NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.

¡Hola a todos!

Sé que me tardé mucho en traerles este capítulo, disculpen. La última semana de vacaciones me fui a San Luis Potosí (la ciudad) y pasé un agradable tiempo familiar. Luego regresé a clases y sentí toda la presión de los últimos días de estudio, tan terriblemente pesados. En fin, mi compensación por lo que les hice esperar es que este capítulo es bastante largo (22 hojas de word). Es el tan esperado capítulo de los celos, así que ¡disfruten!

Reviews:

Guest: ¡Al fin el nuevo capítulo! y es muuuy largo, para que lo disfrutes =D

SharOn: al contrario, mil gracias a ti por leer c:

Christy VQ: Muchas gracias, yo también espero que este capítulo de celos me haya salido tan bueno como en mi imaginación XD

Reny: jeje, si el review se dividió pero aún así fue entendible. No soy mucho de doramas, pero veré tu recomendación. Gracias por leer y me alegra mantener el toque mágico que mencionas en mis escritos.

Forever MK NH: la canción se llama "How does a moment las forever" y es del soundtrack de la Bella y la Bestia versión 2017. Te la recomiendo, muy hermosa.

Aviso.-Contiene Crossover, con Frozen.


Ese extraño sentimiento…

—¡Lo siento mucho!—dijo Anna por sexta ocasión en el día—No fue mi intención, disculpa…

—No pasa nada—respondió Belle, quien sostenía sobre su cabeza una bolsa de tela con hielo—Enserio, sólo ocupo descansar un poco…

—¿Quieres que te traiga algo de comer? ¿Chocolate, sándwiches, pastelillos?

—No, sólo quiero dormir.

—Oh, entiendo—dijo la preocupada princesa—Descansa, y hazme saber cualquier cosa que necesites.

—Gracias Anna.

Belle cerró la puerta y arrastró los pies hasta la cama, en donde se desplomó. Acomodó nuevamente la bolsa con hielo sobre la cabeza y cerró los ojos. Se sentía adolorida y un poco mareada, pero el doctor le dijo que un poco de té y descanso sería suficiente. Después de todo, sólo se había dado un fuerte cabezazo… con un bloque de hielo.

Era invierno, y en Arendelle las nevadas eran cosa diaria. Adam y Belle habían hecho un viaje al reino norteño por cuestiones diplomáticas, había que ratificar algunos acuerdos comerciales e impuestos aduaneros. Belle estaba encantada ante la idea de conocer uno de los reinos más bellos y prósperos de la región Escandinava. Apenas se casaron, la pareja comenzó muchos viajes por motivos románticos, pero ese era su primer viaje por cuestiones diplomáticas y la embargaba la curiosidad sobre cómo llevarlo a cabo.

La reina Elsa y la princesa Anna los recibieron en el puerto y los escoltaron al palacio real. La pareja recibió un montón de atenciones principalmente de Anna, la joven princesa enérgica a la que nada parecía detener. En cambio, Elsa tenía un porte más tranquilo y elegante. Era evidente que las dos hermanas tenían una relación muy estrecha y se llevaban bien, aunque saltaba a la vista lo diferentes que eran.

Y de alguna manera las diferencias entre ambas princesas proyectaron también las diferencias en ellos mismos. El espíritu aventurero de Belle encontró una excelente compañía en el carácter abierto y enérgico de Anna, quien la llevaba por todos los rincones del palacio y la capital para mostrarle la cultura y los lugares más bonitos de Arendelle. En cambio, las actitudes refinadas de Elsa combinaban muy bien con la educación elitista de Adam, y ambos podían estar sentados tomando té y dialogando tranquilamente haciendo ocasionales bromas durante horas.

Llevaban ya una semana en Arendelle, y todo había marchado a la perfección. Ese día en la mañana Anna le sugirió llevarla a la pista de patinaje más grande del reino, ubicada en los límites de la ciudad con el bosque.

—Te encantará—dijo Anna—Hay muchas personas ahí, y podré enseñarte a patinar en hielo sin problemas porque hay mucho espacio. Y el viejo señor Oddel hace el chocolate caliente más delicioso del mundo ¡Vamos!

Belle accedió, pero ni Adam ni Elsa se apuntaron a dicha aventura, diciendo que aún tenían trabajo que hacer,

—Diviértete ma belle—le había dicho él.

Y en efecto, se había divertido mucho, hasta que se resbaló y cayó de espaldas, pegándose con un enorme bloque de hielo que marcaba la división de la zona para principiantes y la zona de avanzados. El golpe fue tan fuerte, que la dejó inconsciente durante casi una hora, tiempo en que Anna sintió que le daría un ataque al corazón por la angustia.

Kristoff, el amable y fortachón novio de Anna, la cargó hasta el palacio donde el médico la examinó. Le dolía la cabeza y un poco el cuello, pero el doctor dijo que era normal; le dio una infusión especial y le recomendó no hacer movimientos bruscos en tres días, además de mucho reposo.

Ahora mismo estaba recostada y con los ojos cerrados. Le dolía menos la cabeza, pero aún sentía mareo.

—¿Adam?—llamó débilmente, luego con más fuerza—¡Adam!

Si era honesta consigo misma, no se sorprendió de que no hubiera respuesta. Adam le había dicho que pasaría la tarde con Elsa en el despacho de la reina, terminando de redactar los nuevos protocolos reales.

Belle no tenía nada por lo cual quejarse. El palacio era bello y cómodo, todos la trataban con amabilidad y cortesía. Anna era una anfitriona excepcional que no la dejaba aburrirse ni un instante. Kristoff era un hombre divertido con el cual siempre reía. Elsa era muy educada y una compañía afable. En el pueblo todos se mostraban felices de verla, había recorrido y conocido lugares que nunca pensó ver y podía escribir libros enteros sobre las cosas que había hecho esos siete días en Arendelle.

Pero aun así, había un sentimiento amargo en su interior que no podía nombrar. Una emoción que no recordaba haber sentido nunca, y que le hacía trizas el estómago todas las noches. No sabía por qué se sentía así, lo que sí entendía era que de alguna forma se relacionaba con Adam.

En un principio había tenido cierta preocupación de que Adam no se mostrara la suficiente educación en aquel viaje. Desde el incidente que tuvieron en París con la esposa de Lord Avignon, Adam se había mostrado reticente ante la idea de convivir con más nobles. Había conseguido comportarse en la corte por Belle y por la presencia del rey, pero no creía poder mantener esa compostura todo el tiempo.

Sin embargo era necesario el viaje a Arendelle, la ratificación de esos acuerdos era materia urgente para ambos reinos. Belle estaba más segura de aquél viaje porque había conocido antes a la princesa Anna y la encontró encantadora. Adam en cambio iba con todo el recelo acumulado tras un año entero de bailes y atenciones hipócritas por parte de la corte francesa. Belle había estado preocupada de que, al llegar, Adam se mostrara descortés con la reina y eso perjudicara su misión diplomática.

No pudo estar más equivocada. Apenas Adam y Elsa se conocieron, una chispa pareció encenderse. La reina y el príncipe pasaban muchas horas juntos, a veces redactando los protocolos y acuerdos, pero otras ocasiones jugaban ajedrez, charlaban sobre libros o simplemente paseaban disfrutando de su compañía. Adam mismo se sorprendió y así le comentó en su primera noche en Arendelle:

—Hace mucho tiempo no conocía a una mujer como la reina Elsa. Me recuerda en varias cosas a mi madre, es muy educada y tiene un porte soberbio, pero al mismo tiempo es humilde y tranquila. Me agrada bastante.

Belle estuvo feliz esa noche pensando en que Adam finalmente estaba haciendo crecer su círculo de amistades, la reina Elsa era una buena mujer y debido a la camaradería que surgió entre ellos todo el ambiente se tornó alegre y tranquilo. Sin embargo, tras varios días de ver a Adam pasar toda la tarde con Elsa, Belle comenzó a sentir algo extraño, como si su estómago se contrajera, pero no eran náuseas ni mareos…no entendía qué le pasaba.

Incluso ahora, con la cabeza dolorida y sabiendo que Adam estaba trabajado en el despacho con Elsa, se sentía molesta. No tenía ninguna razón para estarlo, pero así era. No comprendía de dónde provenía esa extraña enfermedad de antipatía, enojo y mal humor, pero todo se relacionaba a Adam.

Y hablando del rey de Roma…

¿Chérie?—el príncipe entró a la habitación y no tardó ni dos segundos en estar a su lado—Anna nos contó de tu accidente ¿cómo te sientes? ¿quieres que te traiga un té?

Adam acomodó la bolsa de hielo sobre su cabeza y cerró las cortinas, haciendo que la habitación estuviera más oscura. Belle inmediatamente sintió su dolor de cabeza disminuir.

—Estoy bien—dijo, pero su voz sonaba enfadada.

—Debí advertirle a Anna para que te cuidara más—se sentó a su lado en la cama—No pensé que pudieras lastimarte. Como eres excelente alumna deduje que aprenderías rápido a patinar…

—No es nada serio. De verdad estoy bien.

Adam volvió a acomodarle la bolsa con hielo.

—Esto es ya pura agua fría—comentó—Iré por más hielo ¿segura que no ocupas algo?

—No, gracias.

Adam notó el mal humor de su mujer, pero pensó que sería por el dolor o los mareos que acaecían por su golpe. Salió en dirección a la cocina. Pocos minutos después Belle escuchó que tocaban la puerta, gimió por lo bajo pensando que podría ser Anna –la pobrecita se sentía tan culpable que se desvivió en atenciones para consolarla– y aunque no estaba de humor, murmuró un quedo "pase".

—Disculpa, no quería incomodarte—no era Anna, era la reina Elsa, que se veía preocupada—Anna me comentó lo que pasó… ¿Hay algo que pueda hacer para que te recuperes más rápido?

"Sí, déjenme tranquila" pensó.

—No es nada de lo que deba preocuparse majestad—fue su respuesta en voz alta—Gracias por sus atenciones. Han sido muy amables conmigo.

Elsa no dijo nada, pero caminó y se puso frente a ella. Belle tenía los ojos cerrados, pues la oscuridad mitigaba su dolor de cabeza. Frunciendo el ceño, Elsa colocó suavemente su mano sobre la frente de la princesa, Belle sintió un potente pero reconfortante frío invadirla y el dolor de cabeza desapareció por completo.

—Será mejor que te deje dormir—dijo la reina—Descansa, buenas noches.

Belle abrió los ojos justo cuando Elsa cerraba las puertas, aquél tacto frío le pareció extraño, pero más que nada la desconcertaba que repentinamente se sentía muy bien. No había ya dolor ni mareos. Se recostó en la cama viendo al techo ¿Qué había sido eso?

Adam llegó sosteniendo una bandeja con hielos, los cuales puso en la bolsita de tela y acomodó tiernamente sobre la cabeza de Belle. Ella no rechazó el gesto, aunque no le dolía ya nada. Adam también la hizo comer un poco de fruta picada y le sirvió té.

—Descansa mon amour—le susurró en el oído, y la arropó mimosamente.

Belle miró al techo sintiéndose confundida. Por un lado esa sensación extraña en su abdomen no desaparecía, pero por otro lado las atenciones de su esposo la hacían sentirse algo más contenta. Cerrando los ojos, Belle creyó que era suficiente pensar por un día. Lo mejor sería descansar y dejar que su mente se relajara… sí, eso era lo mejor.

-o-

Adam notó a su esposa de mejor humor la mañana siguiente, Belle le dijo que se sentía mucho mejor, pero por recomendación del doctor la princesa no debería salir del palacio. Era mejor que se quedara descansando en cama, o a lo mucho recostada en algún sillón. Tampoco era recomendable que leyera, porque eso requería esfuerzo y su mente ocupaba descansar. Belle hizo un mohín ante esa última indicación del médico.

—¿Y qué voy a hacer en el día?—preguntó al doctor, cruzándose de brazos.

—Insisto en que debe reposar, alteza—repuso el médico, guardando sus instrumentos en el maletín.—Puedo ver que está mucho mejor, pero quiero asegurarme de que no desarrolle alguna complicación posterior.

Ma belle, debes escuchar al doctor.

—Lo sé, lo sé…

El doctor le dejó una ampolleta con una medicina que debía tomarse al mediodía y se fue. Belle miró de soslayo unos libros que estaban en la cómoda a su lado, pero Adam también lo notó y rápidamente los agarró.

—Nada de lectura hasta mañana—le dijo—Órdenes del doctor.

Belle se cruzó de brazos molesta.

—Será un día muy aburrido.

Elevó las piernas abrazándolas y reposando la barbilla sobre sus rodillas, Adam la veía tan adorable siempre que hacía esa pose, que no pudo evitarlo y se inclinó para darle un corto beso.

—Sólo será un día, chérie.

Luego agarró su chaqueta color verde y se la puso rápidamente, acomodándose la corbata roja en el proceso.

—¿Me vas a dejar aquí sola todo el día?—reclamó Belle, quien al menos había tenido la ligera esperanza de contar con su esposo para que le hiciera compañía.

—No, sólo una parte del día—Adam notó cómo su esposa frunció el ceño—Hoy es la firma de los acuerdos que Elsa y yo hemos estado revisando. Debemos firmarlos con algunos nobles y secretarios como testigos.

¿Era enserio? ¿Su esposo hablaba enserio? Casi no lo había visto desde que llegaron a Arendelle y ahora que lo necesitaba también se estaba marchando.

—¿No puede ser mañana? ¿tiene que ser precisamente hoy?

—Lo siento mon amour, quería que fueras a la ceremonia, pero no contaba con que tendrías ese pequeño accidente.

—¡Pero si me siento perfectamente!—para demostrarlo, se puso de pie de un salto, cosa que la mareó un poco.

—El doctor acaba de decirte…

—No quiero estar sola aquí todo el día, Adam.

—Amor, es lo que vinimos a hacer, a firmar estos documentos. No puedo saltarme la ceremonia.

Belle sabía que tenía razón, y sabía que no debía enfadarse, pero en el fondo esa misma sensación de enfermedad que le retorcía las entrañas estaba desatándose en todo su esplendor. Se dejó caer nuevamente en la cama con expresión malhumorada. No recordaba haberse sentido nunca así en su vida.

Y tampoco entendía por qué se imaginaba a Adam al lado de una bella Elsa, y el inmenso coraje que sintió ante esa imagen mental.

Antes de que Belle dijera algo de lo cual pudo haberse arrepentido, tocaron la puerta y Adam dijo un fuerte y claro "pase". Era Anna, quien llevaba en sus manos una bandeja de plata con un espléndido y sano desayuno.

—Es para Belle—dijo, colocando la bandeja en la cómoda—Es lo menos que puedo hacer para asegurarme de que estés bien.

—Gracias, yo…

—Anna ¿podrías hacerme un inmenso favor?—preguntó Adam haciendo que la princesa de Arendelle se emocionara.

—¡Claro que sí!

—Necesito ir con tu hermana a firmar los acuerdos que tenemos pendientes—explicó el príncipe—El médico le prohibió a Belle leer o hacer cualquier actividad que requiera mínimo esfuerzo ¿serías tan amable de hacerle compañía esta tarde? Sólo en lo que yo regreso.

—¡No se diga más!—Anna inmediatamente se puso al lado de Belle y le agarró de la mano—Podremos platicar o dibujar o hacer algo que te entretenga para que no te aburras mucho ¿te parece?

—Pues…

—Excelente—Adam se inclinó y besó a Belle en la frente, y a Anna en la mejilla—Volveré tan pronto como pueda.

Belle miró a su esposo salir de la habitación y sintió cómo Anna la arropaba de forma casi mimosa.

—¡Hay muchas cosas de las que podemos hablar!—dijo la princesa, feliz ante la idea de ser útil—Dime Belle ¿cómo se conocieron tú y Adam?

Anna se sentó frente a ella en la cama y agarró de la bandeja un plato con cereal, haciendo una expresión que le dejó en claro a Belle que no se iría de ahí pronto.

Seguía sintiendo esa extraña emoción en su estómago, pero Belle se esforzó en olvidarla y responder las preguntas de Anna. Después de todo, esa muchacha no tenía la culpa de que se sintiera así. Pero en el fondo no podía sacarse de la cabeza esa imagen de Elsa y Adam juntos, firmando y sonriendo, quizá haciendo un brindis ¿por qué la disgustaba tanto eso? ¿por qué estaba tan molesta con Adam, aún cuando sabía que él solo estaba haciendo su trabajo?

La conversación siguió fluida, en buena parte por lo buena que era Anna para llevar ella misma la mayor parte de las preguntas y respuestas; cuando Belle se sintió lo suficientemente animosa como para empezar a olvidar su enfado hacia Adam, Kristoff interrumpió la sesión de charla femenina.

—¿Qué es lo que sucede?—preguntó Anna, notando a su novio algo preocupado.

—Pues… sucedió un inconveniente, en el "otro" palacio—hizo comillas con la palabra otro, lo cual no pasó desapercibido para Belle.

—¿Otro palacio?—inquirió—¿Tienen dos palacios?

Anna miró a Kristoff con una mueca, sonriéndole nerviosamente a Belle mientras se ponía de pie y alisaba la falda.

—Bueno… no es en sí un palacio… es más bien como una…

—Una casa, en la montaña—continuó Kristoff, intentando ser de ayuda.

—¡Sí, sí! Es donde vacacionamos… los veranos… está muy arriba, donde siempre hace frío, porque Elsa es…

—¡Elsa no soporta el calor!

—Exacto, eso, eso…. Bueno, pero creía que nuestro amigo Olaf estaba cuidando esa casa ¿no?—dijo la princesa viendo a su novio, quien estaba aún más nervioso que ella.

—Olaf está aquí—respondió casi entre dientes—Y quiere hablar contigo del problema.

—¿¡Está aquí!?—Anna estaba alarmada, según instrucciones de Elsa ninguna visita extranjera podía ver a Olaf—Pero…

—Está abajo, esperándote en el recibidor—el tono de Kristoff era apremiante.

—Oh—Anna se llevó una mano a la boca—Yo… tengo que atender eso… lo siento, pero es urgente… Kristoff ¿te molestaría quedarte con Belle en lo que regreso? ¡Gracias, gracias! No tardo.

Sin esperar respuesta, Anna se marchó dejando a Belle y Kristoff solos. El muchacho miró a la princesa, volteó hacia la puerta, y la miró nuevamente, llevándose una mano a la cabeza para revolverse el cabello.

—Y… ¿cómo estás?

Por un lado, Belle estaba extrañada ante la tensa y nerviosa conversación que Anna y Kristoff habían tenido frente a ella, y por otro lado el buen trabajo que estaba haciendo Anna en distraerla se esfumó apenas apareció Kristoff, quien de alguna manera le recordó a Adam y su anterior mal humor. Tiempo después Belle deduciría que su reacción se debió a una gran acumulación de sentimientos confusos, pero ese día se sintió tan correcto decir:

—Frustrada, cansada y muy confundida—la princesa no pudo contenerse más y explotó—No sé qué me pasa, me siento mal cuando no tengo razón para estarlo ¿alguna vez te ha pasado eso?

Kristoff la miró fijamente.

—Pues… no realmente, yo…

—Todo empezó el día siguiente cuando llegamos. Es decir, el primer día fue excelente, y me divertí mucho. Pero el segundo día cuando Adam y Elsa se fueron a tomar té solos sentí algo extraño, no termino de entender cómo pero…

Belle siguió y siguió explicando durante minutos que parecieron horas. Todos y cada uno de sus confusos sentimientos emergieron, Kristoff escuchó atentamente a la princesa, buscando un asiento cómodo y agarrando ocasionalmente de las galletas que habían quedado en la bandeja del desayuno. Estaba acostumbrado a los grandes monólogos de Anna cuando salían a pasear y era evidente que esa mujer necesitaba desahogarse.

Cuando sintió que ya no le quedaban palabras, Belle suspiró y repentinamente su ser parecía estar liberado. Miró a su acompañante, y nuevamente abrazó sus propias piernas.

—¿Y bien? ¿Qué crees que sea?

Kristoff se terminó su última galleta antes de responder.

—Sólo estás celosa—explicó como si fuera lo más sencillo y natural del mundo—Te dan celos lo bien que se llevan Adam y Elsa.

—¿Celos?

Belle repitió la palabra para asimilarla, claro que conocía su significado, pero nunca se le había ocurrido por la mente que ella pudiera ser una mujer celosa.

—Sí, celos. Es normal, a todos nos pasa de vez en cuando. Yo también siento celos por Anna a veces.—comentó él, recordando al molesto barón de quién sabe dónde que en todos los bailes seguía a Anna como perrito faldero.

Belle se llevó ambas manos al rostro, haciendo una expresión de angustia.

—Pero… yo… es que nunca…

—¿Nunca te habías sentido celosa antes?

—Pues, no.

La expresión de Kristoff era de total asombro.

—¿Ni siquiera de otros novios?

—Adam ha sido mi único novio.

—Ahhh, con razón—Kristoff se puso de pie, sintiéndose de repente un gran conocedor—Mira, cuando estás enamorado sentir celos es lo más normal del mundo. El querer y apreciar a alguien nos hace a veces temer que esa persona pueda irse de repente, o que alguien más intente conquistarlo. Pero aunque sea normal, tampoco debes dejar que esos celos te controlen ¿confías en Adam?

—Sí.—respondió sin dudar.

—Entonces no tienes de qué preocuparte. Problema resuelto.

Ese hombre hacía que todo sonara tan fácil.

—Supongo que tienes razón.

Belle también se puso de pie, cubriéndose con una bata.

—¿No se supone que debes reposar?—preguntó Kristoff, preocupado ante la idea de que Elsa o Anna lo regañaran (principalmente Anna).

—Ya he estado acostada toda la mañana—respondió—¿Podrías acompañarme a la cocina? No creo que me haga daño estirar un poco las piernas.

—Pero…

—¡Por favor! Sólo quiero una taza de té—insistió, sentía su cuerpo completamente entumido—Y caminar un poco.

Belle ya se había puesto su linda bata de satín y acomodado el cabello en un simple moño, mostrándose presentable. Lo miraba con ojos suplicantes, ese tipo de mirada que nunca, nunca había podido resistir en las personas.

—Está bien, está bien. Pero espero no recibir regaños por esto.

¿A quién quería engañar? Seguro habría regaños. Pero Belle se veía tan entusiasmada ante la idea de caminar hacia la cocina, y Kristoff tenía un corazón de pollo ante esas demostraciones inocentes de alegría… simplemente no pudo decirle que no, y los dos salieron de la habitación.

Unos pasos después Belle sintió un pequeño mareo, por lo que Kristoff insistió en que ella se sujetara de su brazo al caminar. Ella lo hizo sin rechistar, consciente de que la estaba procurando. Caminaron lentamente hacia la cocina y una vez ahí ayudó al cocinero a preparar su taza de té. Bebió a sorbos lentos, Kristoff le contaba anécdotas de su trabajo en la montaña y ella le contaba historias sobre su pueblo. Los dos eran personas sencillas de pueblo que se habían enamorado de miembros de la nobleza, y cuando se percataron de que tenían eso en común las interminables comparaciones los hicieron reírse a carcajadas.

Caminaron de regreso a la habitación de Belle inmersos en esas charlas. Kristoff le comentaba lo complicado que le resultó aprender a usar los cubiertos en la hora de la merienda, es decir ¿cuántos tenedores se ocupaban para comerse una rebanada de pastel? Belle en cambio había encontrado más complicado aprender la moda parisina ¿y qué importaba llevar un escote por la mañana o para qué ocupaba aquella sombrilla por las tardes cuando no hacía sol?

—Es decir, en serio ¿cuántos tenedores puedes usar en una cena?—decía él, en tono sarcástico y cómico—¿Y cómo iba yo a saber que esa copa era la del vino y no la del agua? ¡se ven iguales!

Belle reía, diciendo en voz alta sus propias quejas.

—Y esos enormes sombreros son tan molestos. Me gustan los gorritos pequeños y coquetos, pero esos sombreros de enormes alas y listones que cuelgan pesan bastante—movió una mano alrededor de su cabeza enfatizando su punto—Y el tema de los escotes, que midan tantos centímetros a tales horas, que llegada la tarde puedes bajarlo, que durante la noche debe ser circular ¿esperan que me cambie de vestido tres veces al día?

Era una escena curiosa, Belle usando su bata y agarrada del brazo de Kristoff mientras los dos caminaban y reían a carcajadas… esa fue la imagen que Adam encontró mientras iba a su habitación, y no le gustó en absoluto.

Durante las firmas de los protocolos y acuerdos Adam estuvo muy ansioso, le incomodaba dejar a Belle en la habitación con Anna, no porque no confiara en la princesa, sino porque sabía que su esposa quería que él le hiciera compañía. Además eran pocas las ocasiones en que Belle estaba enferma y le gustaba cuidarla, lo hacía sentirse un buen marido. Apenas firmó, brindó y se fue, la propia Elsa lo ayudó a escabullirse un poco temprano pues sabía que deseaba revisar la salud de su esposa.

Al hacer su carrera por los pasillos, Adam nunca pensó encontrarse a Belle abrazada de Kristoff y riendo tan feliz, siendo que cuando la dejó en la mañana ella se veía bastante malhumorada.

—Belle—la llamó, no pudo evitar que su tono de voz sonara más grave de lo usual, la princesa lo miró con sorpresa.

—Adam, terminaste muy temprano.

—Sí, quería estar contigo.—respondió, acercándose más a la pareja.—Pensé que estarías con Anna.—agrego, viendo a Kristoff fijamente.

El aludido se sintió repentinamente incómodo.

—Hubo un problema y Anna tuvo que atenderlo—explicó Kristoff—Así que me quedé con Belle para hacerle compañía.

—Muy amable de tu parte—aunque sus palabras no sonaron precisamente agradecidas.

Adam sujetó la mano de su esposa para que Belle soltara a Kristoff, y aunque ella lo hizo, pudo ver que su esposo tenía una expresión muy extraña.

—Yo me quedaré con ella por la tarde. Gracias por cuidar de mi esposa.

Sin esperar respuesta, Adam empujó suavemente a su mujer para retomar el camino a la habitación de ambos, dejando a Kristoff en medio del corredor. Ya cuando estaban solos en la recámara, ella dijo:

—Eso fue muy grosero—se sentó en la cama cruzándose de brazos.

Adam comenzó a quitarse la corbata.

—No pretendía serlo—cierto era que no esperaba reaccionar así—Disculpa.

—Kristoff sólo estaba siendo amable.

—Lo sé.

Adam continuó quitándose la chaqueta y cambiándose los botines por unos zapatos más cómodos, Belle se recostó sobre una almohada mirando al techo. Había un incómodo y pesado silencio que ninguno de los dos quería romper.

—¿cómo te fue?—inquirió Belle, intentando que su voz sonara amable.

—Muy bien—respondió algo más relajado mientras guardaba su ropa en el armario.—Elsa y yo firmamos todo lo que debíamos. El acuerdo ha sido excelente, nos beneficiará mucho a los dos reinos.

Ante la mención de la reina, Belle inmediatamente sintió esa extraña enfermedad regresar ¿cómo la había llamado Kristoff? ¿Celos? ¿Sería eso? No se detuvo mucho tiempo a razonarlo, porque aquél sentimiento salió a relucir en su tosco comportamiento, casi agresivo.

—¿Y Elsa dónde está?

Adam notó el tono de voz molesto, pero no atinaba a comprender por qué su esposa cambiaba tanto de humor. Ella nunca había sido de ese tipo de mujeres bipolares.

—No lo sé, supongo que en su despacho.

—Oh.

¿Sería que Belle estaba molesta sólo con él? Minutos atrás la vio riendo muy feliz y alivianada con Kristoff. Sólo recordar esa escena Adam se sintió nuevamente molesto. Belle era hermosa y solía atraer las miradas de los hombres a donde fueran, pero ella nunca parecía percatarse de cómo los solteros (y unos que no lo eran) la perseguían descaradamente con sus ojos. Era la primera vez que la veía amistosa y relajada con un hombre apuesto, y aunque sabía que era tonto sentirse celoso, no podía evitar sentirse más y más molesto conforme el mal humor de su mujer se dirigía solamente hacia él.

—¿Quieres ir a pasear?—le preguntó, esperando que esa distracción mejorara el ánimo de Belle.—Te ves mucho mejor, no creo que el doctor se oponga a….

—No me apetece mucho esa idea.—declinó la oferta, su voz sonando aún molesta.

—¿O quieres que pida un té para los dos?

—Acabo de tomar uno.

—Quizá un bocadillo…

—No tengo hambre.

—Bueno, vayamos a la biblioteca. Elsa me dijo de un libro…

—Quizá después.

—Ya sé, si quieres le hablo a Kristoff para que pasees con él y yo me regreso a Francia ¿te parece?—dijo, incapaz ya de mantenerse tranquilo.

Belle se sorprendió ante esa pregunta, que en ningún momento había esperado.

—¿De qué rayos estás hablando?

—Ya que estás más a gusto con él, puedo dejarlos un tiempo a solas.

Belle lo miró fijamente con incredulidad.

—¿Estás bromeando?

—Bueno, entonces dime tú qué hacer—Adam estaba visiblemente molesto y comenzó a alzar la voz—Por qué no encuentro razón para tu enojo y…

—¡Si lo que quieres es irte, hazlo!—gritó Belle, cuya sensación en el estómago se había disparado incendiando su cabeza—Me has dejado sola varias tardes como si no te importara.

—¡Pero si tu querías salir con Anna!—Belle pareció no escucharlo y continuó gritando.

—¡Pero que no se trate de la reina Elsa porque estás a su lado más rápido que un chasquido!

—¿Y qué tiene que ver Elsa en esto?

—¡Lo mismo que Kristoff!

—¡Yo…!

La puerta se abrió de súbito.

—¡Ya terminé! No era tan grave como…

Anna se detuvo, viendo a la pareja de pie cara a cara con expresiones enfadadas. Sintió el ambiente pesado, y sólo entonces se percató de que acababa de interrumpir una discusión. Avergonzada, la princesa se encogió y sonrió nerviosamente.

—Lo siento, no pretendía interrumpir yo…

—No pasa nada, Anna.—interrumpió Adam, con voz contenida—Gracias por cuidar de Belle.

—Lo siento—respondió, y al ver que la situación era muy delicada, decidió darles privacidad— eh… adiós.

Rápidamente cerró la puerta procurando ser silenciosa. Anna se quedó recargada sobre la madera, respirando hondo. No escuchó gritos, así que se fue con algo más de calma. Cuando Adam y Belle llegaron a Arendelle se mostraban como una pareja muy feliz, y se les notaba enamorados. Pero Anna sabía por primera instancia que ni todo el amor del mundo puede ahuyentar los malentendidos todo el tiempo. Decidió hablar con Elsa sobre el asunto, quizá preparar bizcochos o algo especial en la cena podría evitar que el ambiente se mantuviera muy pesado. Al caminar por el pasillo se encontró con Kristoff.

—¡Hey!—la llamó—Oye ¿has visto a Belle y Adam? Me pareció verlos algo tensos.

—Los encontré discutiendo—admitió con algo de pena—No escuché nada, pero se veían muy molestos.

Kristoff, que había sentido la incomodidad por parte de Adam, se había quedado reflexionando. Ya había hablado con Belle sobre los celos ¿sería posible que el príncipe estuviera celoso también?

—Tuve una charla interesante con Belle. Me comentó que estaba algo celosa de tu hermana.

—¿¡De Elsa!?

¿Por qué alguien como Belle estaría celosa de Elsa?

—Sí, mira ella me comentó…

La pareja siguió platicando mientras caminaba rumbo al despacho de Elsa. Justo en eso escucharon un agudo y potente grito, que provenía de la habitación de los príncipes de Anjou.

-o-

Belle y Adam se miraron mutuamente, los dos molestos y ceñudos. Esta era la discusión más confusa que nunca antes hubieran tenido, ninguno comprendía por completo la razón de que estuvieran tan molestos, pero toda la tensión acumulada durante días explotó en ese instante. Molesta, Belle se cruzó de brazos y caminó hasta el baño, que era una amplia habitación con armario y vestidor, y cerró la puerta.

Ya dentro, comenzó a llorar silenciosamente, pero apenas cayeron las primeras lágrimas por sus mejillas ella las limpió con molestia. No le gustaba discutir con Adam, menos en esas circunstancias de confusión. Usualmente ella muy razonable con su modo de actuar, pero reconocía que en esta ocasión no lo estaba siendo. Se sentó en el pequeño diván del vestidor y cubrió el rostro con ambas manos, tratando de no llorar e intentando pensar.

No quería seguir discutiendo con Adam, por eso se había encerrado en ese pequeño cuarto. Para sus adentros admitió que la interrupción de Anna los había salvado de continuar con un griterío sinsentido. Escuchó la puerta de la alcoba abrirse y cerrarse, por lo que dedujo que su esposo se había marchado. Fue al tocador para lavarse el rostro, disminuyendo así la hinchazón de sus ojos, y después se asomó a la recámara. Adam no estaba, y en esta ocasión ya no sintió enojo ni un revoltijo en el estómago, esta vez sólo se sintió desdichada.

Miró por la ventana, que le otorgaba una preciosa vista del patio del palacio, donde había un pequeño pero bien cuidado jardín. Con algo de decisión se cambió de ropa, poniéndose un vestido sencillo y zapatos cómodos, apenas iba a salir de la habitación cuando Adam regresó, en las manos llevaba una charola con un servicio de té completo.

Se miraron fijamente sin pronunciar palabra, Adam colocó la charola sobre el buró y comentó en tono jocoso.

—Creí que algo dulce acompañaría bien mi disculpa…

Belle se acercó a él con movimientos rápidos y le dio un abrazo, había demasiados pensamientos revoloteando su mente y muchos sentimientos haciéndole estragos los intestinos, pero una cosa era superior a todo ese barullo: el alivio de ver a su esposo con ella, a pesar de todo.

—Adam yo…

—¡Hola! ¡Soy Olaf!

La pareja volteó y vio a un hombrecito de nieve saludarlos, y moverse… y acercarse.

Belle gritó asustada, Adam se puso frente a ella en actitud defensiva, viendo fijamente esa criatura extraña. El hombrecito de nieve tenía encima de él una nube gris de la cual caían copos, como una nevada personal, se les acercó esbozando una enorme sonrisa que de alguna forma les pareció al mismo tiempo amable y aterradora ¿pero qué rayos estaba pasando?

—¡Lo siento! No quería asustarlos—se disculpó el hombrecito, que además de moverse, caminar y parpadear, podía hablar—Creo que por eso Elsa me dijo que no debía acercarme a los invitados.

—¿E-Elsa te conoce?—preguntó Adam, intentando mantener la calma—¿Qué eres?

—¡Soy Olaf!

Belle, quien ya estaba menos asustada, sintió que esa conversación le sonaba parecida. Recordó entonces cuando conoció por primera vez a Lumiére, Ding-Dong, la señora Potts y otros habitantes del palacio. Al principio había estado aterrada, pero cuando comprendió que la magia existía y que eran víctimas de un embrujo, el hecho de hablar con tazas de té no le pareció tan extraño.

—T-tu… ¿Tú… estás embrujado, o algo?—preguntó Belle, sosteniendo en todo momento la mano de Adam.

—¿Embrujado? ¿A qué se refiere, señorita?

—Tú…

—¡Olaf!—Anna y Kristoff llegaron en ese momento, visiblemente apurados y miraron con horror al hombrecito de nieve.—¿Qué haces aquí? ¡Te dije claramente que debías irte!

—Estaba buscando a Elsa—respondió el hombrecito.

—Yo… nosotros….

—Perdonen…

—Podemos explicarlo—dijeron ambos al mismo tiempo.

Olaf miró por un lado a Kristoff y Anna, que estaban excesivamente preocupados, y por el otro lado a Belle y Adam, que tenían expresiones de sorpresa y confusión.

Por varios segundos, nadie pudo hablar.

-o-

—Déjame ver si entendí…

Aprovechando el servicio de té que Adam había llevado, todos estaban sentados alrededor de la mesita con tazas de humeante de té, pastelitos y cubiertos. Fue una forma de quitarle tensión al asunto. Belle le dio un sorbo a su taza, y continuó hablando.

—Elsa tiene poderes mágicos, que le permiten controlar el frío. También puede controlar la nieve, el hielo y el clima invernal. Y recientemente, cuando hizo ese muñeco de nieve—señaló a Olaf—Descubrió que pudo darle vida.

—Olaf era el nombre que Elsa le dio al muñeco que solíamos hacer cuando éramos niñas—dijo Anna—Hace poco tuvimos un problema y los poderes de Elsa se salieron algo de control. Fue cuando Olaf cobró vida.

—¡Y me hizo una nevada personal!—agregó Olaf, señalando la nube gris encima de él—Para que pudiera sobrevivir al calor del verano.

—No tienen de qué preocuparse. Elsa controla muy bien sus poderes ahora. Y los usa solo para calmar las tormentas cuando son muy fuertes o refrescar el clima en los veranos más calurosos. A veces también da nieve o crea pistas de hielo para entretenimiento. Pero eso es todo.

Adam miró fijamente a Kristoff, y supo que el chico hablaba sinceramente. Él y Belle se vieron de reojo, casi los mismos pensamientos pasaban por su mente.

No sonaba nada, NADA, descabellado.

—Sé que puede sonar extraño, peligroso y…

—Por eso es un secreto, nadie habla de esto a extranjeros…

—Es para proteger al reino y a nosotros porque…

Belle sonrió un poco ante el evidente nerviosismo de la pareja, quien se deshacía en argumentos para justificar el secreto. No sabían que entendían muy bien la situación.

—No tienen nada de qué preocuparse—dijo Adam, sonriéndola Belle—Comprendemos esto. Y no le diremos nada a nadie.

—¡Gracias, gracias, gracias!—pero la sonrisa animada de Anna de repente se volvió una expresión de tragedia—Oh, primero la caída de Belle, luego la discusión entre ustedes, y al final lo de Olaf… ¡esta visita no pudo ser peor!

—Yo no diría eso—Belle dejó su taza sobre la mesita y tomó una mano de Anna—Han sido muy amables y atentos. A pesar de todo se han esforzado porque las cosas salgan bien. Eso habla muy bien de ustedes, y su perseverancia.

—Estoy de acuerdo con Belle, un reino tan unido que se cuida a sí mismo y a su reina es digno de admirar.

—Arendelle es realmente mágico—concluyó Belle.

Ambas parejas suspiraron aliviados, era como si toda la tensión se esfumara de repente.

—¡Me alegra de todo esté aclarado!—dijo Olaf, levantando sus brazos—¿Significa que ahora puedo quedarme y recibir a las visitas con ustedes?

—No creo que sea…

—¿¡Olaf!?—Elsa, quien había estado buscando a su hermana por todo el palacio, entró a la habitación y por nada del mundo se esperó que el muñeco de nieve estuviera ahí, con los príncipes de Anjou—¿¡Pero qué haces aquí!? Esto es….

—Tranquila, Elsa—la calmó su hermana—Hemos explicado todo a los príncipes, y ellos lo han tomado… curiosamente bien.

Sin ocultar su angustia, Elsa se llevó ambas manos al rostro, y miró detenidamente a Belle y Adam.

—Esto es… lo lamento… yo….

—¡No hay nada que lamentar!—Belle se puso de pie y caminó hacia Elsa—¿Cómo funcionan exactamente tus poderes de hielo? ¿Qué tanto puedes cambiar el clima?

Adam sonrió, una vez que Belle superaba la sorpresa inicial no había poder humano que pudiera detenerla, era demasiado curiosa por naturaleza. Olaf se acercó a Adam, manteniendo su curiosa sonrisa.

—Eres amigable—dijo el hombrecito de nieve—¡Tú también tienes magia! ¿Verdad?

Anna volteó ante ese comentario, y notó que Adam estaba un poco tenso.

—¿Magia?

—Sí, puedo sentirla. No es como la magia de Elsa, pero es algo parecido.

Para ese punto Belle ya había volteado también, y notaba la incomodidad de su marido. Los dos se vieron fijamente, y ella le sonrió con calidez dándole a entender que todo estaba bien.

—Ellos nos han confiado su secreto—dijo en voz alta.

Adam suspiró, viendo a Olaf con una mueca.

—No soy un ser mágico—le respondió—Pero hace mucho tiempo me embrujaron. Supongo que eso es lo que sientes.

—¿Te embrujaron?—Elsa dio dos pasos hacia él, bajando las manos y mirando de soslayo a su hermana.

—Yo era… un hombre muy arrogante—dijo, sin querer explicar mucho—Una hechicera me condenó y… bueno, a grandes rasgos, estaría condenado a pasar la eternidad solo si una mujer no se enamoraba de mí antes de mi cumpleaños 21…

Belle se puso al lado de Adam, confortándolo con su presencia.

—Cuando lo conocí todavía era un… era alguien difícil.—explicó—Pero debajo de todo su orgullo y arrogancia, era una buena persona.

—Mi palacio enteró fue hechizado junto conmigo. Todos mis sirvientes también lo sufrieron.

—¿Y en qué consistía el hechizo?—preguntó Anna, intentando imaginarlo todo.

Adam bajó los ojos, nunca le gustaba recordar eso.

—Yo…

Belle colocó ambas manos sobre sus hombros, y ella tomó la palabra.

—Sus sirvientes se transformaron en objetos animados… y Adam adoptó una apariencia muy aterradora.—evitó decir "monstruo" o "bestia". Eran adjetivos que Adam detestaba.

—Semejante embrujo debe ocupar mucha magia—Elsa miró sus propias manos—No me imagino quién o por qué lo haría.

Adam recordó la conversación que tuvo con la hechicera, ya cuando el embrujo estuvo roto, una charla que había mantenido en secreto y que ni siquiera le comentó a Belle. Sabía que la hechicera tuvo sus motivos, pero eso lo consideraba demasiado personal como para comentarlo.

—No es algo que nos detengamos mucho a pensar.—finalizó así el tema.

—Supongo que por eso asimilaron muy rápido lo de Olaf—comentó Kristoff—A su propia manera vivieron algo…similar.

—¡Bien dicho Kriss!—lo alabó Olaf, con su buen humor desentonando.

—Temo… temo que esta visita haya sido más profunda que solo acuerdos comerciales—dijo Elsa, viendo a cada uno de los presentes—Lamento si esto ha causado grandes molestias y…

—Por favor, ya no se disculpen—habló Adam, con un tono de voz que sonaba un poco fastidiado—Confío en que ustedes guardarán nuestro secreto, así como nosotros guardaremos el de ustedes.

—Somos todos buenas personas. No hay nada que temer—concluyó Belle—Lo que sí me gustaría, sería que respondieras mis preguntas sobre tu magia.

Elsa sonrió y comenzó a explicarle a Belle un poco, Adam escuchaba a distancia, pero sin acercarse. Le dijo que nació con sus poderes, y que fueron creciendo con ella. Le hizo una demostración creándole una figura de hielo en forma de copo de nieve con sólo mover un poco sus dedos. Encantada, Belle sostuvo el pedazo de hielo y se sintió aún más maravillada cuando Elsa siguió creando figuritas para entretenerla.

Anna y Kristoff sonrieron, estaban muy acostumbrados a la magia de Elsa y encontraban tierno lo mucho que Belle se sorprendía ante esas pequeñas demostraciones. Olaf, como siempre inocente, se maravillaba tanto como Belle. Elsa estaba contenta, le gustaba causar aunque fuera un poco de alegría con sus poderes.

Adam miraba todo eso, atónito y preguntándose a sí mismo: ¿cuánta magia existía en el mundo?

-o-

Ya en la noche, ambos estaban acostados en la cama, viendo fijamente al techo, asimilando todos los eventos que ocurrieron en el día y sin saber por dónde comenzar su conversación. En algún punto de sus reflexiones personales, Belle miró de reojo a su esposo, quien parecía casi ausente, y decidió empezar ella la charla.

—No sé tú, pero este viaje me ha parecido muy…

—¿anormal?

—Más bien, diría surrealista.

Adam sonrió y volteó a verla.

—Siempre sabes exactamente qué decir—la halagó—¿qué opinas del día de hoy, ma belle?

—Por un lado, pienso que es extraño, nunca me imaginé que Elsa tuviera poderes mágicos… pero al mismo tiempo, después de las cosas que hemos vivido, resulta algo normal.

—Supongo que hay mucha más magia allá fuera de la que no sabemos nada. Es interesante, y un poco alarmante.

Belle estiró su mano y sostuvo la de él, dándole un ligero apretón.

—Está bien, podremos con esto y mucho más—le dijo—No es como si nos estuvieran amenazando después de todo.

Adam apretó fuertemente la mano de su esposa.

—Sí.

—Además, se mostraron muy amables y comprensivos cuando les comentaste sobre tu hechizo. Son buenas personas, no hay de qué preocuparnos.

—Me incomoda un poco que ellos sepan lo de mi hechizo. No es algo que quisiera que nos marcara, ahora que está roto.

"Ni tampoco es algo que me guste recordar" pensó en sus adentros.

—Mira el lado bueno, significa que tenemos más amigos.

Él la miró sonriendo, cuando de repente esa palabra "amigos" hizo clic en su cabeza y le trajo a la mente otros eventos que también ocurrieron durante el día.

—Si debo ser sincero, no estoy seguro de que quiera que seas muy amiga de Kristoff—comentó en tono jocoso, aunque Belle sabía que no estaba bromeando.

—Es el novio de Anna—respondió—Además, tu tampoco te salvas. Has estado demasiado unido a Elsa desde que llegamos aquí.

—¿Debo interpretar eso como celos, mon amour?

¡Celos!

—¿Celosa yo? Claro que no—afirmó, cerrando los ojos y soltándole la mano.

—No seas infantil, chérie.—Adam se inclinó hacia ella, y le susurró al oído en tono seductor—Yo también me puse celoso cuando te vi con Kristoff, sin motivo alguno.

Sonrojada, Belle abrió los ojos y le miró, mordiéndose los labios. Sentía que todo su orgullo y dignidad estaban siendo pisoteados. Ella era mucho más racional que esto, entonces ¿por qué se sentía tan… celosa?

Celosa… ya, lo había admitido. Los celos la habían carcomido desde que llegaron a Arendelle. Y no hubo poder humano que pudiera hacerle cambiar ese sentimiento tan extraño y a la vez normal.

—No sé qué se adueñó de mí—admitió al fin en voz alta—Verte con Elsa me revolvía completamente el estómago. Y sabía que estaba siendo irracional, por eso no quería aceptarlo.

Adam le sujetó la mano y la llevó a sus labios, depositando un tierno beso en el dorso. Desde antes de que se casaran había sido muy consciente de todos los hombres que miraban a su esposa de manera descarada, pero siempre hizo su mejor esfuerzo por comportarse, sabiendo que Belle merecía que él fuera un caballero en todos los sentidos. Verla a ella, que siempre se mostraba tan digna como cualquier otra noble, estar enfadada por los celos, fue una imagen en su mente al mismo tiempo tierna y sorprendente.

—Debo admitir que no fui de mucha ayuda. No me di cuenta que estabas molesta hasta ayer cuando te golpeaste—colocó tiernamente su mano sobre su frente—Me preocupé mucho por ti cuando me dijeron que tuvieron un accidente. Supe que debía cuidarte más, pero nunca me imaginé que estarías tan molesta, nunca antes te habías puesto celosa.

"O al menos, no que yo me diera cuenta" pensó.

—Supongo que eso fue porque nunca antes te había visto cómodo con alguien más.—respondió Belle, recordando los anteriores viajes que habían realizado—En la corte te mostrabas amable, pero de alguna manera le rehuías a las demás mujeres. Con Elsa en cambio era muy obvio que se atraían.

Aunque Belle sólo le estaba explicando los hechos, seguía sonando un poco enfadada. Esta vez Adam dejó de percibirlo como algo tierno, y le preguntó:

Mon amour, si sabes que es sólo una amiga ¿verdad?—la miró algo angustiado—Elsa y yo tuvimos la misma educación, estricta y estirada, pero fuera de eso nada me une a ella.

—Lo sé, lo sé… no me gusta estar celosa, jamás me consideré una mujer posesiva—Belle se inclinó hacia él, sintiéndose avergonzada—Lo siento.

"Lamento haber sido tan infantil" agregó en sus adentros.

—No tienes que disculparte. Es extrañamente halagador que seas celosa—la abrazó, haciendo que escondiera su rostro en su pecho—Pero no dudes de mi chérie, nunca olvides que eres mi rosa.

—¿Sólo tuya?

—Sólo mía—le besó la frente.

Belle estiró el cuello para besarle su mejilla y susurrarle al oído.

—¿Y tú también eres mío?

—Sólo tuyo.

Para decretarlo, se dieron un beso en los labios, corto pero tierno, con un profundo significado.

—A la próxima dime cuando estés molesta, amor—agregó el príncipe, que ya estaba bostezando.

Bonne nuit, ma vie—le dio otro beso corto en los labios, y se recostó para descansar.

Tras un día tan largo y pesado, no tardaron ni dos segundos en quedar profundamente dormidos.

-o-

—Muchas gracias por habernos recibido, majestad—dijo Adam, inclinándose respetuosamente hacia Elsa—Fue un viaje por demás enriquecedor.

—Al contrario, muchas gracias por su visita. Fue una experiencia muy gratificante, en muchos sentidos.

Los mozos estaban terminando de colocar el equipaje en la cubierta, donde otros sirvientes lo llevaban al camarote. Elsa, Anna, Kristoff y Olaf habían ido a despedirlos. Tras haber hablado francamente sobre la magia de Elsa y el encantamiento de Adam, una especie de complicidad surgió entre ellos, solidificando una amistad que se había estado construyendo desde que llegaron a Arendelle.

—Adiós Olaf—Belle se inclinó para despedirse del hombrecito, que encontraba tierno y simpático—Cuídate mucho, y procura obedecer a Elsa y Anna.

—¡Claro que sí, señorita Belle!

—Espero que puedan visitarnos pronto—agregó Anna.

Elsa dio un paso al frente, tendiéndole a la pareja un paquete envuelto.

—Tomen, para que no nos olviden—les guiñó el ojo.

Adam estaba a punto de agarrarlo cuando Belle le ganó, sujetándolo con firmeza.

—Eso sería imposible—dijo ella, viendo a Anna se soslayo—Te escribiré apenas lleguemos a nuestro hogar.

—¡Esperaré impacientemente!—dio unos pequeños saltos de emoción—Quizá podamos también visitarte algún día de estos.

—No sería mala idea—dijo Adam, dándole visto bueno al asunto.

—Bien, no retrasaremos más su partida. Hace viento y sol, deben aprovechar el buen tiempo.—Elsa, usando ese tono de voz elegante que la caracterizaba, hizo que Anna y Kristoff dijeran sus últimas despedidas y alejó a Olaf del barco.

Desde la cubierta, Adam y Belle se despidieron nuevamente mientras el barco se alejaba. Pronto no quedaron más que unos lejanos puntos borrosos a la vista.

—¿Qué es?—Adam señaló hacia el paquete en manos de su esposa.

Con cuidado, Belle rasgó el papel de envoltura, revelando un libro: "Sobre la magia y sus mitos".

—Interesante—Adam lo sostuvo, leyendo el prólogo—Ya tenemos algo que leer en el viaje de regreso.

—Primero lo leeré yo—le dijo, agarrando bruscamente el libro.

Ma belle, déjame verlo…

—No.—le sacó la lengua juguetonamente—Es de Elsa, así que lo leeré yo primero.

—Mmm, así que sigues celosa—se inclinó frente a ella, mirándola con profundidad—¿Sabes que me encantas cuando te pones celosa?

—Aún así, lo leeré yo primero—rápidamente le dio la espalda y corrió hacia el camarote.

—¡No escaparás!—agregó, siguiéndola de cerca. Ninguno de los dos podía dejar de reír.

Los marineros suspiraron entre resignados y contentos. Era agradable ver a los príncipes felices, pero a la vez podían ser… empalagosos. El capitán se mostró frustrado, tenía que preguntarle al príncipe sobre dónde harían la parada de reabastecimiento antes de llegar a Francia, no podrían establecer un rumbo fijo hasta no tener esa información tan valiosa. Pero, en el fondo, sabía que lo mejor sería no interrumpirlos.

Se escuchó la puerta azotarse y más risas. Sí, lo mejor era esperar un poco más.


Escena extra 1

La familia real siguió en el puerto hasta que el barco francés se perdió a la distancia. Cuando esto sucedió, Elsa volteó con Olaf y le mostró la mirada más severa que pudo formar.

—Olaf, tenemos suerte de que los príncipes hayan sido amables y comprensivos. Pero no podemos confiar en todos. Por favor, cuando te llevemos al palacio de hielo, necesito que te quedes ahí hasta que vayamos a recogerte ¿de acuerdo?

—¡Entendido!—Olaf elevó sus dos brazos con emoción—Me agradaron mucho ¿volverán pronto?

—Probablemente. No veo por qué habrían de negarse.

—Celos ¿quizá?—dijo Kristoff en tono burlón, viendo hacia Anna quien le riñó sin poder evitar reír.

—¿Celos?—Elsa volteó a verlos, intrigada—¿Por qué habría de tener celos?

—Tú no, ellos.—Anna señaló hacia el mar, el lejano punto donde la nave se perdió de vista—Belle se puso celosa de ti.

—¿Por qué habría de ponerse celosa?

—Vamos Elsa, estabas todo el día con el príncipe Adam—le dijo Anna, inclinándose hacia su hermana con una sonrisa pícara—Que por cierto, es bastante atractivo. Y educado, todo un galante caballero. Pero recuerda que está casado.

Elsa se sonrojó ante los comentarios de su hermana, y Olaf no ayudó en nada.

—¡Si, el príncipe era muy guapo!

—Pues, sí, lo era—Elsa se aclaró la garganta, evidenciado su nerviosismo—Pero fuimos estrictamente profesionales. Sabe mucho de diplomacia y política. Fue agradable trabajar con él.

—Elsa, no engañas a nadie.—Anna se cruzó de brazos con una pose un poco arrogante—Llevas mucho tiempo metida en tu despacho, no te vendría mal hacer uno o dos bailes donde puedas conocer más hombres…

—¡Anna!—el sonrojo de Elsa se volvió mucho más intenso—¿De qué cosas estás hablando? Soy la reina de Arendelle ¡tengo mucho trabajo que hacer!

—Lo sé, lo sé. Pero debo admitir que Belle tenía un poco de razón para ponerse celosa. El príncipe es demasiado guapo, y estaban juntos todo el día.

—Sí, pero era porque tú y Belle se la pasaban recorriendo todos los alrededores de la ciudad y el bosque.

—Me hubiera gustado convivir más con Adam, se veía tan amable. Las pocas veces que conversamos en la cena era muy atento ¡Y tiene una sonrisa tan linda!

—Nos ha quedado muy claro que el hombre es guapo—intervino Kristoff, mirando fijamente a su novia—Pero recuerden, ustedes dos, que él está casado.

—¿Ellos dos estaban casados?—preguntó Olaf.

—Sí, Olaf. Son marido y mujer.—respondió Kristoff.

—¡Qué bien por ellos! ¡Hacen tan linda pareja! Son muy guapos los dos y tan amables y…

—Olaf, está bien. Lo sabemos.

—¡Me gustaría volver a verlos pronto! Por cierto ¿A dónde se fueron?

—A su casa, Olaf.

—¿Y ellos donde viven?

—En Francia.

—¡Qué hermoso!... ¿y cómo es Francia?

Kristoff no ocultó su rostro desesperado, Anna y Elsa sonrieron y caminaron rumbo al palacio. Anna hizo algunos comentarios pícaros y Elsa los rechazaba con todo el decoro que podía fingir considerando sus violentos sonrojos. Durante varios días más los príncipes de Anjou serían el principal tema de conversación.


Escena extra 2

Una hora después Adam salió del camarote y el capitán pudo al fin preguntarle sobre qué puerto usarían para reabastecerse. Ya con esta información bajaron todas las velas y trazaron una trayectoria fija. El príncipe miró hacia el mar, cuyas olas balanceaban el barco constantemente. Se veía tan lejano y a la vez cercano, tan inmenso e incontenible. Tenía un gran respeto hacia el mar, que podía verse tan tranquilo y ser al mismo tiempo mucho más poderoso que todos los reyes de Europa juntos.

Su mente estaba tan perdida en esos pensamientos, que no escuchó la madera resonar bajo los tacones bajos de su esposa, quien se acercó por detrás y consiguió sorprenderlo al abrazarlo por la espalda. Sentir los delgados y delicados brazos de Belle rodeándolo le sorprendió y reconfortó al mismo tiempo. El olor a rosas que emanaba su cabello era el mejor del mundo.

—Me dijo el capitán que la comida estará lista en media hora—dijo en voz baja—Te esperaré en el comedor.

Sintió que Belle le acercaba a su mano un libro, el cual sostuvo con curiosidad. Lo acercó a su rostro para leer el título, era el libro que Elsa les había regalado "Sobre la magia y sus mitos". Extrañado, miró a su esposa, quien se estaba alejando rumbo al interior del barco.

—Pensé que lo leerías tú primero—dijo, en voz lo suficientemente alta para que ella escuchara.

—No es necesario. Además, todavía tengo un libro sin terminar en mi maleta.

—¿No te importa que Elsa me lo haya regalado?

Nos lo regaló a los dos, amor—le hizo una mueca que, a sus ojos, era adorable—No hagas que me arrepienta.

Adam se le acercó por detrás y le susurró al oído.

—Celosa.

Belle se tensó, pero no volteó a verlo y continuó caminando. Cuando se levantó la falda para bajar los primeros peldaños al interior del barco miró por encima del hombro a su marido, que sonreía divertido.

—Creo que iré a escribirle una carta a Kristoff.

La sonrisa de Adam se esfumó, Belle reía divertida mientras corría rumbo al comedor. Adam no la siguió, viendo el libro en sus manos y nuevamente al mar, distante y poderoso.

"Será un viaje largo" pensó en sus adentros, con una morbosa emoción.


¡Y esto fue todo!

En parte tardé mucho en escribir esta historia porque me esmeré mucho en que fuera realista. Pensé en hacer una escena de celos corta y normal, pero no me gustaba ese proyecto. Luego, cuando quise alargarla me di cuenta que debería desarrollar mucho a los personajes por los cuales Belle y Adam se pondrían celosas. En algún punto muerto de la clase de Metodología, y tras leer el nuevo capítulo del fic Lessons of the Lost (que les recomiendo si les gustan los crossovers) pensé que una visita real hacia Arendelle no sería mala idea, y de ahí en adelante la historia se fue escribiendo sola.

El capítulo llegó a un punto muerto cuando Adam y Belle discutían, de ahí que metiera a Olaf. Las escenas extras me parecieron divertidas, y en general me gustó cómo se desarrolló el capítulo. Ustedes podrán decirme en sus comentarios si también lo disfrutaron.

Muchas gracias por leer, y por su paciencia =D

chao!