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Capítulo 10
Cordura
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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.
Gracias a... Peque, Wolf Greywords, ZeLaS MTALiUm, MGA_FGA, Asuka de Black, Akire, Moonlight Holy Dragon y Linita-Gabriev.
Gracias a Zhong por el beta-ing... gracias a Zelda por su buena intención al intentarlo, yo sé que sí lo hiciste Zelda.
Por lo demás, quiero decirles, que la semana antipasada la he sentido como la más larga de mi vida. Viví con intensidad esos siete días de esa semana. Reí, grité de felicidad, lloré con angustia y al final me sentí fuerte sin serlo. Luego... en la semana siguiente creo que he recibido más abrazos que los que he recibido en todos los años de mi vida.
No me arrepiento de todos los sueños que tuve que enterrar, sé que los míos no eran nada comparados con los que mi hermana tenía. Pero ella tampoco se arrepiente, ¿por qué hacerlo yo? Ella aprovechó esos siete días al igual que yo lo hice y disfrutamos a Jesús Antonio con el fervor con el que se disfruta la flor que se pone en un jarrón. Hoy hablamos de él como algo hermoso, sin pena en la voz, no hay lugar para las lágrimas ni el dolor cuando se confía en el Supremo Creador. Y se siente como si hubieramos vivido con él todos esos sueños y esperanzas. Después de todo... la historia tuvo un final feliz, pero eso es un secreto que sólo nosotros, los que hemos pasado por esta experiencia, podremos entender.
A mi sobrino, Jesús Antonio...
*******
Valteria aprovechó las corrientes de aire nocturno para continuar deslizándose sobre el cielo nocturno sin necesidad de lastimarse más de lo necesario. Se fue acercando al lugar donde podía sentir el grupo de invasores reunidos. Se mantuvo a una buena altura, meditando y formando un plan en su mente. Poniendo en orden su mente, no sólo con respecto a lo que pensaba hacer, sino sus sentimientos hacia Filia.
Mientra planeaba libremente en el aire recordaba eventos que hacía mucho tiempo había olvidado...
Recordó la primera vez que vio el pequeño huevo dorado que cobijaba a Filia. Parecía estar hecho de oro puro. Fue él quien lo separó del resto de la nidada cuando apenas tenía unos días y lo puso en un lugar especial, un nido justo en su habitación donde podía verlo todos los días. Desde ese momento la criatura en el interior del huevo se convirtió en su obsesión. En su mente hizo muchos planes, fuera hembra o macho sería su protegido, su hermano o hermana.
Cuando la pequeña criatura de ojos azules salió del cascarón, Valteria sintió que su corazón se unía a ella. Sus primeros pasos fueron hacia él y su primera palabra fue su nombre. Sonrió al recordar cómo lo observaban en el palacio cada vez que la pequeña Filia estaba con él. Era como si el mundo a su alrededor desapareciera y los momentos que guardaba en su corazón con extremo cuidado eran aquellos que pasaba con la pequeña, dormida en sus brazos, fiándose en que él la protegería.
Pero el día en que la profecía le fue revelada a los sacerdotes del templo fue el día en que todas las desgracias comenzaron en el palacio y en su propia vida.
Ese día lo recordaba aún. Se había vestido con sus mejores galas y había vestido a Filia completamente de blanco para llevarla al templo por primera vez. Con la pequeña en brazos se había acercado al fuego del altar para que el sacerdote los recibiera y pronunciara la suerte de ambos. En su corazón estaba seguro de que él y Filia permanecerían unidos por toda la eternidad. Pero las palabra del sacerdote sobre la pequeña casi lo hicieron perder la razón. Con angustiosa desesperación salió del palacio a toda prisa, no sin antes haber abrazado fuertemente a la pequeña y dejarla en su cuna dormida. No bien estuvo fuera de las inmediaciones del palacio se había transformado.
El atardecer lo había sorprendido en la torre, lugar en que tantas veces había observado el atardecer con la pequeña de dorados cabellos. Recordaba vagamente haber hablado con su primo Milliardo, pero no recordaba en realidad de qué, sus recuerdos comenzaban a nublarse en ese punto siempre que trataba de recordar. Sin embargo... aquel sueño... No...
Recuerdos...
Cuando la magia de la princesa Filia lo había tocado para sanarlo sus recuerdos se habían esclarecido.
Recordaba cómo había salido de la torre y se había transformado con una sola idea en su mente... la eternidad con su pequeña, nadie la tocaría.
Se había escurrido a la recámara del templo donde los sacerdotes guardaban las fórmulas secretas. Sabía dónde encontrar lo que estaba buscando. La pócima que provocaba el sueño eterno, sin dolor e instantáneo. Cuando encontró el frasco lo tomó con manos temblorosas y por unos instantes lo contempló contra la luz del templo, era cristalino, como el agua, sin olor ni color.
Sus ojos se quedaron observando el pequeño frasco con morbosa fascinación. De repente sintió que sus piernas se doblaban bajo el peso de lo que pensaba hacer. Lloró amargamente, como no lo había hecho hasta ese momento mientras apretaba con fuerza el frasco contra su pecho. El dolor fue aumentando en su interior hasta que sintió la necesidad de gritar con todas sus fuerzas, pero no podía hacerlo en el interior del templo, por lo que se puso en pie sin ver, los ojos arrasados.
En su desesperado intento por salir del templo tropezó con una de las mesas sagradas y el contenido de la misma fue a parar al suelo estruendosamente. Cayó de rodillas tratando de proteger el frasco de cristal como si se tratara de la misma Filia y al intentar levantarse sus dedos tocaron uno de los objetos. Una daga ceremonial de oro trabajada en zafiros y diamantes. La observó detenidamente, el dorado del arma le recordó los cabellos de Filia y los zafiros le recordaron aquella inocente mirada. La apretó con fuerza y terminó de levantarse, saliendo del templo como si de un sueño se tratara.
Cuando volvió a tener consciencia se encontraba caminando por el pasillo que lo llevaría hasta el cuarto de Filia. El frío se fue apoderando de su cuerpo a la vez que se iba a acercando a donde estaba la pequeña. Su querida y amada Filia, en las garras de un demonio, sin embargo su mente le estaba escondiendo sus propias intenciones. Le daría el veneno a Filia y luego... Estaba seguro que no podría soportar el perder a la pequeña, por eso en su otra mano se aferraba a la daga ceremonial. Ambos dormirían eternamente, unidos en los tenebrosos brazos de la muerte que los sujetaría silenciosamente.
Se detuvo frente a la puerta, su Filia estaba tras ella. La mano que empujó la puerta temblaba visiblemente y no podía escuchar sus labios pronunciar aquellas palabras una y otra vez.
Jamás...
Se acercó a la cuna y levantó las sábanas. Por unos instantes su mente no registraba absolutamente nada. Pero la realidad le llegó unos segundos más tarde, la cuna de Filia estaba vacía.
Los recuerdos se detuvieron abruptamente cuando Valteria sintió su pecho contraerse dolorosamente al tratar de contener un sollozo. Dos veces había intentado terminar con la vida de Filia. Eso era algo que él no se podría perdonar. Cómo había podido vivir todo ese tiempo con ese rencor era algo que no podía entender.
Cuando se enteró que Milliardo había sido el responsable de poner a Filia lejos de su alcance quiso acabar con su primo. En cuanto tuvo control sobre los dragones como su rey, lo desterró a la torre. No fue hasta mucho tiempo después, cuando su dolor por la pérdida de Filia había pasado, que se sintió en la necesidad de acercarse nuevamente a su primo. Aún así, nunca le demostró mayor interés que el de ir a la torre y sentarse por largo tiempo en el lugar donde solía llevar a Filia. Un intenso rugido escapó de su garganta y con él toda la tristeza que lo embargaba.
*******
Filia se había quedado en el mismo lugar donde tiempo atrás había sido sorprendida por el rey dragón. Su mente intentaba inútilmente recordar algo que continuaba al borde de su inconsciente, escapando y escurriéndose sin que pudiera atraparlo para examinarlo.
La llegada de Miliardo interrumpió sus pensamientos, traía una canasta con algo de comida pero al acercarse notó la desaparición de su rey. "¿Filia? ¿Dónde está Valteria?"
Filia levantó los ojos hasta el preocupado dragón. "Se fue." Murmuró aún aturdida. Milliardo la observó con preocupación.
"¿Te hizo algo Valteria?" Le susurró sentándose al lado de ella. "¿Qué sucedió, Filia?" Le apartó los líquidos mechones que ocultaban su rostro con la misma ternura con la que un hermano lo hubiera hecho. "¿Filia?"
Filia se enderezó de repente e intentó varias veces hablar, ¿pero qué iba decir si ni ella misma entendía lo que estaba sucediendo?
Milliardo esperó la respuesta con paciencia. Al observar a la joven sintió una profunda tristeza. Había logrado escapar una vez con ella, pero no lograría hacerlo dos veces. Al menos Valteria no había cumplido su promesa, ¿pero qué sucedería cuando la princesa mostrara dónde residía su verdadero afecto? Milliardo no estaba seguro de lo que la princesa sentía por su supuesto prometido, tampoco le había hablado demasiado de él. "Hey... Filia." Susurró nuevamente tratando de sacarla de su confuso estado. La rubia le prestó atención pero en su mirada sabía que existían pensamientos que la retenían en otro lugar además del aquí y el ahora. "¿Por qué no me cuentas algo de tu principe encantado?"
"¿Xellos?" Milliardo asintió. "El es... muy guapo y es un demonio." Se detuvo y su expresión se tornó algo lejana, pero no confusa. "No le gusta ser marioneta de nadie." Milliardo se dejó ir hacia atrás levemente, apoyándose en las manos y cruzando un tobillo sobre el otro.
"¿Cómo lo conociste?" Le preguntó algo curioso.
"Esa es una historia larga. Digamos que cuando lo conocí no sabía que él era un demonio. No lo supe hasta que se marchó."
"Entonces te engañó... como todos los demonios."
"No. No me engañó de esa forma. En lo único que nos engañamos fue en nuestros sentimientos." Le dijo con una sonrisa triste. "Yo lo supe demasiado tarde y a estas alturas no sé si él alguna vez lo supo."
"Deberías preguntarle." Hubo un silencio cómodo hasta que Milliardo volvió a irrumpir. "Al menos estás segura de lo que sientes."
"No me mal entiendas. Supe lo que sentía en ese momento, ahora ya no sé nada. Estoy tan confundida... Sin embargo siento que..." Se llevó una mano al pecho. "No lo sé, no lo sé."
Un rugido ahogado llamó la atención de Milliardo y de Filia. Por un largo rato todo se mantuvo en calma, pero luego se volvió a escuchar. "Ese es Valteria." Dijo levantándose con rapidez. "Parece que está en problemas." Dijo con agitación. "La comida está en la canasta, princesa. Iré a ver qué ocurre." Se transformó en un instante y enfiló hacia donde había escuchado el desgarrador rugido.
******
Los guardianes capturados elevaron sus ojos hacia donde se escuchaba una serie de rugidos. El resto del grupo también prestó atención. El ruido se escuchaba demasiado cerca. Luego de unos quince minutos el rugido cesó. "Vaya, eso sí que fue extraño..." Exclamó la pelirroja, pero se detuvo en su exclamación cuando al fijarse en uno de los guardianes pudo discernir una lágrima deslizándose. Se acercó con lentitud al grupo. Todos continuaban con el rostro al cielo y sus expresiones estaban cargadas de tristeza.
Lina se agachó hasta quedar frente al dragón que habían capturado en un principio. El joven dejó de mirar al cielo para observarla y mientras la joven se agachaba y él bajaba el rostro, la humedad en sus ojos escapaba cristalina. "¿Qué fue eso?" Le preguntó con cierto aire de admiración.
"Es el rey." Contestó en un hilo de voz.
"¿Pero le sucede algo?"
"Está..." Un leve sollozo lo hizo callar.
"Está llorando la pérdida de la princesa dragón." Suplió el joven de ojos metálicos. "Hacía mucho tiempo que no lo hacía." Terminó casi con reverencia.
"¿Qué significa eso? ¿Acaso el rey..."
"No Lina, Filia está bien." Interrumpió la voz de Xellos. "Pero algo está a punto de suceder. Puedo sentirlo."
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Milliardo se acercó cauteloso a la figura del dragón en pleno vuelo. El movimiento parecía algo errático. "Valteria." Llamó con suavidad. Sabía que su primo podía escucharlo aunque estaban algo distanciados.
"Mil, ¿qué he hecho?" El tono sonaba algo infantil, como si de repente hubiera retrocedido en el tiempo, pero la profunda voz del rey dragón estaba llena de dolor. Se acercó aún más hasta que ambos estuvieron ala con ala, planeando paralelos en la misma corriente de aire.
"Sólo querías protegerla." Comentó con seriedad el dorado animal.
Un rugido lastimero volvió a escapar del rey dragón. "Casi la mato... dos veces." Gimoteó como un niño. "Soy peor que el demonio con el que está ahora." Volaron en silencio un poco de tiempo y en la distancia los ojos de Milliardo pudieron distinguir el campamento.
"Pienso que deberíamos intentar razonar antes de actuar. No siempre las cosas son lo que parecen."
"Nunca he pedido tu consejo antes, Mil. Por muchas razones que ahora no tienen validez alguna. Pero ahora lo hago, ¿cómo se supone que voy a remendar las cosas con Filia? Cada vez que me ve sólo puedo sentir en ella temor y desconfianza."
"Filia ya no es una niña. Ni siquiera ha crecido de la forma en que lo hubiera hecho de haberse quedado aquí." Milliardo cerró los ojos y suspiró profundamente. "Es fuerte y no tiene miedo de enfrentarse a seres más fuertes que ella. Deberías estar orgulloso de eso. Pero guarda mucha tristeza." Por unos instantes Milliardo guardó silencio mientras Valteria se volteaba a verlo para luego añadir con media sonrisa de dragón algo que casi hizo detener en pleno vuelo al rey. "Pero deberías ver cómo se le ilumina la mirada cuando habla de él."
"¿Te refieres a ese... demonio?" Por un momento Valteria pensó que se atragantaría en aquella palabra. Milliardo se limitó a una risa ahogada.
"Valteria, si has recuperado la cordura como pienso que lo has hecho, creo que deberías meditar un poco en lo que voy a decirte. Quizás de esa forma logremos que Filia finalmente encuentre la forma de transformarse, así no tendrás que preocuparte tanto por ella."
"Yo no estaba preocupado por eso..." Murmuró entre dientes el rey mientras Milliardo dejaba escapar una carcajada completa.
"No has cambiado demasiado, primo. No has cambiado demasiado." Sonrió. "Creo que Filia no tendrá problemas en perdonarte lo sucedido, pero antes debes escuchar lo que vamos a hacer."
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En el campamento todos estaban dormidos exceptuando al príncipe de Koubuchi que vigilaba atentamente los alrededores. Hacía ya mucho rato que se habían dejado de escuchar los rugidos y Lina había tenido que utilizar un hechizo de sueño sobre los guardianes para prevenir cualquier ocurrencia nocturna. Dicha princesa estaba profundamente dormida muy cerca de los dragones. Gourry dormía plácidamente a escasos metros y Youki y sus doncellas habían hecho un círculo alrededor del grupo.
A pesar de lo tranquilo de la noche algo lo tenía sobre aviso. Probablemente el rey dragón continuaba sobrevolando el cielo nocturno, sin embargo no podía distinguir con claridad la presencia dado el hecho de que se encontraba tan cerca de los guardianes. Observó satisfecho la formación de las doncellas alrededor del grupo, eso sería suficiente si algo intentaba atacar al resto, pero él tenía que averiguar qué era lo que le molestaba.
Se levantó silencioso y se envolvió en la obscura capa antes de pasar con sumo cuidado las formas dormidas a su alrededor. Justo antes de desaparecer en la obscuridad de la noche unos esmeraldinos ojos lo observaron, provocando una leve sonrisa en el dueño de los mismos.
La presencia se movía entre los arbustos y seguía sin poderla distinguir claramente. Xellos continuó siguiéndola con cautela. Era como una débil esencia a dragón y de no haber sido por sus agudos sentidos la hubiera perdido. Se detuvo cuando se sintió cerca, pero era como si estuviera en dos lugares a la vez. "K´uso." Murmuró mientras entrecerraba los ojos. "¿Quién anda ahí?" Preguntó con exasperación al sentir que la presencia se acercaba un poco. Finalmente unos cabellos acuamarinos captaron su atención. Repitió su pregunta con enojo cuando pudo delinear la sonrisa que se dibujaba en la criatura que tenía de frente.
"Soy el Rey de los dragones." Musitó el joven, acercándose con paso firme hasta quedar a poca distancia.
"Libera a Filia." Le exigió el príncipe con voz fría. El Rey le dedicó una mirada curiosa. Frente a sus ojos Valteria tenía al dichoso demonio que le había hecho perder la razón sin siquiera verlo.
"¿Por qué? ¿Alguna razón en especial?" Preguntó con lentitud, asegurándose de sostener la mirada del joven demonio.
"Es mi prometida." Le respondió con la misma intensidad.
"Eso es a causa de un hechizo, pude sentir sus efectos de cerca." El aura alrededor del príncipe se exaltó repentinamente ante la declaración. Lo estaba provocando y Xellos no arruinaría la única oportunidad que tenía de razonar con aquella criatura antes de tratar medidas más drásticas. "¿La obligaste a ser tu prometida?" El aura volvió a pulsar a su alrededor.
"No." Gruñó amenazadoramente y dio un paso al frente, ambos gestos aumentaron la curiosidad de Valteria.
"Eres un demonio. Es lo más lógico que hayas utilizando un engaño para convertirla en tu prometida." Otra violenta pulsación de energía alrededor del joven príncipe y Valteria sintió que la negatividad que emitía el demonio le provocaba algo de náuseas. Si no tenía cuidado arruinaría el propósito de su encuentro. "No permitiré que la corrompas." Gruñó decidido. "No permitiré que la toques." El aura alrededor del Rey se concentró y pulsó con la misma intensidad que la de Xellos.
"Voy a recuperarla de una forma u otra." Murmuró Xellos de forma que sólo los agudos sentidos del Rey captaron las palabras. "La quiero de vuelta."
"¿Por qué?" Preguntó el Rey en igual forma y a pesar de lo suave de las palabras Xellos sintió que se le atravesaban en el pecho. ¿Por qué? El aura que hasta hacía unos segundos parecía a punto de salir fuera de control se desvaneció. La pregunta lo había sacado de balance. ¿Qué razón podía dar él de querer a Filia de regreso?
"Ella pertenece aquí. Es un dragón, como todos nosotros." Continuó el Rey en aquella voz que le hería profundamente.
"Sé que Filia no tiene buen temperamento pero eso no significa que sea un dragón." Murmuró con media sonrisa intentando animarse. Una oleada de ira emanó del Rey, fuerte y dulce como la ira de Filia. "K´uso." Siseó obligándose a mantener los ojos abiertos. Valteria dio un respingo y levantó la barbilla en un gesto desafiante que se le hizo demasiado familiar mientras gruñía por lo bajo.
"Filia permanecerá con nosotros, no la dejaré ir." Sentenció con cierto aire de superioridad mientras caminaba hacia Xellos. Valteria supo entonces que no podría evitar enfrentar al menos una vez al demonio que pretendía a Filia. Su necesidad de destruirlo por un momento más fuerte que su lógica y su plan.
El príncipe desenvainó la espada y la preparó en su mano al ver que el Rey se acercaba de aquella forma. El aura rodeó de inmediato la espada. "¿Cómo una prisionera?" Retornó con desprecio mientras avanzaba para encontrar al Rey en el camino. En menos de lo que imaginaba el Rey había desenvainado la espada que llevaba a la cintura y cargaba con ella en su dirección.
Las espadas chocaron tres veces antes de cruzarse y detenerse una sobre la otra en muda batalla de fuerza. "Creo que Filia puede elegir si desea quedarse ¿o tienes miedo de que se decida otra cosa?" Siseó el príncipe de Koubuchi mientras sus cabellos comenzaban a flotar levemente a causa del aura que lo envolvía y que chocaba directamente con la del Rey en el punto en que las espadas se tocaban.
"¿Serás tú el que le dé esa opción? Están unidos por un hechizo, no creo que pueda elegir por su propia voluntad." Xellos lo empujó con fuerza. El Rey tenía algo de razón. No había sido Filia quien había decidido salir de Tougen ni continuar el compromiso, la verdad a la joven princesa le había importado un real rábano. Pero Xellos no podía negar que se había sentido atraído por ella.
Valteria volvió a cargar contra Xellos con una rapidez que rivalizaba con la del demonio y a pesar de que el príncipe detenía los golpes su mente estaba en otros asuntos. Que Filia le gustara no significaba que la amara o que ella lo amara. Al fin y al cabo no habían tenido opción. De todo aquello haber sucedido seis años atrás estaba seguro de que hubiera podido nombrar con claridad sus sentimientos hacia la joven, pero ahora...
El Rey lo empujó con fuerza haciéndolo rebotar contra uno de los árboles con brutalidad y el tronco de madera crujió levemente, pero Xellos no se inmutó y volvió a cargar. El sonido de las espadas cargadas de energía zumbaba por lo bajo e iluminaba brevemente el claro donde se encontraban. Las espadas volvieron a cruzarse con sus respectivos dueños forcejeando tras ellas.
"Puedo... liberarla del hechizo." Susurró. Su decisión estaba tomada, haría todo lo que fuera necesario por la felicidad de Filia. "Si ella decide quedarse entonces respetaré su decisión." Ah... cómo le dolían aquellas palabras que él mismo acababa de pronunciar.
Valteria mostró abiertamente lo sorprendido que estaba en sus ojos. Disminuyó gradualmente la fuerza tras su espada cuando sintió que el demonio hacía lo propio, como si repentinamente se hubiera dado por vencido. Las espadas continuaron cruzadas y la única respiración agitada era la de Valteria, la del demonio parecía inexistente. El príncipe de Koubuchi bajó la mirada, sentía una punzada en el pecho que le torcía el alma.
Valteria sonrió para sus adentros cuando hubo salido de su sorpresa. Como siempre, Milliardo tenía razón. ¿Pero cuánto estaría dispuesto aquel demonio a proteger a su Filia? Despejó los pensamientos y se preparó para lo que iba a hacer. "Creo que no estoy dispuesto a arriesgarme confiando en un demonio."
Xellos sintió que la brisa le quemaba suavemente la piel. Observó sus manos y las vio cubiertas de un polvillo dorado. "¿Qué es esto?" Musitó cuando sintió que todo le comenzaba a dar vueltas y que perdía el balance sin más remedio que dejarse caer de rodillas al suelo, aún apoyado en la espada. El Rey le arrancó la espada de las manos y se arrodilló frente al príncipe.
"Eso es polvo de dragón." Le indicó al tiempo que levantaba forzosamente la cabeza del joven con la mano para obtener su absoluta atención. "Ahora sabremos de una buena vez cuál es la decisión de Filia." El brillo de la transformación del rey lo obligó a cerrar los ojos con fuerza para luego sentir cómo era levantado en vilo. Sin embargo, no eran manos ni brazos los que lo tomaban, eran las garras filosas del Rey dragón. Con un sencillo batir de alas se elevó por los aires, seguido de una sombra dorada un poco más atrás.
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Gracias por leer y seguir la historia. Gracias a todos los que dejaron review y ya saben, dudas, preguntas, flamas, críticas, todo es bienvenido. Ja ne!
Capítulo 10
Cordura
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Los personajes de Slayers pertenecen a su creador.
Gracias a... Peque, Wolf Greywords, ZeLaS MTALiUm, MGA_FGA, Asuka de Black, Akire, Moonlight Holy Dragon y Linita-Gabriev.
Gracias a Zhong por el beta-ing... gracias a Zelda por su buena intención al intentarlo, yo sé que sí lo hiciste Zelda.
Por lo demás, quiero decirles, que la semana antipasada la he sentido como la más larga de mi vida. Viví con intensidad esos siete días de esa semana. Reí, grité de felicidad, lloré con angustia y al final me sentí fuerte sin serlo. Luego... en la semana siguiente creo que he recibido más abrazos que los que he recibido en todos los años de mi vida.
No me arrepiento de todos los sueños que tuve que enterrar, sé que los míos no eran nada comparados con los que mi hermana tenía. Pero ella tampoco se arrepiente, ¿por qué hacerlo yo? Ella aprovechó esos siete días al igual que yo lo hice y disfrutamos a Jesús Antonio con el fervor con el que se disfruta la flor que se pone en un jarrón. Hoy hablamos de él como algo hermoso, sin pena en la voz, no hay lugar para las lágrimas ni el dolor cuando se confía en el Supremo Creador. Y se siente como si hubieramos vivido con él todos esos sueños y esperanzas. Después de todo... la historia tuvo un final feliz, pero eso es un secreto que sólo nosotros, los que hemos pasado por esta experiencia, podremos entender.
A mi sobrino, Jesús Antonio...
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Valteria aprovechó las corrientes de aire nocturno para continuar deslizándose sobre el cielo nocturno sin necesidad de lastimarse más de lo necesario. Se fue acercando al lugar donde podía sentir el grupo de invasores reunidos. Se mantuvo a una buena altura, meditando y formando un plan en su mente. Poniendo en orden su mente, no sólo con respecto a lo que pensaba hacer, sino sus sentimientos hacia Filia.
Mientra planeaba libremente en el aire recordaba eventos que hacía mucho tiempo había olvidado...
Recordó la primera vez que vio el pequeño huevo dorado que cobijaba a Filia. Parecía estar hecho de oro puro. Fue él quien lo separó del resto de la nidada cuando apenas tenía unos días y lo puso en un lugar especial, un nido justo en su habitación donde podía verlo todos los días. Desde ese momento la criatura en el interior del huevo se convirtió en su obsesión. En su mente hizo muchos planes, fuera hembra o macho sería su protegido, su hermano o hermana.
Cuando la pequeña criatura de ojos azules salió del cascarón, Valteria sintió que su corazón se unía a ella. Sus primeros pasos fueron hacia él y su primera palabra fue su nombre. Sonrió al recordar cómo lo observaban en el palacio cada vez que la pequeña Filia estaba con él. Era como si el mundo a su alrededor desapareciera y los momentos que guardaba en su corazón con extremo cuidado eran aquellos que pasaba con la pequeña, dormida en sus brazos, fiándose en que él la protegería.
Pero el día en que la profecía le fue revelada a los sacerdotes del templo fue el día en que todas las desgracias comenzaron en el palacio y en su propia vida.
Ese día lo recordaba aún. Se había vestido con sus mejores galas y había vestido a Filia completamente de blanco para llevarla al templo por primera vez. Con la pequeña en brazos se había acercado al fuego del altar para que el sacerdote los recibiera y pronunciara la suerte de ambos. En su corazón estaba seguro de que él y Filia permanecerían unidos por toda la eternidad. Pero las palabra del sacerdote sobre la pequeña casi lo hicieron perder la razón. Con angustiosa desesperación salió del palacio a toda prisa, no sin antes haber abrazado fuertemente a la pequeña y dejarla en su cuna dormida. No bien estuvo fuera de las inmediaciones del palacio se había transformado.
El atardecer lo había sorprendido en la torre, lugar en que tantas veces había observado el atardecer con la pequeña de dorados cabellos. Recordaba vagamente haber hablado con su primo Milliardo, pero no recordaba en realidad de qué, sus recuerdos comenzaban a nublarse en ese punto siempre que trataba de recordar. Sin embargo... aquel sueño... No...
Recuerdos...
Cuando la magia de la princesa Filia lo había tocado para sanarlo sus recuerdos se habían esclarecido.
Recordaba cómo había salido de la torre y se había transformado con una sola idea en su mente... la eternidad con su pequeña, nadie la tocaría.
Se había escurrido a la recámara del templo donde los sacerdotes guardaban las fórmulas secretas. Sabía dónde encontrar lo que estaba buscando. La pócima que provocaba el sueño eterno, sin dolor e instantáneo. Cuando encontró el frasco lo tomó con manos temblorosas y por unos instantes lo contempló contra la luz del templo, era cristalino, como el agua, sin olor ni color.
Sus ojos se quedaron observando el pequeño frasco con morbosa fascinación. De repente sintió que sus piernas se doblaban bajo el peso de lo que pensaba hacer. Lloró amargamente, como no lo había hecho hasta ese momento mientras apretaba con fuerza el frasco contra su pecho. El dolor fue aumentando en su interior hasta que sintió la necesidad de gritar con todas sus fuerzas, pero no podía hacerlo en el interior del templo, por lo que se puso en pie sin ver, los ojos arrasados.
En su desesperado intento por salir del templo tropezó con una de las mesas sagradas y el contenido de la misma fue a parar al suelo estruendosamente. Cayó de rodillas tratando de proteger el frasco de cristal como si se tratara de la misma Filia y al intentar levantarse sus dedos tocaron uno de los objetos. Una daga ceremonial de oro trabajada en zafiros y diamantes. La observó detenidamente, el dorado del arma le recordó los cabellos de Filia y los zafiros le recordaron aquella inocente mirada. La apretó con fuerza y terminó de levantarse, saliendo del templo como si de un sueño se tratara.
Cuando volvió a tener consciencia se encontraba caminando por el pasillo que lo llevaría hasta el cuarto de Filia. El frío se fue apoderando de su cuerpo a la vez que se iba a acercando a donde estaba la pequeña. Su querida y amada Filia, en las garras de un demonio, sin embargo su mente le estaba escondiendo sus propias intenciones. Le daría el veneno a Filia y luego... Estaba seguro que no podría soportar el perder a la pequeña, por eso en su otra mano se aferraba a la daga ceremonial. Ambos dormirían eternamente, unidos en los tenebrosos brazos de la muerte que los sujetaría silenciosamente.
Se detuvo frente a la puerta, su Filia estaba tras ella. La mano que empujó la puerta temblaba visiblemente y no podía escuchar sus labios pronunciar aquellas palabras una y otra vez.
Jamás...
Se acercó a la cuna y levantó las sábanas. Por unos instantes su mente no registraba absolutamente nada. Pero la realidad le llegó unos segundos más tarde, la cuna de Filia estaba vacía.
Los recuerdos se detuvieron abruptamente cuando Valteria sintió su pecho contraerse dolorosamente al tratar de contener un sollozo. Dos veces había intentado terminar con la vida de Filia. Eso era algo que él no se podría perdonar. Cómo había podido vivir todo ese tiempo con ese rencor era algo que no podía entender.
Cuando se enteró que Milliardo había sido el responsable de poner a Filia lejos de su alcance quiso acabar con su primo. En cuanto tuvo control sobre los dragones como su rey, lo desterró a la torre. No fue hasta mucho tiempo después, cuando su dolor por la pérdida de Filia había pasado, que se sintió en la necesidad de acercarse nuevamente a su primo. Aún así, nunca le demostró mayor interés que el de ir a la torre y sentarse por largo tiempo en el lugar donde solía llevar a Filia. Un intenso rugido escapó de su garganta y con él toda la tristeza que lo embargaba.
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Filia se había quedado en el mismo lugar donde tiempo atrás había sido sorprendida por el rey dragón. Su mente intentaba inútilmente recordar algo que continuaba al borde de su inconsciente, escapando y escurriéndose sin que pudiera atraparlo para examinarlo.
La llegada de Miliardo interrumpió sus pensamientos, traía una canasta con algo de comida pero al acercarse notó la desaparición de su rey. "¿Filia? ¿Dónde está Valteria?"
Filia levantó los ojos hasta el preocupado dragón. "Se fue." Murmuró aún aturdida. Milliardo la observó con preocupación.
"¿Te hizo algo Valteria?" Le susurró sentándose al lado de ella. "¿Qué sucedió, Filia?" Le apartó los líquidos mechones que ocultaban su rostro con la misma ternura con la que un hermano lo hubiera hecho. "¿Filia?"
Filia se enderezó de repente e intentó varias veces hablar, ¿pero qué iba decir si ni ella misma entendía lo que estaba sucediendo?
Milliardo esperó la respuesta con paciencia. Al observar a la joven sintió una profunda tristeza. Había logrado escapar una vez con ella, pero no lograría hacerlo dos veces. Al menos Valteria no había cumplido su promesa, ¿pero qué sucedería cuando la princesa mostrara dónde residía su verdadero afecto? Milliardo no estaba seguro de lo que la princesa sentía por su supuesto prometido, tampoco le había hablado demasiado de él. "Hey... Filia." Susurró nuevamente tratando de sacarla de su confuso estado. La rubia le prestó atención pero en su mirada sabía que existían pensamientos que la retenían en otro lugar además del aquí y el ahora. "¿Por qué no me cuentas algo de tu principe encantado?"
"¿Xellos?" Milliardo asintió. "El es... muy guapo y es un demonio." Se detuvo y su expresión se tornó algo lejana, pero no confusa. "No le gusta ser marioneta de nadie." Milliardo se dejó ir hacia atrás levemente, apoyándose en las manos y cruzando un tobillo sobre el otro.
"¿Cómo lo conociste?" Le preguntó algo curioso.
"Esa es una historia larga. Digamos que cuando lo conocí no sabía que él era un demonio. No lo supe hasta que se marchó."
"Entonces te engañó... como todos los demonios."
"No. No me engañó de esa forma. En lo único que nos engañamos fue en nuestros sentimientos." Le dijo con una sonrisa triste. "Yo lo supe demasiado tarde y a estas alturas no sé si él alguna vez lo supo."
"Deberías preguntarle." Hubo un silencio cómodo hasta que Milliardo volvió a irrumpir. "Al menos estás segura de lo que sientes."
"No me mal entiendas. Supe lo que sentía en ese momento, ahora ya no sé nada. Estoy tan confundida... Sin embargo siento que..." Se llevó una mano al pecho. "No lo sé, no lo sé."
Un rugido ahogado llamó la atención de Milliardo y de Filia. Por un largo rato todo se mantuvo en calma, pero luego se volvió a escuchar. "Ese es Valteria." Dijo levantándose con rapidez. "Parece que está en problemas." Dijo con agitación. "La comida está en la canasta, princesa. Iré a ver qué ocurre." Se transformó en un instante y enfiló hacia donde había escuchado el desgarrador rugido.
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Los guardianes capturados elevaron sus ojos hacia donde se escuchaba una serie de rugidos. El resto del grupo también prestó atención. El ruido se escuchaba demasiado cerca. Luego de unos quince minutos el rugido cesó. "Vaya, eso sí que fue extraño..." Exclamó la pelirroja, pero se detuvo en su exclamación cuando al fijarse en uno de los guardianes pudo discernir una lágrima deslizándose. Se acercó con lentitud al grupo. Todos continuaban con el rostro al cielo y sus expresiones estaban cargadas de tristeza.
Lina se agachó hasta quedar frente al dragón que habían capturado en un principio. El joven dejó de mirar al cielo para observarla y mientras la joven se agachaba y él bajaba el rostro, la humedad en sus ojos escapaba cristalina. "¿Qué fue eso?" Le preguntó con cierto aire de admiración.
"Es el rey." Contestó en un hilo de voz.
"¿Pero le sucede algo?"
"Está..." Un leve sollozo lo hizo callar.
"Está llorando la pérdida de la princesa dragón." Suplió el joven de ojos metálicos. "Hacía mucho tiempo que no lo hacía." Terminó casi con reverencia.
"¿Qué significa eso? ¿Acaso el rey..."
"No Lina, Filia está bien." Interrumpió la voz de Xellos. "Pero algo está a punto de suceder. Puedo sentirlo."
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Milliardo se acercó cauteloso a la figura del dragón en pleno vuelo. El movimiento parecía algo errático. "Valteria." Llamó con suavidad. Sabía que su primo podía escucharlo aunque estaban algo distanciados.
"Mil, ¿qué he hecho?" El tono sonaba algo infantil, como si de repente hubiera retrocedido en el tiempo, pero la profunda voz del rey dragón estaba llena de dolor. Se acercó aún más hasta que ambos estuvieron ala con ala, planeando paralelos en la misma corriente de aire.
"Sólo querías protegerla." Comentó con seriedad el dorado animal.
Un rugido lastimero volvió a escapar del rey dragón. "Casi la mato... dos veces." Gimoteó como un niño. "Soy peor que el demonio con el que está ahora." Volaron en silencio un poco de tiempo y en la distancia los ojos de Milliardo pudieron distinguir el campamento.
"Pienso que deberíamos intentar razonar antes de actuar. No siempre las cosas son lo que parecen."
"Nunca he pedido tu consejo antes, Mil. Por muchas razones que ahora no tienen validez alguna. Pero ahora lo hago, ¿cómo se supone que voy a remendar las cosas con Filia? Cada vez que me ve sólo puedo sentir en ella temor y desconfianza."
"Filia ya no es una niña. Ni siquiera ha crecido de la forma en que lo hubiera hecho de haberse quedado aquí." Milliardo cerró los ojos y suspiró profundamente. "Es fuerte y no tiene miedo de enfrentarse a seres más fuertes que ella. Deberías estar orgulloso de eso. Pero guarda mucha tristeza." Por unos instantes Milliardo guardó silencio mientras Valteria se volteaba a verlo para luego añadir con media sonrisa de dragón algo que casi hizo detener en pleno vuelo al rey. "Pero deberías ver cómo se le ilumina la mirada cuando habla de él."
"¿Te refieres a ese... demonio?" Por un momento Valteria pensó que se atragantaría en aquella palabra. Milliardo se limitó a una risa ahogada.
"Valteria, si has recuperado la cordura como pienso que lo has hecho, creo que deberías meditar un poco en lo que voy a decirte. Quizás de esa forma logremos que Filia finalmente encuentre la forma de transformarse, así no tendrás que preocuparte tanto por ella."
"Yo no estaba preocupado por eso..." Murmuró entre dientes el rey mientras Milliardo dejaba escapar una carcajada completa.
"No has cambiado demasiado, primo. No has cambiado demasiado." Sonrió. "Creo que Filia no tendrá problemas en perdonarte lo sucedido, pero antes debes escuchar lo que vamos a hacer."
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En el campamento todos estaban dormidos exceptuando al príncipe de Koubuchi que vigilaba atentamente los alrededores. Hacía ya mucho rato que se habían dejado de escuchar los rugidos y Lina había tenido que utilizar un hechizo de sueño sobre los guardianes para prevenir cualquier ocurrencia nocturna. Dicha princesa estaba profundamente dormida muy cerca de los dragones. Gourry dormía plácidamente a escasos metros y Youki y sus doncellas habían hecho un círculo alrededor del grupo.
A pesar de lo tranquilo de la noche algo lo tenía sobre aviso. Probablemente el rey dragón continuaba sobrevolando el cielo nocturno, sin embargo no podía distinguir con claridad la presencia dado el hecho de que se encontraba tan cerca de los guardianes. Observó satisfecho la formación de las doncellas alrededor del grupo, eso sería suficiente si algo intentaba atacar al resto, pero él tenía que averiguar qué era lo que le molestaba.
Se levantó silencioso y se envolvió en la obscura capa antes de pasar con sumo cuidado las formas dormidas a su alrededor. Justo antes de desaparecer en la obscuridad de la noche unos esmeraldinos ojos lo observaron, provocando una leve sonrisa en el dueño de los mismos.
La presencia se movía entre los arbustos y seguía sin poderla distinguir claramente. Xellos continuó siguiéndola con cautela. Era como una débil esencia a dragón y de no haber sido por sus agudos sentidos la hubiera perdido. Se detuvo cuando se sintió cerca, pero era como si estuviera en dos lugares a la vez. "K´uso." Murmuró mientras entrecerraba los ojos. "¿Quién anda ahí?" Preguntó con exasperación al sentir que la presencia se acercaba un poco. Finalmente unos cabellos acuamarinos captaron su atención. Repitió su pregunta con enojo cuando pudo delinear la sonrisa que se dibujaba en la criatura que tenía de frente.
"Soy el Rey de los dragones." Musitó el joven, acercándose con paso firme hasta quedar a poca distancia.
"Libera a Filia." Le exigió el príncipe con voz fría. El Rey le dedicó una mirada curiosa. Frente a sus ojos Valteria tenía al dichoso demonio que le había hecho perder la razón sin siquiera verlo.
"¿Por qué? ¿Alguna razón en especial?" Preguntó con lentitud, asegurándose de sostener la mirada del joven demonio.
"Es mi prometida." Le respondió con la misma intensidad.
"Eso es a causa de un hechizo, pude sentir sus efectos de cerca." El aura alrededor del príncipe se exaltó repentinamente ante la declaración. Lo estaba provocando y Xellos no arruinaría la única oportunidad que tenía de razonar con aquella criatura antes de tratar medidas más drásticas. "¿La obligaste a ser tu prometida?" El aura volvió a pulsar a su alrededor.
"No." Gruñó amenazadoramente y dio un paso al frente, ambos gestos aumentaron la curiosidad de Valteria.
"Eres un demonio. Es lo más lógico que hayas utilizando un engaño para convertirla en tu prometida." Otra violenta pulsación de energía alrededor del joven príncipe y Valteria sintió que la negatividad que emitía el demonio le provocaba algo de náuseas. Si no tenía cuidado arruinaría el propósito de su encuentro. "No permitiré que la corrompas." Gruñó decidido. "No permitiré que la toques." El aura alrededor del Rey se concentró y pulsó con la misma intensidad que la de Xellos.
"Voy a recuperarla de una forma u otra." Murmuró Xellos de forma que sólo los agudos sentidos del Rey captaron las palabras. "La quiero de vuelta."
"¿Por qué?" Preguntó el Rey en igual forma y a pesar de lo suave de las palabras Xellos sintió que se le atravesaban en el pecho. ¿Por qué? El aura que hasta hacía unos segundos parecía a punto de salir fuera de control se desvaneció. La pregunta lo había sacado de balance. ¿Qué razón podía dar él de querer a Filia de regreso?
"Ella pertenece aquí. Es un dragón, como todos nosotros." Continuó el Rey en aquella voz que le hería profundamente.
"Sé que Filia no tiene buen temperamento pero eso no significa que sea un dragón." Murmuró con media sonrisa intentando animarse. Una oleada de ira emanó del Rey, fuerte y dulce como la ira de Filia. "K´uso." Siseó obligándose a mantener los ojos abiertos. Valteria dio un respingo y levantó la barbilla en un gesto desafiante que se le hizo demasiado familiar mientras gruñía por lo bajo.
"Filia permanecerá con nosotros, no la dejaré ir." Sentenció con cierto aire de superioridad mientras caminaba hacia Xellos. Valteria supo entonces que no podría evitar enfrentar al menos una vez al demonio que pretendía a Filia. Su necesidad de destruirlo por un momento más fuerte que su lógica y su plan.
El príncipe desenvainó la espada y la preparó en su mano al ver que el Rey se acercaba de aquella forma. El aura rodeó de inmediato la espada. "¿Cómo una prisionera?" Retornó con desprecio mientras avanzaba para encontrar al Rey en el camino. En menos de lo que imaginaba el Rey había desenvainado la espada que llevaba a la cintura y cargaba con ella en su dirección.
Las espadas chocaron tres veces antes de cruzarse y detenerse una sobre la otra en muda batalla de fuerza. "Creo que Filia puede elegir si desea quedarse ¿o tienes miedo de que se decida otra cosa?" Siseó el príncipe de Koubuchi mientras sus cabellos comenzaban a flotar levemente a causa del aura que lo envolvía y que chocaba directamente con la del Rey en el punto en que las espadas se tocaban.
"¿Serás tú el que le dé esa opción? Están unidos por un hechizo, no creo que pueda elegir por su propia voluntad." Xellos lo empujó con fuerza. El Rey tenía algo de razón. No había sido Filia quien había decidido salir de Tougen ni continuar el compromiso, la verdad a la joven princesa le había importado un real rábano. Pero Xellos no podía negar que se había sentido atraído por ella.
Valteria volvió a cargar contra Xellos con una rapidez que rivalizaba con la del demonio y a pesar de que el príncipe detenía los golpes su mente estaba en otros asuntos. Que Filia le gustara no significaba que la amara o que ella lo amara. Al fin y al cabo no habían tenido opción. De todo aquello haber sucedido seis años atrás estaba seguro de que hubiera podido nombrar con claridad sus sentimientos hacia la joven, pero ahora...
El Rey lo empujó con fuerza haciéndolo rebotar contra uno de los árboles con brutalidad y el tronco de madera crujió levemente, pero Xellos no se inmutó y volvió a cargar. El sonido de las espadas cargadas de energía zumbaba por lo bajo e iluminaba brevemente el claro donde se encontraban. Las espadas volvieron a cruzarse con sus respectivos dueños forcejeando tras ellas.
"Puedo... liberarla del hechizo." Susurró. Su decisión estaba tomada, haría todo lo que fuera necesario por la felicidad de Filia. "Si ella decide quedarse entonces respetaré su decisión." Ah... cómo le dolían aquellas palabras que él mismo acababa de pronunciar.
Valteria mostró abiertamente lo sorprendido que estaba en sus ojos. Disminuyó gradualmente la fuerza tras su espada cuando sintió que el demonio hacía lo propio, como si repentinamente se hubiera dado por vencido. Las espadas continuaron cruzadas y la única respiración agitada era la de Valteria, la del demonio parecía inexistente. El príncipe de Koubuchi bajó la mirada, sentía una punzada en el pecho que le torcía el alma.
Valteria sonrió para sus adentros cuando hubo salido de su sorpresa. Como siempre, Milliardo tenía razón. ¿Pero cuánto estaría dispuesto aquel demonio a proteger a su Filia? Despejó los pensamientos y se preparó para lo que iba a hacer. "Creo que no estoy dispuesto a arriesgarme confiando en un demonio."
Xellos sintió que la brisa le quemaba suavemente la piel. Observó sus manos y las vio cubiertas de un polvillo dorado. "¿Qué es esto?" Musitó cuando sintió que todo le comenzaba a dar vueltas y que perdía el balance sin más remedio que dejarse caer de rodillas al suelo, aún apoyado en la espada. El Rey le arrancó la espada de las manos y se arrodilló frente al príncipe.
"Eso es polvo de dragón." Le indicó al tiempo que levantaba forzosamente la cabeza del joven con la mano para obtener su absoluta atención. "Ahora sabremos de una buena vez cuál es la decisión de Filia." El brillo de la transformación del rey lo obligó a cerrar los ojos con fuerza para luego sentir cómo era levantado en vilo. Sin embargo, no eran manos ni brazos los que lo tomaban, eran las garras filosas del Rey dragón. Con un sencillo batir de alas se elevó por los aires, seguido de una sombra dorada un poco más atrás.
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