo qué. Supongo que ese tipo de cosas te molestan porque yo soy un bicornio.
Santana bajó la mirada… ¿cómo decirle a Brittany que se sentía peor sin hablarle?
Ella odiaba dar el brazo a torcer… y entonces se le ocurrió.
-Acordamos que seguiríamos hablando hasta que supieras qué hacer con Puck. –Se aclaró la garganta. –Y ahora que lo pienso, no sabes qué hacer.
-Tampoco te quiero imponer nada… -Respondió seriamente Brittany.
-Lo sé, pero yo acepté, ¿no?
-Bueno, sí, pero…
-Nada. Seguiremos con esto y además… te prometí que algún día bailaría contigo. –Le mostró el meñique. –No quiero perder el dedo.
Antes de que pudiera añadir algo más, la rubia le tomó la mano y le arrancó la pequeña curita. Sacó una de su bolso y se la colocó, aunque la herida prácticamente estaba cerrada.
-Parece que ya te gustó. –Sonrió la rubia pensando en si debía soltarle la mano ya, aunque le agradaba su calidez.
-Sigue siendo una tonta curita muy cursi. –Dijo Santana tratando de defender su imagen dura.
-Eso no quita que te haya gustado.
-Me acostumbré a llevarla puesta, es todo. -¿Cómo decirle a Brittany que no se la quitó porque ella se la puso?
-Santana, ¿esto será incómodo? –Preguntó la joven, y Santana observó inseguridad en su mirada.
-¿Incómodo en qué sentido?
-En Lima algunas personas me trataban distinto al saber que soy bisexual.
-Ah, -la latina solo jugueteó con un mechón de cabello oscuro –mentiría si te dijera que me fascina la idea pero… tú…
Tragó un poco de saliva antes de seguir.
-Tú nunca me diste una razón para desconfiar.
-¿Desconfiar? –Ladeó la cabeza un poco.
-Me dijiste que sabes quién es Sugar Motta y que trabajamos en conjunto con ella y su padre en Shuffle…
Asintió.
-¿Sabes que Sugar es lesbiana?
-Es difícil no saberlo, es una celebridad.
-No deja de acosarme.
Brittany entrecerró los ojos.
-¿Acosarte?
-Desde que me vio por primera vez no deja de… -se removió incómoda –insinuar cosas.
-¡Oh! –Al fin logró entender.
-Como comprenderás… -se aclaró la garganta de nuevo –no es que tenga buena experiencia con… mujeres… a las que les gustan otras mujeres.
-Ya veo. Aunque no se me hace extraño que a Sugar le gustes. Has de resultar muy atractiva cuando estás en plan "publicista guapa e inteligente". –Dijo, esperando que Santana no se lo tomara a mal. Ella había comprobado de primera mano lo magnética que era y por un momento se preguntó qué pasaría si ella no fuera casada y si Santana no fuera homofóbica. Observó lo bella que se veía con sus grandes anteojos de pasta gruesa.
-Me intimida… mucho.
-No la dejes que te afecte. –Y la tranquilizó con su mirada que se veía de color cobalto.
-Me gusta cuando me miras así… -murmuró y enseguida se apresuró a añadir –de una manera muy heterosexual, claro está.
Brittany se rio con muchas ganas, sus ojos uniéndose a su risa.
También le gustaba cuando reía así.
Y a Brittany le gustaba hacerla sentir así. Y también le gustaba verla usar anteojos.
