Los personajes de esta historia pertenecen a la serie Naruto & Naruto Shippūden © Masashi Kishimoto
Capítulo 10. Alcanzar la madurez.
- Habéis hecho un gran trabajo – dijo Tsunade. – Los dos equipos os habéis ganado un descanso.
Shikamaru y sus amigos caminaban en dirección a sus casas.
- Disculpad – dijo Shikamaru – Os acompaño hasta aquí.
- ¿Eh? Pero si tu casa está por allí – dijo Ino.
- Sí, pero iré después – dijo Shikamaru.
El joven Nara se fue en la dirección contraria que sus compañeros.
- ¿Qué le sucede? – dijo Ino indignada.
- Tranquila, tranquila… - dijo Chōji.
Shikamaru se había acordado de que todavía le quedaba algo pendiente. Quiso visitar la tumba de Asuma.
- ¿Está bien que estés aquí? – le preguntó a Kurenai.
- Shikamaru… - dijo ella a modo de saludo.
El Chūnin se acercó y dejó el mechero y la cajetilla en la lápida de Asuma.
- Ya no tienes con quién jugar shōgi, ¿verdad? – dijo Kurenai – Tú eras el alumno favorito de Asuma, supongo que te debes sentir un poco solo.
- Me enseñó muchas cosas. Algunas bastante tontas, otras muy útiles y sabias. El shōgi fue una de esas. – dijo Shikamaru –No puedo decir que no estoy triste, sería una mentira, pero… el problema es que no puedo ser un niño para siempre, tampoco puedo echarme a llorar por él. Siempre tomé mis responsabilidades como algo muy problemático, pero siempre fue porque era un niño al que Asuma protegía. Ahora lo entiendo… Siempre fue un maestro extraño que parecía no saber nada… Pero siempre será el adulto más genial que he conocido.
Kurenai sonrió ante las palabras de Shikamaru. Entonces se puso de pie pero todavía mirando la lápida dijo:
- Es por eso que ahora me toca a mí – dijo mirando el vientre de Kurenai – Cuando ese niño nazca será mi turno de protegerlo. ¡Yo también quiero ser un adulto genial!
- Gracias – respondió Kurenai.
...
Shikamaru pasó el resto de la tarde en su casa jugando shōgi con su padre.
- Vaya papá eres más bueno que Asuma. – dijo Shikamaru. Entonces hizo otra jugada moviendo una pieza clave.
- Je, ¿el General de Plata? – dijo su padre.
N.A: (El "General de Plata" hace referencia a la pieza del tablero a la que se asocia a Asuma)
- Cuando proteges al Rey de enemigos poderosos, debes hacer ciertos sacrificios.
Su padre movió ficha.
- Si juegas así, tendrás que enfrentarte a mi Caballero – dijo el joven Nara.
N.A: (El "Caballero" hace referencia a la pieza del tablero a la que se asocia a Shikamaru)
- Sin importar lo que haga perderé mi Alfil – dijo Shikaku. – Jugar así a tu Caballero es jugar sucio.
- Si los shinobi de Konoha fueran piezas de shōgi, yo sería el Caballero.
- ¿Qué estás diciendo? – dijo su padre recordando cuando jugaba con Asuma.
- Eso dijo Asuma.
Shikaku sonrió y dijo:
- Te conocía bastante bien, el viejo Asuma. – dijo su padre – Entonces, ¿quién es el Rey?
El joven Nara por fin tenía la respuesta.
- Los niños que todavía estar por nacer y que heredarán Konoha. Ese es el Rey.
Su padre sonrió orgulloso.
- Creo que lo entendiste bien… Y también creo que es jaque. – dijo Shikaku. Y su hijo se quejó. – Aún no eres tan fuerte como para proteger al Rey. Mocoso…
- ¡Maldición! – masculló.
Ahora se habían cansado de jugar y estaban recogiendo el tablero de shōgi.
Shikaku estaba muy contento observando a su hijo caminando delante de él. En estatura y en físico ya era muy parecido. Veía que Shikamaru estaba en paz consigo mismo ahora que había vengado la muerte de Asuma. Él nunca le llegaría a decir todo lo orgulloso que estaba por sus hazañas. Pero Shikamaru sabía que en cierta forma era el orgullo de su padre. Shikaku tampoco le diría nunca lo mal que lo pasó en el tiempo que Shikamaru estuvo fuera intentando matar a Hidan y a Kakuzu.
Pero a Shikamaru le hacía falta algo más para sentirse completo...
- Godaime-sama nos ha concedido varios días de descanso – le informó a su padre – Me gustaría ir unos días a Sunagakure.
Su padre recordó lo que vio aquel día. Aquel día en que Shikamaru estaba acostado en la cama con Temari.
- ¿Eso tiene que ver con aquella chica? – dijo Shikaku.
Shikamaru se avergonzó.
- Si ella sabe lo que ha pasado y piensa que me he muerto me estará odiando - dijo caminando hacia otro sitio lejos de allí. – y no quiero que me odie...
- Eres todo un hombre ya Shikamaru – le dijo Shikaku poniendo una mano en el hombro de su hijo. Shikamaru se sintió vulnerado y frunciendo el ceño se apartó ligeramente de su agarre.
- Vale papá... que molesto...
Shikamaru preparó su equipaje y trató de irse antes de que nadie pudiera cambiarle los planes.
Caminaba a paso ligero en dirección a Sunagakure. El primer día avanzó bastante y cuando anocheció, decidió que era momento de descansar un poco.
Se sentó y se apoyó contra un árbol.
- (suspiro)…
Entonces cerró los ojos y levantó la cabeza. De pronto sin darse cuenta empezó a hacer un movimiento con los dedos. Era el movimiento que hacía para abrir el mechero de Asuma. El joven Nara se había pasado tantas horas seguidas haciéndolo que se había acostumbrado.
Bajó la cabeza y busco entre su mochila un objeto. Al sacar sus manos llevaba un mechero y una cajetilla de cigarros.
Shikamaru le había devuelto cajetilla y el mechero a Asuma. No obstante ahora tenía su propio material. Al fumar Shikamaru sentía que Asuma seguía vivo de alguna manera.
Entonces, de repente se sobresaltó. Al parecer otro shinobi pasaba cerca de ahí.
No era raro, pues estaba en el camino principal.
Shikamaru cogió rápidamente sus cosas y se escondió para poder observar quién era. Pero tardó demasiado y aquella persona se dio cuenta aunque él esperaba que no.
- ¿¡QUIÉN ANDA AHÍ!? – escuchó la voz de una mujer altanera y sintió una ráfaga de viento que destrozó el arbusto donde se había ocultado y lo tiró al suelo al igual que su cigarrillo.
- Menudo encuentro… qué problemático… - dijo Shikamaru al sentirse a salvo al reconocer a la kunoichi.
- ¿SHIKAMARU, ERES TÚ? – dijo Temari todavía alterada.
- Hola Temari… - dijo Shikamaru desde el suelo. Entonces utilizó una de sus manos para levantarse pero tuvo la mala suerte de tocar la colilla todavía encendida. – AAAGHH – se quejó. – Mierda…
- ¿Qué es eso? – dijo ella.
- Nada… - dijo el joven Chūnin.
- ¿¡Estabas fumando Shikamaru!? – le regañó Temari. Ella se acercó y pisó la colilla
- Culpable… - dijo él rindiéndose.
- ¿Te estabas escondiendo? – le acusó ella.
- Estrategia se llama… - se excusó el Nara.
Temari le miró con la boca torcida y el ceño fruncido.
…
Ella encendió una hoguera y se sentaron al lado.
- Deja que te cure – dijo la rubia. Shikamaru se ruborizó recordando que la última vez que ella estuvo en Konoha intimaron bastante.
Temari anhelaba contacto físico y por eso le ofreció curarle.
- No importa, esto se cura solo – dijo él haciéndose el fuerte.
- Nada de eso… - dijo ella.
Entonces sacó un frasquito pequeño que tenía una crema. Ella le untó la zona de la quemadura y después le puso una venda. Él la observaba y cuando ella acabó se miraron fijamente. Él quiso probar suerte para comprobar en qué situación se encontraba su relación. Intentó besarla.
Ella giró la cara bruscamente evitándole. Miró el fuego de la hoguera y él pudo ver sus mejillas bastante coloradas.
- ¿A dónde te dirigías? – preguntó ella en un susurro.
Shikamaru meditó su respuesta.
- A Sunagakure – admitió.
- ¿Para qué? - insistió ella.
Él tardó un poco en contestar.
- Quería verte – dijo él con toda la naturalidad del mundo y a Temari se le hizo un río entre las piernas. El corazón ya lo tenía acelerado, ahora solo faltaba que se le notara el pulso tembloroso. Todavía tenía la mano de Shikamaru entre las suyas después de ponerle el ungüento.
- ¿Y tú? – preguntó él aunque ya sospechaba la respuesta.
- A Konohagakure – dijo ella esquivando su mirada.
- ¿Para qué? – preguntó él de la misma manera que ella le había preguntado.
- Me enteré de lo ocurrido con tu maestro... quería saber cómo estabas y si necesitabas mi ayuda – respondió ella ahora mirándolo a los ojos. Él la miró unos segundos pero no pudo soportar la mirada ansiosa que ella tenía.
Estaban tensos, realmente no sabían cómo expresar sus sentimientos. Se quedaron en silencio evitando mirarse, o mirando al fuego.
- Esto es demasiado problemático… - dijo Shikamaru encendiendo otro cigarrillo.
Temari lo miró atónita. Se veía demasiado sexy de repente, pero aun así le parecía mal.
- ¿Ahora fumas Shikamaru? – preguntó ella.
- Han pasado muchas cosas… - dijo él con la mirada cambiada. La verdad es que Temari pudo apreciar que algo en él había cambiado.
- La Temari del pasado que no te conocía bien te diría que debes ser capaz de soportar cosas así... – dijo ella – ahora, sólo te diré que si necesitas un hombro en el que llorar me tienes a mí.
Él la miró sorprendido.
- Gracias... – dijo él dando una calada - Lo de Asuma ha sido un duro golpe – dijo el joven Nara.
- Iba a Konoha para saber si querías vengar su muerte – admitió ella. – Esos de Akatsuki son muy fuertes, quería decirte que ni lo intentes Shikamaru – dijo ella casi desesperada.
- Eran… - dijo Shikamaru quitándose el cigarrillo de la boca y mirándola con ojos penetrantes. – Ya me he vengado.
Temari no se lo podía creer. ¿Él se había enfrentado a dos shinobis de ese nivel y los había derrotado? ¿Tan rápido? ¿El mismo chico que solía decir ser el cobarde nº 1 de Konoha?
- ¿Cómo…? – dijo ella.
- Hidan y Kakuzu… - empezó a explicar él. – Sin duda los enemigos más peligrosos a los que me he enfrentado hasta ahora. La primera vez que luché contra ellos con Asuma conseguimos decapitar a Hidan pero él no murió. Su cabeza seguía parloteando en el suelo y se reía como un loco. Entonces Kakuzu le cosió la cabeza.
Shikamaru levantó una pierna y se apoyó en ella. Dio otra calada.
- Aquella vez no tuve mucha oportunidad de ver en acción a Kakuzu pero analicé al máximo las habilidades de Hidan. Fue muy frustrante pensar una estrategia para acabar con ellos porque eran una caja de sorpresas. Si a eso le añades mi debilidad y la falta de chakra… Ese Hidan cobraba el aspecto de un shinigami al probar sangre de otra persona y empezaba un ritual extraño en el que dibujaba un círculo en el suelo dentro del cual debía colocarse para herirse a sí mismo. De esa manera consiguió arrebatarle la vida a Asuma. Kakuzu sin embargo no actuó demasiado, sólo pude ver que desprendía partes de su cuerpo a voluntad como si por dentro no tuviera nada más que cables. Era muy extraño.
El joven acabó su cigarro y encendió otro.
- Los días después de su muerte estuve pensando mil maneras de acabar con ellos. Al parecer, ese tal Kakuzu quería el cuerpo de Asuma para cobrar una recompensa. Por lo que pensé que Konoha todavía se encontraba en peligro. Me di cuenta de que Hidan era impetuoso y realmente no muy inteligente. Luchaba a lo loco porque era inmortal. Sólo le importaba conseguir un poco de sangre de algo, sólo hacía falta una gota y ya te tenía… Mi estrategia final fue la mantenerlos separados porque contra los dos juntos era imposible si cada vez que cortáramos en pedazos a Hidan, Kakuzu lo iba a coser.
Pensé que si engañaba a Hidan y le hacía creer que me había cortado bajaría la guardia, así que conseguí sangre de Kakuzu y realizó su ritual como si me estuviera matando. Tuve que ser muy preciso porque a la mínima gota que obtuviera de mi sangre me habría matado. Kakuzu no llegó a morir con ese ataque porque él guardaba muchas sorpresas. Tenía cinco corazones y había que cargarse a los cinco. Pero confié esa tarea al resto de mi equipo mientras me encargaba de Hidan. Y así fue todo – finalizó él.
Temari estaba alucinada. Para ser tan vago se había tomado muchas molestias en esa estrategia.
- Pero, si Hidan era inmortal, ¿cómo lo mataste? – preguntó ella.
- Le hice estallar en pedazos y lo enterré en un lugar donde nadie nunca jamás lo encontrará. – dijo Shikamaru muy serio acabándose otro cigarro.
Temari sonrió por unos instantes pero enseguida se mostró molesta.
- SHIKAMARU, ¡deja ya de fumar tanto…! – le regañaba la rubia - ¿Por qué has empezado a fumar?
- El tiempo que planeé mi venganza me fumé gran parte del paquete que dejó Asuma… - explicó él. – Pensaba dejarlo después de vengarme pero… supongo que es muy problemático dejar esta mierda…
La rubia le cogió el cigarrillo nuevo que el chico sacaba de la cajetilla y se lo tiró al suelo.
- ¡Eh! – se quejó Shikamaru – Maldita sea, ¡Temari…! ¡Deja ya de sermonearme!
Pero ella tenía una cara que parecía que se estuviera enfadando aún más.
- Joder… - dijo él.
Se quedaron de nuevo en silencio mirando el fuego que se debilitaba poco a poco.
- Siento que eres la única persona que puede alegrarme estos días que tengo libres – dijo de repente Shikamaru – el resto de gente me va a estar dando el pésame y... no es lo que necesito.
- Estoy para lo que necesites – dijo ella sincera – ya lo sabes.
Temari se atrevió a mirarle a los ojos pero se quedaron así un rato. "Vaya si eran malos expresando sus sentimientos" pensaba mientras viajaba a un mundo de placer en su mirada.
